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Saber rajar

Mircoles, 16 Enero 2013

Justo hace ocho años el Valencia visitó el Bernabeu también en unos cuartos de final de Copa del Rey. Entonces, el Madrid de Queiroz todavía no había caído en el galacticidio, mientras que el equipo de Rafa Benítez se presentaba como un bloque granítico casi imposible de tumbar. Era el contraste entre un elenco de estrellas supeditado a los zapatazos de Beckham, los centros calibrados de Figo y los esprints cortos de Ronaldo (Zidane no jugó esa noche), y el prodigio táctico de un Valencia que funcionaba como un reloj suizo, más o menos a lo que aspira el ‘Txingurri’ Valverde estos días. Aquella noche Mista hizo de Jonas y falló ese tipo de goles que remuerde la conciencia para siempre y, por supuesto, no faltó el temor más sospecho de los ché: el cuento de las confabulaciones arbitrales del Bernabeu. Tal como sucedió ayer con Manuel Llorente, el entonces presidente Jaime Ortí se presentó delante de un micrófono en un pispás para destapar la caja de los truenos: “Es un resultado brutal, lo más injusto que he visto en mi vida. Y encima el árbitro mancha lo que ha sido un gran partido, con un penalti que no existe y dos fueras de juego dudosos”. Vicente hizo estragos el carril derecho de Míchel Salgado y pudo plantarse solo dos veces delante del meta César si el árbitro Medina Cantalejo no hubiera sido tan clemente con un despistado Raúl Bravo. Después de la goleada por 3-0, Albelda, que ya practicaba ante la prensa sus lecciones de sinceridad, no se cortó: “Ronaldo te mata si le dejas suelto, y el árbitro más de lo mismo”.

Albelda presenció el partido de anoche desde la grada y no pudo reprimirse más cuando Albiol tiró mal un fuera de juego que Múñiz Fernández sí le pitó a Soldado. No le hicieron falta luces y taquigráficos, para algo se ha inventado twitter…”El mejor del Madrid ha sido Di María, ¿Qué soy llorón? Pues vale”. Es una regla tácita del fútbol que Barça y Madrid pataleen y, al instante, gocen de bula papal; en el caso merengue, sí es cierto que el catálogo de perjurios durante esta temporada, ésta, abarca varios partidos. Mourinho lo dejó entrever el sábado (“en las primeras jornadas sucedieron cosas pero no las voy a comentar”) y Di María dio la estocada definitiva en la previa de Copa. Maldita casualidad para el Madrid que, precisamente, sea el Valencia el protagonista de este culebrón Dallas cuyo JR Ewing casi siempre es el árbitro de turno. ¿Quién no recuerda el famoso episodio del Ushiro Nage de Marchena a Raúl y el posterior berrinche de Ortí con aquel antológico esta Liga ya la ha ganado el Madrid?

Quizás a Manuel Llorente le falta la experiencia de saber rajar; esta mañana toda la prensa recalca su frase más hiriente: “Cuando no son los árbitros, son los árbitros”. No parece una declaración a tomar en cuenta por los comités. Pero, desde luego, el Valencia le ha hecho un gran favor a Mourinho: poco importa que el Madrid tampoco jugase anoche a casi nada ni que Cristiano dejase a un lado su condición de jedi blanco; ni siquiera Jonas será llevado al cadalso por haber pifiado media eliminatoria con dos goles cantados. El pim, pam, pum contra los árbitros lo eclipsa todo y, lo que es peor, cada semana da carnaza fresca a la prensa mediante rajadas extraordinarias o subliminales o con portadas de escuela Superdeporte. Este circo lo montamos todo.

 

 

 

 

Men in Black

Jueves, 2 Febrero 2012

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Era irremediable. El jefe de los árbitros tuvo que salir a la palestra para apaciguar el fuego cruzado entre los dos clubes que, precisamente, gozan de bula arbitral indefinida. Sánchez Arminio defendió a su gremio ante la avalancha de obuses que se le avecinaba: alguno, directo a la cara como el de Mourinho en el parking del Camp Nou esperando a Teixeira Vitienes y otros menos macarras pero igual de intencionados: “En lo que llevamos de año no pinta bien para el Barcelona”. insinuó Sandro Rosell esta semana. Pero la película de los ‘Men in Black’ todavía guardaba un actor por sorpresa para la escena ¿final?; el Valencia también se aprovechó de luces y taquígrafos para quedarse a gusto y reivindicar que ellos, quizá no al nivel de la bicefalia del fútbol español, también pueden dirigir un lobby muy potente contra las cagadas arbitrales. “Está claro que hay que hablar de los árbitros”…la cara de Manuel Llorente era la de un presidente harto de tanto vacile y que, encima, paga el pato para que el resto se quede satisfecho. Habría que preguntar a Rosell cuando decidió no atender al micrófono de Mónica Marchante: si justo después del ‘resbalón’ de Pinto o al término del partido, consciente de que en el resumen no aparecería ninguna moviola descarada en contra del Barça.

Manuel Llorente armó el arpón con premeditación: su queja nada vehemente puede que sea tomada a broma o, a lo mejor, tiene el recorrido que un antecesor suyo, Jaume Ortí, jamás habría esperado por otro pataleo. El 15 de febrero del 2004, más o menos a la hora que estalló anoche Llorente, el entonces presidente ché  se resignó a decir en el antepalco del Bernabeu “la Liga ya tiene dueño y no hay nada que hacer”. Ortí pasó de acusar directamente el ingenio de Tristante Oliva, cuando a pocos minutos del final se inventó un penalti a favor del Madrid de un forcejeo entre Marchena y Raúl. Por si colaba, Ortí decidió reventar el micrófono también de Canal Plus y esperar concesiones. Aquella liga la acabó ganando el Valencia, no por designios arbitrales sino por el ‘galacticidio’ de Carlos Queiroz, y muy a pesar del diario AS, que diseñó una cortina de humo con la famosa llave de judo ushiro nage para justificar las dádivas al Madrid.

Quizá Sánchez Arminio pase por alto la declaración de intenciones del presidente del Valencia, al fin y al cabo tampoco fueran demasiado ofensivas. En cambio, Roberto Soldado no dudó en morder en la yugular…”(el árbitro) no se ha atrevido a pitar la mano de Pinto tan pronto”. Suerte que el contexto era un partido de Copa, porque si Soldado suelta que un árbitro no ha pitado una jugada aposta delante de la UEFA, el castigo podría haber sido un puñado de partidos. España es más dócil en asuntos arbitrales: la rajada del delantero podría ser examinada por el propio Sánchez Arminio para que éste sugiriese al Comité de Competición una multa con dinero. Sin embargo, los antecedentes indican que Competición archivaría el caso y punto final. Es obvio que todos los clubes pían; si Guardiola utiliza una rueda de prensa para explicar que su equipo saldría perdiendo si hablase de los árbitros, ya está hablando de ellos, aunque sea para amortiguar las declaraciones de Rosell. El Madrid tiene una ventaja: el cañón Bertha de Mourinho. Florentino ha encontrado en su entrenador el altavoz perfecto para atizar a los árbitros…lógico que el portugués se queje de estar sólo ante el peligro. Que se lo digan a Valdano.

De jabato a don nadie

Mircoles, 15 Julio 2009

¡Qué pena lo de David Villa!, pobrecito. El chico quería venir a Madrid pero su ‘padre’ no le dejó, después decidió cambiarse a Barcelona pero  su ‘papi’ también se enfadó. Y es que la protección cuasi paternal que le confiere Manuel Llorente está hartando al propio delantero y a Joan Laporta por igual. “Villa vale más de 50 millones de euros”, dice el presi ché. Bien, razón no le falta en tasar a su estrella por el precio que le plazca, lo que sucede es que al Valencia le apremian los acreedores y no está en posición de hacerse el gallito. Al final, Florentino tendrá razón y habrá que exigir a los fichajes que se declaren en rebeldía, con causa, claro.

Una servilleta le valió a Zidane para agrandar la leyenda del Madrid; un ‘botazo’ de Ferguson a la cara de Beckham culminó con el fichaje más mercadotécnico de la historia; un precontrato con cláusulas millonarias convirtió a Figo en el chaquetero por antonomasia y el repudio de ‘FP’ a Ronaldinho acabó con éste en el Barça más un Balón de Oro, dos FIFA World Player, Champions y Ligas.  En fin, Villa no puede esperar más y debe hacerle un guiño a Laporta ya, toda vez que su aura se desvaneció en la galaxia blanca por culpa de Benzema.

Pocos futbolistas juegan a disgusto en un club y a este paso el caso de Villa va a ser el más sonado. Da la sensación que retener al delantero es la jugada maestra de Llorente. Cierto es que su reputación subiría como la espuma. La opinión pública recordaría al máximo mandatario valencianista como el luchador infatigable que nunca se plegó a los designios imperiales de Florentino ni al flirteo convincente de Laporta. Eso sí que es un presidente. Porque, además, la gente se acordará que, de momento, ni Silva ni Mata se han marchado ni la situación tiene pinta de conato de espantada.

Olé por Manuel Llorente, el negociador implacable. Su entidad se hunde a la deriva inexorablemente y él sigue en sus trece: unos ‘milloncejos’ no son suficientes para comprar la dignidad del Valencia. El patrimonio son los ‘jugones’ y así lo llevará hasta las últimas consecuencias. Esperemos que éstas no se desencadenen en la próxima junta de accionistas o cuando el acreedor de turno llame a las oficinas con un ultimátum. Entonces, de gestor jabato pasará a ser un don nadie con ínfulas de grandeza.