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Las verdades de Laporta

Jueves, 9 Octubre 2008

Hoy he leído una entrevista a Joan Laporta, realizada por mis compañeros de MARCA, en la que el presidente del Barça se ha sincerado y ha confesado sus últimas tribulaciones profesionales. Dice Laporta que el Real Madrid no ganó las dos últimas ligas, que las perdió el Barça. Y no le falta razón. En el primero de los dos campeonatos, el Madrid ganó por amor propio, coraje y mucha suerte. Fabio Capello, y sólo él, fue el artífice del milagro. Los blancos estuvieron a remolque de Barça y Sevilla toda la temporada, y mientras que los culés sufrieron un batacazo causado por el desmembramiento del vestuario, el Sevilla tuvo mal de altura, hacía décadas que no se las había visto así. Cierto es que el Madrid, después de insoportables pitadas en el Bernabéu y sonadas derrotas, se desinhibió y jugó a lo que más le gusta: las remontadas. En febrero de aquel curso 2006-2007, la opinión pública era unánime en considerar al Barcelona futuro campeón, pero la única verdad es que el Madrid nos brindó la oportunidad de saborear una recuperación épica e histórica. Bueno, tan épica no debió ser cuando Capello fue despedido indignamente. Algunos pensamos que si Eto’o y Ronaldinho se hubiesen portado como debían, otro gallo habría cantado. Aquellas declaraciones incendiarias del camerunés en las que acusó directamente a su compañero brasileño de vaguedad asestaron un golpe moral muy duro al vestuario azulgrana. Y ya sabéis que la psicología de estos chicos pende de un hilo muchas veces.

Menos vistoso pero más escandaloso fue lo sucedido la temporada pasada. Sin duda alguna, el Barça conjuntó una de las plantillas más competitivas del futbol mundial. Y menciono plantilla y no equipo, porque Laporta y Beguiristáin se encargaron de reforzar las posiciones de arriba abajo con dos jugadores internacionales, a excepción de la portería. Messi, Eto´o, Ronaldinho, Deco, Henry, Xavi, Iniesta, Bojan, Abidal, Puyol, Márquez, Zambrotta, Milito, Toure, Edmilson,etc, estaban llamados a arrasar en España y en la Champions. Pero otra vez caprichos, recelos, desavenencias y actitudes nada profesionales hundieron un grupo en el que Rijkaard y su discutible docilidad quedaron desbordados. Cada semana tocaba lío y cada mes salpicaba un escándalo. Ronaldinho ni siquiera disimuló: entrenarse a diario era un absurdo para el brasileño. El díscolo Eto’o y el incomprendido Deco desistieron de seguir luchando. La historia ya no iba con ellos.

Parecía que los vicios de la era ‘galáctica’ del Madrid de Florentino Pérez habían sido la gran advertencia para los grandes de cómo no gestionar un vestuario con tantos mil millonarios dentro. Laporta creyó haber dado con la receta idónea, la suya, con la que alzó ese todopoderoso Barça, ganador de una Copa de Europa y dos Ligas de calle, y que a la postre, será recordado como glorioso a la par que efímero. Aquel Barça y su continuación han tenido equipo de sobra para haberse llevado dos o tres Champions y un buen puñado de Ligas. Sin embargo, se acabó devorando a sí mismo aunque, por lo visto en este inicio de campaña, se está levantando de la sacudida. Así que algo de razón tiene Laporta cuando espeta que su club perdió estas ligas. También sabrá el mandatario azulgrana que sus coqueteos descarados con la política no han sido inocuos en el día a día del Barça. De todas formas, habrá gente que crea el Madrid no ha merecido estas ligas, igual que yo pienso que los merengues tiraron a la basura los dramáticos campeonatos de Tenerife de principios de los noventa.

Por cierto,  no quiero acabar sin antes analizar otra revelación de Laporta en la entrevista de MARCA. El presidente afirma que se equivocó mimando tanto a Ronaldinho, permitiéndole que aguantara más de lo necesario en el club. No le culpo, muchos creíamos que Laporta, o quien fuese en la Ciudad Condal, sería lo suficientemente persuasivo para convencer al brasileño de que podía volver a ser el mejor del mundo, que únicamente era una cuestión de actitud. De esto, Laporta sí que habrá aprendido la lección y seguro que habrá rodeado a Messi de buenos consejeros.

¿Real Madrid? No, pero gracias

Jueves, 28 Agosto 2008

Ni Santiago Cazorla. Podríamos adecuar este titular a la política de fichajes del Real Madrid. Las pretensiones del club blanco han virado de intentar traer al mejor jugador del mundo, Cristiano Ronaldo, a no ser capaz  de fichar a Cazorla, una joven promesa que ha preferido quedarse en el Villarreal antes de cumplir el que supuestamente era sueño de todo futbolista. Pero ahí no queda todo: si ayer por la mañana Cazorla desechó la oferta merengue, por la tarde David Villa interpretó el mismo guión que Cazorla, para dejar en evidencia al Madrid. El valencianista también tiró a la basura la propuesta de Ramón Calderón, y con ello, el plan de fichajes alternativo a Cristiano Ronaldo se ha ido al garete. Desconozco si intentar contratar a Cazorla y Villa era el plan B, C, D o E, porque la imagen que está dando el club más laureado de la historia es desastrosa.

El caos en Chamartín está a la orden del día. Es imposible que esta absoluta desorganización sea extirpada si Ramón Calderón no deja de adelantar a la prensa los fichajes; de alardear que el Madrid puede hacer despilfarros y de intentar traer jugadores con el cierre del mercado a la vuelta de la esquina. No hay que ser un experto en fichajes para darse cuenta que las temporadas se planifican dos meses antes de verano. Así lo ha hecho el Barça y así ha sido incapaz el Madrid. Lo alarmante es que, ahora, cuando el Madrid lanza sus garras para cazar estrellas, no siempre vienen. Bueno, cracks y no tan cracks. La consecuencia de las negativas de Cazorla y Villa es la búsqueda desesperada por alguien, da igual que sea delantero o interior. La filosofía en el Madrid es fichar, no saber fichar, y eso es un craso error.  Con todo, el elegido del día es Diego Milito, delantero certero, rápido y habilidoso, sí, pero de Segunda División. Y no recuerdo que el Madrid  haya contratado a muchas estrellas de última hora procedentes de equipos de Segunda.

Con este panorama tan lamentable, la imagen ya es lo de menos. No obstante, a estas alturas de la película, sería recomendable dejar la situación intacta en vez de seguir haciendo el ridículo. Este club no podría soportar humillaciones semejantes. La dirección deportiva del Real Madrid actúa con más vehemencia que inteligencia. Y el contraste es obvio: el madridismo ha pasado de ver a Figo, Zidane, Ronaldo o Beckham posando con la camiseta del mejor club del siglo XX, a escuchar ruedas de prensa de futbolistas que nunca han jugado en un grande mostrando su desgana por hacerlo. Debe ser que para Cazorla y Villa, el Real Madrid no es el mejor equipo del siglo XXI.