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Una Croacia irrepetible (no ésta)

Sbado, 25 Junio 2016

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Robert Prosinecki todavía cree que su Croacia del 98 es irrepetible. “Ya, incluso, en la Eurocopa de Inglaterra deslumbramos a Europa pero nos confiamos contra Portugal y Alemania nos tumbó”. La antigua escuela yugoslava había dejado talentos demasiado refinados a los que se les prohibió rifar el balón. Croacia decidió apostar por un tiqui-taca que chocaba con los panzer alemanes, el ‘patapum p’arriba’ de Javier Clemente o el descarado catenaccio italiano. De repente, Prosinecki y Zvonimir Boban comenzaron un baile de salón que aficionó a la gente. El ex madridista recuperó su versión eléctrica del Estrella Roja con esos pases de escuadra y cartabón que tanto maravillaron al Real Madrid. El mito del gran pufo de la Liga desapareció en Inglaterra. En cambio, Boban ayudó a construir la maquina perfecta de Fabio Capello en Milan, con la personalidad suficiente como para heredar el legado de Ruud Gullit. Pintaba bien aquella Croacia rebelde de zurdos sedosos: Davor Suker, actual presidente de la Federación Croata, intenta evitar comparaciones en el tiempo; no debe ser él quien pronuncie declaraciones políticamente incorrectas. Aunque en las tertulias de esta Eurocopa su regate en dos tiempos al portero alemán Andreas Köpke o la vaselina a Schmeichel se recuerdan con nostalgia. Ayer fue el arte de Suker, hoy es la artillería pesada de Mandzukic. Juzguen ustedes.

Croacia es irrepetible. Ni siquiera Modric (para Suker, el mejor mediocampista del mundo) y Rakitic se pueden inspirar en aquella selección arlequinada donde el pelotazo estaba prohibido. Ganaron a España, sí, porque Perisic, el media punta del Inter, arenga a sus compañeros para que peleen como gladiadores. Dicen que Croacia ha sido una de las sensaciones de la primera fase y quizá haya vivido demasiado bien con los disparos de Modric y las internadas de Perisic. Imagínense al madridista compartiendo mesa y mantel con Prosinecki y Boban. Casi nada. Tampoco es que sea un incomprendido en su vestuario, pero la calidad de Modric aventaja en varias galaxias a la de cualquier otro balcánico. Si no fuera por su silueta ensanchada, Suker tendría que quitarse el traje y reclamar un par de asistencias. Desde luego, algo diferente iba a suceder en esta Eurocopa de sota, caballo y rey. “Ahora todos juegan a no perder, nosotros sólo queríamos demostrar al mundo que Croacia estaba en la élite”, recuerda Robert Jarni, otra zurda que agitó a la grada del Betis. Lo consiguieron goleando a Alemania en los cuartos del Mundial de Francia, pero siempre quedará la derrota que sigue martirizando a Boban.

El Stade de France se había acicalado para homenajear a su anfitrión en las semifinales del Mundial. Croacia llegaba como revelación , aunque delante de Zidane parecieran liliputienses. Los franceses no se fiaban de los balcánicos y, por eso, la fase de cortejo duró toda la primera parte. Fue entonces cuando Suker, quién si no, se desmarcó de la nada y batió por bajo a Barthez.. Desde la desintegración de Yugoslavia, no había sucedido ningún acontecimiento tan relevante en los Balcanes, y tan efímero. Un solo minuto duró la efervescencia croata, el tiempo que tardó Boban en despistarse y perder un balón fatídico. Thuram aprovechó el regalo e instantes después, con el milanista aún aturdido por el fallo, acabó con el cuento de hadas de toda una nación. Cayeron como héroes, pero cualquier tiempo pasado fue mejor. Resulta que Manolo Lama tiene razón: esta Eurocopa está sufriendo la involución del fútbol. Y Croacia no es ajeno a ello.  

La alfombra roja de Hollywood

Jueves, 7 Abril 2016

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Es la moneda al aire que puede caer hasta de canto. Demasiado talento y muy poco equipo; con esta credencial quizá el Real Madrid gane otra Champions, pero seguramente perderá otras siete Ligas. Los primeros 45 minutos delataron a los ojeadores del club: ni un solo vídeo del Wolfsburgo, ni una estrategia para averiar a los alemanes. Dio la sensación de que la épica victoria del Camp Nou tenía premio doble: resucitar y sumar media victoria en Alemania. Sin embargo, la Champions es muy traicionera y nadie mejor que el Madrid debería saber que en su competición todos pelean como si no hubiera mañana, a tumba abierta. El Wolfsburgo es un equipo de media tabla de Bundesliga que ha convertido la Champions en su cuento de hadas. Y a falta de fútbol, la velocidad no se la quita nadie. Julian Draxler y Bruno Henrique recibirán este jueves llamadas de media Europa porque cualquier plantilla necesita velocistas. Draxler es el que vende las camisetas en la fábrica de la Volkswagen y, desde ayer, quien talla los trajes a Danilo. Por tierra, mar y aire le superó, con y sin balón.

El lateral del futuro, así le vendimos sin verle (las cosas de los periodistas), quedó hecho trizas en un puñado de minutos, los que tardaron Draxler y Arnold en hacerle la ‘trece-catorce’. Danilo todavía no se ha enterado de que jugar en su puesto supone defender y atacar en una especie de pinball; su problema es que ni mete la pierna ni levanta la pelota en los centros. Sus gestos recuerdan a aquel ‘Bolo’ Zenden del Barça que no metía ni una en el área. Danilo no fue el único que pasó por el cadalso. Sergio Ramos inquietó a su propia defensa con errores de patio de colegio y Casemiro no sacó la máquina cortacésped. De repente, la medular merengue fue engullida por el Wolfsburgo. Y cuando Modric arrastra su peor versión, la gripe no la cura ni el mejor Cristiano Ronaldo. Haciendo de abogado del diablo, un penalti tan riguroso como la expulsión de Fernando Torres desquició al Madrid toda la noche. Ni siquiera un amago de ese vendaval que proponen los blancos durante un rato; y eso que a Bale se le notaba escurridizo, con los músculos tersos para preparar la zancada. Nada importó porque cuatro meses después el plan sigue siendo que no hay plan. Y el claqué que quiere bailar Zidane necesita el aprendizaje de unos pasos; no se trata de desenrollar la alfombra roja de Hollywood para que se paseen las estrellas. A esta hora la incertidumbre agobia demasiado al madridismo, ¿cuál es el Doctor Jekyll y cuál es Mister Hyde?

Por si acaso, el hijo del mito Juanito, Roberto, advirtió en twitter que no molestemos al espíritu de su padre. Suena poco práctico porque el famoso Madrid de las remontadas se extinguió hace décadas, aunque siempre es un recurso para la prensa satélite del club. La cabeza de Santillana y los quiebros de Butragueño son desempolvados de las hemerotecas para abonar la remontada. Cualquier motivo para sobreexcitar al madridismo. Y seguramente sin Benzema, para que el salto con triple tirabuzón sea completo. El Madrid sacará el ataque relámpago en los primeros minutos y si su combinación de puñetazos todavía no noquea al Wolfsburgo, entonces Zidane deberá sentarse delante del tablero de ajedrez. Pero para eso, hay que trabajar la eliminatoria en Valdebebas; sopesar si el defenestrado James tiene hueco para la épica y si Kroos es tan imprescindible como Zizou nos quiere hacer creer. Cosas sin lógica, como Danilo.  

Entre el fútbol y la siesta

Lunes, 5 Octubre 2015

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“Cuando el mejor de tu equipo es Casemiro, malo”. Lo dice un directivo de la planta noble del Bernabeu que no entiende por qué el Madrid no desangró la yugular del Atleti cuando estaba tocado y casi hundido. El ejemplo más práctico lo enseñó Arsene Wenger dos horas antes, con un Arsenal que logró hacerle jaque mate al United en apenas veinte minutos. Pero el estilo de Rafa Benítez no es orgiástico; prefiere mantener a raya al rival con un buen bloque de hormigón. En este mundo al revés, a Simeone le incomoda construir un Atlético de elaboración y no destrucción, mientras que Mister Rafa aplica las mismas tesis en un Inter siderúrgico que en este Real Madrid de los mil y un talentos. Tanto pesimismo merengue podría no haber existido si el equipo hubiese puesto en bucle los primeros diez minutos de derbi, hasta que el despiste de Sergio Ramos tumbó el castillo de naipes. Ése fue el red bull que dio alas al Atleti menos ‘cholista’ de los últimos tiempos. Quizá por eso, no fue el derbi eléctrico al que tipos como Diego Costa o Raúl García metían los voltios necesarios para abroncar el juego. La plantilla es más sugerente, con más peones de quita y pon y un pequeño ‘kuncito’ con ansias de liarla llamado Ángel Correa; pero sobre todo es higiénica. Aparece otro Atlético de laboratorio que intenta agarrar el balón a ras de césped y no envidar todas las cartas a los juegos de aviación. Este año las faltas ya no son medio gol y la cabeza de Godín no es tan prodigiosa. Falta madurar la nueva idea, pero hasta entonces se admiten ocurrencias en el think tank.

El Madrid también tiene demasiado trajín en su laboratorio de ideas. ¿Aguantará Florentino Pérez las reminiscencias ‘capellistas’ de Benítez? La segunda parte del Calderón fue una oda a la racanería que, pecando de ventajista, nadie sacaría a la palestra sin el gol de Vietto. Casemiro aguanta los puñetazos en las vértebras y permite que Kroos y Modric no se embarren tanto. El problema en la sala de máquinas es que la distancia entre el alemán y el croata son un buen puñado de galaxias. A favor de Modric, claro. Kroos recorre kilómetros esta temporada, muchos como un “pollo sin cabeza” (Toshack dixit). De repente, no encuentra ese guante de seda que coloca balones en cualquier palmo del campo. En cambio, Modric sigue siendo ahora mismo el futbolista total del Madrid., por delante de Cristiano, y de todos. Por segundo año consecutivo, un resfriado suyo puede alterar el destino de todo un club. Y no suena exagerado porque el precedente está ahí. Tampoco hay que recurrir a hipérboles para soltar que CR7 debería acabar su vida en el Madrid como delantero centro, y no en la banda izquierda donde sus dotes físicas comienzan a oxidarse. Su remate es tan letal por tierra, mar y aire, que no tiene nada que envidiar a Hugo Sánchez. Y eso son palabras mayores.

Benítez no es amarreta, ni siquiera practica el arte simplón del patapum p’arriba del que fardaba el guiñol de Javier Clemente. Sin embargo, el club le va a presionar si abusa en su vicio por la contención. La orden del general fue retrasar líneas para matar al contraataque y, lejos de sentenciar el derbi, acabó la noche con una crítica de Benzema: “Con todos atrás es muy difícil marcar goles”. Primer aviso de una de las estrellas del presidente. No obstante, las estadísticas son la prueba de que el algodón no engaña y los otros dos empates ante Sporting y Málaga fueron consecuencia de casi cincuenta disparos aciagos. Pero como el fútbol es una noria de sensaciones, la del Madrid de Rafa es que aburre a los puristas y en las barras de los bares. Los partidos de las cuatro de la tarde son una duda entre intentar sobreexcitarse con el Madrid delante de la tele o elegir el bendito hábito de la siesta. Casi una duda cartesiana. 

La hora del estratega

Domingo, 19 Abril 2015

“Es la hora de Lucas Silva. Para eso le hemos traído”. Es la reflexión de madrugada de un vocal del Real Madrid instantes después de conocerse el fatídico diagnóstico. Modric se pierde el resto de la temporada y, con ello, el Titanic se aproxima inexorablemente al iceberg. Candidatos para el casting los hay a patadas: Lucas Silva, Illarramendi (de quien nadie en su sano juicio se atreve a susurrar ya que era el padawan más aventajado de Xabi Alonso) y Sami Khedira, a quien su entrenador pediré un alarde de profesionalidad para un último servicio a la causa. Joachim Low le pondría con los ojos cerrados, pero comparando sus méritos con la selección alemana, en el Madrid sólo hemos visto un Khedira de Mercadona. La pasarela es descorazonadora en una plantilla que ronda los 500 millones, kilo arriba kilo abajo, Por eso, el hueco oceánico que deja Modric tiene una solución más cara aún: adelantar a Toni Kroos varios pasos su posición y suplir a éste por un mamporrero. En el fútbol contemporáneo desaparecieron esos ‘Makeleles’ limpios e higiénicos en el trabajo sucio que tanto valoran los entrenadores y los puristas de la prensa.

Son los mismos cronistas que antes aplaudían el fútbol seductor del Barça, copiándolo para la marca España, y ahora han tenido que tragar por succión el juego práctico del pim, pam, pum. No pega con el seny azulgrana, aunque tarde o temprano tenía que venir un entrenador vendiendo las tesis de Maquiavelo. El resultado no sólo importa, sino que vale de coartada para ocultar el extinto tiqui-taca. El calendario es tan vertiginoso que los consejos de sabios en Barcelona no tienen tiempo de fusilar a Luis Enrique y su osada traición al ‘cruyffismo’. El Barça es líder y, con las piernas arrastrando grilletes por el cansacio de la Champions, noqueó a un Valencia sin el arte de Muhammad Ali. Este Barça ya no flota como una mariposa y pica como una abeja; prefiere tumbar al rival a puñetazo limpio, como George Foreman. Un estilo inédito en Can Barça, pero que el Bernabéu lleva presenciando por los siglos de los siglos. Y a la grada blanca le gusta.

El Valencia descerrajó la defensa azulgrana y sólo le faltó abrir en canal al casi muerto. Fue entonces cuando Claudio Bravo imitó al Casillas de sus mejores tiempos y sostuvo al equipo entero. Y Luis Enrique, que todavía es novato para dar giros inesperados a las películas, puso tras el descanso a Busquets en su sitio y el Barça cortocircuitó el énfasis del Valencia. Ahí acabó todo. El murmullo del público a la salida del estadio no despotricaba contra el entrenador: ya no hay tiempo. El ‘triplete’ inimaginable desde la crisis de Anoeta asoma detrás de la esquina y ganar por lo civil o lo crimimal es el único cometido del entrenador asturiano. Tampoco Florentino Pérez le exige a Ancelotti que traiga el Circo del Sol a Chamartín, pero sí un poco de amor propio para salir al derbi como un ciclón y gritar a Europa que esto es el Real Madrid, donde no valen las excusas. Que no juega Modric, pregunten a Carletto; y si tampoco está Bale, de nuevo al entrenador. Se le fichó para tomar este tipo de decisiones, no para arengar al vestuario con un simple ‘Salgan y jueguen como saben’. Las malas lenguas dicen que eso fue lo que repetía Del Bosque e irritaba tanto al presidente. Es la hora de los estratega. Una partida de ajedrez a vida o muerte para Ancelotti.

 

 


Una bendita pesadilla

Martes, 26 Agosto 2014

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Problemas en la sala de máquinas. Ancelotti ha pintarrajeado toda su pizarra y la única conclusión es que necesita tiempo para solucionar el galimatías táctico que atasca al Madrid. En vez de rodar el balón, el tráfico del centro del campo parecía la escena final del show de Benny Hill en la que todos corrían detrás de todos. Modric y James no se enteraron de la película y si el Bernabéu quiere ver a ese colombiano que se puso de moda en Brasil, tiene que engancharse con la ‘BBC’. Recuerdo que Fabio Capello, en su primer año de 1996, colocó a Raúl González en la izquierda, lejos del punto de penalti donde olfateaba el gol; claro que Raúl era Raúl y habría funcionado hasta de lateral. Después de muchos años criticando que el Madrid no mimaba las bandas, quizás desde que se retiró Roberto Carlos, anoche no encontró soluciones en el mogollón, donde suele diseccionar al rival.

Un caos táctico aderezado con una falta de ganas exagerada. El Córdoba presentó ilusión y una hoja de ruta muy trabajada, pero seguramente no esperaba que la mole merengue tuviera las vértebras fracturadas. Al ‘Chapi’ Ferrer le gusta tocar la pelota y evitar rifarla si es necesario, se nota que mamó la escuela cruyffista. Curiosamente, al primer toque (como le gustaba jugar a Cruyff) Benzema marcó un gol que fastidia al representante Jorge Mendes, quien ya se frotaba las manos con un negocio exprés por Falcao. El francés salió del limbo un instante decisivo y volvió a sumirse en un estado melancólico que irrita a la grada. Benzema es un delantero especial que, lejos de intentar clavar la bandera en el área, prefiere arrimarse a una banda para construir jugadas: le grada le aceptará o no, pero no exigirle que cambie. Y más, después de cinco años.

El público ve a la legua que su Madrid se divierte más contraatacando. No en vano, una de las zanahorias que se llevó Mourinho durante todo su serial de palos fueron esos ciento y pico goles de la segunda Liga. Bale y Cristiano suspiran aliviados cuando tienen delante autovías de cincuenta o sesenta metros. Su condición de velociraptores no termina de cuajar en esa idea de fútbol-control de Ancelotti. Tampoco lo habría conseguido el jugador que últimamente metía a los partidos cien vatios extras, pero eso ya es un imposible porque Di María estuvo pasando el reconocimiento médico en Manchester a las dos de la pasada madrugada. Si la propuesta del técnico es usar a Toni Kroos como mando de control remoto, a Modric tiene que programarle para una misión específica: o airear la pelota o contener atrás. De momento, se ha diluido demasiado respecto al final de temporada. “Es una bendita pesadilla”, dijo Manolo Lama durante la retransmisión del pestiño que anestesió al Bernabéu. Aclarar el dibujo de la medular hará de Ancelotti un entrenador más fiable o más sospechoso porque todos le mirarán a él. Quizá si Zidane se volviese a vestir de corto….

A falta de fútbol, Modric

Lunes, 13 Enero 2014

Carlo Ancelotti prometió un “juego espectacular” en el día de su presentación y el madridismo no dudó en aplaudir su eslogan tan atractivo como inédito en entrenadores anteriores. El primer punto de su programa era, por supuesto, los títulos y, el segundo, divertir al Bernabéu con un espectáculo diferente al de Mourinho. Media temporada después, al segundo capitán, Sergio Ramos, le importa ganar y punto, o eso fue lo que aseguró en Cornellá. Y media Liga después, la afición no discute que el Madrid vuelva a tener en la recámara de su Kalashnikov a Barça y Atlético, sino la dosis de orfidal que produce su fútbol. El Espanyol no iba a ser sparring fácil pero, con todos los buenos sobre el campo, nadie supo imitar la mejor versión de Özil, o sea, poner pases entre líneas. A estas alturas, las victorias sin pena ni gloria han metido al equipo en la pelea a la vez que han conjurado algún que otro fantasma. Por ejemplo, un Bayern de Munich en cuartos de Champions. El Madrid sigue en pleno rodaje, aunque todavía no está preparado para batallas entre imperios.

Y en medio de esa nebulosa que Ancelotti no consigue disipar, el fichaje de la temporada no está siendo Gareth Bale, sino Modric con sus lecciones tácticas. La coartada del galés es el tiempo, como cualquier británico fuera de Las Islas necesita adaptación; sin embargo, su cifra mareante de 91 millones (o 100 según el Tottenham) no sería desorbitada en futbolistas como Cristiano o Messi. A Bale le queda demasiado grande. Las lesiones y la poca compatibilidad con CR7 encienden el debate de si le vendría mejor un once sin el portugués, una combinación imposible porque Cristiano casi es el Madrid entero.

Por eso, las sospechas sobre Bale contrastan con las grandes actuaciones de un Modric que hace las veces de Makelele y de centrocampista ofensivo. Salvando las distancias, Modric recuerda  a ratos al gran Fernando Redondo en su visión panorámica del fútbol. Siempre escogiendo la mejor opción. Sin atisbos de un espectáculo estilo Circo del Sol, de repente Xabi Alonso y Modric han construido la columna vertebral del equipo. A expensas de Cristiano, ambos centrocampistas son ahora mismo imprescindibles para que el Madrid no se rompa en pedazos. La necesidad del músculo de Khedira quedaría demasiado lejos en estos momentos. Tanto como ese ansiado Özil que rompa líneas por el centro; de lo contrario, los goles estarán a merced del de siempre, con permiso de los testarazos de Pepe.

 

Bale cuesta un ‘pretty penny’

Martes, 30 Julio 2013

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“Este tío va a ganar un puñado de Balones de Oro”. A John Benjamin Toshack le bastó medio partido para anunciar al mundo su creación. La prensa galesa que cubría a la selección nacional ya estaba curada de espanto de la socarronería y, a veces, fanfarronadas de Toshack, convertido desde 2004 en el manager del país. Gales acababa de ganar a Trinidad y Tobago por un pírrico dos a uno en el antiguo estadio Arnold Schwarzenegger de Graz (Austria) en un amistoso de preparación de los caribeños para el Mundial de Alemania, y a tenor del bodrio de partido y la consiguiente aburrida interpretación que pudiese hacer JB, un periodista le preguntó por el debut del joven Gareth Bale, un lateral izquierdo de 17 años del Southampton que prometía como tantos otros. Su respuesta alivió las soporíferas crónicas de los reporteros, más si cabe, cuando el propio Toshack les comentó que no se trataba de otra vacilada más. Pero el ex entrenador del Madrid quiso ser más incisivo y profetizó que algún día el chaval costaría a pretty penny, es decir, un ojo de la cara; entonces, algunos periodistas se dieron cuenta que quien hablaba era el viejo John, el bromista, el que tenía ocurrencias para todo. Sin embargo, la apuesta estaba hecha y menos mal que al seleccionador no se le ocurrió jugarse los cuartos con el corrillo de enviados especiales. Porque siete años después, sin duda Toshack les habría recordado a todos y cada uno sus palabras en el Arnold Schwarzenegger. Alguno, incluso, sospechó que JB no había pretendido tomar el pelo a nadie cuando en su segundo partido con Galés, Bale marcó su primer gol de falta.

Toshack vive ahora en Azerbaiyán, donde entrena al Khazar Lankaran, un equipo de media tabla de la liga local. Y aún ejerciendo de técnico, director deportivo y casi de presidente del club, todavía sigue esperando la llamada de alguno de esos escépticos que se rieron de su profecía sobre Gareth Bale. El presidente del Tottenham, Daniel Levy, ha entendido lo del pretty penny a la enésima potencia: si el Madrid puede pagar cien millones de euros, por qué no casi ciento cincuenta, tal como hoy publica MARCA. El jefe de los Spurs está negociando dos retos: apurar al máximo la cantidad de ceros que puede añadir Florentino al cheque y desquitarse del rencor que le produjo soltar a Luka Modric el verano pasado, en aquel serial que obligó a Levy a sucumbir al deseo del croata sin poderle recriminar su mes y medio de rebeldía con el Tottenham. Al final, Modric salió por treinta millones, mucho menos de lo que hubiesen pretendido los ingleses; por eso, Levy no quiere repetir la cagada y, más que el dinero, quiere que le consideren un magnate (que no mangante) al nivel de Florentino, el jeque del Paris Saint Germain o el nuevo mecenas ruso del Mónaco. Pero el Madrid nunca pagaría 145 millones, a sabiendas de que cien redondos ya vuelven a poner patas arriba la pax romana que había imperado en el mercado hasta la entrada en escena del opulento PSG.

Levy ha puesto al Madrid en una encrucijada peligrosísima porque está tensando la soberbia de Florentino hasta límites imposibles. El dueño británico contempla a su oponente como al ricachón Richard Gere en Pretty Woman, en la escena en la que sugiere a Julia Roberts un precio para pasar con él una semana. La chica le asegura que no podría pagarlo y Gere responde con un altivo ‘¡prueba a intentarlo!’. La comparación con el Madrid es parecida: si Florentino tiene que pedir otro macro crédito para financiar el fichaje de Bale, por supuesto que lo hará en aras de no quedarse sin su habitual reclamo galáctico de cada año. Pero las consecuencias posteriores se intuyen devastadoras: el resto de clubes copiarán el método Levy cuando sientan cerca los tentáculos del presidente merengue: si Bale cuesta un ojo de la cara, el tope por cualquier otro que despunte en un equipo medio-alto será inimaginable. Y no todos los años va a aparecer un Nápoles al que no le importe pulirse de un plumazo la pasta gansa conseguida por Cavani.

P.D: Para que conste en acta. El viejo Toshack no sufría delirios de grandeza en su pregón por Bale. En 2006, llamó a un tal Txiki Beguiristain aconsejándole que el Barça fichase al chaval galés porque allí “cuajaría demasiado bien”. Es obvio que JB no estaba tan loco.

El Apocalipsis tendrá que esperar

Mircoles, 6 Marzo 2013

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Sir Alex Ferguson mascaba chicle cada vez más enrabietado mientras su dedo apuntaba con total descaro al turco Cüneyt Çakir. Y de repente, el vjejo John Benjamin Toshack, colaborador de COPE Deportes, llama a la redacción y dice que el arbitraje no le sorprende porque él ya le sufrió durante su etapa en el Besiktas. “Este Çakir viene a ser el Ansuátegui Roca de Turquía”, dice con su habitual sorna el galés; “lo que es inaceptable es que un Manchester – Real Madrid en Old Trafford no sea arbitrado por alguien de las grandes ligas, un alemán o italiano”. Razón no le falta a Toshack ni empatía a Mourinho, quien entendió a la perfección el cabreo de proporciones bíblicas de su amigo Ferguson. Justo después del partido, la sala de prensa del United se abarrotó, más que por la siempre morbosa comparecencia pública de Mourinho, por la ristra de barbaridades que podía escupir el técnico escocés; el comité sancionador de la UEFA ya se estaba frotando las manos por el trabajo que le esperaba. Pero Fergie anduvo listo no saliendo a la palestra y el árbitro Çakir salió ileso, mal que le pese a los periodistas que esperaban una rajada similar a aquella antológica de “¿Por qué Ovrebo?, ¿por qué Busacca?, ¿por qué De Bleeckere?, ¿por qué Stark?”.

Es innegociable que la expulsión de Nani cambió el panorama del partido. El Madrid buscaba un resorte que le espabilase y lo encontró por accidente; a partir de ahí, le quedaba media hora de acoso y derribo, justo lo que no había hecho la primera hora de partido, ni siquiera con el gol en propia puerta de Sergio Ramos. Hasta entonces, Ferguson había convencido al mundo de que, verdaderamente, sí tenía un plan de choque contra los blancos: Cristiano apenas podía avanzar metros sin el incordio de tres pivotes rojos y sin su galope el resto del equipo se oxida. Entonces, al césar lo que es del césar: a Mourinho se le ocurrió conceder a Modric la oportunidad de su vida (ésa que tantas veces ha tenido Kaká) y callar a los bocazas que no dejan de incordiarle por su PVP. Sí, pocos futbolistas justifican cuarenta millones de euros, y casi ninguno lo hace de un plumazo. Sin mediar palabra y sólo con un latizago que reventó el palo de De Gea, Modric le hizo saber a su entrenador que en el Tottenham era el mejor por sus méritos de mediapunta, no de centrocampista, tal como le ordenó jugar Croacia en la pasada Eurocopa. Por fin, Davor Suker no será tomado por un loco, harto de repetir que su compatriota también había nacido para jugar en el Real Madrid.

Todavía faltaba el momento CR7. El sublime homenaje que le rindió Old Trafford en los prolegómenos del partido podía reblandecer su instinto asesino, así lo advirtió Mourinho. Pero si de algo le ha valido esta temporada es de aprovechar su inmenso ego al servicio del equipo. Y como el Madrid no puede alimentarse constantemente de sus tomahawks , también aparecen en escena figurantes como Modric. Sin embargo, la nueva y mejorada versión portuguesa aún conserva su ‘yo’ más íntimo e intransferible: debía acabar siendo el protagonista sí o sí. Y así lo entendió el público inglés cuando su ex ídolo finiquitó los octavos de final: en cualquier otro estadio el nivel de decibelios de los silbidos habría sido ensordecedor, pero en Inglaterra sí pueden fardar de lo que el Barça llama valors . El fútbol británico respeta a sus mitos, hayan o no cometido alta traición.

O sea que el Madrid ha actuado como el mejor funámbulo del Circo del Sol. Si hace un mes, la prensa le dibujaba un destino apocalíptico: desahuciado en Liga, retado en Copa por el Barça de las mejores estadísticas y con un supuesto fin de trayecto en el suntuoso Old Trafford; hoy resurge un equipo que ha recuperado su mística de la única forma posible: callando a gente de su talla. Hay directivos en el club satisfechos con que Mourinho desquicie al Barcelona, pero el presidente Florentino soñaba con desempolvar el traje de las noches legendarias. Y lo mejor es que los tintes épicos no han llegado por una reverencia a su fútbol, al revés, dejó mucho que desear, sino porque, al estilo de Brad Pitt en Malditos bastardos, el Madrid necesitaba cortar la cabellera de un general con galones, para infundir miedo, y el United desde luego lo ha propiciado. En definitiva, para los agoreros, el Apocalipsis tendrá que esperar.

Uno de los nuestros

Domingo, 24 Febrero 2013

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Vicente Del Bosque confesó durante el Mundial de Sudáfrica que si fuera jugador le gustaría  parecerse a Sergio Busquets; habría que preguntarle a Mourinho quién es su predilecto, pero quizá por su entendimiento del fútbol, José Callejón sea el elegido. Si Cruyff ordenó al Barça el fichaje de Miguel Ángel Nadal del Mallorca para erigirlo en su comodín particular, Callejón vale para dar guerra en cualquier palmo del campo. Su estilo escurridizo hizo malo a Modric en Riazor: sus continuos desmarques cayeron en saco roto ante la ceguera del croata de los cuarenta millones (se dice pronto) y, aunque el granadino fue el más peligroso antes de la revolución sugerida por su entrenador, entendió que las necesidades tácticas le obligaban a comerse el marrón del lateral izquierdo, y no es la primera vez. Sin embargo, Callejón lo acata con su habitual disciplina militar que tanto embelesa a Mourinho. Precisamente, éste le describió ante la prensa como uno de los nuestros. No se equivocó el portugués.: Callejón puede fallar delante del portero, errar un pase o no controlar el balón, pero nunca se le achacará ese ímpetu que le excluye de las esporádicas apatías que sufre el equipo. Porque si hay algo que detesta el técnico portugués en su interminable catálogo de manías, la dejadez ocupa un lugar top.

El pasotismo es lo que mató al Madrid de la primera parte. Dijo Butragueño en el palco que la segunda parte de los suyos había sido mejor que la primera del Depor; cuesta creerlo porque, salvo Callejón, ninguno amagó con poner una pizca de ganas. Ni siquiera funcionaron los contraataques, argumento por antonomasia de la era Mourinho. Al menos, un detalle sorprendió en el entrenador: en cualquier otro partido habría cambiado a Higuaín por fallón; en Riazor confió en él hasta el final y el desenlace le dio la razón. No obstante, todavía prevalece el quebradero de cabeza del nueve: del argentino se espera mucho más y a Benzema simplemente se les espera. La buena y peligrosa noticia es que el problema toca a su fin en apenas diez días, porque si ambos no dan la talla en el Camp Nou u Old Trafford, después nada tendrá importancia: uno de los dos será vendido al mejor postor. El fichaje de un delantero galáctico es el gran tráiler de la próxima temporada.

La otra gran noticia o, mejor dicho, presentimiento es el regreso de Kaká a sus orígenes. Quizá haya entendido que siempre quedará eclipsado por Cristiano Ronaldo y por eso ya no juega agarrotado; tampoco se le pueden exigir méritos propios de un Balón de Oro, pero su mente no está nublada y podría convertirse en el socio letal del portugués. Curiosamente, Kaká se confirmó ante el mundo en Old Trafford en un Manchester-Milan inolvidable y dos goles de zancada y regates más antológicos, si cabe. Mourinho ha sacada a Kaká del diván del psicólogo y su titularidad en los duelos cruciales no es descabellada. Sin duda, sería la prueba definitiva del algodón para que Florentino confirme, de una vez por todas, si valió la pena traer a Kaká como si se tratase de un acontecimiento planetario.

 

Interpretación siempre negativa, nunca positiva

Martes, 18 Diciembre 2012

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Mourinho respondió siete preguntas en la rueda de prensa posterior al 2-2 con el Espanyol, y sólo a un periodista, Miguel Ángel Toribio de Radio Marca, se le ocurrió hablar de fútbol: “Míster, otro gol a balón parado, ¿casualidad o falta de entrenamiento?”. La respuesta del portugués fue la esperada, o sea, desafiante: “No te voy a contestar. Tú eres periodista deportiva y tienes capacidad de interpretación”. A tenor de sus sucesivas comparecencias, al entrenador del Madrid apenas le gusta hablar de fútbol; culpa suya y de los reporteros que no le aprietan con cuestiones tácticas. Precisamente, Mourinho describió el pinchazo con un somero “no estamos jugando tan bien como la temporada pasada”, sin detallar qué le chirriaba o cómo podría revertir los fallos mecánicos. Pero las estadísticas son incuestionables: en dieciséis jornadas ligueras, ha cambiado once jugadores al descanso, sólo dos (Pepe contra el Valencia y Cristiano por la brecha de David Navarro) por lesión. ¿Galimatías tácticos o una prodigiosa capacidad de reacción? Al Madrid se le está discutiendo que juega sin ideas, al albur del talento de Cristiano y demasiado confiado en su pegada. También Mou aludió a esta decisiva carencia el pasado domingo.

Luka Modric jugó una primera parte bastante aceptable: se movió con soltura en la mediapunta, en ocasiones se atrevió con buenas internadas por la banda izquierda y probó suerte con un latizago al palo, pero contra todo pronóstico fue sustituido por Di María al descanso. ¿La explicación? Mourinho dijo que el croata “no ha respondido cuando ha jugado dos partidos consecutivos de titular”; ¿por qué? sería muy recomendable preguntárselo en la siguiente rueda de prensa. Callejón debutó como delantero centro y el experimento fracasó en un rato; no es un rematador nato porque necesita metros para llegar en carrera a la portería. Además, el ‘efecto Callejón’ es útil cuando sorprende al rival volatilizándole en los últimos minutos; Mou lo sabe y, por tanto, a falta de argumentos públicos su titularidad quizá obedezca a un premio como banquillero de lujo. Morata sí es delantero natural y su gol milagroso contra el Levante le había garantizado cierto margen de confianza con su valedor, o eso creíamos. Es una interpretación ante la ausencia de una justificación concreta del entrenador; por lo tanto, puede ser válida.

Y el otro gran enigma del Madrid: casi todas las embestidas fueron amortiguadas por los centrales espanyolistas Héctor Moreno y Colotto. Ni Özil ni Cristiano decidieron abrir las bandas, salvo alguna incorporación de Coentrao por su flanco izquierdo; incluso, Khedira se tiró a la derecha para poner centros opacos. La impresión es que el partido sólo podía finiquitarse con un tomahawk de Cristiano o algún despropósito del Espanyol, pero ninguno de los dos. La lesión de Marcelo ha mermado absolutamente el fútbol de bandas: Arbeloa se esfuerza en jugar como un lateral correcto al que no se le puede exigir más a partir de la línea divisoria, y Coentrao nunca ha sido fiable, pues tan pronto inventa dos o tres quiebros como deja desnudos a sus defensas. Es una pena que Mourinho no valore apreciaciones de este tipo a pesar de las poquísimas preguntas que se le lanzan al respecto. Sergio Ramos tiene razón: “no es un problema de actitud”; este Madrid no juega a nada, pero a su entrenador tampoco le apetece comentar al público si existe intención. O sea que, de momento, nos quedaremos con Van Gaal y su inolvidable interpretación siempre negativa, nunca positiva.