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Entradas con etiqueta ‘Mourinho’

Primera lección

Sbado, 10 Septiembre 2016

image.jpgPaul Scholes tenía razón en su entrevista al Daily Mail de esta semana: quizá sea más divertido ver al Salford City de la Séptima División inglesa que a este Manchester United. Desde luego, Old Trafford dejará de ser por un tiempo el ‘teatro de los sueños’ porque a su entrenador apenas le importa. Ganar por lo civil o lo criminal sigue siendo el reto y la táctica de la famosa presión alta es una obsesión que el vestuario tardará en entender. Al menos, Mkhitaryan y Lingard, señalados a dedo por Mourinho para justificar el baile de Fred Astaire que se marcó el City en la primera parte. En el duelo de estilos tan vaticinado por la prensa, Guardiola fue fiel así mismo pero sin fanatismos, porque ahora entrena en la Premier y de vez en cuando hay que usar el patadón y tentetieso. Así nació el gol de De Bruyne, desde un pase largo de Kolarov y entre las calamidades de una defensa de cartón piedra. Mourinho no se lo creía porque está acostumbrado a blindar su portería con tipos duros como Terry y Cahill. Y mal empieza delante del micrófono, reclamándose el papel de Dios Ra al que sus sumisos no adoran lo suficiente.

Los aficionados citizens llenaron todos los pubs de la ciudad hasta altas horas de la noche. Fue un derbi diferente porque su equipo por fin juega al fútbol. Una cuestión tan simple que los petrodólares no supieron solucionar con Roberto Mancini y Pellegrini. El City de la semifinal del Bernabéu rompió el cristal nada más mirarse al espejo; el de Old Trafford es el candidato número uno de la liga. Y de haber estado ‘Kun’ Agüero, el United habría sufrido un viernes 13. El método Guardiola puede ser quisquilloso, demasiado rígido y a veces más complejo que armar un reactor nuclear, pero garantiza un curso completo de entrenador. El balón es un modo de vida, mientras que en el universo Mourinho tan sólo queda en anécdota. Por eso, Gündogan tiene ganas de entrar en ese patio de colegio y el extravagante Fellaini ha sido repescado como titular. Mientras Mou conserve la artillería pesada, tumbará enemigos a cañonazos, sin estrujarse el cerebro en imaginar jugadas. Le encanta la Premier porque es de fabricación casera: un puñado de pelotazos al pecho de Ibrahimovic y asunto liquidado. Al fin y al cabo, el portugués no miente a los periodistas cuando les insisten en no mirar el pasaporte de Zlatan.

El United no fue destripado en un rato por las manos de mantequilla de Claudio Bravo. Cuando todo su equipo estaba concentrado, él se liaba en cada balón aéreo. El dosier de fallos demuestra el calvario que supone la Premier para los porteros. Bien lo sabe De Gea, que sufrió en sus primeros años la mofa de la prensa británica con aquel apodo de Calamity De Gea. Pero a Bravo no se le recuerda un partido tan estrepitoso desde sus tiempos en la Real Sociedad. Quizá sean los nervios del debut tan precipitado o que en Inglaterra si no mides 1,90 estás muerto. El caso es que, preguntado después del partido, Guardiola reincidió en esas explicaciones marcianas que nadie entiende para defender su fichaje exprés. Un mal menor en un sábado apoteósico para el City. Sí, el Leicester es el campeón, pero Guardiola quiere demostrar que los accidentes no suceden dos veces. Normalmente gana quien mejor juega. Como dijo Mourinho, “es simple”.

La guillotina

Jueves, 24 Diciembre 2015

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El casting ha empezado y en la trastienda de la planta noble del Bernabéu el presidente ha desenrollado la alfombra roja. En su permanente crisis, el Real Madrid es como un niño que toquetea todas las teclas en su primera clase de piano: quizá dé con alguna melodía medianamente audible dentro del estridente batiburrillo. O quizá el estropicio alcance proporciones bíblicas. Florentino Pérez no ha echado a Rafa Benítez porque se desprendería de su muñeco de pim, pam, pum. Los silbidos todavía revientan los tímpanos del entrenador cada vez que el speaker se come el marrón de anunciar su nombre. Sin embargo, un cabreo más acelerará la muerte anunciada. La directiva se prepara para otro entierro multitudinario en el que la tradición norteamericana exige un convite en casa del difunto. Todos contentos y a la espera de otro jacobino guillotinado. Benítez entiende su juego como el PC Fútbol que condensaba un millón de estadísticas para construir equipos. Por eso, el juego del perro y el gato con James obedece a su silueta ensanchada y, por eso, ha purgado la inspiración de Isco por su escaso bagaje en asistencias. Un mundo lleno de números,  a veces lógicos y otras inconexos, que sólo entendía la mente maravillosa de John Nash. Así acabará en unas semanas Mister Rafa, sumido en un papeleo de informes sin que a nadie le interesa el esfuerzo prestado.

En el Madrid o ganas o fracasas. Lo dijeron muchos entrenadores, entre ellos Fabio Capello, cuya candidatura a puesto interino ha cogido cuerpo. La urgencia de rascar en la costra del Barcelona es tan agobiante, que el presidente es capaz de marginar su manoseada excelencia por un fútbol ladrillo y pestilente que saque resultados. Cualquier solución para no alargar demasiado el fantasma de Ancelotti. La antípoda de Capello golpearía con puño de hierro un vestuario que se había acostumbrado al colegueo de Carletto. De repente, Clint Eastwood entraría como el sargento de hierro en el barracón. Y sin tonterías, obvio. El italiano siempre ha exigido cobrar un euro más que la estrella del equipo: se lo hizo saber a Lorenzo Sanz (1996) y, por supuesto,  a Ramón Calderón (2006). Sin duda, tiempos muy remotos en los que las marcas de calzoncillos y el twitter no contemplaban al futbolista como hombre anuncio.

El presidente no quiere quemar tan rápido a Zidane, de quien augura ínfulas ‘guardiolistas’. Es la razón por la que se le ha dado el Castilla, un fogueo ¿necesario? antes de vestir su traje de Mango (del que es imagen) en el Bernabéu. Entonces, ¿quién aceptará intentar solucionar un apaño y cobrar un finiquito exprés? Desde luego que Mourinho no. Su sola presencia causaría una guerra civil interna contra sus proscritos (Ramos, Cristiano y Pepe). Por descarte, Víctor Fernández se podría colar por la rendija. Sin ruido, si líos, intentando cumplir expediente y vuelta a Valdebebas (o no). Una ex leyenda del club esgrimió esta posibilidad en los días previos del fatídico Madrid 0-Barça 4. Víctor sonó dos veces para el banquillo blanco en plena efervescencia celeste. cuando de la nada inventó un Celta muy juguetón, como el de esta Liga. En la calle suena a apuesta suicida, pero a la directiva le contentaría un currículum tan pulcro hasta junio.  Será entonces cuando entre en liza el enésimo proyecto con Zizou.  Un tiro al aire para saber si suena la flauta, salvo que le permitan margen de error. O dicho con chabacanería, cagarla sin miedo a perder la cabeza.

Lord Sith Mourinho

Jueves, 17 Diciembre 2015

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“Antes de hacer preguntas estúpidas, usa Google”. La respuesta de Jose Mourinho a un periodista británico que cuestionó sus terceras temporadas provocó la carcajada general en la sala de prensa de Stamford Bridge. “En mi tercera temporada en el Chelsea, ganamos la FA Cup, la Copa de la Liga y semifinales de la Champions. Y en el Real Madrid, ganamos la Supercopa, semifinales de Champions y final de Copa. Por tanto, es una pregunta estúpida”. De repente, el gesto del entrenador se volvió desafiante ante el silencio sepulcral de los reporteros. Mou no permitió turno de réplica. Asunto zanjado. Sucedió en septiembre, cuando el Chelsea ya había recibido dos sopapos en el inicio de la Premier. Agotado, sin ideas y con estrellas desconectadas de su causa, los tabloides británicos acusaron a Hazard de “silueta ensanchada”, a Diego Costa de “bronco”, y a Cesc Fábregas de “demasiado despistado”. Después de cuatro meses y un buen puñado de críticas ácidas, el campeón sigue en la UVI y pendiente de recibir una descarga de electroshock. Quizá ya no sea con Mourinho, que se ha atrincherado contra el vestuario, y esta vez sin guardia pretoriana a su alrededor.

El primer misil impactó en una leyenda. El intocable John Terry fue sacrificado como toque de atención al resto de la plantilla. Para ridículo público del central, le sustituyó al descanso del clásico del Etihad, retratándole como culpable del desastre. Quién imaginaría que en poco tiempo la ira de Mourinho atacaría a Frank Lampard y Terry, guardaespaldas del portugués y gente de su máxima confianza. Hace apenas unos meses Mourinho borró de un plumazo cualquier tentación millonaria por Hazard: “Vale 125 millones…en cada pierna”. El diario The Guardian (de sensacionalismo poco exagerado) publicó el lunes por la noche que Mourinho no quiso dejar entrar a su estrella belga en el autobús del equipo después de la derrota contra el Leicester. Hazard se lesionó y pidió el cambio sin consulta médica. ”Han traicionado mi trabajo”, fue la respuesta de The Special One para justificar el caos que hunde al Chelsea. Del Inter salió a tiempo, con la corona de César que consiguió en el Santiago Bernabéu aquella noche de Champions que acabó con el portugués metido en el coche de Florentino Pérez. “Me fui del Inter en la gloria, como hizo Eric Cantona en el United”, espetó en una de sus primeras entrevistas como técnico del Real Madrid. Por desgracia para él y sus acólitos, no ha podido repetir la cita tras su paso por España.

A un solo punto del abismo, el Chelsea está sumido en una guerra civil en la que Abramovich ya no concibe a Mou como el Santo Grial. El fuego cruzado entre los jugadores, todos y sin excepciones, y él, ha torcido el gesto del magnate ruso. Despedirle oxigenaría el ambiente, no así la tesorería, de donde tendría extraer una buena morterada; pero ni por asomo los 40 millones de finiquito que anuncia la prensa inglesa (esto es información y no opinión). La lista de ejecutados da la vuelta a la manzana: Diego Costa, Terry, Hazard, Cesc, Cahill, Oscar. Se salva Thibaut Courtois por una ¿inoportuna? lesión; de lo contrario, también le alcanzaría la metralla. El portugués negó hasta tres veces una rebelión a bordo y, para dejar claro que su personaje teatral le preocupa aún más que su continuidad, dejó un dardo para la posteridad de la arrogancia: “A lo mejor el año pasado estos mismos jugadores alcanzaron un nivel que ni ellos mismos tienen”. Puro mourinhismo de quien actúa como un Lord Sith de Star Wars, “Si no estás conmigo, eres mi enemigo” (Anakin Skywalker tras pasarse al Lado Oscuro).

La ropa sucia del vestuario

Mircoles, 7 Octubre 2015

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“Me criticaban por no lavar la ropa sucia dentro del vestuario, pero es que llevaba tres meses lavándola y no se secaba nunca”. Ninguna frase describe mejor los eternos incendios de vestuario del Real Madrid como la del ocurrente John Benjamin Toshack. El galés convenció al presidente Ramón Mendoza de que su autoridad de hierro se impondría sobre el vedettismo de algunas estrellas, Hugo Sánchez por delante de todos. Más sonoro fue el caso de Guti, quien se atrevió a decir a la cara de otro presidente, Ramón Calderón, que ya bastaba de “soltar mierda por esa boquita”. Calderón había celebrado una ponencia días antes en la Universidad Villanueva de Madrid  y soltó lindezas como que el propio Guti seguía siendo una “promesa” con 30 años, que Beckham quería ser “actor de Hollywood”, y puso la guinda criticando que los futbolistas no pagasen ni cenas ni coches. Años después, la ropa sigue sin lavarse, manchada por la permanente pelea de egos, en salsa rosa o clave puramente táctica, como en el último affaire Benítez-Ramos.

La génesis del desencuentro viene del verano, con varios futbolistas merengues rebrincados por el despido de Carlo Ancelotti. Al fin y al cabo, Fabio Capello siempre tuvo razón: “La clave del Madrid no es ser buen entrenador, sino buen gestor de vestuario”. Y él, en su papel de Clint Eastwood en El Sargento de Hierro, construyó un barracón en Valdebebas, pero supo transigir cuando los capitanes le pidieron a gritos el regreso del defenestrado Beckham. Caso special one fue Mourinho, quien no dudó en sentar a Cristiano Ronaldo tras una rajada táctica y a Casillas por no compartir su exagerado maniqueísmo. El único que puede alardear de haber regateado al mourinhismo fue Lassana Diarra, a quien su técnico pidió que renovara ante la negativa continua del francés. Rafa Benítez escudriña hasta la última estadística que ignoraría la NASA; observa el fútbol como un algoritmo en el que resultado final no es lo único crucial. “¿’Amarrategui’? La gente no sabe que casi toda la primera parte la jugamos en la mitad de campo del Atleti”, justificó en El Partido de las 12. Sus contestaciones vienen guionizadas con dígitos; cualquier otra respuesta no sería suya. Y como bien matizó, a la prensa española nos gusta discutir si el apretón de manos fue firme o flojo, si Cristiano es el mejor jugador que ha entrenado, aunque Mister Rafa haya presenciado a otros prodigios de la genética.

Benítez abandonó la vieja Ciudad Deportiva de La Castellana en el periodo cretácico. Entonces, apenas un puñado de reporteros cubrían los entrenamientos sin la trabas de los departamentos de prensa; entonces, internet sólo era un proyecto gestado en Silicon Valley; entonces, el Real Madrid era el de las 6 Copas de Europa en blanco y negro. Décadas después, el nuevo look de Gareth Bale se difunde a la velocidad de la luz de Madrid a Alaska, pasando por Nueva Zelanda. Por eso, Benítez ha entendido en pocas horas que mentar a un futbolista para un cariñoso capón didáctico puede convulsionar al madridismo. Aunque muchas veces nos encarguemos de eso los ‘juntaletras’ (perdón). El entrenador no tuvo mala voluntad, pero ya sabe que delante de un micro no se pueden contar esos chascarrillos que se murmuran entre mano y mano de una partida de mus. Sin embargo, la ecuación no ha podido acabar de manera más incorrecta. A Sergio Ramos le ha superado la capitanía, no la veteranía. Como líder del equipo debió rebotar la pregunta capciosa, no devolverla frontalmente con un obús. Más carnaza para nosotros. Montada la telenovela, sólo había una solución: el apretón de manos. ¿Fuerte o flojo? Quizá sea lo que más interese a la gente, ¿no, Rafa?

 

 

 

 

“El primero en romper el muro siempre sangra…”

Mircoles, 8 Julio 2015

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Veinticinco años de servicio al club. Las credenciales de Iker Casillas sobran con este dato. Su destino a Oporto es inminente, le separan 7 millones que el Real Madrid no quiere pagarle. Y aunque la directiva esté filtrando una adiós homenajeado, el capitán sabe que se irá a Portugal por la puerta del trastero. Allí, donde se acumulan reliquias como Manolo Sanchís, Fernando Hierro, Raúl (a quien costó años en ofrecerle el Bernabéu como despedida) y en cuestión de horas su último mito. El dinero está retrasando la salida; por supuesto, el club no tiene por qué cubrir su ficha entera si el Oporto sólo le ofrece un tercio de contrato, pero el madridismo también debe saber que, después de Cristiano Ronaldo, es Iker Casillas quien más genera ingresos por publicidad (50% para el futbolista, 50% para el Madrid). La imagen del portero está resquebrajada y ni siquiera juntando al equipo de las 6 Copas de Europa, al ‘yé-yé’, a la ‘Quinta del Buitre’ y a los ‘Galácticos en un emotiva despedida, se podrá restañar el daño. El yerno de España (así le consideraron las encuestas después del Mundial de Sudáfrica) es hoy un padre escéptico, harto de las charlas de barras de bar que airean su nombre con el primer y segundo café de la mañana. Ha aguantado desde ese runrún molesto de la grada hasta pitos e insultos descarados. Ha salido del estado varias veces con la cabeza gacha, sin encontrar razón a tanto rencor. La misma chavalería que se compraba su camiseta del ‘1’, escupía insultos como un papagayo. Por suerte, es una minoría.

“Sé que allí te están dando duro pero el primero en romper el muro siempre sangra… ¡Siempre!”. Sabia cita del dueño de los Red Sox de Boston al vanguardista Billy Bean (Brad Pitt) en Moneyball.  Él, Iker, fue el primero en desafiar el maniqueísmo de Mourinho: conmigo o contra mí, sin término medio. Ésa fue la génesis del ciclón que temporada a temporada ha ido ennegreciendo la leyenda de ‘El Santo’. Y no queriendo pecar de egoísmo, sin ganas de montar en cólera y crear una guerra de trincheras, nunca celebró una rueda de prensa para poner las cartas encima de la mesa. Quizá fue un error no salir delante de las cámaras para frenar los arrebatos de Mourinho; pero así lo creyó y a lo hecho, pecho. Sin duda, ahora tendrá su despedida impostada, con el estadio coreando su nombre y la troika en el palco (Florentino Pérez, José Ángel Sánchez y la sombra fantasmagórica de Mou)  aplaudiendo a radiar. Sin embargo, Casillas se ha construido un carácter en el que la argamasa es su cabezonería, y cuando el presidente, o Butragueño, le sugieran una última visita a su casa de siempre, no esgrimirá un ‘sí’ rotundo; al menos lo meditará un instante. Aunque sabe que la afición le merece por tantos años de servicio, por tantas paradas imposibles, por tantos ¡uys! taquicárdicos.

Iker siempre podrá aceptar una despedida sin fastos faraónicos, como la de Sanchís en 2001. El futbolista que más partidos de Liga había disputado hasta entonces, con casi veinte años de militancia merengue, no quiso las llaves del Bernabéu. Florentino cumplía su primer año de mandato y pidió a Butragueño que convenciese a su amigo para un adiós de gran capitán. Sanchís, poco amigo del jaleo público, se negó varias veces y acabó aceptando un homenaje de andar por casa. Sucedió después del último partido contra el Valladolid en junio de 2001: el estadio, todavía abarrotado, se oscureció y brindó al central una fiesta exprés en el centro del campo delante de toda la plantilla. Casillas también ha oteado su adiós desde hace meses (su interés por jugar en otro club no es repentino), pero su entorno se había obsesionado en un gesto, sólo uno: una rueda de prensa convocada por el presidente en la que se fundiera en un fuerte abrazo con Iker Casillas. Que fuera o no fingido sería interpretado por la opinión pública. Nada más.

La trituradora

Martes, 26 Mayo 2015

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 “¿Ancelotti en el minuto 92 estaba más fuera que dentro del Madrid? No, ni yo, que algo también he leído. La temporada era objetivamente buena con un proyecto que acabamos de empezar, con un entrenador nuevo y siete futbolistas que han venido esta temporada. Vamos a seguir mejorándolo, pero necesitamos un poco de tiempo y, sobre todo, de estabilidad”. Florentino Pérez en El Partido de las 12 el pasado 26 de mayo de 2014. El éxtasis de la ‘Décima’ había hipnotizado al presidente que, por un instante, imaginó de veras que Carletto iba a ser el “Ferguson del Madrid”. El trasiego de entrenadores tocaba a su fin con el ‘pacificador’ que había acabado con el manicomio del vestuario. La imagen de Ancelotti en la sala de prensa de Lisboa empapado de champán y coreado por algunos jugadores parecía cambiar esa imagen de trituradora que tanto han temido los entrenadores que han pasado por la silla eléctrica a excepción de José Mourinho. La “estabilidad” proclamada era el comienzo del fin de una picadora de carne llamada Real Madrid. Sin embargo, al club blanco le sucede como al mejor Federer de todos los tiempos (el de hace cuatro o cinco años): cualquier resultado que no sean títulos es fracasar. Y gran parte del madridismo entiende que eso es el adn de la grandeza del Madrid.

Ancelotti ha cometido errores de bulto, de entrenador novato, quizá creyendo que su experiencia y la inercia goleadora del Madrid arrastraría algún título. Al fin y al cabo, en esta ‘Liga de mierda’ (Del Nido dixit) el premio menor es acabar segundo y es complicado que la  Champions te apee antes de cuartos de final. Pero en el informe sobre el técnico ha pesado demasiado la mala dosificación física del equipo, que recordó al desplome del ‘galacticidio’; ubicaciones indefinibles, como el puñetero ‘5’ de Toni Kroos que le ha obligado a jugar como un péndulo en vez de repartir cartas como un crupier; el galimatías táctico de Sergio Ramos en la semifinal contra la Juve y, lo más criticado en la planta noble del Bernabéu, las infinitas lesiones musculares que han lastrado el ritmo competitivo. Y en el trasfondo del escáner al italiano, el pensamiento eterno de Florentino, que no cree en proyectos de entrenadores. Por eso, en su Madrid nunca habrá un Barça de Cruyff o de Guardiola. Ni siquiera de Rijkaard.

Quizá Ancelotti y su buen rollo con el vestuario (no todos, por cierto) merecían una segunda oportunidad, pero el miedo de Florentino a que la grada se hartase del césped y sacase los pañuelos al palco también habrá rondado por su cabeza. Ancelotti gustó hasta que perdió en Mestalla y el proyecto empezó a resquebrajarse. El repaso liguero-copero del Atleti y la decisiva derrota en el Camp Nou provocaron en la masa social ese murmullo del que el presidente suele estar atento a través de sus encuestas internas. Sí, el Madrid había conseguido 22 victorias consecutivas, pero sólo había tumbado al Barça en el Bernabéu. Hace pocas semanas hubo algún directivo que se atrevió a comentar en privado que Fabio Capello habría puesto firmes a unos jugadores extenuados por el kilometraje y la gestión de sus egos. De repente, Cristiano cabreado con el mundo; Isco decepcionado con su suplencia y Casillas pasmado por la furibunda reacción de un sector del Bernabéu. Las pistas que delatan al presidente con los sucesivos despidos del banquillo son claras: el Madrid no necesita un entrenador, sino un gestor de caprichos con guante de seda y que sepa sacar el martillo de vez en cuando. Por eso, Florentino otorgó poderes plenipotenciarios a Mourinho.

De la blandura de Pellegrini al desafiante Mourinho, cambiado éste por el bonachón de Ancelotti para acabar en el táctico y currante Rafa Benítez. Estilos antagónicos que encajan como un molde en este Real Madrid mientras caigan las copas. Alguna, por lo menos. Precisamente, Benítez fue la pedrada de José Ángel Sánchez, brazo ejecutivo y ejecutor de la directiva, en la rentrée de Florentino en 2009. Pesó más la opinión de Jorge Valdano. Y el presidente supo que se había equivocado. Seis temporadas después, ha hecho caso a su máximo hombre de confianza: Benítez entrenará al Madrid….un rato, al menos.

Eden Hazard, talento de madre

Domingo, 26 Abril 2015

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“Hazard es el crack del futuro; es muy bueno y va a serlo aún más. Lo llevaría al Madrid con los ojos cerrados”. Apología de Zinedine Zidane en el diario L’Équipe en diciembre de 2010. El entonces asesor del Real Madrid comentó a Florentino Pérez que llegaría a levantar un Balón de Oro. Todavía no era ídolo de masas en Stamford Bridge, pero su meteórica eclosión en el modesto Lille llamó la atención de media Europa. Su mentor, Rudi García, siempre le convenció de que su sitio no estaba en la liga francesa porque “le iba a quedar pequeña”. Y la sugerencia fue tomada al pie de la letra por Roberto Di Matteo, técnico del Chelsea en su año más glorioso, el de la Champions contra el Bayern de Munich en Munich. Abramovich ni siquiera pidió una auditoría para detallar si Eden Hazard valía 40 millones; simplemente aceptó el ‘capricho’ de su entrenador.

“Yo estaba en el estómago de mi madre cuando ella todavía jugaba. Tenía tres meses de embarazo cuando dejó de jugar profesionalmente”. El talento de Hazard se explica desde su genética futbolera: el padre, Thierry, jugó en la liga belga sin pena ni gloria, y su madre, Carine, compitió en la máxima categoría femenina. Ella mimaba el balón con el mismo tacto que a Eden, su primer niño. Y por las historias de cuna que la madre le contaba a su bebé, éste fue enamorándose del oficio. Hoy Hazard descerraja defensas demostrando a su madre que supo asimilar los conceptos desde que crecía en su vientre. De la misma escuela que Isco, conduce la pelota pegada a la bota con super glue. “No es rápido, pero sus cambios de velocidad sí lo son”, suele describir Frank Lampard. De mito a casi mito. Hazard fue un genio incomprendido en su primer año en el Chelsea, desquiciándose cuando Fernando Torres no leía sus intenciones o Ramires pegaba un patapum parriba sin sentido (como decía el guiño de Javi Clemente). Entonces llegó Jose Mourinho, y en una de sus primeras charlas de entrenador a jugador, le explicó sin titubeos que su talento necesitaba un trabajo plomizo detrás. De repente, el mismo Hazard que perdía un balón y se lamentaba con aspavientos, empezó a mirar de reojo a su espalda. Sus regates en un metro cuadrado al estilo Paul Gascoigne venían condimentados con un puñado de carreras imposibles. El Chelsea defiende en un bloque de cemento armado y eso incluye al fino estilista belga. El ataque es otra historia, porque la creatividad de Hazard pesa demasiado.

El Chelsea está a punto de ganar la Premier y Hazard será nombrado, casi con total seguridad, mejor jugador del campeonato. Dice Gary Lineker, el gurú de la prensa inglesa, que “después de Messi y Cristiano, viene la era de Hazard”. Suena a blasfemia, aunque de momento no ha salido a la palestra ningún crítico para rebatirle. Y como hablar de la estrella del Chelsea supone describirle con un aura galáctica, la fábrica de rumores no ha tardado en desparramar el más morboso de todos: ¿A Florentino le gusta Hazard? Por si acaso, Mourinho avisa: “Vale 125 millones de euros…en cada pierna”.  

Un portavoz para el Real Madrid

Jueves, 12 Marzo 2015

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‘Nunca se abandona al compañero caído’. Es uno de los códigos vitales de los Marines estadounidenses. Y el campechano Kléper Laverán Lima Ferreira (para ustedes, Pepe)  lo entiende y comparte con orgullo de capitán en la sombra. Veinticuatro horas después del ruidoso abucheo al Real Madrid en su estadio, el central portugués dio la cara en El Partido de las 12 de Cope. El madridista nunca había vivido pitadas tan sonoras desde que Pedja Mijatovic apostó por él en 2007 previo pago de una indecente cantidad de 30 millones; indecente porque la prensa se llevó las manos a la cabeza cuando el Oporto anunció el precio de un central absolutamente desconocido en España. Lejos de aplicarse un comodón silencio stampa durante esta tempestad, se puso delante de un micrófono y, a pecho descubierto, defendió a muerte a su vestuario, sobre todo, a los grandes señalados en una noche que amagó con cuchillos largos.

Iker Casillas abandonó el estadio con un cabreo de proporciones bíblicas (no es opinión, es información). Decepcionado consigo mismo por su falta de “frescura” debajo de la portería, los telediarios han repetido hasta la saciedad sus fallos de anoche y las tertulias han recalentado un debate que no perderá su caspa hasta el día que el portero anuncie su adiós definitivo. “Iker es el mejor portero del mundo actualmente. Que le piten es extraño”, espetó Pepe con un tono tan sólido como sus entradas al balón. Antes salía sacar la trilladora, pero eran otros tiempos, cuando las televisiones dedicaban una cámara personalizada para todos sus movimientos. A estas alturas, en la jornada 26, sólo ha visto dos tarjetas amarillas. Ver para creer. Él confiesa que aprendió mucho de errores pasados y el vestuario le aplaudió por ello; por de pronto, Casillas, quien considera a Pepe un “crack”.

El portugués también demostró camaradería por Carlo Ancelotti. En sus horas más delicadas en el club, el italiano sabe que tiene el respaldo público de la plantilla, anoche en boca de Pepe: “No tenemos dudas de que tiene que seguir”. De un plumazo, borró cualquier sospecha perpetrada para vender periódicos. Y para enterrar de una vez por todas la fábula de la mano blanda, el defensa reveló los métodos de entrenamiento en Valdebebas: “Ahora entrenamos con más intensidad que antes (Mourinho)…el entrenador nos exige mucho. Por ejemplo, las cuestas”.  No fue la típica respuesta de cartón piedra que suelen dar los futbolistas para sacudirse el marrón de encima. Pepe explicó cómo entrenan con Ancelotti y su faceta de consigliere: “Me ha ayudado muchísimo. Me dijo que con mi calidad tenía que anticiparme porque soy rápido y fuerte”. No en vano, a sus 32 años pocos centrales del mundo son tan eficaces al corte como él. Sergio Ramos sabe que cuenta con el guardaespaldas perfecto.

Y por supuesto, José Mourinho. Sin síntomas de acritud, Pepe soltó un proyectil sin reventar al personaje: “Ahora sentimos que la gente no nos odia como antes”. El silencio en el estudio se volvió sepulcral porque todos intuían respuestas diplomáticas, sin rajadas ni tomahawks. Todo lo contrario. Su defensa acérrima de Casillas durante el último año de Mou y la desconfianza en los servicios médicos del Madrid, que no supieron diagnosticar su lesión en el pie, le sentenciaron para siempre en el universo Mourinho. Pepe no necesita fingir para airear viejos trapos sucios. Se ha ganado en el campo el derecho a hablar con autoridad delante de su vestuario o cualquier periodista que le pregunte por aquellos ‘porqués’. Como le dijo Paco González al final de la entrevista, “valdrías como portavoz lo mismo que de central. Que te pongan por Butragueño”. La prensa, encantada.

“Nacho siempre cumple”

Viernes, 6 Febrero 2015

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“Te vamos a bautizar muy pronto”. Fue el consejo de Arsenio Iglesias a un jovencísimo García Calvo en vísperas de un crucial Real Madrid-Juventus de Champions League. El ‘Bruixo de Arteixo’ había sustituido al dúo Valdano-Cappa de manera interina en el conjunto blanco y decidió apostar por la fábrica de la antigua Ciudad Deportiva de La Castellana. Mucha pasión y nula experiencia para atar en corto a Alessandro Del Piero, la gran figura de la vecchia signora, y a su colega de diabluras, el canoso Fabrizio Ravanelli. “Nunca olvidaré el discurso de Hierro en el túnel de vestuarios: que no le diera la espalda a Del Piero, que asegurara el pase corto, que si pasaba apuros me deshiciese del balón con un patadón…”. Consejos de un veterano de guerra que el canterano asimiló mientras el Bernabéu tronaba desde las gradas. Y lo cierto que es García Calvo no desentonó ni un ápice: la Juve apenas chutó a Buyo y los blancos se marcaron el mejor partido de una temporada catastrófica. ‘Sanchís ha encontrado  digno heredero por mucho tiempo’, publicó el diario AS al día siguiente en el análisis personalizado de cada jugador. “Sabía que esas oportunidades llegaban una de mil, y si la cagaba, se acabaría mi carrera en el Madrid”. Curiosamente, el destino caprichoso mandó a García Calvo años después a la acera contraria, convirtiéndole en uno de los líderes de aquel Atlético que regresó miedoso de los ‘dos añitos en el infierno’.

A Nacho Fernández le ha llegado su hora. La afición le aplaudió hace unas semanas ante el Espanyol, cuando salió desde el banquillo para ocupar el lateral del expulsado Coentrao. Seguro con el balón y omnipresente en su banda, no sólo actúo de clásico lateral que sube la pelota hasta la medular; también entendió que su Madrid necesita carrileros con motor diesel; por eso, su atrevimiento le premió con un gol. “Es un com-pa-ñe-ro de los pies a la cabeza”, dijo Iker Casillas en una entrevista. El capitán siempre ha sentido devoción por la gente de la casa y Nacho es el último ejemplo silencioso del producto final que sale de Valdebebas. “Nacho siempre cumple”, palabra de José Mourinho. No en vano, celebró su debut en Mestalla hace casi cuatro años a la vera del portugués. Jugó de titular en la banda izquierda y recibió un golpe de Pablo Hernández. Pero lejos de amilanarse, siguió trotando magullado y sin mirar al banquillo ni siquiera de reojo por miedo a que Mou le sustituyera. Así es Nacho, tímido pero muy observador. Demasiado. Cada entrenamiento es un máster acelerado con los profesores más reputados: Pepe y Ramos le aleccionan de central, mientras Arbeloa le enseña los secretos del lateral polivalente. Consejos que va procesando como si fuera una CPU.

De momento, Nacho entrena en calidad de cuarto central. Pero tarde o temprano, y con una temporada tan pesada, los imprevistos debían llegar. Él garantiza un principio muy ‘cholista’: el esfuerzo no se negocia. Nunca se ha quejado por su eterna suplencia ni ha insinuado otra vida lejos del capital. Y Ancelotti premia esa LEALTAD en mayúsculas. Mañana hay derbi en el Calderón y Nacho se comerá el bendito o maldito marrón de frenar las embestidas del bisonte más temido, el ‘mariscal’ Godín. El doctorado de Nacho promete: las cabezas más privilegiadas de la Liga (copyright del Atleti) contra los próximos cimientos del Madrid, Varane y el canterano (con permiso de Sergio Ramos, claro).  J.A. García Calvo supo que su futuro dependía de mantener a raya a Del Piero. Y Nacho, como los quarterback de fútbol americano, se ha preparado una buena chuleta con todas y cada una de las jugadas del laboratorio Simeone. La reputación de Valdebebas está en juego. 

El Madrid boxea como Ivan Drago

Mircoles, 17 Septiembre 2014

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Sí pero no. Al Madrid le gusta la música heavy, cuanto más mamporrera mejor. El legado bueno de Mourinho dejó un equipo acostumbrado al fútbol espídico, a un intercambio de puñetazos en el que casi siempre acababa noqueando. Y Ancelotti, a pesar de sus esfuerzos por esa utopía llamada “espectacularidad” (lo anunció a bombo y platilla en su presentación), se ha acabado resignando a ese toma y daca vertiginoso. En modo nostálgico, el Bernabéu no echó de menos a Di María durante la orgía goleadora pero sí a un Von Karajan que pusiera orden y concierto a la sinfonía; parece que la sombra de Xabi Alonso es demasiado alargada. Quizás si el rival no hubiese tenido la ternura del Basilea, más de un jugador estaría sufriendo una lapidación pública. El Madrid golea pero permite que le puedan golear; la defensa es un coladero porque, simplemente, defienden cuatro y algún centrocampista que le da por correr marcha atrás. Seguro que si la ‘BBC’ jugase en el Atlético, Simeone se habría hartado a pegar broncas. Porque los blancos siguen imitando a los equipos de fútbol americano: ataca un bloque y defiende otro compartimento totalmente estanco. De momento, el centro del campo es un oasis por donde no rueda el balón.

En estos partidos donde el equipo apenas importa, es tiempo para el desmelene. Por ejemplo, James Rodríguez, que defendió su precio de mercado y acertó con un taconazo made in Guti (y eso son palabras mayores). Al colombiano se le exige la visión de rayos X que tenía Özil pero con grandes dosis de orgullo personal. Su zurda depurada gustó a una grada que sospecha de su tratamiento galáctico, que no de su coraje. Precisamente, James y Kroos, los nuevos, fueron los que más kilómetros recorrieron según estadísticas UEFA: el primero porque alguien le ha recomendado que correr por todo el campo sobreexcita al Bernabéu; el alemán por necesidad, la de coger la pelota desde atrás y subírsela a los tres cracks que sólo bajaran al barro si hay un Mourinho delante. Y no es por sacar entrelíneas una lectura apocalíptica, pero si Ancelotti no da un puñetazo en la mesa, el transatlántico puede partirse por la mitad como el Titanic. Sólo es cuestión de tiempo encontrar el iceberg si el Madrid no protege sus costillas. Lo comenté en un artículo anterior, este Madrid tiene la pinta de Ivan Drago, el púgil ruso que mató con dos directos a Apollo Creed en Rocky IV pero que sucumbió ante Balboa por falta de fuelle. Conociendo a Ancelotti y su vena italiana, Khedira tiene el camino expedito a la titularidad cuando se recupere de su lesión.

Y, por último, un juego de pizarras. ¿Por qué el técnico no ignora por un día su cargante 4-3-3 y se atreve con tres centrales? Sin riesgo no hay diversión, como dijo Ayrton Senna el año de su fatídico accidente. Ancelotti ha comprobado de mil y una maneras que Bale es un cuchillo en su banda natural y deja de ser cortante en la derecha, donde sus cualidades se deforman. Ésta es la banda de Carvajal, al que le falta pista para subir y bajar en plan Dani Alves en sus mejores tiempos. Los tres centrales evitarían más dolores de cabeza en las jugadas aéreas y marcarían territorio palmo a palmo: Ramos, Pepe y Varane son un experimento de ingeniería futbolística todavía por descubrir. Hace quince años Del Bosque probó con Helguera, Iván Campo y Karanka en una final de Champions y el Madrid ganó la Octava. Tampoco sería un suicidio.