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Atleti, vender y retener

Lunes, 21 Julio 2014

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“Somos un club comprador, no vendedor”. Enrique Cerezo nunca ha desaprovechado cualquier ocasión delante de las cámaras para sacar pecho de su gestión. Harto de por vida de que a su Atlético lo tomaran como el club graciosete de España, siempre se empeña en compararlo con las dos grandes potencias que controlan la Liga. El ‘cholismo’ ha roto el pesado duopolio deportivo pero la misma directiva, que desde hace tiempo se sacudió el apodo de ‘gilifato’ con fichajes acertados a coste razonable, ha asumido que en este mercado y con sus capacidades salariales el Atleti campeón está siendo el mejor escaparate de la Quinta Avenida del fútbol. Desde el momento que la Federación Española y la Confederación Brasileña casi provocan un conflicto diplomático por Diego Costa, Miguel Ángel Gil entendió que su delantero sería top en ventas. Y como a Mourinho le encantan los futbolistas top, agradeció a su querido colega Simeone (literal) que le diera el pienso adecuado para alimentar a esa mole ricachona llamada Chelsea y que él describió como “pequeño poni”. Costa ha emigrado y Filipe Luis se ha encontrado de bruces con la oportunidad de su vida: mejorar su cuenta bancaria. Porque en lo deportivo será complicado que en Stamford Bridge arramble con tantas copas como en el Atleti. El eterno problema es que gane la Liga o se quede a un minuto de levantar la Champions, siempre habrá un puñado de clubes que dupliquen o tripliquen la guita que pueden ofrecer los rojiblancos. Y eso, en este negocio, no es de equipo grande.

La afición necesita un santo y seña que no encontró en Fernando Torres (“Me voy para ganar títulos”), Kun Agüero (los petrodólares le atrajeron demasiado después del desplante de Florentino) ni en Falcao (jugar en el Real Madrid aunque le esté costando el marrón de vivir en Mónaco). Por eso, el capitán Gabi defendió desde la concentración de San Rafael a los comprometidos, los que se han estudiado la historia de aquel equipo que se codeaba con el Madrid en los auténticos derbis, luego cayó en la odisea del ‘pupas’ y ha logrado levantarse, primero con Quique Sánchez Flores (sería injusto omitirle) y sobre todo a la vera guerrera del ‘Cholo’. Ellos, empezando por Koke, podían haber firmado los contratos de sus vidas pero decidieron no dejar en la estacada a un vestuario que se reía maliciosamente con aquella verdad absoluta (me incluyo yo) del ‘Ya caerán’. Rubén Uría, compañero de profesión, que no de camiseta, lo recordó socarronamente durante 38 episodios, y lo ha dejado en el tintero para la próxima temporada. Ésa en la que Koke, nuevo ídolo del Calderón, podría haber vestido la camiseta del Barça; Godín la del Bayern de Guardiola en el proyecto más ambicioso que recuerda la Bundesliga, y Miranda haber concluido el desembarco de Normandía en el Chelsea: el central brasileño se dejó persuadir por Simeone cuando dijo durante el Mundial a la ESPN que tenía ofertas y su cláusula era “negociable”. Sin embargo, se han quedado en Madrid y suya es la responsabilidad de seguir peleando en las grandes veladas y no en combates de teloneros. Quizá sea el único atajo para hacer realidad la cínica declaración de intenciones del presidente Cerezo.

Gil Marín está negociando por Fernando Torres, le tiene en la recámara como su ‘galáctico’ particular y a pesar de que sea Koke el reclamo para vender camisetas. No en vano, Mourinho no confía en él, aunque Abramovich no le soltará por pocos ceros en el cheque. Antes del Mundial, el plan A era Lukaku y Negredo, mientras que el plan B contempló a Roberto Soldado si Negredo no salía de Manchester (esto es información, no opinión). Pero de repente a Simeone no le convenció la tanqueta belga; el City pedía los mismos millones o más de lo que le costó Negredo, y Soldado fue repudiado por la grada colchonera. Del plan A de equipo grande se pasó a un ‘C’ improvisado pero no peor: Mandzukic. El croata se cansó del galimatías táctico de Guardiola y se decantó por un equipo de ideas sencillas: centros al área y balones el delantero centro. Falta un compañero de gol y, a expensas de Torres, el italiano Alessio Cerci del Torino es una moneda al aire: igual gusta o no.

Como el portero Jan Oblak, un esfuerzo muy caro (16 históricos ‘kilos’) por evitar la nostalgia que deja Courtois. No obstante, y aunque Oblak acabase imbatido en los siguientes 38 episodios, siempre habrá otro club fardando de un fajo de billetes más grueso. Aún falta tiempo para que una estrella confiese que siempre soñó con jugar en el Atleti.

El portero que pronto será rey

Mircoles, 4 Junio 2014

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Peter Cech tiene rango de eminencia por los túneles de Stamford Bridge. Su jerarquía en el vestuario del Chelsea sólo es comparable a la de John Terry o Frank Lampard. Lo saben el dueño Abramovich, su técnico Mourinho y, por supuesto, la estruendosa grada que rinde pleitesía a su portero con huevera. Tal es la autoridad del checo, que ni siquiera Mourinho ha podido meter con calzador a su polémico entrenador de porteros, Silvino Louro: Cech fichó por el Chelsea hace una década procedente del Stade Rennais francés y, al formar parte de la guardia pretoriana del portugués, entendió que podría imponer ciertas normas compatibles con la autoridad de Mourinho. La principal fue traer a Londres a su antiguo preparador de porteros del Rennais, Cristophe Lollichon. Ocho años después, el subordinado de Cech sigue siendo intocable y Silvino Louro ha pasado a ser primer asistente de Mourinho junto a Rui Faria. Pero tal como le acaba de suceder a su amigo Frank Lampard, su retirada del Chelsea se aproxima a causa de una lesión de hombro casi crónica y, razón más imponente, la llegada de un ferrari llamado Thibaut Courtois.

Mourinho sabe que a sus vacas sagradas se les acaba el tiempo y espera de ellos un último acto de servicio por la camiseta blue. Y como en la escena de Un domino cualquiera, Cech es el magullado quarterback Cap Rooney que se ha dejado la vida en el campo y entiende que el entrenador Tony D’Amato debe cambiarle por el joven y talentoso Willie Beamen. Courtois no esperaba actuar de Beamen tan pronto; al contrario, después de los cuartos de final contra el Barcelona, su intención pública fue la de renovar con el Chelsea para quedarse en el Atleti en calidad de cedido otra temporada. Sin embargo, las semifinales entre ambos equipos lo cambió todo: Mourinho no abrió la boca ante la titularidad del belga en los dos partidos y ha estado esperando su momento para cobrarse la ‘traición’. La UEFA permitió a ‘Tibito’ jugar la semifinal y el portugués no se atrevió a rechistar delante de la prensa, quizá temeroso de otra sanción como aquella que sacudió el rígido fair play de la organización con el famoso “Stark, Ovrebo, Bussaca, De Bleeckere..¿por qué?”. Sin duda, Mou supo desde el instante que Simeone anunció a Courtois en la portería que todo tenía un peaje, y más si es el Chelsea quien se encarga de las transferencias bancarias del belga.

“Mou me llamó antes de partido de Liga contra el Barça”, comentó Courtois a un periódico belga esta semana. No desveló la conversación pero, a raíz de la resignación del espigado portero, dista mucho de parecerse a la de justo hace un año. Entonces, Courtois confesó a Mourinho que le gustaba su vida en Madrid y había encontrado a una chica, su actual novia; le pidió que le dejara foguearse un año más en el Atlético y volvería a Londres para quedarse. Ese año ha pasado y, lejos de querer cumplir la promesa, el arraigo de Thibaut en la capital ha aumentado exponencialmente: es uno de los grandes ídolos del Calderón, si no el que más con la inminente salida de Diego Costa precisamente el Chelsea. Mourinho necesita un portero este verano y, caprichos del destino, se ha encontrado en nómina al mejor del momento. Y como dice un periodista portugués del entorno de Mourinho, “a estas alturas Cech entenderá la llegada de Courtois. Se trata de servir a un interés común”. El ‘poni’ que es este Chelsea, tal como lo calificó su entrenador, necesita comer del mejor pienso, y la construcción del nuevo imperio faraónico de Abramovich comienza con un hombre que pronto será rey.

‘Partido de picapedreros’

Martes, 22 Abril 2014

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‘Partido de picapedreros’ (‘Stonecutter struggle’). El ingenioso tabloide The Sun intuye en su titular una pelea en el barro del Calderón. Dos entrenadores que se respetan y entienden el fútbol en versión vampiresca, es decir, ganar a toda costa chupándole la sangre al enemigo, y dos bloques de hormigón, el rojiblanco irrompible hasta el momento y el londinense recién hecho trizas por el colista de la Premier. Pero la Champions es otra dimensión, donde gana quien mejor compite. Así se lo recordaba el periodista portugués Nuno Luz a Mourinho: su Oporto conquistó Europa en una edición hecha a medida para el Madrid del ‘galacticidio’. Aquella promoción orquestada por Mou desde el banquillo y Deco sobre el césped aclaró que la ‘Orejona’ no se gana sólo con un puñado de cracks, hay que saber competir o tener a alguien que lo meta en vena. Es el caso del entrenador del Chelsea, curtido en mil batallas europeas y que aparenta una fachada imperturbable ante ese fenómeno de moda creado por Simeone. Éste también lleva el mismo gen, con la salvedad de que si pierde, la rabia le corroe por dentro, no busca coartadas públicas.

El ‘Cholo’ nunca pierde la ocasión de rendir pleitesía su enemigo de esta noche. “Admiro a Mourinho, es un ganador”, dijo en una entrevista al diario ABC; “Me quedo con Mourinho”, espetó el argentino cuando tuvo que elegir entre el portugués y Guardiola en un test sugerido por Los Manolos. Pero el colmo de la ¿adulación? lo provocó el míster colchonero ayer en TVE cuando soltó que Mourinho era mejor entrenador que él. Ni pizca de guasa e ironía en la declaración, Simeone se ve como un émulo de su colega del Chelsea con sus mismas virtudes (no sabemos si también los defectos). En una entrevista en su país el ‘Cholo’ explicó que ambos, Mou y él, conciben el fútbol como una facción espartana en la que un solo fallo descalabra al grupo. Los dos son amantes de la presión, quizá Mou más obsesionado en cumplirla a rajatabla y Simeone empeñado en usarla para sus pizarras tácticas. Ésas que le han dado goles a granel en estrategia. La buena noticia para el Atlético es que Diego Costa puede poner en jaque a toda una zaga, mientras que Mourinho lanza pullas a sus delanteros al tiempo que el Chelsea negocia en secreto con el propio Costa.

La prensa británica es unánime: la estrategia de Mourinho pasa por David Luiz, central titular de Brasil reconvertido a bulldozer de contención en su club. Si esta copia de actor secundario Bob de los Simpson se agiganta en el centro del campo con palos y zanahorias, el Chelsea habrá ganado una batalla. Justo la que teme perder Simeone. David Luiz representa el paradigma futbolístico de su entrenador, un John Terry versión brasileña con licencia para pegar donde otros no la tienen, el Sami Khedira que deseó llevarse del Madrid. El problema es que los prototipos de Mourinho se convierten rápidamente en ídolos de barro: David Luiz ha obtenido en el Chelsea una rentabilidad casi perfecta, propia del Zara de Amancio Ortega; en dos temporadas ha ganado Champions y Europa League dejándose por el camino mil y una cicatrices de guerra. Pero el próximo verano podrá irse si lo desea (el Barça llama a la puerta), cosas de Mou. Como también es capricho del portugués la eterna suplencia de Fernando Torres.

Vuelve el hijo pródigo al estadio del que decidió irse después de la noche de la vergüenza, la de aquel 0-6 del Barça. Torres presume de un P.V.P astronómico, 58 millones de euros, y de un currículum imperial en el que sólo falta una Premier…el problema es que es el delantero del ‘casi’, con un talento sublime que sólo Rafa Benítez supo poner en práctica. Mourinho defiende al ‘Niño’ pero le tiene de tercer delantero, detrás de Eto’o y Ba.  Incluso, sin la presencia del camerunés como sucedió en Paris, el técnico se decantó por el centrocampista Schurrle. Es un indicio evidente de que Torres tendría luz verde a una jugosa oferta veraniega. Al fin y al cabo, con unos cuantos ‘Terrys’, ‘Lampards’ e ‘Ivanovics’, Mou vería colmadas sus aspiraciones. ¿Para qué más? 

Desangrarse en el campo

Lunes, 14 Abril 2014

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Final a final. El discurso plomizo del ‘partido a partido’ pasó a mejor vida en Getafe. El ‘Cholo’ licenció a su Atleti con toga y birrete, y le nombró oficialmente candidato a la Liga. Cumplió su palabra y metió todas las fichas en el mismo tablero que Real Madrid y Barça, con el pequeño gran matiz de que merengues y culés se lo juegan todo a un color, y los líderes todavía pueden tirar dos veces. John Benjamin Toshack contaba en COPE que cualquier aficionado extranjero simpatiza con el Atleti este año; es el triunfo del diferente, del equipo del pueblo cuya filosofía dista galaxias de los poderes fácticos del fútbol. John Carlin escribió ayer en El País que Real, Bayern y Chelsea, los semifinalistas de Champions, son al fútbol lo que Google a la web, Goldman Sachs a la banca de inversión, Nike al deporte y Apple a la informática….”son grandes moles cuya razón de ser consiste en perpetuarse en el poder”. El cuarto en discordia ha hipnotizado a medio mundo con su cuento de hadas; porque el Atleti empezó siendo una anécdota, continuó como una historia bonita que ocuparía un folleto y, peleándose contra todos los niños del patio, se ha ganado un pupitre en la primera fila de la clase. Ahora habla, levanta la mano y el resto le presta atención.

La conjura de Simeone con su vestuario se explica con la imagen de Diego Costa empotrado en el poste de la portería. Su boquete en la tibia amplifica por mil el compromiso de cualquier jugador con la causa ‘cholista’. Es un aviso para navegantes: quien no se desangre en el campo (casi literal) no merece vestir la camiseta por la que un día se desvivió el entrenador. El día que el argentino debutó en el banquillo del Calderón (3-0 al Villarreal), Simeone comentó a  su ayudante ‘Mono’ Burgos que llegaría el momento en que el estadio se dejara la vida por alguno de sus futbolistas como se la dejó por él la noche mágica contra el Albacete, en la que el Atleti culminó el ‘Doblete’. De aquel comentario apenas han pasado dos años, y entre medias una Europa League, otra Supercopa de Europa y la inolvidable machada del Bernabéu. Un botín demasiado preciado para un club cuyos ingresos por venta de estrellas (Torres, Kun y Falcao) se destinaron a evitar la quiebra financiera. Pero, aún sin liquidez, Simeone ha moldeado una plantilla a su imagen y semejanza, con un Costa de pasado mamporrero y presente estrella de rock; y un Courtois que se rifan todas las marcas de guantes y, por supuesto, medio mercado europeo.

Y si tanto idolatra Simeone a Mourinho, no le dolerán prendas en pedirle un año más a Courtois para el Calderón. La coartada del ‘Cholo’ es que Mou tiene a Cech y, mientras le dure, Tibito puede seguir agigantándose en España al tiempo que el técnico, por qué ocultarlo, irá fabricando a su próximo portero. Eso, en caso de que declare amor eterno al Atleti, como Bill Shankly en Liverpool o Sir Alex Ferguson al Manchester United. Porque la borrachera de éxitos está siendo tan prematura, que la Federación Argentina ya está preparando un borrador con un contrato irrechazable. “Simeone acabará en un grande”, dijo un protagonista del ‘Doblete’. Quizá le traicionó su inconsciente o quizás no consideraba a su ex club un grande. Para que no le acribillen en twitter, mejor no desvelar su nombre. Pero el sentimiento colchonero es unánime: ¿El ‘Cholo’ a un grande? Si él mismo ya lo ha creado.

P.D: el entrenador del Atlético también marca moda y no sólo por sus ‘Armanis’ negros y sobrios. Ayer demostró que no es ajeno a los inventos de Silicon Valley. El ‘Mono’ Burgos se puso unas gafas Google Glass y, con la apariencia animada de Vegeta de Bola de dragón, escrutó todas las estadísticas online del partido. Fue una iniciativa de la Liga, pero el ‘Cholo’ está abierto a cualquier sugerencia…luego él hará lo que le convenga, claro.

Estiércol en las redes sociales

Mircoles, 19 Febrero 2014

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Ningún periodista inglés (ni español) habría imaginado que en la sala de prensa del Etihad Stadium se reeditará la vieja y antológica versión victimista de Mourinho. No con el caballero blanco Manuel Pellegrini, absorto siempre en cuestiones estéticas y, desde anoche, groseramente tácticas. Del “¿Por qué?” insistente de Mou a un ataque descarado y frontal contra el árbitro de anoche, Jonas Eriksson. El técnico citizen extrajo de sí su alabada sensatez y mesura para eximir a su equipo de cualquier culpa. Hasta Gary Lineker, comentarista estrella en la televisión inglesa, sigue esperando sentado en su cabina una explicación a la salida temerosa y tenebrosa del City. “Ese planteamiento se le permite al Stoke City o West Ham United, no a una plantilla de tantos millones”, fue la explicación del indignado Lineker. Quizá sea el planteamiento más pragmático de cualquiera que no sea el Bayern de Munich o este Madrid de Ancelotti, pero a un equipo moldeado mediante una chequera en blanco siempre se le puede exigir más, no desde la opinión pública sino de los aficionados que año tras año contemplan a su Manchester como la gran decepción e Europa. El 0-1 había llegado por accidente, desgraciado pero justo; el gol de listo de Dani Alves fue el suicidio definitivo de la eliminatoria.

Antes de seguir echando estiércol en las redes sociales con la falta a Messi, una aclaración reglamentaria: Demichelis zancadillea a Messi fuera del área y acaba trabándole dentro, o sea que penalti, con discusión, pero penalti. La falta a Jesús Navas sí es más discutible pero en la Premier pasaría desapercibida. Y como el ‘Tata’ Martino va conociendo a la prensa española, necesitaba soltar un titular que amortiguase el sorprendente maremágnum provocado por su colega Pellegrini: “Las cosas que se pitan favorables al Barça se comentan demasiado. Cuando el favorecido es el Barcelona se repiten 17 veces; cuando le perjudican se pasa una”, reflexionó en Canal Plus. También Martino es consciente que para disipar tormentas mediáticas es mejor bajar al barro, porque ese idílico ‘no hablo de árbitros’ tan sólo es atribuible a Simeone, de momento, y a Vicente Del Bosque. Si la jugada del penalti fue decisiva, los protagonistas debían comentarla, por supuesto; sin embargo, pocas horas después, sucede que en España un penalti al fin y al cabo sancionable con el reglamento en la  mano seguirá siendo tema capital por muchas semanas. El populismo recurrirá a su frágil y distorsionada memoria para meter en el mismo saco aquel arbitraje fatídico de Ovrebo en el Chelsea-Barça con la jugada de anoche. Y si la intuición de los culés no falla, que no lo hará en este caso, les van a martillear con la imprudencia de Demichelis hasta el fin los días.

Y por último, ¡qué pena!, trascendió el fútbol, olvidado entre tanto chismorreo arbitral dentro de un baúl en un trastero. Martino está consiguiendo quitar a su Barça la manía de ojear cada dos por tres su cuadro de Dorian Gray en el que un equipo aparentemente aún la flor de la vida se ve así mismo retratado como un viejo con cicatrices, arrugas y en las últimas. Ahora parece que juega sin compararse, aunque sea inevitable, tocando el balón y encajando las piezas casi como un tetris, pero casi no del todo: demasiado mareo de pelota para llegar pocas veces al área. No obstante, quitando los arrebatos explosivos de Messi, el resto aguarda con paciencia pasándose el balón unos a otros. Si es una triangulación, perfecto, y si el malabarismo incluye a todos incluido Valdés, aún mejor. Y ya si el City se olvida de la táctica de la asfixia en campo contrario, verdadera kriptonita de este Barça, entonces el resultado nunca podrá ser malo.

P.D: Gane quien gane, siempre sale un vencedor moral y anoche no fue el Barça, sino su enemigo público número uno. Mourinho dijo que este era el peor Barça “en muchos, muchos años”. Así él jugaba con las cartas marcadas, porque si ganaba Pellegrini, apenas tendría mérito contra un Barça horroroso; y si perdía Pellegrini, lo habría hecho contra esos mismos once paquetes.

Decisión acertada de Juan Mata

Jueves, 23 Enero 2014

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Durante la jornada del pasado Boxing Day Eden Hazard atendió a la televisión Sky Sports casi jadeando y con la lengua fuera. Su palizón físico en la victoria del Chelsea ante el Swansea (1-0) le había dejado para el desguace, “con Mourinho casi es más importante el fútbol sin balón que con balón”, dijo el mediapunta belga. Para nada se trataba de un cumplido; no en vano, Hazard ha espabilado muy rápido con la llegada del portugués. En apenas unos meses, su actitud ha pegado un cambio repentino: de deleitarse con florituras poco prácticas y quedarse en el limbo cada vez que no olía la pelota, ahora se pega buenas panzadas a correr e incordiar a los rivales. Es el lema táctico de su entrenador: presionar hasta morir. Hazard lo ha entendido, el brasileño Óscar también lo está asimilando y Willian, fichado del descompuesto Anzhi ruso antes del cierre de mercado veraniego, comienza a practicar la filosofía Mourinho. Quien se ha quedado atrás es Juan Mata, elegido por la afición blue y sus propios compañeros mejor jugador del equipo los dos últimos años.

Mata nunca imaginó que en su primera temporada en Londres la gloria fuera tan repentina. En un grupo que concebía el fútbol de manera vertiginosa, el ex valencianista llegó para dar ciertas pinceladas al fútbol de hormigón del Chelsea. Y la afición se lo agradeció nombrándole el mejor del año. La inesperada Champions de Munich y la Europa League con Rafa Benítez elevaron su caché hasta el punto que los seguidores británicos no entendían por qué Del Bosque le dejaba siempre en el banquillo de ‘La Roja’. Su visión panorámica del juego y, sobre todo, su sutileza preciosista con el balón destacaron demasiado en Stamford Bridge. “Es un fenómeno, no sólo por sus goles, también por sus asistencias. Es fantástico. Aporta mucho al equipo. Es un mago, tiene un primer toque genial y una fantástica visión de juego”. No lo dijo cualquiera sino el gran capitán John Terry. Eso fue hace poco, cuando Mata se declaraba en un estado de felicidad absoluta. El Chelsea había colmado todas sus expectativas, incluso sueños pueriles como fantasear qué habría sucedido si el Real Madrid le hubiera echado el anzuelo. Sin embargo, el regreso de Mourinho ha llenado de tempestades el edén de Mata.

El técnico del Chelsea percibió pronto que el mediapunta español chirriaba en su maquinaria pesada. Cualquier jugador de Mourinho debe acabar a doscientas pulsaciones después de noventa minutos, y Mata no estaba acostumbrado a defender hasta la extenuación. Lo suyo es más estilo Barça o, lo que es igual, estilo selección española. O sea, una concepción absolutamente antagónica a los mandamientos mourinhistas. Un puñado de partidos insípidos desembocó en una sustitución que agotó la paciencia del entrenador. Ocurrió en Navidades durante un Southampton-Chelsea. Mata jugó de titular, hasta que en el minuto siete de la reanudación Mourinho se hartó y le cambió por Óscar. La entrada del brasileño despertó a un Chelsea que rompió el marcado y acabó goleando 0-3. Las cámaras de televisión estuvieron pendientes del rostro cabreado de Mata, pero Mourinho no quiso incendiar la polémica y, simplemente, explicó en rueda de prensa que contaba con el español, pero que la puerta del club “siempre estaba abierta”. No era un recado, sino una advertencia. El dueño del Chelsea, Roman Abramovich, se había cansado del desfile de entrenadores de los últimos tiempos: Di Matteo, Villas-Boas, Benítez…la opción era Guardiola, pero al fichar por el Bayern, Mourinho aceptó la oferta. Eso sí, atendiendo a dos exigencias: su manera innegociable de jugar y la obediencia absoluta del vestuario.

El fichaje exprés de Mata por el Manchester United no suscitará mucha polémica porque contenta a todas las partes. ‘El fútbol es business’, dijo Mourinho en una de sus últimas ruedas de prensa. Quizá sonaba a una indirecta por los rumores de salida del jugador. Y el portugués niega que se trate de odio visceral hacia lo español; de hecho, Azpilicueta se está batiendo el cobre por el lateral derecho y Fernando Torres es una pieza muy valiosa para desnudar defensas a la contra, el arma de destrucción favorita de Mourinho. Al final, el business le ha salido redondo: no cuenta con Mata y lo vende por 45 millones de euros. Un P.V.P demasiado exagerado por el cuarto mediapunta del Chelsea. Pero el United tiene pasta gansa para gastar y cientos de problemas tácticos y técnicos (la tanda de penaltis de anoche contra el Sunderland fue escandalosa). A partir de hoy, Juan Mata sólo tiene que preocuparse por reencontrar su sitio en la Premier, ser fiel a su fútbol y esperar la llamada de Del Bosque.

Samuel Eto’o, pretoriano de Mourinho

Martes, 21 Enero 2014

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Samuel Eto’o ya vivía como un blanco en el Anzhi cuando Mourinho le llamó personalmente para emprender su segunda aventura con él. Mejor dicho, vivía mejor que el Sultan de Brunei; no en vano, hasta el pasado verano era el futbolista mejor pagado del planeta. Pero una llamada de teléfono del entrenador portugués le incitó sin contemplaciones a cambiar un contrato de veinte millones anuales por otro de ocho. Eto’o aprovechó las nefastas circunstancias del momento: el dueño del Anzhi, Suleyman Kerimov, se hartó del club y puso toda la plantilla a la venta. Con semejante caos, el camerunés entendió que el Chelsea podía devolverle las tardes de gloria en las que puso patas arriba al Camp Nou y San Siro. “Es un año de transición, el nuestro es el próximo”, comentó en la Cadena COPE con su sonrisa picarona. La ‘pantera negra’ había asimilado rápidamente el discurso de Mourinho; por algo, él siempre perteneció a su guardia pretoria en el Inter. Es de ese grupo de futbolistas que echa pétalos de rosa por donde pisa el técnico; de lo contrario, quién imaginaría que un rebelde como Eto’o se plegara a sacrificios tan exagerados como defender descaradamente de lateral derecho en aquella semifinal de los aspersores del Camp Nou. “Mou no necesita un rato para convencerte”. Palabra del camerunés.

Su mítica frase de “no soy un chico de cincuenta goles, lo que puedo prometer es correr como un negro para mañana vivir como un blanco” impresionó tanto al barcelonismo, que tardó poco en comprender el leit motiv de su nuevo ídolo. Veían a un delantero de alta escuela cabreado con su pasado, el merengue, y con ganas de agitar el establishment de Florentino Pérez. Lo que no supo Frank Rijkaard y, por supuesto, ni se molestó en entender Guardiola es que a Eto’o había que atarle en corto dándole cariño. En esa encrucijada y con el vestuario del Barça chamuscado por el fuego cruzado de egos (Ronaldinho, Deco y Eto’o), Mourinho metió mano en el saco de despojos de Guardiola. La jugada no pudo ser más perfecta: se despidió de Guardiola con un gol en la final de Roma y abrazó a Mou con la Champions del Bernabéu. Eto’o se había reciclado: sin perder el instinto depredador, volvió a sentirse futbolista de equipo. Sólo dos hombres lo consiguieron: Luis Aragonés y el entrenador del Chelsea. Sabido es que el ‘zapatones’ necesitó un buen puñado de broncas para espabilarle, como aquella antológica dentro de banquillo de La Romareda.

La etapa rusa de lujo y opulencia no terminó de convencerle. Ganaba demasiada pasta pero jugaba al fútbol sin ningún incentivo, sin codearse con los grandes de Europa. Por eso, el Chelsea ha sido su salvación y, dentro de esa mole de hormigón que ha construido Mou, Eto’o ha encontrado su sitio: correr hasta la saciedad como un rottweiler y moverse en el área por intuición. Así goleó al Manchester United y sólo así acabó cojo y extenuado la tarde del Liverpool. Sin embargo, no olvida sus raíces futbolísticas, “mi hijo quiere que acabe mi carrera en Mallorca”. Ama la isla, al club que le dio la oportunidad y, aunque no lo dijo el domingo en COPE, también a Aragonés. Razones no le faltan.

Eto’o cuenta en una autobiografía que un buen día de abril de 2004 el ‘sabio de Hortaleza’ le sacó de un corrillo de entrenamiento y le espetó: “Negro (así le interpelaba cariñosamente el míster), creo que hay un club perfecto para tu carrera. Tal como está ahora mismo, te necesita y creo que ganará mucho con tu fichaje. Te estoy hablando del Barcelona”. Eto’o no pudo contener la sorpresa y le replicó: “¿qué estás diciendo?”. “Sí, pero primero tienes que marcar quince goles aquí, en el Mallorca, y yo me encargaré del resto”, concluyó Luis. Una semana después, Miguel Ángel Nadal, entonces compañero del camerunés, le desveló que Txiki Beguiristain, director deportivo azulgrana, le había llamado interesando por él, pero que el Barça también barajaba otros candidatos y el delantero de la Juventus, Trezeguet, era el prioritario. ¡Qué mejor asesor que Luis Aragonés!, debió preguntarse Eto’o, su fichaje venía con una de las mejores cartas de recomendación posibles. Ahora también: José Mourinho. 

P.D: David Beckham presenció en el palco el Chelsea-United y Eto’o lanzó una mirada furtiva a esa zona en uno de sus tres goles; quizás se acordaba cuando le dijo hace año que “él (Samuel) era más feo, pero mucho mejor futbolista”.

 

Xabi Alonso, mito silencioso

Jueves, 9 Enero 2014

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Manuel Pellegrini entendió la importancia de Xabi Alonso la noche de Champions que el Milan amargó la vida al Madrid en el Bernabeu. El entonces entrenador merengue nunca reconoció en público el error que sí comentó a su cuerpo técnico: “Xabi defiende tanto que le falta tiempo para organizar al equipo”. El donostiarra fue máxima prioridad para Pellegrini después de que Florentino ejecutara las presentaciones faraónicas de Cristiano, Kaká y Benzema. Su tiempo en Liverpool había expirado, por eso, Xabi no quiso desperdiciar la oportunidad de su vida, tal como reconoció en su primera rueda de prensa. El club había puesto demasiadas expectativas en él; no en vano, desde que Zidane decidió dejarlo, la llamada ‘galleta’ del centro campo había quedado huérfana. El Madrid necesitaba una nueva batuta y la de Xabi era la más apetecible (y accesible) del continente. La suya y la de su compañero de batallas en Anfield, Steve Gerrard.

“Quedé destrozado cuando se marchó Xabi Alonso”. El propio Gerrard confesó en una entrevista a la revista ‘Four Four Two’ el profundo vacío que había dejado Xabi en Liverpool. Quizás, con permiso de Xavi Hernández, el donostiarra estaba considero el arquitecto español por antonomasia, tan sólo le faltaba un equipo ganador…y un entrenador que le entendiese. “Juego más liberado sin Lass Diarra”, toda una declaración de intenciones de un Alonso incómodo con la táctica de Pellegrini. La misma afición que ovacionó su fichaje, llegó a impacientarse por la ausencia de lecciones magistrales que habían enamorado a The Kop. Después de una insípida victoria en Xerez, Xabi comunicó a los periodistas lo que previamente había advertido a su nuevo técnico, que Lass era un escudero demasiado pegadizo. A partir de ese instante, el centrocampista recuperó su versión más british.

John Benjamin Toshack tiene el honor de haber puesto en órbita a Xabi Alonso. Le rescató del Eibar, adonde le mandó Javier Clemente, y no tardó en cederle galones de general. “Es el mejor cerebro que he conocido. Debería estudiar en Oxford”. Con su habitual gracejo, el galés nunca desperdiciaba la ocasión de vender bien sus productos. Y como siempre le ha tenido en tan alta estima, Toshack nunca comprendió por qué Mourinho tenía a su chico tan “robotizado”. Los corsés tácticos del portugués impidieron que Xabi llegara al cénit de su rendimiento. “Los equipos de Mourinho se dedican a ahogar al contrario presionando, Xabi es un tío que maneja coros, con sus sopranos, barítonos…”. Esto último no se le ocurrió a Toshack, sino a Raynald Denoueix, el entrenador con el que Xabi maduró de verdad. Aquella Real Sociedad que perdió la Liga del 2003 en Balaídos nunca pasará desapercibida: Karpin, Nihat, Kovacevic y un Xabi Alonso que marcó a Iker Casillas uno de los mejores goles del campeonato. El hijo de Periko Alonso estaba preparado para dar el salto a desafíos mayores: le esperaba el Spanish Liverpool de Mister Rafa Benítez.

“Xabi es capaz de robar un balón en cobertura defensiva y segundos después poner un pase de cuarenta metros”. Benítez había construido su eje perfecto: Xabi-Gerrard. El primero ponía orden y el segundo se encargaba más de tareas ofensivas. Como dijo Toshack, “el Liverpool parecía tener dos entrenadores en el campo: uno para defensa y otro para atacar”. Y no le faltaba razón, con la salvedad de que al donostiarra también le gustaba probar suerte fuera del área.  Mikel Arteta conoce desde niño a Alonso y sabe a la perfección su manera de pensar en el mundillo del fútbol. El centrocampista del Arsenal deslizó en COPE la semana pasada que si Xabi estaba meditando tanto su renovación, seguramente se debía a motivos físicos. A Xabi le pasa como a Xavi, si el cuerpo funciona, la mente también. Este miércoles ha aceptado una renovación de dos años para dar sus últimas pinceladas, quién sabe si destinadas a un plácido regreso a la Premier de sus amores. La fumata blanca garantiza al Madrid mantener su CPU un tiempo, el suficiente para diseñar al sustituto perfecto. ¿Illarra? Ése es el propósito. Pero Xabi sólo hay uno y el que quiera imitarle, como dice Toshack, que se vaya a estudiar a Oxford. Puede que de allí salga otro mito silencioso.

 

 

Chelsea a imagen y semejanza de Mourinho

Jueves, 2 Enero 2014

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“No me gustan los jugadores que intentan provocar situaciones y simulan. Y, aunque no sea inglés, defiendo los valores de la Premier League”. Los periodistas que cubrieron la victoria del Chelsea en St. Mary’s Stadium esperaban que José Mourinho reprodujese en rueda de prensa las mismas palabras que le brindó días antes a Luis Suárez, pero esta vez con efecto bumerán hacia a su futbolista Oscar. “El árbitro ha tomado la decisión correcta y Oscar merecía la tarjeta amarilla”, dijo el portugués. Le faltó el matiz gráfico que añadió con el delantero del Liverpool de que “parecía haber recibido un disparo en la espalda”. Pero, claro, en el universo Mou la tarascada de Eto’o a Luis Suárez fue la misma engañifa que el ‘piscinazo’ del brasileño del Chelsea. Y menos mal que el propio Oscar aplacó el cabreo monumental de su entrenador con un pase de gol involuntario y otro tanto, porque el Southampton-Chelsea pintaba a empate y con el protagonista crucificado ante la prensa, previa bronca en el vestuario.

Mourinho ha creado a un Chelsea a imagen y semejanza suya. El periodista de Canal Plus, Gaby Ruiz, fiel comentarista de casi todos los partidos del equipo londinense, expresó un argumento capital durante el Chelsea-Liverpool para entender el porqué de este equipo: la afición rinde pleitesía al portugués por títulos pasados, pero sobre todo porque le ha dado un estilo muy exclusivo en un club sin apenas historia. Por eso, dice Gaby, en un Madrid centenario los planteamientos de Mourinho chocaron de frente desde el inicio, porque jugar con el balón no es un principio básico para el entrenador, ni siquiera se puede llamar principio. Y, de momento, le funciona en su nueva etapa británica. El Chelsea juega con su naturaleza salvaje de intensidad y correr hasta la extenuación. Futbolistas de corte fino como el belga Hazard, Fernando Torres o el mismo Oscar han entendido que para ganarse el favor del entrenador no basta con golear o calibrar un pase de cuarenta metros, deben hartarse a presionar sin balón cubriendo todos los palmos del campo. Sólo así falla el rival.

El portugués trabaja con la tranquilidad balsámica de que en Stamford Bridge nadie osará a pitarle si ordena un repliegue descarado, como en la segunda parte contra el Liverpool. Al revés, la gente le ovaciona por cada decisión, sabiendo que el único interés importante es la victoria. El resto sobra. Sin ir más lejos, hace temporada y media el Chelsea se proclamó campeón de Europa profanando el Allianz Arena en las narices del Bayern; es el recuerdo del público, lejos del fútbol blue que fraguó aquella Champions. La prensa española se deshace en elogios hacia la vocación goleadora del Manchester City de Pellegrini y los bailes de salón que proponen los pupilos gunners de Arsene Wenger. Ambos son las noticias atractivas de la Premier, por eso, el Chelsea vive plácidamente en el rol de tapado, de equipo oscuro que apenas saca quince o veinte segundos de resumen en los telediarios. Es el plan perfecto de Mourinho: ganar sin llamar la atención en el césped, para eso ya está él delante de las cámaras.

Al Chelsea le encanta embarrarse, tanto si recibe al Sunderland como al City. El rival sólo difiere en la cantidad de prevenciones defensivas que tiene que planear. Por ejemplo, colocar a David Luiz, uno de los mejores centrales del momento, en el centro del campo para barrer a los centrocampistas del Liverpool es una genialidad de Mourinho. A Pellegrini casi le cuesta el partido en la jornada anterior y, por eso, Mou tomó nota. Otro caso palmario del axioma de jugar hasta morir es Eto’o, sustituido casi al final de la victoria contra el Liverpool porque casi iba cojeando del tute que se metió arriba y abajo. Su mayor recompensa fue un gol, pero Mou le dio más valor a los 10 o 11 kilómetros que recorrió el camerunés buscando el balón como un rottweiller. Hazard es otra estrella que ha espabilado rápido de la mano de su entrenador: perdido en el limbo cuando su equipo se ponía en plan defensivo, este año se está pegando un buen puñado de esprints cuando pierde un balón. Quizá Juan Mata aún tenga que comprender la sensación de agonizar de cansancio. Es el más talentoso del equipo con la pelota en los pies, pero ya sabe que no es más que un ligerísimo detalle en la mole física que alimenta su entrenador. Ayer se enfadó con el cambio, es entendible, pero casualidad o no, sin él llegaron los goles. A Mata le gusta el fútbol de calma y construcción, justo al contrario que el ‘deconstruído’ de Mourinho. Y por lo visto hasta la fecha, no es nada extraño que el entrenador conciba a Mata como un arma sorpresa para las segundas partes; o sea, de ‘banquillero’ de lujo.

Personajes que no pueden faltar en Champions

Jueves, 12 Diciembre 2013

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1.“El único objetivo era no ganar la Europa League y se ha cumplido”. Sea en Madrid o Londres, José Mourinho no ha perdido ni un ápice de su labia incisiva. El recado lo soltó anoche, después de la victoria del Chelsea y la eliminación del Nápoles de su viejo enemigo Rafa Benítez. Pero lejos de sus habituales discursos triunfalistas, Mourinho sorprendió a la prensa inglesa con una realidad demoledora: “el principal objetivo es asegurarse una plaza entre los cuatro primeros de la Premier”. Sin mentar posibles títulos futuros, emuló a su colega Simeone: del ‘partido a partido’ del Cholo al step by step de Mou. Él lo tiene claro: Bayer, Barça y Madrid son lo favoritos. Casualidad o no, los dijo en ese orden, aunque tratándose del portugués, suena a una lista premeditada. Quien no estará muy de acuerdo es su jefe Roman Abramovich, que cedió el testigo de millonario despilfarrador al jeque del Paris Saint Germain, pero que también ha extendido un puñado de cheques para que el Chelsea se esfuerce en hacer algo más que “quedar entre los cuatro primeros”.

2. El Chelsea juega rematadamente mal, pero también lo hizo con Di Matteo y un cabezazo furtivo de Drogba les dio la Champions en la casa de la gran mole de esta Chamnpions, el Bayern. Curiosamente, los alemanes son vigentes campeones por aplastamiento; con Heynckes, no necesitaron esos chispazos de suerte que deciden un campeón. Y parece que esta edición acabará irrevocablemente en unas semifinales con elllos, Madrid y Barça. El cuarto podría bailar entre PSG según se le antoje a Ibrahimovic, el Mark Lenders del equipo; el propio Chelsea de Mou del que todavía se venera en Madrid su gen competitivo o un Manchester City, que da la sensación de que es un chaval de 18 años al que su padre le acaba de comprar un porsche. Tan pronto toma una curva como si fueran raíles, como se estrella a 200 km por hora. Su plantilla barnizada de oro todavía no le ha cogido el tranquillo a combinar bien Premier y Europa.

3. La Champions vuelve a delatar al Calcio. Sigue siendo una liga desvencijada a pesar del comienzo fulgurante de la Roma y la frescura española del Nápoles de Benítez. La Juventus se quedó en el camino justo cuando Fernando Llorente comenzaba a ser algo más que bello; el Nápoles fue decapitado como un samurai, es decir, con todos los honores de guerra, y solo ante el peligro queda una pésima calcomanía de lo que fue el último gran Milan, no el de Sacchi sino el del Ancelotti. Sinceramente, da pena la eliminación de un Nápoles que había ilusionado a su ferviente afición con despojos de otros clubes: Reina, cedido por el Liverpool, y Callejón, Albiol e Higuaín sin más oportunidades en el Madrid. Sin embargo, se queda en la elite el descarado Dortmund de Jürgen Klopp,  genio y figura de este mundillo y cuyas ruedas de prensa son las preferidas por los periodistas. Las suyas, y las de Mourinho, por supuesto.

4.Huele a una Champions con semifinales muy españolas, pero basta mentarlo para que alguno se atragante antes. El Madrid está predestinado a llegar a Lisboa (la final), de lo contrario, volverán a azotar tormentas apocalípticas. Y en el empeño, Cristiano necesita de Xabi Alonso para cortocircuitar ese ordenador cuasi perfecto que ha programado Guardiola en Munich. Su sombra sigue incordiando en Barcelona: con Tito la prensa mantuvo un respeto solemne, pero al Tata le ven como un intruso que debe salir tan rápido como entró. Neymar podrá acaparar las portadas del momento, pero al final todo depende del de siempre, que andando o corriendo, revienta cualquier partido un palmo de césped. Por algo, Messi fue o es, cuestión de gustos, el mejor, el único.  Y el Atlético se ha ganado su dosis de credibilidad; ninguna sospecha para quien afronta ultimátum y partidos de padres e hijos como un rottweiler rabioso con espuma por la boca. Se deja los huevos y gana; no se los deja, y también. No sucedía antes, por eso, este Atleti también ha entrado en el juego de la silla y tiene muchísimas posibilidades de no quedarse sin asiento.