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¿Higuaín da para más?

Jueves, 21 Julio 2016

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Su apariencia desaliñada es la de una vieja leyenda en una pachanga de solteros contra casados. Siempre con la camiseta por fuera y el trote cansado, Gonzalo Higuaín parece un estorbo en la delantera, un paquete del montón para hacer bulto y que falla más que una escopeta de feria. No es una descripción plagiada de nadie, sino la muestra de un puñado de charlas de barra de bar, que no dan crédito a los 94.7 millones que pide el Nápoles por su inesperada estrella. Al otro lado del fuego cruzado, la trinchera de quienes defienden con estadísticas (36 históricos goles en el último Calcio) a uno de los mejores goleadores del momento. Con o sin permiso de Luis Suárez, el ‘Pipita’ se ha ganado un caché  sólo apto en el celuloide: quizás no tan alto, pero sí para provocar un culebrón veraniego de infinitas reuniones con la Juventus, en un toma y daca en el que el presidente napolitano, De Laurentiis, se remite a la cláusula y el club bianconero lo medita. Si Higuaín fuese español, habría reeditado el eterno debate de ‘Raúl sí, Raúl no’: goles decisivos ennegrecidos con fallos clamorosos como el mano a mano con Claudio Bravo en la final de la Copa América. David Gistau fue testigo directo del nacimiento de Gonzalo Higuaín en un River Plate-Boca Juniors del 2006. El ‘Pipita’ marcó dos goles (el segundo, escandaloso) y, eclipsado por el acontecimiento, el columnista preguntó a sus amigos porteños qué pinta tenía ese delantero: la respuesta fue un escueto ‘Pseé’.

Aquel joven imberbe que llegó al Real Madrid con ínfulas ‘maradonianas’ se hizo un hombre en Italia, la liga más puñetera para descerrajar defensas. Y el mérito de haber tumbado a mitos como Gunnar Nordahl o Batistuta merecía la llamada de los grandes. Por de pronto, el Atlético de Madrid, que ofreció “60 millones más dos jugadores”, según  De Laurentiis.  Pueden llevarse las manos a la cabeza y despotricar de las barbaridades de este negocio o, al contrario, razonar con lógica la propuesta rojiblanca: si el PSG pagó por Cavani 70 millones, por qué no subir a casi cien el P.V.P de Higuaín. En Nápoles, golea a su ritmo, sin que se le caiga el cielo a la cabeza por una crítica gratuita del dios napolitano. En efecto, Diego Armando Maradona ha fusilado con su verborrea mordaz a su compatriota, pero sus servicios al Nápoles le obligan brindarle cortesía profesional. Y eso que el ‘Pelusa’ nunca ha sido devoto de Higuaín. Ni de él ni de nadie. Cuando Maradona era seleccionador de Argentina antes del Mundial de Sudáfrica, solía organizar comidas en Madrid con su entonces yerno, ‘Kun’ Agüero, Fernando Gago y el ‘gringo’ Heinze. Quien nunca estaba invitado era Gonzalo. No le consideraba de su guardia pretoriana.

Higuaín nunca falla a una convocatoria albiceleste. La calle le ha intentado hacer vudú y en las largas y tediosas pláticas de sobremesa le han despellejado. Sin embargo, no se atreverían a prescindir de él, porque tan pronto la caga a un palmo de la portería como ejecuta una jugada de espaldas imposible. De aquel Higuaín que se quedó ciego en la fatídica noche del Lyon a éste que remata melones y choca su cuerpo con centrales de casi dos metros, han transcurrido varias vidas. En el Real Madrid se peleaba con Benzema por complacer a Mourinho; en Nápoles le reclaman madera de semidios. Y en un club donde ganar y fracasar no van de la mano (no es la Juve), Higuaín se siente a gusto. Intentar escalar otro ‘ochomil’, como en Madrid, quizá provoque que se vuelvan a acordar de su madre.

¿El delantero del ‘casi’?

Jueves, 29 Octubre 2015

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David Gistau suele contar que fue testigo directo del nacimiento de Gonzalo Higuaín en un River Plate-Boca Juniors del 2006. El ‘Pipita’ marcó dos goles (el segundo, escandaloso) y, eclipsado por el acontecimiento, el columnista preguntó a sus amigos porteños qué pinta tenía ese delantero. La respuesta fue escueta: ‘Pseé’’. Blanco y en botella. Higuaín parecía otro trasto del montón. Quizá por esa sensación de mediocridad, poca gente entendió que el ex presidente Ramón Calderón pagase doce millones y medio por un delantero desconocido para el gran público y que, ni siquiera, venía con esas ínfulas maradonianas que tanto venden los directivos argentinos con sus niños promesa. Tampoco ayudó que el mito de Don Alfredo Di Stefano comentase a modo de chascarrillo que Higuaín necesitaba “varios disparos para clavar una”, respondiendo a ese runrún del ‘delantero del casi’ que la grada le había encasquetado. Sin embargo, lejos de acobardarse y dejarse engullir por la exigencia imposible del Bernabéu, el delantero entendió a sus diecinueve años que su actitud debía ser como la del deportista serbio que muere peleando por la grandeza de su país. En el caso de Higuaín, lucharía para no decepcionar ni a su ego ni a su padre, Jorge, también ex futbolista pero que sólo llegó a jugar en el Brest francés.

Como Bill Murray atrapado en el día de la marmota, el argentino se despertaba cada día en el mismo momento de cada temporada, el de las dudas y los murmullos. Las sospechas en Madrid dejaron para siempre el poso de aquel gol fallado a puerta vacía contra el Lyon. Y todavía hay una corriente tuitera que martillea su nombre con cada gol, con cada ¡uy!. Cuanto más puñetera, mejor. En Nápoles, la guadaña no persigue a Higuaín cada domingo. Su llegada a  Italia fue una liberación de varias toneladas y sin esa presión psicológica, podía fallar una y acertar otra. Diego Armando Maradona, una especie de dios Ra en San Paolo, llegó a comparar al ‘Pipa’ con Kluivert, no en su calidad técnica, sino porque fallaban más que una escopeta de feria. Fue el sentimiento casi unánime de la nación que se llevó las manos a la cabeza con la antológica ocasión ante Chile en la final de la última Copa América. Para lo bueno y para lo malo, Higuaín. Es su destino.

Este verano ha logrado resetear su mente. Lejos de enfundarse una camisa de fuerza y repetir como un loco los fallos más sonados de su carrera, Higuaín ha decidido comenzar de cero reencontrándose con el instinto asesino que le llevó al Madrid y por el que apostó Rafa Benítez en el Calcio. Este año se ha asociado con la revelación Lorenzo Insigne, su socio de guerrillas. Ambos sostienen al Nápoles a rebufo de la Roma y son el aspirante más peligroso en la Europa League. Anoche rompió el blindaje del Palermo con un disparo ajustado a la cepa de palo y, de momento, confirma los mejores números de su carrera: ocho goles en diez jornadas. Cada gol suyo libera toda la rabia acumulada por tanta bilis esparcida en crónicas y memes de whatsapp. Higuaín no es ni el más rápido ni el más técnico; y sí, sigue clamando al cielo con cada balón que se le encasquilla. Pero el gol no le ha traicionado; al contrario, ha calentado tanto a la ruidosa afición napolitana, que el histriónico presidente De Laurentiis lo ha dejado claro: “Higuaín no se marcha ni por 100 millones”.

Personajes que no pueden faltar en Champions

Jueves, 12 Diciembre 2013

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1.“El único objetivo era no ganar la Europa League y se ha cumplido”. Sea en Madrid o Londres, José Mourinho no ha perdido ni un ápice de su labia incisiva. El recado lo soltó anoche, después de la victoria del Chelsea y la eliminación del Nápoles de su viejo enemigo Rafa Benítez. Pero lejos de sus habituales discursos triunfalistas, Mourinho sorprendió a la prensa inglesa con una realidad demoledora: “el principal objetivo es asegurarse una plaza entre los cuatro primeros de la Premier”. Sin mentar posibles títulos futuros, emuló a su colega Simeone: del ‘partido a partido’ del Cholo al step by step de Mou. Él lo tiene claro: Bayer, Barça y Madrid son lo favoritos. Casualidad o no, los dijo en ese orden, aunque tratándose del portugués, suena a una lista premeditada. Quien no estará muy de acuerdo es su jefe Roman Abramovich, que cedió el testigo de millonario despilfarrador al jeque del Paris Saint Germain, pero que también ha extendido un puñado de cheques para que el Chelsea se esfuerce en hacer algo más que “quedar entre los cuatro primeros”.

2. El Chelsea juega rematadamente mal, pero también lo hizo con Di Matteo y un cabezazo furtivo de Drogba les dio la Champions en la casa de la gran mole de esta Chamnpions, el Bayern. Curiosamente, los alemanes son vigentes campeones por aplastamiento; con Heynckes, no necesitaron esos chispazos de suerte que deciden un campeón. Y parece que esta edición acabará irrevocablemente en unas semifinales con elllos, Madrid y Barça. El cuarto podría bailar entre PSG según se le antoje a Ibrahimovic, el Mark Lenders del equipo; el propio Chelsea de Mou del que todavía se venera en Madrid su gen competitivo o un Manchester City, que da la sensación de que es un chaval de 18 años al que su padre le acaba de comprar un porsche. Tan pronto toma una curva como si fueran raíles, como se estrella a 200 km por hora. Su plantilla barnizada de oro todavía no le ha cogido el tranquillo a combinar bien Premier y Europa.

3. La Champions vuelve a delatar al Calcio. Sigue siendo una liga desvencijada a pesar del comienzo fulgurante de la Roma y la frescura española del Nápoles de Benítez. La Juventus se quedó en el camino justo cuando Fernando Llorente comenzaba a ser algo más que bello; el Nápoles fue decapitado como un samurai, es decir, con todos los honores de guerra, y solo ante el peligro queda una pésima calcomanía de lo que fue el último gran Milan, no el de Sacchi sino el del Ancelotti. Sinceramente, da pena la eliminación de un Nápoles que había ilusionado a su ferviente afición con despojos de otros clubes: Reina, cedido por el Liverpool, y Callejón, Albiol e Higuaín sin más oportunidades en el Madrid. Sin embargo, se queda en la elite el descarado Dortmund de Jürgen Klopp,  genio y figura de este mundillo y cuyas ruedas de prensa son las preferidas por los periodistas. Las suyas, y las de Mourinho, por supuesto.

4.Huele a una Champions con semifinales muy españolas, pero basta mentarlo para que alguno se atragante antes. El Madrid está predestinado a llegar a Lisboa (la final), de lo contrario, volverán a azotar tormentas apocalípticas. Y en el empeño, Cristiano necesita de Xabi Alonso para cortocircuitar ese ordenador cuasi perfecto que ha programado Guardiola en Munich. Su sombra sigue incordiando en Barcelona: con Tito la prensa mantuvo un respeto solemne, pero al Tata le ven como un intruso que debe salir tan rápido como entró. Neymar podrá acaparar las portadas del momento, pero al final todo depende del de siempre, que andando o corriendo, revienta cualquier partido un palmo de césped. Por algo, Messi fue o es, cuestión de gustos, el mejor, el único.  Y el Atlético se ha ganado su dosis de credibilidad; ninguna sospecha para quien afronta ultimátum y partidos de padres e hijos como un rottweiler rabioso con espuma por la boca. Se deja los huevos y gana; no se los deja, y también. No sucedía antes, por eso, este Atleti también ha entrado en el juego de la silla y tiene muchísimas posibilidades de no quedarse sin asiento.