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Argumentos ‘antigripales’

Jueves, 5 Enero 2012

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Jerry Sloan, entrenador de Utah Jazz, planteó un hipotético partido sin Michael Jordan en el quinto encuentro de la final Jazz-Bulls de 1997. Entonces, la estrella de Chicago había terminado el cuarto partido con mareos y algunas décimas de fiebre; sin duda y a pesar de que fue el máximo anotador del equipo, no fue su mejor actuación. Por eso, saltaron las alarmas y Phil Jackson, técnico de los Bulls, dudó si exprimirle dos días después, consciente de que una nueva derrota habría dejado a Utah a una sola victoria del anillo. La franquicia de Chicago convirtió en un búnker el hotel donde se alojaba a la espera del quinto partido; no en vano, la noticia de la semana era averiguar si el mejor jugador de todos los tiempos estaría apto para la crucial cita. Pero los Bulls tan sólo soltaron información a cuenta gotas y el estado de salud de Jordan era enigmático. Hubo que esperar minutos antes del partido (en la NBA no es obligatorio publicar la convocatoria con horas de antelación) para conocer la decisión: Jordan sí jugó ese quinto partido, y lo hizo con fiebre, dolor de estómago y hasta deshidratado. El resultado fue otra noche otra sublime con 38 puntos y 7 rebotes que permitió a Chicago viajar a casa para proclamarse campeón delante de su afición. Karl Malone, el líder de Utah, declaró después de la derrota que “Michael no estaba tan enfermo como se había dicho en los días anteriores” y que, por tanto, sobraba “comedia”. Años después, el propio Jordan desveló que, durante la tarde del partido, le dijo a su entrenador “traedme el chándal que voy a jugar”, después de haber vomitado varias veces en su habitación del hotel.

La prudencia del departamento de comunicación de Chicago Bulls fue la que no tuvo el Barcelona. A veces los comunicados oficiales juegan malas pasadas, quizá porque por la inmediatez con la que se difunden. En ese sentido, el Barça podría haber actuado éticamente bien al despiste anunciado que Messi estaba griposo pero que su convocatoria dependía de su evolución en las siguientes horas. Por eso, con ejemplos como el de ayer, los comunicados oficiales se están convirtiendo en un mecanismo más para el chismorreo, de dimes y diretes, y sin ningún rigor informativo. Guardiola es de los pocos entrenadores que utiliza con maestría los resquicios que deja el reglamento: nunca adelanta una convocatoria en la previa y sólo un rato antes de los partidos elige a sus jugadores de entre todos los que se han entrenado. De este modo, el equipo rival no sabe a ciencia cierta contra quiénes se va a enfrentar. Pero el propio Guardiola justificó la pantomima en rueda de prensa explicando que Messi le llamó por la tarde para decirle que podía contar con él. Sin embargo, el crack ayudó poco a dar consistencia al argumento ‘antigripal’ de su entrenador cuando espetó al salir del vestuario que “le dolía la panza”. La deducción lógica fue que Pep había sido negligente con Messi, y más por forzarle en un partido que pintaba a goleada por la sorprendente rendición de Osasuna delante de los micrófonos.

Patxi Izco fue listo al tomarse a cachondeo la goleada…”Si a Messi le dolía la panza, a mí los huevos”, dijo en El Partido de las doce de COPE. Al menos, siguió al dedillo su discurso derrotista de la eliminatoria: había declarado que estaba perdida de antemano al “noventa y ocho por ciento” y, tras el 4-0, rindió pleitesía al fútbol de salón del Barça, “juegan como dibujos animados”. Menos gracia le hizo a Mendilibar, pero su “imposible ganarles” de la víspera desnudó sus intenciones. O sea que al técnico de Osasuna no se le debe conceder la venia por lloriquear cuando dijo que Messi se había descojonado al preguntarle en el césped si tenía gripe o que “igual anuncian que se presentan con el Barça ‘B’ y luego juegan con el primer equipo”. Al fin y al cabo, lo que vale es la convocatoria final y reglamentaria, a partir de la cual Osasuna debió plantear su partido, perdón, su derrota.   

El macho Camacho

Jueves, 16 Octubre 2008

Vuelve Camacho, el campechano. Ese murciano que siempre será recordado por su sencillez, que no simpleza, extraversión  y osadía. No se amilana con nada ni nadie. Le da igual entrenar a un Benfica venido a menos que al Real Madrid galáctico. El nuevo entrenador de Osasuna no concibe figurines en sus equipos, estrellas que vayan de sobrados o simplemente futbolistas presumidos. Él sabe que en sus equipos los hay más y menos talentosos pero todos igual de trabajadores. Y si alguno no está acostumbrado al compromiso colectivo, ahí estará Camacho para darle la medicina apropiada. Así es este técnico, valiente para rectificar al mismísimo Zidane y atrevido para abandonar un proyecto de Florentino Pérez que todavía era un engendro. Ahora se ha embarcado en otra aventura, quizá menos llamativa que sentarse en el Bernabeu, pero igual de exigente.

Camacho no se quedó con buen sabor de boca en su segundo y último paso por Lisboa. Allí fue reclamado hace un año para devolver al Benfica al pedestal de los ganadores pero la desmotivación de sus pupilos fue el detonante de su dimisión. El de Cieza es uno de esos entrenadores que no deja indiferente a nadie. Sus métodos gustarán o aburrirán pero nadie le podrá acusar de abúlico. Cada equipo suyo es un nuevo reto, las directivas le exigen objetivos y él se deja la piel para lograrlos. Eso sí, todo con transparencia y honestidad. Porque si Camacho percibe algo extraño, si detecta algún tufillo que le cause la mínima suspicacia, entonces saltan las alarmas. Sucedió hace diez años cuando dejó el Madrid antes de empezar la Liga por discrepancias con Lorenzo Sanz y volvió a ocurrir hace cuatro temporadas, cuando después de una derrota en Montjuic en la tercera jornada, abandonó la disciplina merengue por su nula consonancia con el vestuario. Lo de Zidane, Beckham, Figo y Ronaldo no iba con él. Sin ser un émulo de Capello, a Camacho le gusta que se juegue a su modo, con sus enseñanzas, y sinceramente, maestros de su cuerda no abundan en los grandes clubes. Hoy día, a los mejores jugadores se les trata con demasiada manga ancha y en esto, el que acaba de llegar a Pamplona no está muy por la labor.

Osasuna es el experimento idóneo para foguearse con un equipo combativo aunque con vistas más ambiciosas, quién sabe si de nuevo al Real Madrid. Pero que los aficionados pamplonicas suspiren tranquilos, Camacho cumplirá su parte del acuerdo si no le ponen trabas. Y no hay duda de que Patxi Izco se avendrá al único propósito de su nuevo entrenador: trabajo, trabajo y más trabajo. Sólo así salen las cosas, dice el macho Camacho.

Por cierto, ha debido liarse la mundial en Osasuna para que el club haya decidido echar a un mister once años después del último despido. Pero seguramente no nos enteraremos de lo que ha pasado porque la discreción es una de las máximas de la entidad. Si no, probad: ¿cuántos de vosotros sabías el dato de los once años la semana pasada?