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Un veterano de guerra

Mircoles, 13 Julio 2016

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Mariscal sobre el césped y delante de los micrófonos, disfruta de una segunda juventud porque, como su amigo Cristiano, profesa un culto exagerado a su cuerpo que le mantiene en formol. A punto de cumplir una década en el Real Madrid y flamante campeón de la Eurocopa, el madridismo reconoce en Pepe el sucesor más digno de Fernando Hierro, y eso son palabras mayores. A sus 33 años le han intentado jubilar y defenestrar por esa fama de leñero, pero desde hace tiempo el central decidió devolver fuego cruzado en el campo, no ante la prensa. Sólo así se explica que siga siendo letal al cruce, expeditivo con el balón en los pies y reparta pólizas de seguro entre unos compañeros que suspiran de alivio cuando miran de reojo a la defensa. No importa que su carrera toque a su fin, Pepe es un seguro de vida porque, como suele decir Manolo Sanchís, “los centrales son mejores cuando rondan la treintena y tienen mil batallas que contar”. Desde luego, el portugués podría escribir su autobiografía desde que Pedja Mijatovic convenció al entonces presidente Ramón Calderón para que desembuchase la friolera de 30 millones por un defensa anónimo. Ante la incomprensión de la opinión pública, Mijatovic se enorgulleció del fichaje diciendo que “treinta millones serán poco para lo que costará Pepe en unos años”. Ningún ingrato, entre ellos quien escribe, se ha atrevido todavía a llamar al ex director deportivo para rendirle pleitesía.

Pepe, aquel central que sufría “enajenaciones mentales transitorias” (TV3 dixit) y al que había que negarle eternamente el perdón por su violenta escena en la espalda de Casquero, entendió a la fuerza que duraría poco en el Madrid en esa versión de Doctor Jekyll y Mister Hyde. Tan pronto dirigía a su defensa en armonía como se embarraba hasta el cuello en un juego de alcantarilla que sólo las cámaras captaban (Diego Costa lo sabe bien). Quizás el club nunca le vendió por su sublime condición atlética y esa pose terrorífica que achanta a cualquier delantero. Perdió su virginidad durante el ‘rally de los clásicos’, aquellos Madrid-Barça con Mourinho en el banquillo y el Messi más eléctrico de los últimos tiempos. Ahí estaba él para frenar a D10S a tumba abierta, por lo civil o lo criminal. Como debe ser en un central jerárquico. Sin portal el brazalete de capitán, las generaciones de Valdebebas escuchan al veterano de guerra que, sin haber mamado el Madrid de Juanito o la ‘Quinta del Buitre’, se declara madridista de sangre. Pepe se ha ganado la Medalla de Honor del Congreso porque aterrizó en Vietnam como un paracaidista sin brújula, y nueve años después, la lista de jugadores que le “deben la vida” da la vuelta a la manzana. Que se lo pregunten al vestuario de Portugal, tan apesadumbrado por la lesión de Ronaldo durante la primera parte de la final, como extasiado por la majestuosa omnipresencia de su central. “Fuimos unos guerreros en la batalla”, explicó el jugador que no entiende de galácticos ni vedettes, sino de merengues currantes que, como Mel Gibson y Rene Russo en Arma Letal, presumen de heridas de pelea callejera. Es el fútbol de Pepe y que, desmintiendo leyendas populares, sobreexcita al Bernabéu.

Un portavoz para el Real Madrid

Jueves, 12 Marzo 2015

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‘Nunca se abandona al compañero caído’. Es uno de los códigos vitales de los Marines estadounidenses. Y el campechano Kléper Laverán Lima Ferreira (para ustedes, Pepe)  lo entiende y comparte con orgullo de capitán en la sombra. Veinticuatro horas después del ruidoso abucheo al Real Madrid en su estadio, el central portugués dio la cara en El Partido de las 12 de Cope. El madridista nunca había vivido pitadas tan sonoras desde que Pedja Mijatovic apostó por él en 2007 previo pago de una indecente cantidad de 30 millones; indecente porque la prensa se llevó las manos a la cabeza cuando el Oporto anunció el precio de un central absolutamente desconocido en España. Lejos de aplicarse un comodón silencio stampa durante esta tempestad, se puso delante de un micrófono y, a pecho descubierto, defendió a muerte a su vestuario, sobre todo, a los grandes señalados en una noche que amagó con cuchillos largos.

Iker Casillas abandonó el estadio con un cabreo de proporciones bíblicas (no es opinión, es información). Decepcionado consigo mismo por su falta de “frescura” debajo de la portería, los telediarios han repetido hasta la saciedad sus fallos de anoche y las tertulias han recalentado un debate que no perderá su caspa hasta el día que el portero anuncie su adiós definitivo. “Iker es el mejor portero del mundo actualmente. Que le piten es extraño”, espetó Pepe con un tono tan sólido como sus entradas al balón. Antes salía sacar la trilladora, pero eran otros tiempos, cuando las televisiones dedicaban una cámara personalizada para todos sus movimientos. A estas alturas, en la jornada 26, sólo ha visto dos tarjetas amarillas. Ver para creer. Él confiesa que aprendió mucho de errores pasados y el vestuario le aplaudió por ello; por de pronto, Casillas, quien considera a Pepe un “crack”.

El portugués también demostró camaradería por Carlo Ancelotti. En sus horas más delicadas en el club, el italiano sabe que tiene el respaldo público de la plantilla, anoche en boca de Pepe: “No tenemos dudas de que tiene que seguir”. De un plumazo, borró cualquier sospecha perpetrada para vender periódicos. Y para enterrar de una vez por todas la fábula de la mano blanda, el defensa reveló los métodos de entrenamiento en Valdebebas: “Ahora entrenamos con más intensidad que antes (Mourinho)…el entrenador nos exige mucho. Por ejemplo, las cuestas”.  No fue la típica respuesta de cartón piedra que suelen dar los futbolistas para sacudirse el marrón de encima. Pepe explicó cómo entrenan con Ancelotti y su faceta de consigliere: “Me ha ayudado muchísimo. Me dijo que con mi calidad tenía que anticiparme porque soy rápido y fuerte”. No en vano, a sus 32 años pocos centrales del mundo son tan eficaces al corte como él. Sergio Ramos sabe que cuenta con el guardaespaldas perfecto.

Y por supuesto, José Mourinho. Sin síntomas de acritud, Pepe soltó un proyectil sin reventar al personaje: “Ahora sentimos que la gente no nos odia como antes”. El silencio en el estudio se volvió sepulcral porque todos intuían respuestas diplomáticas, sin rajadas ni tomahawks. Todo lo contrario. Su defensa acérrima de Casillas durante el último año de Mou y la desconfianza en los servicios médicos del Madrid, que no supieron diagnosticar su lesión en el pie, le sentenciaron para siempre en el universo Mourinho. Pepe no necesita fingir para airear viejos trapos sucios. Se ha ganado en el campo el derecho a hablar con autoridad delante de su vestuario o cualquier periodista que le pregunte por aquellos ‘porqués’. Como le dijo Paco González al final de la entrevista, “valdrías como portavoz lo mismo que de central. Que te pongan por Butragueño”. La prensa, encantada.

A muerte con Ancelotti

Jueves, 19 Febrero 2015

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El Madrid se tomó un valium en Alemania. Lo necesitaba. La depresión había sido demasiado angustiosa: la vergüenza del derbi, los pitos del Bernabéu…demasiado histerismo para la calma que exige el típico equipo alemán. La suerte del campeón fue cruzarse con un Schalke anodino, simplón y que no empató porque Iker Casillas tiene esa flor con la que cualquier portero sueña. Los palos de media Europa están bendecidos por el capitán; en concreto, cuarenta postes en toda su carrera de Champions que, lejos de brindarle una flor, le regalan toda la selva amazónica.  Pero hasta el latigazo de Marcelo, los blancos no sabían si soltar un par de directos y enemigo a la lona, o lanzar continuos jabs para juguetear sobre el ring. Al final, ni lo uno ni lo otro. Este Madrid nebuloso todavía no se ha aclarado porque su entrenador sigue garabateando la pizarra: que si 4-3-3, 4-2-2…da la sensación que jugando ancho de caderas tiene más empaque que en esa fisonomía afilada que impone la ‘BBC’. La conclusión es peligrosa: los blancos tienen un calendario muy resultón para fingir tranquilidad pero, si se esfuerzan en leer entre líneas, son trámites que no ocultan la verdadera preocupación del equipo: el clásico del Camp Nou del 22 de marzo. Entonces, se verá si han actuado en clave sofista de la Grecia Clásica o, de verdad, consiguen recuperar el juego que aduló sus oídos con titulares tan exagerados como ‘la mejor plantilla de la historia’.

La espesura del campeón parecía programada desde el vestuario. Viendo el primer cuarto de hora, a nadie le habría sorprendido que Ancelotti hubiese ordenado salir a ver qué pasaba, y que resolviese el azar. Y caprichos del fútbol, lo hizo quien más lo necesitaba: un Cristiano Ronaldo vapuleado por sus deslices de papel cuché y sometido a una pesadilla propia de diván de psicólogo. Su impresionante salto de gimnasta no le traicionó, pero los aspavientos y esa costumbre reciente de jurar en arameo cuando el chupón es otro le distraen demasiado. En cambio, si busca desmarques y mueve el balón como un Globetrotter, el ataque del equipo incorpora de una tacada infantería, ejército del aire y hasta el naval. Cristiano es medio Madrid pero, analizando su estado emocional, puede que siga siendo las tres patas del banco, a pesar de aquellas exageraciones mediáticas de principio de temporada. Sin embargo, como siempre una imagen vale más que mil palabras: Marcelo sacó un derechazo que recordó a los zurdazos de Roberto Carlos y se fue a celebrarlo en piña con Ancelotti metido casi en una melé. Preparado o no, el vestuario quiso lanzar un mensaje contundente: el equipo pelea a muerte por su entrenador y no tolera rumores ni chismorreos baratos sobre el futuro del banquillo. La charla de Carletto en el entrenamiento de la previa pretendía ‘resetear’ el devastado ánimo. Si servirá o no como inspiración, lo comprobaremos en Berlín. O no. Porque el Madrid tiene que mejorar demasiado.

Dos buenas noticias para el madridismo: la primera es el ansiado regreso de Pepe. El portugués hace bueno a cualquiera de su alrededor, por de pronto Varane, y su influencia es de gran capitán, casi con la magnitud de Fernando Hierro. Paco González contó anoche en El Partido de las 12 que el club le ofrecerá un año más de renovación por su excelente hoja de servicios. Florentino Pérez le considera madridista de pura cepa y le ofrecerá un digno retiro en el Bernabéu. Y, segundo, Toni Kroos volvió a dirigir el tráfico con ese joystick que tiene en los pies. Los ojeadores de otros clubes deben disfrutar elaborando sus vídeos: pases cortos con sentido, pases largos y calibrados por un francotirador, coberturas inteligentes y robos cruciales al estilo de Makelele en la era galáctica. Pequeños detalles que permiten sobrevivir a un Madrid al que le sigue rondando la misma pregunta de este 2015: ¿Cuándo volverá?

Gareth Bale, superhéroe a examen

Sbado, 5 Abril 2014

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Cristiano Ronaldo solía eclipsar al resto incluso cuando no jugaba. Su Balón de Oro pesa tantos quilates que hasta una plantilla millonaria como la suya le echa de menos en cualquier palmo del césped. CR7 es un gigante entre liliputienses y poco importa que enfrente pelee un peso welter como la Real Sociedad o el superpesado por excelencia, el Barça: la sensación de nostalgia permanece. Eso costaba digerirlo hasta que un solo futbolista agitó el mercado con su P.V.P. infinito. Los 91 millones de Gareth Bale (sí, 91 confirmados por la Bolsa de Londres) no los forzó él pero, aún siendo injusto, le obligan a actuar a veces de Luke Skywalker, devolviendo el equilibrio a la galaxia blanca en ausencia del líder espiritual. Precisamente, equilibrio fue el eslogan táctica de Ancelotti cuando presentó sus credenciales, pero en los momentos cruciales ese concepto se desvanecía apenas susurrarlo. Sucedió en el clásico y en Sevilla, los cadalsos que han hecho perder al Madrid media Liga. Ambos sopapos le hicieron reflexionar de cara a Anoeta: “¿Por qué un Doctor Jekyll en San Sebastián y un Mister Hyde en Sevilla?” Es la pregunta que se hace el viejo J.B. Toshack y medio madridismo. En este campeonato de ricos y pobres, cualquier resultado que no sea ganar fuera de la liguilla entre Atlético, Barça y Real es un fracaso casi fatídico.

Así como Steve Mcmanaman era llamado Steve en sus inicios en el Madrid por su carácter cándido y bonachón dentro y fuera del campo, Bale ha sido Gareth durante un puñado de meses. Sin embargo, Steve acabó complaciendo al Bernabéu hasta retomar el nombre y talento de Mcmanaman o ‘Macca’ y el muchacho galés Gareth está siendo el torpedo Bale que puso patas arriba White Hart Lane. El último galáctico blanco ha tardado en florecer y todavía está a tiempo de salvar su buena, que no notable, temporada. Le ocurre como a Will Smith en su papel del superhéroe Hancock: derrocha sus superpoderes sin nadie que se los corrija. Últimamente, Bale ha controlado su hipervelocidad, esprintado sin salirse por la línea de fondo y, también, le ha pillado el tacto a la pelota de la Liga dándole la fuerza y precisión necesaria. Y aunque sus números corroboran su genio, 18 goles y 18 asistencias, aún le falta un momento antológico que le reserve un sitio en la hemeroteca madridista: una volea de Zidane, una jugada de varios quiebros al estilo Raúl contra el Atleti o un taconazo de Redondo como el de Old Trafford.  Llegará el día que Bale se quite su propia coraza, será entonces cuando el Madrid arrase como un ciclón al valiente que ose ponerse delante. Y junto a Cristiano, causarán tal terror que Florentino Pérez, en su interior, se dirá así mismo que por fin habrá merecido la pena poner tantos ceros en dos cheques diferentes. Por el momento, cada partido es una examen de reválida para Bale.

Y hablando de precios astronómicos, Pepe costó treinta y tantos millones (nunca se ha publicado la cifra real por miedo de todos y cada uno de los intermediarios que trincaron del fichaje) y, en perspectiva, ha quedado en una bicoca. Sin sus idas de olla la opinión pública hablaría del digno sucesor de Fernando Hierro. La pesadilla de los centrales comenzó cuando a este último le invitaron a irse del club y Pepe pareció el remedio necesario. Pero su actitud descerebrada contra Casquero y sus broncas macarras en los clásicos de Mourinho levantaron sospechas hasta en el ala más fanática del club. No obstante, Pepe sabe jugar de central, tiene su librillo de maestro y cortando balones en carrera es único en su especie. Cuando está centrado, su portero respira porque el portugués saca el coche-escoba a pasear, haya por delante balones o piernas. Recuerdo que el Atlético de Madrid fichó a un central paraguayo llamado Gamarra que se jactaba de no haber sido expulsado nunca. Y aún tengo en la memoria una frase antológica de Ronald Koeman: “Un central necesito su bautismo de fuego con una buena tarjeta roja”. Gamarra no lo vio antes de ser rojiblanco y el Calderón le recuerda como un pufo más de su larga lista. Pepe pega cuando debe, y no debe, y dirige a su defensa como un mariscal del campo. Éste sí que es el Pepe que olvidará a Hierro.

 

 

 

 

 

Fútbol de cloacas

Viernes, 7 Febrero 2014

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Manolo Sanchís suele contar que las remontadas legendarias del Real Madrid comenzaban desde el túnel de vestuario con el ‘otro’ fútbol. Víctimas como el Mönchengladbach o Anderlecht escucharon lindezas como “¡os vamos a comer los huevos!” instantes antes de saltar al Bernabeu. Era una manera alegal de intimidar al contrario antes de continuar increpándolo sobre el césped mediante un buen puñado de insultos, empujones, codazos, agarrones y pataditas furtivas. De ese fútbol es un experto el gran Carlos Salvador Bilardo que, como capitán de Estudiantes de La Plata allá por los sesenta, perpetró marrullerías tales como pinchar a los rivales con alfileres o echar tierra a los ojos de los porteros en los córners a favor. También tiene un doctorado Hugo Sánchez, de profesión goleador de proporciones bíblicas y de afición maestro del fútbol de alcantarilla. Cabrear a defensas y aficiones enemigas por igual era su primer cometido en sitios hostiles como el Camp Nou, Calderón o San Mamés; una vez encabronado hasta el utillero, los goles de Hugo tenían mejor regusto.

El ‘Cholo’ Simeone es defensor a ultranza de la escuela ‘bilardista’. No sólo por su pragmatismo sino también por ese reverso tenebroso del fútbol. Como jugador del Atlético sabía provocar en los momentos decisivos y sacar tajada de cada tangana Lo mismo que Diego Costa, admirado por su letalidad delante de la portería y sospechoso en su versión mamporrera. O el madridista Pepe, a quien su ida de olla en la espalda de Casquero le perseguirá siempre; por eso, cualquier aspaviento del portugués en el área es indicio de bulla de patio de colegio. El propio Pepe y Arbeloa estuvieron esperando a Costa en las catacumbas, mentalizados de que debían ser ellos quienes controlasen el juego de la provocación. De ahí, en parte, que el Madrid saliese sobreexcitado contra el vecino puñetero que le había aguado la fiesta en el Bernabéu las dos últimas veces. Quizá, el problema del rojiblanco es que se vio tan acorralado como Rambo, solo ante el peligro de una zaga que le tenía ganas por goles y algún que otro salivazo de hace algunos derbis (que se lo pregunten a Sergio Ramos). El columnista del El Mundo, Manuel Jabois, lo explica con la metáfora perfecta: “Costa amagó con la caja B de los equipos que juegan sin pelota y que a veces desnivela el partido en las cloacas; un asunto delicado al tratarse de Pepe, Ramos y Arbeloa”.

Y como Simeone es un auténtico pícaro en este mundillo, no se atrevió a quejarse del arte subterráneo del Madrid. Hasta Miguel Ángel Gil contó anoche en El partido de las 12 de la COPE que “Diego Costa estaba solo aceptando las vejaciones, insultos y provocaciones que le hicieron. Los compañeros tenían que haber estado más cerca de él”. Y no es porque el hispano brasileño se acobardase, sino por el desgaste que causa una pelea de uno contra tres. Los últimos antecedentes habían escocido demasiado a un Madrid tumbado por un EQUIPO. Y eso, precisamente, fue lo que aplaudió Ancelotti; puede que sea la pista para su particular espectacularidad, la que prometió el día de su presentación. Pero el fútbol nos ha enseñado en España su visión poliédrica: del baile de salón del Barça al estilo mosquetero del Atlético en ese imperturbable todos para uno y uno para todos, pasando por el modelo híbrido de los blancos: vertiginoso con el balón y camino de la zorrería de equipo italiano cuando la pelota no es el ombligo del mundo. Las guadañas de la defensa merengue pillaron por sorpresa a un Costa que, por una vez, no fue el chico malo. Pero tampoco se iba a quedar de brazos cruzados. Lo que sucedió fue que Pepe y Arbeloa fueron los amos del barrio. Ése en el que este Madrid también achanta.

Pepe lo comprendió: conmigo o contra mí

Lunes, 6 Mayo 2013

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“No me gusta hablar mucho de jugadores que no juegan, pero tengo que decir lo que me parece, que es la verdad. El equipo con Pepe juega más alto; el equipo con Pepe no tiene miedo de dejar espacios a sus espaldas; el equipo con Pepe presiona mucho más;; el equipo con Pepe recupera balones más rápido; el equipo con Pepe es más peligroso en ataque”. Eran otros tiempos, pero incluso la apología de Mourinho a un jugador que, en febrero de 2011, llevaba lesionado mes y medio causó demasiado revuelo. Sucedió en la previa de un partido copero contra el Sevilla y el central ni iba a jugar ni se le esperaba. Entonces, Pepe pertenecía a la guardia pretoriana de un entrenador al que le sobraba simpatizar con sus compatriotas Cristiano y Carvalho. El resto del vestuario también le tenía en palmitas, quizá eclipsados todos ellos por el aura de ‘recolector de títulos’ que destaca en negrita en su currículum. Curiosamente, en aquellas fechas Iker Casillas también mantenía una relación afable con Mourinho, hasta el punto de soltarse chascarrillos. En una concentración Iker insinuó que las vísperas en los hoteles a veces se hacían demasiado pesadas; Mou le replicó con una sonrisa: “Cuando te cases, agradecerás las concentraciones”.

Sin duda, ese Madrid estaba comprometido con dos causas: la Champions y/o robarle hegemonía al mejor Barça de todos los tiempos. El orden exacto no lo sabremos hasta que Mourinho conceda su primera entrevista post-Real Madrid y desvele cuál fue la intención real del presidente Florentino; la más importante, la que le debió confesar dentro de su coche cuando le recogió en el parking del Bernabeu un rato después de que Mou se coronase rey de reyes con el Inter de Milan. Ganar a cualquier precio, ése fue el principio por el que se rigió Florentino a tenor del desastre de la temporada anterior que se llevó por delante a Pellegrini y la credibilidad de Jorge Valdano. Precisamente, con el argentino comenzó la guerra: conmigo o contra mí. Poco tardaron los jugadores en comprenderlo, algunos más tiempo que otros. El caso es que dentro de esa corriente maniqueísta que no concebía tonos grises (cualquier decisión debía ser extremista) Casillas y Sergio Ramos se desmarcaron porque entendieron que las actitudes macarras chirrían en el Real Madrid. La llamada a Xavi Hernández para acabar con la guerra civil desatada en el rally de los clásicos y culminada en la Supercopa del 2011 desató la ira de un Mourinho que tildaba al Barça de enemigo. Casillas discrepó entendiendo que el buen ambiente de la selección podía fracturarse. En ese instante, el portero cavó su tumba y Mourinho, muy hábil en el manejo de las situaciones, no se vengó con descaro: esperó paciente hasta que un mal momento deportivo de Casillas le sirviese de coartada. Tardó en llegar más de un año, en el partido contra el Málaga de las pasadas navidades.

Sergio Ramos también va por libre desde hace tiempo. Castigado al palco por actuar con subversión, el central sevillano nunca se ha traicionado a sí mismo; su franqueza le delata y honra a la vez. Aquella portada de MARCA que transcribió una bronca entre Mourinho y el jugador en un entrenamiento desenmascaró su relación. Ramos se hartó que su jefe les pusiera a parir cada dos por tres; que fueran los jugadores sin el técnico quienes tuviesen que tragar quina. Y desde entonces, no ha querido problemas pero tampoco se ha callado, como el día después de Old Trafford, cuando Mou espetó que el justo ganador habría sido el United. Entre medias, un gesto ‘rebelde’: en el Madrid 5-Depor 1 Ramos llevó debajo de la camiseta otra en apoyo a un Özil deprimido por haber sido señalado en un par de derrotas. En ese mismo partido, Pepe, todavía ferviente seguidor de la yihad ‘mourinhista’, marcó un gol y se dirigió al banquillo para abrazar a Mourinho. A ojos del espectador, el gesto se intuía como una guerra de trincheras entre los acólitos del técnico y el bando español, que no contaba con Xabi Alonso ni Arbeloa.

Pepe hizo méritos suficientes para ganarse el favor eterno de su entrenador, o eso debió pensar. Porque una mala decisión del defensa originó la cruzada que anunció el pasado sábado. A finales de año Pepe se lesionó del tobillo derecho y Mourinho, consciente de la necesidad de recuperarle cuanto antes, le recomendó operarse antes de las vacaciones de Navidad. El futbolista ignoró el consejo y entró en quirófano el 02 de enero. Obviamente, el cabreo del técnico alcanzó proporciones bíblicas: Pepe ya no iba a gozar nunca de bula papal. Sus declaraciones defendiendo a Casillas son un paso de valentía ante el acoso y derribo que está sufriendo el capitán. Por supuesto, los ‘mourinhistas’ lo consideran alta traición. Pepe ha asomado la cabeza en un momento en el que Mourinho no puede ejecutar el efecto de acción-reacción: si no vuelve a jugar más esta temporada podrá pensar que tampoco tenía la forma física adecuada, muy por debajo de Ramos y Varane. Es curioso cómo la gente descubre de bruces la verdad. Ese vestuario, sin conjurarse con el cuerpo técnico, ha comprendido que no podía seguir hecho un cristo.

Teoría de la persecución (por Carlos Secretario)

Viernes, 28 Diciembre 2012

¡Enhorabuena! Carlos Alberto Secretario ha esperado dieciséis años para rajar contra el Real Madrid. En un alarde nauseabundo de chovinismo, el ex pufo merengue ha usado la coartada de Pepe para corroborar su teoría de la persecución. Secretario sí entiende que sus compatriotas sirvan de carnaza para la prensa en momentos convulsos porque él también lo ha experimentado. Quizá las generaciones de los noventa no recuerden a uno de los fichajes más frustrantes de la historia contemporánea del club. Fue un carrilero derecho que causó sensación en el Oporto y se labró su titularidad en la selección portuguesa de la Eurocopa de Inglaterra de 1996. El flamante Madrid de Fabio Capello necesitaba cubrir el flanco derecho y Secretario resultó ser la opción más convincente por falta de candidatos en el mercado. El fichaje lo cerraron el entonces tesorero, Juan Onieva, y el director deportivo, Ramón Martínez, por 256 millones de pesetas. Dos ligas portuguesas y, sobre todo, la petición expresa de Capello avalaron su fichaje. Tal como tituló el diario AS en su momento, ‘El Madrid había encontrado un sustituto a la altura de Chendo’.

Anoche Secretario satisfizo en Portugal, cómo no, su resquemor contra el Madrid: “Por el poco tiempo que estuve en el Real Madrid sé que cuando las cosas van bien todos son bien tratados, pero cuando van mal, por norma, son los extranjeros los que lo pagan”. Ni Eladio Paramés ni Silvinho Louro, es Pepe quien se ha convertido en el portavoz más implacable de su entrenador. Crucificado por la prensa española tras la suplencia de Casillas y, sobre todo, la derrota en Málaga, Mourinho ha identificado en su central al fiel esbirro que nunca encontró en Valdano, Zidane y ni siquiera en Butragueño o Pardeza. Sin embargo, la reivindicación patriótica de Pepe ha dejado al descubierto el rumor que alimentaban los mentideros periodísticos: los portugueses, al menos el central, reclaman su papel de guardia pretoriana de Mourinho y mártires de una causa que irá ganando más adeptos, por de pronto Secretario. Éste también se siente víctima de la teoría de la persecución; claro que su historia en el Madrid se asemeja más a una teoría conspirativa: de cómo él conspiró consigo mismo par reírse del club.

Ignacio Silva, vicepresidente del Madrid durante la primera liga de Capello, puso la venda antes de la herida para justificar el fichaje de Secretario: “Será sorprendente para el público en general, pero nosotros lo teníamos pensado hace tiempo” (06/’7/96). La advertencia del vicepresidente no fue en vano: el lateral portugués acabó llorando, superado por la presión y los continuos cabreos de su entrenador. Y eso que al propio Secretario no le hizo falta asesor de imagen: a su llegada espetó que el Barcelona también le había seguido. Se llegó a decir que su amigo Vitor Baia, quien también salió ese verano del Oporto pero rumbo al Camp Nou, le llamó y le dijo que tuviese el teléfono a mano porque iba a recibir una llamada del Barça; Secretario le respondió que ya había fichado por el Real Madrid.

Seguramente, un par de meses después, Secretario se arrepintió de haber jugado en el Bernabeu. Sus deplorables lagunas tácticas y técnicas dejaron ver el lado más iracundo de Capello. No le pedía subir la banda derecha, simplemente cumplir con su deber de defender, pero ni por esas. En más de un partido, Fernando Hierro obligó a Sanchís o Alkorta cubrir los huecos que dejaba Secretario. Era obvio que el portugués no valía para el puesto y a la prensa española no le hizo falta cebarse con él: la calamidad quedó retratada para el gran público. Christian Panucci llegó en las navidades del 96 como otra petición todavía más expresa de Capello para quitarse de encima a Secretario. Entonces, ocurrió el desenlace final: el Madrid estaba jugando en el Bernabeu contra el Barcelona la vuelta de octavos de Copa del Rey. Necesitaba levantar el 3-2 adverso de la ida y en el descanso, con empate a cero, Panucci se lesionó. Capello no tuvo más remedio que poner a Secretario y, entonces, se sucedieron los mejores momentos azulgranas….casualmente por la banda derecha. Llegó el 0-1 en un gol en propia puerta de Roberto Carlos y el técnico italiano, hasta la coronilla de Secretario, le cambió por Fernando Sanz a diez minutos del final. Al final, el Madrid consiguió un empate inútil y Secretario cavó su propia tumba entre sollozos en el vestuario. Una temporada después, Jupp Heynckes intentó confiar en él en un esfuerzo hercúleo por recuperarle, pero ya era demasiado tarde: la prensa le criticó simple y llanamente porque nunca fue un jugador bueno para el Madrid.  

 

 

 

 

Figurantes a escena

Domingo, 9 Diciembre 2012

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Karanka nunca sería un buen representante de futbolistas. Minutos después de la exhibición de Özil en Valladolid, salió a la rueda de prensa y, preguntado por el partidazo del alemán, no se detuvo ni un instante en aplaudir la jugada del empate a dos…”Özil ha hecho lo que se le exige: un trabajo sin balón espectacular”. Quizá la reflexión iba dirigida a gente que sabe demasiado de fútbol, pero el gran público le pide al ‘Besugo’ partidos con balón, a ser posible como el de anoche. Si es uno de los mejores mediapuntas del mundo, actuaciones así no deberían sorprender ni siquiera a Mourinho. Sin embargo, el portugués andaba mosqueado con él por sus repentinas abulias sobre el césped (en el Pizjuán y Villamarín le cambió al descanso) y, últimamente, había usado a Modric como método de espabilamiento. Özil es un jugón y, como tal, se gusta cuando no está encorsetado en tácticas férreas. Si su entrenador no le ata en corto, aparece en cualquier palmo del campo para inventar bestialidades tan inimaginables como su primer gol. Por eso, Mourinho tiene razón enrabietándose con su versión inerte, que suele ser habitual; es una pena que Özil no entre en simbiosis casi nunca con Benzema, quizá el delantero más inteligente que existe.

Este Madrid ha demostrado que ya no está teledirigido por Cristiano Ronaldo. La temerosa dependencia del portugués se ha esfumado durante esta temporada; sí, sus cañonazos resuelven entuertos, como el derbi, pero otros futbolistas que parecían figurantes por fin han se han atribuido el protagonismo que exigen sus expectativas y, por qué no decirlo, su PVP. El Valladolid se convirtió en un sparring puñetero pero imprescindible para darse cuenta de que Özil sin Benzema apenas sirve, y viceversa. Lo sabe Mourinho y le alivia en caso de que CR7 se ausente: al menos, lo ha comprobado en las faltas directas. Con esto, el Madrid se evita declarar el estado de alarma que ha montado el Barcelona con la contusión de Messi.

Pero en el vestuario del Madrid se ha encendido un código rojo contra los goles anulados. Sergio Ramos advirtió después de la victoria que, en caso de no haber ganado, las cagadas son repetitivas, y no se refería a las calamidades defensivas de los goles de Manucho. Un gol legal de Benzema en el Villamarín, otro clarísimo del sevillano anoche…los jugadores han entendido el mensaje unívoco de Mourinho: o se quejan o los errores arbitrales acabarán devorándoles. Pepe reconoció que “son muchas cosas en contra”; no hay más alternativas. Así que, con la opinión pública clamando contra el entrenador y estas críticas en consonancia con el discurso mourinhista, queda claro que “Mou y sus guerreros siempre tienen razón, aunque no la tengan en absoluto”, tal como explica el director de A Bola, Vitor Serpa, en la última biografía del portugués, Mourinho ‘El único’. Y es obvio que The only one necesita reforzar sus bastiones con compromisos dialécticos como los de Pepe y Ramos. Falta el de Iker Casillas y, entonces, Mourinho volverá a ser en su vestuario “un rey absoluto, aunque su reino no sea democrático y ande lejos de tal condición”.

Los pájaros disparan a las escopetas

Jueves, 11 Octubre 2012

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“Este tío no engaña a nadie. No debería jugar más al fútbol”. Hristo Stoichkov salió del vestuario en dirección a los periodistas para sacar toda la bilis que había acumulado en el partido. Su cabreo era tan monumental que buscó cualquier micrófono para poner de vuelta y media a Juanma López. Poco le importaba la goleada del Barça en el Vicente Calderón (1-4) en aquella Liga 92-93; la obra maestra del Dream Team, lejos de machacar a un Atlético que daba sus últimos coletazos con Futre y Schuster, se había sometido una lección híbrida de judo, karate y lucha libre, las disciplinas que manejaba López en sus primeros partidos como rojiblanco. Curiosamente, fue Stocihkov quien se fue a la ducha antes de tiempo por reiteradas quejas contra López, mientras que éste no sólo acabó el partido sino que salió limpio de tarjetas. “Todos conocemos a Stoichkov, es un broncas y los árbitros lo saben”, fue la réplica del defensa colchonero, enterado de la rajada del búlgaro.

Durante los días posteriores, hasta Jesús Gil entró de oficio para defender a su jugador. “Lo que diga Stoichkov tiene poca credibilidad, ni mucho menos va a dar lecciones a alguien”. Pero en esa ocasión y a tenor de las múltiples moviolas que descubrieron la versión más mamporrera de un jugador en los últimos años, el delantero azulgrana llevaba razón, aunque su insoportable temperamento invitase, como mínimo, a la sospecha. El maestro Santi Segurola escribió la crónica para El País. recogida en su antología Héroes de nuestro tiempo, y su descripción de Lopez con el cuchillo jamonero es, simplemente, sublime: “En su carrera con la trilladora tiene la complacencia de los árbitros. López cometió siete faltas gravísimas: a la tibia de Beguiristain, brazo al cuello de Stoichkov, patada con repetición a Bakero, codazo a Stoichkov, caza al cuello del búlgaro con codazo al estómago, derrote al peroné de Laudrup y coz incluida al muslo del danés”. Por una vez, y sin que sirviese de precedente, el búlgaro tenía razón y, de ahí, su inusitada amabilidad con la prensa en aquella noche. Obviamente, el fuego cruzado entre ambos dejaba un mentiroso compulsivo. Y esa vez fue López, que tampoco se molestó en disimular su concepción futbolística de pressing catch durante toda la temporada.

El piqué Stoichkov-López recuerda al de Pepe e Iniesta, con la diferencia de que al manchego nunca le ha perdido su vehemencia, como sí al búlgaro. El central portugués reconoce que “las verdades duelen”, claro que son las verdades de su mundillo, es decir, las que acepta Mourinho. Pepe no tiene derecho a pedir la venia para hablar de teatreros porque, siendo uno de los mejores defensas del mundo (el número uno en los cortes de balón), cualquier acercamiento suyo al balón provoca murmullo. Su ‘enajenación mental transitoria’ sobre la espalda de Casquero le ha marcado de por vida; es una de esas jugadas que nunca se olvidan, como la cazada de Míchel Salgado al talón de Juninho. A Iniesta le tenemos por chico modélico, siempre evitando las broncas, aunque con un precedente en el serial de exageraciones: en la Liga 2010-11 forzó la expulsión de Amorebieta en San Mamés tras una dura entrada de éste que tampoco merecía la roja. Aquella ‘interpretacion’ le acarreó demasiadas críticas porque hasta entonces su carácter había sido inmaculado. Fue un error que Iniesta no ha repetido, ni siquiera en la jugada a la que se refiere Pepe.

El Madrid no se ha pronunciado porque apoyar públicamente a su jugador sería ir contra el mundo. Mourinho tampoco le ha llamado al orden, indicio claro de que le considera uno de sus soldados más disciplinados. Y mientras el entrenador tenga a Pepe como ejemplo en el vestuario, éste tiene vía libre para jugar y hablar sin miedo al veto. Además, el episodio con Dani Alves en las semifinales de Champions de hace dos temporadas le dieron mucha credibilidad entre todo el madridismo que pensaba que el barcelonista había fingido descaradamente. Entonces, Mou descargó su ira contra el establishment arbitral de la UEFA, y a Pepe se le tomó como un mártir. Pero el lance del último clásico sólo deja una caída más o menos polémica de Iniesta, como fue la de Özil en área azulgrana minutos antes. Pepe, como Juanma López,  soltó ante la prensa lo primero que se le ocurrió; quizá no intuyó que la opinión pública etiquetaría el incidente como el mejor ejemplo de que los pájaros disparan a las escopetas.

 

 

 

Nunca antes el Madrid había perdido tan deliciosamente una liga

Domingo, 17 Abril 2011

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Winston Churchill describió el día D como “la operación más difícil y complicada que jamás tuvo lugar”. Y así, al pie de la letra, preparó el Madrid el clásico. Su actitud sorprendió por simplona y expeditiva, pero no cobarde. Cuenta Valdano que el 5-0 todavía no había cicatrizado y que semejante correctivo le valió a Mourinho para no tener que sonrojarse una vez más. Ésa quizá sea la respuesta al talante de un equipo que urdió un plan meticuloso, aunque bastante arriesgado: porque un gol tempranero del Barça habría hecho pedazos el método del portugués; porque una pequeña grieta en la trinchera blanca o un momento sublime de Messi habrían finiquitado el partido. Pero no, el Barça se enfurruñó en sobar la pelota sin dar el estoque definitivo y el Madrid, motivado por las circunstancias que esta vez propició el árbitro, gritó ‘Gerónimo’ y no le salió del todo mal.

Anoche comenté en la redacción de COPE que las conclusiones del partido serían difíciles de interpretar: ¿de quién fue la victoria moral? Intuyo que para el Madrid porque, tal como dijo Miguel Rico, “el Madrid se fue feliz con el empate y el Barça jodido por no ganar”. Es un buen indicio para el Barça dentro la vorágine que nos falta. Nunca antes el Madrid había perdido tan deliciosamente una liga y esa sensación, lejos de consolar al madridismo, debería ponerle en guardia…hoy, más que nunca, la final de Copa guarda una importancia capital para ellos, obviamente no tanto para los azulgranas con la Liga en el bolsillo. No obstante, el Barça dio la impresión de no meter el reprís suficiente porque se ahogaba en una posesión en balde: ¿mérito de la defensa espartana de Mou? Por supuesto, a eso salió y así le funcionó…¿hay que aplaudirle? Unos dirán que no perdió y otros que no hace muchos años Zidane, Figo y Raúl nunca habrían tolerado en el Bernabeu un comportamiento tan ‘amarrategui’. Chirría que incluso Arbeloa explicara a los medios que para qué quieren la pelota delante del eterno rival. Deduzco que Mourinho y todo el vestuario se saben inferiores y actúan en consecuencia: a un partido como el de Mestalla todo puede suceder, pero a ida y vuelta el Madrid tendrá que poner algo más de iniciativa.

¿Y Pepe? Pues dentro de su paradójica ubicación, fue el mejor junto a Casillas: el mejor desesperando a Xavi e Iniesta; el mejor dirigiendo el plan defensivo, el mejor regañando a sus compañeros y, por supuesto, el mejor dando estopa a diestro y siniestro…¡y encima sin tarjetas! Bien por él y mal por Muñiz Fernández.  Hubo un capitán de la Real Sociedad llamado Loren que empezó de delantero en el Athletic y acabó de central en San Sebastián; no os extrañe que, a la inversa, Pepe pruebe de mediapunta si Mourinho lo considera oportuno. También estaba planeado sacar a Özil si el Madrid no daba para más; su talento volatilizó las intenciones reservonas del Barça con el 0-1 pese a jugar casi sin gasolina, a tenor del grito que le pegó Mou por no ayudar en un contraataque. El alemán ha sembrado otra gran incógnita: ¿usarle cuando el Barça resople o proponerle para un supuesto suicidio en un intento de tutear al mejor equipo del mundo? La Copa será testigo de las intenciones de Mou. Las de Guardiola son evidentes: fútbol control y punto.

El único achaque al Barça es su escasa velocidad de jugadas y movimientos. Ayer Villa tardó casi una hora en recibir un pase en carrera y Messi no encontró socios en la frontal del área para inventar virguerías entre líneas; más que nada, son detalles menores de un equipo que ni se debe inmutar por los propósitos ultradefensivos del Madrid. También eché de menos las cabalgadas de Dani Alves que podían haber desquiciado a Marcelo, claro que con tres barreras por delante el efecto sorpresa del lateral iba a ser nulo. Y, por cierto, detalle feo el que tuvo Messi con la grada, debió ver amarilla y punto. La gracia del lance retrató a Pepe diciéndole al argentino ‘tú estás loco’, quedará de imagen para la posteridad.