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Chelsea a imagen y semejanza de Mourinho

Jueves, 2 Enero 2014

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“No me gustan los jugadores que intentan provocar situaciones y simulan. Y, aunque no sea inglés, defiendo los valores de la Premier League”. Los periodistas que cubrieron la victoria del Chelsea en St. Mary’s Stadium esperaban que José Mourinho reprodujese en rueda de prensa las mismas palabras que le brindó días antes a Luis Suárez, pero esta vez con efecto bumerán hacia a su futbolista Oscar. “El árbitro ha tomado la decisión correcta y Oscar merecía la tarjeta amarilla”, dijo el portugués. Le faltó el matiz gráfico que añadió con el delantero del Liverpool de que “parecía haber recibido un disparo en la espalda”. Pero, claro, en el universo Mou la tarascada de Eto’o a Luis Suárez fue la misma engañifa que el ‘piscinazo’ del brasileño del Chelsea. Y menos mal que el propio Oscar aplacó el cabreo monumental de su entrenador con un pase de gol involuntario y otro tanto, porque el Southampton-Chelsea pintaba a empate y con el protagonista crucificado ante la prensa, previa bronca en el vestuario.

Mourinho ha creado a un Chelsea a imagen y semejanza suya. El periodista de Canal Plus, Gaby Ruiz, fiel comentarista de casi todos los partidos del equipo londinense, expresó un argumento capital durante el Chelsea-Liverpool para entender el porqué de este equipo: la afición rinde pleitesía al portugués por títulos pasados, pero sobre todo porque le ha dado un estilo muy exclusivo en un club sin apenas historia. Por eso, dice Gaby, en un Madrid centenario los planteamientos de Mourinho chocaron de frente desde el inicio, porque jugar con el balón no es un principio básico para el entrenador, ni siquiera se puede llamar principio. Y, de momento, le funciona en su nueva etapa británica. El Chelsea juega con su naturaleza salvaje de intensidad y correr hasta la extenuación. Futbolistas de corte fino como el belga Hazard, Fernando Torres o el mismo Oscar han entendido que para ganarse el favor del entrenador no basta con golear o calibrar un pase de cuarenta metros, deben hartarse a presionar sin balón cubriendo todos los palmos del campo. Sólo así falla el rival.

El portugués trabaja con la tranquilidad balsámica de que en Stamford Bridge nadie osará a pitarle si ordena un repliegue descarado, como en la segunda parte contra el Liverpool. Al revés, la gente le ovaciona por cada decisión, sabiendo que el único interés importante es la victoria. El resto sobra. Sin ir más lejos, hace temporada y media el Chelsea se proclamó campeón de Europa profanando el Allianz Arena en las narices del Bayern; es el recuerdo del público, lejos del fútbol blue que fraguó aquella Champions. La prensa española se deshace en elogios hacia la vocación goleadora del Manchester City de Pellegrini y los bailes de salón que proponen los pupilos gunners de Arsene Wenger. Ambos son las noticias atractivas de la Premier, por eso, el Chelsea vive plácidamente en el rol de tapado, de equipo oscuro que apenas saca quince o veinte segundos de resumen en los telediarios. Es el plan perfecto de Mourinho: ganar sin llamar la atención en el césped, para eso ya está él delante de las cámaras.

Al Chelsea le encanta embarrarse, tanto si recibe al Sunderland como al City. El rival sólo difiere en la cantidad de prevenciones defensivas que tiene que planear. Por ejemplo, colocar a David Luiz, uno de los mejores centrales del momento, en el centro del campo para barrer a los centrocampistas del Liverpool es una genialidad de Mourinho. A Pellegrini casi le cuesta el partido en la jornada anterior y, por eso, Mou tomó nota. Otro caso palmario del axioma de jugar hasta morir es Eto’o, sustituido casi al final de la victoria contra el Liverpool porque casi iba cojeando del tute que se metió arriba y abajo. Su mayor recompensa fue un gol, pero Mou le dio más valor a los 10 o 11 kilómetros que recorrió el camerunés buscando el balón como un rottweiller. Hazard es otra estrella que ha espabilado rápido de la mano de su entrenador: perdido en el limbo cuando su equipo se ponía en plan defensivo, este año se está pegando un buen puñado de esprints cuando pierde un balón. Quizá Juan Mata aún tenga que comprender la sensación de agonizar de cansancio. Es el más talentoso del equipo con la pelota en los pies, pero ya sabe que no es más que un ligerísimo detalle en la mole física que alimenta su entrenador. Ayer se enfadó con el cambio, es entendible, pero casualidad o no, sin él llegaron los goles. A Mata le gusta el fútbol de calma y construcción, justo al contrario que el ‘deconstruído’ de Mourinho. Y por lo visto hasta la fecha, no es nada extraño que el entrenador conciba a Mata como un arma sorpresa para las segundas partes; o sea, de ‘banquillero’ de lujo.

“Algo ha cambiado ya” en la Premier

Jueves, 18 Julio 2013

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Roberto Martínez está entusiasmado con la marabunta española que está arrasando en la Premier League. El flamante entrenador del Everton no se imaginaba ni de coña que, casi dos décadas después de su osadía, la mayoría de futbolistas españoles quedarían prendados de la cultura anglosajona, hasta hace poco incómoda para un latino, y sobre todo, de un producto de marketing tan bien vendido como la Champions League. Porque la liga inglesa no sólo es un reclamo publicitario vendido a gran escala (número uno en ventas en China, Japón y el Sudeste asiático), sino que los mejores jugadores quieren sentir en su carnes el estruendo de The Kopp en Anfield, pisar el ‘Teatro de los sueños’ o codearse con la jet set del barrio de Chelsea. Bobby Martínez todavía se acuerda de la aventura de los ‘Three amigos’ en el Wigan: Juan Seba, del Zaragoza, e Isidro Díaz y él, ambos del Balaguer, decidieron fichar por el Wigan en 1995. Entonces, este equipo jugaba en cuarta división, pero la prensa nacional llamó la atención de los tres españoles que habían desembarcado sin apenas chapurrear el idioma. “No fuimos los primeros”, recuerda Martínez; “me acuerdo que cuando jugaba en el filial del Zaragoza, el primer equipo fichó a Nayim, el ceutí que había estado en el Tottenham cinco temporadas”. Y es verdad, Nayim, el del golazo de la Recopa del 95, flipa en colores cuando recuerda los años en White Hart Lane: “Me salieron varios partidos buenos contra el Arsenal, por eso gusté a la afición”, recalca el ceutí siempre que alguien le pregunta por su carrera en Inglaterra. Él rompió la baraja y, por eso, es justo que se le recuerde como el pionero.

“Llegué a sentirme más solo que la una”, suelta con sinceridad el ‘Chapi’ Ferrer. Fichado por un Chelsea todavía sin la ostentosa influencia de Abramovich, para el ex defensa del Dream Team de Cruyff el idioma fue su particular martillo pilón durante los primeros meses en Londres. Con entrenamientos en inglés y, por supuesto, las charlas, tuvo que espabilar demasiado rápido. Y así lo hizo durante cinco años completos, los que señalaba su contrato. La ventaja que tuvo Ferrer es que él era uno de los mejores laterales derechos en Europa, por lo que no le fue difícil ocupar la titularidad las primeras temporadas. Además, ninguno de sus entrenadores fue británico porque compartió vestuario con Ruud Gullit y los italianos Gianluca Vialli (que hizo de entrenador-jugador) y Claudio Ranieri. Al menos, con estos últimos no tuvo que esconder la precariedad del idioma. Y justo un año después de la salida de Ferrer, el Liverpool cambió para siempre su historia con Mister Rafa (Benítez). Tal ha sido el arraigo del entrenador español con la ciudad y la afición, que aún hoy tiene fijada su residencia oficial en Liverpool, donde vive su familia, Nápoles se intuye como una estancia temporal. La conversión de Benítez de ciudadano español a británico ha sido tan perfecta que, hoy día, en cualquier entrevista se le escapa la muletilla de ‘¿Cómo lo decís vosotros?’ cuando quiere traducir una expresión del inglés al español. Si bien los casos de Nayim, los ’Three Amigos’ y Ferrer fueron peregrinos, Rafa Benítez abrió la puerta a toda esa riada incesante de jugadores que quieren probar la experiencia de Las Islas. Su primer Spanish Liverpool con Xabi Alonso, Luis García, Josemi, Antonio Núñez y Morientes dio para escribir infinitas historias sobre la comuna española que había levantado el técnico en territorio extranjero.

Y si parecía que la fábula española de Liverpool (aderezada también con Pepe Reina y Fernando Torres) jamás se iba a repetir, este verano Michael Laudrup ha repetido tendencia montando un Swansea casi genuinamente español. Gales, país del club, ha sido tomada por siete españoles: los veteranos de un año Michu, Pablo Hernández, Chico Flores y Rangel se encargarán de hacer novatadas a Jordi Amat (Espanyol) y los béticos Pozuelo y Cañas. Durante estos días, Granero podría convertirse en el octavo pasajero, pero eso ya no extrañaría a nadie. Porque los primeros que ven la influencia española allí como algo normal y no una moda son Roberto Martínez, que ha echado broncas a vestuarios casi cien por cien nativos y, por supuesto, Benítez que repitió su toque español en la pasada final de la Europa League con Torres, Mata y Azpilicueta en el once titular del Chelsea campeón. “Algo está cambiando o, mejor dicho, algo ha cambiado de una vez por todas”, sentencia el mister del Everton. Ayer Negredo firmó el contrato de su vida con el Manchester City, hoy un buen puñado de colegas de profesión sueña con hacer lo mismo en la Premier. ¿La Liga española se oxida? Claro que no, pero que no nos quiten a Cristiano o Messi…por si acaso.

Cristiano Ronaldo no debe venir

Domingo, 25 Mayo 2008

O la gente que mueve el mundillo del fútbol  se ha vuelto loca o este deporte reventará como ha sucedido con la acuciante crisis inmobiliaria. Aparte de la decepción del Chikilicuatre en Eurovisión, sólo se habla de un tema: Cristiano Ronaldo, la megaestrella portuguesa por la que el Real Madrid está dispuesto a desembolsar ochenta millones de euros. ¡Sí, sí, ochenta nada más y nada menos! Al cambio, más de trece mil millones de pesetas. Evidentemente, este precio desorbitado no tiene parangón; Zidane costó ocho  kilos menos, aunque el francés ya había demostrado que era el mejor del mundo con un Mundial, una Eurocopa y un Balón de Oro.   

No sé qué se les pasará por la cabeza a los mandamases del Real Madrid pero lo que es seguro es que han perdido el norte. Yo creía que en una entidad tan majestuosa y estructurada como la merengue, las decisiones se pensaban, sopesaban y ejecutaban con frialdad. Pues bien, el asunto ‘Cristiano Ronaldo’ debe ser la excepción. Pagar por el luso tal barbaridad es condenar a un  futbolista con un futuro presuntamente glorioso y me explico: ¿qué chaval de 23 años en su sano juicio soportaría la presión de ser el jugador más caro y mejor pagado del mundo? Después de ver a Ronaldo pasar un trance cuando falló en la tanda de penaltis de la final de la Champions, no estoy seguro de que tenga el carácter impertérrito que se necesitaría en este caso. Fichar a Cristiano Ronaldo no sólo es exagerado sino también pernicioso para la armonía de la que disfruta el madridismo. Traer a una figura internacional y pagarle un sueldo tan desmedido causaría agravios comparativos con otros compañeros, a pesar de que éstos no ostenten el prestigio que tiene el líder del Manchester. Precisamente, los recelos y egoísmos de los ‘galácticos’ mandaron al traste el imperio de Florentino Pérez. Y es ahora, más que nunca, cuando ha vuelto a reinar la humildad y el compañerismo en una plantilla en la que los más expertos, Raúl, Casillas y Guti, son los que han ayudado a digerir aquel desastroso final . Fichar a Cristiano Ronaldo a ese precio es un craso error, sobre todo para el Madrid, que no puede arriesgar parte de su patrimonio económico por un único jugador, sea quien sea. 

Con ochenta millones, el Madrid está en una posición inmejorable para apuntalar el equipo. En Europa hay promesas a las que sólo les falta despuntar en grandes clubes: Huntelaar, del Ajax; Aquilani y De Rossi, de la Roma; Benzema, del Olimpyque de Lyon o Pavlyuchenko, del Spartak de Moscú. Todos ellos están en la agenda de Mijatovic y serían los engranajes perfectos para volver a hacer competitivo al Madrid fuera de España. Eso no quiere decir que Ronaldo no vaya a mejorar al equipo. Sin embargo, hay razones por las que desconfío del crack del United: su actitud dentro y fuera del campo es demasiado egoísta. Cuando juega, es individualista y necesita que sus compañeros se centren en él. Y fuera del campo, su comportamiento no está siendo muy ejemplar. Me parece éticamente desafortunado que el ídolo de Old Trafford mantenga a su afición en vilo con declaraciones ambiguas; que diga a los medios británicos que permanecerá en Inglaterra, y que en Portugal, deje algún resquicio a la esperanza blanca.

Cristiano, no se puede frivolizar con las ilusiones y sentimientos de tus seguidores. No obstante, el fútbol es negocio y  todo responde a una estrategia hábilmente pergeñada por los dueños del United: encarecer el precio de su joya.  El problema para los dirigentes ingleses es que la demora de Cristiano en desvelar su futuro supondrá que su actual club contraoferte las mareantes proposiciones de Ramón Calderón con un cheque en blanco.             

Una vez fue ‘El Niño’…, ahora es ‘The Kid’

Jueves, 13 Marzo 2008

La premonición del Atlético de Madrid sobre Fernando Torres se ha cumplido definitivamente: quien ha sido el valuarte rojiblanco de los últimos años, ha necesitado un equipo puntero para demostrar de qué es capaz, y la verdad es que ‘El Niño’ está siendo la revelación de Inglaterra. Desde el comienzo de la temporada actual, el ariete del Liverpool se ha ido granjeando la fama de jugador resolutivo, oportunista y lo más importante, indispensable en el juego de los reds.

Torres está labrando una proeza inédita en la historia de los futbolistas españoles. Las estadísticas son su aval. A fecha de hoy, Torres ha marcado 26 goles (19 en la Premier, 4 en Liga de Campeones y 3 en la Copa inglesa) en 30 partidos. Con semejantes números, no es de extrañar que la prensa inglesa ya le idolatre. Salvo Césc Fábregas del Arsenal, ningún español había tenido jamás un protagonismo tan determinante en la Liga inglesa. Sin duda, ‘El Niño’, apodado ‘The Kid’ en las Islas, se lo merece con creces y más viniendo del Atlético de Madrid, el club de las venturas y desventuras por excelencia, capaz de lo mejor y lo peor.

No hay muchas estrellas en este deporte que hayan vivido una madurez tan precoz e inoportuna como la de Torres. ‘El Niño’ siempre ha sido la joya más rutilante de la cantera rojiblanca y cuando debutó con el primer equipo, con tan sólo 17 años, el club y la afición vislumbraron su destino inmediatamente: debía ser el futbolista que devolviera la gloria a un patrimonio por entonces sacudido por los escándalos de una gestión administrativa dudosa y que irremisiblemente se ahogó en la Segunda División.

Torres experimentó la extraña sensación de lograr el ascenso a la máxima categoría, pero más que una sensación, era una obligación. A partir de ahí, el club se equivocó con él porque fuera cual fuera el proyecto del Atlético de Madrid, no podía dejarse en manos de un advenedizo de la Liga de las Estrellas. Y ete aquí la paradoja: el Atlético confirió a Torres el aura de estrella pero nunca hizo lo suficiente para rodearle de un equipo competitivo. En consecuencia, los títulos no llegaron y los deseos de Torres de triunfar con sus goles pudieron con su sentimiento atlético.

El Liverpool ha dado a Fernando Torres la oportunidad que buscaba desde hacía tiempo, él la está aprovechando y nosotros, como aficionados, le aplaudimos. Lo que me da rabia es que ‘El Niño’ no haya podido consagrarse en nuestro campeonato y que el Atlético, al que le urge una figura en el vestuario, se esté arrepintiendo de haberlo vendido. Por lo menos, la selección española estará agradecida por volver a tener un aliciente para soñar, quién sabe si con la Eurocopa.