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Nuevos horarios de Liga…¿nuevos formatos de radio?

Martes, 9 Agosto 2011

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“Pido perdón a todos por la cantidad de veces que he anunciado una quiniela que no les había tocado”. Fue el chascarrillo de despedida del maestro Vicente Marco, después de recoger el Premio Ondas por toda su carrera en 1999. Bobby Deglané y él idearon el Carrusel Deportivo en su formato primigenio; sólo ellos apostaron por un programa revolucionario de mediados de los cincuenta, que se encargaría de informar de los partidos de Liga en domingo y no en lunes, como se pretendía entonces. Ésa era la verdadera magia de la radio deportiva, la de contar partidos simultaneando las crónicas por los estadios…y ésa es la gracia que la Liga de hoy pretende borrar de un plumazo. Porque el ansia de vender nuestro campeonato al por mayor ha engendrado la descabellada idea de dar a cada partido un horario exclusivo: un Rayo Vallecano- Mallorca podrá acaparar la misma atención que un Real Madrid-Athletic, por citar dos encuentros de la primera jornada: francamente, no es la manera de darle coba al fútbol. Y resulta que el Rayo-Mallorca se jugará dentro de dos fines a las doce del mediodía para ir ejercitando el huso asiático. Pero, con todo el respeto a ese partido, intuyo que el mercado oriental no reventaría su prime time televisivo.

La radio deportiva nunca deja de recoger muestras de cariño: Matías Prats, presentador de Antena 3, confesó en una entrevista que en sus inicios tenía una voz tímida para contar (y cantar) goles en directo, pero que “la esencia de la radio era la emoción de los carruseles”. Desde luego, con partidos a las cuatro, a las seis, a las ocho…¡y a las diez de la noche del domingo!, se acabaron las rondas informativas en las que un gol en El Sardinero se colaba entre las conexiones de San Mamés y El Madrigal. Y, por descontado, olvidémonos del repaso quinielístico, tan costumbrista como excitante para los que rellenan casillas, tal como recordó Vicente Marco. En consecuencia, las radios deberemos ingeniar formatos nuevos para evitar que un Granada-Osasuna reparta ansiolíticos entre los oyentes. Porque la LFP no lo pone fácil en su afán de convertir cada jornada en una función del Circo del Sol: precisamente, son los ‘partidos de las 5’ en bloque los que daban la misma emoción que Madrid o Barça. Y hace apenas una década, los dos grandes también se incluían en el saco del resto: entonces, sólo había un partido en sábado, en abierto, (más los que debían jugar Champions la semana siguiente) y el de los domingos en Canal Plus.

Además, es obvio que el aficionado del Betis compraría igual su partido de las cinco, que si se jugase a las ocho del sábado. Los operadores de televisión ingresarían por los mismos pinchazos con varios encuentros en el mismo horario, que en uno exclusivo: el secreto de la atención mediática la sirven Real Madrid y Barça, por ese orden según las audiencias de tele. Por de pronto, si la Liga quiere convertirse en un émulo de la superventas Premier League, no debería probar experimentos poco fiables: Inglaterra da su pistoletazo de salida el próximo sábado con seis partidos a las cuatro de la tarde (horario de toda la vida); el Calcio comenzará una semana más tarde que la Liga y juntará  siete partidos el domingo por la noche (allí sí atienden a la información metereológica); en la Bundesliga, un torneo en constante auge, las tres y media de la tarde sabatina sigue siendo la predilecta por la afición y en Francia también se juega el grueso de la jornada en hora única. ¿De verdad que el departamento de marketing de la LFP ha sondeado bien el mercado? Cuesta creerlo.

 

 

Y Cesc se lo está creyendo

Mircoles, 29 Diciembre 2010

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“Tengo muchas dudas que vayamos a ganar algo, Chelsea y Manchester siguen muy fuertes”. Así de taxativo se confesaba Cesc Fábregas a la COPE fuera de antena en una noche otoñal londinense. Entonces, hace más de dos meses, él daba una impresión poco alentadora: no hablaba con pasión de la nueva temporada; es más, su frustración por no haber acabado en el Barça era más que descarada. Intuía que le tocaría otro año de transición, otro más resignado a los experimentos fútiles de su mentor, así nos lo contó en aquella cena de octubre.

Desde luego, nadie de los que estuvimos presentes en esa cita le desmintió o discutió sus conjeturas: sí, era obvio que la Premier pintaba para un nuevo pulso Chelsea-United con los figurantes de siempre. Pero Cesc nos habló con mucha franqueza, pues no nos recibió para soltar la perorata de cualquier futbolista; en eso ya le vi especial. Fábregas  siempre ha crecido más rápido que los de su quinta, y no hablo de su prematuro traslado a Londres con sus consecuentes dificultades idiomáticas, culturales, etc. Si bien maduró a la vera de Patrick Vieira y quedó prendado del halo majestuoso de Henry, pronto le tocó a él también tutelar esa ingente cantidad de niños imberbes a los que Wenger mete por ley en el equipo de los mayores. Quizá sea eso lo que ha frenado la ambición del catalán por alcanzar éxitos más jugosos en clubes con más solera; Wenger supo en su día inocularle ese sentimiento paternalista que se le debe presuponer al ‘profe’ de la escuela gunner. Y Cesc lleva dos años siendo el modelo de la cantera o, por lo menos, intenta interpretar su rol.

Quizá una liga en los últimos tiempos hubiese cambiado el estigma del Arsenal, al que todos los folclóricos admiran pero del que nadie se fía. Cesc está harto de escuchar a aduladores que homenajean su estilo, pero que luego van diciendo que nunca gana nada. Y para mayor escarnio, las estadísticas de los últimos años manifiestan que su equipo está hecho nada más que para primeras vueltas, sin fuelle cuando entra la primavera. Eso es evidente, son los números. Pero esta Premier sabe distinta.

Alexander Song, uno de los discípulos más adelantados de Cesc y peón indiscutible en el once titular, se molesta cuando oye susurros sobre una posible salida de su capitán. Su fe en el español roza la creencia religiosa. Este joven camerunés de 23 añitos es un entusiasta más de la doctrina de Wenger y la puesta en escena encomendada a Fábregas. Prueba de ello fueron sus declaraciones el pasado verano en las que espetó sin titubeos que sólo con su capitán lucharían por el título a finales de temporada. Parecía otro infantilismo más de otro ingenuo más absorto por las quimeras de su entrenador.

Pues bien, la primera vuelta ya ha concluido y el Arsenal ha cumplido con lo estimado: se ha marcado una primera vuelta sobresaliente y está a rebufo del líder, el Manchester. Hasta ahí lo previsto. Pero, insisto, esta edición es diferente, porque el Arsenal ha aprendido a codearse con los aspirantes; sabe a lo que juega y sus ‘peques’ tienen instructores experimentados. El primero es Cesc, pero luego están Van Persie, que jugó precisamente ante su compañero la final de Sudáfrica, y Theo Walcott, quien deslumbró siendo un muchachito por su extraordinaria rapidez, y eso que sólo tiene 21. Después, aparecen secundarios de lujo como Clichy (Barça y Madrid se le han insinuado), Wilshere (una fotocopia cuasi perfecta de Cesc) y Nasri, la ultimísima esperanza de la selección francesa. Todos estos actores se han unido en una causa común: acabar con los tópicos y no sólo aparentando fútbol circense, sino también con esa flema británica que respiran United y Chelsea.  

Y vaya si se lo ha tomado en serio el ‘equipito’ de Cesc. Al Chelsea le dieron antes de ayer un meneo tan antológico, que Abramovich ya ha advertido a Ancelotti a modo de ultimátum. En el campo del City rindieron tributo al fútbol y reivindicaron que los petrodólares aún no se canjean por victorias, y al United no le ganaron de milagro. En resumen, Cesc ha sabido zafarse de quienes le consideraban el  tuerto en el país de los ciegos. Cierto es que la ha tocado la china con el Barça en octavos de Champions, pero el duelo valdrá para calibrar si este Arsenal no va de farol. De momento, en Inglaterra se han dado cuenta de que vaciles, los justos. Y Cesc se lo está creyendo…a pesar de sus palabras en aquella noche londinense.

¿Fútbol a las tres? Yo digo que sí

Jueves, 24 Septiembre 2009

Menos mal. Ya era hora de que alguien dijera sin remilgos que el fútbol español se puede jugar a mediodía. Parecía que los gerifaltes de la Liga habían obviado ciertas nociones de marketing: nuestro campeonato es, junto a la Premier, el mejor del mundo y como tal, hay que venderlo. Esta mañana el director general de nuestro preciado torneo, Francisco Roca, ha desvelado que la LFP contempla fijar partidos a las tres de la tarde para abrirse al mercado asiático. Valiente sugerencia que todavía no llega tarde, porque hoy más que nunca tenemos los iconos publicitarios más solicitados  en los equipos más atractivos. Bueno, quizá el tema de los horarios sí pudo enmendarse antes: Florentino Pérez propuso hace tiempo a la Liga jugar a mediodía para exhibir a sus galácticos desde Pekín a Tokio vía Shanghai.

El fútbol del siglo XXI se ha quitado el corsé chovinista para expandirse por todo el globo. Desde que el Manchester United abriese el melón de las giras asiáticas, un puñado de clubes españoles programa en sus pretemporadas alguna estancia en Asia. Allí son multitud y el fútbol les encandila. No hay más que ver el furor que causan los Cristiano, Kaká, Messi, Torres, Eto’o y compañía por el Extremo Oriente. Y la fatiga que supone para nuestros equipos tragarse miles de kilómetros por un par de bolos veraniegos se ve recompensada por jugosos estipendios. No en vano, las giras se han convertido en un lucrativo negocio que permite amortizar inversiones –Beckham, CR9- y afrontar gastos ordinarios – salarios de jugadores-.

Los folclóricos argumentarán que el fútbol en España camina de la mano de los toros: a las cinco o bien entrada la tarde. Cierto es que nuestras costumbres no comulgan con las anglosajonas, ni siquiera las italianas, pero el fútbol de hoy no está hecho para el graderío sino para los telespectadores. Si no, preguntaos de dónde vienen la mayoría de ingresos de los clubes. Es difícil creer que un Madrid-Barça a las tres no arrasaría en audiencias o abarrotaría el estadio. Claro que sí. Sólo hay que adaptarse a los cambios y son futbolísticos no cuesta nada. Haber traído  a los mejores y más caros jugadores responde a estrategias mercadotécnicas: no basta con meter goles, hay que ser telegénico y entregarse a cualquier público, sea español, chino o americano. Y es en este punto donde la Premier League camina a pasos agigantados.  ¿Fútbol a las tres? Yo digo que sí.  

Los nuevos mecenas del fútbol

Domingo, 7 Septiembre 2008

Francisco de Quevedo declamó una vez: “Poderoso caballero es don dinero/madre, yo al oro me humillo/ él es mi amante y mi amado”. Pues bien, los nuevos dueños del fútbol inglés se han tomado al pie de la letra los versos quevedianos para irrumpir en el mercado mundial con ímpetu furibundo.El último ejemplo ha sido Sulaiman Al-Fahim, jeque árabe que ha sido seducido por los cantos de sirena de la Premier League. Este exagerado inversor no ha tardado un instante en volar de Abu Dabi a Manchester para comprar el equipo menor de la ciudad, el City, y transformarlo en una multinacional. Evidentemente, la venida de Al-Fahim ha conllevado una reserva generosa de lingotes de oro y una chequera ilimitada de petrodólares. ¡Peligro!, la estabilidad del mercado de fichajes, si es que aún existe, puede volver a desmoronarse con el nuevo émulo de Roman Abramovich.

Algo está cambiando en el fútbol moderno. Quizá sea que cada vez es menos fútbol y más negocio.Varios magnates de todo el mundo han decidido invertir en este deporte, toda vez que están ahítos de coches lujosos y vastos inmuebles. Y en el caso de Al-Fahim, el nuevo dueño del Manchester City, receloso de Abramovich por no disponer de un juguete como el del ruso, ha copado la actualidad futbolística con promesas a golpe de talonario. Sus maniobras no han podido resonar más. Primero, se ha mofado del Chelsea fichando a Robinho en el último momento del mercado estival; después, confirmó que habría fichado a Van Nistelrooy con un cheque en blanco; más tarde, anunció una oferta por el codiciado Cristiano Ronaldo de 170 millones de euros para diciembre, y ahora, ha prometido a su entrenador, a Mark Hughes, la friolera de 750 ‘kilos’ para gastar en las próximas tres temporadas. Así que no os extrañe que el City compita por la Liga de Campeones en un par de años.

Real Madrid y Barcelona deberían estar temblando por los efectos volcánicos que han causado los caprichos de Al-Fahim. Y menciono a nuestros dos grandes de España porque mantienen su folclore y continúan siendo patrimonio de sus socios. No nos engañemos, ambos clubes viven de su marca, historia y reputación. Pero los hilos del fútbol actual los maneja el dinero, y éste fluctúa de maravilla en las Islas Británicas. Además, los ingleses son inteligentes: aunque sea persuadiendo a estrellas con un buen puñado de millones, el espectáculo del campeonato inglés se ha magnificado en todo el globo.La Premier League es la liga extranjera mas vista en  Estados Unidos y Asia. Los clubes británicos ingresan cantidades bárbaras por los derechos televisivos, inalcanzables para “la Liga” o el Calcio. Y dudo mucho que los aficionados vayan a cambiar la concepción de sus equipos si les brindan la oportunidad de ver a los mejores futbolistas desde sus tribunas cada domingo. Claro que está que los seguidores se arriesgan a que los nuevos gestores se cansen de sus inversiones. Aunque todo en la vida guarda un mínimo porcentaje de riesgo.