Blogs

Entradas con etiqueta ‘Rafa Benítez’

Disparen al pianista

Lunes, 1 Febrero 2016

1454275355_036681_1454275429_doscolumnas_normal.jpg

Alfombra roja para el Real Madrid. La orgía perfecta para saciarse con un Espanyol hermano, tullido sin Caicedo y Asensio, y demasiado sedoso para dar patadas. Si el antiguo Sarriá fue considerado un ‘Mini Bernabéu’, el coliseo merengue fue un colegio mayor donde el hermano pequeño sufrió la novata anunciada; recibió collejas hasta que el Madrid lo consideró abusivo. Mérito merengue por no vacilar delante de la portería y culpa de Galca por no mentalizar a su vestuario como si no hubiera mañana. El miedo de los socios es que estas goleadas no amortizan la entrada, al menos las segundas partes, porque cualquier resultado que no sea un saco de goles suena tremendista. Y con la distancia tan abismal que ha puesto el Barça por medio, a los blancos sólo le quedan dos salidas: aferrarse a la nueva campaña del ‘Clavo Ardiendo’ del diario AS o utilizar la Liga como banco de pruebas para pelear la Champions. Es el destino del funambulista: un Madrid inseguro sobre el alambre que sólo dispone de un torneo para evitar el abismo. Una bala en la recámara que sí ha sabido utilizar en su historia contemporánea. No en vano, todas las Copas de Europa a color llegaron sin salvavidas.

Y otra semana más dando la barrila con Cristiano Ronaldo. Los mentideros merengues dicen que su obsesión por esculpir su cuerpo de culturista le ha mermado en agilidad y velocidad. Él responde abofeteando todos los argumentos menos uno: hace tiempo que no decide en grandes veladas. Roma y Atleti aclararán si Cristiano es digno de una venta millonaria este verano o merece seguir en la comparación con Leo Messi. Al fin y al cabo, ya hay demasiados madridistas que aplauden sus goles desde la grada y despotrican de él los lunes en la oficina. Es el maniqueísmo que persigue al Madrid: ganar o fracasar; la ‘Undécima’ o el famoso plan renove que acuñó Lorenzo Sanz para dar boleto a Jorge Valdano y comprarle a Fabio Capello una plantilla a su medida. Con los blancos el futuro inmediato es más imprevisible que el de Marty McFly: de repente se puede encontrar en la final de San Siro o escuchando una incesante catarata de entradas y salidas, unas reales y la mayoría inventadas, que para algo es el negocio más rentable del periodismo de este país.

Suena curioso que en noches tan plácidas Rafa Benítez siga siendo el muñeco del pim, pam, pum. Da la sensación de que el vestuario necesita hacerle vudú delante de las cámaras. El último fue, precisamente, Cristiano en MoviStar Plus: “Nos hacía falta trabajar más: la pretemporada no fue buena con muchos viajes”. Tomahawk inteligente al ex entrenador y a la planta noble del Bernabéu, donde se cierran las giras mundiales del clin, clin, caja. Es una rajada a mitad de camino entre la esperpéntica relación de Benítez y sus jugadores, y la eterna ansiedad del presidente por proteger el primer puesto de la Lista Forbes. Mola que Cristiano haya empatizado con nosotros, los periodistas, y suelte recados para apañarnos las tertulias y las conjeturas. Porque, al final, cada español, sea o no merengue, opina de su Real Madrid, con sus culpables y salvadores. Y echar todo el estiércol encima de Rafa (todavía Mister Rafa en Anfield) es la coartada fácil. Disparen al pianista.

Un grupo de colegas

Domingo, 22 Noviembre 2015

madrid_0_barcelona_4.jpg

Gerard Piqué y Dani Alves podrán ser políticamente incorrectos, descarados en las redes sociales e incluso bromistas de mal gusto (que se lo pregunten al Getafe con su fiesta improvisada de Halloween), pero su permanente alarde de buen rollo y cualquier foto que cuelgan con el vestuario medio desnudo después de cada partido insinúan que los futbolistas del Barça son colegas. Esa camaradería la han utilizado tanto para levantar una crisis cáustica, cuando Luis Enrique no tenía buen feeling con la plantilla hace un año natural, como para irse junto al mismo cuerpo técnico a Port Aventura en un día de entrenamiento. Las numerosas comidas, cenas y asados de por medio delatan a un grupo de amigos que se diviertieron en el Santiago Bernabéu y sufrieron juntos en Balaídos. Luis Suárez reconoció que a menudo organizan reuniones familiares con Messi y Neymar; lejos de guerrear en una pelea de egos, las estrellas del Barça actúan como los juveniles que se han ganado una cerveza (o dos) después del partido matinal del domingo. Siempre sonriendo, la troupe azulgrana viaja a los estadios como una panda de amigos en las que Piqué es el alma fiestera y Messi una especie de jefe al que nadie se atreve a incordiar. Neymar desveló la esencia del buen rollo instantes después de ganar en el Vicente Calderón (1-2): “Messi es el líder y luego estamos el resto para ayudar”. Imposible que germine un ‘galacticidio’.

Los jugadores del Real Madrid suelen ir por libre. Sólo en muy contadas ocasiones montan cenas de hermanamiento (así se llaman) y en las redes sociales no son tan alocados. Quizás porque el código interno del club se lo impide o, simplemente, porque no les interesa, cada uno se dedica en cuerpo y alma a sus patrocinadores. Iker Casillas dijo una vez que los jugadores “no tenían por qué tomarse una coca cola después de los entrenamientos”. Cierto. Pero unos amigos que bailan sobre el césped como Billy Elliot en un escenario, jamás morirán por falta de actitud. Y cuando alguien se desanime, el resto le motivará para no alejarse de la manada. Eso no sucede en el vestuario del Madrid. Primero, Benítez titubeó en su respuesta cuando le preguntaron en verano si Cristiano Ronaldo era líder absoluto del proyecto; segundo, la intromisión táctica y mediática de Gareth Bale provoca una colisión con CR7, quien nunca ha halagado en público a la otra mole millonaria del equipo.

Dani Alves tenía una oferta mareante del Paris Saint Germain, pero prefirió quedarse en Barcelona por “su felicidad y la de su familia”. Cristiano coquetea con el mismo club porque considera que su marca comercial necesita nuevos retos, o como estrategia para mejorar por segunda vez un contrato. Mal momento para visitar el despacho del presidente, aunque siempre podrá usar la coartada de que a Messi se lo ampliaron un puñado de veces. La temporada pasada Audi entregó sus coches oficiales a los jugadores de Madrid y Barça en sendos actos: los blancos se lo tomaron como un marrón que se alargó demasiado, mientras que Neymar y Piqué se picaron al volante como si entrenaran para el rally de Cataluña.

Esas sensaciones de colegueo llegan hasta la caseta del jefe. Por ejemplo, Rafa Benítez exprime a sus jugadores incluso en la forma de pegarle al balón (información, no opinión), y Luis Enrique tardó en entender que su Barça funcionaba si él mismo actuaba como otro futbolista pero con ciertos galones. La obsesión del entrenador merengue es ese “equilibrio” que anoche consiguió con ironía: tan desastroso arriba como abajo; Luis Enrique avisó que la lesión de Messi no iba a alterar su hoja de ruta, “¿Sobrevivir hasta enero? De eso nada”. Roberto Carlos solía contar en las entrevistas que un equipo jugaba bien cuando todos se divertían. Ése fue Andres Iniesta, tan soso en sus declaraciones como cachondo en sus botas. A él le ponía “como una moto” el clásico. Lo supimos porque salieron a rueda de prensa durante la semana a contar sus impresiones. En el Madrid todo fue (y es) hermetismo, un búnker para evitar filtraciones. Ninguna arenga para excitar a las masas en momentos tan inciertos. Demasiado bloque de hormigón entre el vestuario y afición.

Buscando a Van Nistelrooy

Lunes, 24 Agosto 2015

Tony Stark tiene demasiado trabajo con su proyecto Iron Man. El traje no está preparado para volar y ni siquiera dispara con la potencia necesaria para intimidar a sus enemigos. “Cuestión de calibración”, le fanfarronea Stark a J.A.R.V.I.S, su ordenador de inteligencia artificial. Rafa Benítez le ha comentado a su cuerpo técnico que el gol llegará más temprano que tarde, cuando las kalashnikov afinen la mirilla. El problema todavía no es psicosomático, basta que el mister saque una docena de balones en un entrenamiento y ponga a sus delanteros a acribillar la portería. En el trofeo Bernabéu las ocasiones fueron clamorosas; en Gijón al portero Cuéllar no le hicieron internacional pero casi. El Madrid quizá sea el equipo que merodea el área con más facilidad, pasmosa en su caso: basta un tomahawk de Cristiano Ronaldo para despertar a la bestia. El Sporting peleó por mantener anestesiado al gigante hasta que la cuenta atrás del partido obligó a los blancos a acelerar sus deberes. Son esos minutos decisivos los que evidencian que una noche aciaga la puede solucionar un nueve puro, de esos que se dejan la cabeza para rematar un microondas, si hace falta. Y el galimatías táctico que aún no ha aclarado Benítez invita a pensar en un sacrificio de CR7. Manu Carreño se preguntaba anoche en Tiempo de Juego por qué un futbolista que genera cuarenta o cincuenta goles desde la banda izquierda, tiene que comerse el marrón del delantero centro. Ésa es la génesis del problema: que nadie del vestuario excepto Jesé quiere enjaularse en el punto de penalti, cuando ser rematador ha sido desde siempre el mayor privilegio de este deporte.

La condición atlética de Cristiano le convierten en el candidato ideal para cubrir una laguna cada vez más oceánica (5 de 9 partidos sin hacer diana). Su salto de Bam Bam Zamorano y esa pegada ambidiestra brutal cazaría cualquier balón que pulule por el área. Mister Rafa tiene una ocasión única para resetear el don de su estrella, ¿pero querrá éste? De repente, la preocupación trasciende del un dibujo táctico que todos entiendan; pronto vendrá a escena el domador de egos. Bale falló en la derecha, como de costumbre, aunque dejó de ser inerte los ratos que cambió a su hábitat natural. El fútbol moderno ha borrado de un plumazo a los extremos, pero el galés camparía a sus anchas por la autopista izquierda, poniendo unos centros que el Bernabéu no experimenta desde la jubilación de Míchel. Entonces, volvería la pescadilla que se muerde la cola: quién sería el desdichado percutor. “¿Es mejor ser temido o respetado? Yo digo: ¿es mucho pedir ambos”, se pregunta Robert Downey Jr. en la primera Iron Man. De toda la vida, en pleno éxtasis o sumido en la crisis más existencial, el Madrid nunca ha traicionado el gol. Había una máxima, una especie de mandamiento mesiánico, que decía que los blancos siempre marcaban. Es lo que temían sus rivales. En apenas una semanas, el nuevo Madrid se ha vuelto pétreo, casi siderúrgico como el Atlético de Simeone. La pequeña gran diferencia es que los rojiblancos sobreviven con una estrategia de laboratorio y Benítez aún fía los goles a la inercia de siempre.

El Molinón echó de menos a un Van Nistelrooy. Y hasta que reaparezca otro, dieciocho equipos de la Liga intentarán copiar el generoso esfuerzo del Sporting. Bravo por Abelardo y su sinfónica defensa que no dejó resquicio alguno delante de Cuéllar; actuaron como espartanos, dejándose la vida palmo a palmo. Sólo la improvisación de Isco y el ímpetu de Cristiano inquietó a un recién ascendido que apenas puede fichar a jugadores a los que pague el salario mínimo de la profesión. Mérito a la enésima potencia. El Madrid sí puede comprar a quien se le antoje; quizá este 0-0 sea la prueba del algodón que dé la razón a Benítez. Pidió un delantero de emergencia y la respuesta en la planta noble fue tajante. No está de más otra visita al despacho del presidente para conseguir temor y respeto. Por si acaso cuela. 

El cortador de césped

Jueves, 30 Julio 2015

1433666772_extras_noticia_foton_7_1.jpg

El Madrid ha fabricado una nueva cortadora de césped. El fantasma de Makelele se ha alargado demasiado porque el casting de sucesores fracasó estrepitosamente: Pablo García, Gravesen, Emerson, los Diarra, Gago, Khedira, Toni Kroos en versión atrofiada…ninguno de ellos, ni siquiera Kroos, entendió la importancia que un día asumió aquel escudero de Zidane que vertebraba y aplacaba el ímpetu desatado de los galácticos. Fue irse Makelele por falta de ‘cariño’ y comenzar el galacticidio del primer proyecto faraónico de Florentino Pérez. El propio Zizou llegó a reconocer en una entrevista en L’Equipe la trascendencia de su compatriota: “La salida de Claude partió por la mitad al equipo. Sin él no sabíamos jugar en bloque”. Precisamente, un bloque de ladrillo cementado es la obsesión de Rafa Benítez. Y si del Bosque juró una vez que el doble pivote era “innegociable” y en su dni le hubiera gustado identificarse con Sergio Busquets, a mister Rafa (apodo eterno en Liverpool) también le va el juego de los destructores. Él es Casemiro, construido en Sao Paulo, adaptado en Valdebebas y fogueado en Oporto, donde Lopetegui llora su pérdida por temor a que se le caiga el castillo de naipes (esto es información, no opinión). Su regreso era una prioridad en primavera para el director general José Ángel Sánchez, quien sabía de antemano que el nuevo entrenador le enrolaría en su ejército sí o sí.

Si han visto los amistosos contra Inter y Milan, y han notado que el dorsal 14 no paraba de correr desde su área hasta el centro del campo como si llevara una pila Duracell, no se sorprendan: Case (así le llama el vestuario) sacrificó una semana de sus vacaciones y contrató un preparador físico para entonarse desde Brasil. Se ha tomado tan en serio la oportunidad del club, que la fase experimental del equipo deja dudas de la titularidad indiscutible de Toni Kroos. Sí, el alemán jugará en el estreno liguero junto a Modric, pero no es un secreto que el campeón del mundo preferiría repartir balones sin chaleco antibalas, liberado del marrón que hace un bulldozer como Casemiro. Al Oporto le extrañó que su centrocampista no fuese titular en la pasada Copa América, sobre todo en una selección brasileña tan metálica como la de Dunga. Con Benítez no habrá sospechas: sus rotaciones son sagradas para evitar la oxidación de esos “mismos once cabrones de siempre” (Toshack dixit). Y en esa tesitura, Casemiro entrará como un carromato.

El empate a cero ante el Milan habría sido una ofensa al espectáculo en cualquier momento de la temporada. Hoy no es más que otro tubo de ensayo para que Benítez reivindique su fútbol de hormigón, muy del gusto de los entrenadores y poco de los espectadores. Porque este Madrid no pretende invocar los contraataques tan letales como alocados que excitaban al Bernabéu; ahora toca un control más riguroso y disciplinado que el de Ancelotti, en el que una pérdida de balón no altere las matemáticas del equipo. Jugar por inercia, ése es el aprendizaje de esta pretemporada. Y en apenas dos semanas, Casemiro ha cumplido los deberes que le han hecho un “hombre” en Oporto.

Real Madrid: Economía de guerra

Sbado, 4 Julio 2015

Economía de guerra en el Real Madrid. La escasez galáctica del mercado y el convencimiento en la planta noble del Bernabéu de que la plantilla diseñada para Ancelotti todavía está preparada para emular al último Barcelona han borrado la obsesión ‘marketiniana’ del presidente. Apenas queda un puñado de futbolistas que pueda abarrotar las gradas en una puesta de largo veraniega. Ni siquiera Rafa Benítez se ha visto con galones para exigir un capricho, simplemente porque el vestuario no lo necesita; y aunque el caso Sergio Ramos acabase explotando como una bomba de neutrones (bastante improbable), el sustituto no tendría ese caché que sólo Florentino Pérez otorga eligiendo a dedo. “No hace falta maquillar la plantilla temporada tras temporada”, dice un actual directivo blanco. A fecha de hoy y sin garantizar la despedida de Iker Casillas, sólo el fichaje de De Gea preocupa en los despachos. Y si Van Gaal le sigue tasando con un P.V.P. descerebrado para cualquier portero, Danilo será el único posible titular que se haga la tradicional foto de caras nuevas con el presidente.

Florentino Pérez es amante de las encuestas entre sus socios y, a propósito de sus respuestas habituales, suele tener claro que la masa social necesita comprar ilusión. Desde que asumió la presidencia en 2000, la política de galáctico por verano se agotó cuando no quedaba ninguna bestia parda por comprar. Fue entonces cuando triunfó en el mercado la clase media con los Diogo, Pablo García, Gravesen, etc. Durante su segundo mandato, tan sólo aplicó la economía de guerra en la última temporada de Mourinho, en la que el portugués solicitó a Luka Modric como si se tratase del quinto elemento. Ángel Cappa recuerda que en su segundo año con Jorge Valdano al  frente del banquillo, pidieron a Ramón Mendoza una intentona “suicida·” por Eric Cantona. Entonces contaban con el pichichi Bam Bam Zamorano y un imberbe Raúl González Blanco, pero la respuesta del difunto presidente fue: “Vamos a por Juan Eduardo Esnáider porque ésta es su casa”. Aquel Madrid campeón de la Liga del 95 acabó en el desguace meses después por “oxidación”, como define Cappa.

El nuevo Madrid suena poco ‘florentinista’, al menos de fachada. El presidente ha aplacado sus ansias empresariales por las nuevas inversiones en una decisión fría y calculadora. El diagnóstico no es el de paciente muerto sino paciente enfermo. Las lesiones musculares han tumbado el castillo de naipes con el que Modric sostenía a un equipo mil millonario (¿se acuerdan de Makelele?). Y al margen del affaire de la portería, en la que un Casillas concentrado y ajeno al runrún de la grada podría competir perfectamente con De Gea, la necesidad primaria es sellar el centro del campo, no tanto con locos creativos (ya están James e Isco) como con picapedreros. A vuela pluma, los nombres que copan los primeros puestos del Ibex del fútbol son Paul Pogba y Arturo Vidal. Pero el francés de cresta histriónica ya ha acordado con la Juve que saldrá en un año hacia Can Barça, con una cláusula de bloqueo por si a Florentino le tienta reventar el mercado a finales de agosto. Vidal también fue sondeado el año pasado, pero su vida disoluta mancharía aquel ‘libro blanco’ de buena conducta que una vez existió. ¿Y quién cubrirá las espaldas a Benzema? El Madrid lo tiene claro: “Si Jesé se pone las pilas…”.  


Thank you, Mister Rafa

Mircoles, 3 Junio 2015

benitez-presentacion-real-madrid.jpg

“¡Gracias Mister Rafa, gracias de corazón!”. Palabras sentidas de Michael Robinson segundos después de que Jerzy Dudek detuviese el penalti decisivo a Shevchenko. La Champions del milagro, en la que el gigante Milan aplastaría al liliputiense Liverpool voló por los aires cuando once futbolistas apesadumbrados entraron en el vestuario con miedo de regresar a casa. “La afición no se lo merece, dad la cara por ellos”, arengó Benítez a sus jugadores. Sólo es un fragmento del secreto mejor guardado de la historia red: la charla textual que estimuló a un equipo hundido para remontar lo imposible. Aquella fue la final de la gratitud porque un grito al unísono recorrería la mítica grada The Kopp para siempre: cualquier aficionado que visite el templo de Anfield no tardará en descubrir una pancarta que rece Thank you, Mister Rafa. Por eso, Liverpool es el hogar familiar y profesional del entrenador madrileño. Y allí acabará cuando se agote en el Real Madrid o el Madrid se canse de él.

Benítez llega a Madrid rebotado por la grandeza del Madrid. La que dicta que ganas o fracasas. Y Ancelotti ha sido la última víctima. El flamante entrenador merengue presenta un nuevo “librillo de estilo” (ocurrencia de Jorge Valdano) que debería mejorar el de Carletto. “Entrenamiento duro, éxito seguro” en el epígrafe 1 (tal como reveló en una entrevista al analista Marcos López); “Quedar segundos es lo mismo que quedar último” en el 2 (entrevista en La Reppublica) y rotaciones en el 3. Sus equipos son expertos en el cuerpo a cuerpo de las eliminatorias directas, aunque esta temporada Dnipro en Europa League y Lazio en Copa italiana hayan amargado su ciclo napolitano. Precisamente, el epígrafe 3 es en el que le ha insistido el club: el pavor a un tercer ‘galacticidio’ por falta de piernas preocupa tanto en la planta noble del Bernabéu, que el ‘entrenador del método’ (así le ha definido Florentino Pérez en su presentación) sabe cómo inyectar el óxido nitroso que una plantilla de tres competiciones necesita al final de temporada. La fama de Sargento de Hierro de Benítez versión Clint Eastwood es la gran incógnita en un vestuario escocido permanente por la lucha de egos. En los cenáculos de la capital ya se murmulla si será capaz de sentar a Gareth Bale cuando el rival sea más esparrin que peso pesado, o si mismamente le cambiará esa posición amorfa en la banda derecha que atasca su misil izquierdo. Quien no admite sospechas es Cristiano Ronaldo, porque la cúpula directiva ya ha advertido al nuevo mister que las rotaciones deben dejar al margen al astro portugués.

Acatadas las sugerencias, Mister Rafa se dedicará estas semanas a ver a sus jugadores, sobre todo los no aptos. Él decidirá si Lucas Silva tiene que foguearse en un equipo de serie B o si Illarramendi tiene talento para suceder a Xabi Alonso. Su predilección por el doble pivote delante de la defensa aumenta exponencialmente las posibilidades de Casemiro, que se fue a Oporto con cara de niño y regresa con cicatrices de guerra. Si algún tornillo no encaja en su maquinaria, no dudará en pedir fichajes sensatos, eso sí, porque en Valencia le trajeron a Canobbio y su respuesta sublime fue “he pedido un sofá y me han traído una lámpara”. Su primera rueda de prensa ha sido demasiado obvia, con respuestas manoseadas como “jugar bien y ganar”. Ancelotti fue más atrevido en el día de su estreno y prometió una “espectacularidad” que logró en momentos inoportunos, los menos útiles de esta temporada. Pero de repente se encuentra de sopetón con el quebradero de cabeza del ‘1’: viene De Gea e Iker tiene contrato. O sale del Madrid o Benítez tendrá que buscar una solución. Aunque sea cual sea, no le temblará la mano. Ni la conciencia. 

La trituradora

Martes, 26 Mayo 2015

ancelotti5-646x330.jpg

 “¿Ancelotti en el minuto 92 estaba más fuera que dentro del Madrid? No, ni yo, que algo también he leído. La temporada era objetivamente buena con un proyecto que acabamos de empezar, con un entrenador nuevo y siete futbolistas que han venido esta temporada. Vamos a seguir mejorándolo, pero necesitamos un poco de tiempo y, sobre todo, de estabilidad”. Florentino Pérez en El Partido de las 12 el pasado 26 de mayo de 2014. El éxtasis de la ‘Décima’ había hipnotizado al presidente que, por un instante, imaginó de veras que Carletto iba a ser el “Ferguson del Madrid”. El trasiego de entrenadores tocaba a su fin con el ‘pacificador’ que había acabado con el manicomio del vestuario. La imagen de Ancelotti en la sala de prensa de Lisboa empapado de champán y coreado por algunos jugadores parecía cambiar esa imagen de trituradora que tanto han temido los entrenadores que han pasado por la silla eléctrica a excepción de José Mourinho. La “estabilidad” proclamada era el comienzo del fin de una picadora de carne llamada Real Madrid. Sin embargo, al club blanco le sucede como al mejor Federer de todos los tiempos (el de hace cuatro o cinco años): cualquier resultado que no sean títulos es fracasar. Y gran parte del madridismo entiende que eso es el adn de la grandeza del Madrid.

Ancelotti ha cometido errores de bulto, de entrenador novato, quizá creyendo que su experiencia y la inercia goleadora del Madrid arrastraría algún título. Al fin y al cabo, en esta ‘Liga de mierda’ (Del Nido dixit) el premio menor es acabar segundo y es complicado que la  Champions te apee antes de cuartos de final. Pero en el informe sobre el técnico ha pesado demasiado la mala dosificación física del equipo, que recordó al desplome del ‘galacticidio’; ubicaciones indefinibles, como el puñetero ‘5’ de Toni Kroos que le ha obligado a jugar como un péndulo en vez de repartir cartas como un crupier; el galimatías táctico de Sergio Ramos en la semifinal contra la Juve y, lo más criticado en la planta noble del Bernabéu, las infinitas lesiones musculares que han lastrado el ritmo competitivo. Y en el trasfondo del escáner al italiano, el pensamiento eterno de Florentino, que no cree en proyectos de entrenadores. Por eso, en su Madrid nunca habrá un Barça de Cruyff o de Guardiola. Ni siquiera de Rijkaard.

Quizá Ancelotti y su buen rollo con el vestuario (no todos, por cierto) merecían una segunda oportunidad, pero el miedo de Florentino a que la grada se hartase del césped y sacase los pañuelos al palco también habrá rondado por su cabeza. Ancelotti gustó hasta que perdió en Mestalla y el proyecto empezó a resquebrajarse. El repaso liguero-copero del Atleti y la decisiva derrota en el Camp Nou provocaron en la masa social ese murmullo del que el presidente suele estar atento a través de sus encuestas internas. Sí, el Madrid había conseguido 22 victorias consecutivas, pero sólo había tumbado al Barça en el Bernabéu. Hace pocas semanas hubo algún directivo que se atrevió a comentar en privado que Fabio Capello habría puesto firmes a unos jugadores extenuados por el kilometraje y la gestión de sus egos. De repente, Cristiano cabreado con el mundo; Isco decepcionado con su suplencia y Casillas pasmado por la furibunda reacción de un sector del Bernabéu. Las pistas que delatan al presidente con los sucesivos despidos del banquillo son claras: el Madrid no necesita un entrenador, sino un gestor de caprichos con guante de seda y que sepa sacar el martillo de vez en cuando. Por eso, Florentino otorgó poderes plenipotenciarios a Mourinho.

De la blandura de Pellegrini al desafiante Mourinho, cambiado éste por el bonachón de Ancelotti para acabar en el táctico y currante Rafa Benítez. Estilos antagónicos que encajan como un molde en este Real Madrid mientras caigan las copas. Alguna, por lo menos. Precisamente, Benítez fue la pedrada de José Ángel Sánchez, brazo ejecutivo y ejecutor de la directiva, en la rentrée de Florentino en 2009. Pesó más la opinión de Jorge Valdano. Y el presidente supo que se había equivocado. Seis temporadas después, ha hecho caso a su máximo hombre de confianza: Benítez entrenará al Madrid….un rato, al menos.

¡Fernando Torres, Atletico’s number nine!

Jueves, 25 Diciembre 2014

fernando-torres.jpg

El ‘profe’ Ortega acabó confesando su nombre tras hacerse el remolón durante unos instantes. “Vale, les puedo decir que el futbolista mejor dotado físicamente que he entrenado ha sido Fernando Torres”, dijo en El partido de las 12. No se trataba de una entrevista mamporrera para sacarle morbo a la actualidad sino una plática (como le gusta decir al preparador físico del Atlético) sobre sus métodos de trabajo con Simeone. “Torres no corre, se desliza sobre el césped casi como si levitase”; no es la primera vez (ni la última) que al ‘Niño’ le caen metáforas sobre su elegante carrera de guepardo que recuerda a la de Nicolas Anelka en sus años prometedores del Arsenal. El ‘profe’ lo explicaba con una sonrisa picarona, como si intuyese ya en octubre que volvería a pulir esa figura del Discóbolo de Mirón que tanto admira. Si era un mensaje encriptado, ninguno de los periodistas presentes en el estudio se percató; pero si era un vaticinio, habrá que dar más la vara a Ortega. El caso es que Fernando Torres regresa con su hinchada, la que nunca le desmitificó, ni siquiera cuando decidió apearse de una experiencia ruinosa la noche que el Barcelona desangró al Atleti en el Calderón (0-6). Entonces, el delantero fuenlabreño decidió poner su talento al servicio de un proyecto seductor, no en España sino en el Spanish Liverpool que Rafa Benítez había puesto tan de moda.

El cambio no admitió sitio para el arrepentimiento. El fútbol vertiginoso y directo de la Premier le dio a Torres borbotones de tinta para dibujar filigranas y goles inimaginables. Al compás de Steve Gerrard y con la batuta reposada de Xabi Alonso, el ‘niño’ se volvió ‘beatlemaniaco’. El contraataque red parecía fabricado a su medida y su galope, al contrario que en el Calderón, sí encontraba delante balones calibrados con escuadra y cartabón. Su dimensión se agigantó tanto que pasó de ser un ídolo de barro en Madrid (aunque en el Atlético nunca lo reconozcan) a uno de carne y hueso; la prueba de que el algodón no engaña se la dio Anfield con ese tributo musical del Fernando Torres Liverpool’s Number Nine. Sí, su club podía presumir de misticismo y rituales únicos, pero no de la fuerza del dinero. La prensa inglesa murmuraba que Torres necesitaba retos y no ritos en clubes más competitivos. Y el Chelsea de Abramovich abría las arcas del tío Gilito cada año para intentar asaltar la Champions. Fue en el mercado invernal de la temporada 2010/2011 cuando, tras un tira y afloja de regateos, el Chelsea puso sobre la mesa una oferta definitiva de cincuenta millones de libras. “Demasiada pasta como para dejarla escapar”, aseguró el legendario Ian Rush, tercer máximo goleador en la historia red. De Merseyside a la opulenta ciudad de entrenamiento de Cobham en el helicóptero privado de Abramovich. Así pisó Torres por primera vez su nuevo club para pasar el pertinente reconocimiento médico.

El desorbitante traspaso le pasó factura o, al menos, pesó en su responsabilidad. De repente, el goleador sufrió una de esas crisis pasajeras de los ‘nueves’ que se alargó en el tiempo. La confianza de los aficionados blues  iba desapareciendo a la misma velocidad que se incrementaban las sospechas de la prensa que cubría el Chelsea. Un solo gol en tres meses sirvió de carnaza para los mordaces tabloides británicos. Y unas declaraciones a la web de la Liga Española en las que dio a entender que su equipo jugaba con tíos muy lentos corrieron como la pólvora en Stamford Bridge. Estuvieses o no malinterpretadas sus palabras, Fernando Torres necesitaba cada gol para reivindicar cada uno de los cincuenta millones invertidos en él. Pero el ‘niño’ siempre ha tenido esa flor que tanto se alaba en Iker Casillas: su segunda temporada con el Chelsea se saldó con la Champions y un gol suyo en el Camp Nou para finiquitar las semifinales. Sus actuaciones eran de banquillero porque Roberto Di Matteo contaba con la presencia intimidante del gigantón Drogba. Un año después y otra vez con Benítez, aunque de forma transitoria, el Chelsea repitió éxito en la Europa League con gol incluido de Torres en la final. Ya no era aquel delantero estilizado y grácil que corría treinta o cuarenta metros como un velocista jamaicano; había ganado corpulencia y se había adaptado forzosamente al fútbol romo y pesado de su equipo. Mourinho no fue la excepción; al revés, sus minutos en el campo escasearon en beneficio de un Samuel Eto’o trabajador y sacrificado.

Torres había vuelto a tomar otra decisión el pasado verano como en 2007: su futuro en el barracón de Mourinho pintaba demasiado grisáceo y un Milan de Mercadona llamó a su puerta. El Calcio exige tiempo para amoldarse a su estruendo físico y el delantero madrileño apenas había entrado en la fase de cortejo. Ni a él le gustaba ni el Milan tampoco ha encontrado el revulsivo exprés que buscaba. Pero la suerte no le ha dado la espalda totalmente: Simeone pidió precio por él en verano y, como adelantó Antonio Ruiz en COPE el pasado 12 de diciembre, el Atlético ha acelerado las gestiones para contratarle este verano. El italiano Cerci ni siquiera ha sido una anécdota, por lo que el todavía mito rojiblanco se batirá el cobre con la tanqueta croata Mandzukic. Dos estilos antagónicos que darán soluciones diferentes al ‘Cholo’. Porque a Koke le da lo mismo poner pases en carrera que centros inteligentes al área. En ambos casos siempre habrá respuesta. El Calderón prepara la alfombra roja para recibir a su ‘niño’ que no llegó a forjarse en un hombre con la misma camiseta. Hace siete años y medio el Atleti le suplicó a él recuperar su dañada historia. Fue una responsabilidad demasiado violenta. Hoy es diferente: Torres vuelve para encontrarse a sí mismo, mirar a los ojos al club de su vida y explicarle por qué se fue y por qué iba a regresar algún día.

La imagen

Jueves, 4 Septiembre 2014

entrenadores.jpg

A Juan José Millás le gusta desentrañar el lado oculto de las cosas escudriñando fotografías en El País Semanal.  Con su pluma ácida, intenta (o no) convencer al lector de cuál sería, a su modo, un mundo mejor. Por eso, en homenaje a su estilo a veces irónico y siempre agresivo, la imagen del selecto cónclave de entrenadores reunido en Nyon esta semana delata por sí mismo a cada personaje. Al más enrollado se le detecta a la legua: Jurgen Klopp nunca oculta esa sonrisa picarona de Joker, medio sarcástica medio vacilona. Disfruta del balón desde la banda del Westfalenstadion tanto como lo hacía con la pizarra magnética de la televisión alemana explicando tácticas que ningún telespectador veía en el Mundial de Sudáfrica. Debajo de él se sienta el padrino del tinglado, Sir Alex Ferguson, que seguirá acudiendo a estas reuniones para justificar su jubilación. Quizá Klopp se pregunte por qué no fue el elegido para el banquillo con más solera de Europa, aunque es más probable (sólo por la rumorología mentirosa del mercado) que mire de reojo al novato que está pegado a Guardiola.

Klopp sonó en las quinielas del Barça, que no de Zubizarreta, pero Luis Enrique es un tipo de la casa, no de La Masía sino proscrito del madridismo. Su resquemor hacia la falta de palabra de Lorenzo Sanz le ayudó a amar rápido a su nuevo club; era de cajón que tarde o temprano lo acabaría entrenando. Y como buen conocedor de la idiosincrasia culé, debía rendir pleitesía al tótem 2.0 de Can Barça; el indiscutible es Cruyff, por supuesto. Luis Enrique se acaba de sentar en la mesa de los aristócratas, aunque deja caer por sus zapatillas que su estereotipo runner y triatleta nada tiene que ver con las siluetas ensanchadas de colegas como Ancelotti o Rafa Benítez. Como los grandes generales norteamericanos, Carletto y Mister Rafa apenas tienen espacio en la solapa para más medallas; han pisado los estadios de toda Europa y el gremio les habla desde un respeto reverencial. Pueden hablar de vinos gran reserva porque ellos los han creado; Luis Enrique, en cambio, todavía no ha pasado la fase de la vendimia. Por lo visto, Herr Pep le ha servido de consigliere. Sigue siendo único y genuino por su éxito meteórico y esas ideas vanguardistas que otros de la foto aún no entienden. Descubrir una conversación táctica entre Guardiola y los otros invitados sería digno del Pulitzer; no obstante, lean Herr Pep (de ahí el apodo) de Martí Perarnau y entenderán su obsesión tremebunda por el estilo.

Míchel también es de los últimos invitados y por eso se coloca en un extremo, para no molestar. Conociéndole, seguro que ha ido más de oyente que de ponente. Emigró a Atenas para encontrar el reconocimiento que le negó España y cada año construye un Olympiacos nuevo con un puñado de euros. Su meta se parece a la original de Simeone, el gran ausente: incordiar a las grandes moles de Europa como una mosca cojonera. Y cuanto más dé la vara en la Champions, mayor será el botín en un banquillo futuro. En el otro extremo, un zorro viejo en este foro. Wenger prefiere aproximarse a Guardiola que a Ancelotti porque lo suyo es mimar el balón hasta descoserlo y fabricar promesas en cadena. El fútbol base es la génesis del Arsenal y, por eso, no habrá perdido la ocasión de susurrar a Platini que más cantera y menos cartera (a pesar de que los gunners presuman de talonario).

Unai Emery tiene pinta de vendedor en la foto; de vendedor de ideas, precisamente. Su gesto es el de un tipo agradecido por la invitación para que le tomen en serio. Y aunque la Europa League no es ninguna broma, los jerifaltes sólo piensan en  modo Champions. Emery huele a revelación, como lo fue André Villas-Boas en el Oporto. No obstante, al ex amigo de Mourinho le quedó demasiado grande el Chelsea y ésa es la sensación que planea sobre Emery. Revelación también lo fue Manuel Pellegrini cuando Riquelme estuvo a punto de meter al Villarreal en la final de las finales. Su carácter discreto le aleja de las bullas, de ahí que no lo moleste en la pose. Quizá si respondiera a la permanente guerra dialéctica de Mourinho, los periodistas ávidos de morbo dejarían de llamarle el ingeniero de caminos.

 

 

 

 

 

“Algo ha cambiado ya” en la Premier

Jueves, 18 Julio 2013

torres.jpg

Roberto Martínez está entusiasmado con la marabunta española que está arrasando en la Premier League. El flamante entrenador del Everton no se imaginaba ni de coña que, casi dos décadas después de su osadía, la mayoría de futbolistas españoles quedarían prendados de la cultura anglosajona, hasta hace poco incómoda para un latino, y sobre todo, de un producto de marketing tan bien vendido como la Champions League. Porque la liga inglesa no sólo es un reclamo publicitario vendido a gran escala (número uno en ventas en China, Japón y el Sudeste asiático), sino que los mejores jugadores quieren sentir en su carnes el estruendo de The Kopp en Anfield, pisar el ‘Teatro de los sueños’ o codearse con la jet set del barrio de Chelsea. Bobby Martínez todavía se acuerda de la aventura de los ‘Three amigos’ en el Wigan: Juan Seba, del Zaragoza, e Isidro Díaz y él, ambos del Balaguer, decidieron fichar por el Wigan en 1995. Entonces, este equipo jugaba en cuarta división, pero la prensa nacional llamó la atención de los tres españoles que habían desembarcado sin apenas chapurrear el idioma. “No fuimos los primeros”, recuerda Martínez; “me acuerdo que cuando jugaba en el filial del Zaragoza, el primer equipo fichó a Nayim, el ceutí que había estado en el Tottenham cinco temporadas”. Y es verdad, Nayim, el del golazo de la Recopa del 95, flipa en colores cuando recuerda los años en White Hart Lane: “Me salieron varios partidos buenos contra el Arsenal, por eso gusté a la afición”, recalca el ceutí siempre que alguien le pregunta por su carrera en Inglaterra. Él rompió la baraja y, por eso, es justo que se le recuerde como el pionero.

“Llegué a sentirme más solo que la una”, suelta con sinceridad el ‘Chapi’ Ferrer. Fichado por un Chelsea todavía sin la ostentosa influencia de Abramovich, para el ex defensa del Dream Team de Cruyff el idioma fue su particular martillo pilón durante los primeros meses en Londres. Con entrenamientos en inglés y, por supuesto, las charlas, tuvo que espabilar demasiado rápido. Y así lo hizo durante cinco años completos, los que señalaba su contrato. La ventaja que tuvo Ferrer es que él era uno de los mejores laterales derechos en Europa, por lo que no le fue difícil ocupar la titularidad las primeras temporadas. Además, ninguno de sus entrenadores fue británico porque compartió vestuario con Ruud Gullit y los italianos Gianluca Vialli (que hizo de entrenador-jugador) y Claudio Ranieri. Al menos, con estos últimos no tuvo que esconder la precariedad del idioma. Y justo un año después de la salida de Ferrer, el Liverpool cambió para siempre su historia con Mister Rafa (Benítez). Tal ha sido el arraigo del entrenador español con la ciudad y la afición, que aún hoy tiene fijada su residencia oficial en Liverpool, donde vive su familia, Nápoles se intuye como una estancia temporal. La conversión de Benítez de ciudadano español a británico ha sido tan perfecta que, hoy día, en cualquier entrevista se le escapa la muletilla de ‘¿Cómo lo decís vosotros?’ cuando quiere traducir una expresión del inglés al español. Si bien los casos de Nayim, los ’Three Amigos’ y Ferrer fueron peregrinos, Rafa Benítez abrió la puerta a toda esa riada incesante de jugadores que quieren probar la experiencia de Las Islas. Su primer Spanish Liverpool con Xabi Alonso, Luis García, Josemi, Antonio Núñez y Morientes dio para escribir infinitas historias sobre la comuna española que había levantado el técnico en territorio extranjero.

Y si parecía que la fábula española de Liverpool (aderezada también con Pepe Reina y Fernando Torres) jamás se iba a repetir, este verano Michael Laudrup ha repetido tendencia montando un Swansea casi genuinamente español. Gales, país del club, ha sido tomada por siete españoles: los veteranos de un año Michu, Pablo Hernández, Chico Flores y Rangel se encargarán de hacer novatadas a Jordi Amat (Espanyol) y los béticos Pozuelo y Cañas. Durante estos días, Granero podría convertirse en el octavo pasajero, pero eso ya no extrañaría a nadie. Porque los primeros que ven la influencia española allí como algo normal y no una moda son Roberto Martínez, que ha echado broncas a vestuarios casi cien por cien nativos y, por supuesto, Benítez que repitió su toque español en la pasada final de la Europa League con Torres, Mata y Azpilicueta en el once titular del Chelsea campeón. “Algo está cambiando o, mejor dicho, algo ha cambiado de una vez por todas”, sentencia el mister del Everton. Ayer Negredo firmó el contrato de su vida con el Manchester City, hoy un buen puñado de colegas de profesión sueña con hacer lo mismo en la Premier. ¿La Liga española se oxida? Claro que no, pero que no nos quiten a Cristiano o Messi…por si acaso.