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‘Simplemente gracias, Mister Rafa’ (Liverpool parte II)

Viernes, 4 Febrero 2011

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Cualquier final de Champions justifica una temporada y así lo entendió Rafa Benítez para escudarse en un buen año 2007. El Liverpool había copiado el guión del 2005 dejando al Chelsea en la cuneta otra vez para regodeo de su afición. Aquella semifinal mitificó a un español, Pepe Reina, que se creció en los penaltis y metió a su equipo en la final de Atenas. El saldo era inimaginable: dos finales, una de ellas ya ganada, en tres temporadas: la divinización de Mister Rafa era casi obvia.

Sin embargo, la revancha fácil del Milan evidenció definitivamente que había que sacar la chequera. La delantera de aquel 2006-07 no daba para más : el holandés Kuyt arreglaba un buen puñado de partidos, pero no era decisivo ; al gigantón Peter Crouch le venían grande las exigencias del entrenador. Un año antes se habían ido Morientes y el francés Cissé. Sopesándolo bien, Rafa reconoció que le faltaba talento para golear. La disyuntiva era clara : Eto’o o Fernando Torres.

A Benítez le tiraba mucho el camerunés, pero las credenciales del Liverpool no podían compararse con las del Barça. En España, Eto’o era venerado por el Camp Nou, a pesar de sus ‘lindezas’ verbales contra  Ronaldinho. La primavera del 2007, cuando Benítez ya había activada la búsqueda del ‘9’, fue dura en el vestuario azulgrana ; el polvorín que habían originado Eto’o y Ronaldinho debía reventar por algún lado, y ahí estaba el Liverpool a la caza. Pero Mister Rafa había creado un ‘Spanish Liverpool’ en el que la convivencia de los jugadores era, sencillamente, envidiable, y el temperamento volátil de Eto’o la podía inflamar. Ya no había dudas : Fernando Torres alcanzaría su madurez en Las Islas.

El periodista Miguel Ángel Méndez, entonces en Onda Madrid, desveló el interés del Liverpool por el ariete madrileño. El resto de la película es archiconocido : el Barcelona sonrojó la historia del Atlético de Madrid con un 0-6 en la penúltima jornada de Liga y la operación se agilizó. Torres quería jugar finales de Champions y el Liverpool le permitiría abanderar nuevos retos más suculentos. Su aclimatación no iba a costar mucho, obvio ; su salida sí: 32 millones de euros. Con Torres también vino Arbeloa, fogueado en el Depor y a la espera de una oportunidad en el Madrid. En consecuencia, Benítez había quedado satisfecho por el esfuerzo de los nuevos dueños, los norteamericanos Tom Hicks y Goerge Gillet.

La temporada del remozado ‘Spanish Liverpool’ no fue tan mala como indicaron los cero títulos. Torres encontró la horma de su zapato en Steve Gerrard y sus goles batieron récords personales : superó al queridísimo Michael Owen con más de treinta goles (en todos los torneos), optó al trofeo de mejor jugador del año (se lo llevó Cristiano) y lo más importante, estuvo a la altura en estadios como San Siro o Stamford Bridge. Aunque, memorable fue su actuación en cuartos de Champions ante el Arsenal con unas cuantas jugadas sublimes, golazo por la escuadra incluido.

Sin haberla ganado en 2008, The Kop se dio cuenta de que la Champions se había convertido en su torneo fetiche : las noches de los martes y miércoles desataron la locura de una afición que por fin reconoció las intenciones de su club : volvían a estar en primera línea, donde nunca debieron marcharse. Mister Rafa y sus ‘Beatles’ españoles habían entrado en una historia centenaria. Hasta Torres se ruboriza aún de su cántico al unísono, ‘Fernando Torres, Liverpool’s number nine’. Lástima que se haya borrado de un plumazo esta semana.

Pero el éxtasis popular escondía inquietudes : los dueños habían amagado con vender sus acciones a los pocos meses de comprarlas. Las habladurías habían trascendido tanto que el cabreo de Benítez fue monumental. Hicks y Gillet ansiaban resultados inminentes, tanto deportivos como en la balanza de pagos. Y la carencia de títulos disparó otro rumor : el del supuesto sustituto de Benítez, Jürgen Klinsmann. El alemán, que residía en Estados Unidos, tenía un perfil más mediático y marketiniano. En definitiva, un gancho muy apetecible para los dueños. Todo quedó en humo, a pesar de que la desavenencia fundamental entre los propietarios y el entrenador era la renovación de este último. Ciertamente, a Benítez lo único que le preocupaba era hacer competitivo al equipo y que los de arriba no se inmiscuyeran en su cometido.

La renovación llegó, al fin, en marzo del 2009. Benítez pasaría a cobrar salario de ‘top’ (como dice Mourinho) y el club se garantizaba un plan deportivo para un lustro más. Además, el segundo puesto en la Premier del 2009 intuía que también había fuelle para acometer un campeonato de regularidad, justo lo que se le había achacado al ‘Spanish Liverpool’. Pero el estatus quo cambió ese verano: a Xabi Alonso le sedujeron los cantos de sirena de Florentino Pérez y su salida descuajeringó la columna vertebral del Liverpool. Hubo otras fuga colateral: Arbeloa también acabó en el Madrid, como él siempre había querido. Y aunque a Benítez le estaban desmontando la plantilla, el problema es que los números rojos de la caja obligaban a un ahorro máximo. Por ello, Hicks y Gillet intentaron contentar al entrenador con Aquilani, un romano que dejaba muchas dudas. Había llegado el principio del fin.

La esencia del ‘Spanish Liverpool’ se desvanecía en los albores de la temporada 2009-10, a pesar de que Torres y Reina intentaron tirar de un carro en el que el líder fáctico, Steve Gerrard, estaba más pendiente de apañar su futuro que de sus propias responsabilidades ‘reds’. La liga fue un calvario y en la Champions el equipo no tuvo la chispa que le había devuelto al pedestal de los mejores. Las insinuaciones de compras accionariales eran tan descaradas, que Benítez se percató de que su renovación había sido un espejismo. Su ruptura con los directivos era irreversible, y la huida de Mourinho del Inter le valió de coartada para no enfurecer a la afición. Ahí acabó la grandiosa aventura de Benítez y de su inolvidable ‘Spanish Liverpool’. Meses después, la salida de Fernando Torres al Chelsea estaba cantada (el equipo no da para más) y en breve Reina también se despedirá de The Kop. Allí quedarán recuerdos sempiternos, allí nació y murió una leyenda. Y como los británicos son agradecidos, siempre repetirán lo que Michael Robinson dijo pasmado tras la proeza de Estambul 2005 : ‘’Simplemente gracias, Mister Rafa’’.

Aquel gol de Luis García… (Liverpool parte I)

Mircoles, 2 Febrero 2011

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Él sí creyó en el reto, a pesar del estruendoso grito popular de Mestalla. Ni siquiera la Liga del 2002 le había servido de póliza de seguro para ganarse al público. Sus métodos tácticos garantizaron victorias casi por inercia, pero el estilo de ellas no colmaba el insaciable apetito de una afición ávida de títulos y, por ende, entretenimiento. Y al igual que Parreira, Valdano o Cúper, tuvo que escuchar aquel ‘¡Vete ya!’ con paciencia estoica. Rafa Benítez dedujo con acierto que la opinión pública nunca reconocería el sobreesfuerzo de su Valencia, un equipo que ignoró el maremoto mediático del ‘galacticidio’ para alzarse con el campeonato del 2004. Tampoco tuvo mucho eco la UEFA de esa misma temporada, o así lo percibió Benítez. Por entonces, el fútbol inglés ya comenzaba a intimidar al Calcio y a la propia España con actores nuevos y sorprendentes: el Chelsea lo había comprado un oligarca ruso y a través de una buena inyección de petrodólares lo había puesto en órbita con Manchester y Arsenal. Era obvio que el Liverpool, por historia y folclore, no podía quedar en antigualla y debía buscar el camino a la regeneración.

Los festejos en el Ayuntamiento de Valencia de mayo de 2004 se silenciaron de golpe cuando Benítez rechazó su renovación. El club le daba más pasta para otros cuatro años, pero el míster lo había sopesado: Inglaterra era un campo huérfano de futbolistas españoles y más de entrenadores. Aparte, él comulgaba más con la idea de ser el mánager absoluto que con estar continuamente a la gresca por un fichaje cualquiera. Y Liverpool fue el destino meditado, el club en el que Benítez intuía que podía emular al inolvidable e irrepetible Bill Shankly. Pero no era fácil porque la tesorería no permitía dispendios exagerados; así que el ojo clínico del español trajo hasta Las Islas a Xabi Alonso, un centrocampista en ciernes de la Real Sociedad; a Luis García, brioso y con ganas de más en el Barça de Rijkaard y Ronaldinho; Antonio Núñez, un canterano del Madrid que apenas olió el primer equipo de Queiroz y Josemi, un lateral correcto del Málaga. Aunque lo más sonado fue todo el plantel de preparadores que llegaron con Benítez (adjuntos, preparadores físicos, de portero, para categorías inferiores, ojeadores, etc).

En un verano, la vida de Benítez había dado un giro inesperado. El Liverpool le había confiado el cometido de devolverle la excelencia y para ello, le dejo hacer y deshacer a su antojo. El equipo adaptó pronto la mecánica del entrenador: un fútbol sencillo y simplón, muy británico. Xabi Alonso fue el español que mejor entendió la idea y junto a Steve Gerrard formaron una medular muy apetecible. Y a pesar de que en la Premier no lograron consistencia, en la Champions sortearon obstáculos hasta plantarse en semifinales contra el Chelsea. Fue en la vuelta y con un gol medio fantasma de Luis García lo que les metió en la gran final veintiún años después. Aquel gol entusiasmó tanto a The Kop, que Benítez, primero, y Xabi y Luis García, después, fueron consideraros héroes. España había encontrado un rinconcito emotivo en la gradería de Anfield. Desde ese momento, los susurros de Spanish Liverpool resonaban por toda la ciudad. Luego vino la gran remontada de Estambul, de la que se han escrito odas, pero de la aún esperamos el texto íntegro de la perorata que Benítez soltó a sus chicos en el intermedio.

A partir de entonces Benítez era Mister Rafa (algo así como un ‘sir’ para Anfield) y su Spanish Liverpool estaba de moda. Sin ser Goliat (los fichajes mareantes se los llevaban ManU y Chelsea), los reds habían pillado el tranquillo a ganar títulos y, claro, Benítez estaba en disposición de pedir. Morientes vino en las navidades del primer año, pero su concurso en Champions con el Madrid no le permitió entrar en la leyenda de Estambul. También ficharon a Pepe Reina, un porterazo al que el Villarreal le venía pequeño. El consuelo fueron la Copa Inglesa, la Community Shield y la Supercopa de Europa; la Champions fue inalcanzable por segunda vez consecutiva, tal como se intuía, y la Premier volvió a ser decepcionante. Lejos de ser una advertencia el fracaso en Liga, al manager le garantizaron confianza absoluta. En Inglaterra, a diferencia de lo que sucede España, sí entendían que un proyecto de tal magnitud requería una etapa experimental. Dos temporadas, y con una Copa de Europa más en las vitrinas, eran un plazo muy corto para que el Spanish Liverpool madurara…se necesitaba más tiempo, más trabajo y, ¿por qué no reconocerlo?, un fichaje a golpe de talonario(CONTINUARÁ MAÑANA)   

The Kop le echará de menos

Domingo, 6 Junio 2010

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The Kop dejará de corear al unísono aquello de Mister Rafa. Y si fuera por la mítica grada, Benítez seguiría siendo otro de los suyos. Pero una pésima temporada, agravada por un trasfondo institucional más que preocupante, ha dilapidado el poco crédito que los dueños del Liverpool habían concedido a su técnico. La afición reconoce el esfuerzo de Rafa; no en vano, él devolvió la gloria europea al Liverpool con aquel discurso mágico que motivó a sus chicos para remontar tres goles al Milan en la final de Champions del 2005.

Pero desde la apoteosis de Estambul, todo han sido problemas para Benítez. Como cualquier otro entrenador que se labra un currículum tan meteórico, Rafa advirtió a su club que milagros como el de aquella noche no se repetirían sin jugadores competitivos. Sin ir más lejos, Dudek fue quien paró el penalti decisivo a Shevchenko y la siguiente temporada fue vendido porque nunca convenció a Benítez. El checo Milan Baros, otra apuesta fuerte de la entidad, tampoco congenió con Benítez. En definitiva, Mister Rafa quiso hacer un plantel a su medida y para ello pidió desembolsos importantes. El reto de la Champions lo había cumplido sin obligación; faltaba una Premier dos décadas después.

Pues bien, en seis años el único fichaje de pedigrí ha sido Fernando Torres. No obstante, ‘el niño’ vino por su hartazgo en el Atlético y sin culminar su madurez futbolística. Pero quitando al delantero madrileño, nunca llegaron más estrellas a Anfield. Bien por falta de liquidez económica o por un proyecto a priori poco ambicioso, las sugerencias (que no exigencias) de Benítez siempre quedaron en papel mojado. Los ingenuos gerifaltes Tom Hicks y George Gillet creyeron que con Steve Gerrard y la mística de Anfield sí podían ganar títulos. Obviamente se equivocaron y, lo que es peor, no quisieron rectificar.

Quizá otra aventura sea lo mejor para el ya ex entrenador del Liverpool. El Inter está muy cerquita de ficharle y su presidente Moratti no es un rico tacaño. O sea que los caprichos del entrenador dejarían de ser utópicos. Además, el Calcio casa muy bien con las tácticas robotizadas y poco atrevidas de Benítez. Y digo lo de robotizadas porque Gerrard dijo en su día que Rafa concebía a los jugadores como piezas de una máquina. El problema es que la sombra de Mourinho es demasiado alargada y todo lo que sea no ganar supondrá un fracaso. Pero Benítez puede con ese lastre y más. Por eso, dejó al Valencia con dos ligas  para fabricar otro campeón; lo consiguió nada más llegar a Liverpool y el resto ya lo conocéis.  

El ‘Atleti de las Islas’

Viernes, 23 Abril 2010

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Si en semifinales de Europa League se enfrentan dos equipos que no juegan a nada, el coñazo puede ser mayúsculo. Así sucedió en el Atlético-Liverpool, que se intuía soporífero y que no ‘defraudó’ a las expectativas. Con partidos tan lamentables como el del Calderón es incomprensible que Rafa Benítez tenga una cotización desorbitada y que cada verano el club fije objetivos grandiosos. Porque al Atleti lo conocemos de sobra, pero es que los ingleses viven de la inspiración de Gerrard, su complicidad con Fernando Torres y ya está. Para colmo, anoche el delantero no jugó y tampoco es muy seguro que se vuelva a poner la camiseta roja. Rectifico, la de ‘La Roja’ desde luego, la del Liverpool ya es otra historia. Es irrebatible que Torres ha madurado allí a pasos agigantados, pero su propósito de besar trofeos tendrá que hacerlo en otro club. Este Liverpool ni quiere ni puede ganar nada, a tenor de talantes como el de ayer.

Y eso que al Atlético le faltaba Tiago, el único que sabe poner cordura a la caterva de mediocampistas que tiene Quique. Su equipo fue valiente y se afanó en buscar el golito. Lo encontró en un desenlace indecente, con una jugada trompicada de Forlán que expresó a la perfección lo que el público habría de aguantar todo el partido. Pero, insisto, conocemos los límites del Atlético, y los propios futbolistas saben hasta dónde se les puede exigir; la sorpresa, lamentable en este caso, fue constatar que el Liverpool es el auténtico ‘Atleti de las Islas’.

A la venerable The Kop le habría resultado más honesto que sus ídolos hubiesen ido a por el partido, aunque hubiesen salido escaldados. De verdad, el partido no mereció la actitud del Liverpool. Sí la del Atlético, que con un puñado de recursos muy mundanos (Assunçao, Raúl García, Jurado….)  y alguno llamativo (Reyes) ha puesto en jaque a los red, obligados a tirar otra vez del misticismo de Anfield. También lo tuvo en su día el Calderón, pero se desvaneció debido a la permanente incertidumbre en la que deambula el club. Futre, Schuster y compañía fueron los últimos custodios de la leyenda indomable de aquel Atlético  que se daba codazos con Madrid y Barça. Hoy, a pesar de media final de UEFA y una de Copa, aquel misticismo no es más que polvo y cenizas.

El gran reto

Domingo, 21 Diciembre 2008

Partidazo en la Champions. El madridismo puede sonreír tras conocer que su equipo se batirá el cobre con el Liverpool de Rafa Benítez. Sin duda, un rival para recurrir a la gloriosa épica que tantas alegrías le ha dado al Madrid en su competición fetiche. El Liverpool es un equipo idóneo porque en estadios como el mítico Anfield es donde el Madrid saca su mística. La buena noticia es que el enemigo de los merengues en octavos no será ni Bayer de Munich ni Juventus, las auténticas bestias negras de la leyenda blanca. Y por supuesto, el morbo lo sirve el ex atlético Fernando Torres, quien querrá resarcir su mal fario con el Madrid en el Santiago Bernabeu. Ésta es la ocasión perfecta para que  ‘The Kid’ resuelva cuentas pendientes con Iker Casillas. De todos modos, dar tanto pábulo al reencuentro de Torres con el Madrid es peligroso. Más que nada porque el jugador indiscutible del Liverpool es Steve Gerrard, el mejor centrocampista del mundo.

Serán dos batallas apasionantes que calibrarán el talento de Juande Ramos. El alivio para los merengues son las fechas y por ello, dos meses son suficientes para que el Madrid recupere su competitividad, si la plaga de lesiones desaparece. El suplicio está claro: la fobia de los octavos de final. Y es que haber caído eliminado cinco veces consecutivas en octavos  supone que el Madrid vaya a ir con pies de plomo. Además, la vitola de favoritos la ostentarán los británicos. O sea que menos presión para los blancos y por tanto, una ayudita más.

Por su parte, el Atlético de Madrid ha tenido mucha suerte, no le suele pasar. El Oporto no parece un enemigo que vaya a inquietar mucho. Su estrella es Lucho González, que el pasado verano estuvo a caballo entre el Valencia y el Real Madrid. No obstante, si la dupla goleadora Forlán – Agüero está acertada, los rojiblancos estarán en cuartos. Aunque del Atleti, ya lo sabéis, puede pasar cualquier cosa.

Donde no se esperan sorpresas ni por asomo es en Lyon- Barça. A los culés les ha caído una de las peritas en dulce del torneo y muy mal lo tienen que hacer para pifiar la eliminatoria. El Lyon vive de sus rentas logradas en los últimos tiempos y de los chispazos de Benzema. La otra figura del equipo, Juninho Pernambucano, ha cumplido 33 años y sólo es útil para lanzar zambombazos de larga distancia.

Y por supuesto, debía haber algún bendecido y ése ha sido el Villarreal. El Panathinaikos se ha clasificado contra todo pronóstico por delante del Inter de Milán y todo lo que le pase después siempre será un premio. Pero que no se descuide el equipo castellonense en El Madrigal, de lo contrario podría pasar las de caín en el infierno griego.