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El fútbol echa de menos a Pedro Chueca

Jueves, 22 Mayo 2014

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“En un día me lo curas o te mato. Eres un fenómeno y me tienes que recuperar”. Pedja Mijatovic sintió un pinchazo en el gemelo durante el penúltimo entrenamiento previo a la final de Amsterdam, pero Pedro Chueca, recuperador por excelencia del Madrid durante muchos años, advirtió al montenegrino que, en condiciones normales, tardaría tres o cuatro días en obrar el milagro. El club ocultó a la opinión pública las molestias de Mijatovic; habría sido un golpe anímico para un madridismo que,  aún sobreexcitado por la final, temía el poderío de esa mole llamada Juve. Un buen puñado de masajes y varias cajas de antiinflamatorios anestesiaron el intenso dolor del gemelo del jugador. Pedja llegó a agobiarse por la cura a contrarreloj; sabía que el Madrid le había fichado para “algo grande” y un maldito dolor muscular no le iba a noquear.

Fernando Hierro también se tumbó en la camilla de Pedro Chueca. Con mil y una cicatrices de guerra, el fisioterapeuta merengue cuidó el chasis del capitán hasta sus últimos coletazos en el Madrid. Machacado por las lesiones, Chueca puso a tono todos sus músculos y le afinó tanto, que Hierro jugó una Copa de Europa imperial en 2002, la de la inolvidable volea de Zidane. Por eso, uno de los primeros agradecimientos de Hierro sobre el césped de Glasgow fue hacia su inseparable Chueca. Su trabajo entre bambalinas ha sido tan decisivo que los pesos pesados siempre le guardarán cariño. Por ejemplo, Raúl González, al que una rotura de menisco en 2005 le obligo a modificar su condición física de base, tal como le gustaba decir a Luis Aragonés. Pedro Chueca sufrió por y con Raúl: intensas jornadas de trote, ejercicios de fuerza y masajes intensos sobre la camilla resetearon el cuerpo triturado del ‘eterno siete’, que fue precoz hasta para quedarse sin gasolina en el cuerpo. Chueca y la famosa cámara de hipoxia marcaron un antes y después en la carrera profesional de Raúl.

Pedro Chueca lleva más de veinte años recuperando futbolistas del Real Madrid. La confianza entre jugador y recuperador es la génesis de una buena puesta a punto, lo dice Chueca y cualquier fisioterapeuta de élite. Por eso, en el fútbol de hoy llama la atención la sospechosa relación entre servicios médicos y jugadores. Chueca no es médico, al igual que Juanjo Brau, el otro gran gurú de los recuperadores en el Barça. Brau ha sido el hombre de confianza de Leo Messi varios años hasta el punto de no dejarle ni a sol ni a sombra, ni siquiera en vacaciones. Debido a la fragilidad muscular que sufrió Messi desde su infancia, el Barça quiso que Brau acompañara a su estrella hasta en las concentraciones de la selección argentina; su trabajo era simplemente imprescindible. Nadie más sabía cuidar a Messi hasta que éste se hartó. Las razones todavía no se han aclarado: la excusa oficial es que Brau ascendió de cargo y sus responsabilidades, por consiguiente, aumentaron; la versión más morbosa apunta a que el crack argentino se hartó del régimen espartano del recuperador, severo pero siempre exitoso.

La semana de la final de Lisboa se está manchando con demasiadas noticias médicas. Ayer se filtró que Diego Costa hizo un viaje relámpago a Belgrado para someterse al tratamiento enigmático de Marijana Kovacevic, una farmacéutica, que no médica, llamada ‘doctora milagro’. Se da por hecho que los servicios médicos del Atlético de Madrid han autorizado a Costa para que la doctora serbia le regenere el tejido muscular con placenta de caballo; de no ser así, habemus lío..y padre, además. Y para rizar el rizo, Arda Turan se ha traído de Turquía a un médico del Fenerbahce para curar su pubalgia, una lesión que no debería precisar de ayudas médicas especiales. Pero ni Diego Costa ni Arda tienen a su disposición un Pedro Chueca o Juanjo Brau de turno, un recuperador de confianza que arriesgue el todo o nada con un futbolista.

Tampoco Cristiano Ronaldo tiene fisio de confianza. Sí dispone de Pedro Chueca, pero esa relación está a una distancia sideral de la que Mijatovic, Hierro y Raúl mantuvieron con el prestigioso recuperador. Cristiano prefiere curar sus lesiones con el médico de confianza de Jorge Mendes, el doctor Noronha de Oporto, a someterse al examen de los galenos del Madrid. El cabreo de CR7 tiene su explicación: los médicos del Madrid no detectaron unas dolencias en el bíceps femoral que sufrió en la víspera de la vuelta contra el Borussia Dortmund y, además, le pasaron la patata caliente en la semifinal contra el Bayern. Jugar (y posiblemente romperse) dependería del futbolista, de ahí que Cristiano se molestara con esa indecisión. Con este panorama, está claro que faltan más ‘Pedros Chuecas’ en el fútbol.

La maldición liguera

Sbado, 10 Mayo 2014

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“La Champions remedia cualquier crisis”. Ésa fue siempre la bendita excusa de Lorenzo Sanz cada vez que los periodistas le preguntaban por los desastres ligueros del Madrid. Sucedió con la ‘Séptima’ y también con la ‘Octava’; y para no traicionar esa curiosa historia merengue, a Florentino Pérez también le persigue la maldición. El madridismo vive en una nebulosa incierta, aferrado a la final de Lisboa y decepcionado tras ver cómo el equipo ha tirado la Liga por el retrete. Y con ese panorama, Ancelotti ha sacado el diván del psicólogo en el vestuario con el único propósito de motivar a unos jugadores alicaídos, los cuales son demasiado conscientes de que Lisboa marca la delgada línea roja que separa un exitazo de temporada de un fracaso sonado. Pero “el Madrid está programado para ganar grandes finales”, dijo un Del Bosque durante la efervescencia de la Champions de Glasgow, la de la inolvidable volea de Zidane. Es la creencia de cualquier aficionado blanco que una la premisa mayor (“El Madrid falla en Liga”) con la menor (“El Madrid juega la final de Champions”) para formar el silogismo más esperado: “El Madrid, campeón de Europa”.

Este pensamiento aristotélico ha regido la historia del club durante su relación contemporánea con Europa. De hecho, Jupp Heynckes fue fulminado el día después de la victoria en Amsterdam por adolecer de mando militar en el vestuario y desistir de pelear por la Liga. En aquella temporada 97-98 los blancos se desengancharon del campeonato la noche que fueron goleados en el Camp Nou por 3-0. El Barça de Rivaldo se lanzó a por el título y en el Madrid nadie desde dentro, ni tampoco la prensa, se atrevieron a levantar el hacha de guerra. Esa misma semana recibían al Bayer Leverkusen con la misión de meterse en semifinales de una Champions que ya no eran tan imposible, a pesar de la supremacía de la Juventus. La presión para Heynckes fue agotadora: quedaba una sola bala en la recámara y, si se fallaba, caos total. La Copa de ese año se resolvió con una vergonzosa eliminación en el Bernabéu contra el Alavés de Segunda División, así que la consigna fue clara: ganar o morir. Treinta y dos años de penurias por el continente supusieron que la grada ignorase los continuos batacazos ligueros en pos de un sueño: el gol de Mijatovic.

“Si no somos capaces de ganar a Rayo Vallecano, Racing y Alavés, cómo vamos a ganar en Old Trafford”. A Roberto Carlos le gustaba arengar a sus compañeros con indirectas mitad hirientes mitad motivadoras. El Madrid de la 99-00 había llegado a estar a dieciséis puntos del Deportivo, líder durante todo el campeonato; sin embargo, en uno de esos arrebatos que les da a los blancos, emprendieron una remontada que les aproximó a sólo cinco puntos. La Liga estaba en el punto de mira y la Champions no invitaba nada al optimismo, sobre todo después de recibir dos correctivos históricos del Bayern Munich con ocho goles encajados en dos partidos. Los cuartos de final emparejaron al Madrid con el temible Manchester United, favorito junto a los bávaros. Y quizá sobreexcitados por un duelo de tan alta alcurnia, el equipo del recién llegado Del Bosque, que sustituyó a JB. Toshack y su “cerdo volando sobre el Bernabéu”, se descentró en el torneo doméstico provocando una auténtica sangría de puntos en Chamartín. Con decir que hasta nueve equipos rascaron un buen resultado del Bernabéu (dato inédito), sobra cualquier otra interpretación. Por eso, aquel mítico taconazo de Fernando Redondo en Manchester sirvió de piedra filosofal para creer en la quimera europea. Los goles del indolente Anelka a Kahn fueron la salvación blanca ante la deriva liguera. Y aquella final de París contra el Valencia debía ganarse por lo civil o lo criminal, de lo contrario el Madrid no habría jugado la Champions del siguiente año.

“No podemos recordar este año por el ‘Centenariazo”. Las palabras de Raúl González fueron entendidas como un dogma de fe en el madridismo. La dolorosa derrota del Bernabéu contra el Depor en la fecha más universal del club reventó los fastos preparados en el estadio. Sin embargo, la gracia de aquella Copa del Rey no fue el título en sí, sino la celebración de una noche centenaria que Florentino había vendido a escala planetaria. El ‘Centenariazo’ devolvió al Madrid a su realidad liguera y, más importante, continental. La eliminación contra el Bayern en la anterior edición motivaron al equipo a recuperar su hegemonía de los últimos tiempos. Pero, una vez perdida la Copa, el presidente blanco exhortó en privado a sus jugadores a ganar los dos títulos. Y a mediados de abril del 2002, la misión era muy palpable. Lideraban el campeonato a falta de cinco jornadas y acababan de noquear al ogro del Bayern, cobrándose su venganza. Entonces, una horrorosa visita a El Sadar y otro bofetón en Anoeta dejaron al Madrid tiritando, y al Valencia a punto de celebrar unas segundas Fallas. Otra Liga al sumidero. Menos mal que la ya legendaria victoria en el Camp Nou en semifinales de Champions expió todas las culpas. De la vaselina de Mcmanaman al ‘voleón’ de Zizou. El Madrid conquistaba su última Copa de Europa y mantenía viva su maldición liguera en años de Champions.

 

Jesé sí nació para jugar en el Bernabéu

Lunes, 17 Febrero 2014

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Suma y sigue. Manolo Sanchís dijo en Tiempo de Juego que el Madrid se jugaba la Liga un domingo cualquiera en Getafe, y sin Cristiano Ronaldo. Pero los blancos cuentan los partidos sin su ‘bicho’ igual que el preso que traza palitos en su celda: uno menos y ya sólo les queda el Elche antes del gran regreso. Paco González comentó una vez que el debate sobre si el Madrid fichaba o no buenos futbolistas se solucionaba de un plumazo: “El Madrid siempre ficha gol”. Era su manera de justificar a Gareth Bale. No obstante, la explicación vale para el saco entero de delanteros: Benzema se está marcando su mejor temporada y, sin embargo, nunca se sacudirá la sospecha de que suele vivir en el limbo. Hasta Jesé, el talentoso novato a quien desde la prensa queremos convertir en un Raúl en potencia, se ha unido a la orgía goleadora de su equipo. Su primer gol le valió la comparativa con José Luis Morales, aquel diminuto delantero que marcó in extremis a Depor y Atleti, y desapareció del mapa; unos cuantos goles más le recordaron a Javier Portillo, cuyo principal (y único) mérito fue evitar la eliminación europea del Madrid galáctico en una noche fría de Dortmund. Y un puñado de partidos después, Jesé sigue provocando muchas noticias, todas buenísimas. Por eso, lejos de tanta hipérbole periodística, el canario dejó de ser un Morales o Portillo de la vida y aún le quedan un montón de galaxias para merecer la mínima comparación el eterno ‘siete’. Simplemente, Jesé anda por buen camino.

El pasado verano Florentino Pérez rechazó todas las ofertas por Jesé haciendo caso a los entrenadores de Valdebebas. “Si se le cuida y mantiene la cabeza bien amueblada, este chico llegará”, suele comentar el presidente en petit comité. Y no le falta razón. Es su canterano de moda, protagonista de varias portadas de Marca, y Ancelotti le mima con tal cariño, que ha entendido a la perfección el mensaje de su jefe. Jesé ha cursado un máster acelerado del buen madridista: pelea y busca goles como un rottweiller y si el balón no entra, aprieta los dientes y a currarse otra jugada. Como buen goleador, no necesita ubicar la portería, tiene las medidas bien aprendidas. Y como buen fajador, apenas le importa si tiene que romper un bloque de hormigón como el de Simeone o defensas de cartón piedra, que las hay y muchas en esta Liga. Quizá sea pronto insinuarlo, pero Jesé es de los que se encienden con el “¡Illa, illa, illa, Juanito, maravilla!”, y eso excita al Bernabéu. Pero la sensación que más regusto da al público merengue es que siempre puede pasar algo en las botas del canario: un regate, un pase de gol o la pelota dentro de la red. Sea o no titular, Jesé lo tiene claro: juega tan rápido como canta en su grupo de rap-reggaeton, Big Flow. Le va la marcha y en el vestuario blanco saben y quieren proteger a la gente valiente. Él lo está demostrando.

La pregunta del millón es qué le sucederá cuando vuelva el santo y seña del grupo. Ancelotti es “entrenador y no un administrador”, como aseguró en Getafe. Bale en forma jugará por decreto, de lo contrario, correrán riadas de tinta sobre el fichaje de los cien (o 91) millones. Y, por supuesto, Carletto, que va conociendo el periodismo español, sabe que una suplencia inopinada de Benzema le asegurará la misma pregunta en cada rueda de prensa. La decisión comodona es dejar a Jesé en el banquillo, y puede que ahora la más inteligente, porque si el canario vuelve al banquillo, clamará por revertir la injusticia de la única forma que le han enseñado en Valdebebas: dejándose eso que tanto aprecia el madridismo y no rajando delante de un micrófono. Precisamente, eso ya lo hizo el año pasado en una concentración de la sub’21 y con la guadaña permanente de José Mourinho sobre todo los estratos del club. Una y no más, aseguró Jesé. Su periodo de aprendizaje sigue su curso.

 

 

 

 

Obús a la cantera

Mircoles, 31 Octubre 2012

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Jorge Valdano no tardó en reunirse con Del Bosque durante sus primeras semanas como entrenador del Real Madrid. Ramón Mendoza le había fichado para dinamitar el Dream Team de Cruyff y para ello, el argentino no sólo moldeó al primer equipo con adquisiciones tan deslumbrantes como Laudrup o Redondo, sino que le sacó las entrañas al club, diseccionando lo que él veía apto en la cantera. Entonces, el actual seleccionador español se encargaba de la dirección de las categorías inferiores en la vieja ciudad deportiva de La Castellana y en septiembre de 1994, al inicio del primer curso liguero de Valdano, convocó una reunión extraordinaria con los chavales más talentosos para que el propio Valdano y su ayudante Ángel Cappa les impartiesen una clase magistral sobre los valores del Madrid. Aquel día en La Castellana acudieron Raúl González, Luis Martínez, García Calvo, Fernando Sanz, Víctor Sánchez del Amo, Sandro, Alberto Rivera, Álvaro Benito y Guti. De todos ellos, a Valdano le constaba, por los informes de Del Bosque, que Raúl era un voraz goleador de 17 años al que cualquier categoría le quedaba pequeña, pero que, por encima de todos, Guti era un prodigio sobrenatural que había llamado la atención de todos sus entrenadores.

Aquella sesión no la olvidarán jamás los invitados, ni siquiera Raúl y Guti, estandartes de la cantera junto a Iker Casillas por muchos años. Han sido el ejemplo más indiscutible de que la fábrica del Madrid saca al mundo futbolistas de primer orden mundial, incluso engendra generaciones estelares como la genuina y legendaria Quinta del Buitre. Pero ayer, de un plumazo, Mourinho volatilizó el trabajo de muchos entrenadores de La Castellana y luego Valdebebas, sirviéndose de un folio. La cantera sí es prolífica; es un hecho incuestionable como indica el estupendo informe de Martí Perarnau que hoy publica MARCA: entre  2011 y 2012 un total de 112 jugadores formados en el Madrid jugaron en Primera, Segunda División o ligas extranjeras. Por tanto, ¿en qué falla el mecanismo? El Madrid ha asumido un modelo de club antagónico al del Barça cuyo leit motiv sigue siendo La Masía. Hubo una vez que Florentino Pérez esperanzó al madridismo con un lema atractivo, Zidanes y Pavones, que a la postre resultó estéril porque coincidió con el principio del ‘galacticidio’. Los últimos supervivientes de aquel descalabro fueron el mismo Pavón y Raúl Bravo, a los que Mourinho citó ayer leyendo su folio.

En una alarde de ventajismo innecesario para quien ostenta el poder omnímodo del club, Mourinho nombró canteranos de la última década que debutaron en el primer equipo para luego ser defenestrados. Indirectamente, el entrenador portugués acusó a sus antecesores de ineptitud con el equipo filial, empezando, sin mentar a nadie, por Del Bosque y siguiendo con Queiroz, Luxemburgo, Capello, Schuster y Pellegrini. Dice que su objetivo no es engordar esa infructuosa lista, pero tampoco aporta soluciones; nombra al defensa Fabinho como jugador con perspectivas optimistas (casualmente, Mou pidió expresamente su fichaje el pasado verano) cuando el Castilla resulta el equipo más goleado de Segunda; se exculpa alegando que sólo es el “manager del primer equipo”, pero José Ángel Sánchez, ejecutivo número uno en la planta noble del Bernabeu, consultó a Mourinho la continuidad de Toril antes de renovarle.

Dentro de esa obsesión por importar el modelo de club británico, Mourinho ha tenido dos años para arreglar las supuestas desviaciones del Castilla. Y como él es el capo, aunque escurra el bulto, uno de sus cometidos debe ser armonizar el fútbol de los equipos filiales. El Barça, por ejemplo, jamás podría perseverar sin un patrón único de juego en todos sus equipos. Pero el Castilla se ha ganado por méritos propios darse tortas en una división tan cruda como la Segunda y, por eso, el talento de Toril no admite sospechas. La pena es que Mourinho haya destapado la caja de los truenos, confirmando sus desavenencias con su homólogo del filial, cuando una reunión privada en Valdebebas podría haber apañado un nuevo comienzo. Bien, entonces el portugués es manager del primer equipo, pero también sigue siendo portavoz de sí mismo delante de las cámaras, más preocupado por sus aciertos personales que por garantizar esa escuela privilegiada que desde tiempos inmemoriales dejó de ser el núcleo del club. Hoy sólo importa la pasta para traer chavales de otros continentes; después, sigue prevaleciendo la pasta. 

Kahn:”Al Madrid le perdió la arrogancia”

Lunes, 16 Abril 2012

“Al Madrid le perdió la arrogancia”. Oliver Kahn se bastaba solo para incendiar a todo el Bernabeu, desde el fondo sur hasta el anfiteatro más alto, popularmente conocida como el ‘gallinero’. No en vano, era considerado el enemigo público número uno del madridismo por su reincidencia de delitos: en la ida de semifinales del 2000, al portero alemán se le ocurrió soltar toda su rabia enseñando cuatro dedos a la grada. El Madrid había ganado por dos goles a cero, pero Kahn estaba seguro que su equipo repetiría las goleadas de la fase de grupos, cuando el Bayern hizo a los blancos un traje con cuatro mamporros en el Bernabeu y otros tantos la siguiente semana en Munich. Afortunadamente para el Madrid, Anelka siguió con su inspiración efímera y un cabezazo suyo allanó el camino de la ‘Octava’. Pero aquella arrogancia que mentó Kahn le costó demasiado caro: la bravuconada fue grabada después de una victoria del Bayern por 2-1 en la ida de cuartos del 2002. A los bávaros les había molestado una rueda de prensa de Raúl en la que el ‘7’ aseguraba saber cómo maniatar al Bayern. Evidentemente, esos duelos arrastraban la consiguiente guerra psicológica.

Las palabras de Kahn fueron el detonador perfecto para que el Bernabeu levantara el hacha de guerra…desde el primer minuto, los decibelios aumentaron exponencialmente cuando el portero o su capitán, Stefan Effenberg, tocaban el balón. Para el Madrid, aquel partido trascendía de la supuesta ‘Novena’ que sí conquistó en esa edición; estaba en juego el honor histórico y la oportunidad de tapar la boca a unos alemanes cuyas fanfarronadas eran más noticiables que el fútbol simplón (pero efectivo) exhibido por Ottmar Hitzfeld. Al final, sucedió lo esperado: el Madrid más jugón se dedicó al balón y las tretas del Bayern en formato de faltas, pérdidas de tiempo y quejas arbitrales se borraron de un plumazo con el primer gol de Helguera. El éxtasis alcanzó su máximo apogeo cuando Guti fusiló a Kahn a bocajarro y con él toda esa ‘arrogancia’ que había servido de carnaza en los días previos.

El resquemor del Bayern le escoció hasta el siguiente cara a cara. Los octavos de la Champions 2003/04 volvieron a cruzar a dos viejos enemigos con cuentas que saldar, si acaso más del Bayern. La hegemonía de los alemanes en la Bundesliga titubeaba debido a un peleón Werder Bremen y, por tanto, Europa era el objetivo para reivindicarse. Enfrente, el Madrid más galáctico que se recuerda, con Zidane dirigiendo el Circo del Sol, Ronaldo emulando a aquella manada de búfalos que un día describió Valdano, y Beckham poniendo en órbita sus explosivas bananas. Sin embargo, el Olympiastadion o quién sabe si la maldición perpetua de Munich descolocaron a un Madrid que apenas puso fútbol de salón y racaneó un empate a uno gracias a la inestimable colaboración de…¡Kahn¡ El portero se comió un libre directo de Roberto Carlos y, claro, las portadas de la prensa española al día siguiente no tuvieron compasión con su personaje mediático favorito. Pero Kahn no fue el único muñeco de pim, pam, pum, porque Claudio Pizarro también se inventó su momento de fama en la previa. “¡Les vamos a meter cinco goles a estos payasos!”, espetó el delantero peruano a unos reporteros españoles que en ese preciso momento entrevistaban a Makaay. Esta vez no fue la opinión pública la que guillotinó a Pizarro después de que el Madrid se llevase la eliminatoria; Roberto Carlos, harto de tanta contención verbal, estalló: “Es mejor ver, oír, reír y callar. Hay que ser inteligente”. Sin duda, otro capítulo imperdible del incunable Bayern-Real Madrid. Y los que quedan.   

De aquel Ushiro-nage…

Lunes, 21 Noviembre 2011

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El diario Superdeporte no ha vuelto a ser tan ocurrente como en aquella jugada del Ushiro-nage de Marchena a Raúl del 15 de febrero de 2004. Entonces, el árbitro Tristante Oliva se inventó un penalti en un forcejeo entre el capitán del Madrid y Marchena, y el Valencia perdió dos puntos en la carrera por el título. Al término del partido, el presidente del Valencia, Jaume Ortí, se desahogó en el micrófono de Canal Plus… “En el Bernabeu no se puede ganar. La Liga ya tiene dueño”.

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Justificando su trabajo

Jueves, 7 Octubre 2010

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Al fin me pude enterar para qué sirve el director deportivo de una selección. Fernando Hierro compartió un día de España en la COPE y quiso resolver las poquitas dudas que planean en un combinado tan perfecto. Por ejemplo, fue directo y al grano para defender un puesto como el suyo: no es que sea un cargo decisivo, sino que es un simple intermediario entre Villar y candidatos al banquillo. Precisamente, el nombre que salió a la palestra cuando Luis Aragonés aireó su hartazgo con la directiva, fue el de Del Bosque. Y no me parece mal que Hierro dejase entrever que el fichaje estuviese medio apañado antes de la Eurocopa; Luis había repetido por activa y por pasiva que su ciclo había caducado.

Dice Hierro que la transición de míster a míster no levantó mucho revuelo. Hombre, un poco estruendoso sí fue, porque Luis se retiró en la gloria y dejó a la junta directiva con la sensación popular de que le habían hecho la faena. De esa ‘transición normal’ se encargó Del Bosque, quien con su temple habitual eludió cualquier insinuación de la prensa.

Quien ha estado poco templado ha sido el padre de Xavi Hernández. El agotamiento físico de su hijo ha sido la excusa perfecta para atacar a Hierro, Del Bosque y cualquiera que sugiera la ubicuidad del capitán del Barça. Xavi está relajándose desde hace días porque, simplemente, está cansado. Hasta ahí todo entendible. Pero si ya estaba extenuado desde que acabó el Mundial, podía habérselo revelado a Del Bosque antes de los periplos por Méjico y Buenos Aires. Claro, hay espectáculos a los que nadie quiere faltar, y estrenar la estrellita en el Monumental vale más que un cansancio de piernas. Sí, Xavi juega una barbaridad de partidos, pero su padre debería opinar en perspectiva e incluir en sus recaditos a Guardiola, que también lo usa para todo. Normal, yo le daría un balón hasta en las sesiones de recuperación.

¿Y qué pasó con Raúl? Quizá un amigo suyo como Hierro no fuera el más idóneo para airear sus desavenencias con Luis. Es obvio que no se llevaron bien y que el ex seleccionador ‘agilizó’ la salida del siete. Pero España le debe una a Raúl, una más por lo menos.

Mourinho tiene su coartada

Martes, 24 Agosto 2010

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Pues de momento Mourinho no parece ese orgulloso y testarudo Luke que tan magistralmente interpretó Paul Newman en la La Leyenda del indomable. Insiste en un delantero para apuntalar, de una vez por todas, la próxima plantilla campeona…no sé de qué, pero Valdano le insinúa que ya basta: los fichajes, unos inciertos y otros más creíbles, deben ser suficientes para zancadillear al Barcelona. Aunque, a tenor de lo visto en la supercopa, Mou va a tener que inventarse alguna perorata motivadora para cumplir con el recado. Es que este Barça sigue siendo buenísimo.

Pero, insisto, Mou todavía no ha emulado a ningún general Patton que comanda a sus tropas con obediencia ciega por la causa. A Benzema le ha tolerado su abulia casi toda la pretemporada, hasta que el otro día se hartó y le mandó espabilar ante el Hércules; tampoco ha montado un cirio a la directiva  por su laxismo con la marcha de Raúl. Éste confesó que Mou le quería de consigliere en el vestuario, pero la petición no ha sido secundada en las oficinas. Y, por último,  el capricho por Maicon pudo resolverse hace semanas con un jugoso cheque, pero el club dejó de insistir cuando el Inter se puso farruco.

En definitiva, a Mourinho le han traído los aperos que el club ha visto necesarios. De otro modo, pocos entendemos que el portugués se resigne a contar sólo con Marcelo y Arbeloa reconvertido para custodiar el lateral izquierdo (Drenthe está más fuera que dentro). Habida cuenta de que al técnico le obsesiona la seguridad, ese flanco podría ser un suplicio en caso de que otra plaga de lesiones asole a la plantilla. Si a estas alturas ya están fuera de combate Pepe, Garay y Albiol, a saber cuántos más visitarán al médico.

También es cierto que, reflexionándolo bien, Mou nunca ha sido un pedigüeño exasperante. El Inter, el suyo, arrasó la temporada pasada con despojos de otros clubes: Sneijder fue despedido del Madrid; Diego Milito venía casi de retiro desde Génova; el Barça se deshizo de Eto’o para evitar contagios y la defensa era una auténtica reliquia con Lucio, Walter Samuel y Zanetti. Vamos, que los más cotizados eran Julio César, el portero, y Maicon. Otra prueba palmaria fueron los antojos de Abramovich por Shevchenko y Ballack, cuando Mou no contó con ellos para casi nada. Él ya tenía su once fetiche que manejaba como quería

Bueno, por lo menos y en el caso casi inimaginable (siempre en tono irónico, claro)  de que el Madrid vuelva a pifiarla,  Mourinho tendrá una buena coartada: “Sólo me trajisteis a Carvalho”.

Raúl y Guti

Mircoles, 28 Julio 2010

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La vida sigue. El triste homenaje a Raúl no ha tenido su merecida trascendencia y el ex capitán vuelve a sonreír en Alemania. Allí ha decidido dar sus últimos coletazos de nivel porque, lejos de retirarse en ligas de coña como la mejicana, árabe o norteamericana, ha apostado por el proyecto ambicioso del Schalke. Por de pronto, en un par de meses estará dando guerra en su querida Champions. No me negaréis que tendría su morbo un duelo con el Madrid; resulta que a los ex madridistas se les da bien hacer la puñeta al equipo blanco, ¿por qué iba a ser Raúl la excepción?

Felix Magath, entrenador del Schalke y máximo (no sé si único) valedor de Raúl se ha obsesionado con el gran capitán. El equipo combatió la temporada pasada con el Bayer por la Bundesliga hasta las últimas jornadas y este año el propósito debe ser el mismo. No obstante y a pesar de que Raúl garantiza esfuerzos denodados, no veo al siete de titular indiscutible. El campeonato alemán no es aquel torneíllo donde el Bayer se paseaba y de vez en cuando asomaban la cabeza Borussia Dortmund o  Leverkusen. La Bundesliga se ha modernizado y ha transformado su fútbol arcaico y plomizo en un estilo tècnico y atractivo. Raúl le puede echar ganas, sí, pero será complicado que coja el ritmo de competición. De todos modos, comenté el día de su despedida que aún puede liar alguna buena, aunque Magath no le exigirá grandes destellos, sino suplir la efectividad del anterior goleador Kevin Kurányi (dieciocho goles en el último año).

Y a todo esto, el eterno colega de Raúl ha aterrizado en Estambul en loor de multitud: quién le iba a decir a Guti que una riada de aficionados le esperaría en el aeropuerto y otra más impresionante le citaría en el estadio del Besiktas. Se ha ido de Madrid con sigilo y ahora se muda a un país que se ajusta muy bien a su estilo ascético. Jugar, jugará y mucho; gane o pierda, le traerá sin cuidado. Le pasa como a Raúl, ambos son treintañeros y no vienen de emprendedores a sus nuevos clubes. Al siete le han hecho una oferta deportiva y económica (sobre todo, lo segundo) más que sugerente; por el contrario,  Guti se ha marchado para evadirse con los paseos por el Bósforo o el  regateo del Gran Bazar. Así es cada cual.

El caso es que el Madrid se ha deshecho de gran parte de su folclore moderno en un pispás y ahora se ha empeñado en crear otra versión más actualizada en la que el entrenador es el protagonista y los jugadores máquinas de hacer dinero, goles y equilibrar balanzas de pagos. Sinceramente, hace bien porque es lo que exige el negocio moderno del fútbol. Quizá Raúl y Guti maduraron en otra época no tan lejana en edad pero sí en esencia.

 

 

Siempre fútbol, sólo fútbol

Lunes, 26 Julio 2010

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Os confieso que no me ha gustado nada la despedida. No esperaba tanta frialdad y tan poca emotividad en su adiós. Parecía que el club había forzado el acto del Bernabéu, como si tuviese que cumplir con Raúl y a otra cosa.  Su salida se ha montado rápido y mal; hasta el propio jugador ha desvelado que Mourinho sí le quería a su lado de consigliere. Pero quizá el capitán no haya encontrado buen talante arriba, en los que mandan. He escuchado atentamente a Florentino y ha soltado el mismo discurso de siempre: el de los valores universales del Madrid y toda esa parafernalia. Incluso, Raúl se ha preparado un agradecimiento muy lineal, sin una pizca de pasión ni improvisación. Porque el sempiterno siete podía haber cautivado a todos sólo con un par de anécdotas, que seguro que guarda un buen puñado de ellas. No en vano, él ha sido el protagonista de la regeneración europea del club; él le devolvió la dichosa universalidad y él calló a los cachondos que se reían con aquel amable viejecito que preguntaba con inocencia lo de “¿El Madrid qué, otra vez campeón de Europa?”.

Pues sí, Raúl nos hizo flipar con tres Champions en un lustro. Los entendidos siempre han concluido que ni chutaba fuerte, ni tenía reprís, ni cabeceaba de maravilla, ni siquiera era un aventajado en el regate. Daba igual: él siempre marcaba. Se inventó la famosa cuchara, le salió el gol del ‘aguanís’ en Tokio y abusó de su pillería, la que le ha convertido en el tío más mediático en tertulias periodísticas y charlas de barra de bar. Después, me quedo con sus vastos números, ¡qué exageración de títulos, goles y premios individuales! No obstante, prefiero recordarle por destellos, momentos gráficos…vamos, sus goles.

Y por encima de todo, ha aceptado estoicamente sus amarguras. Cuando se ha visto obligado a bajar la marcha, lo ha asimilado; intuíamos que su primera suplencia supondría un cataclismo en el Madrid, pues la entendió y se entrenó para evitarla; salió de aquel modo de la selección española y nunca ha armado bulla. Precisamente, Luis Aragonés se hartó en una rueda de prensa del “Raúl sí, Raúl no; Raúl sí, Raúl no…”. El madridista se desmarcó, no entro al trapo y no ha hecho otra cosa  que pensar el fútbol, fútbol y más fútbol. Por algo sigue siendo su profesión.

Deduzco que su precipitada marcha culminará en un fastuoso homenaje cuando acabe su periplo alemán. Pero es que cada detalle en él evidencia que le ponen los desafíos, que son lo suyo. Ahora está a punto de fichar por el Schalke, que jugará la próxima edición de la Champions. No es una osadía decir que a Raúl le queda poca cuerda, aunque si él asegura que le sobran ganas, aún puede liar algo gordo. En Madrid lo ha hecho durante dieciséis años. Insisto, flipad con lo que ha hecho… y lo que le queda.