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El quinto rey del fútbol

Jueves, 7 Mayo 2015

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“Messi es increíble, pero en la mesa de los grandes Pelé es el mejor. Cuando hablo de fútbol yo lo saco a él de la lista, porque era un extraterrestre. Saltaba a cabecear y Rattin, que era altísimo, le llegaba a los huevos. Imposible”. Es el maestro César Menotti en una entrevista para la revista El Gráfico en enero de 2014. Entonces, medio mundo chismorreaba del Leo Messi abatido, cansado, que deambulaba por los campos con grilletes en los pies y arcadas desde el esófago. No era el momento de meterle con calzador en el olimpo de los dioses; no sin haber devuelto a Argentina el carisma que un día le dio a la nación el más grande entre los grandes. Y eso sólo lo conseguiría con una Copa del Mundo. Precisamente, esa instantánea en Maracaná recogiendo con repugnancia e injusticia el trofeo al mejor jugador del Mundial fue la colleja que le hizo espabilar el pasado verano. Leo había vivido dos años incómodos, señalado por su apatía y sin recibir, ni siquiera, una palmadita en la espalda por romper la barrera del sonido durante la gran depresión post Guardiola. La Liga de ‘Tito’ Vilanova la clausuró con 46 goles, pero como si hubiera clavado cien: el Bayern de Heynckes roció al Barça con napalm (7-0, ¿se acuerdan?) y así permanece en la retina. Y el año pasado, con ‘Tata’ Martino, el Titanic chocó frontalmente contra el iceberg: lo que no sabía el Barça es que ese iceberg era Messi. “Si él no corre, el vestuario tampoco lo va a hacer”, dice Menotti.

El pacto de no agresión entre Luis Enrique y Messi es la prueba del algodón de que a los astros no se les puede atar en corto. Una sola genialidad compensa cualquier capricho o pataleta de estrella de rock, y el asturiano se ha esforzado en entenderlo para no ser el entrenador más fugaz que recuerde el club. “El Barça es Messi, es un riesgo pero bendito riesgo”. Lo acepta Bartomeu, no lo quiso entender Sandro Rosell y quiere volver a reivindicarlo como un trofeo propio Joan Laporta. Sí, Neymar pinta a futuro Balón de Oro y Ronaldinho amenazó con levantar una buena pila de ellos, pero ambos rinden pleitesía a la ‘pulga’. El primero porque es su nuevo socio de diabluras, de las que nunca habría imaginado en Brasil; y Ronaldinho desde su retiro dorado en México sigue profesándole admiración vía twitter. La reflexión lapidaria la soltó hace tiempo Roberto de Assis, hermano y representante de la ex estrella azulgrana: “Éste (Messi) la va a liar bien liada”. Tampoco hacía falta ojo clínico para intuirlo. Quizá lo dijo por la resignación de aceptar la caída del juguete roto de su hermano o, más bien, por el trato paternalista (de mago a discípulo) con el que Ronaldinho abrió camino a Messi.

El segundo gol de Messi da lustre a la atrevida comparación de Menotti que todavía mosquea a la iglesia maradoniana (existe de verdad): “Messi está al nivel del mejor Maradona”. Poco a poco esas palabras mayores se empequeñecen, porque sólo D10S es capaz de excitar a un estadio entero y sobreexcitarlo instantes después. Jerome Boateng, que no tiene ninguna culpa de la furia de Messi, está en boca de cualquier tertulia de barra de bar. Le sucedió como a Alkorta en su día con Romario o a Miguel Ángel Nadal con Caminero, defensas que un día contarán a sus nietos sin ningún rubor cómo les rompieron la cadera con arte. Pero en el gol del argentino, el Circo del Sol no llegó en el quiebro sino en la vaselina al gigantón Neuer. La Champions League necesitaba recuperar al mejor Messi desde su exhibición en Wembley contra el Manchester United; y hubo un momento mediado el segundo tiempo que el Bayern logró tejer su telaraña con un tropel de centrocampistas. Entonces apareció el “único e irrepetible” (Iniesta dixit) para repartir dosis de estramonio entre el coro de Guardiola; narcotizada por el primer latigazo de Messi, la mole bávara rezaba para que Messi no pusiera patas arriba el Camp Nou por enésima vez. Las súplicas duraron un chasquido de dedos y Menotti volvía a tener razón, aunque a medias: “Messi puede ser el quinto rey del fútbol”. No puede, lo es.

 

Isco rebate a Iniesta

Lunes, 23 Febrero 2015

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Michael Laudrup salió ovacionado de San Mamés en la noche que Raúl agradeció a Valdano la oportunidad de su vida. El danés resolvió dos mano a mano y puso otro par de esas asistencias sin mirar a Zamorano y al entonces joven canterano. El 0-5 provocó en la grada un cabreo monumental que mutó en aplausos justo en el minuto que Laudrup fue sustituido por Juan Eduardo Esnáider. Las hostilidades históricas del Athletic fueron ignoradas por un público que reconoció la delicatessen danesa con un estruendoso aplauso. Menos imponente pero sí más impactante (de hecho dio la vuelta al mundo) fue ver cómo el Santiago Bernabéu hincaba la rodilla ante la genialidad de Ronaldinho. Él solo empequeñeció al Real Madrid como un gigante entre liliputienses, y aquel socio con bigote canoso y su hijo no tuvieron ningún reparo en aplaudir de pie al astro brasileño. Andrés Iniesta también recibió interminables tributos por su gol eterno en Sudáfrica y, por qué no reconocerlo,  por su plasticidad exclusiva. Si algún aficionado piensa en un jugador español parecido a Oliver y Benji, desde que luego que siempre sale Iniesta. O salía, porque le ha surgido un competidor demasiado precoz para ganarse el favor de aficiones ajenas.

La grada del Martínez Valero estaba esperando su cambio. La compilación de fintas, regates, amagos y pases versión Laudrup que dejó a modo de greatest hits se habría vendido en Elche tanto como el partido del ascenso a Primera del equipo ilicitano. Isco calentó demasiado banquillo la temporada pasada porque “su cabeza no estaba bien amueblada”, o eso dicen desde la planta noble del Bernabéu. Necesitaba macerar su talento, dejarlo campar a sus anchas sin soltarle la correa. Y parece que la tutela de Ancelotti ha funcionado. El malagueño dejó de ser banquillero de lujo la semana que Modric se rompió durante un Italia-Croacia. Pero lejos de recrear un panorama tremendista, Carletto charló con Isco y le sugirió que perdiese el miedo escénico, que se imaginara flirteando con el balón delante de varios anfiteatros como lo hacía en los arrabales de Benalmádena, su municipio natal. Isco entendió que el Bernabéu no aplaudía a los tímidos; al revés, les incordiaba con su murmullo característico. Fue entonces cuando tomó la decisión de separar el grano de la paja, de ser simple y llanamente útil, pero con arte, claro.

Fernando Hierro, asistente de Ancelotti, le ha servido de improvisado consigliere: “A veces dos regates salen mejor que tres y una bicicleta resuelve la jugada mejor que dos”. El madridista sigue siendo una esponja en plena absorción, aprobando doctorados cada domingo y cursando un máster acelerado detrás de otro. El equipo se ha tomado tan en serio su papel de niño prodigio, que apenas le importa lo que se dice en las barras de los bares: el Madrid divierte (y se divierte) con Isco sobre el tapete. Cualquier otra lectura sería mentir al aficionado. “Será el jugador más importante de España”. Palabra de su capitán, Iker Casillas, al que no le cuesta reconocer una realidad cada vez más indiscutible. Con Iniesta en horas bajas, el casting de ilusionistas lo domina el Isco que buscaba Florentino Pérez. En su ansia por comprar Balones de Oro, el presidente, aconsejado por la dirección deportiva, decidió darse un antojo: un talento español que, con la presión adecuada, podría rebatir a sus admirados Iniesta y Xavi Hernández en algunas discusiones. Y lo está consiguiendo. 

Brasil no busca nuevos ‘Ronaldinhos’

Domingo, 6 Julio 2014

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Ronaldinho Gaucho animó el pasado sábado a su selección con un tuit revelador: ‘¡Jugad con ALEGRÍA! Ése ha sido siempre nuestro lema’. Un mensaje de ánimo con una lectura mordaz entre líneas: la canarinha se gusta pero no gusta. Quizá si el Mundial no se celebrase en Brasil, los palos de la prensa terminarían siendo misiles tomahawk; pero para un país con una economía a la deriva sin remedio, el hexacampeonato es el único ansiolítico del pueblo. Ronaldinho es el gran ausente para cualquier país que no sea el suyo, y no porque aún pueda decidir partidos de alta alcurnia, sino por entretener al mundo con un simple pase sin mirar o una filigrana imposible; es decir, todos los detalles del extinto jogo bonito de su selección. Casualmente, el combinado del férreo Scolari jugó su mejor versión durante la primera parte contra Colombia: sin su habitual corsé, Marcelo se pareció a ese lateral izquierdo que sube la banda derecha del Bernabéu con la soltura de un regateador brasileño. Quién sabe si, con un Ronaldinho en el centro, Neymar y Hulk se hubieran desenfrenado.

Si Del Bosque comentó en el Mundial de Sudáfrica que el doble pivote era innegociable, a Scolari habría que practicarle una lobotomía para olvidarse de su pareja de ladrillo y argamasa. Ellos son Paulinho y un irreconocible Fernandinho que, en el Manchester City, parece menos leñero de lo que es con Brasil. Ambos reparten a diestro y siniestro gozando de cualquier bula arbitral (lo contrario sería mentir), pero al fin y al cabo es un estilo ganador, de momento. No obstante el riesgo de ‘Felipao’ es demasiado alto: ganar provocaría un éxtasis duradero hasta Rusia 2018; cualquier otro resultado, incluso el de ser finalista, alimentaría las críticas furibundas en la que sólo habría un culpable: el entrenador. Y no es una simple conjetura sino la opinión generalizada de los periodistas brasileños: “Sin Neymar, ya puede pegarla Hulk, a ver si hay suerte”, dice Luis Monaco del diario Estadao de Sao Paulo; “Brasil se tiene que agarrar al balón parado contra los maestros del balón parado (Alemania)”, explica Miguel Caballero de O Globo. La fractura de Neymar ha derrumbado anímicamente a la selección hasta el extremo de que el periódico La Folha se pregunta en portada ‘Cómo se desmonta maquinaria alemana’.

Quizá suene exagerado escribir que la baja de Thiago Silva dramatiza más la pesadilla brasileña que la ausencia de Neymar. Las razones son de pizarra: el central del Paris Saint Germain avasalla tanto en su área como en la contraria, en una especial de émulo de Fernando Hierro. Si había un jugador que los alemanes debían sostener entre dos era Silva. Y Scolari lo sabe. Desde luego, su misión es evidente: llegar a la final por lo civil o lo criminal. Entonces, nadie echará de menos la poca chispa que le queda a Ronaldinho. Seguro que algunos apasionados creen que tendría más mérito que el Brasil del 70.  Eso es porque el fútbol ha perdido la poca vergüenza que le quedaba y ya todo es comparable. ¡Qué pena!

Simplemente Ronaldinho

Viernes, 16 Mayo 2014

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Ronaldinho fue entrevistado anoche en El partido de las 12 de COPE. De sus respuestas, denota que el fútbol ya no es tan divertido como la vida misma. A sus 34 años no le importa en absoluto haberse quedado fuera de su Mundial, “prefiere irse a Europa a visitar amigos y ver los partidos por la tele”. Ni siquiera le guarda rencor a Guardiola; al revés, su familia es muy amiga de Pere, el hermano de Pep. Y en Barcelona resulta que todavía le queda un buen puñado, entre ellos Leo Messi, a quien considera “presente y futuro del club”. El siguiente artículo de Parada y Gol data del pasado agosto, el día después de que el brasileño se proclamase campeón de la Copa Libertadores 2013:

“Eres un hijo puta por haberte dejado ir y robarnos el placer de verte seguir jugando en el Barça”. En tono cariñoso pero con todo el sentido demoledor del mundo, Guardiola dio a Ronaldinho la extremaunción. Advertido por Joan Laporta, el nuevo entrenador sabía que debía extirpar ciertos cánceres del vestuario para recuperar los anhelados valors y, desde luego, la fumigación debía empezar con el brasileño. Pocos meses antes de la defunción de Rijkaard, el ex presidente Joan Gaspart emprendió una defensa a ultranza del crack azulgrana: “Ronaldinho no está acabado ni mucho menos. Sólo hay que enderezarle”. Sabias palabras aunque nada prácticas, porque el gurú presidencial, Johan Cruyff, ya había inclinado el pulgar hacia abajo: Dinho ya había dado lo mejor de sí en Barcelona y sería mejor recordarle por haber levantado al Bernabeu con aplausos que por su última fotografía sin camiseta, la de la silueta ensanchada. Cruyff sugirió a su amigo Laporta que, a un mes vista para acabar el calvario liguero que culminó con el paseíllo azulgrana al Madrid, la directiva se moviese rápido para hacer un buen negocio con el otrora ídolo de masas en Can Barça.

“Espero triunfar en otro sitio donde me quieran”, espetó Ronaldinho en una entrevista con O’Globo y en medio de la riada de ofertas que llegaban a los despachos de Barcelona. El entonces director deportivo, Txiki Beguiristain, se entusiasmó demasiado con la oferta del Manchester City por 31 millones, porque el jugador prefirió un club con solera como el Milan, que había jugado tres finales de Champions consecutivas casi por inercia. Allí no le faltaría amor, ni de Adriano Galliani, enloquecido el día que comunicó por teléfono móvil a Berlusconi que “¡ya estaba cerrado, estaba cerrado!”, ni del propio primer ministro italiano. Desgraciadamente, ambos pecaron de pardillos, creyendo que el talento de Ronaldinho afloraría simplemente frotando la lámpara; tardaron en comprender que el problema de su flamante estrella era más de diván de psicólogo que de piernas.

Precisamente, Milan no era una ciudad acostumbrada a la vida monacal; al contrario, albergaba las fiestas más selectas para gente demasiado adinerada y, por supuesto, Ronaldinho lo era con sus amistades peligrosas. Después de una primera temporada mediocre en Italia, Dinho  no tuvo al lado ningún tutor que le obligase a enclaustrarse en casa para dejarse la vida en los extenuantes entrenamientos del Calcio; todo lo contrario, se rindió a los encantos de la noche lombarda y de otras ciudades próximas en avión. En octubre de 2009, después de un nefasto comienzo liguero, el diario L’Equipe publicó que Ronaldinho se había corrido una juerga en París con amigos, chicas y litros de champán. Hasta ahí todo correcto, dada la vida disoluta del jugador. Pero la noticia no fue la fiesta parisina en sí, sino que al día siguiente debía jugar contra el Atalanta a las tres de la tarde, horario típico de fútbol italiano. Fue entonces cuando Berlusconi ejerció de líder y le sugirió jurar delante de todo el vestuario de Ancelotti que se tomaría en serio la temporada.

Los niños y a veces los genios irreverentes espabilan mediante guantazos; Ronaldinho no fue una excepción. Sin el físico adecuado para las filigranas de otros tiempos, se dedicó a jugar y con la receta de las asistencias, colocó al Milan en la pelea por el título contra el Inter de Mourinho. Ronnie terminó máximo pasador del Calcio, por lo que había un mínimo resquicio para seguir creyendo en su causa. Sin embargo, sufrió un mazazo duro: el seleccionador nacional Dunga fue demasiado escéptico y decidió no convocarle para el Mundial de Sudáfrica. Rápidamente, la torcida brasileña, que había entendido los esfuerzos hercúleos de su ídolo por recuperar su versión fantástica, se movilizó contra el entrenador. Pero Dunga no cambió de opinión a pesar de la presión social, a lo que Ronaldinho respondió con un desafiante: “Un día te callaré la boca a ti y a otros muchos”.

Cuatro años después, Ronaldinho se ha reído de todos sus críticos, que no sólo se frotaron las manos para atizar a Dinho en su declive milanista sino también durante su controvertida etapa en el Flamengo. Allí su club llegó al límite dantesco de anunciar un teléfono de emergencias para todos los aficionados que viesen o tuviesen pruebas de que Ronaldinho había estado de fiesta. Desde luego, Brasil no era el país idóneo si el mediapunta pensaba resetear su vida. Al final, no hicieron falta ni consejeros aduladores ni psicólogos con ínfulas de sabios filósofos, sino un club humilde, el Atlético Mineiro, con un entrenador más sencillo aún, CucaA él se abrazó Dinho la noche que conquistaron la Copa Libertadores del año pasado y a él agradeció “reencontrarse como futbolista”.  Quizá esté viejo, pero el seleccionador Scolari debió pensárselo dos veces antes de anunciar la lista del Mundial. “Decían que estaba acabado”, soltó después de abrazarse a Cuca. Es lo que sigue creyendo un Felipao que prefiere cemento armado en la canarinha a resquicios del mejor talento que ha dado Brasil desde la retirada de Ronaldo, ‘el fenómeno’. Cuestión de gustos…¿cuestión de errores?

La penúltima de Ronaldinho

Jueves, 1 Agosto 2013

“Eres un hijo de puta por haberte dejado ir y robarnos el placer de verte seguir jugando en el Barça”. En tono cariñoso pero con todo el sentido demoledor del mundo, Guardiola dio a Ronaldinho la extremaunción. Porque, advertido por Laporta, el nuevo entrenador sabía que debía extirpar ciertos cánceres del vestuario para recuperar los anhelados valors y, desde luego, la fumigación debía empezar con el brasileño. Pocos meses antes de la defunción de Rijkaard, el ex presidente Joan Gaspart emprendió una defensa a ultranza del crack azulgrana: “Ronaldinho no está acabado ni mucho menos. Sólo hay que enderezarle”. Sabias palabras aunque nada prácticas, porque el gurú presidencial, Johan Cruyff, ya había inclinado el pulgar hacia abajo: Dinho ya había dado lo mejor de sí en Barcelona y sería mejor recordarle por haber levantado al Bernabeu con aplausos que por su última fotografía sin camiseta, la de la silueta ensanchada. Cruyff sugirió a su amigo Laporta que a un mes vista para acabar el calvario liguero que culminó con el paseíllo azulgrana al Madrid, la directiva debía moverse rápido para hacer un buen negocio con el otrora ídolo de masas en Can Barça.

“Espero triunfar en otro sitio donde me quieran”, espetó Ronaldinho en una entrevista con O’Globo y en medio de la riada de ofertas que llegaban a los despachos de Barcelona. El entonces director deportivo, Txiki Beguiristain, se entusiasmó con la oferta del Manchester City por 31 millones, pero el jugador prefirió el Milan, un equipo que había jugado tres finales de Champions consecutivas casi por inercia y donde no le faltaría amor, ni de Adriano Galliani, enloquecido el día que comunicó por teléfono móvil a Berlusconi que “¡ya estaba cerrado, estaba cerrado!”, ni del propio primer ministro italiano. Ambos pecaron de pardillos, creyendo que el talento de Ronaldinho afloraría simplemente frotando la lámpara; tardaron en comprender que el problema de su flamante estrella era más de diván de psicólogo que de piernas. Y, precisamente, Milan no era una ciudad acostumbrada a la vida monacal; al contrario, albergaba las fiestas más selectas para gente demasiado adinerada y, por supuesto, él lo era con sus amistades peligrosas. Después de una primera temporada mediocre en Italia, Dinho no tuvo al lado ningún tutor que le obligase a enclaustrarse en casa para dejarse la vida en los extenuantes entrenamientos del Calcio; todo lo contrario, se rindió a los encantos de la noche lombarda y de otras ciudades próximas en avión. En octubre de 2009, después de un nefasto comienzo liguero, el diario L’Equipe publicó que Ronaldinho se había corrido una juerga en París con amigos, chicas y litros de champán. Hasta ahí todo correcto, dada la vida disoluta del jugador. Pero la noticia no fue la fiesta parisina en sí, sino que al día siguiente debía jugar contra el Atalanta a las tres de la tarde, horario típico de fútbol italiano. Fue entonces cuando Berlusconi ejerció de líder y le sugirió jurar delante de todo el vestuario de Ancelotti que se tomaría en serio la temporada.

Los niños y a veces los genios irreverentes espabilan mediante guantazos; Ronaldinho no fue una excepción. Sin el físico adecuado para las filigranas de otros tiempos, se dedicó a jugar y con la receta de las asistencias, colocó al Milan en la pelea por el título contra el Inter de Mourinho. Ronnie terminó máximo pasador del Calcio, por lo que había un mínimo resquicio para seguir creyendo en su causa. Sin embargo, sufrió un mazazo duro: el seleccionador nacional Dunga fue demasiado escéptico y decidió no convocarle para el Mundial de Sudáfrica. Rápidamente, la torcida brasileña, que había entendido los esfuerzos hercúleos de su ídolo por recuperar su versión fantástica, se movilizó contra el entrenador. Pero Dunga no cambió de opinión a pesar de la presión social, a lo que Ronaldinho respondió con un desafiante: “Un día te callaré la boca a ti y a otros muchos”.

Pues tres años ha tenido que esperar para vengarse de todos sus críticos, que no sólo se habían frotado las manos para atizar a Dinho en su declive milanista sino también durante su controvertida etapa en el Flamengo, en la que el club llegó al límite dantesco de anunciar un teléfono de emergencias para todos los aficionados que viesen o tuviesen pruebas de que Ronaldinho había estado de fiesta. Desde luego, Brasil no era el país idóneo si el mediapunta pensaba resetear su vida. Pero, al final, no han hecho falta ni consejeros aduladores ni psicólogos con ínfulas de sabios filósofos, sino un club humilde, el Atlético Mineiro, con un entrenador más sencillo aún, Cuca. A él se abrazó Dinho la noche que conquistaron la Copa Libertadores y a él agradeció “reencontrarse como futbolista”. Sin duda, y con el permiso de Neymar, el Mineiro ha sacado a la palestra al mejor jugador de los últimos tiempos que compite allí. Ahora tiene 33 años, nunca recuperará su figura estilizada, pero sí ha encontrado lo más importante: aquella sonrisa con la que nos deleitaba mientras hacía las veces de ilusionista con un balón. Quizá esté viejo, pero el seleccionador Scolari deberá pensárselo dos veces antes de anunciar la lista del Mundial. “Decían que estaba acabado”, soltó después de abrazarse a Cuca. Es obvio que todos cometimos la torpeza de darle por muerto, aún le queda otra jugada.

Los fichajes frustrados de Florentino

Domingo, 9 Junio 2013

“Sólo me arrepiento de no haber fichado por el Real Madrid; fue una mala decisión que tomé en mi vida”. La reflexión de Patrick Viera el día de su presentación con el Manchester City (2010) llegó tarde, quizá demasiado para los deseos de Florentino Pérez. El presidente confesó a MARCA sus fichajes frustrados y, desde luego, Vieira siempre estuvo en la recámara; su contratación fue prioritaria desde el momento en que Makelele perdió el pulso contra su ex club en busca de un salario ‘casi galáctico’. Precisamente, el galacticidio de 2004 activó en el Bernabeu la captación del único talento que podía codearse con su colega de selección Zidane en un centro del campo absolutamente invertebrado por la salida de Claude. Pero Vieira no tuvo agallas para convencer a su maestro Arsene Wenger de que su ciclo en el Arsenal había pasado a mejor vida. Fue, entonces, cuando los directivos ingleses aprovecharon para subirse a la parra con el PVP del volante francés:: el montante total le saldría al Madrid por más de cuarenta millones de euros y Florentino, en un alarde de orgullo cazurro, decidió que jamás pagaría ese precio por un centrocampista que venía a defender más que atacar. En su lugar, el presidente aplacó su decepción fichando a Michael Owen, ex Balón de Oro, a precio de ganga. La necesidad de un todoterreno en la media la suplió con un delantero medio oxidado para hacer marketing. Craso error.

“Si hubiera fichado por el Madrid, ahora tendría dos o tres Ligas de Campeones”. Francesco Totti fue durante un tiempo el gran deseado de Florentino. Temible en el campo y muy apetecible para las marcas, sin duda habría protagonizado con Beckham un buen puñado de campañas publicitarias de firmas deportivas, colonias, ropa interior y productos inimaginables. Totti también pudo venir a Madrid en el verano de 2004, pero su lamentación en una entrevista a France Football el pasado invierno significa que se equivocó jurando amor eterno a la Roma. Como él mismo revela en esa entrevista, hizo caso a su corazón cuando tenía un acuerdo apalabrado con el presidente blanco, y eso que a éste le habría importado poco gastar los cuarenta que pedían por Viera o, incluso, diez o veinte más por su quinto galáctico seguido después de Figo, Zidane, Ronaldo y Beckham. Quizá si Totti se hubiese escapado de Roma, habría dejado de ser ese ídolo al que le es imposible caminar por el centro de Roma sin llamar la atención de fotógrafos o forofas incontroladas en busca del autógrafo del gran sex symbol italiano.

Ronaldinho y Neymar también fueron anhelo del presidente, sobre todo el primero a raíz de las desastrosas consecuencias que originó en un Madrid descompuesto y caduco en la filosofía de Zidanes y Pavones. Ese ansia de traer al Bernabeu a figuras consolidadas, héroes en equipos desprovistos de la “grandeza y universalidad” del Madrid de Florentino, impidió que Ronaldinho diera el paso que necesitaba su meteórica carrera. Porque, sin duda, el Paris Saint Germain se le había quedado pequeño para todo ese repertorio circense que aprendió en Brasil. El Madrid le sedujo con la única condición que aguantara una temporada más en París y, así, obsequiar al mundo con imágenes que después repetiría vestido de blanco. Sin embargo, el brasileño no quiso captar la idea y el Barcelona sí le dio la oportunidad que merecía. Aquel 0-3 del Bernabeu en el que Dinho puso patas arriba a la grada con aplausos históricos convenció a Florentino de que jamás volvería a dudar de un Balón de Oro en potencia. Quizá por eso la intentona de fichar a Neymar sin vacilar en tiempos de espera y a pesar del desafortunada precedente de Robinho. Pero si es verdad que la cresta más popular de Sudamérica le costaba 150 millones de euros, el riesgo habría sido un sacrilegio. 

El fútbol estorba en los Juegos

Mircoles, 1 Agosto 2012

“Los Juegos Olímpicos es lo máximo, siempre que hayas ganado un Mundial”. Fue la carta de presentación de Ronaldinho en Pekín 2008. Fulminado por Guardiola, necesitaba sacar su talento de los escombros de dos años malditos con el Barça; el Milan confió en él, pero Dinho pidió ir a los Juegos consciente de que una medalla de oro haría olvidar esa silueta ensanchada por los vicios de la farra barcelonesa. Sin duda, los Juegos le devolverían el prestigio que un día se ganó con un Balón de Oro. La pena fue que su prematuro desfonde físico pesara más que sus filigranas, al menos las pocas que le consentía el sargento de hierro Dunga.

Leo Messi también acudió a Pekín con la idea de resarcirse, salvo que éste consideró el oro como un eslabón más de su meteórica carrera. Argentina se tomó en serio aquel torneo porque las penurias mundialistas escocían demasiado: el míster Checho Batista armó un equipo en torno a Juan Román Riquelme, otro que pidió ir, temeroso de que sus días de gloria tocaran a su fin. Allí jugaron Ángel Di María, que no fue titular hasta que su seleccionador se dio cuenta que tenía un prodigio en la línea de cal, y Kun Agüero, a quien el estado de neurosis permanente en el Atlético de Madrid le tenía agarrotado. Pero tal como consiguió Marcelo Bielsa cuatro años antes en Atenas, Argentina revalidó título contra la correosa Nigeria, cuyos futbolistas hicieron de los Juegos la coartada perfecta para enchufarse en clubes europeos.

Iker Casillas siempre ha lamentado no competir en los Juegos. No viajó a Sidney en el 2000 porque Camacho le prefirió llevar a la Eurocopa para cubrirle las espaldas a Cañizares. Sacrificó un sueño por otro más deseado, pero aún le remuerde no haber mordido una presea de oro; de lo contrario, su currículum habría sido más bestial de lo que cabe imaginar.

La historia del fútbol olímpica recuerda grandes epopeyas, como la fantástica Hungría de Ferenc Puskas, que ganó el oro de Helsinki 52 y dejó escapar el Mundial de Suecia 54 contra Alemania, o la de la ‘Araña negra’ Lev Yashin en Melbourne 56. Ellos pudieron presumir del oro porque entonces no había mayor gloria que los Juegos…hasta que la FIFA consideró que el Campeonato del Mundo debía ser el único torneo que eclipsara al mundo. Tal capricho ha convertido al fútbol olímpico en un torneo residual para promesas con ínfulas mundialistas y estrellas apagadas en busca de un último chispazo. Las flagrantes críticas al fútbol olímpico responden al recelo español a una categoría, la sub-21, que se ha salido de la inercia gloriosa de los mayores.

Así como Maradona no sería el más grande sin la actuación más estelar jamás vista en un Mundial, cada deporte tiene sus propios retos y es evidente que Michael Phelps nació para que Mark Spitz tenga un ídolo en el agua, al igual que a Usain Bolt sólo le entusiasma que su zancada quede inmortalizada en un estadio olímpico. El fútbol se ha querido desmarcar del espíritu olímpico por saturación máxima, ¡lástima!

San Siro les devolvió la gloria

Mircoles, 23 Noviembre 2011

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Corría el minuto 56 de partido en San Siro y el Barcelona seguía sin encontrar resquicio alguno en la defensa pétrea del Milan. El mister Ancelotti había construido un fuerte con Nesta y Stam de pilares y cementado con la argamasa de Gattuso. El objetivo único y exclusivo del Milan era cegar a Ronaldinho, dadas las bajas de Deco y Messi, y esperar una contra de Shevchenko o un balón rapiñado por Gilardino. Durante la semana previa, el antecedente fatídico de la Champions de Atenas 94 había retumbado en Barcelona hasta el punto que Rijkaard prefirió emular las intenciones italianas renunciando al fútbol jovial que le había colocado en semifinales.

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Cartas de recomendación

Mircoles, 21 Septiembre 2011

Samuel Eto’o cuenta en una autobiografía, editada por el diario Sport, que un buen día de abril de 2004, su entrenador del Mallorca, Luis Aragonés, le sacó de un corrillo de entrenamiento y le espetó: “Negro (así le interpelaba cariñosamente el míster), creo que hay un club perfecto para tu carrera. Tal como está ahora mismo, te necesita y creo que ganará mucho con tu fichaje. Te estoy hablando del Barcelona”. Eto’o no pudo contener la sorpresa y le replicó: “¿qué estás diciendo?”. “Sí, pero primero tienes que marcar quince goles aquí, en el Mallorca, y yo me encargaré del resto”, concluyó Luis. Una semana después, Miguel Ángel Nadal, entonces compañero del camerunés, le desveló que Txiki Beguiristain le había llamado interesando por él, pero que el Barça también barajaba otros candidatos y el delantero de la Juventus, Trezeguet, era el prioritario. ¡Qué mejor asesor que el Sabio de Hortaleza!, debió preguntarse Eto’o; su fichaje venía con una de las mejores cartas de recomendación posibles.

Esta semana Neymar ha vuelto a primera plana; supuestamente (porque el Madrid no debe confirmarlo) pasó un reconocimiento médico secreto con un médico blanco, a pesar de que el presidente del Santos se obceque en publicar que continuará en Brasil después de los Juegos Olímpicos de Londres. Pero su elección ha sido concertada en fase embrionaria, pues el empeño de Florentino Pérez es pulir un estrella futura. El brasileño lo es en Sudamérica, pero le falta el rodaje que exige Europa. Los blancos se han dado prisa en garantizar un fichaje que ellos, precisamente, pusieron en órbita; quizás, para no reeditar otro Robinho con ínfulas de Balón de Oro, deberían probarlo en un campeonato de fogueo tipo Francia u Holanda. Allí se soltaron Ronaldinho y Ronaldo (Nazario): el primero necesitó dos temporadas en el Paris Saint Germain para demostrar que su talento aborrecía retos de baja alcurnia; Ronaldo, por su parte, aterrizó en Eindhoven como un ciclón, arrasó con treinta goles el primer año y, aunque una lesión le truncó el segundo, no necesitó reválida. En ambos casos y a pesar de sus credenciales ‘menores’, el Barcelona estaba dispuesto a darles camiseta; con Ronaldinho, hubo que esperar a que Florentino se obsesionara con Beckham y se desentendiera del brasileño.

El propio Neymar ha salido al paso de tanto deshoje de margarita (Madrid-Barça-Madrid-Barça….) con una sinceridad inopinada….”No sería titular en ninguno de los dos. En el Madrid todos son cracks, igual que en el Barcelona”. Un alarde de franqueza que habrá gustado a Mourinho, quien ha desviado todas las preguntas directas de Neymar y sólo ha esgrimido que ficharían en diciembre en caso de lesión importante. Pero los ‘elegidos’ del Madrid traen intrahistorias trufadas en comisiones (la que se va a llevar Ronaldo y su agencia de representación Ine ‘9 con su cliente Neymar’) y un casting de asesores que aprovechan la buena ola para intentar promocionarse con el Madrid o consigo mismo. Por ejemplo, Maradona, quien desde Qatar está divulgando todo el making-of del frustrado fichaje de Agüero. “Hace tiempo aconsejé a Mourinho el fichaje del Kun, pero el Madrid no siguió mi consejo y ahora el Barça tiene mucha ventaja”, soltó ayer ‘El Pelusa’. Días antes había comentado que recomendó a su yerno jugar en un equipo que le ayudase, donde pudiera jugar Champions. Le faltó sugerirle que escribiese el ‘sí, quiero’ en una servilleta como Zidane; hubiese pataleado como hizo Ronaldo con el presidente Moratti en el Inter o fichado sibilinamente, sin verborrea de por medio, al estilo de Figo. Lejos de esas intrahistorias, Neymar cumple las directrices de Madrid: pero si ha sido sincero una vez, podría serlo dos recomendando, por una parte, al comprador que le dejen coger fuelle en otra parte de Europa y, por otra, a su ‘tutor’ Ronaldo que el negocio puede ser más próspero si cuidan la mercancía. Tal vez, entonces, el Madrid sí estaría macerando un jugadorazo. Eto’o sabía que lo era pero confiesa que aquella reflexión de Luis Aragonés fue decisiva para su estrellato en Barcelona.

Así es la Champions

Jueves, 10 Marzo 2011

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“El Barça siempre gana por los árbitros”. Modo ironía activado en las palabras de Mascherano. Ayer MARCA y AS matizaron la victoria del Barcelona; coincidieron en que fue justo vencedor (faltaría más cuando el Arsenal ni se atrevió a chutar) pero recalcaron la contribución de Massimo Bussaca. Quizá la expulsión de Van Persie sí fue rigurosa, pero si un equipo sale con dos líneas de cinco tíos obsesionados en el que el balón no pase, tarde o temprano el fútbol de billar le acaba machacando. Porque emular la proeza táctica del Inter del año pasado se antojaba quimérico y así fue: ni el Arsenal sabe defender a la italiana ni el Barça se dejaría engañar por otra argucia corrosiva para la Champions, La majestuosidad de la competición a veces queda empañada por apuestas grotescas como la que, inopinadamente, propuso Arsene Wenger. Esperaba de él algo más alentador; en su defensa entiendo que sin Walcott el contraataque se devalúa, pero el concurso de Cesc, Van Persie y la nueva esperanza británica Wilshere presagiaban un Arsenal guerrillero. No fue así o, más bien, no pudo ser.

Me gustó mucho una metáfora del maestro Xabier Azkargorta en el último programa de El día después, “no es que el Barcelona canse al rival, es que es la pelota la que acaba con la lengua fuera”. El ex entrenador vasco atinó a la perfección: con una posesión del 75 por ciento es fácil que hasta los espectadores acaben mareados de tanto seguir el balón. Y ése es el gran valor del Barcelona: por encima de los títulos, este equipo ha creado una marca imborrable ya en los anales de la historia. Sí,  el Arsenal salió cobarde y, aunque se hubiera puesto chulo, se habría llevado el bofetón. La única imputación que le achaco es su actitud chirriante, no en vano el Arsenal es el mejor pregonero del balón al pie en Las Islas, es la idea de Wenger. ¿Abjuró de su estilo?  Puede, pero es que el Barça es infinitamente superior por talento de grupo y por Messi, a quien hay que exigir un mundial definitivo, pues parece que el resto de torneos le quedan chicos.

No obstante, la Champions es traicionera. Ganarla requiere determinación, la que tuvo el Oporto de Mourinho en 2004; fidelidad a un estilo, el del Inter de Mou del año pasado; dominio del tempo de la competición, como el que tuvo el Madrid del 2000 cuando eliminó al Bayer habiéndole ganado uno de cuatro partidos; osadía, la que puso el Liverpool en la legendaria remontada de Estambul 2005; oficio, la gran cualidad que tenía mismamente el Milan; suerte, la del Barça en Stamford Bridge con el gol antológico de Iniesta o todas juntas, como la de otro Barça, el de Ronaldinho, o el Madrid de Zidane. La Champions no obedece a la lógica y por ello es tan amada. Hay campeones que han sabido exprimir alguna de las citadas cualidades y perdedores que se han ido a la lona con su juego de salón: el Milan de Capello (1993), el Ajax de Van Gaal (1996) o los ‘galácticos’ de Queiroz (2004). La presente edición nos deja en cuartos invitados inesperados, por de pronto Shakhtar, Tottenham y Schalke. Los primeros tiran mucho de bloque y recuerdan al Dinamo de Kiev, sólo que sin Shevchenko; el Tottenham alardea de fútbol puro británico, además de abrillantar a la bala Bale y al gigantón Crouch, aunque anoche se defendió descaradamente a la italiana contra el Milan, y dicen que el Schalke es el más facilón, pero la segunda juventud de Raúl y el entusiasmo de seguir pasando rondas les ha  colocado en el siguiente escalón.

Precisamente, el Schalke pasó porque se desenvolvió mejor que el Valencia en el barro, porfió en trabajar en toda las partes del campo y dejó a Emery sin recursos.  Al Valencia le hacen falta figuras para aspirar a la élite: Aduriz pudo sentenciar por dos veces, aunque es verdad que la eliminatoria no ha evidenciado un Schalke superior. Pero ha competido mejor que el equipo ché y de ahí el premio. No obstante, los compis de Raúl son muy dóciles y no se espera de ellos mucho más recorrido. Además, como dijo Paco González en Tiempo de Juego, el Schalke “no parece muy alemán”…”hace años los alemanes salían a arrasar los primeros diez minutos”. Cierto, el folclore germánico ha cambiado y en su insistencia por la modernización ha perdido esa aptitud guerrera. Pero ahí están, uno en cuartos y el Bayer con todas las de ganar para tumbar al vigente campeón. Así es la Champions.