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De Ronaldo a Cristiano, contraataque

Lunes, 21 Enero 2013

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“El Madrid es el mejor equipo al contragolpe. Pero para contraatacar, es necesario que el otro equipo ataque”. Pep Guardiola motivó el debate sobre cuál debía ser el Madrid políticamente correcto durante el primer año de Mourinho. Los detractores del portugués le achacaban que una plantilla tan ostentosa y con tantos caprichos debía arrasar sin que nadie le quitara el balón; vamos, al estilo del Barcelona. Sin embargo, también hubo opiniones, en la prensa y afición, alineadas con el fútbol escurridizo que provocaba bacanales goleadores con Cristiano como anfitrión del festín. Pero la lucha entre los puristas que sólo conciben la grandeza del club plasmada en el césped y quienes defienden que los jugadores deben adoptar un fútbol más ergonómico que se ajuste a sus características viene de lejos: en concreto, desde que Florentino Pérez fichó al otro Ronaldo, al ‘gordito’.

El delantero brasileño cambió para siempre la inspiración galáctica. Al primer Madrid de Figo, y también al de Zidane, le faltaban un ariete goleador cuya sola presencia fuese obvia para cualquier rival. Entonces, Guti sirvió a Del Bosque como solución improvisada en el estreno del presidente, mientras que Raúl marcaba goles sin ser el punta más adelantado; los hacía porque, simplemente, era buenísimo. Morientes sí aportaba las cualidades del nueve clásico, pero nunca bastó para el actual seleccionador. No, la magia de Zidane y la pillería de Raúl necesitaban un goleador con nombre temible. Y, desde luego, Ronaldo nunca dejó de ser aquella ‘manada de búfalos’ que sugirió el grandilocuente Valdano, ni siquiera con esa especie de rodilla biónica heredada de su desafortunado paso por Italia. Tal era el eclipse que provocaba su letalidad que el Madrid comenzó a gustarse tirándole pases fatídicos en los últimos veinte metros del campo; sin duda, era la mejor forma de aprovecharle y al equipo tampoco se le cayeron los anillos por jugar al contraataque. La diferencia con el Madrid de Mourinho es que Zidane, Figo y Beckham podían cambiar de formato sin esfuerzo: tan pronto le bailaban al Bayern de Munich con un curso magistral de balón, como jugaban agazapados en Old Trafford o el Camp Nou para soltar la correa de Ronaldo. Valían ambas formas y, sobre todo, gustaban las dos.

El Madrid de Mestalla dejó claro que su particular Circo del Sol lo monta con un puñado de pases profundos y paredes precisas. Las exhibiciones más espectaculares siempre han llegado al contragolpe, con Özil de apuntador y los galgos Di María y Cristiano de ejecutores. Con Xabi Alonso enrocado por delante de la zaga, Khedira ha encontrado el placer de animarse a la fiesta de los de arriba. Por si sobran migajas, ahí está el alemán para rapiñear. Y a la vista de todo el mundo está que Özil no puede aspirar al derroche físico que exige su entrenador: le va más poner pases largos y calibrados que inventar jugadas estáticas y bajar a defender. Por supuesto, a CR7 no hay que averiguarle su hobby más preciado: con cincuenta, sesenta e incluso ¡setenta metros! de espacio le sobra; luego, también le pone intentar un regate en parado y sacar misiles por tierra, mar y aire. Pero mola más la versión hercúlea que demuestra esta proeza de la genética.

Y por fin volvió Di María. Karanka justificó que su estancia en el limbo se acabó mediante un “clic psicológico”. O sea que la reprimenda de Mourinho que desveló MARCA surtió efecto. A su edad y con el reconocimiento público del que goza, el argentino tendría que comerse el mundo. Su fútbol se activa a partir de los mil voltios y, al parecer, sólo funciona en estado de sobreexcitación. Ése debiera ser  siempre su talante desde que sale por el túnel de vestuario. Pero quizá la comodidad de haber resuelto su contrato con el pertinente aumento de pasta o el desánimo general de la plantilla le han dejado bastante atontado. Al menos, ha espabilado, aunque sea demasiado tarde para conjurar remontadas fantasiosas.

Falta de respeto

Jueves, 22 Noviembre 2012

Los viejos fantasmas de aquel derbi milanés de 2010 volvieron de una tacada cuando el árbitro Rocchi cayó en la trampa del Kun Agüero. Entonces, Mourinho entrenaba al Inter y, a pesar de ganar 2-0, tuvo que aguantar estoicamente un arbitraje desesperante con dos expulsiones, la del central Lucio por simulación y la de Wesley Sneijder por aplaudir irónicamente una decisión del mismo Rocchi. Pero la paciencia del entrenador portugués acabó con la cámara de la RAI enfocándole…”No nos dejan sentenciar el Scudetto. Es una vergüenza, ¡yo digo que es una vergüenza!”. El Inter conquistó la liga de ese año y Mourinho, sin cohibirse lo más mínimo, declaró la guerra al establishment arbitral italiano. Sin embargo, anoche no estaba en juego el Calcio sino el torneo por excelencia en el que Mou tiene una pistola con silenciador apuntando a su cabeza, consciente de que cualquier injuria puede ser fatal para él: ”Debo estar tranquilo. Todavía tengo pendiente una sanción de UEFA, a la que sólo quiero agradecer el regalo por mis cien partidos, una placa muy bonita”. A falta de rajadas descaradas, el técnico madridista debe pensar que nunca sobra una buena dosis de sarcasmo.

Ya no es una cuestión de repasar la lista de desencuentros que Mou ha tenido con la UEFA (“la semifinal perdida por un gol que no era, otra en la que Pepe rompió la tibia y peroné a Alves…”), al Madrid le falta ese punto de suerte o, mejor dicho, respeto que le haga por fin alzar los brazos en un estadio solemne. La primera media hora fue tan majestuosa que recordó al último partido en el que Europa entera quedó aterrada por este club. Sucedió hace justo una década y, claro está, no estaba Cristiano pero sí Ronaldo Nazario, que en apenas un puñado de minutos dinamitó Old Trafford. El Madrid perdió aquel duelo de correcalles por 4-3, pero ganó la eliminatoria con la misma autoridad que los faraones imponían a sus súbditos. En Manchester faltó un ‘Gordito’ o, al menos, un asesino que acertara el primer, segundo y tercer disparo; porque el Madrid sí tuvo un puñado de ocasiones para haber finiquitado el encargo. Y eso que la desesperación del City dejó a los blancos en su hábitat más perfecto, el del contraataque. Su inercia habitual invitaba a pensar que Cristiano o Benzema cerrarían la victoria con un segundo gol, pero bien Mancini soltó al descanso el emotivo discurso de Al Pacino en Un domingo cualquiera, o el Madrid cayó en la complacencia de jugar contra un pelele adinerado pero excesivamente lelo.

David Silva reconoció anoche en la COPE que hablaron en el vestuario durante el intermedio y concluyeron que “ya no había nada que perder”. Quizá sin la presión de ganar sí o sí para justificar los dólares de Oriente Medio, el genial centrocampista canario se desmelenó e hizo saltar por los aires el cinturón de seguridad de Mourinho. Con apenas cinco minutos disputados de la reanudación, el panorama pintaba atroz para un Madrid que seguía fiándose de su implacable letalidad. Pero la sentencia, lejos de llegar rápido, estuvo a punto de estallarle en las manos a los blancos de no ser por otra parada milagrosa de un Casillas que andaba despistadillo. El final: el empate más irritante que se recuerda, porque ni Mancini subió al cadalso para regocijo de la afición inglesa ni Florentino Pérez pudo pavonearse en el palco por haber recuperado la grandeza histórica que el club sigue olfateando. Y para el Madrid es necesario reencontrarla, porque hasta árbitros tan nefastos como Rocchi la respetarían. Todavía le faltan al respeto.

 

 

 

 

Mcmanaman…40 años de carcajadas

Sbado, 11 Febrero 2012

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“No tengo ni idea cómo me ha salido el gol: yo salté, cerré los ojos y el balón entró. Fue un milagro” (14/01/2001). Así describió Steve Mcmanaman la acrobática volea al Oviedo que puso patas arriba al Bernabeu en su segunda temporada. La gracia de Macca no era qué decía sino el compendio de gestos que hacía delante de las cámaras para aclarar su ‘spanglish’. Hoy cumple cuarenta años y sigue siendo especial…en su carácter, que al fin y al cabo es lo que enamoró al Madrid, incluido a ese tendido siete del Bernabeu que siempre le criticó haber olvidado sus famosos regates en carrera de Anfield. Su década prodigiosa de Liverpool fue demasiado ingrata; no en vano, Mcmanaman lanzó un chascarrillo inolvidable el día después de que los reds ganasen la Supercopa de Europa al Bayer de Munich sin él….”¡Joder! Estoy yo diez años en Liverpool para una Copa inglesa, y van ahora sin mí y ganan Copa, Carling, UEFA y Supercopa, ¡joder!”. Su naturalidad le ha hecho ganar adeptos en todas partes; todas, menos en el Everton, pues fue seguidor confeso de los toffees y labró su leyenda en el enemigo de enfrente. Quién sabe si por su pública afición o por una enajenación mental transitoria del portero Bruce Grobbelaar, pero una de las primeras anécdotas que se le recuerdan fue la monumental bronca que recibió delante de su compañero de equipo después de no haber defendido bien un gol en la derrota del Liverpool por 2-0 en un derbi de Merseyside. Por entonces, el extremo de ascendencia irlandesa y profunda creencia católica todavía estaba en periodo de madurez con 21 años, pero después de aquel partido comentó con su buen humor de siempre que él “no era nadie para rebatir algo a un ídolo de Anfield como el gran Grobbelaar” (18/09/93).

Sus fintas, quiebros y autopases en velocidad por el carril derecho de Anfield fueron grabados en vídeo por los grandes de Europa, en especial Barcelona y Real Madrid. Primero fue Joan Gaspart quien se fijó en él en plena descomposición holandesa del Barça de Van Gaal. Tan serio fue el interés azulgrana que Mcmanaman llegó a reunirse con el mandatario culé en la Ciudad Condal. El futbolista inglés ya había anunciado que no renovaría contrato con el Liverpool, por lo que su carta de libertad sólo cotizaría con salarios estratosféricos. A Macca no le debieron convencer los cantos de sirena de Gaspart porque acabó diciendo sí a los 800 millones netos que le ofreció Lorenzo Sanz. “Macca, Yes”, tituló MARCA en una edición de la primavera de 1999. Todavía recuerdo el reportaje de Michael Robinson en Canal Plus enseñando a Mcmanaman el Bernabeu antes de empezar su primera temporada. Robinson le sugirió visitar lugares tan turísticos como la Plaza Mayor o el Paseo del Prado, consciente de que su compatriota era un tío muy de la calle, al que le gustaba ir a conciertos o sentarse en una plaza pública con una buena pinta. A tenor de sus expresiones durante el reportaje, Macca quedó gratamente sorprendido; daba la sensación de que en Madrid se lo pasaría en grande. Y así fue. No obstante, nunca olvidó sus raíces: al poco de instalarse, se interesó por el club de fans españoles de los Beatles.

Como cualquier británico que intenta abrirse camino en un país mediterráneo, los inicios de Mcmanaman fueron complicados. Su llegada había causado demasiada expectación…por sus credenciales futbolísticas en Liverpool y por una ficha insultante, una de las más alta de la plantilla después de la gran adquisición de ese verano de 1999, Nicolas Anelka. Debutó en el Bernabeu contra el Numancia en la segunda jornada, marcó un gol pero dejó ciertas dudas: ninguno de sus esláloms funcionó y a la enésima vez comenzó el murmullo en la grada. Tuvo que vivir con ese sambenito al principio de su estancia en la capital: dejó de ser el extraordinario Macmanaman para degradarse en el vulgar Steve. Sin embargo, lejos de amedrentarse, explotó otras habilidades como esas voleas en el aire a lo Karate Kid (para la memoria del club el gol a Cañizares en la final de Champions de París) y su generosidad en el esfuerzo. Por arte de magia, dejó de obsesionarse con el catálogo de regates que creó tendencia en Inglaterra y se comprometió en la ardua faena de distribuir balones desde el centro del campo. Su inestimable ayuda a Fernando Redondo en la final de París todavía la agradece el volante argentino y, sobre todo, Vicente Del Bosque, quien siempre le consideró imprescindible en ese Madrid.

Sus últimas aportaciones fueron de traca: el golazo por alto que se inventó ante Bonano en el Camp Nou en la semifinal de Champions del 2002 y una magistral clase de conducción de balón en la exhibición de Ronaldo en Old Trafford en 2003. Muy amigo de Figo y también de Ronaldo en la temporada que compartió con el brasileño, Macca nunca se quejó por haber quedado a la sombra de los incipientes ‘galácticos’ (faltaba Beckham). No obstante, en 2003 volvió a su tierra, al Manchester City, para retirarse allí. No escucharéis a ningún compañero rajar de él; sus carcajadas diarias dejaban muy buen rollo en el vestuario. Era futbolista de profesión, pero nunca ignoraba esos pequeños placeres de la vida, como la cerveza tibia de la taberna Irish Rover. Vamos, que Macca se lo pasó de coña en Madrid: cuando le tocaba jugar, se dejaba el alma, y cuando no, le gustaba aprovechar, los privilegios de la capital, como a cualquier guiri. Una vez le preguntaron si no le molestaba quedarse en el banquillo con asiduidad, se le ocurrió responder: “Vivo en Madrid, estoy en uno de los mejores clubes del mundo, gano mucho dinero y, de vez en cuando, tengo la suerte de jugar”. Simplemente genial. Tratándose de Macca, al final siempre acabas riéndote. 

Máximo riesgo

Mircoles, 18 Enero 2012

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19 de noviembre de 2005…el brasileño Ronaldo aparece en la sala de prensa de Valdebebas por petición propia y en la víspera del clásico. Su presencia en el Bernabeu era capital para el entrenador Vanderlei Luxemburgo y, sobre todo, para el devenir de unos ‘galácticos’ marchitos. Había estado cinco semanas recuperándose de un golpe en el tobillo izquierdo que sufrió en el derbi madrileño y, evidentemente, el reto era llegar al decisivo Madrid-Barça, que marcaría el futuro de la Liga. Así que Ronaldo se sentó delante de los periodistas y acalló los rumores…”Para jugar esta clase de partidos hay que estar a tope e intentar dar el 120 por cien. Yo he trabajado bien toda la semana”. El gran enigma de la semana se había desvelado; los plazos de recuperación se habían acelerado y la pregunta era obvia: ¿merecería la pena que Ronaldo arriesgase contra un Barça que levitaba en Liga sobre todos sus rivales? Luxemburgo lo tenía claro porque su reputación y quizá empleo estaban en juego.

Ronaldo pisó el césped del Bernabeu aquella tarde de sábado…por lo menos. Jugar lo hizo más bien poquito: se le vio romo con el balón y pesado, bastante pesado, puede que por miedo a que el delicado tobillo volviese a hacer ‘crack’. Su abulia y el Circo del Sol desplegado por Ronaldinho tumbaron rápido a un Madrid que sólo pudo ser convidado de piedra en el definitivo fin de ciclo (éste sí que fue real). El madridismo vivó el contraste entre la versión zombi de su estrella y la estratosférica del paisano brasileño de enfrente. Después del partido, Luxemburgo debía dar muchas explicaciones: primero, la paliza del Barça; segundo, el patético ‘cuadrado mágic’o en el que se empecinó el técnico; tres, el estruendoso aplauso del graderío merengue a Ronaldinho y cuatro, y no menos importante, la temeraria presencia de un Ronaldo cuyo único botín fue más molestias en el tobillo. Sobre esta última cuestión, los periodistas sacaron a la palestra el nombre de Baptista, sustituto natural de Ronaldo, en buena forma física y también carnaza de banquillo. Lógicamente, Luxemburgo se escudó en la opinión médica del club, a pesar de que el estado de Ronaldo se delatase por sí mismo ante el resto del mundo.

Ayer el diario MARCA puso en práctica una nueva vertiente de periodismo de investigación: esquivó el hermetismo del club y tituló en su portada que Di María no estaría disponible para el clásico por una contractura en el entrenamiento del lunes. Las averiguaciones del periódico o, quizás, un chivatazo desde dentro de Valdebebas han puesto en jaque a Mourinho, otro partidario de ‘bunkerizar’ los entrenamientos contra reporteros y aficionados. MARCA anduvo espabilado y soltó la noticia que mantendrá el suspense durante el día: la ausencia de Di María desdibujaría el ataque del Madrid y Guardiola es consciente de que el argentino es quien está metiéndole pólvora a las ofensivas merengues.  Mourinho, visiblemente enojado por la filtración al diario, tan sólo explicó que su jugador “entrará en la lista definitiva, aunque las sensaciones no son las mejores”. O sea que, si al final cambia de opinión, siempre podrá justificar que la recuperación de Di María no fue óptima y si fuese uno de los elegidos para el banquillo, el técnico le usaría como último recurso en caso de que se torciese el partido. Las valoraciones jugador a jugador han demostrado que Di María se está saliendo esta temporada, pero es la Copa y sólo la ida, es decir, un clásico más no definitivo. Por si acaso, en Barcelona miran con suspicacia la contractura de Di María, ¿una treta del portugués? Aquí vale todo: antigripales milagrosos, convocatorias engañosas,…

Pochettino conocía la historia

Lunes, 9 Enero 2012

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Mauricio Pochettino siempre guardará un grato recuerdo del último Espanyol-Barcelona de Sarriá. Sucedió en la temporada 96/97 y el desafío perico se intuía más importante, si cabe, que el meritorio cuarto puesto conseguido en la liga anterior. El Barça afrontaba el derbi en plena persecución del Madrid de Capello y lo que debía pasar como otro trámite a la espera del gran clásico, se convirtió en una pesadilla táctica para el entonces técnico azulgrana, Bobby Robson. Su colega en el banquillo local, Vicente Miera, había preparado el partido a conciencia, temeroso de que todo el plan garabateado sobre la pizarra pudiera irse al garete si al brasileño Ronaldo le daba por copiarse a sí mismo con otra jugada estratosférica made in Compostela o algún arrebato de potencia sin control como la que sufrió Zubizarreta cuando ya era portero del Valencia. El problema es que detrás de la obsesión por Ronaldo, asomaban Figo, Luis Enrique y Guardiola. Por eso, Miera ordenó plegar líneas e incordiar al propio Guardiola para cortocircuitar sus pases a la estrella brasileña. Pochettino vivió aquella gesta en primera persona; no en vano, él fue uno de los dos centrales, el otro fue Herrera, que consiguieron frenar aquella ‘manada de búfalos’ que acuñó Valdano para referirse a Ronaldo en el momento de coger el balón. El brasileño acabó empotrado en el muro que había levantado Pochettino y el Barça no sólo perdió el partido, sino que, por segunda vez (la primera fue el Madrid en el Bernabeu), otro equipo tuvo la osadía de reñirle la pelota. No obstante, el 2-0 tampoco afectó demasiado a Ronaldo, pues nada más pitar el árbitro, salió disparado de Sarriá rumbo al aeropuerto de El Prat…los Carnavales de Río le esperaban.

Ese vídeo le habría valido a Pochettino entrenador como una especie de máster acelerado para su vestuario; sin embargo y a tenor del empate de anoche, tampoco les habría hecho falta. Partidos como el de la Real Sociedad o Getafe eran una buena guía para aprender cómo buscarle las cosquillas al Barça. Pero el Espanyol ha ido más allá y ha editado un libro todavía mejor. Los requisitos: muchos huevos y saber tirar contraataques, a pesar de que a los blanquiazules les urja un delantero centro, no ya que golee, sino simplemente que remate a portería. Al menos, Álvaro Vázquez, condenado al banquillo los últimos partidos por su nulidad en ataque, supo leer un gol de ratilla, de esos que tanto gustan al eterno Raúl González. De todos modos, anoche el Barça no pinchó por su a veces peligrosa autocomplacencia; una estadística fue demoledora: ochenta y ocho balones perdidos por los azulgranas. Es decir, ni a Xavi le funcionó su ordenador de a bordo ni Iniesta pudo usar esa visión nocturna que le permite encontrar resquicios donde el resto sólo ve defensas. La consecuencia fue el hartazgo de un Messi tan cabreado como el gran Ronaldo del 97.

Quizá Guardiola también recuerde aquel último derbi de Sarriá. El Barça salió trastabillado, pero no claudicó en su lucha por el liderato. El Espanyol había puesto al Madrid la Liga en bandeja…ocho puntos parecían demasiados, aunque aún faltaba casi toda la segunda vuelta, aquella que resolvió por sorpresa el Hércules. “De vez en cuando la afición perica se merece un alegrón como éste, y si es para fastidiar al rival, pues bueno”, dijo el actual entrenador blanquiazul aquel 09 de febrero del 97. La ventaja del técnico espanyolista es que imparte cátedra a una pléyade de chavales curtidos en la cantera y que han sido educados para jugar a mil revoluciones los derbis catalanes. “Me alegro que le hayamos quitado dos puntos al Barça de cara a la Liga”….Álvaro Vázquez comprende la esencia de su club, ésa que no trasciende de una rivalidad auténticamente deportiva. El problema para el Barça no es el amago de ‘fin de ciclo’ que quiso atajar anoche Sandro Rosell sino, como dice el bloguero futbolero Borja Pardo, el abuso de “los automatismos de salón de té” de un Barça al que le falta sacar registros que no sean ‘tiki-taka’.  

Cartas de recomendación

Mircoles, 21 Septiembre 2011

Samuel Eto’o cuenta en una autobiografía, editada por el diario Sport, que un buen día de abril de 2004, su entrenador del Mallorca, Luis Aragonés, le sacó de un corrillo de entrenamiento y le espetó: “Negro (así le interpelaba cariñosamente el míster), creo que hay un club perfecto para tu carrera. Tal como está ahora mismo, te necesita y creo que ganará mucho con tu fichaje. Te estoy hablando del Barcelona”. Eto’o no pudo contener la sorpresa y le replicó: “¿qué estás diciendo?”. “Sí, pero primero tienes que marcar quince goles aquí, en el Mallorca, y yo me encargaré del resto”, concluyó Luis. Una semana después, Miguel Ángel Nadal, entonces compañero del camerunés, le desveló que Txiki Beguiristain le había llamado interesando por él, pero que el Barça también barajaba otros candidatos y el delantero de la Juventus, Trezeguet, era el prioritario. ¡Qué mejor asesor que el Sabio de Hortaleza!, debió preguntarse Eto’o; su fichaje venía con una de las mejores cartas de recomendación posibles.

Esta semana Neymar ha vuelto a primera plana; supuestamente (porque el Madrid no debe confirmarlo) pasó un reconocimiento médico secreto con un médico blanco, a pesar de que el presidente del Santos se obceque en publicar que continuará en Brasil después de los Juegos Olímpicos de Londres. Pero su elección ha sido concertada en fase embrionaria, pues el empeño de Florentino Pérez es pulir un estrella futura. El brasileño lo es en Sudamérica, pero le falta el rodaje que exige Europa. Los blancos se han dado prisa en garantizar un fichaje que ellos, precisamente, pusieron en órbita; quizás, para no reeditar otro Robinho con ínfulas de Balón de Oro, deberían probarlo en un campeonato de fogueo tipo Francia u Holanda. Allí se soltaron Ronaldinho y Ronaldo (Nazario): el primero necesitó dos temporadas en el Paris Saint Germain para demostrar que su talento aborrecía retos de baja alcurnia; Ronaldo, por su parte, aterrizó en Eindhoven como un ciclón, arrasó con treinta goles el primer año y, aunque una lesión le truncó el segundo, no necesitó reválida. En ambos casos y a pesar de sus credenciales ‘menores’, el Barcelona estaba dispuesto a darles camiseta; con Ronaldinho, hubo que esperar a que Florentino se obsesionara con Beckham y se desentendiera del brasileño.

El propio Neymar ha salido al paso de tanto deshoje de margarita (Madrid-Barça-Madrid-Barça….) con una sinceridad inopinada….”No sería titular en ninguno de los dos. En el Madrid todos son cracks, igual que en el Barcelona”. Un alarde de franqueza que habrá gustado a Mourinho, quien ha desviado todas las preguntas directas de Neymar y sólo ha esgrimido que ficharían en diciembre en caso de lesión importante. Pero los ‘elegidos’ del Madrid traen intrahistorias trufadas en comisiones (la que se va a llevar Ronaldo y su agencia de representación Ine ‘9 con su cliente Neymar’) y un casting de asesores que aprovechan la buena ola para intentar promocionarse con el Madrid o consigo mismo. Por ejemplo, Maradona, quien desde Qatar está divulgando todo el making-of del frustrado fichaje de Agüero. “Hace tiempo aconsejé a Mourinho el fichaje del Kun, pero el Madrid no siguió mi consejo y ahora el Barça tiene mucha ventaja”, soltó ayer ‘El Pelusa’. Días antes había comentado que recomendó a su yerno jugar en un equipo que le ayudase, donde pudiera jugar Champions. Le faltó sugerirle que escribiese el ‘sí, quiero’ en una servilleta como Zidane; hubiese pataleado como hizo Ronaldo con el presidente Moratti en el Inter o fichado sibilinamente, sin verborrea de por medio, al estilo de Figo. Lejos de esas intrahistorias, Neymar cumple las directrices de Madrid: pero si ha sido sincero una vez, podría serlo dos recomendando, por una parte, al comprador que le dejen coger fuelle en otra parte de Europa y, por otra, a su ‘tutor’ Ronaldo que el negocio puede ser más próspero si cuidan la mercancía. Tal vez, entonces, el Madrid sí estaría macerando un jugadorazo. Eto’o sabía que lo era pero confiesa que aquella reflexión de Luis Aragonés fue decisiva para su estrellato en Barcelona.

Aquella manada de búfalos

Mircoles, 16 Febrero 2011

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Todavía me acuerdo de la portada del MARCA de aquel agosto del 96. Ronaldo aparecía vestido de astronauta para dar colorido a la que fue considerada primera ‘Liga de las estrellas’; su vasta sonrisa delataba que por fin iba a jugar en un país a su medida. Holanda y el PSV los aborrecía de tal manera que acabó harto de Eindhoven y del club: allí no había vida juvenil para un chico de dieciocho años ni posibilidades para un talento sobrenatural. Y desde luego, sus méritos merecían un reto más competitivo que seguir goleando los domingos al Feyenoord, Utrecht o Vitesse. A todos menos al gran Ajax de Van Gaal, por entonces muy superior al resto. Pero daba igual, Ronaldo debía cambiar su traje barato por un esmoquin de gala, de Eindhoven a Barcelona para darse a conocer al mundo. Aunque por aquellas fechas, lejos de la fanfarria mediática y la persuasión de las chequeras, a Ronnie sólo le importaban sus goles.

Y fue en Barcelona donde el presidente Núñez, previo pago de 2.500 millones de pesetas, eclipsó las grandes bazas de Lorenzo Sanz. No había terminado la Liga del ‘doblete’ atlético, cuando el Madrid ya había pescado a Mijatovic y Suker.  Las exigencias de Capello eran capitales en un Madrid reseteado, mientras que el Barça buscaba un tótem que evitara la nostalgia popular por el extinto Dream Team. Ronaldo fue el elegido pese al recelo de ciertos directivos azulgranas que no olvidaban la huida del díscolo Romario; sabían que Europa le miraba con ojitos, pero también les preocupaba que tratar al brasileño con ínfulas de divo podía volatilizar el vestuario. Al principio no sucedió así: Ronaldo se hinchó a marcar goles, a cada cual más espectacular, y todo el planeta puso una cámara de televisión en el Camp Nou para no perder detalle de su nuevo crack. Su bestialidad ante el Compostela se vio desde Siberia hasta la Patagonia; al  Valencia le horadó el muro defensivo dos veces como una tuneladora y al Depor le tumbó en una jugada que empezó el brasileño precisamente sentado en el suelo. Parecía que el Barça también le quedaba pequeño porque, aparte de goles, arrasó en todas las competiciones salvo la Liga, que perdieron en el Rico Pérez, aunque sin él. No pudo apuntillar el campeonato porque Brasil le había reclamado para la Copa Confederaciones (aquel en el que Roberto Carlos le enchufó a Barthez un misil inteligente), aunque le traía sin cuidado: sus desavenencias con Núñez y Gaspart eran evidentes porque sus goles le habían colocado en una posición ventajosa para negociar un contrato más suculento…¡y eso que había fichado por ocho temporadas a razón de 250 kilos cada una!

A tenor de los acontecimientos posteriores Ronaldo nunca debió ser tan codicioso en el Barça; habría ganado mucho más dinero y títulos si hubiese permanecido allí. La Liga española no era el Calcio, aquí podía relucir su infinito potencial cuando se le antojaba. No obstante, tampoco es descabellado pensar que habría tenido más de un rifirrafe con Van Gaal, el sucesor pactado de Bobby Robson. Pero, tal como le pasó en el PSV, se declaró en rebeldía en Barcelona y el Inter casi tuvo que hipotecarse para pagar 4.000 millones. La historia de Italia guarda dos instantáneas legendarias: la primera expresa a Ronaldo en su máximo apogeo con tres amagos y un regate inolvidable al portero del Lazio Marchiegani en la final de la UEFA 98; la otra, la del contraste y aún más famosa, fue su llorera desconsolada en el Olímpico de Roma en abril del 2000 tras romperse el tendón de la rodilla. Sus lágrimas de dolor alertaban de un retiro prematuro, pero todo lo contrario: el fútbol todavía le debía rendir un tributo muy especial.

El lejano Oriente premió el afán de superación de Ronaldo. Con una rodilla casi biónica, Ronaldo ganó su primer Mundial, postergó para siempre su recuerdo convulso de la final de Saint Denis de Francia 98, y lo más trascendental, se encontraba a sí mismo en esa ‘manada de búfalos’ que tan acertadamente metaforizó Jorge Valdano. Paradójicamente, pudo haber vuelto al Barcelona de Gaspart, pero Moratti prefirió sacarle los cuartos a Florentino Pérez en su búsqueda del tercer ‘galáctico’ tras Figo y Zidane. En Madrid pidió paciencia y, vigilando de reojo su rodilla, exigió la preparación de un soldado espartano. Más que entrenarse en el césped, hizo largos en una piscina semiolímpica como si se trataran de esprines; lógico, el Madrid le había rescatado del plomizo Inter otorgándole una segunda juventud. Su debut en el Bernabeu con dos golitos ante el Alavés no pudo ser más estratosférico. Incluso, descartó acudir a los Carnavales de su amado Río por compromiso moral: su decisión convenció a los más escépticos porque en plenas fiestas, Ronaldo clavó un hat trick en Mendizorroza. ‘El Fenómeno’ estaba de vuelta para consternación de Moratti.

Con el júbilo de la Liga del 2003 Ronaldo creyó que ya le había devuelto el favor al Madrid. Al año siguiente su talento no aflojó, pero sus distracciones extradeportivas intuían que el camino no era el más propicio para levantar la Champions que le faltaba. Los jugadores del Madrid también se habían convertido en el epicentro del papel cuché y especialmente Ronnie, que montaba fiestas al estilo Berlusconi, aderezadas de paparazzis y gente de la farándula. Los caprichos de los ‘galácticos’ comenzaron a engendrar el ‘monstruo’ con el que no pudo Florentino dos años más tarde, pero poco le importó a Ronaldo: Madrid era su ciudad perfecta y pese a algunas lesiones, ya ninguna tan grave como la del 2000, ahí quería concluir. La Copa de Europa nunca llegó y en el equipo militarizado de Capello no encajó. Eso sí, se despidió marcando dos goles en Kiev a cinco grados bajo cero. El Milan lo reclamó como una reliquia más para el geriátrico que tenía montado y desde entonces,  poco más ha trascendido del gran Ronaldo. Bueno, sí, otra lesión importante en la rodilla sana.

En el Mundial de Alemania hizo ademán de resurgir, pero se quedo en eso: un falso indicio. Ronaldo había contribuido con creces a meterle más dosis de espectacularidad al fútbol, pero su crepúsculo inexorablemente le estaba llamando. Y durante esta última época Brasil ha sido un retiro agradable hasta que anunció su retirada antes de ayer. Sin duda, una carrera sublime con un final triste y un problema sintomático de gordura. Aún así, jamás he visto un delantero igual, me atrevería a decir que ningún jugador en general. Porque sólo con él he notado la sensación de que algo tremendo se avecinaba cuando cogía la pelota….y eso que Barcelona fue su mejor temporada.

¿Crear o fichar Balones de Oro?

Sbado, 11 Diciembre 2010

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La página web del Madrid ha publicado un vídeo con lo mejorcito de los chavales de Valdebebas. Os invito a verlo porque la peliculilla – siempre institucional, claro- es una chulada que muestra a niños que sueñan con ser ovacionados algún día en el Bernabeu. Lo curioso es que el club haya decidido sacar a la palestra las divinidades de su cantera justo estos días en los que Italia ha filtrado que La Masía será recompensada con un Balón de Oro. Porque hoy el mundillo de fútbol, ajeno al ciclón que estremece nuestro atletismo, rinde tributo a la escuela del Barcelona, esa que últimamente fabrica estrellas en cadena. Zubizarreta, ahora director deportivo con Rosell, dijo hace semanas que la esencia de la cantera era casi perpetua, sólo que Cruyff le dio un toque más moderno con las tesis de la siempre prolífica academia holandesa.

El caso es que dos décadas después de la impronta de Cruyff, su creación va a ser gratificada de nuevo, esta vez con Iniesta. Aunque hubiese dado igual, porque podría haberlo ganado Xavi o incluso Messi, al que le sigue faltando el respaldo de una selección creíble para ganar el Balón de Oro todos las temporadas. Pero este año es el de España, y qué mejor embajador que el autor del gol más importante de nuestra historia o el del alumno más aventajado de La Masía. Y me consta que el Madrid, en actitud elegante, lo aplaude al tiempo que reflexiona cómo crear algo similar. Ése (y ganar títulos, claro) es uno de los retos de Florentino, quien quiere dejar un legado en el que trascienda un porvenir garantizado por encima de las balanzas de pago.

Pero quizá el Madrid no debería intentar emular las tesis de Cruyff. De siempre he escuchado que el Barça enseña a sus niños teoría y práctica del balón, mientras que el Madrid sublima la psicología de la motivación. Por eso, a los azulgranas se les reconoce su exquisito mimo de la pelota y a su rival se le admira la capacidad de superación y el ‘espíritu Juanito’ que obró tantas y tantas inolvidables noches europeas, y que a la postre heredó la Quinta del Buitre. Pero todo esto es historia moderna. Antes, con las teles en blanco y negro, el Madrid ganaba porque era el más técnico, el más táctico y el que disponía de los mejores futbolistas. Así me lo reconoce el alquimista de la escritura Miguel Ors.

Desde que tengo uso de razón, Barça y Madrid han buscado la excelencia por caminos diferentes e igual de válidos. Sólo atisbo una pequeña-gran diferencia en los últimos veinte años: el Barça se ha currado sus Balones de Oro y el Madrid los ha fichado. Stoichkov representó el éxito del dream team con el premio del 94; Ronaldo siguió el consejo de Valdano a Romario y jugó como un ‘futbolista de dibujos animados’ en el Barça de sir Bobby Robson (que en paz descanse) del 97; en el 99 Rivaldo maduró en Barcelona lo que se le intuía en el Depor; Ronaldinho no desentonó en 2005 tras la ristra de premios de sus paisanos y Messi ha sido la última gran invención. Ésta tratada con más cariño, si cabe, por aquello que ha ido escalando de alevín hasta el primer equipo. Muchos Balones de Oro a los que se unirá Iniesta por su condición de compañero solidario que nunca falla en el campo y ser un jugador buenísimo, así de simple.

En el Madrid también los ha habido pero por méritos no tan exclusivos. Figo, Ronaldo y Cannavaro fueron galardonados más por su contribución mundialista que por sus credenciales en el Bernabeu. El portugués lo ganó en el 2000, justo el año de su cambio de camiseta; en el de Ronaldo pesó su Mundial de Japón y Corea, porque apenas había jugado un puñado de partidos de merengue. Y Cannavaro, al igual que Ronaldo, se lo llevó porque lideró a Italia en la conquista del Mundial de Alemania. Cierto es que Raúl lo mereció en el 2001, pero se le adelantó Michael Owen con una amalgama de trofeos menores (Copa inglesa, UEFA, Supercopa, etc).  

En definitiva, a ambos equipos les ha ido bien haciendo sus apuestas: en Barcelona alucinan cada vez que uno de los suyos es premiado, porque eso significa que el equipo arrambla con títulos, y en Madrid han tirado por fichar cracks mundiales y esperar a sus promesas. Y como las generaciones van por ciclos, quién sabe si una nueva hornada está macerándose en Valdebebas. Pero, de momento, disfrutemos de la del Barça.      

La leyenda del indomable

Mircoles, 2 Junio 2010

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Raúl no ha aclarado su retirada. Y no porque le quede un año de contrato (con el pastizal que eso implica), sino porque no quiere buscar nuevas distracciones. Pocas veces se ha visto a un jugador tan entretenido en un entrenamiento, convocatoria o todo lo que huela a partido. A él le apasiona la táctica; le pirra el físico y se sobreexcita cuando le mandan al campo. Últimamente se ha sentado mucho en la banqueta, pero da igual: sufre más que cuando juega. Con Pellegrini tenía el acuerdo tácito de  gritar y mandar a los jugadores cuando el lance lo requería. Sí, Raúl no es uno más, es el otro special one.

Llega Mourinho, un tío que se expresa con brevedad y concisión; dice haber charlado ya con Raúl para darle su parecer. No me cabe duda de que esa conversación literal saldrá publicada algún día, pero todavía no. ‘Mou’ respeta al gran capitán, ¿cómo se le iba a ocurrir lo contrario?, y dejará que sea el ‘7’ quien ponga el compás de su colofón. Porque Raúl nunca molesta, ni siquiera cuando le incordiaron con Ronaldo, Owen, Baptista,…Siempre se ha prestado a los designios de los entrenadores y a los intereses del club. Cuando su idiosincrasia no congenió con la galaxia de Florentino, no tuvo reparos en manifestar que se largaría si el club lo convenía. No ha hecho falta, porque Raúl nunca ha estorbado. En su día (tristemente pretérito) fue el mejor porque él se lo creyó y desde hace tiempo se ha metamorfoseado en el personaje que urge en la plantilla: un compañero generoso en el esfuerzo y siempre cuadrado cuando la batalla lo requiere. Su último gol ante el Zaragoza, con esguince de tobillo incluido, evidencia sus prestaciones: las de ese Ferrari que anunció Fernando Hierro hace siglos.

Sin duda, el Ferrari desapareció, pero continuó un diesel de máxima fiabilidad. Raúl sigue gustando y se deja gustar por los entrenadores; aconseja y escucha a los advenedizos de la causa madridista; porfía en ganarse otra vez el puesto, a pesar de que ha perdido el reprís definitivo. En definitiva, Raúl recuerda al genial Paul Newman de La leyenda del indomable: aquel tío, orgulloso como  pocos en lo que creía, que aguantaba estoicamente todo lo que le echaran. En aquella película, Newman apostó que se comía cincuenta huevos en una hora y lo consiguió. Si Raúl espetase que aguantaba otras tres temporadas más, no vacilaría, seguro. Aunque nunca lo haría, sabe dónde termina su guión.

Y de repente, Guti

Domingo, 31 Enero 2010

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Allá por el 2002 Ronaldo se quedó boquiabierto después de sus primeros entrenamientos con Zidane, Figo, Raúl y compañía. “El tío que más me ha sorprendido ha sido el rubio, Guti”. Evidentemente, el gordito brasileño no nos descubría nada nuevo. Por entonces, Guti ya se pavoneaba como una estrella, consciente de que su personalidad era exclusiva, al igual que su talento.

Anoche se barruntaba cualquier cosa. Podía pasar que, fiel a la costumbre, el Depor diera la noche al Madrid y Guti se inmolase. O por otro lado, que el genio patentara alguna jugada no escrita en los manuales. Para gracia del Madrid y, sobre todo, de este deporte, el diseño del segundo gol se va a estudiar en las escuelas de fútbol. Ni el más fantasioso habría imaginado un desenlace más inverosímil. Guti se fabricó la jugada y cuando encaró a Aranzubia para meterla (o fallarla), su sexto sentido se activó y asistió a Benzema con un taconazo magistral que el francés no desaprovechó ante el asombro del estadio, sus compañeros, los del Depor y los telespectadores. Todos menos Guti, claro.

Inopinadamente, el genio incomprendido va camino de ser el mejor refuerzo del mercado invernal. Quién se lo iba a decir a Valdano en noviembre, cuando el ‘Alcorconazo’ y la bronca entre el jugador y Pellegrini motivó la supuesta salida de Guti. No, él es un madridista puro y no va a huir sin terminar el trabajo. Al margen de que la temporada acabe bien o no, Guti merecerá una despedida más acorde a su primor que a su díscolo carácter. Y, por supuesto, en el vídeo de su adiós tendrá que aparecer ese taconazo antológico que sólo él y nadie más en el mundo se ha atrevido a hacer en cien años.  

El caso es que la renovada inspiración de Guti mantiene al Madrid en la guerra de las dos galaxias. En la del Barça todavía no se han detectado anomalías, aunque la victoria en El Molinón no fue coser y cantar. Es más, el gol de Pedro fue ilegal pero sólo se queda en anécdota: el Barça fue muy superior al Sporting y punto. No obstante, partidos como ése auguran batalla hasta al final. Por de pronto, el Madrid ha salvado su primer ‘match-ball’.