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Mito intocable

Domingo, 23 Noviembre 2014

Leo Messi se hzo eterno. Habló en el césped alto y claro, porque ni siquiera amagó con agradecer delante de un micrófono los aplausos de tantos años. El Camp Nou entero le rindió pleitesía y demostró que Messi, en versión exultante o taciturno, ya es un mito intocable. No en vano, el público no fue ajeno al tsunami de noticias que provocó la advertencia del argentino en el diario Olé, y subió exponencialmente los decibelios de los silbidos cada vez que Bartomeu y Zubizarreta aparecían en el vídeo homenaje del marcador electrónico. La COPE informó el pasado miércoles que el misil verbal de Messi contra la convulsa directiva había sido premeditado: Bartomeu es sólo la extensión del desaparecido Sandro Rosell, cuyos delirios para que Neymar sea el futuro del Barça acabarán cumpliéndose a contrarreloj, antes de que el proyecto pueda quemarse en las próximas elecciones. Si el presidente del Real Madrid ha peleado cinco largos años para presumir del Balón de Oro de Cristiano, los dirigentes azulgranas intentan exprimir a Neymar en sus medios de comunicación afines en detrimento de Messi. Ese tacto corrosivo ha molestado al argentino.”Eso no se le puede hacer a un astro”, dijo Diego Maradona en plan paternalista la tarde que Rosell anunció el fichaje de Neymar.; ‘El Pelusa’ explicó entonces que a los números uno “no sólo se les debe cuidar con plata” (Messi tiene el salario más alto del fútbol mundial después de una buena ristra de ampliaciones de contrato). Y parece cierto, los genios son caprichosos y, lejos de encabritarles, hay que entender sus preocupaciones para que no escondan el genio, precisamente.

Tenía ganas de olvidar los trapos sucios y respondió a esa prensa de caverna que tanto le ha repetido sus arcadas, vómitos y actitudes indolentes. Messi cerró su caja de Pandora volviendo a disfrutar como un enano. En el primer gol se olvidó de cualquier lío palaciego y se concentró en colocar el balón en la escuadra; en el tercero, reeditó su jugada favorita: zigzag entre defensas con pase incluido a un compañero y remate raso inapelable desde el balcón del área. El récord de Zarra había aguantado demasiados partidos y Messi necesitaba redimirse ante su gente por ese torrente de rumores y sospechas que le había pillado por tierra, mar y aire. Ni el mismísimo Ronaldinho, que le aupó a su espalda en el momento que Leo marcó su primer gol en Primera División contra el Albacete, habría imaginado una explosión tan meteórica. Dinho fue su tutor en diabluras con la pelota y en 2005 intuyó que ese retaco tímido agitaría la historia del fútbol como si fuese una coctelera. Pero jamás pensó que en menos de una década Messi quedaría inmortalizado; más que nada, porque no ha sucedido con nadie más en tan poco tiempo. Quien sí advirtió ese brote de Balón de Oro fue el periodista Roberto Martínez, que en 2001 publicó un artículo en Mundo Deportivo describiendo las “bestialidades” del chico rosarino del Cadete B del Barcelona. Un tal Leo Messi ya se comía el mundo de su edad junto a Cesc Fábregas y Gerard Piqué, entre otros. Chapeau por el ojo clínico del periodista.

De récord en récord y ahora a buscar más motivaciones. Quizá la primera sea desempolvar la figura del Messi explosivo, el que está quieto y de repente arranca unos metros con el balón para volatilizar partidos. LLevaba tiempo deambulando por el césped, más desconcertado y desmotivado que ahogado físicamente. Al final, todo (o casi) es problema de cabeza. Y Messi entendió anoche que el Barça no es la sombra de Rosell delegada en Bartomeu, son los cientos de miles de devotos que le aman y nunca podrán agradecerle del todo la década orgiástica que han disfrutado. Y lo que todavía queda, porque Messi con 27 años ha entrado en una etapa madura en la que tendrá que ir reinventándose para seguir en el pedestal más alto. Zarra cayó al segundo y ya mira con temor hacia abajo, donde un cohete portugués sube pies a toda velocidad.

 

 

Guardiola baja al barro

Jueves, 11 Julio 2013

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“Se veía venir. Hasta Charly (Rexach) se va porque dentro del Barça ha pasado algo. Con Ronaldo también pasó y se fue. Como todos, por el engaño, por el comportamiento de Núñez y Gaspart. Es la conducta del club: siempre desprestigiando”. No es Guardiola, sino su gurú Johan Cruyff, quien esperó año y medio para rajar de arriba abajo a la directiva con la que se hizo un nombre en el banquillo y a la que acabó detestando. Como un reloj suizo, el ex entrenador aguantó hasta el momento preciso para soltar toda su bilis reprimida; el foro, mejor imposible: la plataforma ‘antinúñez’ del Elefante Azul de su buen amigo Laporta. Pero, a diferencia de Guardiola, el holandés ni abandonó la Ciudad Condal ni pidió expresamente que le ignoraran. Al contrario, Cruyff no se anduvo con tanto secretismo: un 18 de mayo de 1996, camino del entrenamiento matinal del Barça, se enteró por la prensa de que Núñez había contactado con Bobby Robson para sucederle. Su consecuente cabreo de proporciones bíblicas alcanzó a Gaspart, que esa mañana acudió al centro de entrenamiento para apagar el incendio que se avecinaba.

Guardiola no ha tardado tanto en reventar el establishment de Rosell. Desde su atalaya de la Gran Manzana, a “seis mil kilómetros de distancia”, ha olido rumores que percibe nauseabundos, emanados desde los despachos de Can Barça y transmitidos por sus periodistas pretorianos de La Vanguardia y Mundo Deportivo), lo que le ha enrabietado hasta límites insospechados. Tanto, que su estereotipo ‘mea colonia’ se ha ido al traste con una respuesta demasiado larga y fuera de lugar ante la pregunta sugerida en catalán por un reportero argentino. La rueda de prensa de Pep en la pretemporada italiana del Bayern obligaba a saber la verdad de las declaraciones del vicepresidente del Santos; “Tito no sabrá utilizar juntos a Neymar y Messi”, habría dicho Guardiola al padre de Neymar en la más estricta confidencialidad. “Ha habido demasiadas cosas este año en que se han pasado (la Directiva) de la raya. Utilizando la enfermedad de Tito para hacerme daño. Esto no lo olvidaré nunca porque yo a Tito le he visto en Nueva York y, cuando no le he podido ver, es porque no ha sido posible, pero no por mi parte”. Ni en boca de Rosell ni en la de su portavoz, Toni Freixa, se ha escuchado ni la más mínima insinuación sobre la relación Guardiola-Tito. Es la prensa afín al presidente la que ha alimentado ese morbazo del supuesto amor-odio de quienes fueron colegas de éxitos.

Si hace años las entrañas políticas del Barça describían un imperio, el ‘nuñismo’, contra la Resistance del Elefant Blau; hoy las altas esferas azulgranas están intoxicadas por una lucha de poderes entre la anterior presidencia y el engendro que nació de los excesos de Laporta, o sea, la vuelta de un Rosell descarriado durante la última edad dorada del club. Los conciliábulos que cuchichean por la ciudad contra los yupies de Sandro ven a Laporta como instigador y, a la vez, mártir número uno contra el nuevo régimen; él orquesta los ataques a sabiendas de que Cruyff, en ocasiones esporádicas, y Guardiola, por una vez, le llevan las balas. No obstante, el misil tomahawk que ha lanzado el técnico del Bayern por tierra, mar y aire estaba preparado desde el primer día en el que su último presidente atizó judicial y públicamente a su ex presidente y buen amigo. La reacción perpetrada, que no vehemente, de Guardiola agita al barcelonismo como una coctelera, en la que Guardiola y Cruyff son dos divinidades ya eternas para el soci y Rosell un presidente sin pena ni gloria. Y a nosotros, los periodistas, ansiosos de ver sangre, Pep nos va a ofrecee una película más excitante que un Chelsea (Mourinho)-Bayern. Lo ha conseguido: Guardiola y este Barça se han jurado odio eterno, sólo que el club no se atreverá a ir a la guerra. Popularmente perderían.

David Villa, nombre estelar de precio vulgar

Lunes, 8 Julio 2013

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Muy poca gente se dio cuenta de lo que Enrique Cerezo le dijo a Leo Baptistao la mañana de su presentación: “Te deseo mucha suerte, que la vas a necesitar”. Medio vacile, medio en serio, nunca se sabe cuál es su intención real, el presidente describió al ex delantero del Rayo la esencia del Atleti de forma lacónica: breve y concisa, como les gusta escribir a los poetas. Quizá embriagado por las quejas de Simeone al otro lado del Atlántico, Cerezo le mandó un recado a su director deportivo, Caminero, pidiéndole con su habitual cachondeo ”que viniese alguno más”. Es obvio que la escena no estaba teatralizada, a lo mejor Cerezo sabía de una inminente reunión de Caminero y Gil Marín en Asturias con el siguiente fichaje, pero llevaba una carga de pólvora que no ha estallado de milagro; en concreto, el de haber fichado a David Villa sin apenas dinero en metálico para pulir. Pero Gil Marín, siempre con la sospecha a cuestas por su aparente falta de liderazgo, se ha vuelto a revelar como un mago de las finanzas.

Su jugada perfecta es haber contratado a Villa como quien compra un coche con financiación leasing: una entrada y después diferentes cuotas a medida que transcurran los años. Si el Atlético le encuentra sustituto el segundo año, entonces le habrá costado 2 millones; si es el tercero, cuatro ‘kilos’ y si acaba su contrato en 2016, un milloncejo más hasta sumar esos irrisorios 5,1. Al menos, eso habrá pensado Manuel Llorente, ya desde su retiro como ex presidente del Valencia, que lo vendió al Barça en un regateo más propio del Gran Bazar por 40 millones, un P.V.P propio de un top mundial. Pero, entonces, el ’Guaje’ se había ganado el derecho a codearse en la élite después de salvar la vida a su selección dos veces en el Mundial de Sudáfrica. Sandro Rosell se fijó en él como reclamo electoral para compensar la frustración popular con Ibrahimovic y el efecto fue inmejorable: campeón de Liga y gol en la final de Wembley contra el Manchester United. Sin duda, el asturiano cuajaba bien a la vera de Leo Messi, respetando su jerarquía, por supuesto.

Pero la fatalidad truncó la rentabilidad de un fichaje que hasta año y medio después había sido increíblemente solvente. Un mal movimiento en el Mundialito de clubes de Japón le dejó sin tibia y a partir de ese instante, aparecieron los miedos de cualquier futbolista que retoza en el éxito más absoluto. La recuperación fue prolija y delicada, y a pesar de que el Camp Nou esperaba su vuelta con los brazos abiertos, el hueco por la titularidad estaba más caro que nunca con una pierna casi biónica. Esta última temporada ha sido la del ‘casi’: Villa ha recordado en Can Barça a Kluivert en su última versión: muchas ocasiones pero con la mirilla del fúsil apuntando fuera de la portería. Es ley de vida: una lesión tan grave arrastra incluso al mejor de los mejores, como le sucedió al brasileño Ronaldo en el Inter. Sin embargo, la devoción de Ronnie por el balón le brindó una segunda juventud en el Mundial de Japón y Corea; el caso de Villa y la confianza casi ciega de Del Bosque es similar. Pero Villa es Villa y Ronaldo fue de otra galaxia.

Y justo ahora, cuando la Premier le había tentado, el asturiano ha preferido la opción del Atlético, quizá por el temor de no alcanzar el ritmo vertiginoso del fútbol inglés. Tiene 31 años y,, mirando siempre de reojo a la tibia, la Liga todavía puede darle una oportunidad que culmine en Maracaná, quién sabe. Puede que ahora, liberado del hermetismo del vestuario azulgrana, sepamos el porqué de las broncas con Messi; si se centraban en un pase mal tirado o, realmente, había dosis de recelo. Pero eso es morbo. Villa ha dicho ’sí’ al Atleti porque se ve capaz de organizar mejores festines goleadores (o al menos igualarlos) que Forlán, primero, el Kun Agüero, después, y por el último el inolvidable Radamel Falcao, éste aún con la etiqueta de mejor rematador de la Tierra. De lo contrario, ningún opositor al gilifato podrá achacarle a la directiva otro dispendio absurdo. ¿Qué son cinco puñeteros millones en este mundillo? El problema no es ése, sino los 5 millones limpios de polvo y paja que cobra el delantero. Pero seguro que Gil Marín tiene otro plan estratégico.

Laporta: ¿Elefant Blau o vendetta?

Jueves, 13 Junio 2013

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Salió Joan Laporta a la palestra. Sin ventajismos, porque las elecciones todavía quedan muy lejos, pero con un aire de vendetta contra Rosell y su Due Diligence, ese misil inteligente que la actual directiva le lanzó por un supuesto uso fraudulento del club. Fiestas, juergas y otros gastos orgiásticos fueron las acusaciones de la actual directiva contra Laporta en los tiempos de vino y rosas de Guardiola. Y justo en estos momentos, en los que el futuro del Barça no está garantizado con una continuidad larga de Tito, el ex presidente se ha posicionado ante la opinión pública. Si su Elefant Blau fue el martillo pilón de la época ominosa de Gaspart, una nueva oposición pretender incordiar a Rosell hasta el 2016 electoral. Porque a Laporta no sólo le mueve la sed de revanchismo, también su impresión folclórica, quizá chapada a la antigua, de que un grupo de directivos con ínfulas de yuppies de Manhattan han convertido al Barcelona en una multinacional en la que la facturación ha hundido hasta el fondo el seny de aquel Barça que arrambló con todos los títulos.

De UNICEF a Qatar Foundation, y de esto a Qatar Airways. Laporta no quiere entender que sin patrocinadores (los verdaderos dueños del club) el fichaje de  Neymar habría sido imposible de equilibrar en la balanza de pagos; tampoco el sueldo estratosférico de Messi, bien pagado como debe corresponde al mejor futbolista del mundo y al que ahora Hacienda le está examinando hasta el último billete de 5 euros invertido. La idea quimérica de quien fue uña y carne con Rosell es obsequiar al gran público con otra generación de leyenda: diferentes ‘Messis’ e ‘Iniestas’ con los mismos valors. Y en este aspecto, Laporta ha apuntado bien su dedo acusatorio: La Masía va a dejar de ser patrimonio azulgrana para ser patrimonio de la humanidad. Deulofeu es el alumno más aventajado de esta promoción y el club, lejos de blindarle, pretende escuchar ofertas, alguna muy jugosa desde la Bundesliga; Muniesa está a punto de fichar por la Real Sociedad; Sergi Roberto y ese central Bartra que imita los movimientos de su maestro Piqué, están en el mercado. Extraña que detrás de todo este incesante runrún de mercadeo no haya levantado la voz Johan Cruyff. gurú azulgrana de profesión hasta que entraron los yuppies.

En el área de fichajes deluxe, Laporta piensa que Neymar es la consecuencia del resquemor de su antiguo amigo. Ronaldinho y Etoo siempre quedarán como reliquias; Rosell necesita dejar su huella personal e intransferible para que la línea continuista no sea demasiado descarada. De momento, ha convertido a la cresta más popular de Sudamérica en un reclamo inigualable porque, al menos, ya hay una excusa diferente para comprar una entrada en el Camp Nou. El público quiere ver algo nuevo y, desde luego, Neymar, aparte de la legión de patrocinadores que trae a Barcelona,  aparenta tener en sus botas. un talento diferente a lo que hemos visto en la Liga los últimos años. De lo contrario, el fútbol brasileño sería un engañabobos.

Pero hay un punto en el que Laporta ataca con vehemencia y sin inteligencia: el caso de Abidal. Cree que el Barça ha ensuciado su salida cuando la ética pedía renovarle. Pero Rosell resumió este jueves el talante de la entidad con una frase sensata: “Cuando Abidal tuvo una enfermedad el club no tuvo ninguna duda en renovarle; cuando ya ha estado bien, y me consta que está perfecto, le tratamos como un jugador de fútbol”. Después de que Abidal fuese operado con éxito en abril de 2012, el equipo médico dirigido por el Doctor Juan García Valdecasas pidió consejo a una de los cirujanos más autorizados y reputadas en el mundo sobre trasplantes de hígados, el cual reside y trabaja en Madrid. La respuesta fue negativa, dada las posibles graves consecuencias que podía sufrir Abidal si volvía al fútbol de élite. Siguiendo o no la sugerencia de este médico, es lógico que el Barça no quiera jugar con la salud del futbolista. Laporta debería entenderlo.

Cruyff intuyó bien, ¿y Tito?

Viernes, 3 Mayo 2013

Pretemporada de 1994. El Barcelona se estrena en Holanda con la intención de perpetuar el Dream Team sin el tránsfuga Laudrup y con Romario jugando al fútbol-playa en Copacabana al calor de la verbena mundialista. El despido fulminante de Zubizarreta tras su deplorable actuación en la final contra el Milan  (se lo comunicó Gaspart en el autobús que trasladó al equipo a la terminal recién aterrizado de Atenas) y la salida del danés apenas inmutaron a Johan Cruyff, quien todavía confiaba en su eje Koeman-Guardiola-Stoichkov para encontrar más momentos de gloria. Pero aquel amistoso de agosto cambió de un plumazo las expectativas del técnico holandés: los azulgranas abrían fuego contra el Groningen, equipo de media tabla, y nadie habría presagiado al descanso una de las mayores catástrofes en la historia de los bolos veraniegos. El Barça se metía en la caseta con un 4-0 adverso merced a una defensa de cartón-piedra (Geli, Nadal, Koeman y el debutante Sergi Barjuán) y, sobre todo, a la actuación tragicómica del ‘meta de balonmano’ Carles Busquets.

Cuentan que durante el descanso Johan ni señaló ni sermoneo a ninguno, tampoco hubo arenga alguna: simplemente nombró a todos los que jugarían en la segunda parte. Al final, Gica Hagi, el fichaje estrella de ese año, solucionó el desastre con un alocado 5-5. Cruyff no tardó ni diez minutos en dar la rueda de prensa y soltar que su intención era la de “matizar el equipo”, pero que la primera parte “le había dejado claro quién era quién en ese equipo”. La intuición del holandés no le traicionó: aquello fue el principio del fin para un grupo que había rozado o, mejor dicho, tocado la perfección estética al primer toque. ¿Hartos del éxito? Guardiola dijo hace dos días en Bogota que todos se cansan y que la gracia de su vestuario fue seguir con esa ansia. Sin embargo, el ex técnico advirtió que su Barça también debía ser “matizado”; no en vano, propuso a la directiva de Sandro Rosell una pequeña criba para evitar complacencias o posibles ‘elementos distorsionadores’. Vamos, sacar de allí a gente como Piqué y Dani Alves, cuyo rendimiento había bajado quizá por un estilo de vida disoluto.

El propio Piqué pidió “decisiones”. Siempre sincero y a veces políticamente incorrecto, el central hizo honor a la genial frase de Moneyball con la que el dueño de los Red Sox resume a Brad Pitt su cruzada revolucionaria en el negocio del béisbol: “El primero que rompe el muro sale sangrando”. Piqué reconoció en caliente (instantes después del pitido final) lo que la directiva no se atreve a revelar hasta que canten el alirón. La prensa agradece contar con futbolistas que den titulares, ése es buenísimo, pero es lógico que al Barça no le haya hecho ni pizca de gracia, y menos a Rosell, que echó balones fuera en el micrófono de Mónica Marchante al ser preguntado por esas declaraciones. El jugador dijo lo que su afición barruntaba y los jefes temían desde hacía semanas, las que han contemplado una sola victoria en la fase decisiva de la Champions. Lo dijo, pero no debió hacerlo: política de cualquier de empresa. ¿Os imagináis que un encargado de Zara recomiende a Amancio Ortega cambios en Inditex? Piqué cobra para jugar; las decisiones las toman arriba, empezando por Tito Vilanova.

La cuestión es Messi, siempre Messi. Por algo es el mejor del mundo y quizá de la historia. Pero la segunda eliminación consecutiva deja una lectura preocupante: la puesta a punto del crack argentino. El público se pregunta por qué el Barça no ha contado con todo el talento de su estrella. Falló su dosificación y su recuperación. Leo ya ha reventado cualquier estadística imaginable, así que nadie le reprochará seguir superando sus propios números. Sólo de ese modo el Barça recuperará su perfección; bueno, con eso y los retoques del próximo curso. Entonces, sabremos si la intuición de Tito es tan certera como fue la de Cruyff.      

El equipo, siempre el equipo

Martes, 19 Marzo 2013

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“La mentalidad de los catalanes es devorar lo que estaba antes”. Fue la coartada que utilizó Johan Cruyff en El Partido de las 12 de COPE para explicar su negativa a un hipotético regreso. Su personaje futbolístico apenas tiene parangón en el mundo: dejó el banquillo azulgrana en 1996 pero sigue siendo el tótem del barcelonismo, un gurú sin relevo que el soci anhela en momentos tempestuosos. Consejero presidencial de Joan Laporta, ha vuelto a dejar claro cristalino que Rosell y sus yuppies no cuajan en sus ideas…ninguno ha sido futbolista y en la recámara Cruyff, amante del método, sólo otea uno: el Bayern de Munich. Dos décadas después de que su Dream Team se reivindicará como equipo inmortal, el respeto reverencial a la hazaña de Wembley no le permite compararlo con el prodigio engendrado por Guardiola; ni siquiera se deja viciar por el efecto ‘mamatorio’ que propicia Messi: “En este momento tiene mucha calidad, pero no se puede desprestigiar a Pelé, Di Stefano…”. No citó a Maradona pero conviene con él que Messi será juzgado con más perspectivas, con la última edición de sus antologías.

Pero su reflexión inicial no es un pensamiento generalizado. Habla del Barça desde una distancia sideral, la que él ha interpuesto contra la actual directiva. Quién sabe si ésa es la mentalidad de los catalanes, el hecho incuestionable es que el club no ha traicionado el principio que Cruyff importó a finales de los ochenta, patentado por Rinus Michels: el concepto de equipo. Es en este punto donde el holandés se siente a gusto diseccionándolo con periodistas o con aficionados: el Barça ha creado un único estilo con diferentes peones, y no se trata del misticismo histórico del 4-3-3, no, “tener el balón más tiempo y tenerlo lejos de la portería. Así es como puedes jugar como te gusta”, ésa es la gracia de la doctrina cruyffista. Y nunca se consigue cuando los egos de los futbolistas imperan sobre el grupo, al revés, lo destrozan. Cruyff entendió que su Barça ahíto de títulos y palmaditas por la espalda necesitaba nuevas motivaciones: el bofetón del Milan en la final de Atenas fue el resorte definitivo. ¿Por qué? Aparte de la trampa táctica de Fabio Capello, Cruyff tuvo que ignorar a ratos su magisterio socrático para convertirse en gestor de los malditos egos: de este modo, llegó un momento que se hartó de Laudrup, después Romario, Stoichkov, etc. Reseteó el equipo con talentos de La Masía pero no todos los relevos salen bien. Es ley de fútbol.

Hablando de egos, y en medio de la burbuja que la prensa está hinchando alrededor de Neymar, Cruyff saca una aguja para pinchar tanta expectación desmesurada sin razón: “El Barça no necesita a Neymar en estos momentos, para qué gastar dinero”. De primeras, suena rencoroso contra el sueño faraónico de Rosell de fichar él, y sólo él, a un Balón de Oro en potencia. Sin embargo, los acólitos del cruyffismo entenderán que Neymar se vende en Brasil como un producto deluxe todavía no comparable a las primeras marcas europeas. Ejemplos como el de Robinho, cuando Florentino Pérez se encapricho dé él y los periodistas brasileños le nombraron sucesor de Pelé, demuestran que este tipo de jugadores eclipsan con ruidosas campañas de marketing, pero que en el fondo, y para entender el método, necesitan paciencia y fogueo. Así empezaron Romario y Ronaldo en el PSV Eindhoven, Rivaldo en el Deportivo y Ronaldinho en el Paris Saint Germain, Y Cruyff piensa, sin decirlo, que así debería hacerlo Neymar.

Una desidia incomprensible

Domingo, 3 Marzo 2013

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La imagen de pasotismo absoluto quedó inmortalizada en el minuto 38: Messi pasa el balón a Iniesta en la medular y éste se la devuelve otra vez en cortito; el argentino sin pensárselo vuelve a cedérsela al manchego, que lo ve todo nublado y la deja en pies de Messi…así hasta ¡ocho pases! en apenas tres metros. Los jugadores del Madrid se mantienen en sus posiciones contemplando las idas y venidas del balón sin intención de acabar con el tostón. De repente, el fútbol de salón del Barça se ha esfumado como por arte de magia o, más bien, por una desidia incomprensible e inédita hasta hoy. Debían ser los azulgranas quienes usaran al Madrid como sparring para una de las batallas más bestiales que van a librar en sus episodios europeos y, lejos de reencontrar su imagen poética de siempre, han pecado de la peor de las complacencias. Y si Messi recibe infinitas reverencias por ser, sencillamente, el mejor futbolista del planeta, es justo que se le critique cuando su equipo se queda descabezado, sin un Puyol que muera en el campo enrabietado y pegando a los suyos un puñado de gritos. De la noche a la mañana al Barça le han dado tres guantazos que sus mentideros periodísticos usarán como coartada para replantear el proyecto. Y para mayor escarnio, Jordi Roura salió a la palestra con un discurso de copiar y pegar…”me quedo con la imagen que hemos dado”. Desde luego, la imagen es la peor acusación de ayer. Tito Vilanova tendrá que encontrar soluciones que no urgían cuando se fue: por de pronto, una táctica que se ha diluido como un azucarillo contra los cinturones de hormigón construidos por Madrid y Milan.

Sandro Rosell y Zubizarreta viajaron a Nueva York para visitar al entrenador azulgrana y es lógico que hayan apuntado el lístín de requisitos para la próxima temporada: Valdés ha tenido el dudoso honor de culminar el récord de trece partidos consecutivos encajando goles. No obstante, él ya no cuenta en el futuro y, por eso, el club está abocado a la necesidad perentoria de cubrir la portería. El segundo punto incide en la defensa: Dani Alves ha perdido toda esa ambición que llena el depósito del correcaminos Jordi Alba. Puede que la borrachera de éxitos haya anestesiado al brasileño, pero extraña de todos modos que a año y medio del Mundial (y más Brasil) no intente rendir hasta la extenuación. Puyol merece un homenaje en tres dimensiones y, a la vez, el Barça tiene que atar en corto al alemán Hummels del Dortmund, tal como avanzó la Cadena COPE. Tiene 24 años, puesto garantizado en la Mannschaft  y credenciales suficientes para liderar la zaga de un grande. Y, por último, al equipo lo han rociado con ácido sulfúrico a propósito del debate del ‘nueve’: Villa estaba más fuera que dentro en navidades y Alexis despierta un runrún en el Camp Nou que roza la tragicomedia. Tal como le sucedió a Patrick Kluivert en sus últimas temporadas, falla más que una escopetad de feria.

Los caprichos del fútbol o, mejor dicho, los absurdos presagios de la prensa describían un panorama apocalíptico para el Madrid cuando hace poco menos de un mes el Manchester United salía satisfecho del Bernabeu. Por entonces, los blancos habían envidado toda la temporada a dos campos puñeteros: el primero lo conquistó esta semana con una exhibición táctica monumental; Old Trafford todavía está por ver, pero los indicios mejoran hora a hora, sobre todo, después de la segunda victoria ante el Barça con el plan B de Mourinho. Por contra, al Barça le han machacado todos los caminos de rosas que terminaban en otro año triunfal: quizá la inercia aplastante en Liga le haya oxidado su instinto guerrero. El Madrid ha provocado que la vuelta ante el Milan se convierta en el epicentro del porvenir inmediato del Barcelona, porque la sombra de Guardiola todavía es demasiado alargada y eso es un marrón con el que ya contaba Tito cuando dio un paso adelante para dirigir al equipo.

Men in Black

Jueves, 2 Febrero 2012

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Era irremediable. El jefe de los árbitros tuvo que salir a la palestra para apaciguar el fuego cruzado entre los dos clubes que, precisamente, gozan de bula arbitral indefinida. Sánchez Arminio defendió a su gremio ante la avalancha de obuses que se le avecinaba: alguno, directo a la cara como el de Mourinho en el parking del Camp Nou esperando a Teixeira Vitienes y otros menos macarras pero igual de intencionados: “En lo que llevamos de año no pinta bien para el Barcelona”. insinuó Sandro Rosell esta semana. Pero la película de los ‘Men in Black’ todavía guardaba un actor por sorpresa para la escena ¿final?; el Valencia también se aprovechó de luces y taquígrafos para quedarse a gusto y reivindicar que ellos, quizá no al nivel de la bicefalia del fútbol español, también pueden dirigir un lobby muy potente contra las cagadas arbitrales. “Está claro que hay que hablar de los árbitros”…la cara de Manuel Llorente era la de un presidente harto de tanto vacile y que, encima, paga el pato para que el resto se quede satisfecho. Habría que preguntar a Rosell cuando decidió no atender al micrófono de Mónica Marchante: si justo después del ‘resbalón’ de Pinto o al término del partido, consciente de que en el resumen no aparecería ninguna moviola descarada en contra del Barça.

Manuel Llorente armó el arpón con premeditación: su queja nada vehemente puede que sea tomada a broma o, a lo mejor, tiene el recorrido que un antecesor suyo, Jaume Ortí, jamás habría esperado por otro pataleo. El 15 de febrero del 2004, más o menos a la hora que estalló anoche Llorente, el entonces presidente ché  se resignó a decir en el antepalco del Bernabeu “la Liga ya tiene dueño y no hay nada que hacer”. Ortí pasó de acusar directamente el ingenio de Tristante Oliva, cuando a pocos minutos del final se inventó un penalti a favor del Madrid de un forcejeo entre Marchena y Raúl. Por si colaba, Ortí decidió reventar el micrófono también de Canal Plus y esperar concesiones. Aquella liga la acabó ganando el Valencia, no por designios arbitrales sino por el ‘galacticidio’ de Carlos Queiroz, y muy a pesar del diario AS, que diseñó una cortina de humo con la famosa llave de judo ushiro nage para justificar las dádivas al Madrid.

Quizá Sánchez Arminio pase por alto la declaración de intenciones del presidente del Valencia, al fin y al cabo tampoco fueran demasiado ofensivas. En cambio, Roberto Soldado no dudó en morder en la yugular…”(el árbitro) no se ha atrevido a pitar la mano de Pinto tan pronto”. Suerte que el contexto era un partido de Copa, porque si Soldado suelta que un árbitro no ha pitado una jugada aposta delante de la UEFA, el castigo podría haber sido un puñado de partidos. España es más dócil en asuntos arbitrales: la rajada del delantero podría ser examinada por el propio Sánchez Arminio para que éste sugiriese al Comité de Competición una multa con dinero. Sin embargo, los antecedentes indican que Competición archivaría el caso y punto final. Es obvio que todos los clubes pían; si Guardiola utiliza una rueda de prensa para explicar que su equipo saldría perdiendo si hablase de los árbitros, ya está hablando de ellos, aunque sea para amortiguar las declaraciones de Rosell. El Madrid tiene una ventaja: el cañón Bertha de Mourinho. Florentino ha encontrado en su entrenador el altavoz perfecto para atizar a los árbitros…lógico que el portugués se queje de estar sólo ante el peligro. Que se lo digan a Valdano.

Pochettino conocía la historia

Lunes, 9 Enero 2012

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Mauricio Pochettino siempre guardará un grato recuerdo del último Espanyol-Barcelona de Sarriá. Sucedió en la temporada 96/97 y el desafío perico se intuía más importante, si cabe, que el meritorio cuarto puesto conseguido en la liga anterior. El Barça afrontaba el derbi en plena persecución del Madrid de Capello y lo que debía pasar como otro trámite a la espera del gran clásico, se convirtió en una pesadilla táctica para el entonces técnico azulgrana, Bobby Robson. Su colega en el banquillo local, Vicente Miera, había preparado el partido a conciencia, temeroso de que todo el plan garabateado sobre la pizarra pudiera irse al garete si al brasileño Ronaldo le daba por copiarse a sí mismo con otra jugada estratosférica made in Compostela o algún arrebato de potencia sin control como la que sufrió Zubizarreta cuando ya era portero del Valencia. El problema es que detrás de la obsesión por Ronaldo, asomaban Figo, Luis Enrique y Guardiola. Por eso, Miera ordenó plegar líneas e incordiar al propio Guardiola para cortocircuitar sus pases a la estrella brasileña. Pochettino vivió aquella gesta en primera persona; no en vano, él fue uno de los dos centrales, el otro fue Herrera, que consiguieron frenar aquella ‘manada de búfalos’ que acuñó Valdano para referirse a Ronaldo en el momento de coger el balón. El brasileño acabó empotrado en el muro que había levantado Pochettino y el Barça no sólo perdió el partido, sino que, por segunda vez (la primera fue el Madrid en el Bernabeu), otro equipo tuvo la osadía de reñirle la pelota. No obstante, el 2-0 tampoco afectó demasiado a Ronaldo, pues nada más pitar el árbitro, salió disparado de Sarriá rumbo al aeropuerto de El Prat…los Carnavales de Río le esperaban.

Ese vídeo le habría valido a Pochettino entrenador como una especie de máster acelerado para su vestuario; sin embargo y a tenor del empate de anoche, tampoco les habría hecho falta. Partidos como el de la Real Sociedad o Getafe eran una buena guía para aprender cómo buscarle las cosquillas al Barça. Pero el Espanyol ha ido más allá y ha editado un libro todavía mejor. Los requisitos: muchos huevos y saber tirar contraataques, a pesar de que a los blanquiazules les urja un delantero centro, no ya que golee, sino simplemente que remate a portería. Al menos, Álvaro Vázquez, condenado al banquillo los últimos partidos por su nulidad en ataque, supo leer un gol de ratilla, de esos que tanto gustan al eterno Raúl González. De todos modos, anoche el Barça no pinchó por su a veces peligrosa autocomplacencia; una estadística fue demoledora: ochenta y ocho balones perdidos por los azulgranas. Es decir, ni a Xavi le funcionó su ordenador de a bordo ni Iniesta pudo usar esa visión nocturna que le permite encontrar resquicios donde el resto sólo ve defensas. La consecuencia fue el hartazgo de un Messi tan cabreado como el gran Ronaldo del 97.

Quizá Guardiola también recuerde aquel último derbi de Sarriá. El Barça salió trastabillado, pero no claudicó en su lucha por el liderato. El Espanyol había puesto al Madrid la Liga en bandeja…ocho puntos parecían demasiados, aunque aún faltaba casi toda la segunda vuelta, aquella que resolvió por sorpresa el Hércules. “De vez en cuando la afición perica se merece un alegrón como éste, y si es para fastidiar al rival, pues bueno”, dijo el actual entrenador blanquiazul aquel 09 de febrero del 97. La ventaja del técnico espanyolista es que imparte cátedra a una pléyade de chavales curtidos en la cantera y que han sido educados para jugar a mil revoluciones los derbis catalanes. “Me alegro que le hayamos quitado dos puntos al Barça de cara a la Liga”….Álvaro Vázquez comprende la esencia de su club, ésa que no trasciende de una rivalidad auténticamente deportiva. El problema para el Barça no es el amago de ‘fin de ciclo’ que quiso atajar anoche Sandro Rosell sino, como dice el bloguero futbolero Borja Pardo, el abuso de “los automatismos de salón de té” de un Barça al que le falta sacar registros que no sean ‘tiki-taka’.  

El arte de insultar

Viernes, 9 Diciembre 2011

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“Quizás ahora los presidentes sean más inteligentes, porque nosotros siempre estábamos en primera línea de fuego”. Fue la respuesta del ex presidente Lorenzo Sanz en El Partido de las 12 al hermetismo del fútbol que incordia a nuestro periodismo deportivo. Madrid y Barça, o sea, Florentino y Rosell, apenas hablan más de lo que exige el protocolo (lo harán mañana en la comida de directivas). Pero bajando de las altas instancias, ni siquiera Mourinho ha dado su versión en la víspera del clásico; advirtió en verano que dosificaría sus comparecencias, pero no avisó que se ausentaría en el día más señalado. La reflexión de Sanz vaticina una política de comunicación cada vez más anquilosada; los clubes prefieren tirar de comunicados oficiales vía web antes de que a un directivo le dé un arrebato de vehemencia en el antepalco del estadio. Durante estos años los presidentes atienden gustosamente y con educación al micrófono inquisitorio de Mónica Marchante en Canal Plus, y justo hace una década Joan Gaspart reunió en un corrillo a periodistas con grabadora en mano para justificar que el cochinillo del Camp Nou estuvo motivado por “un futbolista (Figo) que vino a provocar”.

Lorenzo Sanz y Gaspart dominaban el teatrillo que rodeaba a los clásicos atribuyéndose el papel de folloneros: bastaba una indirecta al contrario para encender los ánimos y la respuesta del ‘ofendido’ no se hacía esperar…“¡Son unos impresentables, tanto el señor José Luis Núñez como Gaspart, que no paraban de levantarse!”, soltó Sanz a la salida del Camp Nou después un Barça 1 – Real Madrid 0 (10 de mayo de 1997). Pocos minutos después, Gaspart tomó el turno de réplica alegando que “el impresentable” era el presidente merengue, que se había ido sin despedirse, “¿qué creía, que le iba a atizar?”. Sanz recordó con nostalgia aquellos rifirrafes,  pues eran “un divertimento de niños”. Aquellos obuses dialécticos Madrid-Barcelona guardaban cierto parecido con el arte de insultar que una vez universalizaron Góngora y Quevedo: archiconocido fue el rapapolvo de Lorenzo Sanz a Núñez cuando éste se atrevió a opinar sobre las ‘prebendas’ que, supuestamente, se le concedían al jugador Fernando Sanz  por ser hijo de quien era y es…”el señor Núñez, aparte de ser bajo de estatura, me parece bajo de moral”. El dardo de la palabra se quedaba en anécdota y así lo entendían los periodistas que en aquellos tiempos preferían provocar la noticia (dando la vara a los presidentes, claro está) que estrujarla y tergiversarla como en las múltiples tertulias que bombardean los medios. Pero es lógico, Lorenzo y Gaspart contaban historias, como ahora Del Nido; las de Florentino y Rosell hay que intuirlas. En consecuencia, esta nueva corriente de mutis por el foro, sin entrevistas ni valoraciones, obliga a exprimir la creatividad del gremio. Sin los protagonistas directos, los recursos son obvios: ex presidentes, viejas glorias y demasiada interpretación. Corremos el peligro de que estas coartadas se agoten y las semanas de los clásicos deriven en ese puro chau chau del que hablaba Jesús Gil.

Sería inimaginable que Florentino exigiese a Mourinho salir a la palestra, en contraste con el protocolo de UEFA, que aplica en su decálogo ruedas de prensa obligatorias. Sin embargo, hasta en eso tiempos pasados fueron mejores: el propio Lorenzo Sanz quedó decepcionado cuando su entrenador Jupp Heynckes sugirió públicamente prudencia a sus directivos antes de un Madrid-Barça. “La línea de declaraciones la marco yo, el entrenador que se dedique a entrenar”, aseveró el máximo mandatario, quien después apostilló que le habría gustado escuchar la opinión de Heynckes sobre “lo que no le gustaba del señor Núñez o Gaspart”. Los ex presidentes sí entendían que los clásicos se animaban con carnaza para la prensa, y por ende, para el aficionado. Y así actuó Mourinho la temporada pasada, hasta que la opinión pública se echó las manos a la cabeza y convirtió los Madrid-Barça en una guerra de guerrillas periodísticas. Puede que un futuro próximo, cuando los directivos pasen el relevo, se suelten delante de un micrófono y cuenten historietas tan asombrosas como que Joan Gaspart tuvo que disfrazarse de camarero en un hotel de Miami para subir a la habitación de Ronaldo durante una concentración de Brasil y llevarle el contrato para que lo firmara. En definitiva, el fútbol progresa pero el teatrillo que alimenta los cenáculos periodísticos está en peligro de extinción; el orden se ha invertido y son los clubes los que dictan la hoja de ruta de los medios. Mal negocio para la comunicación.