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Hoy no es un lunes cualquiera

Lunes, 23 Junio 2008

Sueño cumplido. Por fin hemos roto la peor de las maldiciones. Veinticuatro años después, España vuelve a ser alguien en el panorama internacional, veinticuatro años después, España jugará las semifinales de una Eurocopa, este torneo que tanto nos gusta y que tanto nos ha hecho sufrir. Ahora ya da igual lo que suceda, nos hemos burlado del fantasma de los cuartos de final y encima hemos dejado en evidencia a Italia, campeona del mundo. Los transalpinos se escudaron en su competitividad y su oficio, pero anoche eso no bastó. Nuestra selección abofeteó al fútbol rácano, ramplón y simplón de Donadoni y demostró que con la suerte no siempre se gana. Y los italianos no ganaron, ni siquiera estuvieron cerca de ello. España fue a lo suyo, a mimar el balón y marearlo hasta encontrar opciones en el ataque. Magnífica la paciencia de los futbolistas españoles, colosal el planteamiento táctico e imperial la actitud de nuestros héroes.

Como en cualquier gesta que se precie, la historia sólo recordará a uno o dos protagonistas y anoche hubo dos: Marcos Senna durante el inicio y el nudo del partido, y Casillas en el desenlace, el acto más memorable. Iker paró dos penaltis y superó a Buffon en su particular duelo de porteros. El madridista ha pasado a los anales de nuestra exigua leyenda triunfal como el guardameta que nos ha subido al pedestal de los dioses. Esperemos que no la pifie como Arconada en Francia 84 en el caso de que lleguemos a la final. En cuanto a Marcos Senna, nunca agradeceremos tanto una nacionalización en la selección. El hispano-brasileño estuvo inconmensurable en su cometido: desbaratar las ofensivas italianas. Se hartó de cortar balones, contuvo con maestría a Aquilani y Perrota, lamentables anoche, y se animó al ataque con descaró para engatillar un par de disparos que inquietaron a la zaga ‘azzurra’. Luis, tú has apostado por Senna, la gloria es tuya.

No me olvido del resto: Villa batalló contra las torres italianas, Panucci y Chellini, hasta la extenuación; Silva no hacía más que driblar y driblar peones italianos por la banda izquierda y luego por la derecha; Xavi puso cordura en la medular y Marchena mantuvo a raya al temible Luca Toni, quien no pudo zafarse del central andaluz ni una sola vez. De lejos, el mejor partido que ha hecho el valencianista en toda su carrera. También Cesc Fábregas, cuestionado por su escasa aportación con la selección, entró en el olimpo cuando con pasmosa tranquilidad engañó a Buffon y certificó el hundimiento italiano.

Luis Aragonés se ha convertido en el mejor seleccionador de la historia patria. Supongo que esa distinción honorífica merecería una renovación, aunque la Federación y Luis hayan pactado el finiquito de este último. El seleccionador no ha estado exento de polémicas: la no convocatoria de Raúl, su enfado con Torres en el primer partido y su advertencia pública al comportamiento de Sergio Ramos. Pero en el fútbol, los guarismos esconden los trapos sucios y en este caso, han dado la razón a Luis. El ‘zapatones’ debe saber que hoy no es un lunes cualquiera. Los españoles nos sentimos orgullosos de nuestro deporte rey, ya no somos adalides en el fracaso. Para mí, el reto se ha conseguido, y más contra Italia. Esta selección no merece ningún reproche. Lo que pase el próximo jueves ante Rusia ya da igual.

Ibrahimovic y los de siempre

Viernes, 13 Junio 2008

Llegan con piel de corderos pero no engañan a nadie. Tienen oficio, experiencia y ya están dando guerra en esta Eurocopa. Por lo pronto, Suecia se jugará el primer puesto de su grupo contra España el próximo sábado. Los suecos son los de siempre; los aficionados españoles conocen a los mismos tres jugadores que destacan en sus clubes y que seguirán dando vida al combinado escandinavo hasta la venida de su próxima generación. Quién no conoce a Ibrahimovich, el líder nato del grupo; a Larsson, ¡qué rentabilidad le sacó el Barça! y a Ljungberg, talentoso pero más preocupado por las ventas de sus calzoncillos de marca. Éstos son los famosos pero Suecia esconde otras armas como el centrocampista del Lyon, Kallstrom, o su homólogo del Galatasaray, Linderoth. Ambos llevan la manija del equipo.

El problema para España es que Suecia juega como los nuestros. Utilizan la misma táctica y son igual de previsibles que los chicos de Aragonés. Hasta sus actuaciones en los grandes torneos son parejas a las nuestras, aunque ellos llegaron a las semifinales de su Eurocopa del 92 y en el Mundial del 94. Pero su misión es calcada a la española: pasar de cuartos de final. Lo demás sería un rotundo fracaso, y más teniendo al mencionado genio Ibrahimovich, el mejor delantero que hay ahora mismo en Europa y el mejor pagado a  partir de septiembre, doce millones de euros netos anuales en el Inter, ¡qué barbaridad! El gigantón sueco rezuma una técnica exquisita y un disparo endiablado. Suecia sólo puede retarnos con ese órdago.

El partido del sábado será interesante porque España deberá jugar como le obligue Suecia, que no será otro modo que el de llevar el dominio del balón y la iniciativa ofensiva. Contra los escandinavos, no valdrá el contraataque de Villa y Torres. Nos conocen muy pero que muy bien, como nosotros a ellos. A priori somos favoritos, sin embargo y a diferencia de los rusos, los suecos sí que han demostrado que pueden ganar a cualquiera, como también pueden perder ante quien sea. Lo más importante es que esta Suecia no nos debe atemorizar, no ha vuelto a juntar una pléyade de jugadores tan extraordinaria como  aquella con Brolin, Dahlin, Kennet Andersson y Ravelli, los cuales escribieron en el Mundial de Estados Unidos  una de las páginas más memorables en la historia  del fútbol sueco. Pero los nórdicos son pacientes y confían en engendrar nuevas sensaciones tarde o temprano.

Por último, no me olvido del contubernio Fernando Torres –Luis Aragonés por la sustitución  del  ‘Niño’ durante el España-Rusia. Luis la ha vuelto a liar. Torres confesó que le había molestado el cambio, como a todos los futbolistas cuando les reemplazan, pero que el enfado era consigo mismo. Por tanto,  la polémica se había zanjado hasta que el seleccionador nacional se ha encargado de romper esa zanja. En este país somos así: goleamos en el debut de la Eurocopa pero siempre alguien que tiene que llamar la atención y entretener al personal con pantomimas. Así es nuestra selección y así nos ha ido toda la vida.

España puede mejorar

Mircoles, 11 Junio 2008

Y Villa cogió su fusil. Luis Aragonés había dudado de él desde que comenzó la concentración de la selección. El ‘sabio de Hortaleza’ tenía pensado jugar sólo con Torres en la punta, pero el último amistoso contra Estados Unidos, le abrió los ojos. Villa debía ser titular y el equipo le iba a necesitar. Pues bien, hoy ha sido la confirmación de este delantero nato,  de esos que escasean en el fútbol moderno y que el Valencia, su club, tendrá que vender después de la Eurocopa. El asturiano no ha podido elegir mejor escaparate  y mejor modo, tres goles, para venderse. En la delantera es peligroso, y su entendimiento con Fernando Torres es uno de los argumentos más interesantes de nuestro combinado.

La actuación del ‘Niño’ ha sido plausible. Al ariete del Liverpool le ha tocado el trabajo más oscuro: buscar espacios entre los defensas. Su faena no ha sido vistosa pero sus constantes galopadas por la banda izquierda han desorientado a los rusos, que por cierto, me han defraudado. A parte de Torres y Villa, nuestra otra gran baza debe ser Iniesta, a quien Luis ha ahogado en la banda absurdamente. El azulgrana tiene que jugar en el centro y punto. Es ahí donde crea peligro, es ahí donde alegra la vida a sus delanteros y es ahí donde España gana fluidez y precisión. El ejemplo más claro ha sido el segundo gol,  ¡qué pase más soberbio!

No me olvido de Marcos Senna, voluntarioso y rayando la perfección en su puesto. Por su misión, va a ser el menos espectacular. Como ha demostrado ante Rusia y sobre todo ante su seleccionador, su juego consiste en parchear a la defensa cuando ataca. Si a Sergio Ramos le da por irse a la portería contraria, Senna cubre el carril del sevillano, si Marchena sube al área  para rematar en un corner, ahí esta el centrocampista del Villarreal para solucionar el problema. Me encanta esta clase de futbolistas en peligro de extinción.

Un 4-1 parece apabullante, y más si el rival ha sido un sparring muy malo. Y digo parece, porque la realidad es que ‘la Roja’ todavía tiene que hacer muchos ajustes. Silva es rápido pero no es un regateador natural; Puyol y Marchena siguen cometiendo errores de bulto; Ramos descuida mucho su lateral y eso que Luis le vocifera desde la banda que no se suelte tanto; Capdevilla tiene el problema inverso de Ramos, se queda demasiado en su lateral y apenas apoya a su extremo y por último, Xavi sólo ha estado cómodo cuando se le ha acercado Iniesta.

En líneas generales, España ha jugado su partido con inteligencia. Y los rusos han servido para cerciorarnos de que el contraataque es nuestra moneda más valiosa. Dejémonos de ‘tiqui-tacas’ y juguemos como sabemos: agazapados para robar balones y lanzar balones largos a los galgos españoles (Villa y Torres). Hemos comenzado muy bien aunque también lo hicimos en el Mundial de Alemania y en octavos los franceses nos mandaron a casa de un sopapo. Cautela.

La revolución rusa

Lunes, 9 Junio 2008

El Mundial de Alemania 2006 fue un calvario para Rusia, no porque hiciesen el ridículo sino porque simplemente no estuvieron. Duro mazazo para un fútbol en plena reconversión. Después de la cita mundialista vino el segundo bofetón: el hasta entonces seleccionador y director técnico, Yuri Siomin, fue cesado en sus funciones. La Federación rusa le escogió como cabeza de turco. Como siempre ocurre en este deporte, había caído el más débil, los directivos rusos debieron pensar que no hacía falta una autorreflexión, bastaba con poner y quitar entrenadores. De lo que no se acordaban estos mandamases era que su equipo había dado tumbos durante casi dos décadas, desde que Marco Van Basten les noqueó con un golazo de leyenda en la final de la Eurocopa del 88. Entonces no eran rusos, sino soviéticos. Pero hasta hace unos meses, no se han quitado aquel aturdimiento. 

Llegaron las navidades del 2005, y Vitali Mutko, presidente y dueño de la Federación rusa, se ganó el regalo que llevaba meses persiguiendo. Cuando su país quedó eliminado en la fase de clasificación para Alemania, citó a los medios de comunicación y dijo con determinación que mientras él dirigiese el fútbol de su nación, los entrenadores serían extranjeros porque dentro no había calidad. Aquella comparecencia le costó cara: el chovinismo ruso se convirtió en el martillo pilón de Mutko, a quien muchos aficionados le consideraba un traidor a la patria. La opinión pública recriminó al presidente que ningún técnico foráneo en su sano juicio, y menos de nivel, entrenaría a un grupo sin estrellas, líderes ni promesas. Vamos, una banda. Por si esto fuera poco, los grandes oligarcas rusos, con Abramovich como adalid, invertían en clubes extranjeros. Eso es lo que daba dinero, apostar por sus paisanos era sinónimo de bancarrota. A nadie le interesaba un fútbol perdedor con una selección derrotista. A nadie, menos a un holandés.  

Mutko, habilidoso como pocos para engatusar a la gente, experto en dar gato por liebre, consiguió convencer a Guus Hiddink para que arreglase la avería. El holandés, curtido en mil batallas, había colocado a Corea del Sur en las semifinales de su propio Mundial del 2002. Él era el elegido para el renacer de la madre Rusia. Y vaya sí lo ha hecho. En dos años, Hiddink se ha convertido en ídolo de masas. Su talante rígido y disciplina militar han calado en la sociedad rusa. La experiencia del humilde Guus ha sido el mejor obsequio que haya podido recibir el fútbol ruso.  El éxito de Hiddink ha llegado por un modus operandi sencillo: llevar a los mejores futbolistas de los mejores equipos del país, y el Zenit de San Petesburgo en Europa y CSKA de Moscú en Rusia han sido la referencia. De los campeones de la UEFA, el seleccionador ha cogido a un puñado: Arshavin, la gran esperanza de este combinado, Zyrianov, un mediocampista letal, y unos cuantos jugadores más que se entienden a las mil maravillas. Del CSKA, el portero Afinkeev, firme aspirante para suceder al gran Rinat Dassaev, y los centrales Ignashevich y  Berezutski, los ‘Hierro y Nadal’ de Rusia. La guinda a esta enigmática selección es el delantero Pavlyuchenko, del Sparta de Moscú, y objetivo del Real Madrid para la próxima temporada. Si no es en el Madrid, acabará jugando en otro grande. Tiempo al tiempo. Pues esta es la Rusia que quiere dar la campanada en Europa. Aprendices eficientes que juegan como manda el entrenador. Para Hiddink, el patadón no es un recurso, es una excusa para no obedecer lo que él dicta. Así que, no os extrañe que el primer rival de España sorprenda con aquello del ‘tiqui taca’. Los rusos han vuelto a aprender qué es el fútbol.

Todavía flojean algunas tuercas

Viernes, 6 Junio 2008

La selección española ya está en Innsbruck (Austria) para intentar la machada: pasar de cuartos de final. Ya no digo llegar a la final o incluso, ganarla. Eso aún es una quimera. En este blog he comentado varias veces que los amistosos aunque sean eso, ‘bolos’ para recaudar dinero, siempre son orientativos y de ellos se deben sacar conclusiones. Pues bien, después de haber jugado contra Perú y Estados Unidos, los indicios no pueden ser más desesperanzadores. Hay muchos vicios que Luis debe erradicar en cuatro días porque si no, me parece que Rusia nos va a sacudir como una estera en el debut de ‘La Roja’ el próximo martes.

Falta de concentración, ritmo de juego irregular, poca creatividad ofensiva, etc. Todo son defectos que se pueden corregir a corto plazo, bastan dos partidos buenos para que los jugadores recobren la confianza. Sin embargo, dos son mis grandes preocupaciones: la defensa y el rendimiento físico. Esto último es objetable puesto que los seleccionados han de recuperarse de las exigencias de la larga temporada y como no podía ser de otra manera, casi todos ellos juegan en clubes que intercalan la Liga con competiciones europeas. Pero el resultado está ahí: Villa, Torres, Iniesta y Sergio García ya están entre algodones. Además, y para mayor handicap nuestro, Rusia comenzó su liga hace menos de tres meses y eso denotará su frescura física.  Sin embargo, más que el funcionamiento del equipo, a Luis le ha sobresaltado el rendimiento de la defensa. Si ante Perú, la zaga española fue fallona, contra Estados Unidos estuvo despistada. Como dije en el anterior artículo (Nada nuevo bajo el sol), Puyol no está jugando como nos tiene acostumbrados: ha perdido rapidez y posición, requisitos indispensables para ser un referente defensivo. Aún así, su liderazgo en el eje de la defensa sigue siendo indiscutible. Por otra parte, Marchena no deja de ser un buen central y punto. Es válido para Primera División, sobre todo si participa en un equipo en el que esté bien arropado (el Valencia es un buen ejemplo a excepción de su calamitoso último año). Y no hay más sustitutos, Albiol también es un futbolista competitivo pero aún no ha tenido su ‘bautismo de fuego’ en torneos como la Eurocopa.

Otra incorrección que observé anoche contra los norteamericanos fue el papel de Sergio Ramos. El seleccionador le quiere tener atado con una correa para limitarle a subir hasta el medio del campo. Es decir, Luis quiere que sus laterales defiendan y apoyen hasta la medular, punto final. De lo que no se ha percatado Aragonés es de que en el fútbol moderno, los laterales, me gusta  más llamarlos ‘carrileros’, han cambiado. Los que tienen el talento de Ramos, suben y bajan, defienden al delantero rival y ejercen de extremos itinerantes. En el caso del madridista, su equipo le ha agradecido este papel improvisado durante toda la temporada.

En resumen, si Luis consigue apretar las tuercas que flojean en la retaguardia, habremos ganado muchos enteros. Y en vanguardia, la inspiración de Iniesta y Xavi y su simbiosis con Torres y Villa, debe ser suficiente para tumbar a los rivales. Parece sencillo pero creo que es la única manera de infundir un ápice de optimismo, de eso siempre nos sobrará aunque nunca hayamos tenido razones para ello.