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La maldición de Aquiles

Viernes, 27 Mayo 2016

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Milán espera al nuevo César entre la mística del #Nuncadejesdecreer y el flagrante debate de ganar o fracasar. Como una partida de ajedrez, Simeone ha entrenado al equipo en secreto para detener el contraataque del Madrid; intenta buscar la kryptonita contra ese arma de destrucción masiva de la que no presumen los blancos. Quizá por miedo a traicionar la historia del club o a evocar la era Mourinho, ningún mito merengue ha alardeado de un estilo que el portugués puso en sospecha. No debe sonar caballeroso que el Real Madrid disfrute del pim, pam, pum, cuando los últimos tiempos, exactamente desde Ronaldo Nazario, han delatado que el Madrid es mortífero devolviendo golpes y no con ese fútbol hegemónico con el que tanto se le llenaba la boca a Xavi Hernández. “Una final de ida y vuelta, con poca posesión y demasiados robos”, dice Pedja Mijatovic, acostumbrado a otros tiempos en los que sólo Luis Aragonés confesaba delante de una cámara que su Atleti jugaba a contraatacar con Futre, “lo demás, tonterías”. Curioso cuando el ‘Sabio de Hortaleza’ ha pasado a la posteridad por el tiki-taca de la Eurocopa 2008.

Simeone arma y desarma contraataques, y está blindando un cerrojo para que el Madrid se encuentre enfrente el Fort Knox. El experimento se convirtió en costumbre y los blancos casi siempre se han inmolado en ese laboratorio; ‘casi’ porque no fallaron el día D. El mundo colchonero puede seguir girando sin porque el primer mandamiento ‘cholista’ se ha vuelto a cumplir: terceros y clasificados para la siguiente Champions. Más allá todo es festival. Por eso, como escribía Roberto Palomar en Marca, “en el cholismo perder es ganar”, sin depresiones, sin acabar tumbado en el diván de un psicólogo. Es el atajo más rápido para sacudirse la presión. Porque si hay un club que debe cumplir no es el Atleti. Allí hay que estar mal de la chaveta para susurrar la palabra fracaso; y más, sabiendo que este Atlético no hace demasiado tiempo perdió contra el Albacete en Copa para bochorno del Calderón y de Goyo Manzano, inmediato antecesor del universo Simeone. Es el Madrid quien juega la final sin red, asomado al abismo al que se arriesga un funambulista. “Ganar o morir, y así cada año”, espetó Bernd Schuster pocos días después de ser despedido por el ex presidente Ramón Calderón. Y tiene razón el alemán: al Madrid le sucede como a Aquiles, que su gloria y su maldición caminaron juntas en Troya, separadas por una delgada línea roja.

La Champions eclipsa todo, es el quinto elemento. Bien lo saben en Barcelona, donde esperan ansiosos (aunque no lo reconozcan) a la gesta de su hermanado Atlético. Es la prueba indiscutible de que Madrid y Barça son vasos comunicantes: que el doblete sea histórico o anecdótico depende de los blancos. Explíquenselo a un marciano. Dicen que ésa es su grandeza: conquistar San Siro o fracasar, sin término medio. Suena durísimo, pero es la presión tan “única y exclusiva” de la que hablaba Arbeloa en los días de su despedida. Hubo un tiempo en el que a Roger Federer le exigían ganar todos los Grand Slam, cualquier otro resultado se olvidaría rápido. Noventa minutos dirán si el Madrid necesita una catarsis drástica para salir de un desierto de dos temporadas o desde el permanente epicentro del huracán farda de dos Champions en tres años. De cero a cien en lo que dura un chasquido de dedos; es el Ferrari imposible de controlar.

Y no fueron diez goles de milagro

Mircoles, 9 Julio 2014

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“En esta Alemania jamás habría renunciado a jugar”. Fue la reflexión socarrona de Bernd Schuster pocos minutos después de la masacre del Mineirao. El legendario centrocampista teutón no quiso jugar con su país un amistoso contra Albania en 1983 porque coincidió con el nacimiento de su hijo y la rebeldía le costó la expulsión eterna. “En este equipo, hasta yo con mi edad me divertiría”, lo dice un sabio que, a estas alturas de su vida, ya lo ha visto todo en el mundillo del fútbol. O casi todo. Paco González acertó con el titular de la noche: “Esta goleada es la madre de todos los partidos de la historia”. Pasarán los siglos y el repaso más soberano que se haya visto en un Mundial todavía escocerá. Devolver una bofetada de tales proporciones bíblicas requeriría una Copa del Mundo en Berlín y otra goleada a la inversa, pero a tenor de la cabezonería del seleccionador Luis Felipe Scolari (ni un amago de dimisión), queda Brasil de hormigón para rato. De repente, el fútbol repartió papales distintos y el mítico Brasil del setenta fue imitado palmo a palmo por una Alemania jugona de tiqui-taca. Vamos, un Bayern de Guardiola en toda regla.

El espíritu Neymar, con David Luiz enseñando a todo el Mineirao su camiseta, se esfumó en un chasquillo de dedos. Lo que tardó Joachim Löw en descuartizar a la canarinha de pies a cabeza. El entrenador alemán siempre ha confiado en Khedira y aún se sorprende de la condición de paquete con la que la prensa española trata a su panzer preferido. Con la camiseta nacional, Khedira hace de Makelele y Özil al mismo tiempo (siendo más decisivo incluso que el ‘besugo’); o sea, un cóctel más gustoso que Fernandinho y Paulinho juntos, cuyo tacto por el balón sabe a suela de zapato. Pero Scolari quería morir con sus principios y, aunque se atornille al banquillo por muchos años, jamás habrá visos de jogo bonito. Sus ideales son músculo, mamporros y Neymar. Quizá tenga que atenerse a esta promoción en la que sólo el barcelonista divierte como un malabarista; no obstante, todavía quedan dispersos por ahí Ronaldinho, Robinho, Kaká y Lucas Moura, éste el gran ausente.

Con ellos tampoco habrían ganado nunca a Alemania pero sí habrían aportado algo de show. Como el que hizo, por ejemplo, Toni Kroos, fichaje inminente del Real Madrid. Guardiola no ha contado con él por su predilección hacia Thiago y eso que gana el Madrid. Es un pelotero de los que habría engatusado hasta al propio Alfredo Di Stefano: pisa el balón, medita la mejor jugada, y siempre encuentra un pase decisivo o un disparo a media distancia que busque las cosquillas del portero. Anoche encontró las de Julio César. Kroos vale para construir fútbol y volatilizarlo al contraataque, estilo preferido de Cristiano y Gareth Bale. Opinión diferente merece Schweinsteiger: su edad le ha reconvertido en un Paul Gascoigne con mentalidad germana.  Vertebra la columna de la selección y gambetea en un metro cuadrado, no le hace falta más. Como tampoco a Miroslav Klose, que ha dejado atrás a Ronaldo Nazario en goles mundialistas cazándolos por tierra, mar y aire. En cualquier generación alemana no puede faltar el delantero tanque por antonomasia; Klose aglutina varias camadas juntas y siempre ha sido necesario. Merece una despedida triunfal de Brasil.

El lloro desconsolado de David Luiz no fue inesperado. Sin Thiago Silva y Neymar, o con ellos, se barruntaba un epílogo cruel. Desde luego, Scolari jamás habría desactivado el martillo neumático de Löw. Y si éste no hubiera ordenado bajar el pistón, la goleada podría haber merodeado los diez goles. Habría bastado que Özil hubiese recuperado aquella versión que llegó a dejar boquiabierto al Bernabéu. Quien sí lo haría y un porrón de veces es el Raúl González Blanco de la Mannschaft. Él es Thomas Müller, antiestético corriendo, regateando y chutando, pero siempre delante del gol. Sin tener nada, lo tiene todo: oportunista como Raúl, infatigable en el esfuerzo, presiona por todo el césped olisqueando el balón. Su carácter arrollador lo ha transmitido a un equipo que pisotea y pisotea al rival hasta dejarle aplastado. Le da igual que sea en el nido de Brasil o en un partido de sábado por la tarde contra el Werder Bremen: su obsesión por el gol es de diván de psicólogo. Por eso, Alemania es el país más competitivo que ha existido siempre y, por eso, tenían que ser ellos los que firmaran la mayor vergüenza de la historia centenaria del fútbol. En el futuro ya no bastará que gane Brasil: o fabrican nuevos Zicos, Romarios y Ronaldos, o la torcida brasileña dejará de excitarse con el fútbol. De cualquier modo, siendo Scolari el comandante, la masacre no habrá terminado.

Quizá sea el estilo que guste al Bernabeu

Mircoles, 28 Septiembre 2011

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Jornada 28 de la temporada 2000/01: faltaba un minuto para el final del Real Madrid-Numancia y Del Bosque, desde el banquillo, le dice a Albert Celades que mantengan el balón para que el equipo soriano ni siquiera tuviese la mínima oportunidad de remontar el exiguo marcador (1-0). De repente, el árbitro andaluz Medina Cantalejo decide dar cinco minutos de prolongación para asombro del Bernabeu…el Numancia había asustado en alguna contra al novato Casillas y era de suponer que tendría tiempo suficiente para armar un último ataque con tanto descuento. Entonces, Figo se juntó a Celades en el centro del campo, Mcmanaman se abrió al flanco derecho y Solari se arrimó a la izquierda; entre los cuatro y con el apoyo de Hierro  y Karanka en la retaguardia lograron retener el balón esos cinco minutos, sin atacar pero sin perder la posesión, salvo en un saque de banda en campo numantino. La grada tampoco se impacientó, pues estaba siendo testigo de un verdadero rondo de entrenamiento…cinco o seis futbolistas tocando la pelota sin perderla. Por entonces, el Madrid era un equipo dominador cuyo ‘fútbol control’ estilizaba su manera de jugar. Así le gustaba al bisoño Florentino Pérez, a Del Bosque y, sobre todo, a una plantilla avezada al juego dominante.

Diez años después, el Madrid ha encontrado el estilo que mejor se ajusta a las circunstancias, esas que obligan a jugar como sea para batir al Barcelona. El contraataque se ha convertido en la consigna diaria y a los protagonistas tampoco les cuesta reconocerlo: Sergio Ramos comentó después del 3-0 al Ajax que ellos juegan en la búsqueda de espacios (los que da el contragolpe); Arbeloa confesó tras el empate de Santander que no tenían “la paciencia suficiente cuando enfrente hay defensas cerradas”. Y Luis García-Plaza, entrenador del Getafe, resumió su derrota del Bernabeu con un “no hay dudas, el Madrid es el mejor equipo del mundo a la contra”. Posiblemente. La cuestión es si al Bernabeu le encandila la idea de que sus chicos ignoren los porcentajes de posesión (anoche sorprendió que el Ajax ganase la estadística) y salgan disparados a la portería contraria en ofensivas fulminantes. La del primer gol fue antológica: once toques en trece segundos y ejecución perfecta de Cristiano Ronaldo. Cada partido es una prueba más irrefutable que el anterior de que Kaká está renaciendo con la propuesta táctica de Mou… repliegue made in Xabi Alonso y a partir de ahí, un robo cualquiera en el centro del campo que aproveche los espacios para elegir el mejor pase definitivo. La ‘nueva’ moda del equipo va con Kaká, Özil y, por supuesto, Cristiano Ronaldo, quien prefiere la zancada de cuarenta metros que le asemeja a Usain Bolt a abrir la lata ladeado desde la izquierda.

Es decir, ¿cómo jugarían Zidane o Messi en la pizarra de Mourinho? Pues quizá soltando balones largos y precisos, con pocas opciones de descerrajar defensas con internadas imposibles o ruletas circenses. Así fichó el Atlético de Madrid a Schuster en el verano del 90: Jesús Gil le trajo para asestar un golpe moral a Barça y Madrid, pero en el fondo para que exprimiese las cualidades explosivas de su otra estrella, Paulo Futre. Schuster había dejado la orquesta sinfónica de ‘La Quinta del Buitre’ para amoldarse al entrenador yugoslavo Ivic, y el Atlético encontró en el contraataque su arma más letal. A aquel equipo le entusiasmaba que le reconocieran por su estilo…a Mourinho no es que le mole, sino que es el juego en el que se siente superior por los perfiles de su vestuario. Alfredo Relaño escribió en su editorial de AS el pasado lunes que hubiese preferido que “el Madrid hubiese cambiado a Mourinho y no al revés”. Hablaba del discurso vehemente de Florentino en la Asamblea, pero la reflexión es extrapolable a todas las dimensiones del club; por algo, el portugués manda, ordena y dirige promocionado como el Dios Rá, por encima de un presidente degradado a faraón. El gusto futbolero queda ahí y, a diferencia de siempre en el Bernabeu, no está sujeto al gusto del consumidor. No obstante, como dijo Manolo Lama anoche en COPE…”¿Al madridismo le gusta jugar al contraataque? A lo mejor. ¿Le gusta q le domine el Rayo? Pues igual también”.  

…quizá ése sea el síndrome del Atleti

Martes, 22 Marzo 2011

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Rastreo rescoldos del derbi y me encuentro en la red con un curioso artículo anterior al partido y  referido a aquel famoso spot televisivo Papa, ¿por qué somos del Atleti?  Me cuesta intuir si el escrito es un panegírico subliminal o el autor, Enrique Redel en su blog El lento aprendiz, confiesa sin cinismo que le ha tocado ser colchonero porque la mala suerte le ha elegido. Quizá los que son del Atleti lo sean porque es un club especial, que se ha codeado con Madrid y Barça durante décadas y que se ha fiado de jugadores emocionantes a los que el fútbol ha tributado episodios fantásticos (léase Enrique Collar, Abelardo, Luis Aragonés, Luiz Pereira, Gárate, Futre, Schuster..). Por eso, extraña  que haya aficionados que conviertan el maldito pupas en alarde de pasión. “No metamos el dedo en la llaga. Generaciones y generaciones de atléticos, tras la enésima derrota épica, tras el enésimo robo antológico en nuestro propio campo, tras la enésima burla del prepotente madridista…, nos hemos preguntado una y mil veces por qué narices somos del Atleti. Sin respuesta”. El trasfondo de tan exagerado pésame se detecta en  cada derbi, en cada temporada lastrada; y ni siquiera los títulos del 2010 pudieron camuflar la esencia tan dolorosa con la que convive el club. Y como la Europa League (y la Supercopa ) hinchó el globo de la vanidad, el tortazo de estos meses escuece más.

Yo también me pregunté si veintiún derbis sin ganar son un capricho de la estadística o, de verdad, el Atlético sufre complejo de liliputiense. El consuelo, porque hay gente que siempre lo busca, es que el Madrid necesitó del mejor portero del mundo para ganar; otra coartada muy manejada señala que sólo Agüero puso en jaque a toda la escuadra ultra preparada de Mourinho. Es difícil atinar cuando la cuestión que subyace es de identidad. ¿Al Atlético le pesa su historia? Puede, porque la opinión pública, o sea nosotros, le vendemos aspiraciones ficticias cuando la afición, harta de lo que pasa y acojonado por lo que se pueda avecinar, pide una catarsis de tomo y lomo. Soy de la opinión de que el club necesita resetearse como una CPU, enganchar un nuevo disco duro y programarlo para objetivos más modestos…quizá sea la manera de que el Atlético no tire por la borda la reputación tan gloriosa que se ha labrado durante décadas.

Pero basta de viciar a la masa social con esa especie de derrotismo irreversible. Da la sensación que el Atlético es un club amigo en España, que cae bien allá donde juega porque gusta su eterno caos; capaz de estropicios tan mayúsculos como los añitos en el ‘infierno’ o heroicidades tan inesperadas como la victoria ante el mismo Inter que había hecho de Atila meses antes. Por eso, no me gusta que el bloguero, atlético confeso, espete que “la militancia atlética se lleva en ocasiones de modo clandestino, culpable, y eso no es justo”. Y no tiene que serlo porque la pasión atlética no se esconde; es más, su idiosincrasia se la dan unos seguidores que presumen de colores en momentos ominosos y célebres. No sé, debe molar ser del Atlético porque tiene de especial que le sucede lo que a ningún otro equipo. Y algún osado sigue susurrando que es el tercer equipo de España:por folclore, seguro; por títulos, obvio…pero al fin y al cabo supongo no deja de ser un consuelo necio. Quizá el Atlético, en una cita del novelista británico Arnold Bennett, se haya acomodado en el pesimismo, que cuando te acostumbras a él, es tan agradable como el optimismo…quizá ése sea el síndrome del Atleti.

¿Espabilará Sergio Ramos?

Martes, 3 Noviembre 2009

El año pasado amagó con una temporada mala y en este inicio liguero ha evidenciado que lo suyo no es un simple bajón físico o psicológico. Sí, Sergio Ramos no está nada bien y lo más preocupante es que todavía no ha pisado suelo en su vertiginosa caída libre. Su autocomplacencia ha sido el principio de su declive porque, si bien nos impresionó hace dos temporadas con su poderío físico (también es cierto que Schuster le hizo un flaco favor adjudicándole toda la banda derecha del Bernabeu), su titánico esfuerzo partido a partido acabó minando esa envidiable virtud. Sencillamente fue un disparate que el sevillano jugase siempre en Liga, Champions y Copa, cuando el equipo no contaba con un recambio natural (Salgado estaba en las últimas).

El fútbol moderno ha revolucionado el concepto defensivo para siempre: las zagas juegan hoy adelantadísimas, casi soplando el cogote de los centrocampistas, y la exigencia de que un equipo entero se mueva sin pausa de la defensa al ataque, ha obligado a los laterales a convertirse casi en extremos. Sergio Ramos ha sido siempre un alumno aventajado en esta nueva noción, su problema es que se gusta demasiado en el ataque y  descuida totalmente su principal cometido: proteger su carril. Siempre he defendido la premisa de que cuando un lateral coge el vicio de atacar, malo. Le acabó sucediendo a Roberto Carlos en sus postrimerías y por ahí vienen las críticas que, con razón, no han  cesado contra Ramos.

Hasta que el sevillano no se meta en la cabeza que sólo debe empeñarse en tareas ofensivas para sorprender al rival, su flanco quedará desguarnecido una y otra vez. De momento, Ramos no se ha dado cuenta de su tremenda laguna táctica y Pellegrini parece que tampoco se ha cerciorado del descosido. Sus subidas por la banda sin ton ni son despistan  a sus delanteros y descuajeringan al equipo. Además, otros asuntos extradeportivos han desconcentrado al jugador. Por ejemplo, la subida salarial que reclamó el pasado enero cuando se rumoreaba que el Milan estaba detrás de él. Entonces, no era el momento de pedir cuentas en los despachos porque debía ganarse el aumento en el campo, cosa que hasta hoy no ha merecido.

Para mayor escarnio suyo, en la víspera del Milan-Madrid sale el legendario Franco Baresi, uno de los mejores defensas de la historia, y espeta que Ramos es un desastre defendiendo y un poco presuntuoso. No sé cómo se lo habrá tomado el madridista pero directiva, afición y cuerpo técnico le suplican que espabile ya. Va siendo hora.  

¿Espabilará Sergio Ramos?

Mircoles, 2 Septiembre 2009

Echábamos de menos la acritud de Schuster. Después de haber permanecido oculto más de medio año, el alemán avinagrado compareció en El Tirachinas para desmelenarse con franqueza ( propio de él). El ex entrenador merengue suele decir verdades como puños y su perspectiva del Madrid no es muy distante de lo que piensa el público. Cuando el oyente esperaba que soltara alguna bordería irónica de las suyas, Schuster espetó que Sergio Ramos no está concentrado en lo que debe. “Debe ponerse las pilas y entrenarse con más humildad”, afirmó con naturalidad el teutón, sin esperar que tal declaración fuera a levantar una ventisca. Es evidente que el defensa del Madrid no cuajó su mejor año la temporada pasada; muchos atribuyen su bajón físico y mental a su insistencia en ampliar su contrato y a sus compañías nocturnas. Quizá el momento más delicado que sufrió Ramos vino tras su desastrosa actuación en la humillación histórica del Barça en el Bernabeu. Entonces, Henry le bailó por su derecha, izquierda y hasta por arriba, y el andaluz fue señalado como uno de los responsables del desastre.

Ramos nunca ha dejado de ser un lateral o central portentoso. Su físico le permite galopar por la banda derecha sin extenuarse. Pero su problema aparece cuando se anima a atacar con vehemencia, desprotegiendo su flanco defensivo. Él abusa de un vicio que ya se achacó a Roberto Carlos en su momento; sólo que el brasileño podía resolver partidos con sus proyectiles kilométricos. Dudar de las aspiraciones de Ramos sería necio pero a veces  da la sensación de que el jugador sólo tiene serrín en la cabeza. Si se pone las pilas, como afirma Schuster, su equipo habrá ganado mucho y su participación será preponderante sobre el resto de defensas blancos. En su mano está.

El socio del Madrid es agradecido y si comprueba que Ramos se alinea con Raúl en compromiso y sacrificio, le aclamará como al capitán. No en vano, muchos le echaron de menos en el estreno liguero; y más, cuando la zaga merengue estuvo desafortunadísima. Schuster recordó que Arbeloa puede incentivar a Ramos por aquello de la competencia, sobra decir que éste ya se habrá percatado de que, por una vez, va a tener que batirse el cobre de verdad.   

¡Cómo ha molado la jornada!

Lunes, 12 Enero 2009

Al Barça le faltaba apelar al género de la heroica, aún no lo había necesitado, y de repente el Osasuna le obligó a jugar a contrarreloj. Con maestría, claro, pues sólo el líder sabe hacerlo así en estos días. Después del pequeño susto en Pamplona, la conclusión más evidente es que el único peligro de los azulgranas son ellos mismos. Anoche salieron al campo decididos, apostando por su fútbol, pero entre la docilidad del cuadro pamplonica en la primera parte y la parsimonia culé en la reanudación, el Barça olvidó la tarea básica de un equipo dominante: buscar la sentencia definitiva. Sin embargo,  no lo hizo porque se preocupó más por gustarse a sí mismo y ese narcisismo fue aprovechado por los ‘rojillos’. Al colista no le queda otra que hacer de la necesidad su mejor virtud, sólo así podrá salvarse.

Pero la mayoría de las veces los equipos grandes disponen de los mejores futbolistas para solventar situaciones comprometidas. Hay días que los cracks parecen abúlicos en el campo pero inopinadamente desatascan el entuerto con un par de esbozos. Es el caso de Messi, que ayer sólo se lució en un par de individualidades: la primera para el aplauso y la segunda para mantener a los suyos en su senda gloriosa. Insisto, sólo si el Barça se vanagloria de lo que está haciendo, puede fracasar en su propósito. Ahora se susurra la posibilidad del triplete (Liga, Champions y Copa) pero Guardiola ha espabilado a los ilusos con el argumento más válido: “si en cien años nunca se ha conseguido, no es justo que se nos exija ahora”. Pues eso, que Pep tiene más razón que un santo.

La jornada liguera también ha aclarado la mejoría del Real Madrid con Juande Ramos. El nuevo míster ha ordenado el desolador grupo de Schuster  y le ha inculcado funciones prácticas. Este Madrid sí que sabe a lo que juega, o por lo menos lo ensaya. Buen indicio. Por cierto, ver a Robben contra defensas adelantadas es todo un escándalo para el aficionado. Si Juande concede al holandés la bula de dar rienda suelta a su imaginación, cuidado con el renacido Madrid.

Y todavía queda lo mejor, o más bien, el partido más espectacular de lo que llevamos de Liga: el fútbol da gusto cuando los contrincantes porfían en atacar y atacar. Valencia y Villarreal no cejaron en su empeño por agujerear las porterías contrarias y el resultado fue un empate a tres goles, palos, paradones y un buen puñado de ocasiones. Lástima que estos partidos se cuenten con los dedos de una mano.    

Sí que era imposible ganar en el Camp Nou

Domingo, 14 Diciembre 2008

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Si el Barça descansara durante todo un mes y el Madrid ganase los partidos que le correspondiesen en ese plazo, casi seguro que los azulgranas aún serían líderes. Ésa es la deducción más lógica y real  que habrán sacado los dos equipos después del superclásico de anoche. Bueno, súper no fue puesto que el Barça no jugó como ha acostumbrado en los últimos tiempos ni el Madrid salió con actitud ganadora. Cierto es que la mezquindad merengue fue obligada: Juande sabía que intentar tutear al Barça para ganarle a puñetazos era un suicidio. Pero el flamante entrenador del Madrid no debió pasar por alto que guarecerse en su área tampoco resultaría. Tarde o temprano, el Barça haría saltar por los aires las ordenadas líneas del rival. Era una cuestión racional.

El partido deparó muchas sorpresas: ni el Madrid habría esperado tener ocasiones de gol tan claras como el mano a mano de Drenthe con Valdés (el holandés no puede dar más. Es lo que hay) o el disparo esquinado del canterano Palanca. Este extremo presume una mezcla de habilidad con arrojo  y cuando madure se convertirá en una pieza muy valiosa para un Madrid carente de alas.  Otra buena noticia que no esperaba nadie fue la resurrección del cuestionado Casillas. El portero eligió el mejor escenario posible para reivindicar su grandeza, que nunca ha perdido pero sí escondido. Y Metzelder aguantó como un portento en la zaga cuando todo el mundo había apostado en qué minuto le haría el traje Samuel Eto’o. Hasta Cannavaro recordó que no hace mucho tiempo recibió un Balón de Oro, cosa todavía inexplicable.

También sucedieron hechos esperables: la enésima actuación nefasta de Guti en el Camp Nou. Sin duda, no es su estadio fetiche. Tampoco extrañó la cantidad de patadas que sufrió Messi, hasta tres faltas consecutivas en diez minutos.  Raúl volvió a echarse el equipo a las espaldas y, solo ante el peligro, abrió algún hueco en la defensa barcelonista. Y el partido también certificó que Gago no impone como Diarra por mucho que se esfuerce.

Al final, Schuster y Guardiola llevaban razón: era imposible que el Madrid ganase en Barcelona y también era irreal que el líder le endosara cinco o seis goles al vigente campeón. A partir de ahora, ‘Pep’ tendrá que acometer la difícil tarea de mantener motivados a sus pupilos. Vamos, que aún no se crean que han ganado la Liga. En contraste, Juande deberá inocular en los suyos optimismo, pero no en el campeonato sino en la Champions, donde al Madrid le gusta desplegar su mística.    

Con Juande no es imposible ganar…la Champions

Mircoles, 10 Diciembre 2008

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Adiós, Schuster, hasta siempre. Tanta paz lleves como dejas. Es una pena que las chulerías, arrogancias y provocaciones del alemán no vuelvan a escena en las ruedas de prensa, con lo bien que lo hemos pasado los periodistas. Bernardo se va despedido por la puerta de atrás pero sin resentimiento. Su contrato expiraba en temporada y media, y el Madrid le pagará el dineral que le corresponde. Eso sí, difícilmente escucharéis alguna rajada del teutón en los medios durante los próximos días: su silencio es el precio de su indemnización. Schuster clamaba a gritos que le echaran; estaba cansado de pedir explicaciones a sus jefes sin recibir respuesta, y aún más harto de lidiar con las preguntas capciosas de los redactores. Ni le gustaba entrenar ni proponer tácticas nuevas a sus futbolistas. Vamos, un vago redomado.

A Ramón Calderón y Pedja Mijatovic les ha salido su primera jugada redonda desde que llegaron al club. Han esperado pasar el mal trago de la Asamblea para fulminar a Schuster. A partir de hoy, sin el agobio de las cuentas y la amenaza de convocar elecciones anticipadas, el madridismo puede hacer borrón y cuenta nueva. Llegan nuevos bríos al banquillo con Juande Ramos. El ex entrenador del Tottenham sabía que tarde o temprano le llegaría su oportunidad aunque quizá no con esta precipitación, puesto que Juande no esperaba haber acabado su periplo inglés con tanta celeridad. Pero lo importante es que el Madrid ya tiene nuevo técnico, el mejor de los que había en el mercado.

Juande viene con las ideas claras: la recuperación anímica de la plantilla es vital para augurar algún resquicio de optimismo en lo que queda de temporada. Además, el flamante entrenador merengue ha sido tajante cuando en su presentación ha afirmado que su más estrecho colaborador, Marcos Álvarez, asumirá la responsabilidad de la parcela física. De este modo, con Walter di Salvo en segundo plano, comprobaremos si la plaga de lesiones es fortuita o responde a alguna negligencia o mala recomendación. Por cierto, Di Salvo cobra cien millones de las antiguas pesetas al año. Menudo lujo va a ser mantenerle en el equipo técnico.

Con la venida de Juande, el Madrid guarda una mínima oportunidad de dar la campanada en el Camp Nou. Es una opción remota, sí, pero la sola presencia del Madrid con nuevo entrenador acecha el estado de euforia del Barça. Incluso, Guardiola ha confesado hoy que estudiará los vídeos de los Barcelona-Sevilla para analizar las posibles estrategias del ex preparador sevillista. Pep no quiere ni un cabo suelto. Pero pase lo que pase en el clásico, el Madrid no tiene fuelle para iniciar una remontada épica. Es más, Juande es el elegido porque es experto en afrontar eliminatorias a ida y vuelta. Así lo demostró en el Sevilla con dos Copas de la UEFA consecutivas y una Copa del Rey, y de la misma forma lo corroboró en el Tottenham con la pasada Carling Cup. Y al Madrid le queda la Champions y casi dos meses para preparar los octavos de final. Démosle un voto de confianza. Con Juande no es imposible ganar….la Champions.

El elegido

Domingo, 16 Noviembre 2008

¿Qué delantero vendrá en diciembre para sustituir a Van Nistelrooy? Ésa es la gran preocupación del madridismo, más importante que la supuesta destitución de Schuster. La tan mal llamada ‘excelencia futbolística’, justificación banal de Ramón Calderón para echar con alevosía a Fabio Capello, ha devorado la grandeza y el prestigio del Real Madrid. El presidente blanco trajo a Schuster para deleitar a sus socios pero año y medio después ya le ha puesto fecha de caducidad. Para Calderón, defender al entrenador teutón sería una afrenta pública sin sentido alguno. El temperamento del adusto Bern le ha dejado solo ante sus jugadores y sus jefes.

Al socio ya no le importa quien coja las riendas, los entrenadores de los clubes grandes acaban quemándose en poco tiempo. Si las cosas vuelven mal dadas, los jugadores harán piña y se arrogarán el derecho de admisión. Para eso están los capitanes: Raúl, Casillas, Guti y Salgado. Pero el que sí entrará en este selecto grupo millonario será un ariete, que a estas horas, ni él mismo sabe que es el elegido. ¿Por qué? Simplemente porque ni el propio Madrid lo habrá decidido. El club no es muy hábil en estrategias de comunicación de crisis: se marchó Capello y Calderón tardó bastantes días en explicar su despido a la opinión pública; el vaivén de Cristiano Ronaldo confundió a los propios futbolistas del club; Schuster no fue informado en todo el verano sobre si el Madrid estudiaba fichajes alternativos a la estrella portuguesa y por último, el mismo Calderón todavía no ha informado a sus socios, los dueños del club que preside, de las verdaderas causas de los frustrados intentos de traer a Villa y Cazorla.

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Con este panorama, no es de extrañar que el elegido, el que devolverá el equilibrio al tambaleante Madrid, aparezca a contrarreloj, en la hora límite del cierre del mercado invernal.  Los dos delanteros que más suenan son el argentino Hernán Crespo y el francés Benzema. El primero es un residuo del Inter de Milan. Mourinho no cuenta con Crespo porque piensa que ya está quemado y su aportación es nula. Además, está Ibrahimovic, el jugador más en forma de Europa, con el permiso de Eto’o. Crespo tiene 33 años aunque el dato no es muy relevante. Que le pregunten a Van Nistelrooy de veteranía.

Benzema es la típica promesa que reclama a codazos su oportunidad en un grande. El Lyon, sempiterno campeón francés,  le queda pequeño y el Madrid no sería mal destino. Sin embargo, esta apuesta en concreto corre el riesgo de truncarse. Si el francés acaba en Chamartín el próximo mes, la presión para él puede ser insoportable. No en vano, el Madrid va a fichar a uno o más para cambiar el rumbo del equipo, va a fichar para ganar algo. ¿El elegido? Tendremos que esperar hasta el final.