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Un país enamorado

Jueves, 12 Febrero 2009

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Paso a la mejor selección, ¿del mundo? Ningún equipo sabe jugar al fútbol como España, así de claro. Ni siquiera la temible Argentina de Maradona,  con Messi de arcabuz, lee el juego de forma tan nítida como la ‘Roja’. No me cansaré de agradecer a Luis Aragonés su inolvidable gesta. Y no me refiero a la consecución de la Eurocopa, bueno eso también, sino a ese estilo tan perfecto que inculcó a los jugadores en Austria. Por fin sabemos a lo que jugamos; tenemos alternativas para contrarrestar cualquier táctica rival, sea de toque, patadón, contragolpe o de simple derroche físico. Así da gusto contemplar un partido de fútbol.

Inglaterra vino a cortarnos las alas. Capello tapó las bandas con futbolistas rápidos para ahogar a los extremos españoles, éstos se percataron de inmediato de la pillería británica y entonces, ahí surgieron Iniesta, Xavi y Xabi Alonso para agujerear la columna vertebral de los pross. La sola presencia de Iniesta es un tributo al fútbol. Su encargo no consiste en hacer quiebros, asistencias o disparos, pues semejante espectáculo circense corresponde a Villa o a Torres. El centrocampista del Barça vela porque el juego nunca cese. Posee el don de la ubicuidad y de ello se aprovechan sus compañeros. Que hace falta ayudar por delante de la defensa, ahí está Iniesta; que hay que echar una mano a Xavi si éste se atora, el manchego es la solución. Si Capdevilla o Ramos se incorporan por las bandas, Iniesta ya sabe su intención segundos antes. Así es él, el ‘termostato’ de esta selección. Cuando lo hace bien, como sucede casi siempre, España se gusta. De lo contrario, surge un pequeño problema, pero nada que no pueda solucionar Xavi o Senna.

Porque España es una idea clara y divertida que se plasma por inercia en cada partido. Hay unos titulares, sí, pero también recambios de calidad. Fernando Llorente ya ha marcado tras haber jugado sólo dos partidos y apunta a banquillero de lujo; a Arbeloa le está viniendo de maravilla curtirse en el Liverpool y otros que aún no han venido como Arteta, del Everton, quieren compartir este sueño hecho realidad.

Del Bosque, en su papel, mantiene la serenidad. No en vano, es dificilísimo atenuar la euforia que viven los jugadores, el fútbol español y por qué no la nación. Ahora tocan las comparaciones: Argentina, Brasil, etc. Pero no se trata de ser mejores que otros hoy o mañana. Obviamente, llegará el día en que perdamos. Pero mientras persista esa gran idea, los españoles estaremos orgullos de nuestro combinado. Se trata de pasar un rato entretenido en frente de la televisión.

 

¿Balón de Oro? No caerá esa breva

Sbado, 25 Octubre 2008

Si Gabriel Hanot , periodista que ideó el Balón de Oro, hubiese tenido que elegir al ganador de su trofeo de esta temporada, habría sospechado que le tomaban por cabeza de turco. La decisión final se las trae: en el escaparate de France Football relucen un buen puñado de aspirantes, cada uno de ellos con méritos suficientes para proclamarse ganador. La grata noticia es que la Eurocopa ha espoleado nuestro fútbol hasta el punto de tener a siete españoles en la carrera final al prestigioso galardón. Naturalmente todos ellos brillaron  con la selección española, fueron titulares indiscutibles y sus aportaciones en sus clubes han sido determinantes para los objetivos de éstos. El adalid patrio es Iker Casillas. Sus paradas milagrosas han sido reconocidas de una vez por todas. Sus actuaciones de este año no han sido mejores que en otras campañas pero ganar una Eurocopa y eliminar a Italia, campeona del mundo, por penaltis resplandece su currículo. Sin embargo,  el lastre del portero del Real Madrid es precisamente eso: saber detener balones y no marcarlos. La esencia del fútbol son los goles y los guardametas, por muy buenos que sean, siempre están al margen del espectáculo. Al fin y al cabo, los aficionados recuerdan golazos y cuántos tantos marcaron Ronaldo o Romario, pero no cuántos paradones hicieron Casillas o Buffon. Para más inri, la estadística es demoledora: en cincuenta y dos ediciones sólo una vez ha sido recompensado un portero. Fue el ruso Lev Yashin, la legendaria ‘Araña negra’, en 1963.

Aparte de Casillas, Fernando Torres y Xavi Hernández son las alternativas más fiables. El ‘niño’ ha explotado su talento en el mejor escenario posible, la Champions. Sus goles en Europa, su fulgurante racha en la Premier y el gol que marcó contra Alemania en la final de la Eurocopa le conceden cierta ventaja. El caso de Xavi es diferente: ensombrecido por la penosa temporada pasada del Barça, la ‘Roja’ le ha brindado la oportunidad de redimirse. Sus posibilidades aumentan por su exclusividad: centrocampistas creativos como el catalán escasean en el continente y tan efectivos como el azulgrana no hay ni uno.

Luego están Villa, Sergio Ramos, Marcos Senna y Cesc. Todos de relleno para la votación final del Balón de Oro. El asturiano del Valencia ha pasado un año calamitoso; Ramos lo hizo bien en la Liga pero falló en Austria y Suiza; Senna ha sido más revelación que consolidación y Cesc no cuajó con Luis Aragonés.

El problema es que a los candidatos españoles les alaban por su compromiso con la selección y el trofeo de France Football resalta el virtuosismo de un solo jugador. Y en este sentido, Cristiano Ronaldo tiene todas las de ganar. Líder indiscutible del Manchester United, el portugués ha fascinado por sus jugadas inverosímiles. La Champions, aderezada con la mejor liga inglesa de los últimos tiempos, pesa mucho y aunque Portugal no duró mucho en la Eurocopa, el marketing y el circo mediático de Cristiano son dos monedas muy valiosas en su balanza.

Hoy no es un lunes cualquiera

Lunes, 23 Junio 2008

Sueño cumplido. Por fin hemos roto la peor de las maldiciones. Veinticuatro años después, España vuelve a ser alguien en el panorama internacional, veinticuatro años después, España jugará las semifinales de una Eurocopa, este torneo que tanto nos gusta y que tanto nos ha hecho sufrir. Ahora ya da igual lo que suceda, nos hemos burlado del fantasma de los cuartos de final y encima hemos dejado en evidencia a Italia, campeona del mundo. Los transalpinos se escudaron en su competitividad y su oficio, pero anoche eso no bastó. Nuestra selección abofeteó al fútbol rácano, ramplón y simplón de Donadoni y demostró que con la suerte no siempre se gana. Y los italianos no ganaron, ni siquiera estuvieron cerca de ello. España fue a lo suyo, a mimar el balón y marearlo hasta encontrar opciones en el ataque. Magnífica la paciencia de los futbolistas españoles, colosal el planteamiento táctico e imperial la actitud de nuestros héroes.

Como en cualquier gesta que se precie, la historia sólo recordará a uno o dos protagonistas y anoche hubo dos: Marcos Senna durante el inicio y el nudo del partido, y Casillas en el desenlace, el acto más memorable. Iker paró dos penaltis y superó a Buffon en su particular duelo de porteros. El madridista ha pasado a los anales de nuestra exigua leyenda triunfal como el guardameta que nos ha subido al pedestal de los dioses. Esperemos que no la pifie como Arconada en Francia 84 en el caso de que lleguemos a la final. En cuanto a Marcos Senna, nunca agradeceremos tanto una nacionalización en la selección. El hispano-brasileño estuvo inconmensurable en su cometido: desbaratar las ofensivas italianas. Se hartó de cortar balones, contuvo con maestría a Aquilani y Perrota, lamentables anoche, y se animó al ataque con descaró para engatillar un par de disparos que inquietaron a la zaga ‘azzurra’. Luis, tú has apostado por Senna, la gloria es tuya.

No me olvido del resto: Villa batalló contra las torres italianas, Panucci y Chellini, hasta la extenuación; Silva no hacía más que driblar y driblar peones italianos por la banda izquierda y luego por la derecha; Xavi puso cordura en la medular y Marchena mantuvo a raya al temible Luca Toni, quien no pudo zafarse del central andaluz ni una sola vez. De lejos, el mejor partido que ha hecho el valencianista en toda su carrera. También Cesc Fábregas, cuestionado por su escasa aportación con la selección, entró en el olimpo cuando con pasmosa tranquilidad engañó a Buffon y certificó el hundimiento italiano.

Luis Aragonés se ha convertido en el mejor seleccionador de la historia patria. Supongo que esa distinción honorífica merecería una renovación, aunque la Federación y Luis hayan pactado el finiquito de este último. El seleccionador no ha estado exento de polémicas: la no convocatoria de Raúl, su enfado con Torres en el primer partido y su advertencia pública al comportamiento de Sergio Ramos. Pero en el fútbol, los guarismos esconden los trapos sucios y en este caso, han dado la razón a Luis. El ‘zapatones’ debe saber que hoy no es un lunes cualquiera. Los españoles nos sentimos orgullosos de nuestro deporte rey, ya no somos adalides en el fracaso. Para mí, el reto se ha conseguido, y más contra Italia. Esta selección no merece ningún reproche. Lo que pase el próximo jueves ante Rusia ya da igual.