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Entradas con etiqueta ‘Sergio Ramos’

“Por dinero no va a ser”

Martes, 23 Junio 2015

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La consultora Brand Finance  publicó la semana pasada el ranking de los clubes más ricos del mundo. El Manchester United sigue en cabeza y, además, se convierte en el único billonario del salón VIP (más de mil millones de dólares). Casualmente (o no), un directivo del Real Madrid comentó también la semana pasada que la vuelta de vacaciones del director general del United, Richard Arnold, “recalentaría el verano”. El mismo Richard Arnold que en un foro económico comentó que el fútbol “estaba dirigido por los representantes porque son ellos quienes mueven el dinero de este negocio”. Y cuando los ‘diablos rojos’ ya han preparado en su cámara del tío Gilito 300 millones líquidos para volatilizar el mercado, René Ramos les ha entreabierto la compuerta. Necesitaba Arnold que un Mino Raiola de la vida, en este caso el hermano del camero, filtrase el estancamiento de la renovación. Una medida anunciada con fuegos artificiales, porque si Raiola dirigiese la operación, Ramos acabaría en Old Trafford previo paso por algún equipo untado de petrodólares. No en vano, Raiola, agente de Paul Pogba e Ibrahimovic entre otros, suele comentar que si representase a Leo Messi, “le habría movido un puñado de veces”. Por aquello de la fiebre de las comisiones, suponemos.

En el affaire Ramos todos tienen razón. El futbolista lleva pidiendo meses el aumento que la ‘Décima’ le brindó y en la planta noble del Bernabéu siempre le han considerado el capitán, único y exclusivo por delante de Casillas. El Real Madrid aún no le ha ofertado un contrato nuevo, pero ni siquiera en el imaginario de Florentino Pérez aparecen esos diez millones que retumban en la mesa de negociación. Como dice el amigable abogado Denzel Washington en Philadelphia, “explíquemelo como si yo tuviera seis años”. Pues bien: Ramos cobra 6, quiere 10 y el club le pagará una cifra en tierra de nadie, 8 es la más diplomática. ¿Fin del asunto? Sí para el club, no tanto para el jugador, cuya ambición natural puede herir sensibilidades sociales. Y más tratándose de gente millonaria. Ramos necesita un estratega de comunicación, un Robert de Niro que cree la Cortina de humo que despiste al Bernabéu. Porque el fútbol es muy perro y a la mínima que el camero falle, se esparcirá por la grada la sospecha de pesetero. Quienes le conocen, saben que no es verdad, pero el fútbol no es justo. Que se lo digan al portero.

Viene el Manchester como un carretón a por Sergio Ramos y, como dijo el ex presidente del Real Madrid, Fernando Martín ‘Martinsa’, “por dinero no va a ser”. En la ecuación un nombre que tarde o temprano se ejecutará pero que se está volviendo puñetero: David De Gea. Piensa  Richard Arnold que si el Madrid busca a su portero, ellos tocarán al central. La lógica cartesiana se traduce en que De Gea acabará enfundándose los guantes en su nuevo club, mientras que Ramos, su hermano y Florentino pactarán una Entente Cordiale. Pero como “los agentes mueven el dinero de este negocio”, si el madridista alza la vista, verá unas cuantas novias al acecho, cualquiera de ellas macro operación. Lo hizo Di María, que llamó al despacho de Florentino pidiendo su barbaridad, y acabó en la Premier. Y aunque Ramos es madridista de corazón y cabeceó la Champions de Lisboa; también Pedja Mijatovic marcó el gol más importante de la historia contemporánea del Madrid en Amsterdam y apenas duró una temporada más.

 

 

Allegro ma non troppo

Mircoles, 6 Mayo 2015

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Allegro ma non troppo (‘Alegre pero no demasiado’). Topicazo para  explicar la sensación contradictoria de un Madrid despistado que encañonó a la Juve a quemarropa  y no supo apretar el gatillo. El resultado es una derrota potable que a partir de hoy invocará güijas de palmeros, el espíritu de Juanito y un manoseado DVD de las grandes noches europeas. Las ochenteras, claro, porque la historia reciente ha hecho trizas ese misticismo que tanto gusta al madridismo. Pero la remontada no sólo se consigue sobreexcitando al Bernabéu y pidiéndole la tormenta perfecta, también mandan las pizarras y la de Ancelotti ha vuelto a quedar pintarrajeada con garabatos. El técnico merengue perdió la partida de ajedrez en un puñado de movimientos, los que tardó Sergio Ramos en inmolarse y dejar a la Juventus una autopista americana hasta la defensa blanca. Dice Paco González que la apuesta impopular de Ramos en el centro del campo no gusta en la planta noble del Bernabéu. Al menos, resulta inexplicable teniendo en nómina a Illarramendi (sí, 40 millones), el saliente Khedira y Lucas Silva, un fichaje enigmático que pinta a cesión en toda regla. El sevillano decepcionó por su ubicación amorfa y Andrea Pirlo porque es un mito viviente y, como tal, ya es más reliquia que futbolista apto para ir a la guerra.

Tévez también supera la treintena, pero entiende el juego desde la experiencia de quien se las sabe todas. El ‘Apache’ escarmentó en Manchester porque el vertiginoso fútbol de allí no se detuvo ante él. En cambio, el Calcio es intenso pero pausado, muy propicio para perros viejos como él. De repente,  pide el balón en el centro del campo y mete un cambio de ritmo que deja al resto de piedra. Su pillería en el penalti de Carvajal salvó media eliminatoria para la Juve y le encasilla como el primer enemigo público en el Bernabéu. Lo mismo pensaban en Turín del Cristiano Ronaldo que no asusta pero al menos ve puerta. A estas alturas, el portugués ya no tiene fuerza para aguantar las columnas como Sansón, aunque tampoco debería hacer falta: el Madrid es más equipo que los italianos y con Benzema dispondrá de toda la artillería pesada. O muere matando o sale disparado a Berlín. Ya no hay tiempo para sestear y fiarse de esa peligrosa inercia de que tarde o temprano el Madrid siempre marca. Quizá la vuelta del delantero francés aclare las ideas ofensivas ante una defensa tan cuadriculada; Benzema suele desaparecer del área para construir jugadas desde la banda como si fuera un meccano. Y ahí la Juve tendrá que pensarse un poco más el catenaccio.

La buena noticia para el Madrid es que el margen de mejora es oceánico, sobre todo en defensa. Se trata de no repetir errores de bulto que se aprende en la escuela de alevines. Por ejemplo, la bronca de Ancelotti a Varane y Marcelo en el descanso debió ser morrocotuda: al francés por no ser expeditivo (patapum parriba) y al brasileño porque se quedó perdido en tierra de nadie, ni sacó el puñal por la izquierda ni el escudo en defensa. Suena a cachondeo, pero Coentrao no habría desentonado en este partido de cuerpo a cuerpo. En los cenáculos madridistas se insinuó que si el Madrid hubiese perdido en el Calderón por 2-1, el botín habría sido aceptable; el resultado ahora es más sospechoso. Esta vecchia signora de pura cepa italiana sabe sobrevivir con la pistola en la sien. Y, además, con una sonrisa de joker porque vuelve Paul Pogba. Y con Morata hecho un hombre. 

Cristiano se sacude la kryptonita

Domingo, 3 Mayo 2015

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Le habían martilleado el oído con el nombre de Messi a todas horas: que si el argentino le iba a dar caza en el pichichi, que si la carrera por el próximo Balón de Oro tenía color albiceleste, que si el grito simiesco había sido el preludio de una racha espantosa. El paseo militar del Barça (y Messi) en Córdoba dejaban al Madrid al borde del abismo: ganar o suicidarse. Sin término medio. Y el Cristiano Ronaldo más atormentado de los últimos tiempos no parecía el héroe indicado para espolear al Madrid; al contrario, el superman portugués llevaba todo el año sin levantar el vuelo, asfixiado por la kryptonita que le obligaba a arrastrarse. Con la ‘BBC’ descuajeringada, el equipo le pedía a gritos un puñetazo, una advertencia a todos los enemigos de que Cristiano, exultante o tristón, siempre es el ‘bicho’. Fue entonces cuando pisó el Pizjuán y se cobró la cabellera del Sevilla más puñetero que se recuerda. Su descaro con el balón fue el presagio de la tormenta que se avecinaba: la tarde era en ese momento de Messi y la estrella lusa sabía que otra mala actuación pondría al Madrid en defcon 2, sobre todo con la inminencia del partido perro de Turín.

El detalle que diferenció al Cristiano de siempre con el desesperado y notas de los últimos meses fue su gesto hierático. Esta vez la ocasión fallida, el disparo torcido, venía acompañada del típico gesto de Rafa Nadal que no se lamenta por fallar una bola sino que espera mejorarla en el siguiente punto. El madridista dejó en el vestuario los aspavientos de su versión protestona y reivindicó su modelo CR7, el terminator programada para aniquilar defensas. Sus cabezazos de killer reabren un debate sano, futbolero de pura cepa: ¿quién rinde más: el Cristiano escorado en la izquierda sin reprís o el delantero centro que revienta el balón por tierra, mar y aire? Ancelotti lo tenía claro hasta ayer: el Madrid no necesita comprar un ‘9’ porque tiene al capo de los todos a sueldo. Ya sólo falta que Gareth Bale deje su posición invertida para jugar en la izquierda y la artillería pesada estará calibrada para un ataque total. Sin embargo, el galés sirvió a Cristiano el tercer gol desde su posición amorfa y Carletto tiene la coartada perfecta para mantenerle enjaulado.

Sergio Ramos también se ha reconvertido de la noche a la mañana. Se ha comido el marrón de Modric con disciplina espartana; su presencia en el centro del campo rellena de cemento armado una zona que sin el croata se resquebrajaba como el cartón piedra. La deducción del técnico es más simplona que dos más dos: con tanta lesión dejar a Pepe o Varane en el banquillo era un privilegio que no se podía permitir. Y lejos de arriesgar el esquema con tres centrales, lo que supone extenuantes jornadas de entrenamiento, el método Ramos ha aliviado los quebraderos de cabeza del cuerpo técnico. Todavía no se le ve cómodo sondeando dónde colocar el balón (él no es Xabi Alonso), pero tenerle enfrente, a cuarenta metros de Casillas, es un muro demasiado alto para cualquier media punta que no tenga la habilidad innata de José Antonio Reyes. Desde luego, la Juventus no tiene un malabarista de su talento, lo suyo son más picapedreros acostumbrados al intercambio de metralla. Y en cruce de mamporros (así se intuye la semifinal), Ramos está preparado de central o centrocampista. Si tiene dudas, que le pregunte a Fernando Hierro, todoterreno goleador a principios de los noventa y retrasado con los años en un serio aspirante a Beckenbauer.

El secreto mejor guardado del Bernabéu

Domingo, 25 Mayo 2014

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Fernando Hierro confesó a Mijatovic en Lisboa que intuía un “papelón” de Sergio Ramos en la final. “Tiene adn madridista porque jamás hinca la rodilla”, le dijo al montenegrino. Y Ramos cumplió la profecía más de lo que Hierro habría imaginado. Él nunca marcó en una final de Champions, tampoco le hizo falta. Pero estaba escrito que el Madrid de esta Champions se tenía que agarrar al espíritu de Juanito, hoy reencarnado por el sevillano. Y al estilo de Hierro, entrando como una exhalación en el área, condenó al Atleti a un final cruel, merecido pero al fin y al cabo cruel. Ramos no es el capitán pero casi, lo sabe Iker Casillas, al que le bastaron tres segundos para susurrarle al oído que era el “puto amo”. También lo tiene presente Cristiano Ronaldo, amigo del camero y que suele comentar a sus amigos futbolistas portugueses que es el mejor defensa con el que se ha juntado. La Champions le debía una, o dos, o tres, o cuatro, o quizá una década de decepciones y mofas populares como el penalti que tiró al limbo delante de Neuer. El hundimiento fue tan brutal que Ramos tomó el ejemplo motivacional de Iniesta (“Te caes, te jodes, lloras y te levantas”) para emprender una carrera desenfrenada hasta la Décima.

El madridismo sospechoso de Ramos aclaró sus dudas durante la noche fatídica del Dortmund, en la no remontada del Bernabéu. Marcó el segundo gol, jaleó a su equipo, levantó a la grada y lloró desconsolado cuando el Madrid quedó oficialmente noqueado por undécimo año. Demasiados accidentes, demasiadas desgracias, la obsesión permanecía incrustada como una astilla puñetera. En el estadio Da Luz faltaron noventa segundos para que el club volviera a incendiarse con napalm; el enésimo Apocalipsis iba a ser insoportable, sobre todo por haber estado a punto de morder el polvo contra un Atlético grande, que ha recuperado respeto y prestigio después de un par de décadas sufriendo como el hermano pequeño al que el mayor daba collejas cuando le apetecía. Y en ese minuto 93 Ramos, que llevaba rato de delantero centro, se levantó en suspensión a lo Air Jordan y ejecutó un remate de escuela, de los que gustaban a Fernando Morientes. En la colección de héroes de nuestro tiempo, la Séptima tuvo a Mijatovic con su único gol de aquella edición; la Octava a Anelka y su redención ante Oliver Kahn; la Novena a Zidane con una volea antológica y la Décima los huevos de Ramos, tal como a él le gusta repetir.

Ramos tiene un aire a Raúl González en arrojo, bemoles y verónicas con el capote. Siempre da la cara ante la prensa cuando toca comerse el marrón y, gane o pierda, nunca suspende en actitud. Llegó del Sevilla en plena maceración y Monchi, director deportivo sevillista y maestro cazatalentos, no se equivocó cuando insinuó allá por 2005 que “Ramos sería el futuro de España”. Desde luego, la ‘Roja’ se desvive por él tal como lo hizo por el eterno ‘siete’; y el Madrid también le ha encontrado sitio en el pedestal de los intocables. Hablar de leyenda todavía es una locura, pero es cierto que un Sergio Ramos campeón mundial y de Eurocopa chirriaba sin una Champions en el palmarés. Pero al club no le importa tanto su talento como su docencia del decálogo madridista: aprendió la génesis del Madrid y las pautas de comportamiento que exige vestir esa camiseta. Así se lo hizo saber a Mourinho y, por eso, le costó más de una bronca pública con el portugués. Ramós no es ídolo del Bernabéu porque agite la mercadotecnia o entre en quinielas de Balón de Oro. No, él sabe que rebañar un balón en carrera o rematar un cabezazo imposible es lo que arranca el aplauso de la grada. Ahí se oculta el secreto mejor guardado del Bernabéu que gente como Raúl, Casillas y Ramos conocen.

 

 

 

Del tiqui-taca al contraataque

Mircoles, 30 Abril 2014

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La historia del Real Madrid borró de un plumazo todas sus necrológicas de Alemania, De repente, los espectros de ogros como Augenthaler, Oliver Kahn o Effenberg desaparecieron la misma noche que los blancos se pusieron el traje de los cazafantasmas. Y Munich dejó de ser territorio maldito para convertirse increíblemente en tierra santa: la goleada recordará para siempre a un Bayern liliputiense en manos de un gigante que recuperó el respeto en el viejo continente más de una década después. No fue una simple goleada porque la primera parte demostró a todo el planeta que hay alternativas tan estéticas como el adorado ‘tiqui-taca’; este Madrid se sobreexcita al contraataque, dibujando jugadas con un puñado de rayajos, como en el tercer gol. Es su estilo y Guardiola estaba advertido aunque muriese con sus principios, que le impulsaron a poner futboleros en vez de un peón de contención como Javi Martínez. El Madrid del pim, pam, pum compartirá leyenda con el de Zidane, todavía sin la Copa de Europa pero con la primera antología en Alemania editada en alta definición.

Anoche no ganaron los chispazos de las estrellas sino una mole que se movía en efecto acordeón desplegando y replegándose con ritmo. Tal como sucedió en el Bernabéu, los blancos juntaron a toda su infantería para proteger el frente de Casillas y, cada vez que robaban el balón, atacaban a cañonazos con su artillería pesada. Modric y Xabi Alonso, generosos en el esfuerzo, hicieron de coche-escoba para limpiar a los alemanes por el centro, al tiempo que se remangaban para cubrir a Carvajal cuando éste salía en estampida. Otra pareja, Pepe y Sergio Ramos, están jugando como los mejores centrales de Europa, hegemónicos en defensa e imitando al mejor Fernando Hierro en balones parados, por de pronto el sevillano. En el Allianz Arena, los pájaros dispararon a las escopetas y las jugadas a balón paradas tan propias del rodilla alemán se convirtieron en su peor pesadilla. Si Guardiola detesta el típico estilo alemán, Ancelotti lo exprimió hasta las últimas consecuencias. Al final, serán ciertas las insinuaciones del míster del Bayern y en su propio club aman más el fútbol del Madrid, al menos, uno tan tremendamente efectivo como el de anoche.

El kaiser Franz Beckenbauer no ha tardado en coger el micrófono: “El Bayern no está bien La decepción es inmensa”. Sobre todo, para unas viejas glorias que decidieron jubilar a Jupp Heynckes y “modernizar” su librillo de estilo (tal como hizo el Madrid despidiendo a Del Bosque por Carlos Queiroz). Guardiola ha venido para marcar época pero quizá, se pregunta, su estilo no es el idóneo para sus jugadores. Al revés que los blancos, cuya ergonomía sí está creada para soltar descargas eléctricas de alto voltaje. La mediática ‘BBC’ no son sino depredadores que otean la carnaza desde la lejanía y se lanzan a por ella. Quizá Benzema sea el menos rápido de los tres, también porque es el más pausado, el que sabe desembragar de sexta a quinta marcha. Cristiano y Bale son los auténticos velociraptores, el portugués con unas cualidades sobrehumanas que le transformaron hace tiempo en un semidiós del madridismo.

Bernd Schuster, otro genio cuyo temperamento le privó de un Balón de Oro a tiro hecho, dijo una vez que “para ser el mejor del mundo, hay que decidir una Copa de Europa”. Cristiano está a un solo peldaño de meterse en un olimpo donde Messi ya se acomodó, precisamente a la vera de Guardiola. Le falta esa Champions con el Madrid, que no tiene el mismo caché que ganarla con el Manchester United. La trama promete porque en Lisboa el Madrid no podrá soltar a sus dobermans, allí le esperaran Atlético de Madrid o Chelsea, da igual, ambos vampiros que se alimentan de chuparle la sangre al rival. ¡Ah!, y sin el sancionado Xabi; así que las quinielas ya ruedan por la medular: Modric-Illarramendi, Modric-Casemiro…¿Modric-Khedira? Demasiado arriesgada esta última, aunque sería la elección de Ancelotti con los ojos cerrados. No obstante, todo es anecdótico, trasciende que el rey de copas vuelve a una final y, lo más importante, descuartizando al ogro que todos temían.

El Madrid se agiganta por momentos

Mircoles, 12 Febrero 2014

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“Hace meses decían que nuestra defensa era mala”. Sergio Ramos tenía ganas de callar bocas de cierta prensa, la de quienes antes de Navidad incidieron demasiado en los despistes del central sevillano (me incluyo también). Entonces decíamos que desde la Copa Confederaciones Ramos había pegado un bajonazo físico (su gran fuerte) y cometía errores de novato. Su tonta expulsión contra el Galatasaray con el consecuente cabreo de Ancelotti (“tenías que cubrir la espalda”) fue la prueba concluyente de la versión más negruzca del madridista. Incluso, en algunos mentideros periodísticos se insinuó que la pareja fetiche del entrenador en la zaga iba a ser Pepe y Varane. Pero el francés comenzó un vía crucis por la maldita rodilla y Ramos entendió que era el momento de recuperar los galones que le había otorgado el público del Bernabéu, sobre todo, en la vuelta contra el Borussia Dortmund, cuando él solo se echó al equipo sobre la espalda a punto de obrar el milagro. Desde hace un puñado de partidos, Ramos (y Pepe) se ha vuelto a entonar hasta el punto que el Madrid recibe ocasiones con cuentagotas matiz que rompe con el viejo cliché de que a Casillas siempre le han llegado por tierra, mar y aire. Hoy, Diego López en Liga y el capitán en Copa apenas son protagonistas salvo por algún mano a mano puntual. Los agradecimientos, en la ventanilla de los centrales.

Casillas está a un partido de enmarcar una Copa simplemente perfecta, pero su aparente estado inerte en la semifinal ha quitado de raíz toda la emoción de los derbis. Simeone reconoció que le había fallado su planteamiento de anoche, le faltó añadir que también el de la ida. El Atlético apenas disparó a puerta en toda la eliminatoria y, desde luego, así es casi imposible tumbar al Madrid. El trámite del Calderón duró pocos minutos, los que tardó el ingenuo Manquillo en repetir el penalti de Vallecas de hace unas jornadas. ¿Por qué no jugó Juanfran? El ‘Cholo’ no engañó a las masas: un hombre de fútbol sensato como él jamás intentaría imitar a Houdini; el 3-0 del Bernabéu había borrado de un plumazo cualquier conato de remontada. Por eso, y aunque suene ventajista, esta Copa quedaría más aseada para el prime time televisivo si fuese a partido único: un pim, pam, pum continuo hasta la final. Y, quizá suene raro, pero a este Atleti le convenía quitarse tanto ajetreo de oficina; más que nada, porque cada vez hay más gente que le ve jugando con el gancho. La lesión de Filipe Luis ha dañado la maquinaria industrial fabricada por Simeone, y la baja de Tiago puede averiar más su funcionamiento. A estas alturas, los rojiblancos se han desmarcado de cualquier debate estético: importa ganar y punto. Los resultados pírricos serán tan venerados como una buena goleada.

El Madrid sí que ha dado un vuelco a la temporada y no al revés. De parecer ignorado y menospreciado en aquella pelea entre Barça y Atlético, ha chupado la sangre dejada por los dos como un vampiro para meterse en la bulla liguera. El calendario le ha dado un respiro porque Getafe y Elche no deberían ser obstáculo en la ausencia de Cristiano antes de viajar a Alemania para jugar contra el Schalke, que no es ni primero, ni segundo, ni tercero de la Bundesliga. CR7 se ha encontrado con un descanso repentino por la gracia de los árbitros, pero en su caso, enfriarse en la nevera quizá no sea el mejor remedio. Al contrario que Messi, el cometido del portugués no es tocar techo en mayo, sino hacerlo cada fin de semana porque él necesita jugar todo para no perder su hercúlea forma. Y como en los últimos años de Mourinho, este Madrid apunta sus bazucas a todos los títulos, pero con una pequeña gran diferencia: el fútbol de Barça siembra sospechas, el del Atlético se diluye y el de los blancos se expande como un imperio sin otear el horizonte. Cuestión de Modric y del sentido común que siempre debe tener este club.

El Madrid pende de un hilo: Xabi Alonso

Lunes, 23 Diciembre 2013

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Algunos directivos del Real Madrid temen que Xabi Alonso firme su último gran contrato en Londres. Mourinho le sugirió una última aventura en el Chelsea y el club merengue está en vilo, tanto como para pasar unas navidades angustiosas. Alonso sostiene al equipo y lo saben desde los alevines hasta la planta noble del Bernabéu. En condiciones óptimas es insustituible, algo así como Busquets para el Barça, y por eso Illarramendi se encuentra en pleno máster acelerado del centrocampista perfecto. Xabi es fútbol puro con balón y, a la vez, inteligente sin la pelota; vital para que el Madrid no se parta la espina dorsal. Y eso es demasiado arriesgado para un vestuario exigido de títulos y que necesita como el aire la mejor versión física del donostiarra. Su lección de Mestalla sólo demuestra que los blancos maduran y son creíbles cuando él se coloca en la galleta del centro del campo. Con Xabi el algodón no engaña: el Madrid es un señor equipo. Y como él es consciente de su importancia en pecunia, la directiva también se lo ha hecho saber. Quizá suene tremendista, pero una hipotética salida de Xabi sin copia de seguridad podría causar los daños irreparables que hizo la marcha de Makelele, salvando las distancias entre ambos futbolistas.

Otra salida, la de Özil, también pintaba apocalíptica. Pero, de momento, su ausencia se subsana entre los destellos de Bale y el empuje de Di María. Este último comenzó como una moto la pretemporada, se ganó el favor de Ancelotti, y desde que el hombre de los cien millones apareció en escena, el argentino quedó difuminado sin ninguna razón convincente. Casualidades o no del fútbol, las quejas de uno de sus representantes en Argentina coincidieron con un bajonazo del jugador sobre el césped. Sin embargo, ha espabilado desde su mirada desafiante de Xátiva; las críticas de la opinión pública a veces sirven de revitalizante para jugadores que viven al margen del bien y del mal. No es el caso de Sergio Ramos, aunque anoche patinara en Valencia diciendo que las críticas “le entran por un oído y le salen por otro”.

Ramos ha recibido mil y un tantarantanes de la prensa; a bote pronto, uno de los más agresivos fue cuando Thierry Henry le bailó de todas las maneras posibles en aquel Madrid 2 – Barça 6. Pero siempre se ha repuesto con eso que tanto valora el Bernabéu: huevos. Igual de cierto es eso que sus despistes monumentales desde la pasada Copa Confederaciones. Ramos no es el defensa que terminó llorando por todo el madridismo la noche del Dortmund; ahora se le nota vulnerable, sin ideas claras sacando balón y ‘enmarronando’ a sus compañeros con alguna que otra locura. Pero si de algo presume el sevillano es de sinceridad, y si alega que mejorará, no es difícil creerle. Quien no lo haga, es que le guarda cierto rencor ‘mourinhista’.

Con todo, Sergio Ramos en mal o peor momento y Xabi Alonso en estado de gracia no impiden que el Madrid pase las de Caín por todos los campos de España. Sucedió en Granada, Elche, Villarreal, Pamplona y las dos visitas a Valencia. Un argumento peregrino que sólo usan los madridistas es que estos rivales salen a matar en esa especie de visita de Bienvenido, Mister Marshall; otro menos pasional es que Ancelotti aún no se ha decidido por el fútbol control o el contraataque letal, y esa nebulosa embota su cabeza, Porque ésa es una realidad muy comentada: suma puntos pero no deja una sensación de poderío, es decir, de golear casi a cualquiera cuando le dé la gana. Y sin esa fiabilidad, el Madrid puede estamparse más veces que Barça…y Atlético. Sorprendente, pero cierto.

El dilema de Di María

Lunes, 9 Diciembre 2013

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Cristiano Ronaldo llevaba cobrando los mismos millones que Kaká durante cuatro años. Sin embargo, el portugués nunca restregó a su presidente una razón exageradamente incomprensible para cualquiera que viese fútbol sin más. Su renovación, la primera, por cierto, se cumplió por méritos gigantescos con un salario también descomunal, pequeño detalle que no ha obviado el resto del vestuario. Si la tesorería se parece a la cámara acorazada del Tío Gilito, futbolistas como Sergio Ramos y Di María (Özil en su momento) han puesto el cazo por si caen sus cifras planeadas. Del sevillano, un directivo del Real Madrid se sorprende por la “barbaridad que pide su gente”. Y todavía le quedan tres temporadas, hasta 2017. Pero el nombre que flamea estos días es el de Di María. El diario MARCA publicó el pasado sábado un acuerdo inminente del argentino con el opulento Mónaco. Razón: Gareth Bale.

Di María todavía no ha escupido ni una sola palabra, pero MARCA, que suele apuntar bien sus informaciones, ha descubierto una telenovela que aumentará exponencialmente la audiencia mediática del mediapunta hasta verano…al menos, así lo ha asegurado Ancelotti desde Copenhague. Su mejora contractual no fue para echar cohetes en un club que maneja varios ceros en cada contrato; se le subió de 2,5 a 3,5 millones netos anuales. Es decir, que todavía tenía diez compañeros con mejor salario. Quizá por impotencia o conformismo, su rendimiento sobre el césped bajó y Mourinho tomó nota: “Cuando ganabas poco dinero jugabas mucho; desde que renovaste, no juegas ni mucho ni poco”, reprochó el técnico a Di María después de un empate en Pamplona. Pero Mou se marchó y Di María peleó en pretemporada por corregir un rendimiento que se asemejaba a una montaña rusa. Lo entendió Ancelotti y también la directiva, que con la necesidad imperiosa de hacer caja por el descomunal gasto de Bale, decidió vender a un jugador atractivo, pero de segunda fila: Di María u Özil, uno de los dos debía salir. Y Carletto prefirió la entrega, constancia y las buenas maneras que había visto en el argentino. Los amistosos que jugó los bordó, y en los que fue al banquillo, no rechistó. “Disciplina italiana”, dijo uno de los asistentes de Ancelotti sobre Di María.

Pero llegó Bale en loor de multitud y con ínfulas de Balón de Oro. Su precio justificaba todo, incluso la titularidad en el Camp Nou justo en un momento incierto de su esforzada puesta a punto. Desde entonces, Di María, con partidos eléctricos y otros de no tan alto voltaje, no ha digerido las bulas papales concedidas al galés. Bulas que ya no lo son tanto a tenor de sus estadísticas meteóricas: nueve goles y siete asistencias en sólo trece partidos. El listón para el ‘fideo’ sube centímetros cada vez que Bale sale titular, por algo ha costado 100 (o 91) millones de euros. Pero, claro, en año de Mundial cualquier suplencia es sospechosa, y Di María no puede empezar a entrar en la tendencia ‘Iker Casillas’: Liga no, Copa sí y, en el caso del argentino, Champions menos que Liga. Si se queda batiéndose el cobre, el madridismo se lo agradecerá y Ancelotti dará palmas con las orejas; y si pone rumbo a Mónaco, el Madrid se queda sin fondo de armario. La elección es suya: pelear como en la gira de Estados Unidos o ser suplente, de lujo, eso sí, al estilo de Santi Solari en el Madrid de los galácticos. 

Ancelotti, de oficio entrenador

Martes, 29 Octubre 2013

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“El fútbol, siendo lo importante que es, es de las cosas menos importantes de la vida”. No lo dice un filósofo, sino un entrenador que disfruta de su oficio y del abanico de placeres que un hombre como él se puede permitir. Carlo Ancelotti todavía está probando los voltios de su nuevo cargo: cree que en el fútbol está todo inventado, aunque se le ocurran tácticas imposibles e ininteligibles, y ha decidido sondear a la prensa, la génesis de todos los palos que le están cayendo desde el clásico. Y como las comparaciones son odiosas pero necesarias, la sombra de su antecesor le perseguirá gane o pierda títulos; es ley de vida. Anoche el técnico del Real Madrid visitó El partido de las 12. En la redacción intuíamos una entrevista tensa, de trincheras entre los críticos del nuevo Madrid y las justificaciones del invitado. Sin embargo, todo se vino abajo cuando espetó que él fue el “máximo responsable de la derrota”. Nada que objetar y adiós a esa supuesta entrevista de saque y resto. Que no suene ventajista porque es la realidad: en diez jornadas Ancelotti se ha autoinculpado una vez, una más que Mourinho durante tres temporadas. La diferencia capital es que al portugués le encantaba sacar su carácter poliédrico ante la prensa (agradable y agresivo; desafiante y víctima; jocoso y cortante), mientras que Carletto toma distancia con la prensa, sabiendo que atenderla es uno de sus cometidos, pero que su tiempo es oro y no lo va a perder pergeñando estrategias de comunicación.

Le apasiona hablar de fútbol y evita los rodeos en las respuestas. ¿Sergio Ramos? “No creo que me equivocará con él de mediocentro”; ¿la polémica de la portería? “Diego López jugará la Liga hasta el final y Casillas, Champions y Copa. Punto”; ¿el Madrid aburre? “Vamos a mejorar”; ¿Khedira? “Fue titular con Mourinho, en Alemania con Löw y conmigo. Puede que todos los entrenadores estemos locos”. Su discurso no da la sensación de estar prefabricado, simplemente suelta lo que piensa. Y lejos de encasillarse como un gran entrenador con principios sagrados como Cruyff y el primer toque; Mourinho y el juego sin balón; Guardiola y su ‘falso nueve’, para Ancelotti las pizarras no son hieráticas: si una táctica no funciona, se cambia. Así lo reconoció en la búsqueda del buen juego. Acepta las críticas a su estilo porque él mismo anuncia que aún no ha dado con la tecla. Al menos, se le nota motivado con el reto, pues ha entendido que la grandeza de su nuevo club dista mucho del puro ‘resultadismo’, aunque la soga de la ‘Décima’ apriete cada vez más. Tampoco le molesta demasiado: le ha tocado el marrón de ganarla y  en ese filo de la navaja se siente cómodo. Los desfiles de entrenadores no son novedosos para él: la Juventus no creyó en él por falta de títulos, el Chelsea le vio oxidado después de un doblete Premier-Copa y sólo el Milan tuvo paciencia, tanta que Ancelotti lo obsequió con dos Copas de Europa. Era más o menos obvio que París lo contemplaba como una estación de paso.

Cuando habla, su discurso lineal hay que atenderlo sin despistes porque de repente alcanza picos de audiencia máxima. “Me daría miedo ser el entrenador por que Casillas pudiera dejar el Madrid”. ¿Hola? Puede que nunca más un entrenador del Real Madrid use la prensa como confesionario. Poco le importan a Ancelotti reflexiones tan contundentes;  lo dice con cara de medio arrepentido y no te puede caer mal. Y menos con sus chascarrillos y promesas. ¿Zidane? “Habla con el vestuario pero piano, piano”; ¿La ‘Décima’? “Si la ganamos, al día siguiente les conceda otra entrevista”. Genio y figura. Se acabaron las tensiones pasadas, aunque fueran más divertidas. Hay gente que prefiere entrenadores cabrones, pero también los hay competitivos sin sacar el látigo, ni el físico ni el metafórico. Llega un entrenador de oficio, nunca mejor dicho, ¿por qué no va a disfrutar de un cigarro y la buena comida? Y mejor aún, ¿por qué ocultarlo?  

Primicia: la ‘conjura del Filandón’

Mircoles, 15 Mayo 2013

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La ‘conjura’ del restaurante Filandón es la noticia más potable que la prensa publica en la semana del derbi. Tanto ha cambiado el periodismo, que una comida pactada por el vestuario del Madrid desde hacía semanas ha disparado todas las interpretaciones de sus trapos sucios. Los jugadores acordaron que los nuevos fichajes (Modric, Essien y Diego López) pagaran una comida que no incluía a Mourinho y su cuerpo técnico. Hasta ahí la lectura. No obstante, el sensacionalismo que envuelve al Madrid se ha convertido en el filón mediático por excelencia: la gente, al menos la merengue, está más pendiente del careto del entrenador si Casillas levanta la Copa que del partido en sí; una vez perdida la Liga y tras la debacle de Dortmund, la enésima pelea madrileña entre gigantes y liliputienses se intuye un deber del Madrid para no caer en la vergüenza (así piensa el madridismo). Pero el caso es que la foto que publicó Sergio Ramos en su twitter da para una película: ¿quién en su sano juicio iba a pensar hace dos años que españoles y portugueses se animarían a compartir mesa y mantel? Entonces, Mourinho todavía ostentaba el poder faraónico sin ninguna rebelión a bordo; tan sólo la guerra de trincheras pregonada desde Madrid y con Casillas como líder de un bando, y Pepe, Cristiano, Marcelo, Carvalho, entre otros, como pretorianos del entrenador. Ésa foto ha dejado suficiente ‘información’ para cubrir horas hasta que llegue el viernes.

Y sin posibilidad de entrevistas, la opción de carrerilla es revivir las copas del pasado, sobre todo la última, la de la excitación atlética. Emilio Butragueño comentó una vez que aquella derrota del Bernabeu del 92 ni mucho menos fue motivada por la charla de Luis Aragonés a pecho descubierto en el vestuario colchonero. El ‘Sabio de Hortaleza’ borró el galimatías táctico que había dibujado en la pizarra para exigir a sus jugadores que se “dejaran los huevos” por sus afición. Sin embargo, el ‘Buitre’ insinuó que el desastre de Tenerife una semana antes de la Copa originó un terremoto en el madridismo de magnitud nueve en la escala Richter, ¡cómo molaban las anécdotas de antaño! Por eso, durante estos días Schuster y Futre ejercen de muñecos de la prensa, los personajes que ponen cara y ojos a la final del viernes. Porque si hay que fiarse de los departamentos de comunicación…

No hace mucho tiempo que el fútbol era un deporte normal para los medios de comunicación. En semanas especiales cualquier periódico, tele o radio podía planificar una final entrevistando a los presidentes un día, los entrenadores al siguiente y a las estrellas de los equipos el tercero: protagonistas a tutiplén para vender al público un partido con algo de gracia. Pero en pocos años los clubes se han cerrado herméticamente, quizá por la masificación de medios (los periodistas queremos creer esto) o la desconfianza ciega de los jugadores a decir o insinuar algo que pare las rotativas. Hoy más que nunca, los programas deportivos se atiborran de ‘exclusivas’ hasta el extremo de que la maldita palabra ha perdido toda su fuerza. Antes, apenas se daban un puñado de primicias por temporada; ahora no hay noche que los periodistas presuman en sus medios y en el twitter de que ‘yo lo dije antes’. Y como de toda esa masa pastosa sólo valen dos o tres informaciones, pues los clubes no están por la labor de poner jugadores delante de la cámara. Al menos, para la final del viernes el Atlético ha tenido el detalle de sacar a dos futbolistas a rueda de prensa…el Madrid ni eso, ¿para qué, verdad?