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Entradas con etiqueta ‘Simeone’

El arte de desesperar

Mircoles, 10 Diciembre 2014

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La Vecchia Signora envejece a pasos agigantados. Sigue siendo el ‘Real Madrid’  de Italia, como le gusta decir a  su director deportivo, Giusseppe Marotta, pero en Europa se dejó la grandeza el día que se retiró Del Piero. Todavía sigue ‘San’ Andrea Pirlo (Llorente dixit), salvador de puntos y un cachito de la imagen resquebrajada año tras año. La Juve domina Italia como el imperio romano pero sus planes de expansión se han quedado obsoletos. Fernando Llorente comentó en la víspera que podían ser los tapados de la Champions, pero las triquiñuelas italianas de siempre se oxidaron hace demasiado tiempo. Anoche Tévez, Pogba, Llorente y Arturo Vidal ni siquiera inquietaron por nombre a un Atlético muy pétreo versión temporada pasada. El ex delantero del Athletic dio en el clavo: el Atleti no juega demasiado al fútbol pero no engaña, va de cara. Y así sucedió en Turín, donde al rato de partido las televisiones captaron el semblante de un Simeone confiado y sin miedo, frotándose las manos por la partida facilona que estaba observando.  

La Juve gastó su artillería en un pispás y Llorente se encontró con melones en vez de balones inteligentes. Godín y Jiménez tan sólo se preocuparon por controlar los misiles de larga distancia de Pogba. Eso fue todo el ataque ‘bianconero’. Y si se hubieran jugado la vida en un gol, tampoco habría llegado. Ya no les funcionan ni las carambolas. El Atlético se encontró en el Edén porque ha descubierto, previa larga maceración, a un central como la copa de un pino. El uruguayo Giménez ha borrado de un plumazo la nostalgia por Miranda. Tanto el brasileño como él aceptan la jerarquía de Godín y se acoplan como curritos al central más en forma del momento.

Y aunque suene a trabajo de alcantarilla, ver en la tele defender a los colchoneros es una coreografía tan bien sincronizada como lo fueron Gemma Mengual y sus sirenas. Todas las coberturas se realizan por inercia y el achique de espacios tiene el mecanismo de un reloj suizo. Cualquier entrenador del mundo presumiría de la pizarra del ‘Cholo’ en la convención anual de técnicos de UEFA. Y el Atleti ha pasado la prueba del algodón: son el auténtico dolor de muelas de esta Champions. Abrir su candado exige los servicios de cerrajeros con radial incluida. Johan Cruyff siempre dice que la mejor manera de defender es tener el balón; Simeone ha vuelto a demostrar que les vale con desesperar al rival, sea el Elche o la todopoderosa Juve, si es que todavía se le puede llamar así.  

En el mismo sitio y a la misma hora

Jueves, 25 Septiembre 2014

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En el mismo sitio y a la misma hora. Antoñito Ruiz describió con gracia el enésimo holograma del gol atlético por antonomasia. Ese balón inteligente que centra Koke y remata Miranda en forma de obús en el primer palo, o ese balón inteligente que centra Koke y llega como un imán a la frente de Godín entre varias cabezas enemigas. De córner a córner y tira porque le toca. Cada saque de esquina es una coreografía perfecta en la que todos tienen su rol: rematadores, amortiguadores y un cebo que suele ser Tiago (se coló en el primer palo de Casillas en el Bernabéu y para él fue el premio gordo). “Creo que marcamos catorce o quince goles a balón parado en el año del ‘Doblete”, la memoria de Radomir Antic no es fotográfica pero todavía retiene aquellos goles de Pantic y sus centros calibrados a las testas de Kiko, Penev y Simeone. Una cifra demasiado alta que el plan de Simeone ha hecho trizas en apenas cinco jornadas. El ‘Cholo’ ha guionizado los córners de tal forma que las subidas de Godín y Miranda son como una embestida de bisontes imposible de parar (la manada de búfalos se la adjudicó Valdano a Ronaldo).

El campeón huele raro. A veces ordenador, otras sin concierto. Quizá la ausencia de Simeone detrás de la línea de cal ha desnortado a los jugadores hasta el punto que les falta el tío cañero que les pone las pilas desde la banda. El ‘Cholo’ gesticula, hace aspavientos y salta sobre su silla en los palcos privados; el tigre enjaulado no aguanta más desde la distancia y necesita oler el napalm desde abajo.El ‘Mono’ es carismático, sí, pero no tiene la reacción visceral del ‘Cholo’, cabreado con un mal pase y más enrabietado si uno de sus gladiadores hinca la rodilla. Las sospechas del sábado pasado en el Calderón terminaron en Almería, y el capítulo quinto del tomo II del ‘Ya caerán’ (invención de Rubén Uría) tampoco es válido. Suma y sigue, entre Barça y Real Madrid. La misma película de la Liga pasada. Las crónicas periodísticas son simplonas: gol de córner y a otra cosa. Todos lo saben pero nadie ha averiguado la fórmula exacta de la Coca Cola. Imagino a los entrenadores rivales dibujando mil garabatos en sus pizarras tácticas, visionando una y otra vez los vídeos de los córners del Atleti. Un auténtico calvario que al Madrid le pilló de repente y del que aún sufre efectos psicosomáticos.

¿Y qué le pasa a Gabi? Lideraba la guardia pretoriana de Simeone y de la noche a la mañana se ha quedado fuera de una convocatoria. La coartada de la rotación no es creíble, suena a toque de atención. La afición colchonera no entendió su ausencia en el Mundial, sobre todo después de la debacle. Disfrutó de vacaciones largas y se suponía que llegaría a la pretemporada con un físico descomunal. Pero todo lo contrario: Gabi está agotado, con los mismos síntomas que la peor versión de Xabi Alonso en el Madrid. Si el trajín de partidos de la temporada pasada le ha agarrotado los músculos, ahí está el ‘profe’ Ortega para destensarlos. Su bajonazo se ha precipitado tanto, que no ha podido seguir el vertiginoso ritmo de Simeone. Sólo por su amor propio debe volver a encontrarse a sí mismo. Porque le van los partidos frenéticos y porque su entrenador le eligió a dedo para cambiar la historia del Atleti. 

La consulta del dentista

Sbado, 23 Agosto 2014

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El Madrid pasó por la “consulta del dentista”. No es la misma de Joaquín Caparrós en Barcelona, donde el año pasado le hicieron hasta siete empastes, pero sí otra que anestesia el dolor de muelas. Porque eso es el Atleti de Simeone, una mosca cojonera que incordia hasta la desesperación. Allí donde cogía el balón un madridista, había tres rojiblancos; una trampa tras otra en un campo minado de portería a portería. Al ‘Cholo’ le han desguazado el equipo y ha ido comprando piezas de recambio con el dinero del Chelsea. Y desde que el argentino aterrizó como sustituto improvisado de aquel proyecto etéreo de Goyo Manzano, el Madrid siente la fobia de Federer cuando tiene delante a Rafa Nadal. Entendido, los merengues seguirán martilleando con la final de Lisboa, pero el Atlético dejó de vivir encerrado en el trastero, merece un ático y, además, se lo puede comprar. A estas alturas, el discurso plañidero de Simeone quizá cuele entre sus seguidores, pero no para el resto: a pesar de los abusos presupuestarios, dejó el peso welter engordando músculo y pelea en las grandes veladas de súper pesado contra Madrid y Barça.

El capitán Gabi comentó en pretemporada que la gente comprometida se ha quedado en el club. El mito de Koke comenzó cuando el Calderón vio en él un futbolista distinto en el sistema robotizado de Simeone. Fabricado en el Cerro del Espino, le echa huevos (axioma indiscutible del ‘cholismo’) y tiene buena bota. Su negativa a fichar por el Barcelona en verano confirmó su condición de ídolo de masas; un nuevo Fernando Torres que, afortunadamente y a diferencia del ‘Niño’, no ha muerto en la orilla. Torres se hartó del club de sus amores la noche que el Barça le estampó en su cara la cruda realidad: aquel 0-6 evidenció que no ganaría títulos de rojiblanco. En cambio, Koke ha arramblado con toda clase de copas responsabilizándose de la especialidad que nadie quería o sabía manejar: la creatividad. Y si viene Marco Reus (se acercan las horas decisivas), a Simeone se le acabaría la excusa de usar la brocha y no el pincel. Sin duda, sería el fichaje, como lo fueron Futre, Schuster y Christian Vieri.

Está el mito y, luego, el currante de Mandzukic. De clase media alta, exprimió su caché en la pasada Eurocopa de Polonia y Ucrania. Jupp Heynckes convenció al Bayern Munich para ficharle como delantero tanque tan típico de la Bundesliga y Guardiola le intentó comer la cabeza como falso nueve. Pero el croata no entendió el galimatías táctico de Pep y prefirió marcharse a cualquier otro equipo que centrase balones al área. El Atleti es uno de ellos y le está dando licencia para matar con una sola condición: que mire de reojo atrás y no se canse de pelear. Como un boya de waterpolo, se codea con los defensas como Diego Costa y tiene talento para hacer la guerra por su cuenta. Mientras marque goles, no habrá quejas. Paco González lo expresó a la perfección anoche, “Mandzukic ha caído de pie en el Calderón”; entiende las tesis ‘cholistas’ y las defiende a ultranza. Lejos del prototipo elegante de Davor Suker, el nuevo fichaje rojiblanco olfatea la pelota por todo el campo y maneja el abecedario del buen delantero: remate y desmarque. Falcao cabeceaba yunques, Costa golpeaba los contraataques y veremos cómo taladra Mandzukic. De momento, tiene gol, que no es poco.  

Derbi de argamasa y amasijos de hierro

Mircoles, 20 Agosto 2014

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A Jürgen Klopp le desmontan su Borussia Dortmund cada año y sigue siendo un dolor de muelas. Su filosofía no es el partido a partido tan repetitivo de Simeone, cuyo segundo entrenador, el ‘mono’ Burgos, se encargó de recordar anoche a los telespectadores. No, Klopp cambia de peones (bastante baratos, por cierto) pero mantiene la idea de rodar el balón cuanto más rápido mejor. El ‘Cholo’ también ha asumido que el Atleti es una empresa de compraventa de futbolistas y, más importante, el casting más fiable del que se nutren las grandes moles europeas. Sin embargo, a pesar de la exportación de estrellas y como le pasa al Dortmund, los rojiblancos incordian allá donde juegan, sea en el trofeo Ramón de Carranza o en el mismísimo Bernabéu, al que le han pillado el gustillo. Simeone es cabezón: juega a morder la yugular, a chupar la sangre del contrario como un vampiro. Y para ello, cambian los personajes pero se mantiene el músculo. La esencia es innegociable, justo lo que debe buscar Ancelotti, todavía ahogado en un mar de incertidumbre: dominar el balón o machacar a mamporros.

El nuevo Madrid quiere controlar el fútbol, aunque le sigue tirando la inercia del contraataque made in Mourinho. Provoca relámpagos en ataque con apenas un puñado de pases, pero ahora el problema se ha detectado en la ‘sala de máquinas’, como le gusta decir al narrador Sixto Miguel Serrano. El ocurrente, que no elocuente, trivote formado por Kroos, Modric y Xabi Alonso se obturó por las tuberías de los dos últimos. Al alemán se le ve suelto y, por eso, el partido pedía que él siempre cogiese la pelota. En contraste, a Xabi se le ve cansado, sin la mente clara para interpretar su orquesta sinfónica, mientras que Modric sufre el mal de Sansón: no es el mismo desde que se cortó el pelo justo después de la final de Lisboa, ¿casualidad? Ancelotti tiene que aclararles su hoja de ruta porque desde la grada da la sensación que los tres centrocampistas traspapelan sus funciones: todos hacen lo mismo o lo que no deben.

Quienes lo tienen claro son los colchoneros. Mandzukic ha encajado como un molde en ese rol de delantero tanqueta o boya de waterpolo que se pelea con toda la defensa; en cuanto abra la lata, recibirá el guiño de su entrenador. Los que están en segundo curso de Simeone y repitiendo son su guardia pretoriana: Koke, Gabi, Mario Suárez y el novato Saúl han sido fabricados artesanalmente por su míster argentino. Se entienden, quizá por pertenecer a la misma escuela del Cerro del Espino (de la que habrá que investigar su génesis) y darán que hablar, vaya que si lo harán. Tienen buen pie y sudan como Raúl García, el soldado perfecto del ‘Cholo’. Paradójicamente, en 2005 el Real Madrid sondeó el fichaje del ex jugador de Osasuna, pero por aptitudes más estéticas y, a tenor de lo visto, menos eficientes de las que presta en el Atlético.

La velada continuará el viernes con un Madrid rabioso que lo último que necesita es otro regodeo del vecino, que no hace demasiado tiempo era el hermano pequeño e inocente que recibía collejas del blanco abusón. Y la estrategia de Simeone con la ventaja del empate a uno debería ser sencilla: meter argamasa en la defensa y hasta amasijos de hierro si hace falta. Porque ellos no necesitan un contraataque, les vale un solo corner en el que Godín remata con la cabeza hasta un microondas. Vamos, como Falcao antes de que le pudiera la codicia. Pero ¡cuidado!, que en esas de repente puede aparecer un obús de Bale o una jugada de tres rebotes de la que se aproveche el pícaro James Rodríguez a lo Raúl González. Claro que de un tipo de 75 millones se esperan zurdazos a la red como el del Mundial o recortes escurridizos en un metro cuadrado. No obstante, para esto último está Di María, no sabemos por cuánto tiempo aunque si fuera por la ovación del Bernabéu, un año más seguro. Venderle huele a cagada de proporciones bíblicas. Y si pide ocho millones en el contrato, Florentino debería ser flexible. El caso Makelele le jugó una mala pasada por las devastadoras consecuencias que arrastró. Y el presidente no quiere repetir aquel error de proporciones bíblicas.

 

Atleti, vender y retener

Lunes, 21 Julio 2014

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“Somos un club comprador, no vendedor”. Enrique Cerezo nunca ha desaprovechado cualquier ocasión delante de las cámaras para sacar pecho de su gestión. Harto de por vida de que a su Atlético lo tomaran como el club graciosete de España, siempre se empeña en compararlo con las dos grandes potencias que controlan la Liga. El ‘cholismo’ ha roto el pesado duopolio deportivo pero la misma directiva, que desde hace tiempo se sacudió el apodo de ‘gilifato’ con fichajes acertados a coste razonable, ha asumido que en este mercado y con sus capacidades salariales el Atleti campeón está siendo el mejor escaparate de la Quinta Avenida del fútbol. Desde el momento que la Federación Española y la Confederación Brasileña casi provocan un conflicto diplomático por Diego Costa, Miguel Ángel Gil entendió que su delantero sería top en ventas. Y como a Mourinho le encantan los futbolistas top, agradeció a su querido colega Simeone (literal) que le diera el pienso adecuado para alimentar a esa mole ricachona llamada Chelsea y que él describió como “pequeño poni”. Costa ha emigrado y Filipe Luis se ha encontrado de bruces con la oportunidad de su vida: mejorar su cuenta bancaria. Porque en lo deportivo será complicado que en Stamford Bridge arramble con tantas copas como en el Atleti. El eterno problema es que gane la Liga o se quede a un minuto de levantar la Champions, siempre habrá un puñado de clubes que dupliquen o tripliquen la guita que pueden ofrecer los rojiblancos. Y eso, en este negocio, no es de equipo grande.

La afición necesita un santo y seña que no encontró en Fernando Torres (“Me voy para ganar títulos”), Kun Agüero (los petrodólares le atrajeron demasiado después del desplante de Florentino) ni en Falcao (jugar en el Real Madrid aunque le esté costando el marrón de vivir en Mónaco). Por eso, el capitán Gabi defendió desde la concentración de San Rafael a los comprometidos, los que se han estudiado la historia de aquel equipo que se codeaba con el Madrid en los auténticos derbis, luego cayó en la odisea del ‘pupas’ y ha logrado levantarse, primero con Quique Sánchez Flores (sería injusto omitirle) y sobre todo a la vera guerrera del ‘Cholo’. Ellos, empezando por Koke, podían haber firmado los contratos de sus vidas pero decidieron no dejar en la estacada a un vestuario que se reía maliciosamente con aquella verdad absoluta (me incluyo yo) del ‘Ya caerán’. Rubén Uría, compañero de profesión, que no de camiseta, lo recordó socarronamente durante 38 episodios, y lo ha dejado en el tintero para la próxima temporada. Ésa en la que Koke, nuevo ídolo del Calderón, podría haber vestido la camiseta del Barça; Godín la del Bayern de Guardiola en el proyecto más ambicioso que recuerda la Bundesliga, y Miranda haber concluido el desembarco de Normandía en el Chelsea: el central brasileño se dejó persuadir por Simeone cuando dijo durante el Mundial a la ESPN que tenía ofertas y su cláusula era “negociable”. Sin embargo, se han quedado en Madrid y suya es la responsabilidad de seguir peleando en las grandes veladas y no en combates de teloneros. Quizá sea el único atajo para hacer realidad la cínica declaración de intenciones del presidente Cerezo.

Gil Marín está negociando por Fernando Torres, le tiene en la recámara como su ‘galáctico’ particular y a pesar de que sea Koke el reclamo para vender camisetas. No en vano, Mourinho no confía en él, aunque Abramovich no le soltará por pocos ceros en el cheque. Antes del Mundial, el plan A era Lukaku y Negredo, mientras que el plan B contempló a Roberto Soldado si Negredo no salía de Manchester (esto es información, no opinión). Pero de repente a Simeone no le convenció la tanqueta belga; el City pedía los mismos millones o más de lo que le costó Negredo, y Soldado fue repudiado por la grada colchonera. Del plan A de equipo grande se pasó a un ‘C’ improvisado pero no peor: Mandzukic. El croata se cansó del galimatías táctico de Guardiola y se decantó por un equipo de ideas sencillas: centros al área y balones el delantero centro. Falta un compañero de gol y, a expensas de Torres, el italiano Alessio Cerci del Torino es una moneda al aire: igual gusta o no.

Como el portero Jan Oblak, un esfuerzo muy caro (16 históricos ‘kilos’) por evitar la nostalgia que deja Courtois. No obstante, y aunque Oblak acabase imbatido en los siguientes 38 episodios, siempre habrá otro club fardando de un fajo de billetes más grueso. Aún falta tiempo para que una estrella confiese que siempre soñó con jugar en el Atleti.

La Peineta merece una grada Simeone

Domingo, 18 Mayo 2014

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El porterazo de balonmano y atlético confeso, José Javier Hombrados, supo tocar la fibra del planeta colchonero con su tweet de medianoche: “La Peineta merece una grada con el nombre de Simeone y Luis Aragonés”. Es el sentimiento de una historia centenaria, de ese fútbol popular que se ha trabajado un puñado de currantes obedientes a su capataz. Desde que el Atleti, en plena era Gil de los noventa, dejara a solas a Madrid y Barça en su particular club elitista, sólo el doblete y la UEFA de Quique Sánchez Flores motivaron a una hinchada harta de tantas coces institucionales y sobre el terreno. Radomir Antic comentó en varias retransmisiones que la Liga tendría más gracia que todas las ‘UEFAS’ pasadas porque dieciocho años se podían hacer demasiado largos. Simeone le ha tomado la palabra y ha desafiado las estadísticas del mismísimo Pep Guardiola. Vino, vio y venció, no en plan arrollador como el barcelonista, pero sí partido a partido, trofeo a trofeo, hazaña  a hazaña.

Este Atlético nació del ‘cholismo’, una filosofía sólo apta para gladiadores en el arte de matar o morir y soldados seal con su código de no abandonar jamás al compañero. La influencia mesiánica de Simeone quizá sea la más decisiva en un equipo de fútbol moderno, no hay más que contrastar un hecho muy revelador: el último Atlético de Goyo Manzano (predecesor del ‘Cholo’) fue eliminado por el Albacete en Copa en el Vicente Calderón con una alineación formada por Juanfran, Godín, Miranda, Filipe, Gabi y Koke. Pues bien, estos mismos futbolistas se proclamaron campeones en el Camp Nou, ¿cuestión de talento? parece más bien un cambio drástico de actitud y, sobre todo, autoestima; del tema físico se encarga en exclusiva el despacho del profe Ortega, que ha puesto a toda la plantilla como motos. Así es el ‘Cholo’: entrenador, estratega, motivador y delegado excepcional en las áreas que no domina. Si hace unos meses el técnico invitó a Irene Villa a impartir una charla motivacional delante del vestuario, a nadie del club le extrañaría que Google, Apple o Coca-Cola contratase a Simeone para dar una clase magistral del fútbol y la vida a altos ejecutivos. Es la impresión de un directivo rojiblanco, también feligrés del ‘cholismo’ y que espera la jura de amor eterno del técnico. Porque el Atlético no se puede entender sin su líder; no sólo ha sido el mejor entrenador de la Liga, casi también el mejor jugador.

César Luis Menotti, poco amante del fútbol colchonero por su huella bilardista, explica sobre Simeone que “un entrenador se ve bueno cuando sus futbolistas mejoran ostensiblemente”. Los casos no se pueden contar con los dedos de una mano, ni siquiera con las dos. Courtois vino cedido del Chelsea como aprendiz y en tres temporadas ha alargado sus tentáculos hasta convertirse en el portero más fiable de Europa. A la vera del ‘Cholo’, el portero belga se ha adueñado del juego aéreo, una virtud de la que casi ningún colega puede presumir en el fútbol europeo; Juanfran fue fichado como extremo y Goyo Manzano le probó de lateral derecho. Simeone vio oro en aquel cambio y le ha dado una continuidad que puede valer una convocatoria mundialista; Filipe Luis era un lateral poco potable antes de aprender ‘cholismo’. Hoy la torcida brasileña se tira de los pelos después de que Scolari le dejase fuera de la lista definitiva; Miranda y Godín intimidan por detrás y por delante. El primero va al quite y el uruguayo ejerce de mariscal al estilo Fernando Hierro. Sus letales cabezazos se han hecho famosos en la Premier, donde a Godín le ha salido una buena ristra de pretendientes.

Gabi comentó una vez que cualquier centrocampista soñaba con ser Xavi Hernández. Ahora podrá presumir que durante una temporada él copió la mejor versión del barcelonista. Pero la gran creación de Simeone ha sido Koke Resurrección: su técnico le recomendó que tuviera paciencia desde el banquillo en el año que Diego Ribas fue titular.“Dejándotelos, tú llegarás a crack”, le dijo el ‘Cholo’; la profecía se ha cumplido. Y qué contar de Diego Costa, la esperanza de Del Bosque y todo un país. Cuando terminó su cesión al Rayo Vallecano, vino para entrenar en silencio y jugar entre bambalinas. El Atlético había fichado a Adrián como promesa goleadora a rebufo de Falcao. Pero Costa fue uno de los primeros en aprender al dictado las bases del ‘cholismo’. Le gusta pelear en el barro enfangándose hasta la médula, provocar a los defensas y ha mejorado tanto su control en velocidad y remate cruzado que no existe un delantero mejor con esas recomendaciones, quizá el uruguayo Luis Suárez. Son los elegidos del ‘Cholo’, héroes de hoy y defenestrados en el pasado. Menotti no se equivocó.

“Podíamos no estar aquí y sin embargo somos agradecidos”

Lunes, 12 Mayo 2014

Si la Liga española se entregase a su público como la hacen la NFL o la NBA, sin duda las televisiones meterían una cámara en el vestuario del Camp Nou que ocupará el Atlético de Madrid el próximo sábado. Detrás de la fachada implacable de Diego Simeone, el flamante fenómeno de masas conocido como ‘cholismo’ ansía el discurso de Al Pacino en Un domingo cualquiera. El ‘Cholo’ emula al entrenador Tony D’Amato a “tres minutos de la mayor batalla profesional de su vida”, quizá con un discurso más plomizo que el de la película pero, al fin y al cabo, con la misma esencia. “O nos curamos como equipo o moriremos como individuos”, es el santo y seña para jugar en este Atlético. Y a pesar de llegar líder al partido decisivo, el míster argentino ha convencido a su vestuario de que aún están en el infierno. “En este equipo nos dejamos el pellejo por esa pulgada que se gana, porque, cuando sumamos una tras otra, porque sabemos que si sumamos esas putas pulgadas, eso es lo que va a marcar la diferencia entre ganar o perder…entre vivir o morir”. Habrá futbolistas en la plantilla que esperen un tributo a la obra maestra de Oliver Stone; entonces, ya saben cuál será la charla que les suba la adrenalina por las nubes.

Tampoco faltará esa parte del vestuario que se sobreexcite con un discurso más recto, más militar. Me consta que hay jugadores rojiblancos amantes del buen cine bélico y, por ello, hay un discurso que perdurará para siempre en la memoria del patriotismo norteamericano hollywoodiense. El cineasta Francis Ford Coppola fue despedido como guionista de la inolvidable Patton por incluir al principio del largometraje el discurso venal de George C. Scott. “La guerra es un asunto sangriento: derramad su sangre, o ellos derramarán la vuestra. Rajadles las tripas, disparadles a la barriga. Cuando palpéis un montón de pringue que un momento antes era la cabeza de cabeza de vuestro mejor amigo, entonces sabréis lo que tenéis que hacer. Ah, y no quiero mensajes diciendo que ‘mantenemos posiciones’: ¡Aquí sólo avanzamos, y avanzamos para patearles el culo!”. Es una arenga más propia de Luis Aragonés que de Simeone; no obstante, la efigie del ‘sabio de Hortaleza’ se recuerda en el Vicente Calderón partido a partido, final a final.

Y como Arbeloa casi se ha arrogado en público cualquier discurso de los espartanos del rey Leónidas de 300, Simeone encontró un ejemplo muy real, que supera con creces a la ficción, y que hizo reflexionar a su Atleti entero. Irene Villa asombró a los jugadores en un hotel de Bilbao con dos ideas claras, la primera y favorita del entrenador gustó por su contundencia: “Podíamos no estar aquí y sin embargo somos agradecidos”. Villa contó su dramática experiencia y el ‘Cholo’ entendió que era la mejor forma de convencer a su gente por el regalo del fútbol. Jugar para ganar, no hay mayor satisfacción vital en la doctrina cholista. La segunda frase de Irene Villa fue igual de conmovedora: “La vida te da todo si luchas y te sacrificas”. Tópico viniendo de cualquiera menos de ella. Sacrificio, lucha, agradecimiento…es la génesis del ‘cholismo’, tan de moda hoy pero que surgió hace casi veinte años. Concretamente, la tarde que el Atlético se jugaba una Liga (y un ‘doblete’) en el Calderón contra el Albacete. Entonces, Simeone no falló como jugador.

El sábado se pondrá la chaqueta de entrenador de Tony D’Amato para decir a sus feligreses en las catacumbas del Camp Nou un simple “yo no puedo hacerlo por vosotros: soy muy viejo. Miro a mi alrededor, veo esas jóvenes caras y pienso: ‘he cometido todos los errores que un hombre de mediana edad puede cometer’(…) Porque en la vida y en el fútbol el margen de error es muy pequeño”. Lo sabe el Atleti, en busca del partido perfecto que le dé el primero de los dos títulos en el peor escenario posible. Y en caso de que “salgan de ese infierno y vean la luz”, la charla de Simeone, escoja cual escoja, será guardado como una reliquia.

Boskov analiza la Liga

Lunes, 28 Abril 2014

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“El fútbol es bello porque es sencillo”. El ‘Cholo’ Simeone honró una de las míticas frases de Vujadin Boskov. Su fútbol afín a Mourinho resuelve partidos y aplaza domingo a domingo aquel manido cliché de agosto del ‘Ya caerán’. Como dice Rubén Uría, han pasado 35 capítulos y el Atleti ha esquivado su enésima bala. Lo que al principio parecía una ruleta rusa donde los colchoneros podían pegarse un tiro en cualquier momento, ahora es un bloque de cemento armado que nadie, ni en España ni en Europa, ha sido capaz de hacer trizas. Es ese fútbol sencillo que alimenta la pasión rojiblanca, entretiene a quienes prefieren al tercero en discordia y cabrea al amante del fútbol alegre y marchoso. Hoy por hoy, madridistas y culés a ratos. Pero qué más se le puede exigir a una plantilla que cada verano tiene que soltar estrellas para cuadrar su balanza de pagos. Seguirá la fuga de estrellas, por de pronto la de Diego Costa al Chelsea, pero mientras esté el ‘Cholo’, cualquier futbolista peleará en el barro hasta ahogar al contrario y maniatarle hasta pedirle la rendición. En Mestalla Simeone se encontró con la pizarra perfecta desde el principio…”el balón, cuanto menos se tenga, mejor”. El axioma mourinhista fue resuelto a raja tabla: el Valencia propuso y los rojiblancos rehuyeron el juego. Salieron a buscar una contra letal que hiciera saltar por los aires el ímpetu de Paco Alcacer y toda su tropa. Y tuvo que ser el de casi siempre, Raúl García, capitán general en funciones y brazo ejecutor de Simeone, quien sacara oro de un centro imposible.

“Un entrenador siempre tiene que marcharse”. ‘Tata’ Martino debió tener en mente la grandilocuencia de Boskov. El Villarreal estaba atrofiando la dedicatoria eterna del Barça a Tito y los fantasmas de todo el año reaparecían en el banquillo. Demasiado sufrimiento para un barcelonismo apenado y todavía en trance. Sin embargo, los infortunios del fútbol devolvieron a los culés su amor propio, no tanto por darle vidilla a la Liga como por rendir tributo a su ex entrenador. El Barça no podía perder, anoche no, y ganó al estilo del Madrid, atendiendo a la fe más que a la razón. No le pega pero a estas alturas el equipo afronta los partidos como si fueran marrones a la espera del final de temporada y la consecuente revolución de Zubizarreta. Y como dijo Martino, no era el día apropiado para hablar de fútbol; es más, el protocolo mandaba aplazar el partido por la conmoción de Tito, pero como dijo Paco González, “las lágrimas de Busquets, un tío que lo ha ganado todo, dignificaron el fútbol”.

“Quiero un equipo de ataque porque me gusta el fútbol ofensivo y también porque al público le gusta”. Alfredo Relaño publicó la declaración de intenciones de Boskov allá por agosto de 1979, en la presentación del serbio como entrenador del Real Madrid. Carlo Ancelotti prometió un fútbol “espectacular” el día de su puesta de largo y ha fallado por poco. El Bayern no era el rival propicio para exhibir el Circo del Sol en el Bernabéu; por eso, se aisló de fanatismos populares y sacó su flema italiana. Impasible ante el lastre de los últimos once años en Champions, Carletto pergeñó su semifinal ganándole a Guardiola la primera partida de ajedrez. La segunda empieza con ciertas pistas, las que dejaron los contraataques del Werder Bremen en el Allianz. Pero la goleada a Osasuna sólo sirvió de pachanga a Cristiano Ronaldo, que utilizó a los rojillos para calibrar sus misiles tomahawk. Poco más en un 4-0 que alimentó por unas horas el morbo de un posible patinazo atlético. Todos los madridistas tenían en mente un objetivo y otra máxima, ésta no de Boskov: “El Madrid siempre marca”.

‘Partido de picapedreros’

Martes, 22 Abril 2014

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‘Partido de picapedreros’ (‘Stonecutter struggle’). El ingenioso tabloide The Sun intuye en su titular una pelea en el barro del Calderón. Dos entrenadores que se respetan y entienden el fútbol en versión vampiresca, es decir, ganar a toda costa chupándole la sangre al enemigo, y dos bloques de hormigón, el rojiblanco irrompible hasta el momento y el londinense recién hecho trizas por el colista de la Premier. Pero la Champions es otra dimensión, donde gana quien mejor compite. Así se lo recordaba el periodista portugués Nuno Luz a Mourinho: su Oporto conquistó Europa en una edición hecha a medida para el Madrid del ‘galacticidio’. Aquella promoción orquestada por Mou desde el banquillo y Deco sobre el césped aclaró que la ‘Orejona’ no se gana sólo con un puñado de cracks, hay que saber competir o tener a alguien que lo meta en vena. Es el caso del entrenador del Chelsea, curtido en mil batallas europeas y que aparenta una fachada imperturbable ante ese fenómeno de moda creado por Simeone. Éste también lleva el mismo gen, con la salvedad de que si pierde, la rabia le corroe por dentro, no busca coartadas públicas.

El ‘Cholo’ nunca pierde la ocasión de rendir pleitesía su enemigo de esta noche. “Admiro a Mourinho, es un ganador”, dijo en una entrevista al diario ABC; “Me quedo con Mourinho”, espetó el argentino cuando tuvo que elegir entre el portugués y Guardiola en un test sugerido por Los Manolos. Pero el colmo de la ¿adulación? lo provocó el míster colchonero ayer en TVE cuando soltó que Mourinho era mejor entrenador que él. Ni pizca de guasa e ironía en la declaración, Simeone se ve como un émulo de su colega del Chelsea con sus mismas virtudes (no sabemos si también los defectos). En una entrevista en su país el ‘Cholo’ explicó que ambos, Mou y él, conciben el fútbol como una facción espartana en la que un solo fallo descalabra al grupo. Los dos son amantes de la presión, quizá Mou más obsesionado en cumplirla a rajatabla y Simeone empeñado en usarla para sus pizarras tácticas. Ésas que le han dado goles a granel en estrategia. La buena noticia para el Atlético es que Diego Costa puede poner en jaque a toda una zaga, mientras que Mourinho lanza pullas a sus delanteros al tiempo que el Chelsea negocia en secreto con el propio Costa.

La prensa británica es unánime: la estrategia de Mourinho pasa por David Luiz, central titular de Brasil reconvertido a bulldozer de contención en su club. Si esta copia de actor secundario Bob de los Simpson se agiganta en el centro del campo con palos y zanahorias, el Chelsea habrá ganado una batalla. Justo la que teme perder Simeone. David Luiz representa el paradigma futbolístico de su entrenador, un John Terry versión brasileña con licencia para pegar donde otros no la tienen, el Sami Khedira que deseó llevarse del Madrid. El problema es que los prototipos de Mourinho se convierten rápidamente en ídolos de barro: David Luiz ha obtenido en el Chelsea una rentabilidad casi perfecta, propia del Zara de Amancio Ortega; en dos temporadas ha ganado Champions y Europa League dejándose por el camino mil y una cicatrices de guerra. Pero el próximo verano podrá irse si lo desea (el Barça llama a la puerta), cosas de Mou. Como también es capricho del portugués la eterna suplencia de Fernando Torres.

Vuelve el hijo pródigo al estadio del que decidió irse después de la noche de la vergüenza, la de aquel 0-6 del Barça. Torres presume de un P.V.P astronómico, 58 millones de euros, y de un currículum imperial en el que sólo falta una Premier…el problema es que es el delantero del ‘casi’, con un talento sublime que sólo Rafa Benítez supo poner en práctica. Mourinho defiende al ‘Niño’ pero le tiene de tercer delantero, detrás de Eto’o y Ba.  Incluso, sin la presencia del camerunés como sucedió en Paris, el técnico se decantó por el centrocampista Schurrle. Es un indicio evidente de que Torres tendría luz verde a una jugosa oferta veraniega. Al fin y al cabo, con unos cuantos ‘Terrys’, ‘Lampards’ e ‘Ivanovics’, Mou vería colmadas sus aspiraciones. ¿Para qué más? 

Desangrarse en el campo

Lunes, 14 Abril 2014

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Final a final. El discurso plomizo del ‘partido a partido’ pasó a mejor vida en Getafe. El ‘Cholo’ licenció a su Atleti con toga y birrete, y le nombró oficialmente candidato a la Liga. Cumplió su palabra y metió todas las fichas en el mismo tablero que Real Madrid y Barça, con el pequeño gran matiz de que merengues y culés se lo juegan todo a un color, y los líderes todavía pueden tirar dos veces. John Benjamin Toshack contaba en COPE que cualquier aficionado extranjero simpatiza con el Atleti este año; es el triunfo del diferente, del equipo del pueblo cuya filosofía dista galaxias de los poderes fácticos del fútbol. John Carlin escribió ayer en El País que Real, Bayern y Chelsea, los semifinalistas de Champions, son al fútbol lo que Google a la web, Goldman Sachs a la banca de inversión, Nike al deporte y Apple a la informática….”son grandes moles cuya razón de ser consiste en perpetuarse en el poder”. El cuarto en discordia ha hipnotizado a medio mundo con su cuento de hadas; porque el Atleti empezó siendo una anécdota, continuó como una historia bonita que ocuparía un folleto y, peleándose contra todos los niños del patio, se ha ganado un pupitre en la primera fila de la clase. Ahora habla, levanta la mano y el resto le presta atención.

La conjura de Simeone con su vestuario se explica con la imagen de Diego Costa empotrado en el poste de la portería. Su boquete en la tibia amplifica por mil el compromiso de cualquier jugador con la causa ‘cholista’. Es un aviso para navegantes: quien no se desangre en el campo (casi literal) no merece vestir la camiseta por la que un día se desvivió el entrenador. El día que el argentino debutó en el banquillo del Calderón (3-0 al Villarreal), Simeone comentó a  su ayudante ‘Mono’ Burgos que llegaría el momento en que el estadio se dejara la vida por alguno de sus futbolistas como se la dejó por él la noche mágica contra el Albacete, en la que el Atleti culminó el ‘Doblete’. De aquel comentario apenas han pasado dos años, y entre medias una Europa League, otra Supercopa de Europa y la inolvidable machada del Bernabéu. Un botín demasiado preciado para un club cuyos ingresos por venta de estrellas (Torres, Kun y Falcao) se destinaron a evitar la quiebra financiera. Pero, aún sin liquidez, Simeone ha moldeado una plantilla a su imagen y semejanza, con un Costa de pasado mamporrero y presente estrella de rock; y un Courtois que se rifan todas las marcas de guantes y, por supuesto, medio mercado europeo.

Y si tanto idolatra Simeone a Mourinho, no le dolerán prendas en pedirle un año más a Courtois para el Calderón. La coartada del ‘Cholo’ es que Mou tiene a Cech y, mientras le dure, Tibito puede seguir agigantándose en España al tiempo que el técnico, por qué ocultarlo, irá fabricando a su próximo portero. Eso, en caso de que declare amor eterno al Atleti, como Bill Shankly en Liverpool o Sir Alex Ferguson al Manchester United. Porque la borrachera de éxitos está siendo tan prematura, que la Federación Argentina ya está preparando un borrador con un contrato irrechazable. “Simeone acabará en un grande”, dijo un protagonista del ‘Doblete’. Quizá le traicionó su inconsciente o quizás no consideraba a su ex club un grande. Para que no le acribillen en twitter, mejor no desvelar su nombre. Pero el sentimiento colchonero es unánime: ¿El ‘Cholo’ a un grande? Si él mismo ya lo ha creado.

P.D: el entrenador del Atlético también marca moda y no sólo por sus ‘Armanis’ negros y sobrios. Ayer demostró que no es ajeno a los inventos de Silicon Valley. El ‘Mono’ Burgos se puso unas gafas Google Glass y, con la apariencia animada de Vegeta de Bola de dragón, escrutó todas las estadísticas online del partido. Fue una iniciativa de la Liga, pero el ‘Cholo’ está abierto a cualquier sugerencia…luego él hará lo que le convenga, claro.