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Entradas con etiqueta ‘Tata Martino’

Explota el propano

Mircoles, 7 Enero 2015

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“Presidente, o me deja sancionarle o me voy”. En su habitual estado volcánico, Louis Van Gaal amenazó al presidente José Luis Núñez porque el caso Rivaldo le había agotado. Sucedió en diciembre de 1999, cuando la estrella brasileña del Barça acababa de ser informado que recibiría el Balón de Oro y había decidido ir de gallito con su entrenador. Bajo ninguna circunstancia, Rivaldo jugaría de extremo izquierdo en el partido liguero de Vallecas porque se había hartado de los planteamientos férreos del holandés. El cuerpo técnico y algunos compañeros como Figo o Kluivert intentaron convencer al media punta brasileño para que rectificara, pero prevaleció su tozudez. Van Gaal consideró la negativa como un acto de indisciplina y le dejó fuera de la convocatoria contra el Rayo. Al día siguiente, Núñez y su entrenador se reunieron en el Camp Nou, y Van Gaal le dijo que no iba a tolerar “caprichos de niño” por mucho Balón de Oro del que pudiera sacar pecho.El desencuentro protagonizó la trama de aquellas Navidades en la Ciudad Condal y Rivaldo evitó meter otra cerilla en el inflamable vestuario rechazando más días libres de lo habitual para las vacaciones de fin de año en su país. Después de Reyes, Núñez comunicó al jugador que estudiarían seriamente aumentarle el salario en su próxima renovación pero, a cambio, le insistió en que no fuera tan rebelde con Van Gaal por el bien del equipo.

Los decibelios de los chismorreos en Can Barça llegaron a un nivel tan ensordecedor que Van Gaal, conminado por el club, aprovechó una rueda de prensa rutinaria para activar el protocolo de mentiras. “Hablé con Rivaldo y no hay ningún problema (…) Todo el vestuario está unido para intentar ganar todos los títulos (…) ¡Felicidades! Os habéis reído mucho inventando en el tema de Rivaldo”. Meses después, el Barça fue cayendo en todas las competiciones como fichas de un dominó y Van Gaal, oteando el tsunami que se aproximaba, se despidió de los periodistas al son de “¡Felicidades, lo habéis conseguido!”. Rivaldo ganaba un pulso demasiado latoso en el tiempo y José Luis Núñez se despedía de la presidencia por el desgaste de las críticas de la grada, la prensa y esas pequeñas peleas de vestuario que fueron esquilmando su último proyecto. “Había demasiada tensión”, comentó Núñez años después en una entrevista en TV3.

“Había que rebajar la tensión”. Coartada de parvulario que ha usado Josep María Bartomeu para convocar elecciones. El soci las pidió a gritos el día que Sandro Rosell dio la espantada; necesitaban a un presidente electo, no de cartón piedra. Pero los cenáculos periodísticos del Barça ya murmuraban entonces que el flamante presidente tenía fecha de caducidad: la que dictara Leo Messi. Descontento con la gente de traje y corbata de la  planta noble del Camp Nou, el crack argentino intuye que la directiva filtra a la opinión pública basura sobre él. El ‘Tata’ Martino fue un obsequio generoso de parte de Rosell, pero la familia Messi sabía que su fichaje exprés apenas duraría una temporada por la “falta de sintonía con la cultura culé”. Es decir, que Martino era un ente ajeno y extraño para el universo Barça.

Y de Martino a Luis Enrique, la solución (según Zubizarreta) a la dejadez del vestuario y la pelea de egos, empezando por el ‘10’ argentino. “Soy un líder”, espetó Luis Enrique en una de sus primeras comparecencias públicas en julio. Lo supo Francesco Totti, gurú físico y metafísico de la Roma, cuando decidió subirse al ring con Luis Enrique en su única temporada en Italia, y lo ha terminado por entender Messi, capataz del rancho desde que Guardiola lo abandonó. En el trasfondo, irá apareciendo Joan Laporta. La carta maestra del próximo entrenador quizá decida presidentes, pero el barcelonismo olvidará la due diligence del ex presidente a tenor de este desastre de proporciones bíblicas. Al fin y al cabo, la clave del éxito en el Barça es controlar el propano. O, dicho políticamente correcto, “rebajar la tensión”. O, hablando en plata, seguir dispensando a Messi trato de faraón. Rivaldo ganó su pulso a Van Gaal, ¿qué suicida cree que el argentino no se impondrá a Luis Enrique?

El Madrid ignoró a Di Stéfano

Lunes, 5 Mayo 2014

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“Dani Parejo es el mejor talento que ha dado La Fábrica”. Palabra de Alfredo Di Stéfano, quien dejó de ir a Valdebebas tras la marcha del canterano al Queens Park Rangers. Algo tenía Parejo que enamoró a ‘La Saeta’, quizá su actuación de anoche evidencia que el Madrid debió hacer caso a su presidente honorífico. Y Parejo, genio apático por naturaleza, volvió al Bernabéu para reivindicar que su antiguo club también fabrica jugones. Él lo es al tran tran, un ritmo que mató la hipervelocidad de los blancos. Ningún quinielista se habría jugado si quiera un doble en este partido: el Valencia venía moribundo, casi metido en el tanatorio, y con unos jugadores agotados; el Madrid, en cambio, recibió el chute moral de la derrota del Atlético. Sin embargo, los ché suelen gustarse en el Bernabéu porque salen excitados, unas veces por su odio sarraceno a todo lo que huela blanco y otras por escándalos arbitrales. No obstante, no era la visita más indicada para darle otro costalazo a la Liga.

Los caprichos de las matemáticas descubrieron un inopinado seguidor merengue: los colchoneros. El 1-2 estremeció al Atleti hasta el punto de imaginarse toda una temporada a la carta del Camp Nou. Por suerte para ellos, Cristiano alivió sus temores y enterró bajo tierra las gigantescas posibilidades que había cobrado un Barcelona que, de repente, había pasado de zombi a máximo favorito. Y con el empate a dos, al Madrid aún le quedaba una bala en la recamara, una ocasión imposible de esas que a veces levantan al Bernabéu. La tuvo el ‘bicho’ en un cabezazo manso y la aplaudió casi todo el fútbol español, encantado con alargar el morbo hasta la última jornada. La “liga de mierda” (Del Nido dixit) se ha sacudido su cariñoso apelativo gracias al discurso plomizo de Simeone y a las cagadas impensables de Madrid y Barça. Y con o sin maletines por medio, Javier Tebas, presidente de la LFP, debe agradecer a equipos “sin motivación” dejarse la piel en trámites que sólo les toca su profesionalidad.

Es el caso del Levante, creado en pequeñito  a imagen y semejanza del Atlético, y con el amor propio de un club de Champions. Caparrós supo asfixiar a un extenuado líder que no estaba para más batallas esta semana. Y si Koke no está fino, su Atleti se gripa; de ahí la trascendencia de un centrocampista que tendrá que sentarse a sopesar la pila de ofertas que le están llegando de media Europa. Pero Koke es santo y seña del club, como lo fue Fernando Torres… hasta que acabó hartándose.

Game over. Fue la expresión más recurrida en twitter para describir el cataclismo del Barça. Busquets habló y tiró la Liga por el retrete; Xavi también la metió en el sumidero y, por si se había obturado en la cañería, el ‘Tata Martino’ terminó de empujarla hasta el vertedero. Incluso, el entrenador argentino tuvo la gentileza de adelantar a la prensa su fecha de caducidad. Quizá se quiera borrar ya del marrón de la próxima temporada, ése que se comerá Zubizarreta, según anunció la directiva frotándose las manos. La jugarreta es fácil: si la política de fichajes fracasa, Bartomeu y todos sus directivos medio interinos (¡elecciones ya!) tendrán su cabeza de turco. Y mientras Messi sigue andando por el césped, la prensa culé apunta a tres despojos fáciles de liquidar: Song, Alexis y Cesc Fábregas. Este último metido en una extraña bronca de la grada. Cesc es un incomprendido porque cree que su afición no agradece haberse mutado constantemente: de centrocampista organizador con Wenger a falso nueve de Guardiola, terminando en media punta forzado. Él pensó que el club de su vida le fichaba para aprovechar su máster acelerado del Arsenal, lástima que se confundiera.

 

 

Boskov analiza la Liga

Lunes, 28 Abril 2014

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“El fútbol es bello porque es sencillo”. El ‘Cholo’ Simeone honró una de las míticas frases de Vujadin Boskov. Su fútbol afín a Mourinho resuelve partidos y aplaza domingo a domingo aquel manido cliché de agosto del ‘Ya caerán’. Como dice Rubén Uría, han pasado 35 capítulos y el Atleti ha esquivado su enésima bala. Lo que al principio parecía una ruleta rusa donde los colchoneros podían pegarse un tiro en cualquier momento, ahora es un bloque de cemento armado que nadie, ni en España ni en Europa, ha sido capaz de hacer trizas. Es ese fútbol sencillo que alimenta la pasión rojiblanca, entretiene a quienes prefieren al tercero en discordia y cabrea al amante del fútbol alegre y marchoso. Hoy por hoy, madridistas y culés a ratos. Pero qué más se le puede exigir a una plantilla que cada verano tiene que soltar estrellas para cuadrar su balanza de pagos. Seguirá la fuga de estrellas, por de pronto la de Diego Costa al Chelsea, pero mientras esté el ‘Cholo’, cualquier futbolista peleará en el barro hasta ahogar al contrario y maniatarle hasta pedirle la rendición. En Mestalla Simeone se encontró con la pizarra perfecta desde el principio…”el balón, cuanto menos se tenga, mejor”. El axioma mourinhista fue resuelto a raja tabla: el Valencia propuso y los rojiblancos rehuyeron el juego. Salieron a buscar una contra letal que hiciera saltar por los aires el ímpetu de Paco Alcacer y toda su tropa. Y tuvo que ser el de casi siempre, Raúl García, capitán general en funciones y brazo ejecutor de Simeone, quien sacara oro de un centro imposible.

“Un entrenador siempre tiene que marcharse”. ‘Tata’ Martino debió tener en mente la grandilocuencia de Boskov. El Villarreal estaba atrofiando la dedicatoria eterna del Barça a Tito y los fantasmas de todo el año reaparecían en el banquillo. Demasiado sufrimiento para un barcelonismo apenado y todavía en trance. Sin embargo, los infortunios del fútbol devolvieron a los culés su amor propio, no tanto por darle vidilla a la Liga como por rendir tributo a su ex entrenador. El Barça no podía perder, anoche no, y ganó al estilo del Madrid, atendiendo a la fe más que a la razón. No le pega pero a estas alturas el equipo afronta los partidos como si fueran marrones a la espera del final de temporada y la consecuente revolución de Zubizarreta. Y como dijo Martino, no era el día apropiado para hablar de fútbol; es más, el protocolo mandaba aplazar el partido por la conmoción de Tito, pero como dijo Paco González, “las lágrimas de Busquets, un tío que lo ha ganado todo, dignificaron el fútbol”.

“Quiero un equipo de ataque porque me gusta el fútbol ofensivo y también porque al público le gusta”. Alfredo Relaño publicó la declaración de intenciones de Boskov allá por agosto de 1979, en la presentación del serbio como entrenador del Real Madrid. Carlo Ancelotti prometió un fútbol “espectacular” el día de su puesta de largo y ha fallado por poco. El Bayern no era el rival propicio para exhibir el Circo del Sol en el Bernabéu; por eso, se aisló de fanatismos populares y sacó su flema italiana. Impasible ante el lastre de los últimos once años en Champions, Carletto pergeñó su semifinal ganándole a Guardiola la primera partida de ajedrez. La segunda empieza con ciertas pistas, las que dejaron los contraataques del Werder Bremen en el Allianz. Pero la goleada a Osasuna sólo sirvió de pachanga a Cristiano Ronaldo, que utilizó a los rojillos para calibrar sus misiles tomahawk. Poco más en un 4-0 que alimentó por unas horas el morbo de un posible patinazo atlético. Todos los madridistas tenían en mente un objetivo y otra máxima, ésta no de Boskov: “El Madrid siempre marca”.

El portero de los mil tentáculos

Mircoles, 2 Abril 2014

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El Tata Martino tuvo olfato con la guerra de trincheras que se le avecinaba. Su mensaje a la plantilla fue contundente: “Si no vamos con todo, nos ganan”. Cristalino. El vestuario entendió la teoría pero tardó en ponerlo en práctica, el tiempo que don Andrés Iniesta se puso la camiseta del New Team de Oliver Atom. Porque hasta que llegó la inspiración manchega, el Atlético fue la pesadilla que Martino había definido con la habitual grandilocuencia argentina, “es el equipo que maniata a las individualidades”. Tal cual. Simeone jugó al despiste con Diego Costa en la previa pero no vaciló en su pizarra táctica: sacó su bloque de cemento armado para que Messi se pegara cabezazos contra el muro. El secreto estaba en la masa; no sólo se trataba resquebrajar la zaga rojiblanca, el Barça tenía que lograr una gesta todavía más homérica: batir al portero más en forma del mundo.

Thibaut Courtois sacó sus mil tentáculos delante de la portería sacando balones de todos los colores. Elástico por abajo y volador por arriba;  el meta belga se doctoró en un santuario más. Precisamente, en el Camp Nou tenían informes cum laude sobre Courtois, pero éste anunció anoche en COPE que su futuro inmediato se limita a Atlético y Chelsea. Es decir, que renovará su contrato con el club londinense pero le pedirá a Mourinho que le mantenga un año más en el Calderón. No en vano, el pasado verano ‘Tibito’ pidió al técnico portugués que le dejase continuar en Madrid para foguearse. Ésa fue la razón deportiva; había otra personal y era su novia. Mourinho fue flexible con él consciente de que aún podría disfrutar de los últimos coletazos del pétreo Peter Cech. Pero Courtois ya se ha hecho mayor y sólo una súplica con inmensas contraprestaciones le puede retener en España. En su decisión, que hará pública en unos días, pesa la continuidad del guardameta checo la próxima temporada. Tal es la jerarquía de Cech en el Chelsea que Mourinho aceptó que su asistente Silvino Louro dejase de ser entrenador de porteros para convertirse en primer ayudante del entrenador (así reza en la web del club); el francés Cristophe Lollichon se mantiene como entrenador de porteros desde que Cech fichó por el Chelsea.

Pero volviendo al partido, sólo Iniesta se puso el disfraz de superhéroe para poner balones imposibles, como la asistencia made in Laudrup en el gol de Neymar. La jugada fue tan espectacular como el misil tomahawk de Diego Ribas. El brasileño regresó a Madrid en loor de multitud y hasta anoche no devolvió los agradecimientos. Desde luego, su gol compensa su fichaje. Tal fue la barbaridad de su gol que más de un compañero lo comparó con la volea de Zidane en la ‘Novena’. Francamente, ambos fueron bestiales y con ejecuciones complicadísimas. El de Zizou ha quedado inmortalizado y el de Diego también es apto para un museo, siempre que el Atlético remate la faena en el Calderón. Tampoco sería una sorpresa porque los rojiblancos se han quitado la piel de cordero; son tan duros de pelar como los boinas verdes. Razón: portería de Simeone.

Cada partido agiganta el talante del argentino en el banquillo, porque sólo gracias a él su Atleti ha cambiado los decadentes derroteros que había tomado su centenaria historia. En las charlas de barra de bar siempre se ha comentado que cualquier ignorante podría entrenar a las plantillas millonarias de Madrid y Barça, más que nada porque juegan solos. En el Atlético es diferente: Simeone es un motivador nato y casi infalible en el ajedrez táctico que plantea cada rival. Anoche sólo falló en la sustitución de Villa por un ingenuo y tierno Sosa (al argentino le queda grande este Atlético). En la otra acera, la resaca del empate deja un fuerte aplauso a Martino por inyectar un buen chute de intensidad a sus jugadores, pero en el horizonte otea una verdad injusta e hiriente para el barcelonismo: el Barça de Guardiola y el de ahora son como la noche y el día. Nada tienen que ver en su fútbol. Es más, si Iniesta no hubiese actuado de mago improvisado, el partido se habría parecido a las peleas cancheras de la liga argentina. Así que, gracias, Iniesta de mi vida.

Guardiola nunca se fue

Lunes, 10 Marzo 2014

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“Del més que un club, el Barcelona ha pasado a ser un club más como otros”. Es una de las grandes reflexiones del fin de semana y para encontrarla hay que irse a Francia, donde Christophe Dugarry, comentarista estrella de Canal Plus Francia, analiza a su ex equipo partido a partido. Ya ni siquiera la prensa barcelonista intenta consolar al gran público porque todos coinciden en el apocalipsis de este ciclo; sin ir más lejos, Lluis Mascaró escribió con contundencia en su contraportada dominical del Sport: ‘Fin de ciclo’. El estado de desánimo recuerda al fin de Frank Rijkaard, sólo que entonces la opinión pública mandó al cadalso a varios personajes acusados de culpables, empezando por el propio entrenador y seguido del trío caprichoso Ronaldinho, Eto’o y Deco. La guerra de egos destruyó a un equipo predestinado a ganar un puñado de Champions. Hoy, el Barça vuelve a desvencijarse sin un vestuario en llamas. “Tarde o temprano debía llegar este momento”, dice Josép María Minguella, conocedor de la mayoría de secretos de alcoba en ese club. El Barça no es ninguna excepción: el Ajax de Johan Cruyff se tambaleó con la salida de su mito; el gran Milan de Sacchi (y Capello) naufragó desde la derrota contra el Ajax en la Champions del 95 y el Madrid más universal pecó de galacticidio. Es la ley del fútbol y al barcelonismo le consta.

Pero el Barça sigue siendo excepcional en su raíz de origen, no la centenaria sino la que motivó Rinus Michels, primero, y Cruyff, después. El fútbol contemporáneo se rige por las leyes del resultado y el botín de títulos acumulados basta en todos los clubes salvo el azulgrana. Gane o no Champions, Copa o, incluso, Liga, la conclusión será igualmente unánime: la necesidad de resetear una plantilla ahíta de éxitos. Y como las comparaciones son tan odiosas como inevitables, el Madrid fichó a Mourinho con el único cometido de ganar a cualquier precio, mientras que Guardiola abandonó el club de sus amores dejando una advertencia: las victorias no importan tanto como el estilo. Y aunque sea una afirmación demagógica (cualquier culé preferiría una Champions estilo Chelsea de Di Matteo a dos o tres temporadas de espectáculo baldío), prensa, afición y el propio club han inventado un universo paralelo donde el buen gusto debe primar sobre todas las cosas. En esta dimensión ha aparecido el ‘Tata’ Martino como un ente extraño que cogió el Barça por accidente y a quien no se le ha exigido descubrir la pólvora sino motivar a sus jugadores para intentar un último año bestial antes de la catarsis de jugadores.

Y aunque el “talento permanece pero la edad no perdona”, como suele decir Jose Mari Bakero, testigo directo del final de Cruyff en el banquillo, los ‘Picasso’ patentados por el Barça seguirán pintándose con la misma brocha pero diferentes pintores. Es el fruto de la impotencia y, en consecuencia, de pataletas infantiles como Xavi y sus eternas quejas contra los pastos de vacas, o la fe ciega que proclama Dani Alves después de cada derrota. La causa apunta a la falta de actitud, de salir en Zorrilla con las mismas ganas de una noche de Champions. Y en ese achaque falla hasta Leo Messi. Por eso, el próximo clásico del Bernabéu sí pinta a otro partido del siglo: el que decidirá si la apuesta de Ancelotti es la guadaña que necesitaba Florentino para destripar al eterno rival o, en cambio, si el Barça todavía alegra a su gente cuando le apetece. Suceda el 1, X o 2, el caos institucional derivado en el césped borrará cualquier vestigio de Rosell y, por ende, su antecesor Joan Laporta. Sin embargo, aún con el amanecer de un nuevo Barcelona, la misma efigie seguirá ondeando en las gradas del Camp Nou: Pep Guardiola.

El botón del off

Domingo, 23 Febrero 2014

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El ‘Tata’ Martino dijo en el Etihad Stadium que los errores arbitrales a favor del Barça se repetían “diecisiete veces más” que las acciones en contra. Quizá por la efervescencia del jaque mate al City no fue el momento de apostillar que sus derrotas también se dimensionaban pero veinte o treinta veces más que cualquier victoria; lógico por otra parte en un equipo que apenas pierde un puñado de partidos cada temporada. Sin embargo, si el propio técnico reconoce fallos de pizarra, suceden dos consecuencias: su afición le reconoce honestidad y la prensa barcelonista muerde nuevamente la carnaza de su muñeco favorito de pim, pam, pum. Fue la primera vez que Martino intuyó mal la táctica y, peor aún, no supo rectificar a tiempo la atrofia que él mismo había creado. Jugándose media Liga, sorprendió que el argentino dejara fuera a Xavi y Cesc Fábregas cuando el Barça afronta limpia la próxima semana. Pero el matiz más chirriante fue ver a Alex Song detrás de Busquets, al estilo Makelele en el Madrid galáctico.

En uno de sus múltiples alardes de sinceridad, Samuel Eto’o dijo que Song no tenía suficiente nivel para jugar con Camerún; entonces, sonó a pataleta de niño receloso, pero el tiempo le ha dado la razón al delantero del Chelsea. Song pasará por Barça con la misma pena que Mahamadou Diarra o Emerson lo hicieron por el Bernabéu: no se sabe cuál es su rol exacto y cada vez que toca un balón, inquieta al resto de compañeros. Paradojas del fútbol, es la primera derrota liguera del Barça con Song en el césped desde que fichó hace año y medio. Una estadística estúpida dado la poca o nula trascendencia del camerunés en los onces. Emilio Pérez de Rozas, periodista de El Periódico y Sport, auguró hace tiempo que Song tendría la misma potra que Christian Karembeu en el Madrid: muchos títulos sin apenas pegar una patada a un bote. La pequeña gran diferencia es que Karembeu tuvo dos intervenciones decisivas en la séptima Copa de Europa, mientras que Song se deja llevar por la inercia orgiástica de los suyos sin molestar demasiado. Más bien, él siempre ha sido un mero portador de vino en esas bacanales romanas a las que se ha acostumbrado el Barça cada fin de semana.

Los patinazos del Barcelona solían ocurrir por sobrecarga de tiqui-taca. La probabilidad ofrecía a modo de sacrificio alguna derrota culé para demostrar que no existen equipos puramente perfectos ni siquiera en números. Eso pasaba antes. Con el ‘Tata’ Martino sucedió lo mismo en San Mamés ante el empuje fiero de los leones del Athletic, pero no contra Valencia y Real Sociedad. Sus dos últimos sopapos llegaron por desactivación total de la maquinaria pesada: el Barça juega y de repente alguien presiona el botón de off. Ni esfuerzo, ni ganas, ni interés por jugar; más bien, una dejación brutal de los pies a la cabeza. Demostraciones artísticas como la protagonizada por la Real dan ciertas esperanzas a esta Liga, que ya no es esa ‘liga de mierda’ acuñada por José María Del Nido, ni un torneo en el que Messi resuelve un aprieto cuando le necesitan. Anoche el argentino iba camino de ello hasta que sus colegas de camiseta y él mismo apagaron el interruptor.

Da la sensación que el Barcelona es una olla a presión en la que el pitorro puede volar en cualquier momento. Las críticas a la nebulosa futbolística del equipo, la investigación judicial del caso Neymar y la fragilidad institucional de la planta noble del Camp Nou hierven el agua más rápido, quizá demasiado. Pero tampoco es plan de pintar un futuro apocalíptico, ni siquiera con el Madrid por delante casi dos años después. Nuestro problema, el de la prensa en general, es que regalamos Balones de Oro con la misma facilidad que repartimos estopa diestro y siniestro. Las teorías aristotélicas del ‘punto medio’ se han quedado en la Edad Antigua.

Barça, ¿’Picassos’ o cuadros a brochazos?

Lunes, 10 Febrero 2014

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“Si a Messi le tocan el orgullo, el problema no lo tienen ustedes (periodistas) que opinan desde fuera, lo tienen los rivales”. ‘Tata’ Martino nunca volverá a pedir dos días tranquilos para su figura, no cuando la prensa cambia a diario el sentido de las rotativas: de sospechoso a héroe por enésima vez. Y las que faltan. Sólo la ‘pulga’ podía revivir al muerto y evitar ciclogénesis explosivas en Barcelona; sólo él podía devolver el miedo al resto, y sólo él podía agigantar a un equipo que hora tras hora perdía cotización bursátil en el cruce fatídico contra el Manchester City. El pistoletazo inicial intuyó unas consecuencias tan desastrosas como las que sucedieron en el gasparismo en aquella época ominosa. Quizá otra derrota hubiese precipitado otro ‘Elefant Blau’ martilleando la inconsistente directiva post Rosell. Por eso, el Barça le debe a Messi otra subida de sueldo en calidad de salvador y, desde luego, futbolista más trascendente de su historia centenaria.

Quien tiene una entrevista con enjundia es la madre de dos árbitros, para más señas, hermanos y, por qué no reconocerlo, igual de desafortunados (para no salir del eufemismo). Teixeira Vitienes (José Antonio) facilitó a las redacciones periodísticas otra semana de saña arbitral. Primero, Ayza y su eterna duda: ¿por qué expulsó a Cristiano en San Mamés?; segundo, González González y sus fatídico minuto: del penalti a Vela no pitado a la expulsión exagerada de Iñigo Martínez; tercero, el Teixeira pequeño y su manga ancha con las trilladoras del Almería y anoche, el mayor de los Teixeira se comió un fuera de juego de libro, de los que no se comentan en los colegios arbitrales por su obviedad. O sea que tendría morbo escuchar a la madre de los dos árbitros, simplemente para saber cómo aguanta que se acuerden de ella en la totalidad de los campos de Primera División. Últimamente, los árbitros son la crema del periodismo, malo, y las discusiones verduleras acaban con el grito más aberrante imaginable. La pelea en los medios, dependiendo de la procedencia del puente aéreo, no acabará hasta que después de la jornada 38 los contertulios sumen los favores a Madrid y Barça…y el que menos bulas papales cuente, gana derecho a quejarse la siguiente temporada. Así funciona el fútbol español.

Cagadas en negro al margen, la mejor y única noticia del Barça es Messi. El Camp Nou vuelve a tener una razón para no presentar más cemento en los partidos, sea hora crítica (diez de la noche) o momentos más propicios para los chavales (cuatro, seis…), y ésa es su jugador diez. Martino necesitaba una razón para no ser sacudido como un esterilla en Barcelona, porque el fútbol indolente del equipo iba tomando una distancia sideral con la última gran obra de arte exportada a Munich. Y eso se nota en gente como Xavi Hernández, a quien le molesta el escepticismo de su propia prensa: “Los tres últimos goles al Sevilla han sido al contraataque, ¿otro recurso?”, respuesta de Xavi: “¡Qué va, todos los goles han sido de jugada elaborada!”. Las ansias del ‘Tata’ por construir un Barça poliédrico de mil caras chocan de frente con la vieja guardia; el objetivo no es seguir ganando títulos, son los títulos conseguidos con estilo. El suyo, made in Guardiola y blindado a injerencias foráneas. Al final, pinten ‘Picassos’  o cuadros a brochazos, todo pasa por Messi.

El carrito de Alexis

Domingo, 5 Enero 2014

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Iván Zamorano fue su mejor relaciones públicas cuando aterrizó en Barcelona. “Destaca por tres virtudes: fuerza, compañerismo e invencible en el uno contra uno”. El Camp Nou nunca sospechó de su fuerza bruta, desde el principio Guardiola le colocó en la banda o como un boya de waterpolo, peleándose con defensas contrarias a codazos y empujones. Solidario como el que más, Messi supo que tenía un buen socio de ataque, aunque en sus dos primeras temporadas se le comparase con la última versión de Kluivert en el Barça: el delantero que fallaba más que una escopeta de feria. Precisamente, ése fue el detalle que vendió mal Zamorano, porque Alexis Sánchez solía causar murmullo en la grada cuando debía ejecutar la jugada. El chileno era una especie de ‘Pipita’ Higuaín, el ariete del casi gol. Y para echar más leña al fuego, su P.V.P de 40 millones con los que Udinese cerró su negocio de siglo salían a la palestra cada vez que marraba un gol, costumbre habitual en las dos primeras temporadas.

Alexis nunca tuvo feeling con Guardiola, sobre todo cuando el técnico le gritó en sus narices: “¡La concha de mi madre para mi Alex!, ¡90 minutos!, ¡usa la cabeza!”. En plena batalla por la Liga contra el Madrid, el chileno sufrió su enésima lesión muscular y Pep le recriminó haber jugado tres días antes un amistoso completo contra Ghana en Philadelphia. Su martirio parecía que iba a cambiar con Tito Vilanova, de quien habló maravillas en una entrevista al Sport el pasado octubre: “Me ayudó mucho en mi carrera, tanto como persona y jugador. El año que supuestamente yo estaba más perdido, él me apoyó y no quería que me fuera”. Sin embargo, siguió inmerso en una odiosa discreción y el público del Camp Nou comenzó a perder la paciencia: lejos de ser el ‘Niño Maravilla’, las malas sensaciones indicaban que el Barça había caído en la trampa del Udinese con otro delantero del montón que sólo valía para equipos de medio pelo. Sus estadísticas fueron nefastamente demoledoras: marcó su primer gol en Liga en febrero y su tope fueron ni más ni menos que once, o sea, una insignificante propina para todo un delantero del Barça. Alexis se convertía en carnaza  para la prensa.

Pero esta temporada está siendo distinta para él, en parte por su nuevo entrenador y por la catarsis interna que se ha propuesto el chileno. Una de las primeras intenciones que se propuso ‘Tata’ Martino fue recuperar al “Alexis de la Chile de Bielsa”. Le dio minutos, confianza y el jugador lo ha aprovechado en su nuevo borrón y cuenta nueva. Supuestamente eclipsado por la efervescencia de Neymar, el golazo de vaselina al Madrid y otros tantos decisivos de Alexis han sorprendido al barcelonismo. No está Messi, pero el chileno no es que haya sacado la escopeta sino que tiene una auténtica kalashnikov. Su cartel de generoso en el esfuerzo había caducado, faltaban los goles para reconciliarse con la afición. Dicho y hecho. Ahora ocupa portadas, ni qué decir tiene las de este lunes. Sencillamente, muchos nos hemos subido al carrito de Alexis.

 

Barça atrofiado

Lunes, 2 Diciembre 2013

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“Ya no es un equipazo, es un equipo al alcance de muchos”. Breve y conciso, el periodista Miguel Rico resumió la atrofia del Barçelona. Si la prensa catalana había descrito la derrota en Amsterdam como catastrófica, el patinazo de San Mamés promete un buen puñado de mamporros contra el ‘Tata’ Martino. Los resultados le mantienen, aun con Atlético y Madrid al acecho, pero las sospechas iniciales del ‘tiqui taca’ han degenerado en una nebulosa demasiado espesa, tanto como la que sufrió Ancelotti hace apenas un mes. El propio Martino anunció en la víspera que el Athletic suponía la prueba del algodón y el resultado ha acabado muy negruzco. Por supuesto, este pesimismo no existiría de haber sentenciado el Barça en una primera parte de buen juego pero sin chicha (sólo un disparo). Así lo entendió el técnico argentino y así actuó en consecuencia; el problema es que tuvo el arrojo de profanar a los mitos: primero, Xavi Hernández, y después, Iniesta. Cambios dudosos y tardíos.

Martino cometió su primera incongruencia este fin de semana. De “firmar una sola derrota en otros veinte partidos” a sugerir en San Mamés a los enviados especiales que “sólo miraban el resultado”. Huele a sacudida más vehemente que inteligente. El ‘Tata’ intenta desviar todos los proyectiles que lanza la prensa y, a su favor, es entendible que no le dé para preparar a la vez un plan táctico en el césped y otro de contención ante la opinión pública. Él no tiene la culpa que le ficharan a contrarreloj; sin embargo, le pagan para mejorar lo mejorable, valga la redundancia, y ahí está fallando. No es casualidad que los futbolistas que jugaron con España  en la última Confederaciones estén con la reserva puesta: Xavi fue el mejor de este país durante un porrón de años pero su ordenador central necesita constante refrigeración; Iniesta intenta pintar ‘Picassos’ pasados sin suerte; Busquets genera el gran problema de ser tan único que no tiene sustituto y la defensa se ha averiado con Piqué en el limbo y Mascherano olvidando las nociones básicas de un defensa.

La baja de Messi ha descuajeringado al equipo, incluso para un Neymar que aún no puede asumir galones de general. Y eso que el brasileño es la única alegría que asoma por Can Barça, porque cuando coge el balón algo pasa. Por eso, se lo rifaron Barça, Madrid y algún club más. La buena noticia es que las derrotas tienen un colchón todavía muy mullido, la mala es que este juego de sensaciones (Valdano dixit) deja a los azulgranas como los villanos y a los dos equipos madrileños como nuevos héroes de la Liga. Un pequeño matiz que escribió Diego Torres en twitter: “Con Martino las dificultades se convirtieron en conflictos. Con Ancelotti los conflictos se convirtieron en oportunidades”. Y si el argentino no imita a su colega merengue, seguirá atrapado en la misma película bélica: Tora, Tora, Tora. O sea, el ‘Tata’ acribillado unánimemente por la prensa. 

Tora, Tora, Tora…la película del ‘Tata’

Mircoles, 27 Noviembre 2013

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Cualquier lector intuiría un futuro apocalíptico en el Barça a tenor de las crónicas de su derrota en Ámsterdam. Sonaban a debacle irreversible, como si el equipo hubiera tirado la Champions por el sumidero. Juan José Pallás se pregunta en el Mundo Deportivo si ‘¿Fue sólo falta de actitud?’; Sport tituló en grande ‘Perder no importa, cómo se pierde, sí’; Ramón Besa no se corta en El País sugiriendo ‘Una lección histórica’, mientras que Francisco Cabezas escribe sin contemplaciones en El Mundo que ‘ha quedado claro que el balón le importan un comino, que el centro del campo no es más que un enorme trozo de campo donde Xavi ve los balones volar sin remedio’. Si a esos demoledores titulares, Pique añade más carnaza confirmando una ‘falta de actitud’, entonces el porvenir del entrenador, acusado por la opinión pública como el capitán Alfred Dreyfus, pinta demasiado negruzco. Más, si cabe, cuando el ‘Tata’ Martino no tiene una pluma como Emile Zola que le defienda.

El pasado 06 de noviembre Martino confesó medio en broma medio en serio que estaba viendo “películas de guerra” para defenderse. Una semana antes, no pudo contenerse delante del micrófono y confesó haberse hartado de tanta “crisis semanal”. Alguien que deteste el fútbol podría pensar que el Barça esta sumido en caos y destrucción, a punto de dilapidar el prestigio estratosférico de los últimos tiempos. Al menos, ésa es la sensación del ‘Tata’ cada vez que se sienta en conferencia de prensa para recibir metralla de la prensa que cubre al primer equipo. Da igual que sus chicos goleen al Levante 7-0, la sombra de Guardiola es demasiado alargada; tampoco importa que gane su primer clásico contra el Madrid si el ‘tiqui-taca’ se ha oxidado. ¿Qué películas habrá visto el míster? Encaja bien Tora! Tora! Tora!, maravilloso film americano-japonés sobre el ataque nipón a la base naval estadounidense de Pearl Harbor. El ‘Tata’ aceptó el encargo de dirigir un transatlántico con todo lo que eso conlleva, pero nunca imaginó sentir el impacto de los misiles tan pronto. La prensa culé le obligó a entender que ganar no es suficiente en can Barça, sin que nadie le diera un margen de espera, de adaptación. Al contrario, las hienas estaban esperando el primer cadáver, y llegó a costa del Ajax, en un escenario muy simbólico, pero que en la práctica poco le debe afectar al ‘Tata’.

Muchas de esas crónicas apelan a la génesis del Barça contemporáneo. Y para mayor escarnio del entrenador, Johan Cruyff presenció en el palco un equipo que, según sus declaraciones, poco se parece al suyo. El día de su presentación, Martino aseguró que venía a “adaptarse”. Utilizando esa palabra, los periodistas intuyeron que la esencia del club perduraba por encima de todos, incluso de un forastero elegido a contrarreloj por la directiva. Pero transcurrido el tiempo, el argentino ha aguantado carros y carretas mientras el Barça rompía récords y apuntaba a la Liga como candidato indiscutible en el primer tercio de campeonato. Y aunque la grada no es tan animosa como antaño y el fútbol haya perdido quilates, comprende que la promoción de oro liderada por Messi, Xavi e Iniesta es cinco años más vieja que cuando culminó la perfección más absoluta que jamás ha inventado un equipo.

La lectura simplona es que el Barcelona sigue siendo un club ‘familiar’ con una cultura insustituible, la ‘cruyffista’, y blindada contra injerencias externas. En cambio, el Madrid, por su urgencia de títulos, sí es voluble a cambios de filosofía: del metódico Pellegrini al extenuante Mourinho, y ahora con la incertidumbre táctica de Ancelotti. El ‘Tata’ no tiene la culpa: llegó para aplicar sus conceptos y de momento funcionan casi al cien por cien (dato estadístico). Que no gusten es cuestión de gustos. No obstante, no le vendría mal alguna ayuda que no salga de sus jefes. Quizá se sienta como el soldado Ryan en la oscarizada obra maestra de Spielberg.