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Ganar nunca es suficiente en Can Barça

Viernes, 8 Noviembre 2013

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A José María García le fascinaba recrearse en la palabra ‘crisis’ cuando abría la caja de los truenos en el Madrid de Mendoza. Ganase o perdiese el equipo, el club gobernando por el del “pelo blanco” (cariñoso apelativo con el que ‘Supergarcía’ se refería al ex presidente blanco) estaba sumido al borde del cataclismo. A principios de los noventa, con la ‘Quinta del Buitre’ dando sus últimos coletazos durante los desastres de Tenerife, el estilo de juego perdió todo su atractivo: los títulos escaseaban y las victorias apenas entusiasmaban al público. Y como se trataba del Madrid, a falta de espectáculo, pues ‘crisis’ al canto. Cinco ligas consecutivas tuvieron la culpa de que la misma grada que había saboreado caviar, tuviese que contentarse con mortadela. Los cambios de ciclo en los clubes grandes suelen ser carnaza muy jugosa para nosotros, los periodistas: el morbo de siquiera insinuar mal rollo en un vestuario vende más que un desnudo célebre de Interviú. Y, claro, un Madrid que juega mal, o no gana, para las rotativas. El problema es que, al contrario que el Barça, el Madrid ha sobrevivido en los últimos tiempos con tres Copas de Europa y un estilo, el galáctico, cuyo fútbol no duró tanto como su inagotable marketing.

La urgencia de la ‘Décima’ ha simplificado las perspectivas merengues a un ‘resultadismo’ que desde hace años se ha convertido en pesadilla. Ganar por encima de todo, sacrificando, incluso, el sencillo placer de ver buen fútbol. Pero dar palos se ha vuelto el hábito de la prensa; es decir, que si un club con un presupuesto de más de 500 millones se engaña a sí mismo sobre el césped, debemos sacar los cañones a la palestra; sin embargo, si el mismo club divirtiese tanto como el Circo del Sol pero fallase en las finales, la catarata de críticas tampoco acabaría nunca. A Madrid y Barça se les presupone buen fútbol hasta el punto que Ancelotti pretendió anticiparlo el día de su presentación. “El Madrid será espectacular” anunció el italiano para regocijo de la gran masa. Cuatro meses después, Carletto está envuelto en una nebulosa táctica que no atisba fin, pero goza de una gran ventaja: mejorar el estilo de Mourinho no se antoja complicado, porque la temporada pasada ni se ganó ni se jugó. Ese matiz unido a las ansias por rellenar la sala de trofeos supone que a Ancelotti no le cuestionen las crisis pasajeras que ha tenido que escuchar el ‘Tata’ Martino durante esta semana.

Martino intuía un reto de proporciones bíblicas cuando dijo sí a la propuesta del Barcelona. Pero quizá nunca llegue a entender por qué algún periodista escupe ‘crisis’ después de once victorias y un empate liguero, y la clasificación para octavos de Champions encarrilada prácticamente como primero. “Aquí hay que afrontar crisis cada semana”, espetó el técnico azulgrana hace unos días. Sin pretenderlo, o sí, Martino delató el actual establisment con el que el Barça y su prensa conviven. Al ‘Tata’ le dan tanta caña en sus conferencias de prensa, que a partir de la próxima saldrá con un chaleco antibalas, como le sugirió entre risas un reportero del Milan. Ciertas preguntas al entrenador dan a entender que la prensa no es barcelonista, sino guardiolista. Y cualquier personaje ajeno a  esa esencia cruyffista, choca de frente con los periodistas de toda la vida. Guardiola culminó una era cuasi-perfecta, repetirla es casi un acto divino. Y es lógico que al Camp Nou le cueste asimilar su nuevo Barça: de haber disfrutado un ‘Picasso’, se ha pasado a una copia muy lograda, pero al fin y al cabo, una copia. Pero de ahí a martillear al ‘Tata’ con la maldita ‘crisis’…el Madrid no tiene ese problema porque su público no es tan delicatessen. 

Messi para todo y todos

Mircoles, 23 Octubre 2013

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El Barça de Guardiola creó una dinastía a la vez que provocó una maldición. Cualquier otra versión nunca sería tan perfecta, como mucho igual; ésa es la penitencia que acompañó a Tito Vilanova y de la que tampoco ha podido escapar el ‘Tata’. El ‘tiqui-taca’ perdura, aunque sin las revoluciones de antaño; los ataques se han vuelto estáticos, posicionales como en balonmano, pero el balón sigue siendo el condimento. Es el equipo de siempre con un tono más macilento y, por eso, quienes no simpatizan con los azulgranas entienden que la afición pida el caviar beluga de antaño. Tampoco el Milan invitaba a un festival made in  Circo del Sol, pero el fútbol es tan traicionero en sensaciones (no es frase de Valdano) que el Barcelona, sin haber perdido aún, deja un poso de insatisfacción, mientras que el Madrid, dicho con ordinariez, sin dar una patada a un bote le ha metido chicha a la Liga. Sin embargo, en Can Barça la hoja de ruta no debe sufrir tachones; más que nada, porque ellos y el Atleti la tienen más claro que nadie.

San Siro volvió a engañar al Barcelona con un Milan simplón, con una propuesta futbolística de ‘tabula rasa’, y en el que sus dos sorprendentes estrellas quemaron toda su popularidad en Madrid. Kaká se delató en veinte minutos, el tiempo que tardó en aclarar al madridismo que no eran tan pufo como presumía; Robinho nunca llegará a ser aquel “mejor jugador del mundo” que aspiraba en el Manchester City, y al menos no ha perdido el sentido del humor: le sigan gustando las filigranas aunque parezcan un vacile. Y eso que este Milan ya no es aquel equipo de geriátrico de hace años con Gatusso, Inzaghi, Pirlo, Zambrotta, Dida y compañía. No, ahora tiene dos brasileños en busca de una segunda juventud, y un buscabroncas como ídolo de masas, que no es otro que Balotelli. Pero las dos generaciones tienen un punto en común: se encienden siempre que les visita el Barcelona por presión popular o, simplemente, para no manchar todavía más la pobre imagen del Milan de los últimos tiempos. Le hacen a los culés la vida tan imposible que parece que San Siro les sigue imponiendo. Extraño para un Barcelona que ha conquistado el mundo, y varias veces.

Pero la conclusión con el Barça siempre es la misma: empate o pierda, oscurezca su juego o lo haga rematadamente mal, sigue siendo el favorito por talento y Messi, quizá primero por el argentino. De él  está contado todo, bueno casi: ya no necesita arrollar al resto a base de hat tricks, le basta una sola aparición para reclamar su puesto más alto en el olimpo. Así se forjan los cracks, aunque a éste no le haga faltan apariciones esporádicas y decisivas. Es más, Messi sigue siendo el termómetro de su equipo, y eso es demasiado peligroso, porque quién no recuerda las dos últimas semifinales de Champions. Neymar puede asumir galones, pero aún necesita presumir de heridas de guerras como San Siro. En definitiva, si el Barça está bien, Messi y el resto; de lo contrario, sólo Messi. 

Tata Martino, forastero en el Lejano Oeste

Mircoles, 25 Septiembre 2013

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Sir Bobby Robson, que en paz descanse, nunca llegó a entender al público del Camp Nou en su año de transición entre el Dream Team de Cruyff y el proyecto faraónico que pretendía montar el presidente Núñez en torno a Louis Van Gaal. Para el caballero inglés fue difícil digerir silbidos durante un Barcelona 8-Logroñés 0. Fue, entonces, cuando comprendió que el Barça había olvidado su eterno victimismo para convertirse en un libro de estilo. No bastaba ganar, había que hacerlo dominando y agradando al soci. Por eso, Robson no ha quedado en la memoria azulgrana como, por supuesto, tampoco Van Gaal. Durante estos años Guardiola ha dejado un legado casi mitológico con una herencia extraordinaria a la par que venenosa. El Barça saboreó la perfección, repetirlo es casi utópico. Y no se trata de llenar la sala de trofeos sino de perpetuar un concepto renacentista de fútbol que, lo más importante, ha sido patrimonio exclusivo en Barcelona.

Las declaraciones del ‘Tata’ Martino remarcando el agravio comparativo entre su origen argentino y la venerada influencia holandesa del club ha agitado a la prensa deportiva de la ciudad. Su declaración removió hasta la tumba de Rinus Michels. Sin duda, poner en jaque a un entrenador por motivos aparentemente superfluos en todo el mundo, menos en Can Barça, claro, es casi un hito con precedente demasiado lejano, tanto que hay que retroceder al ominoso lustro de Joan Gaspart. La contratación exprés del ‘Tata’ se concibió como la del forastero del Lejano Oeste que observa desde la barra del ‘saloon’ la vida de sus lugareños. De ahí el maldito ‘problema’ que ha dejado Guardiola: la afición espera réplicas de su mesías una detrás de otra. Tito intentó emular al que fue su amigo, pero su enfermedad y un carácter dócil le impidieron retomar la obra maestra. Martino es un entrenador muy canchero que entiende la solemnidad de su nuevo club, pero que también quiere alargar su fama merecida de Newell’s. Los jugadores argumentan que su entrenador sólo quiere “proponer nuevos recursos” que eviten el colapso del tiqui-taca, como sucedió ante Chelsea y Bayern en las dos últimas semifinales de Champions, o en los últimos clásicos en los que Mourinho le había cogido el punto al Barça y, sobre todo, al Camp Nou.

Cierta prensa no aguantó que el Barça goleara en Vallecas al estilo predilecto de su archienemigo: el contraataque. Como dijo Juanma Lillo, al que tanto le gusta filosofar de tácticas,  “Valdés está inquieto porque le disparan cada vez más, y eso sucede porque los enanos endiablados tocan menos el balón”. La estadística lapidaria de la pérdida de posesión 316 partidos después corrió como un reguero de pólvora por la Ciudad Condal, el antes muerta que sencilla hasta las últimas consecuencias. Y el ‘Tata’ es un tío educado, paciente, pero que no va a tolerar que le acribille la opinión pública, él también saber responder y con un cañón bertha, además. Ciertamente, el Barça es més que un club, porque habiéndose marcado un arranque inmaculado, el debate del estilo en apenas un puñado de partidos es una locura. Sin embargo, este extraño encabronamiento no acabará hasta que se cruce el Madrid o éste quede relegado en la pelea por la Liga. Sin duda, el trasfondo lo generó Guardiola y parece que sólo él podrá cerrarlo. Por cierto, Dani Alves habló ayer a propósito del asunto y apuntó, cómo no, a la caverna mediática. Como si en Madrid no hubiera suficiente trabajo en detectar las impurezas del método Ancelotti.

Neymar, paciente y estoico

Jueves, 19 Septiembre 2013

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Wagner Ribeiro no tardó ni un minuto en exigir a Neymar paciencia estoica la tarde en la que el futbolista firmó el contrato de su vida con el Barcelona. Consciente de sus errores pasados y de las sospechas de la prensa española, el representante sabía que la carrera de Neymar nada tendría que ver con la de Robinho, a quien Ribeiro trajo al Madrid con ínfulas de Pelé contemporáneo. “Me voy para crecer, para ser el mejor del mundo”, espetó Robinho como epílogo de su triste historia en el Bernabeu. Cómo jugase en el Manchester City o cuántos títulos ganase, importó bien poco o nada; la operación se había cerrado en cuarenta millones con seis limpios en el nuevo contrato del brasileño. Sin duda, Ribeiro había culminado la gestión de su vida…hasta que apareció el joven rey midas con cresta. El año pasado Neymar dejó claro a su agente que él, como Cuba Gooding Junior en la película Jerry Maguire, también merecía los cuatro ‘grandes’: calzado, auto, ropa y refresco. Y para subir al escaparate más top, debía fichar por un grande de Europa.

Neymar no se lo puso fácil a Ribeiro el día que aterrizó en Barcelona. La imagen demasiado desenfada del crack y ese catálogo de fotos que el jugador inmortalizó junto a sus amigos de pillerías de la infancia, los llamados ‘Toiss’, alimentaron el sambenito juerguista con el que etiquetamos a los brasileños, a todos salvo la rara excepción de Kaká, al que su abstinencia fiestera tampoco le ha ayudado. Pero más allá de la pose, el  flamante fichaje culé nunca olvidó el consejo de su representante, el mismo que le dio su padre: debía ir de aprendiz a Can Barça, al calor del dios omnímodo Messi. Sólo así colmaría las expectativas que la torcida brasileña  y, sobre todo, su legión de patrocinadores esperaban. Cuatro meses después, Neymar ha obedecido al detalle a sus consejeros: arrimado en la banda izquierda, juega como sabe, aunque todavía esconde su instinto egoísta. Sobre el campo, le atizan más que a una esterilla, pero no rechista. Neymar es una estrella de rock que actúa de telonero de Messi. ¿Por cuánto tiempo? Paciencia estoica, ésa es la respuesta.

Sus espectáculos made in Circo del Sol contra Sevilla y Ajax de Amsterdam han confirmado que es uno de los mejores prestidigitadores del momento, pero a la vez han abierto un debate en cuyo epicentro se sitúa el ‘Tata’ Martino y sus órdenes. Neymar apenas sale de su posición, ¿directriz del entrenador o prudencia del crack? Huele más a que Messi goza de bula papal por cualquier palmo del campo, y Neymar todavía tiene que patentar la banda izquierda.  La goleada ante el Ajax se presumía como el experimento perfecto para quitarle la camisa de fuerza al brasileño; de haber intercambiado posiciones, unas veces por un flanco y otras de media punta, sus diabluras podrían haber sido infinitas. No obstante, Martino va conociendo mejor que nadie el potencial de Neymar y su detalle capital: cuando tiene el balón siempre pasa algo interesante. De todos modos, a falta de descubrir la versión omnipresente del recién llegado, la unanimidad en el Camp Nou es indiscutible: Neymar es un jugadorazo. Y más, en su versión comprometida con la causa. 

La vena guerrillera de ‘Tata’ Martino

Martes, 23 Julio 2013

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“Para ustedes, los europeos, yo era como Paul Gascoigne: tenía mucha técnica, pero era muy vago porque no corría”. Los periodistas de la RAI italiana no podían creer la autodefinición de Gerardo Martino en la entrevista que le hicieron días antes del debut de Paraguay contra Italia en el Mundial de Sudáfrica. Ídolo de masas en Rosario, más incluso que el maniático entrenador cuyo nombre bautiza al estadio Marcelo Bielsa del Newell’s, el personaje del ‘Tata’ todavía es desconocido para el fútbol europeo; sobre todo, porque su primer y único contacto con el viejo continente fue cuando el Tenerife le fichó en 1991. Aterrizó diciendo que no conocía nada de la isla, apenas jugó quince partidos en el centro del campo junto a Fernando Redondo y, aunque pasó con más pena que gloria, “el quilombo que se montó entre la afición leprosa (la de Newell’s) fue descomunal”, tal como temió el malogrado ex presidente, Mario García Eyrea. No en vano, hace pocos años Martino fue galardonado como el mejor futbolista de la historia del club rosarino; por eso, es muy comprensible el apego emocional del flamante entrenador del Barça por los colores del que ya es su ex equipo, siempre presumiendo de que dentro de él “corre sangre roja y negra”.

Discípulo aventajado de Marcelo Bielsa (consiguió como futbolista que, aparte de regatear en un metro cuadrado, se pegara un esprint de treinta metros para robar un balón), su fútbol enamora porque, sencillamente, es lo único atractivo del fútbol argentino. Prueba de ello es que Maradona ve todos y cada uno de los partidos del equipo de Martino: “no me pierdo ninguno”, llegó a decir el Pelusa hace unos meses desde su residencia de Abu Dabi. El ‘Tata’ es una especie en extinción en Argentina porque quizá sea el único míster capaz de comulgar con todas las filosofías futboleras: la de Bielsa, por supuesto, en cuanto a presión y agresividad; la de César Menotti en el matiz del entretenimiento y la de Bianchi en el gen ganador. A Vicente Del Bosque le duró el susto de los cuartos de final de Sudáfrica un puñado de días: “la presión de Paraguay ha sido lo más asfixiante que he vivido como entrenador, más incluso que la que nos hizo la Chile de Bielsa”, espetó el seleccionador en la víspera de las semifinales contra Alemania. Sin duda, aquel partido contra el combinado de Martino fue uno de los más taquicárdicos de todo el Mundial; los paraguayos acabaron extasiados de perseguir el balón en cualquier palmo del campo y la camisa de Del Bosque transpiró igual que las de Camacho en Japón y Corea. Sin embargo, el hecho de no considerarse un bielsista radical, le confiere la atención incluso del rey de los preciosistas, el maestro Menotti. Ambos coinciden palabra a palabra en la profunda reflexión sobre el fútbol argentino: “Pensando como entrenador, el fútbol argentino de acá es de los más competitivos del mundo; desde la perspectiva del aficionado, no vería un partido en Argentina más de diez minutos”. Por eso, los leprosos son los más divertidos de ver allí y casi en toda Sudamérica; salvando las distancias, es un Barcelona en esencia, en el que el estilo lo mandan los jugadores.

¿Y qué tiene que ver el ‘Tata’ con el Virrey Bianchi? El primero dijo una vez que “dirigir a la albiceleste sería un trabajo extraordinario, pero nunca un sueño”; Bianchi piensa igual porque él mismo ha rechazado la oferta del presidente Julio Grondona hasta tres veces en diferentes años. Y los dos juegan a ganar con el balón pues, al fin y al cabo, es la piedra angular de sus tácticas. Así lo disfrutó Bianchi en Boca con la mejor versión de Riquelme y así lo hará el ‘Tata’ con su preciadísimo Leo Messi, además de Neymar, Iniesta, Xavi, etc. De todos modos, el fútbol español está expectante por saber qué ideas aportará Martino en un equipo que juega por inercia y cuyo estilo es el menos poliédrico de todos (sólo admite toque y retoque). El ‘Tata’ es un obseso de la táctica, pero obseso tolerante; o sea que si debe asumir la estrategia del ‘falso nueve’, la comprenderá sin objeciones. No obstante, observándole de lejos, no es difícil intuir que la vena guerrillera del argentino será el primer influjo en el vestuario. Su consigan es breve y concisa: compromiso. Eso lo fundamenta todo. La prueba más irrefutable ha sido su amor eterno por Newell’s; ahora emprende su primera aventura europea en un club que gusta de la estética y, por supuesto, el resultadismo. No hay problema, Martino es profesor de ambos conceptos porque lo que más detesta son los “bodrios de novela”. ¡Ah!, y los halagos de la prensa…dice que “empalagan demasiado”.