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La venganza de Mourinho

Mircoles, 17 Marzo 2010

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A este ritmo la Champions va a ser coser y cantar para el Barça. Anoche cayó el Chelsea, el coco del torneo, el único que tosió a los azulgranas la temporada pasada y que le habría echado en semifinales de no ser por aquel nefasto árbitro Obrevo. Así que se apea Abramovich y sigue como un tiro Mourinho. El portugués, siempre en el ojo del huracán, amado por los suyos y odiado por los demás, ha ganado de una estacada el suficiente crédito para acabar en el Bernabeu este verano. Decían  que su Inter era un despilfarro de talento; una plantilla perfilada para dar guerra en la Champions pero que, por deméritos propios, le pasaba como al Madrid, que la pifiaba en octavos. En Stamford Bridge el talante de ‘Mou’ dio un vuelco asombroso: cuando sólo debía afanarse en lo que más le apasiona, defender un cero a cero, de repente se lanzó inopinadamente a por la eliminatoria. La osadía fue recompensada por Eto’o, siempre Eto’o, que sufre un Calcio aciago pero que la clava cuando urge (si Higuaín hiciese lo mismo…).

El llanto lo vuelve a entonar el multimillonario ruso, cuyos petrodólares están más depreciados que el peso mejicano cuando toca hablar de Champions. Año tras año se lleva sopapos de todos los colores: desde las batallas encarnizadas contra el Barça con injusticias divinas y terrenales por medio, hasta una final perdida por un resbalón de Terry, el supuesto culpable de la deriva de los ‘blues’. Fue desatarse su lascivia y el Chelsea no ha vuelto a dar una a derechas. No sabemos cuánto durará la bula papal de Ancelotti, aunque si Abramovich sigue emperrado en la Champions sí o sí, me da que el Chelsea va a tener más entrenadores que césares reinaron durante el ocaso del imperio romano.

Y si en Londres esperaban con miedo a Mourinho, la ciudad de Sevilla estaba acicalada con guirnaldas y pasacalles para dar la bienvenida histórica a los cuartos de final. Tendrán que posponerla para otra temporada porque el equipo evidenció, y es reincidente, que sufre vértigo cuando la Champions se pone seria. El CSKA es un grupo de rusos aplicados mas Honda, el japonés rubio que le pega a la pelota como si ésta le debiese dinero. Y por supuesto que a Palop no se le puede reprochar nada: una cantada entre doscientos paradones es aceptable. A quien ya no acepta de buen grado la afición hispalense es a Manolo Jiménez. Está por ver si el ojo clínico de Monchi con los fichajes vale también para los banquillos.

 

La gran mentira de las rotaciones

Sbado, 27 Septiembre 2008

Johan Cruyff endiosó al Barça de los noventa con una alineación que pasará a la historia; Arrigo Sacchi y después Fabio Capello dirigieron una auténtica apisonadora con el Milan de Van Basten, Gullit y Rijkaard; Florentino Pérez fascinó al planeta con sus cuatro maravillas (Zidane, Figo, Ronaldo y Beckham) y Sir Alex Ferguson ha coronado al Manchester campeón de la mejor liga del mundo con un grupo  liderado por Cristiano Ronaldo. Todos estos equipos serán recordados por sus onces iniciales con sus once titulares, los que agrandaron las leyendas de sus clubes. Pero el fútbol moderno avanza vertiginosamente y la exigencia de los calendarios mina la condición física de los futbolistas, o eso es lo que aducen algunos entrenadores.

Los grandes clubes se afanan cada vez más en apuntalar sus plantillas con dos jugadores competitivos por puesto. Les gusta presumir de ello aunque la realidad no se ajuste a su presunción. Y la evidencia demuestra que Real Madrid, Barcelona, Milan, Inter, Manchester, Chelsea, etc, utilizan sus onces titulares para sus ligas y la Champions, los torneos que verdaderamente importan. Las famosas rotaciones son una engañifa que los entrenadores han querido endilgar a sus directivos. Usan a los suplentes para echar el resto en las copas  y supercopas. Si pierden estos títulos, los técnicos tienen preparada la excusa en la recámara: “Perdimos porque jugamos con suplentes”. Así que lo que se presuponía una rotación ecuánime, es decir, dar descanso a los titulares en partidos de campeonato o Liga de Campeones, se traduce en que dichos futbolistas juegan todos los encuentros importantes amén de sanciones, lesiones o convocatorias internacionales.

Desde siempre, los buenos equipos tenían una jerarquía con once que jugaban y tres o cuatro que oscilaban entre el banquillo y la titularidad en partidos menores. Ocurrió con el gran Milan de Sacchi en el que siempre jugaba la terna mágica de holandeses y los Baresi, Maldini y Costacurta; del Barça del ‘Dream Team’, Laudrup, Koeman y Stoitchkov eran los pilares junto al maestro de ceremonias Guardiola. En ese equipo, los suplentes de lujo eran Salinas, Beguiristain y Amor; en el Madrid de los ‘galácticos’, aparte de los predilectos de Florentino, los demás con Raúl al frente siempre estaban ahí, tan sólo Solari y Guti eran aprovechables del resto de la plantilla; en el Chelsea de Mourinho, Terry, Lampard, Makelele, Drogba y Essien han sido intocables. Abramovich se encaprichó con Ballack y Shevchenko y ninguno de los dos ha jugado desde el principio, ni siquiera como primeros recambios. A Mourinho le gustaban sus once pupilos desde septiembre a junio. Ni uno más ni uno menos. Y por último, a Ferguson le costó un par de años encontrar una alineación casi infalible. Con Cristiano, Rooney, el sempiterno Scholes, la revelación Nani y Rio Ferdinand, se ha acostumbrado a ganar.

Estos ejemplos refutan que la teoría de las rotaciones no es el mejor método para llegar al éxito. Que yo recuerde sólo Lotina con el Deportivo de la Coruña abusó de cambiar continuamente jugadores de campo y no le fue mal; también lo hace Caparrós con el Athletic pero este equipo está a años luz de hacer algo llamativo en nuestro fútbol. Y el colmo fue lo que hizo Manolo Jiménez en el Betis-Sevilla de la semana pasada,  cuando se atrevió a deja en el banco a Navas, Capel y Maresca. Tampoco digo que no haya que reservar jugadores pero aún no hemos entrado en octubre y los futbolistas están muy frescos. Un poco de sentido común, señores.