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Una desidia incomprensible

Domingo, 3 Marzo 2013

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La imagen de pasotismo absoluto quedó inmortalizada en el minuto 38: Messi pasa el balón a Iniesta en la medular y éste se la devuelve otra vez en cortito; el argentino sin pensárselo vuelve a cedérsela al manchego, que lo ve todo nublado y la deja en pies de Messi…así hasta ¡ocho pases! en apenas tres metros. Los jugadores del Madrid se mantienen en sus posiciones contemplando las idas y venidas del balón sin intención de acabar con el tostón. De repente, el fútbol de salón del Barça se ha esfumado como por arte de magia o, más bien, por una desidia incomprensible e inédita hasta hoy. Debían ser los azulgranas quienes usaran al Madrid como sparring para una de las batallas más bestiales que van a librar en sus episodios europeos y, lejos de reencontrar su imagen poética de siempre, han pecado de la peor de las complacencias. Y si Messi recibe infinitas reverencias por ser, sencillamente, el mejor futbolista del planeta, es justo que se le critique cuando su equipo se queda descabezado, sin un Puyol que muera en el campo enrabietado y pegando a los suyos un puñado de gritos. De la noche a la mañana al Barça le han dado tres guantazos que sus mentideros periodísticos usarán como coartada para replantear el proyecto. Y para mayor escarnio, Jordi Roura salió a la palestra con un discurso de copiar y pegar…”me quedo con la imagen que hemos dado”. Desde luego, la imagen es la peor acusación de ayer. Tito Vilanova tendrá que encontrar soluciones que no urgían cuando se fue: por de pronto, una táctica que se ha diluido como un azucarillo contra los cinturones de hormigón construidos por Madrid y Milan.

Sandro Rosell y Zubizarreta viajaron a Nueva York para visitar al entrenador azulgrana y es lógico que hayan apuntado el lístín de requisitos para la próxima temporada: Valdés ha tenido el dudoso honor de culminar el récord de trece partidos consecutivos encajando goles. No obstante, él ya no cuenta en el futuro y, por eso, el club está abocado a la necesidad perentoria de cubrir la portería. El segundo punto incide en la defensa: Dani Alves ha perdido toda esa ambición que llena el depósito del correcaminos Jordi Alba. Puede que la borrachera de éxitos haya anestesiado al brasileño, pero extraña de todos modos que a año y medio del Mundial (y más Brasil) no intente rendir hasta la extenuación. Puyol merece un homenaje en tres dimensiones y, a la vez, el Barça tiene que atar en corto al alemán Hummels del Dortmund, tal como avanzó la Cadena COPE. Tiene 24 años, puesto garantizado en la Mannschaft  y credenciales suficientes para liderar la zaga de un grande. Y, por último, al equipo lo han rociado con ácido sulfúrico a propósito del debate del ‘nueve’: Villa estaba más fuera que dentro en navidades y Alexis despierta un runrún en el Camp Nou que roza la tragicomedia. Tal como le sucedió a Patrick Kluivert en sus últimas temporadas, falla más que una escopetad de feria.

Los caprichos del fútbol o, mejor dicho, los absurdos presagios de la prensa describían un panorama apocalíptico para el Madrid cuando hace poco menos de un mes el Manchester United salía satisfecho del Bernabeu. Por entonces, los blancos habían envidado toda la temporada a dos campos puñeteros: el primero lo conquistó esta semana con una exhibición táctica monumental; Old Trafford todavía está por ver, pero los indicios mejoran hora a hora, sobre todo, después de la segunda victoria ante el Barça con el plan B de Mourinho. Por contra, al Barça le han machacado todos los caminos de rosas que terminaban en otro año triunfal: quizá la inercia aplastante en Liga le haya oxidado su instinto guerrero. El Madrid ha provocado que la vuelta ante el Milan se convierta en el epicentro del porvenir inmediato del Barcelona, porque la sombra de Guardiola todavía es demasiado alargada y eso es un marrón con el que ya contaba Tito cuando dio un paso adelante para dirigir al equipo.

Un tío diferente

Jueves, 7 Febrero 2013

Guardiola siempre le ha definido como “un futbolista que lo hace todo bien”, correcto; pero quizá sea Sixto Alfonso, el descubridor de Pedro, quien más atine: “es muy bueno no porque le sale todo, sino porque siempre sabe elegir cómo perseverar”. Me quedo con esta última. Algún día este ojeador canario, que también dio fama a David Silva, tendrá el reconocimiento que se merece. El fútbol de las islas es una cantera de niños rápidos, escurridizos y con un mimo extraordinario del balón. Pero el último y más resolutivo sigue siendo Pedro (ya jamás ‘Pedrito’), velocista, futbolista y con rol de ‘desatascador’, aunque sus estadísticas en el Barça hayan bajado durante esta temporada. Cuando todos fallan, él acierta; si a Xavi e Iniesta se les bloquea el chip inteligente, es el canario quien programa un par de destellos y adelante. Lo lleva haciendo desde que marcó su primer gol oficial con el Barça en San Mamés, en la Supercopa del 2009. Fue entonces cuando firmó su primer contrato profesional y también cuando Guardiola intuyó que su chaval valdría para algo más que cubrir suplencias coperas o minutos de la basura.

Pedro ha recuperado su excelso estado de forma, sin duda la mejor noticia para Tito Vilanova y, por supuesto, Del Bosque. Su titularidad nunca se cuestiona porque una carrera repentina por la banda o un desmarque al contraataque solucionan partidos para el Barça. No obstante, esa arrancada explosiva, con permiso de la de Messi, también es un arma muy práctica para voltear resultados desde el banquillo. Por eso, pocos jugadores en la Liga atesoran la polivalencia de Pedro. Su actual entrenador comentó durante la pasada pretemporada que Pedro pertenecía a ese “selecto grupo de La Masía que entendió con creces a los mayores”; no en vano, su estreno hollywoodiense fue, simplemente, bestial, con goles decisivos en todas las competiciones. Sin embargo, una mala temporada estuvo a punto de condenarle el último verano: el club necesitaba hacer cajas y puso al canario el cartel de transferible. Pero ni una sola queja pública: Pedro confío en sí mismo, se entrenó hasta la extenuación, como querría cualquier entrenador del mundo, y se aprovechó como nadie de ese pequeño matiz entre las pizarras de Guardiola y Tito: éste último le ha abierto al Barça las alas, por tanto, requiere extremos puros que abran el campo hasta las líneas de cal. Y, claro está, Pedro es el más idóneo de entre toda la plantilla.

“Nunca he visto a un chaval tan espabilado con y sin balón”. Sergio Busquets ya avisó hace cuatro años, cuando Pedro irrumpió en los planes de Guardiola con la misma verticalidad con la que rompe defensas. Por algo, Busi es el mejor amigo del canario dentro del vestuario y quien mejor le conoce. Pero la explicación más convincente de por qué Pedro debe jugar con la selección la ha dado el mismo Del Bosque: “aporta la agresividad defensiva que rompe con nuestro molde de jugar al pie”. Cierto, lo sabe el seleccionador y también el Barça, cuando no apuesta todo a la inspiración de Messi y el fútbol de salón. Quizás, por eso, es entendible que el tutor de quien mejor recuerdo guarda el canario en los entrenamientos sea Thierry Henry, velocidad pura…como Pedro.  

Acusado o con la flor en el trasero

Mircoles, 24 Octubre 2012

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Tito Vilanova ha comenzado a defenderse de quienes incordian en el nuevo establishment…”no es suerte, es calidad”, se justificó después de la agónica victoria ante el Celtic. Por supuesto, tiene razón porque el portero Forster colocó su muro de dos metros de altura y paró cualquier escándalo de jugada. La suerte fue que los once del Celtic no tuvieran piernas suficientes para tapar todo su área en otra demostración de catenaccio descarado. Y como controlaban las entradas y salidas del espacio aéreo, la única solución del Barça fue recurrir a su fútbol de salón en esa infinidad de combinaciones y triangulaciones que este equipo ha patentado. Sin embargo, en cada partido subyace la sombra de Guardiola, todavía demasiado alargada, y como dice José Joaquín Brotons, cuando no hay goleada, entonces Tito pasa al banquillo de los acusados; pero si el gol llega sobre la bocina, la lectura es bien simplona: el nuevo entrenador tiene una flor en el trasero. Es el chismorreo injusto con el que va a convivir toda la temporada, porque la herencia es tan pesada que si al final el Barça gana Liga, Champions y Copa, saldrán los ‘guardiolistas ilustrados’ jactándose de que el Pep arrasó con todo en un año, incluida la Supercopa que no ha ganado Tito.

La nuevo versión del Barça tiene más gracia, si cabe, que las anteriores. Las goleadas escasean en detrimento de las remontadas milagrosas, cuyos derechos de autor ostenta el Real Madrid. Quizá Tito no se haya acercado ni por asomo a la absoluta perfección de la que él fue testigo hace un par de años, pero bajo su batuta el Barcelona ha demostrado que sabe levantarse cuando está arrinconado y casi noqueado (el ejemplo de Sevilla), y Messi obsequió en Riazor la prueba más irrefutable de que un solo futbolista sí es capaz de ganar un partido. Sin embargo, las críticas son inagotables y la primera diana ha sido la defensa.

Sí, proliferan los goles en contra de Valdés porque éste no le ha cogido el tranquillo a la portería en esta temporada, y por el casting sucesivo y forzoso de centrales, sin olvidar que la condición natural de Mascherano, ya fijo en ese puesto, no está en la defensa. Lesionados Puyol y Piqué, Tito reconvirtió a Song en central y el experimento salió nefasto, pero tuvo que probarlo para averiguar el resultado. Después, las circunstancias del clásico le obligaron a usar a Adriano y éste sí sacó buena nota, aceptable. Fue entonces cuando los ‘entendidos’ recordaron al entrenador que girara la cabeza al banquillo, donde un tal Bartra veía cómo los trenes pasaban por delante de sus narices sin detenerse…hasta anoche. Bartra no había jugado antes porque Tito no lo consideró oportuno. Sabía que una enfermería tan concurrida supondría oportunidades para todos, y el canterano no iba a ser una excepción. Anoche, simplemente aplicó los conocimientos que ha aprendido en La Masía: anticipación y jugar balones, las máximas de la doctrina cruyffista para aspirantes a defensas.

La otra diana a la que apuntan los subversivos es David Villa. Ha marcado goles, pero su rendimiento dista mucho del anterior a la lesión, lógico por otra parte. Tito prefiere a Alexis porque es como el jugador boya de waterpolo: se pelea solo entre la defensa contraria, la agrieta, busca espacios; en definitiva, la vuelve loca. Para marcar goles, ya está Messi. El panorama para el asturiano pinta negruzco: sólo puede encomendarse a sus goles y, estando al lado el mejor jugador del mundo, las apuestas son mil contra uno. No obstante, la Copa y los partidos menos agresivos de Liga son suyos, así que recuperar el puesto pasa por garantizar la máxima eficacia en el menor tiempo posible. No es la primera vez que ocurre: sir Bobby Robson fichó en el 96 al argentino Pizzi del Tenerife para matar partidos y su rentabilidad goleadora fue superior a la del titular indiscutible en aquella temporada…un tal Ronaldo Nazario, entonces el mejor jugador del planeta.

 

¿Quién brilla más: Ronaldo o Messi?

Lunes, 8 Octubre 2012

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¿Quién brilla más: Ronaldo o Messi? Ésa fue la pregunta que planteó el diario tailandés Bangkok Post en su edición del domingo. En un detallado análisis a doble pagina (el poder mediático del clásico alcanza cualquier lugar del mundo), el periodista inglés John Leicester auguraba que el partido aclararía el próximo Balón de Oro. Pero lejos de utilizar la manoseada coartada de los títulos, en la que el madridista resulta vencedor como vigente campeón de Liga, Leicester se mojó opinando que Cristiano merece el reconocimiento mundial porque ‘él y sólo él’’ ha contribuído a que el Barça tenga delante al Madrid que el futbol reclamaba. Tal argumento debiera pesar más que sus estratosféricos records goleadores o la aparición del tercero en discordia, Iniesta, a quien la UEFA apartó de la carrera por el Balón de Oro con un premio de fabricación casera. Y los hechos han dado la razón al periodista británico: CR7 tiene cogida la medida al Barça y Florentino Perez ha encontrado, por fin, a su superhéroe que defiende al madridismo de su villano más perverso, Messi. Hasta hace un año, también el presidente se rendía a la evidencia del mejor jugador del planeta, pero la última ristra de clásicos revalorizó la imagen de Cristiano, a quien se le acusaba de ser despiadado con los modestos, pero que se acojonaba con el primo de Zumosol.

Los goles de Cristiano en los últimos seis clásicos consecutivos le han permitido ese lifting tan necesario que le une a Mourinho en el mismo nivel de abominación que la afición culé siento hacia ellos. Su sublime actuación de anoche le confiere ese papel de reverso tenebroso al que Messi ya se había acostumbrado y, tras lo visto, todavía no renuncia. Ambos son los mejores del mundo cuando se trata de escanearlos de arriba a abajo y, por supuesto, se deja al margen la perfección futbolística de la selección española. Sin embargo, la ventaja que ostentaba Messi, a quien tampoco sería descabellado otorgarle otro puñado de Balones de Oro, se ha esfumado este año gracias a un Cristiano que, se quiera o no, es medio Madrid o casi todo el équipo. Pero los dos son tan exageradamente buenos, que otros jugadores adelantados a su tiempo como Iniesta, Xavi o Xabi Alonso se reducen a simples teloneros cuando sus líderes invocan a los cuatro grandes (Pelé, Maradona, Di Stefano y Cruyff) para que les permitan usar sus poderes. A Messi no se le ha sometido a este juicio planetario porque ya son cinco los mejores de todos los tiempos; el portugués debe seguir haciendo méritos para igualar, primero, a su compatriota Eusebio.

Y hablando de personajes con ínfulas divinas, Mourinho ha ido convenciendo a su público de que, quizá, el famoso trivote era exagerado, pero que su idea de poner músculo en la columna vertebral de su equipo es perpetua. Y en ese cometido, a Khedira no le gana nadie; incluso imitó su venerada version de la Mannschaft que genera peligro cada vez que merodea al área contraria. No obstante, fue su amigo Özil quien necesitaba redimirse de los últimos cabreos de su entrenador. Sus alarmantes intermitencias ya no son noticia, pero su talento dejó un serial de quiebros y pases que recordaron al inolvidable Sir Stanley Matthews, ‘el mago del dribling’.

Pero el clasico pintaba más trascendental para alguien que no era ni Cristiano ni Mourinho. El Barça habia conseguido un pleno de victorias, pero la herencia de Guardiola podía convertirse en pesadilla para Tito Vilanova. Una derrota habría hecho olvidar a la opinión pública el inmaculado comienzo de temporada, porque la sombra del Madrid es demasiado alargada en Barcelona (sobre todo hoy). Y para el entrenador azulgrana, la imagen no importaba tanto como la confianza de ganar y, ya de paso, el premio de una distancia sideral de puntos. Tito aprobó con nota porque tomó dos decisiones acertadas, que de no haberlo sido se las habrían restregado hasta la saciedad: se atrevió con Adriano de central por la ausencia de centrales y la nula efectividad de Song en ese puesto, y uso el sentido común para darle a Iniesta cancha libre en la medular durante la segunda parte. Sin duda, detalles de un buen entrenador.

P.D: Es una pena que la prensa mundial rinda pleitesía a Messi y Cristiano, nuestras figuras, cuando la propia Liga no sabe (o no quiere) vender un producto del que no hay que ser ningún espabilado del marketing. En el Sudeste Asiático, donde el fútbol es el deporte por antonomasia, chinos o tailandeses consumen Premier League a granel, incluso Bundesliga, a horas no tan intempestivas como un Barça-Madrid a la una o dos de la madrugada. 

Una media hora diferente

Jueves, 30 Agosto 2012

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Samuel Eto’o nunca pensó en hacer el pasillo al Madrid campeón del 2008. El resquemor que el camerunés tenía metido en vena contra Florentino Pérez y aquellos que nunca le consideraron apto para el equipo merengue no podía acabar en reconocimiento al ganador de aquella Liga. Rendir pleitesía al enemigo al que había reivindicado su talento de estrella era una vergüenza demasiado exagerada como para aguantarla en el Bernabeu. Aquel Madrid-Barça, del que también se borró Deco forzando una quinta amarilla, se recuerda como la última vez que los blancos maniataron a su eterno rival en fútbol, ocasiones y posesión de balón.

Curiosamente, la secuencia del clásico de anoche fue calcada a la del 2008…hasta el minuto 30. El Madrid no se acogió a ese puñado de minutos en los que volatiliza cualquier duelo, sino que su propósito inicial fue sacarle las entrañas al Barça; no sólo hizo de vampiro, viviendo de chuparle la sangre a Mascherano y Piqué, sino que decidió a dar a los azulgranas su propia medicina: circular el balón por todo el césped hasta atontarles. Funcionó hasta que el Madrid se quedó sin fuelle; Mourinho preparó la vuelta de la Supercopa igual que Apollo Creed preparó a Rocky Balboa e  su combate de revancha contra Clubber Lang. En aquella película, Rocky había sido entrenado para noquear al entonces campeón en siete u ocho asaltos, de lo contrario, la pelea se habría convertido en un calvario.

Y eso que el guión de la Supercopa no podía resultar más victorioso para los blancos: iban 2-0 y Adriano en la ducha. Pero el Barça desangrado todavía se reserva una última escena en la que intenta apuñalar al ‘bueno’ por la espalda. No fue el gol de Messi lo que espabiló a su equipo sino el orgullo propio de reclamar que ellos, el Barça, tienen la patente de jugar al toque y dominar la posesión. No obstante, también ayudó la orden lanzada desde la trinchera para que los madridistas, incluidos Cristiano e Higuaín defendiesen desde su propio campo. Y, claro, cuando el Barça alarga su dominio del balón durante un rato, el Bernabeu se impacienta y el murmullo corre por los anfiteatros como la pólvora.

A Mourinho le salió la jugada hasta que se le aparecieron viejos fantasmas. Parecía ficticio que su equipo se hubiese dedicado a vacilar al Barça con el balón, claro que la broma no podía llegar más lejos. La pizarra táctica del portugués en la segunda parte fue la que siempre lleva a los clásicos: once tíos replegados a la espera de robar un balón para contraatacar con tres o cuatro pases, no más. Y en ese procedimiento, Khedira estuvo cuasi perfecto (si le llega a entrar la que se inventó) e Higuaín negado casi hasta la desesperación, sólo le salvó el gol. El argentino recuerda al Kluivert del Barcelona, generoso en el esfuerzo, gran fajador entre defensas contrarias, pero que fallaba casi tanto como una escopeta de feria.  En cambio, el panzer alemán volvió a convencer a Mourinho , si es que no lo estaba del todo, en la necesidad de colocar siempre músculo junto a Xabi Alonso. Quiere decir que o Modric u Özil, ésa va a ser la clara disyuntiva.

¿Y Fábregas? Cabreado, por supuesto. Pero debería ser natural porque Tito Vilanova le prefiere de sustituto de Xavi o, si acaso, Iniesta, y de momento la titularidad está muy cotizada. No cabe duda que tendrá sus oportunidades, pero habrá de ganárselas y en Pamplona no lo hizo. Que se fije en Pedro, quien ha reseteado la mala temporada pasada y ha vuelto de pretemporada con un físico exultante…si no, que se lo pregunten a un Marcelo algo pasado de kilos, que paradójicamente apenas ha disfrutado de vacaciones.

Lo que sigue siendo evidente es que la versión ganadora del Madrid se encomienda a una parada milagrosa de Casillas. En este caso dos: la del posible 4-1 del Camp Nou y la de Pedro de anoche. Quizás si Messi no hubiese jugado andando y tan alejado de la portería, el ‘santo’ habría sido menos santo.