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El ’siete’ en todo

Jueves, 15 Octubre 2015

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En el homenaje de Canal Plus a Raúl por los veinte años de su debut, Jorge Valdano cuenta que se reunió en las oficinas del club con Zamorano y Prosinecki para anunciarles su intención de despedirles en el verano de 1994. Instantes antes de aquella reunión, el director de la cantera merengue, Ramón Martínez, deslizó al entrenador argentino que el diamante en bruto de la vieja Ciudad Deportiva de La Castellana pretendía regresar a las categorías inferiores del Atlético de Madrid. Aquel chaval de cuerpo esmirriado no intuía ni una sola oportunidad en el equipo de los mayores, ni siquiera una palmadita de algún técnico de arriba. Ese chaval arrabalesco de piernas arqueadas había decidido, previa consulta con su padre, regresar a sus orígenes, pero no a los primigenios en la Colonia de Marconi, sino del Atleti. Valdano reaccionó como un resorte a la  noticia de Ramón Martínez y convocó al juvenil Raúl González a su despacho. “Te garantizo que en dos años acabarás jugando en el primer equipo”. Tal garantía le disuadió de volver a la acera contraria.

Raúl le debe mucho a César Menotti; indirectamente, claro. Ángel Cappa, asistente de Valdano en aquel Madrid, presume de exportar el “modelo de explotación de cantera” que inventó el maestro Menotti en el Peñarol uruguayo. Valdano no sólo moldeó el primer equipo con adquisiciones de Quinta Avenida como Laudrup o Redondo, sino que le sacó las entrañas al club, diseccionando lo que él consideraba potable en la cantera. Convocó una serie de entrenamientos extraordinarios con los chavales más talentosos de ‘La Fábrica’’ y les impartió una clase magistral sobre los valores del Madrid.

Aquel día en La Castellana acudieron Raúl González, Luis Martínez, García Calvo, Fernando Sanz, Víctor Sánchez del Amo, Sandro, Alberto Rivera, Álvaro Benito y Guti. De todos ellos, a Valdano le constaba por los informes de Del Bosque que la voracidad de Raúl era inagotable y, en letras capitales, que “cualquier categoría le quedaba pequeña”. Fue entonces cuando llegó el amistoso de Oviedo en el Carlos Tartiere y Raúl corrió de banda a banda como si no hubiera mañana, enchufado a una pila duracell. Semanas después, viajaron a Karlsruhe para otro bolo y durante el vuelo, entre libros de instituto, Cappa le dijo que mojaría esa noche. La profecía se cumplió y aquel incómodo viaje fue el más prolífico de Valdano en años (confirmado por él) porque, de repente, había encontrado la solución al ocaso de un mito, Emilio Butragueño.

Raúl devolvió al club la tan manoseada universalidad y calló a los cachondos que se reían con aquel amable viejecito que preguntaba inocentemente “¿El Madrid qué, otra vez campeón de Europa?”. Ni chutaba fuerte, ni tenía reprís, ni cabeceaba de maravilla, ni siquiera era un aventajado en el regate. Apenas importó. Se inventó la famosa cuchara en Vallecas, le salió el gol del ‘aguanís’ en Tokio y abusó de su pillería, la que le ha convertido en el personaje más mediático en tertulias periodísticas y charlas de barra de bar hasta la irrupción de José Mourinho. Hasta Luis Aragonés se hartó en una rueda de prensa del ‘Raúl sí, Raúl no’; el madridista se desmarcó como solía hacerlo en el tapete,  sin devolver fuego cruzado.

Transcurridas dos décadas y un largo debate de trincheras entre ‘raulistas’ y ‘antiraulistas’, aquel “Ferrari” patentado por Fernando Hierro perdió la aceleración de cero a cien, pero ha continuado con un motor diesel de máxima fiabilidad. Raúl sigue gustando y se deja gustar por cualquier entrenador; aconseja y escucha a los futuros ‘raúles’ de la causa madridista; pelea en Nueva York por un puesto como lo hacía en los campos de barro. En definitiva, Raúl recuerda al genial Paul Newman de La leyenda del indomable: aquel tío orgulloso que aguantaba estoicamente cualquier desafío, por muy extraterrestre que fuese. En aquella película, Newman apostó que se comía cincuenta huevos en una hora. Si Raúl hubiese anunciado su retirada para un futuro lejano, tampoco habría vacilado. Aunque nunca presumiría, sabe dónde termina su guión: Manhattan. Eterno ’siete’, el ’siete’ en todo.

El mejor es Messi; y el segundo, Messi lesionado

Jueves, 13 Agosto 2015

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“El mejor del mundo es Messi; y el segundo, Messi lesionado”. Sin trampa. Lo dijo Jorge Valdano en Mundo Deportivo durante la temporada del ‘Tata’ Martino, en la que D10S fue acribillado entre lesiones musculares y arcadas esofágicas. Todo se reducía a un bloqueo físico que le arrastraba por los campos sin reprís ni oxígeno para el ritual del zigzag explosivo. Necesitaba cambiar hábitos, empezando por los alimenticios. “La base de mi mejoría en la pista ha sido mi nueva dieta sin gluten”, confesó Novak Djokovic en una entrevista posterior a su victoria en Wimbledon del año pasado. El ‘Kun’ Agüero fue advertido por Javier Aguirre en el Atlético de Madrid que las pizzas y los litros de Coca-Cola acabarían con su prometedor carrera. El delantero del Manchester City, precisamente compañero de habitación de Messi en las concentraciones albicelestes, se tomó en serio la amenaza. Y la estrella azulgrana, amante de asados criollos y pizzas de queso, entendió que sólo la disciplina espartana en la mesa le podía devolver la jugada estratosférica del Getafe. El Messi anterior al Mundial de Brasil llegó a sospechar de sí mismo y el debate, por supuesto, llegó a la calle: ¿aceptar al nuevo Messi en un par de metros cuadrados y olvidarse para siempre de su fulminante centro gravitatorio? Su apatía en el césped no exigía un diván de psicoanálisis, sino una nutrición de élite que le facilitase el carburante necesario para recuperar la velocidad perdida. Su gol copero al Athletic esquivando un bosque de piernas ha dado la razón a Guliano Poser, el nutricionista que le ha dicho sí a la verdura, no a la pasta, sí a la fruta de temporada y no a la carnes de barbacoa.

Messi ha aprendido a dosificar su voltaje. Ya no es aquel canterano que desgastaba el pegamento de su bota izquierda para regatear hasta al utillero; ahora corre por el centro sin malgastar ni una de sus diminutas zancadas. Le sucede como al brasileño Ronaldo, que puso patas arriba al Camp Nou con una “estampida de búfalos” (Valdano dixit) que el fútbol no ha vuelto a presenciar, y años después reculó debido a esa rodilla reconstruida con un puñado de tornillos. El Ronaldo del Real Madrid esprintaba veinte o treinta metros, ya no engullía el campo de mitad hacia arriba. Le recomendaron que, aparte de los pies, jugara con la cabeza, y no sólo en sentido literal. Desde hace un tiempo, Messi es el mejor goleador y el mejor asistente. Un don tan descomunal podía valer para más cosas que perforar porterías. En el arte del regate no hay sucesor a la vista, y él mismo se ha postulado como un pasador de época. En corto o en largo, no importa cualquier balón que pone con visión 3D le mete en un debate sano en el que aparece por activa y por pasiva Michael Laudrup. Pongámonos en pie.

No admite comparación con nadie del presente. Ni siquiera Cristiano Ronaldo, que en ese ciclo de subidones y bajonazos, le toca sufrir en estos instantes. La Supercopa europea es un relleno más en su sala de trofeos que seguramente no desempolvará en la vida, pero ha dejado la enésima reverencia: Messi regatea, golea, asiste y lanza misiles inteligentes a balón parado. Su pegada no atraviesa las redes que arrancaba de cuajo Roberto Carlos, ni dibuja la trayectoria perfecta de Ronald Koeman y ni siquiera está tan envenenada como la de CR7. Sin embargo, algún misterio tiene su parábola de dentro afuera que despista a los porteros. Beto se tragó una y no vio la otra, y Courtois podrá excusarse ante una falta imposible que Messi le colocó con escuadra y cartabón en un Atlético-Barça. ¿Entonces por qué braman los argentinos contra un jugador? La respuesta la tiene Valdano: “Él solo carga a sus espaldas con la demanda entera de un país”. Y no es una hipérbole.

Kun Agüero, galáctico sin galaxia

Mircoles, 17 Junio 2015

“Es el mejor jugador en un metro cuadrado y punto. A Agüero no hay quien le gane cuando tiene que zafarse de dos o tres jugadores en un palmo de terreno, ni siquiera Messi, que necesita más recorrido para accionar sus prodigiosas quiebros”. La osadía del maestro Menotti fue repicada este miércoles por Olé, el diario deportivo con más solera de Argentina. Kun anestesió a Uruguay con un cabezazo versión Hugo Sánchez y, de paso, agitó el mercado europeo, tan huérfano de nombres galácticos este verano. Es el único nombre por el que pelearía media élite, entre ellos un Real Madrid sin una superestrella en la recámara. Sin embargo, ni Ferrán Soriano, CEO del Manchester City, ni Txiki Beguirstain, director deportivo, tendrán que obsesionarse este verano mirando sus teléfonos móviles cada cinco minutos: el blindaje que firmó el Kun hasta 2019 con su actual club le permite unas vacaciones relajadas, sin portadas de tabloides británicos apuntando al Bernabéu ni su nombre en boca de intermediarios tiburones que llaman a los clubes ofreciendo aire.

Agüero dejó de ser rebelde cuando acabó su pataleo en el Calderón. Fichó por el City seducido por un buen fajo de petrodólares y sin perder de vista la sección de chismorreos. Pero han pasado los años y Agüero no se ha movido; al contrario, es ídolo de masas en el Etihad (honor compartido con Yaya Touré) y brazo ejecutor de la ‘albiceleste’. Porque si Messi es medio Barça o casi entero, en Argentina no es tan estrella de Hollywood. El hincha argentino más pasional todavía no puede presumir de D10S; los culés sí le reverencian en los altares. Por eso y de repente, reaparece en la palestra Kun Agüero. “Cuando acabe la hegemonía de Messy y Cristiano, entraremos en los tiempos de Neymar y Agüero”, espetó Jorge Valdano en una entrevista a ESPN. Quizás los del ‘Kuncito’ llegan tarde porque sólo él y esa bola en los grilletes llena de pinchazos musculares saben cuánto tiempo podrá seguir regateando piernas en una cabina de teléfono. Como dice mi compañero Paul Tenorio, “fichar al Kun es como haber rechazado a Pamela Anderson en los 90 y decirle ahora que sí, que palante. O sea, mola…pero te perdiste lo mejor”.

Javier Aguirre defendió al Kun a capa y espada durante su pubertad rojiblanca…”Para vestir la camiseta del Atlético se necesita algo más que 18 años. He hablado con mucha gente que le entrenó en Argentina y da la sensación de que tiene posibilidades ilimitadas”. Ésa fue la respuesta del entonces entrenador rojiblanco al escepticismo de la prensa española, que no entendía por qué un fichaje de 23 millones de euros apenas jugaba un puñado de minutos cada domingo. El técnico mexicano ejerció de psicólogo con Agüero; no en vano, todavía era un adolescente al que su PVP le pesaba como una mancuerna de gimnasio. Aguirre no quería encontrarse con otro caso Robinho; es decir, un talento sin pulir con ínfulas ‘maradonianas’. Por eso, desde su llegada en el verano de 2006 el mejicano fue de cara con él y con su padre: “Kun puede aprender mucho de Fernando Torres. Le irá observando en los entrenos”. La causa común se intuía quimérica: hacer del chaval un gran futbolista y quizá, sin distracciones, engrandecer al Atlético. Precisamente, Aguirre fue testigo de la paciencia que exigía macerar a un adolescente que bebía litros de Coca-Cola, y engullía pizzas y hamburguesas como si fuera una hormigonera. Al final, el sacrificio tuvo su éxito: el entrenador colocó a Agüero en el paseo de las estrellas hollywoodiense. Ya se ha encargado él de darle brillo.

El miedo escénico que nunca llegó

Mircoles, 14 Enero 2015

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“El Bernabéu tiene que recuperar el miedo escénico”. Jorge Valdano invocó a la grada blanca en su semana más decisiva como entrenador. El Madrid debía remontar al Espanyol el 4-1 de Sarriá para no caer en la Copa del 96 y la pareja Valdano-Cappa se jugaba el finiquito de antemano. El entrenador argentino había aludido al ‘espíritu Juanito’ durante los días previos y Telemadrid, como si de un ciclo de cine se tratara, emitió reportajes a punta pala de las noches históricas europeas. Borussia Mönchengladbach, Anderlecht, Inter de Milan…los cadáveres que habían pasado por el Bernabéu hicieron correr ríos de tinta en los diarios deportivos a modo de historias del abuelo cebolleta. Y el Espanyol parecía otra víctima propicia para el éxtasis merengue. Como suele ocurrir en los amagos de heroicidad, el Madrid salió en tromba desde el pitido inicial y quiso intimidar a los pericos con Zamorano, Esnáider y un jovencísimo Raúl González Blanco. El estadio se convirtió por unos momentos en una olla a presión hasta que Jordi Lardín fue el más listo de la clase y le robó el balón a Sanchís para enmudecer al ruidoso ‘gallinero’. “No ha habido margen para intentar la remontada: Lardín nos despertó del sueño”; las palabras de Valdano fueron el epitafio que usó Lorenzo Sanz, recién nombrado presidente, para darle la patada.

Raúl siempre ha sabido cómo ganarse a su público. Una carrera suicida de cuarenta metros sin ninguna posibilidad de balón bastaba al Bernabéu para arrancarse en un estruendoso aplauso. El ‘7’ encarnaba la actitud rabiosa de Juanito porque así lo necesitaba el madridismo. Debía ser él y nadie más. Por eso, Raúl ejerció de capitán y, aún estando lesionado, ofreció una rueda de prensa para alentar al madridismo. “Suena imposible pero en este club no existe nada imposible”. El Madrid tenía que voltear el vergonzoso 6-1 copero con el que se había ensañado el Zaragoza en la ida de las semifinales coperas del 2006. La gesta parecía quimérica en cualquier escenario menos en el ‘verdadero teatro de sueños’, como lo apodó Robinho. Y por poco no acierta el brasileño: Cicinho lanzó un obús en el primer minuto a la escuadra del meta César y fue el propio Robinho quien puso patas arriba el coliseo blanco con dos tantos en cinco minutos. El Zaragoza se encontraba aturdido por tres ráfagas fulgurantes y Ronaldo, el ‘gordito’ enloqueció a la gente con el 4-0. Imposible pero cierto, las palabras de Raúl habían estimulado al vestuario, de tal manera que los blancos habían hecho los deberes demasiado rápido: quedaba un mundo de treinta minutos para remachar la madre de todas las remontadas. Fue entonces cuando el Madrid sufrió un bloque mental. El Zaragoza aguantó con autobuses, frontones y tanques rodeando a César y, desangrado por tantos goles, celebró la clasificación para la final desde la UVI.

“Pedimos perdón a todo el madridismo. Lo de Alcorcón no puede volver a ocurrir, pero lo arreglaremos”. Guti se vio obligado a hincar la rodilla como uno de los capitanes de un vestuario que nunca ha encontrado una explicación lógica. El famoso ‘Alcorconazo’ con Pellegrini en el banquillo y estrellas de la talla de Raúl, Benzema (entonces mounsieur l’empané) y Van Nistelrooy es el mayor suceso paranormal del fútbol contemporáneo. El ridículo fue tan histórico que ni siquiera Pellegrini se atrevió a mentar al miedo escénico. Había que ganar por lo civil o lo criminal a un equipo de Segunda ‘B’ porque el escudo había quedado ya bastante magullado. Pero ni mucho menos el ambiente en el Bernabéu se parecía al de las noches de Juanito, Camacho y Santillana. El partido fue un ajusticiamiento público al penoso juego del equipo y, sobre todo, al técnico chileno que esa misma noche firmaba su defunción. Otra vez el miedo escénico por los suelos.

 

 

Una bendita decisión

Jueves, 11 Septiembre 2014

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Diciembre de 1994. Míchel se rompe los ligamentos en Anoeta y al entonces técnico merengue, Jorge Valdano, se le desmonta el puzle táctico. El equipo se queda el resto de la temporada sin los centros del mítico ‘8’ y al presidente, Ramón Mendoza, le entra el enésimo tembleque: sabe que otra Liga más sin premio pondría demasiado nervioso al madridismo. La solución de cajón es cubrir el puesto de Míchel con Rafa Vázquez y el de éste en la izquierda con Amavisca; moviendo estas piezas, la ecuación acabaría con un novato llamado Raúl González Blanco en la delantera junto a Zamorano. Sin embargo, Mendoza fichó a Valdano para aplacar al Dream Team de Cruyff con dosis de buen juego (al menos, más divertido que el estilo lento y telegrafiado de Benito Floro) y, sobre todo, tomar decisiones arriesgadas. Cuatro días después, el entrenador activa el primer plan pos Míchel en el Bernabéu contra el desconocido Odense danés.

El Bernabéu se impacienta porque el Madrid no es capaz de matar la eliminatoria contra un equipo plagado de futbolistas semiprofesionales con oficios de mecánicos y panaderos. Martín Vázquez apenas desdobla por la banda derecha y la grada sospecha que la lesión de Míchel ha maldecido la banda derecha. De repente, un error de Alkorta; a continuación, otro de Nando y el Odense revienta todas las quinielas imaginables. Las reacciones pasionales de Mendoza eran bien conocidas en el mundillo: la prensa empieza a barruntar una posible destitución de Valdano. El Madrid es líder en la Liga empatado a puntos con Deportivo y Zaragoza, pero en el vestuario cala la honda sensación de que la sombra de Míchel es demasiado alargada. Esa misma semana el Madrid vence a un insípido Oviedo pero Martín Vázquez tampoco cuaja. Días después, Valdano habla con Luis Enrique a solas durante un entrenamiento sin aclarar en público el contenido de la conversación. Y el argentino, consciente de que la siguiente alineación contra el Valladolid es la comidilla de los reporteros en la vieja Ciudad Deportiva, prefiere no ensayar con el once titular.

El Madrid viaja a Zorrilla y los periódicos colocan en sus previas a Martín Vázquez en la banda maldita. Es entonces cuando el equipo salta al césped y Luis Enrique se aproxima a la línea de cal…¡de la derecha! Sorpresa a la vista: de lateral izquierdo a extremo derecho. Luis Enrique coge un balón, sortea a un defensa y 0-1. El asturiano desangra a la zaga vallisoletana todo el partido y la herida acaba con un contundente 0-5. Exactamente el mismo resultado que en el clásico del Bernabéu posterior a Navidades. Preguntado en rueda de prensa en pleno fervor por la manita conseguida, Valdano justifica la elección de Luis Enrique como una “bendita decisión. Casi lo mejor que hemos hecho desde que llegamos al club”.

Sami Khedira ha trastocado los planes de Ancelotti hasta un límite insospechado. El que marca la fatalidad de haber perdido a Xabi Alonso en un pispás; de volver a ver a Khedira postrado en una camilla y, sobre todo, de sospechar de Illarramendi, todavía hecho un flan para partidos de alta alcurnia como el derbi del sábado. Durante estos días han salido alternativas estrambóticas: Varane en una especie de ‘trivote’, Bale en el centro del campo con Modric y Kroos…todo un mar de dudas que convierten a la que hace dos semanas era la plantilla más compensada de la historia en un once dibujado con mil garabatos. En estos momentos el técnico blanco todavía estará meditando su decisión bendita. La lógica apunta a Illarramendi, el miedo a Varane y el riesgo a Bale. Valdano también se devanó los sesos y acabó acertando con la suya. 

¡Dónde va Ancelotti sin plantilla!

Jueves, 24 Julio 2014

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El maestro César Menotti solía comentar que “la preocupación del Barça es divertir mientras la del Real Madrid es ganar a toda costa”. La primera vez que se lo escuché fue cuando Joan Laporta rumiaba el despido de Frank Rijkaard por un pésimo comienzo liguero en 2003; la segunda, en pleno apogeo guardiolista que coincidió con el declive de Pellegrini en el año I de Florentino; la tercera, la noche que el Chelsea de Di Matteo oxidó en el Camp Nou el fútbol de salón del mismo Pep, y la última, instantes después de que el Madrid se liberase del peso de la historia con la ‘Décima’. Durante esta pretemporada y sin la imperiosa urgencia de reeditar el cetro europeo, el presidente blanco ha entendido que el Bernabéu necesita algo más que ganar por delante del Barcelona y, por eso, está construyendo una de las mejores plantillas que recuerda la historia blanca. Jorge Valdano dijo una vez que el “mérito” de Fabio Capello en su primer año en el Madrid fue ganarle la Liga al equipo “más compensado y competitivo que vio nunca”, aquel Barcelona de Bobby Robson que tuvo el privilegio exclusivo y mundial de contar con la versión más bestial del brasileño Ronaldo (antes de que ensanchara su silueta hasta recibir el apodo del ‘Gordito’). Ese Ronaldo se comió el mundo en una sola temporada y tan sólo su ausencia por convocatoria internacional en el último tramo de la Liga, privó al Barça de levantar todas las copas. Sin embargo, aquel Barça que mencionó Valdano no pasó el filtro de un Camp Nou que se atrevió a silbar el juego del equipo durante un 6-1 al Valladolid.

El Dream Team creó un estilo al primer toque que todavía se imparte en La Masía. Si Guardiola ha conseguido convertirse en el Platón de la escuela socrática de Cruyff, incluso superándole, el listón para el resto es, simplemente, casi un imposible. Lo fue para Tito y, por supuesto, para un ‘Tata’ Martino que aterrizó en Can Barça como un extraterrestre y sin ningún optimismo para aplicar unas ideas que, a día de hoy, el aficionado español aún desconoce; Martino llegó para no molestar, asumiendo el pacto tácito de una transición, y se ha ido también sin follones.  Michael Laudrup patentó la finura en el Barça de Cruyff y hace unas semanas soltó una reflexión en una entrevista que daría para muchas horas en una tertulia futbolera, pero de fútbol, no salsa rosa: “Luis Enrique tendrá un proyecto largo porque el Barça necesita reencontrar su estilo más que los títulos”. El danés dejó de ser una voz autorizada en Barcelona en el preciso momento en que se convirtió en tránsfuga yéndose al Madrid de Mendoza, pero sus ideas sobre el tapete verde siguen siendo cien por cien culés.

José Mourinho vino con dos obligaciones: la Copa de Europa y volver a meter al Madrid en la élite de Europa. Las bulas papales que le concedió el presidente no fueron suficientes para lo primero, pero sí para incordiar y agotar a Guardiola con una némesis de juego práctico pero aburrido. Entonces, al Madrid del nuevo Florentino parecía que le preocupaba más que el Barça entrara en barrena que inventarse a sí mismo. Mourinho se quemó y Ancelotti vino con ínfulas de “espectacularidad”. Los títulos le han salvado porque eran lo único trascendente en su primer año, pero los fichajes de este verano han cambiado el vademécum del club o, al menos, deberían. James Rodríguez ha causado un éxtasis inimaginable; ídolo de masas en Colombia, su mercadotecnia superará con creces las previsiones del departamento de marketing. Pero lejos de su capacidad de sonreír y posar con una camiseta blanca, chocolatina o bebida gaseosa, James sabe tocar la pelota, bajarla al piso como narran los argentinos y, en definitiva, jugar vistoso. Toni Kroos también, pero su fichaje no está etiquetado como ‘galáctico’.

“¡Dónde va Ancelotti sin plantilla!”, tuiteó con su habitual ironía mi compañero Juanma Rodríguez, una de las plumas más lúcidas del periodismo deportivo. Y no le falta razón: Ancelotti se encuentra con benditas problemas en todas las líneas del campo, pero la que debe emular al Circo del Sol se ha desbordado. James no era necesario en la pizarra táctica de Carletto pero su fichaje es un llamamiento el fútbol control. Cuando la grada se había acostumbrado al juego volátil, el reto del flamante Madrid es, quizá, más complicado que otra Champions: divertir en televisión. Con su estilo imperialista, el club ha decidió que no sólo quiere abusar en los mercados, también en el césped. Claro que eso es más complicado. El vestuario ya no tiene excusas cuando la prensa ataque con dudas en el juego, porque la manoseada adaptación de los nuevos (coartada número uno en este deporte) tendrá una caducidad muy corta. “Ganar machacando y respetando”, dice un directivo del club en petit comité. Por una vez, las preocupaciones del Bernabéu serán las mismas que en el Camp Nou.

El extraño caso de Gabi Milito

Viernes, 27 Diciembre 2013

Gabi Milito celebró anoche por todo lo alto su jubilación del fútbol en Avellaneda. Y como tantos otros argentinos campeones en su país, Independiente le vendió hace una década con el cartel de enésimo discípulo de Daniel Passarella, considerado por la FIFA como uno de los mejores defensas del fútbol sudamericano contemporáneo. En 2003, Jorge Valdano, entonces director general del Madrid, se fijó en él como sustituto del recién despedido Fernando Hierro. El acuerdo estuvo cerrado hasta que una mala decisión médica echó por tierra los sueños del que era considerado mejor central argentino del momento. Zaragoza, primero, y luego el Barça no encontraron ningún tornillo mal puesto en la rodilla del futbolista. El doctor merengue Alfonso del Corral, prevenido por lo que pudo ser una negligencia médica con el brasileño Ronaldo un año antes, fue tajante en el reconocimiento del argentino: “Milito no puede fichar por el Real Madrid porque esa rodilla no va a aguantar dos partidos por semana”. Valdano, cariacontecido por la opinión de los expertos, declinó ficharle.

Las opiniones de Del Corral eran sagradas en el club: con Ronaldo la evaluación exacta fue que tenía la rodilla “destrozada, pero…”; en ese momento eran las palabras que el presidente Florentino necesitaba oír, el tiempo y las estampidas del delantero sobre el césped del Bernabéu dieron la razón al doctor. Sin embargo, el Madrid no quería seguir jugando a funambulismos con Milito y las consecuencias de su no fichaje fueron desastrosas: sin Hierro en el equipo, Helguera y Pavón se las apañaron para dirigir la defensa en Liga, Champions y Copa. Ellos, más un Raúl bravo improvisado y un jovencísimo Rubén González que sufrió los peores quince minutos de su vida en Sevilla. El martirio de los centrales durante el año del galacticidio de Queiroz forzó al Madrid a remover rápido el mercado; el elegido fue el inglés Jonathan Woodgate, a quien el Newcastle no puso ningún impedimento para salir de Las Islas. Los ingleses sabían que Woody tenía fecha de caducidad o, por lo menos, no colmaría las exigencias de un club de Premier con partidos de liga, Copa y Carling Cup. Los médicos del Madrid fueron conscientes de que tenían delante otro ‘caso Milito’, pero a tenor de la gran progresión de éste en el Zaragoza, decidieron no cometer el mismo error dos veces. Del Corral y su equipo intuyó que la rotura fibrilar de Woodgate se curaría pronto; evidentemente, jamás imaginaron una recaída tan lastimosa. Woody fichó lesionado y así continuó un año entero. Su muslo izquierdo dio innumerables problemas para un central de veinte millones de euros.

Y como el fútbol es demasiado caprichoso, Milito pudo resarcirse de la falta de confianza del Madrid esa misma temporada. El Zaragoza arrebató a los blancos la tan ansiada Copa del Rey y, preguntado por los periodistas durante la celebración, Milito mandó un recado a “quienes creyeron que tenía una rodilla de juguete”. Valdano siempre se mortifica cuando le recuerdan el caso de Milito: tuvo atado a un verdadero líder, quién sabe si buen émulo del mismo Hierro, y un maldito chequeo médico tumbó cualquier expectativa. El Madrid no sólo iba a fichar a un buen central para mejorarlo, traía a un “hombre de club”, tal como le calificó el propio Valdano en aquel verano. Nunca tuvo tanta razón: anoche en la despedida de Milito en el estadio Libertadores de América una gigantesca pancarta rezaba: ‘Me hablaron de amor por la camiseta. Les hablé de Gabriel Milito’.

Valdano, pegar con guante de seda

Mircoles, 9 Octubre 2013

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Siempre es un placer escucharle porque pega con guante de seda, y, aunque ha tragado quina en los últimos tiempos de poder omnímodo en la Casa Blanca, nunca lanza misiles tomahawks. Prefiere una retórica bien adornada para defenderse. Jorge Valdano habló anoche en El partido de las 12 de su nuevo libro ‘Los once poderes del líder’ y, claro, sin buscarlo el morbo estaba servido: ¿reunía Mourinho esas virtudes? “Él no es ejemplo de este libro porque su liderato consiste en acumular poder”. Pero al público le gustan los hechos y, quizá porque se ha diluido con el tiempo, Valdano confesó que el clímax de su desencuentro fue la bronca que el ex director general echó a Pepe en el vestuario del Bernabeu después de que el portugués hubiese menospreciado a Soldado durante un Madrid-Valencia. Entonces, Pepe se lo chivó a su entrenador y Mourinho estalló de ira vetando a Valdano incluso del centro de entrenamiento de Valdebebas. Su calidad maestra de portavoz, tan aliviante para el presidente desde que entró en este mundillo allá por el año 2000, chocó de frente con las estrategias de comunicación que Mourinho pergeñaba y con las que trataba de persuadir a su plantilla. Aquella frase demoledora diciendo en Almería que “Mourinho tenía un delantero en el banquillo llamado Benzema” le sentenció para siempre.

Paradojas de la vida, el mismo que justificó el despido de Del Bosque animando a un “cambio de estilo de libro”, es hoy un defensor más en la trinchera del seleccionador nacional. Iker Casillas ha motivado una guerra entre yihadistas y ‘antiyihadistas’ en la que Valdano expone sus colores sin tapujos: “Si Casillas cometió un error, sería fuera de la cancha. Dentro no lo hubo”. Y el Madrid siempre ha sido una bomba de relojería en la que guardar secretos es un reto imposible; al fin y al cabo, para la audiencia española el morbo no es que el Madrid gane o esté en crisis, sino los trapos sucios del vestuario. “No me pareció digna la acusación a Iker”, dijo Valdano. Nadie del club, ni siquiera Mourinho, señaló al portero en público, pero, por supuesto, el argentino se sabe todos los secretos de alcoba desde el despacho presidencial hasta los trasteros de Valdebebas. Obligado por protocolo periodístico a contestar del pasado, Valdano tenía más ganas de hablar del incierto Madrid de ahora. Lejos de sus intensos circunloquios, explicó en un puñado de palabras el problema de Ancelotti: “Está buscando y se le nota mucho, En cada partido hace un cambio táctico sustancial”. La solución, blanca y en botella: su “oráculo” Xabi Alonso. Es el centro neurálgico del equipo y la afición le estima demasiado, sobre todo en un momento en el que Khedira ni defiende ni ataca e Illarramendi busca su sitio metafísico en el campo.

Mirando con perspectiva los achaques del Madrid, Valdano sabe vender sus palabras como nadie, sobre todo, cuando recurre a sus nociones de marketing: “La frase de ‘Zidanes y Pavones’ todavía no ha sido sustituida”. Y es verdad. De traer a los cuatro galácticos, se maquilló la llamada ‘clase media’ con gente incompetente como Pablo García, Gravesen o Diogo. Urge un nuevo eslogan, algo así como ‘Cartera y Cantera’ o ‘Cristiano y diez más’, uno que defina con precisión el leit motiv del club. Valdano es de esos entrenadores que aprecia el tiempo para macerar ideas, algo imposible de introducir en el club más impaciente del mundo. Por eso, fuera de antena, revela que le gusta mucho un técnico muy de moda, Jürgen Klopp. Pero no por haber inventado un equipo con pocos millones, sino por su concepto existencialista del fútbol. Diego Torres cuenta en su último libro que Klopp, durante el último parón invernal de la Bundesliga, se llevó al Dortmund a España y allí, en una conversación relajada, dijo que le encantaba el Borussia porque su trabajo duraría unos cuantos años, los suficientes para contar en la primera plantilla con chavales que ahora tienen trece o catorce años. Sin embargo, en Dortmund, al contrario que en el Madrid, no ganar no es fracasar. Uno de los grandes motivos de la grandeza blanca: esa exigencia asfixiante.

Por último, Özil. Valdano entendió su salida: “Ancelotti debió aceptar, o elegir entre Bale y Özil”. Lo compara con el fichaje de Cristiano en 2009, “nos pasó lo mismo con él y Robben”. La leve diferencia es que CR7 va camino de ser el jugador más importante de la historia merengue, con permiso de Di Stefano, y Robben estremecía a la grada con su rodilla de cristal. Quizá Valdano no atinara con la comparación. No obstante, se agradece su plática de vez en cuando.

Higuaín, el delantero del ‘casi’

Viernes, 26 Julio 2013

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El columnista David Gistau suele contar que fue testigo directo de la eclosión de Gonzalo Higuaín en un River-Boca del torneo Apertura 2006. El ‘Pipita’ marcó dos goles, uno de ellos escandaloso, y eclipsado por el acontecimiento, Gistau preguntó a sus amigos porteños qué pinta tenía ese delantero. La respuesta fue escueta: ‘Pseé’’. Blanco y en botella: Higuaín era uno más del montón. Quizá por esa sensación de mediocridad, poca gente entendió que el ex presidente Ramón Calderón pagase doce millones y medio por un delantero desconocido para el gran público y que, ni siquiera, venía con esas ínfulas maradonianas con las que los dirigentes argentinos suelen tasar a sus promesas. Tampoco ayudó que un tótem en el Bernabeu como Alfredo Di Stefano comentase un día en forma de chascarrillo que “Higuaín necesitaba varios disparos para clavar una”, respondiendo al sambenito del ‘delantero del casi’ que la grada le había encasquetado. Sin embargo, lejos de acobardarse y dejarse engullir por la exigencia imposible de un club como el Madrid, el delantero entendió a sus diecinueve años que su actitud debía ser la de los deportistas serbios que pelean y pelean hasta la extenuación por un objetivo común casi divino, la grandeza de su nación; en el caso de Higuaín, lucharía para no decepcionar a su ego ni a su padre, Jorge, también ex futbolista que sólo llegó a jugar en el Brest francés.

Pero la actitud guerrillera de Higuaín no sólo viene de sus ansias por demostrar al mundo que no es un paquete. En un día de pretemporada con Manuel Pellegrini, el entonces director general Jorge Valdano se acercó a su compatriota y le contó una anécdota que el ‘Pipita’ jamás  olvidaría, al menos, hasta su reciente salida del club. Cuando Valdano fue nombrado entrenador merengue en el verano de 1994, su ayudante Ángel Cappa y él pidieron al presidente Mendoza el fichaje de Eric Cantona para colocarle de delantero. En principio, el técnico había dejado claro que Zamorano iba a ser su “quinto delantero”, declaración de la que se arrepentiría durante la pretemporada de aquel año en Nyon. A Valdano le gustaba participar en las pachangas de sus chicos para sentir más cerca la intensidad con la que entrenaban; y de repente, en un lance, el entrenador recibió un balón y justo fue rebañado por el chileno tumbándole sobre el césped. Desde el suelo, Valdano le preguntó:”¿Siempre entrenas así o sólo cuando odias a tu entrenador?”. Aquel mensaje le llegó al alma a Bam Bam, que peleó en cada sesión como si le fuera la vida en ello.

Higuaín comprendió que su talante era precisamente el de Zamorano, el mismo que les había valido a Fabio Capello, Bernd Schuster, Pellegrini y también a Mourinho, quien nunca decidió deshacerse de él, ni siquiera el pasada verano, cuando el Paris Saint Germain estuvo a punto de preparar una oferta mareante. “Quien quiera a Higuaín, que prepare los 150 millones de su cláusula”, así zanjó el asunto un Mourinho que siempre sospechó del pasotismo de Benzema. El argentino no ha dejado de sortear obstáculos desde aquellas navidades del 2006: sus goles milagrosos del primer año en el Vicente Calderón y, sobre todo, en la agónica remontada contra el Espanyol contrastan con los malos tragos que le han ido restregando en la cara tanto la prensa como parte de la afición en forma de pitos. Uno por encima de todos: el fallo clamoroso contra el Lyon a puerta vacía en la Champions del 2010, y otros igual de trascendentes pero menos gráficos, como el disparo a boca jarro que rechazó el portero del Borussia Dortmund la noche de la ‘casi remontada’ hace dos meses.

Sí, Higuaín es el delantero del ‘casi’, el de ‘muchos goles en partidos de chichinabo’ y, así, innumerables vaciles. Pero el Madrid no ha sabido desprenderse de él ningún año, a pesar de las ganas de Florentino Pérez por fumigar cualquier vestigio de la anterior presidencia. No hay que olvidar que Pedja Mijatovic fue su único valedor para traerlo a Madrid. Sin embargo, dejando los resquemores al margen, el actual presidente tendría que agradecer a la anterior gestión su fichaje: vino como un adolescente por un puñado de millón es y se va hecho un hombre con mil heridas de guerra en la mejor operación del Madrid (37 millones que podrían ascender a 40) desde la venta de Robinho al Manchester City por 43 ‘kilos’ o la de Anelka al PSG por 30. El antiguo tesorero de River Plate, Héctor Grinberg, justificó su fichaje por el Madrid diciendo que “por seis temporadas y media a razón de doce millones, la venta de Higuaín no había sido buena, sino buenísima”. Florentino no puede sentirse más orgulloso de sí mismo.

Obús a la cantera

Mircoles, 31 Octubre 2012

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Jorge Valdano no tardó en reunirse con Del Bosque durante sus primeras semanas como entrenador del Real Madrid. Ramón Mendoza le había fichado para dinamitar el Dream Team de Cruyff y para ello, el argentino no sólo moldeó al primer equipo con adquisiciones tan deslumbrantes como Laudrup o Redondo, sino que le sacó las entrañas al club, diseccionando lo que él veía apto en la cantera. Entonces, el actual seleccionador español se encargaba de la dirección de las categorías inferiores en la vieja ciudad deportiva de La Castellana y en septiembre de 1994, al inicio del primer curso liguero de Valdano, convocó una reunión extraordinaria con los chavales más talentosos para que el propio Valdano y su ayudante Ángel Cappa les impartiesen una clase magistral sobre los valores del Madrid. Aquel día en La Castellana acudieron Raúl González, Luis Martínez, García Calvo, Fernando Sanz, Víctor Sánchez del Amo, Sandro, Alberto Rivera, Álvaro Benito y Guti. De todos ellos, a Valdano le constaba, por los informes de Del Bosque, que Raúl era un voraz goleador de 17 años al que cualquier categoría le quedaba pequeña, pero que, por encima de todos, Guti era un prodigio sobrenatural que había llamado la atención de todos sus entrenadores.

Aquella sesión no la olvidarán jamás los invitados, ni siquiera Raúl y Guti, estandartes de la cantera junto a Iker Casillas por muchos años. Han sido el ejemplo más indiscutible de que la fábrica del Madrid saca al mundo futbolistas de primer orden mundial, incluso engendra generaciones estelares como la genuina y legendaria Quinta del Buitre. Pero ayer, de un plumazo, Mourinho volatilizó el trabajo de muchos entrenadores de La Castellana y luego Valdebebas, sirviéndose de un folio. La cantera sí es prolífica; es un hecho incuestionable como indica el estupendo informe de Martí Perarnau que hoy publica MARCA: entre  2011 y 2012 un total de 112 jugadores formados en el Madrid jugaron en Primera, Segunda División o ligas extranjeras. Por tanto, ¿en qué falla el mecanismo? El Madrid ha asumido un modelo de club antagónico al del Barça cuyo leit motiv sigue siendo La Masía. Hubo una vez que Florentino Pérez esperanzó al madridismo con un lema atractivo, Zidanes y Pavones, que a la postre resultó estéril porque coincidió con el principio del ‘galacticidio’. Los últimos supervivientes de aquel descalabro fueron el mismo Pavón y Raúl Bravo, a los que Mourinho citó ayer leyendo su folio.

En una alarde de ventajismo innecesario para quien ostenta el poder omnímodo del club, Mourinho nombró canteranos de la última década que debutaron en el primer equipo para luego ser defenestrados. Indirectamente, el entrenador portugués acusó a sus antecesores de ineptitud con el equipo filial, empezando, sin mentar a nadie, por Del Bosque y siguiendo con Queiroz, Luxemburgo, Capello, Schuster y Pellegrini. Dice que su objetivo no es engordar esa infructuosa lista, pero tampoco aporta soluciones; nombra al defensa Fabinho como jugador con perspectivas optimistas (casualmente, Mou pidió expresamente su fichaje el pasado verano) cuando el Castilla resulta el equipo más goleado de Segunda; se exculpa alegando que sólo es el “manager del primer equipo”, pero José Ángel Sánchez, ejecutivo número uno en la planta noble del Bernabeu, consultó a Mourinho la continuidad de Toril antes de renovarle.

Dentro de esa obsesión por importar el modelo de club británico, Mourinho ha tenido dos años para arreglar las supuestas desviaciones del Castilla. Y como él es el capo, aunque escurra el bulto, uno de sus cometidos debe ser armonizar el fútbol de los equipos filiales. El Barça, por ejemplo, jamás podría perseverar sin un patrón único de juego en todos sus equipos. Pero el Castilla se ha ganado por méritos propios darse tortas en una división tan cruda como la Segunda y, por eso, el talento de Toril no admite sospechas. La pena es que Mourinho haya destapado la caja de los truenos, confirmando sus desavenencias con su homólogo del filial, cuando una reunión privada en Valdebebas podría haber apañado un nuevo comienzo. Bien, entonces el portugués es manager del primer equipo, pero también sigue siendo portavoz de sí mismo delante de las cámaras, más preocupado por sus aciertos personales que por garantizar esa escuela privilegiada que desde tiempos inmemoriales dejó de ser el núcleo del club. Hoy sólo importa la pasta para traer chavales de otros continentes; después, sigue prevaleciendo la pasta.