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Huntelaar, otro esparadrapo para la herida

Mircoles, 3 Diciembre 2008

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Ya está en Madrid Klaas Jan Huntelaar, el nuevo mesías de Ramón Calderón para el resto de su presidencia, que a buen seguro no durará mucho. El flamante fichaje del Real Madrid viene para ayudar a reconducir la mala trayectoria deportiva del equipo pero sinceramente, no es más que otro esparadrapo que intentará suturar la sangrante herida que sufre el Real Madrid. Huntelaar es un delantero de 25 años, procedente de la notabilísima escuela del Ajax de Amsterdam y calidad tiene para rato. El problema es que aún no se ha fogueado en una liga competitiva ni tampoco es Marco Van Basten, con el que algunos descerebrados le han querido comparar. Su último club, el propio Ajax, ha deambulado los últimos años por Holanda con más pena que gloria y está a años luz de aquel equipazo que deslumbró de la mano de Johan Cruyff o del excelente grupo de los De Boer, Kluivert, Finidi, Litmanen y Seedorf, que fue capitaneado por Luis Van Gaal.

La mejor credencial de Huntelaar es la más válida para un delantero: el gol. Es un depredador del área que remata todo y marca de cualquier manera. El inconveniente es que el Madrid no dispone de jugadores que pongan el balón en el área, así que Huntelaar tendrá que inventarse un socio que le asista. El ariete holandés ya fue pretendido por Calderón el pasado verano pero la gestión se quedó en un vano interés. Ahora, en el mercado de diciembre, que el Madrid se ha visto con malas cartas, es cuando ha apretado para traer al futbolista. Si Huntelaar ha querido venir esta semana, supongo que hace tres meses su deseo era el mismo. Entonces, ¿por qué fallo la contratación en verano? Porque se hizo mal, a última hora y corriendo. Y así no se va a ninguna parte.

La premura del fichaje de Huntelaar ha encarecido su precio. Pagar por un jugador no contrastado veinte millones de euros mas otros siete por incentivos es un auténtico pitorreo, al que se han malacostumbrado Calderón y Mijatovic. O, ¿quién no se acuerda de cómo entraron Higuaín y Gago? Huntelaar es un buen jugador que necesita madurar con un gran reto. Si se hincha a meter goles lo que queda de temporada, entonces sí que valdrá los casi treinta millones que ha pagado el Madrid por él.

Pero el fondo de la cuestión sigue siendo el mismo. El Madrid no ficha lo que quiere sino lo que le queda. El objetivo era Benzema y la respuesta ha sido Huntelaar, un sucedáneo malo del francés. El día que aterrice Benzema, si es que ocurre algún día, será porque el Madrid habrá pretendido a la estrella de turno. Y francamente, que así negocie el Real Madrid es cuanto menos desalentador.

La gran mentira de las rotaciones

Sbado, 27 Septiembre 2008

Johan Cruyff endiosó al Barça de los noventa con una alineación que pasará a la historia; Arrigo Sacchi y después Fabio Capello dirigieron una auténtica apisonadora con el Milan de Van Basten, Gullit y Rijkaard; Florentino Pérez fascinó al planeta con sus cuatro maravillas (Zidane, Figo, Ronaldo y Beckham) y Sir Alex Ferguson ha coronado al Manchester campeón de la mejor liga del mundo con un grupo  liderado por Cristiano Ronaldo. Todos estos equipos serán recordados por sus onces iniciales con sus once titulares, los que agrandaron las leyendas de sus clubes. Pero el fútbol moderno avanza vertiginosamente y la exigencia de los calendarios mina la condición física de los futbolistas, o eso es lo que aducen algunos entrenadores.

Los grandes clubes se afanan cada vez más en apuntalar sus plantillas con dos jugadores competitivos por puesto. Les gusta presumir de ello aunque la realidad no se ajuste a su presunción. Y la evidencia demuestra que Real Madrid, Barcelona, Milan, Inter, Manchester, Chelsea, etc, utilizan sus onces titulares para sus ligas y la Champions, los torneos que verdaderamente importan. Las famosas rotaciones son una engañifa que los entrenadores han querido endilgar a sus directivos. Usan a los suplentes para echar el resto en las copas  y supercopas. Si pierden estos títulos, los técnicos tienen preparada la excusa en la recámara: “Perdimos porque jugamos con suplentes”. Así que lo que se presuponía una rotación ecuánime, es decir, dar descanso a los titulares en partidos de campeonato o Liga de Campeones, se traduce en que dichos futbolistas juegan todos los encuentros importantes amén de sanciones, lesiones o convocatorias internacionales.

Desde siempre, los buenos equipos tenían una jerarquía con once que jugaban y tres o cuatro que oscilaban entre el banquillo y la titularidad en partidos menores. Ocurrió con el gran Milan de Sacchi en el que siempre jugaba la terna mágica de holandeses y los Baresi, Maldini y Costacurta; del Barça del ‘Dream Team’, Laudrup, Koeman y Stoitchkov eran los pilares junto al maestro de ceremonias Guardiola. En ese equipo, los suplentes de lujo eran Salinas, Beguiristain y Amor; en el Madrid de los ‘galácticos’, aparte de los predilectos de Florentino, los demás con Raúl al frente siempre estaban ahí, tan sólo Solari y Guti eran aprovechables del resto de la plantilla; en el Chelsea de Mourinho, Terry, Lampard, Makelele, Drogba y Essien han sido intocables. Abramovich se encaprichó con Ballack y Shevchenko y ninguno de los dos ha jugado desde el principio, ni siquiera como primeros recambios. A Mourinho le gustaban sus once pupilos desde septiembre a junio. Ni uno más ni uno menos. Y por último, a Ferguson le costó un par de años encontrar una alineación casi infalible. Con Cristiano, Rooney, el sempiterno Scholes, la revelación Nani y Rio Ferdinand, se ha acostumbrado a ganar.

Estos ejemplos refutan que la teoría de las rotaciones no es el mejor método para llegar al éxito. Que yo recuerde sólo Lotina con el Deportivo de la Coruña abusó de cambiar continuamente jugadores de campo y no le fue mal; también lo hace Caparrós con el Athletic pero este equipo está a años luz de hacer algo llamativo en nuestro fútbol. Y el colmo fue lo que hizo Manolo Jiménez en el Betis-Sevilla de la semana pasada,  cuando se atrevió a deja en el banco a Navas, Capel y Maresca. Tampoco digo que no haya que reservar jugadores pero aún no hemos entrado en octubre y los futbolistas están muy frescos. Un poco de sentido común, señores.