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El Barça de Foreman…el Barça de Ali

Martes, 9 Junio 2015

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George Foreman fue invitado por el ex presidente del Barcelona, José Luis Núñez, al palco del Camp Nou en un derbi catalán de noviembre de 1992. El club había garantizado al ‘Gran George’ un espectáculo parecido a sus combates en el MGM de Las Vegas: nada más y nada menos que presenciar en formato televisión al Dream Team de Cruyff en su momento más sublime. El Barça goleó al Espanyol por 5-0 en su enésima versión del Circo del Sol, protagonizada desde el lanzador Ronald Koeman hasta el trapecista Hristo Stoitchkov y con actuaciones estelares de un malabarista llamado Pep Guardiola y la infinita creatividad del funambulista Michael Laudrup. Justo antes de abandonar el estadio, a Foreman le preguntaron si ese soccer que había aplaudido desde su butaca se asemejaba más al del ‘Bombardero de Tejas’ (es decir, el suyo) o a la técnica acuñada por Cassius Clay de flota como una mariposa y pica como una abeja.  La respuesta del legendario boxeador no fue tan contundente como sus directos: “cualquiera vale porque sólo jugaba un equipo”.

Gerard Piqué escupió en Berlín una palabra prohibida en el vademécum de La Masía: el regusto por el CONTRAATAQUE. El Barça descubrió en la final su génesis del triplete: la estética del billar en el primer gol a la Juve y la contra escurridiza para la anestesia total. Odiando las comparaciones, Guardiola murió en la noche del Chelsea sin traicionar sus principios: toque, retoque y sobar el balón hasta desgastar su cuero. Casi siempre le valió, casi. Había un plan incomparable, el problema fue que carecía de plan B. Al Barça de este Messi (la figura de Luis Enrique ni se asoma) nunca se le catalogará en la colección ‘davinciana’. Ahí Cruyff y Pep acaparan la estantería. El flamante tricampeón es una reminiscencia del gran Pep, pero dotado de una cuchilla tan afilada como el Madrid de Mourinho. Tiqui-taca y pim, pam, pum agitados en una coctelera. El resultado es un elixir made in Barça. Y como sucede con el secreto de la Coca Cola, el fútbol necesitará tiempo para reencontrar un equipo que haya arrasado como Atila. Lo acabó haciendo en una Liga regalada por el Real Madrid y en la Champions aniquilando a los campeones de las grandes Ligas.

Xavi Hernández confesó en una entrevista en El País Semanal de diciembre que “el pasado había que olvidarlo”. Fue su respuesta a las sospechas ensordecedoras sobre Luis Enrique. Su caducidad se iba a precipitar tanto como la del Tata Martino porque ni los resultados eran explosivos, ni la sintonía con el vestuario tenía el buen rollo de Ancelotti, Mister Carletto en los círculos privados de los futbolistas merengues. La bronca de Navidades entre Leo Messi y su técnico descompuso a la plantilla, incluidos todos los familiares que escucharon el reguero de insultos que ambos se cruzaron. Los ecos de la bronca y el Madrid de las 22 victorias intuían un futuro inmediato apocalíptico: un segundo año en blanco (con todo el retintín del mundo) habría devuelto al club a la época de los horrores de Gaspart. Fue entonces cuando Luis Enrique supo abrirse a su psicólogo de cabecera y escuchar al mismo vestuario que había intentado dirigir con mano de hierro o, más bien, de chatarra. Es decir, que Messi necesitaba cariño o, al menos, la paz de los hippies: centrarse en su mundo de la pelota sin nadie que le taladrase con órdenes incómodas. Y si al mejor jugador del mundo le apetece hace diabluras, todo lo demás puede esperar. Absolutamente todo. 

Xavi Hernández y su Rumble in the jungle

Jueves, 21 Mayo 2015

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Louis Van Gaal siempre esboza una sonrisa en cada entrevista en la que cae la pregunta de rigor. ¿Es verdad que Xavi Hernández le salvó una vez del despido? “Rotundamente sí. Lo he dicho una y mil veces. Aquel gol suyo en Valladolid lo cambió todo”. Diciembre de 1998. El Barça había sufrido cuatro derrotas consecutivas y el presidente José Luis Núñez había puesto la guillotina sobre el holandés. La noche pucelana suponía el juicio final de un Van Gaal que no había logrado introducir sus métodos como a él siempre le gusta: por succión. El club le había dado un proyecto nuevo que, al menos, amagase con ser la sombra del extinto Dream Team de Cruyff. Y una de las cláusulas tácitas (no figuraba en su contrato) suponía impulsar una Masía marchita cuyo producto de la ‘Quinta de Lo Pelat’ (Iván de la Peña) había resultado defectuoso. Xavi Hernández fue el elegido aquel verano para “dotar de alma al club”, tal como reconoció Guardiola en una de sus últimas declaraciones como futbolista azulgrana. La prensa barcelonista, en sus ansias por vender futuras estrellas, consideró al bajito de Terrasa como el discípulo adelantado de Pep. Éste lo había sido de Cruyff, y de la escuela creada, la nueva promoción estaría liderada por Xavi. Sin embargo, tardó años en macerar, a pesar de que el Milan casi le convence con 19 años para que dejase el club de su vida por una más lujosa (250 millones de pesetas por temporada y chalet en residencia exclusiva) y con la tutela de mitos como Paolo Maldini.

La historia de Xavi y sus maneras de Von Karajan datan su año 0 en la Eurocopa de Viena. O, mejor dicho, con aquel diálogo entre Luis Aragonés y su confidente Jesús Paredes, en el que el ‘Sabio de Hortaleza’ honró su apodo diciendo que la selección española jugaría a lo que quisiera Xavi. Entre las eternas discusiones de barra de bar, Iniesta aparece como el jugador más decisivo de la historia de España y Xavi el más importante de sin discusión. Años después y sin nada que demostrar, a esa diminuta CPU no le molestó que Luis Enrique le convenciese seguir como segundo plato. Su azotea sigue siendo tan privilegiada como la de Rafa Nadal, y su reto durante estos dos últimos años ha sido acabar con las malas lenguas o, hablando en plata, jubilar a sus jubiladores. En Balaídos instruyó un máster acelerado de balón durante el puñado de minutos que tomó la batuta. Rafinha tiene mucho potencial, y demasiado que aprender; Xavi ha sido hasta hoy su vademécum del perfecto centrocampista. Lo saben en la Academia catarí Aspire, que perdió un maestro como Raúl González, pero que lo va a sustituir por otro Einstein del fútbol. Porque a cualquier entrenador que se le pregunte, dirá sin pestañear que madridista y azulgrana (amigos personales, por cierto) son los más espabilados que ha dado el fútbol contemporáneo. Raúl tuvo que pelear contra aquel murmullo molesto de la calle que insinuaba que ‘nunca hacía nada’; Xavi no ha sufrido esa losa tan injusta. Venerado por el Camp Nou, es una cuestión de orgullo propio, como el Muhammad Alí pasado en años que volvió al ring para retar al púgil que más pegaba entonces. Alí preguntó a quién había que noquear para volver a ser considerado el mejor de todos los tiempos, Cuando le dijeron que George Foreman era el boxeador del momento, entonces espetó: “¡Traédmelo, que le daré una paliza!”.

Xavi también ha disfrutado de su particular Rumble in the jungle. Los pases imposibles y su visión en cuatro dimensiones envejecen con la edad, pero nunca desaparecen. Y Sergio Busquets lo sabe, por eso a veces miraba de reojo al banquillo esperando la entrada del mesías al que poder entregar el paquete, que éste ya se encargaba de entregárselo en bandeja a Messi. Frans Hoek, ex preparador de porteros de la selección holandesa en el pasado Mundial de Brasil, habla un perfecto español de sus tiempos en Can Barça con Van Gaal: “Si hubiéramos estado más rápido, Louis habría intentado persuadir a Xavi para que viniese a Old Trafford”. Y quizá esa tentadora oferta le habría hecho replantearse su amor incondicional por el Barça.  Steve Gerrard, otra leyenda que ha remado contra su jubilación, siempre lo ha tenido claro: “Hay buenos centrocampistas, otros más completos, están los top y luego Xavi Hernández”. José Mourinho se reunión con Raúl días antes de su adiós para conocer sus intenciones de primera mano y, si acaso, buscarle un resquicio para evitar su salida. No lo consiguió. Con Xavi todo ha sido más fácil: las toneladas de orgullo tragado, sin un mal gesto ni una rajada pública, le han dado un rato más de balón.

Xavi, Giggs…mitos que se sacrifican

Lunes, 29 Septiembre 2014

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Ryan Giggs pidió consejo a Sir Alex Ferguson sobre una oferta millonaria de Estados Unidos. El Cosmos de Nueva York quería relanzar la fama que le dio Pelé en la década de los setenta y propuso a Giggs, de entonces 36 años, finiquitar su carrera en una liga de fogueo. En el verano de 2010 Giggs ya no era titular indiscutible para Ferguson, pero seguía ejerciendo de consejero espiritual en el vestuario de Old Trafford. “Eres como un mito en este club y la decisión es tuya. Pero si te quedas, seguirás siendo referente”; ésa fue la respuesta textual del técnico escocés, según el Daily Mail.  Giggs ya era todo un veterano de guerra y su frescura no era la misma que la del pipiolo que reclutó Fergie para su bautismo de fuego contra el Everton en marzo de 1991. Aceptara o no la oferta del Cosmos, la afición le seguiría rindiendo pleitesía por sus casi veinte años de incombustible servicio. Su competidor natural, el coreano Park, tenía más velocidad y, sobre todo, rapidez de piernas en aquel inolvidable zigzag que patentó Giggs en la banda de Old Trafford; sin embargo, Ferguson apostilló su charla con el galés  (siempre según el Mail) recordándole que “cerebros como el suyo no los tenía en la plantilla”.

Nunca hemos sabido si aquella conversación motivó a Giggs para seguir renovando año a año con el club de sus amores. Lo que sí comprobó todo el mundo fue la conversión del extremo galés en centrocampista organizador: velocidad por cerebro, la nueva virtud del casi cuarentón. Xavi Hernández ha reconocido delante del micrófono que le bastó una conversación con Luis Enrique para pensárselo dos veces. Catar le había  seducido con petrodólares y Estados Unidos con una liga de genios medio retirados. Incluso, él había mandado sms a su gente anunciando su despedida, pero ofertas insuficientes o la persuasión definitiva de Luis Enrique le retuvieron en Can Barça. En una entrevista reciente con Fiebre Maldini, Xavi reconoció que su nuevo entrenador le da el mismo feeling que Guardiola al principio de su primer año. Callado sin armar follón, Xavi siente que su segunda juventud pasa por competir tanto como decida el técnico. Esta temporada no sentirá las piernas pesadas como si arrastrara grilletes ni se le nublarán las ideas porque, a priori, va a jugar con cuentagotas. De momento, el mito calienta banquillo sin rechistar y, por eso, el barcelonismo le aplaude su sacrificio a la mínima que Luis Enrique le ha colocado en el expositor.

El Barça echó de menos a Xavi en Málaga a pesar de la tozudez de Luis Enrique, del que huelga decir que morirá con sus ideas. Y ese mismo equipo bailó al Granada al son del que ha sido (y lo será por décadas) mejor centrocampista de nuestra historia. Quizá vuelva al banquillo en Paris para ejercer de revulsivo o como mera comparsa, pero el lujo de tenerle en la banda esperando rascar minutos como cualquier canterano se sale del estereotipo de estrella mimada. Bien por Xavi, al que algunos seguidores de ‘La Roja’ le tomen ya por una reliquia. Juegue o no, el cerebro del gran Barça sigue maquinando jugadas por amor propio o al servicio de su majestad: el Barça, su club. “Jugar otra vez noventa minutos. Me quedo con eso”, parece que el capitán se exige a sí mismo muy poco: error. Es el punto de partida de una leyenda reciclada que pelea a contrarreloj contra el mismísimo tiempo. Y al igual que la afición del Manchester United, la azulgrana también entiende de mitos que se sacrifican y no sacrificados con permanentes juicios públicos. Pero eso es otra historia.

Guardiola nunca se fue

Lunes, 10 Marzo 2014

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“Del més que un club, el Barcelona ha pasado a ser un club más como otros”. Es una de las grandes reflexiones del fin de semana y para encontrarla hay que irse a Francia, donde Christophe Dugarry, comentarista estrella de Canal Plus Francia, analiza a su ex equipo partido a partido. Ya ni siquiera la prensa barcelonista intenta consolar al gran público porque todos coinciden en el apocalipsis de este ciclo; sin ir más lejos, Lluis Mascaró escribió con contundencia en su contraportada dominical del Sport: ‘Fin de ciclo’. El estado de desánimo recuerda al fin de Frank Rijkaard, sólo que entonces la opinión pública mandó al cadalso a varios personajes acusados de culpables, empezando por el propio entrenador y seguido del trío caprichoso Ronaldinho, Eto’o y Deco. La guerra de egos destruyó a un equipo predestinado a ganar un puñado de Champions. Hoy, el Barça vuelve a desvencijarse sin un vestuario en llamas. “Tarde o temprano debía llegar este momento”, dice Josép María Minguella, conocedor de la mayoría de secretos de alcoba en ese club. El Barça no es ninguna excepción: el Ajax de Johan Cruyff se tambaleó con la salida de su mito; el gran Milan de Sacchi (y Capello) naufragó desde la derrota contra el Ajax en la Champions del 95 y el Madrid más universal pecó de galacticidio. Es la ley del fútbol y al barcelonismo le consta.

Pero el Barça sigue siendo excepcional en su raíz de origen, no la centenaria sino la que motivó Rinus Michels, primero, y Cruyff, después. El fútbol contemporáneo se rige por las leyes del resultado y el botín de títulos acumulados basta en todos los clubes salvo el azulgrana. Gane o no Champions, Copa o, incluso, Liga, la conclusión será igualmente unánime: la necesidad de resetear una plantilla ahíta de éxitos. Y como las comparaciones son tan odiosas como inevitables, el Madrid fichó a Mourinho con el único cometido de ganar a cualquier precio, mientras que Guardiola abandonó el club de sus amores dejando una advertencia: las victorias no importan tanto como el estilo. Y aunque sea una afirmación demagógica (cualquier culé preferiría una Champions estilo Chelsea de Di Matteo a dos o tres temporadas de espectáculo baldío), prensa, afición y el propio club han inventado un universo paralelo donde el buen gusto debe primar sobre todas las cosas. En esta dimensión ha aparecido el ‘Tata’ Martino como un ente extraño que cogió el Barça por accidente y a quien no se le ha exigido descubrir la pólvora sino motivar a sus jugadores para intentar un último año bestial antes de la catarsis de jugadores.

Y aunque el “talento permanece pero la edad no perdona”, como suele decir Jose Mari Bakero, testigo directo del final de Cruyff en el banquillo, los ‘Picasso’ patentados por el Barça seguirán pintándose con la misma brocha pero diferentes pintores. Es el fruto de la impotencia y, en consecuencia, de pataletas infantiles como Xavi y sus eternas quejas contra los pastos de vacas, o la fe ciega que proclama Dani Alves después de cada derrota. La causa apunta a la falta de actitud, de salir en Zorrilla con las mismas ganas de una noche de Champions. Y en ese achaque falla hasta Leo Messi. Por eso, el próximo clásico del Bernabéu sí pinta a otro partido del siglo: el que decidirá si la apuesta de Ancelotti es la guadaña que necesitaba Florentino para destripar al eterno rival o, en cambio, si el Barça todavía alegra a su gente cuando le apetece. Suceda el 1, X o 2, el caos institucional derivado en el césped borrará cualquier vestigio de Rosell y, por ende, su antecesor Joan Laporta. Sin embargo, aún con el amanecer de un nuevo Barcelona, la misma efigie seguirá ondeando en las gradas del Camp Nou: Pep Guardiola.

Barça atrofiado

Lunes, 2 Diciembre 2013

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“Ya no es un equipazo, es un equipo al alcance de muchos”. Breve y conciso, el periodista Miguel Rico resumió la atrofia del Barçelona. Si la prensa catalana había descrito la derrota en Amsterdam como catastrófica, el patinazo de San Mamés promete un buen puñado de mamporros contra el ‘Tata’ Martino. Los resultados le mantienen, aun con Atlético y Madrid al acecho, pero las sospechas iniciales del ‘tiqui taca’ han degenerado en una nebulosa demasiado espesa, tanto como la que sufrió Ancelotti hace apenas un mes. El propio Martino anunció en la víspera que el Athletic suponía la prueba del algodón y el resultado ha acabado muy negruzco. Por supuesto, este pesimismo no existiría de haber sentenciado el Barça en una primera parte de buen juego pero sin chicha (sólo un disparo). Así lo entendió el técnico argentino y así actuó en consecuencia; el problema es que tuvo el arrojo de profanar a los mitos: primero, Xavi Hernández, y después, Iniesta. Cambios dudosos y tardíos.

Martino cometió su primera incongruencia este fin de semana. De “firmar una sola derrota en otros veinte partidos” a sugerir en San Mamés a los enviados especiales que “sólo miraban el resultado”. Huele a sacudida más vehemente que inteligente. El ‘Tata’ intenta desviar todos los proyectiles que lanza la prensa y, a su favor, es entendible que no le dé para preparar a la vez un plan táctico en el césped y otro de contención ante la opinión pública. Él no tiene la culpa que le ficharan a contrarreloj; sin embargo, le pagan para mejorar lo mejorable, valga la redundancia, y ahí está fallando. No es casualidad que los futbolistas que jugaron con España  en la última Confederaciones estén con la reserva puesta: Xavi fue el mejor de este país durante un porrón de años pero su ordenador central necesita constante refrigeración; Iniesta intenta pintar ‘Picassos’ pasados sin suerte; Busquets genera el gran problema de ser tan único que no tiene sustituto y la defensa se ha averiado con Piqué en el limbo y Mascherano olvidando las nociones básicas de un defensa.

La baja de Messi ha descuajeringado al equipo, incluso para un Neymar que aún no puede asumir galones de general. Y eso que el brasileño es la única alegría que asoma por Can Barça, porque cuando coge el balón algo pasa. Por eso, se lo rifaron Barça, Madrid y algún club más. La buena noticia es que las derrotas tienen un colchón todavía muy mullido, la mala es que este juego de sensaciones (Valdano dixit) deja a los azulgranas como los villanos y a los dos equipos madrileños como nuevos héroes de la Liga. Un pequeño matiz que escribió Diego Torres en twitter: “Con Martino las dificultades se convirtieron en conflictos. Con Ancelotti los conflictos se convirtieron en oportunidades”. Y si el argentino no imita a su colega merengue, seguirá atrapado en la misma película bélica: Tora, Tora, Tora. O sea, el ‘Tata’ acribillado unánimemente por la prensa. 

El secreto es divertirse

Lunes, 14 Enero 2013

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George Foreman, uno de los grandes campeones mundiales de todos los tiempos, fue invitado por el ex presidente del Barcelona José Luis Núñez al palco del Camp Nou en un derbi catalán de noviembre de 1992. El espectáculo estaba garantizado dado que el ‘Gran George’ iba a ser testigo del Dream Team de Cruyff en su máximo apogeo. El Barça goleó al Espanyol por 5-0 en una versión sublime de jugadas al primer toque trenzadas desde Koeman hasta Stoitchkov pasando por el sutil tacto de Guardiola y la infinita creatividad de Laudrup. Instantes después de la exhibición,y antes de abandonar el estadio, a Foreman le preguntaron si el fútbol que acababa de presenciar se asemejaba más al del ‘Bombardero de Tejas’, es decir, el suyo, o a la técnica acuñada por Cassius Clay de flota como una mariposa y pica como una abeja.  La respuesta de Foreman no fue tan contundente como sus directos: “cualquiera vale porque sólo jugaba un equipo”.

Dos décadas después, el balón sigue siendo patrimonio incalculable de un Barcelona que ha tocado todas las versiones del juego con balón. Si en aquel partido, los azulgranas rizaron la elegancia con escrúpulo para acabar cualquier jugada al primer toque; anoche el formato de pases continuos y precisos hasta marear al rival alcanzó su máxima expresión. Ahora todos saben por qué Cesc apretó lo inhumano hasta fichar por el Barça: con ningún grupo se iba a divertir tanto. Ya no es que Xavi e Iniesta formen una simbiosis exagerada, sino que junto a Messi, el propio Cesc e incluso Busquets, forman otro equipo dentro del once titular. Cada uno en lo suyo: Busquets intermedia entre la zaga y estos genios, al tiempo que les garantiza el equilibrio defensivo; Xavi sigue funcionando como una cpu registrando pases que ayuden al resto; a Iniesta cada vez se le piden jugadas más imposibles y su virtuosismo todavía no ha tocado techo, y Messi simplemente es Messi. No obstante, aún hoy hay cierta prensa que se atreve a sugerir que este fútbol aburre por su lentitud, que los tres zancadas con las que el Madrid machaba a los rivales tenían más gracia. Quizá sí, es opinable, pero desde luego no durante esta temporada.

Sin embargo, la mejor noticia no es la inspiración de ese puñado de alquimistas (odas como la de Málaga aún quedan unas cuantas) , sino que la vulnerabilidad defensiva de este Barça se ha acabado cuando Piqué recobró la forma que había perdido el año pasado con Guardiola. En su ausencia y con las intermitencias de Puyol, Tito había probado demasiados experimentos (quién no recuerda a Song y Adriano de centrales). Hoy, con el consentimiento del gran capitán,  Mascherano ya es un fijo como central y tal será su posición por los siglos de los siglos…o hasta que una ausencia de Busquets por causa mayor demande su presencia delante de la retaguardia. Y es obvio que el subidón moral que inyecta a un vestuario ganarlo todo ha contagiado incluso a Dani Alves, igual de incisivo que siempre pero mirando por el retrovisor para no dejar un desierto por su lateral derecho. Todo funciona en este Barça 55 de 57  que sólo juega para ser recordado con poemas y epopeyas. Atrás quedaron el ruido ensordecedor de Mourinho, los invectivas del receloso Joan Laporta y las supuestas tramas arbitrales; hoy sólo importa el entretenimiento, o sea, pasar un rato divertido y punto. Lo que debería pretender cualquier equipo de fútbol.

Balón de Oro o balón trampa

Viernes, 26 Octubre 2012

Xavi rebotó la pregunta trampa con la misma habilidad con la que calibra los pases en el campo…”¿A quién votaría para el Balón de Oro? Ése marrón se lo dejo a Iker, que es quien vota”. Las entrevistas a los flamantes ganadores del premio Príncipe de Asturias guardaban el morbo para la cuestión de marras: ¿por qué Casillas votará primero a Sergio Ramos, después a Cristiano y por último a Xavi? El portero, al que la experiencia le permite no caer en renuncios, despejó con fuerza la respuesta esquiva de su amigo azulgrana: “todavía no he anunciado mi votación. Cuando lo haga, la gente estará o no de acuerdo, pero es mi opinión”. Su decisión no ayudará a ganar ligas o la ansiada Décima, pero la ausencia de un guiño a Cristiano en una de las votaciones más ajustadas de la historia del galardón ha escocido entre la guardia pretoriana de Mourinho. Los votos son personales y la elección de Ramos no es, para nada, chirriante; no en vano, el central madridista fue uno de los mejores de la Eurocopa y, junto al propio Iker, Cristiano y Xabi, entra dentro del grupo de esenciales para que el Madrid funcione bien, a pesar de que Mou le haya castigado por supuestas faltas de actitud. 

La campaña para que Cristiano gane el Balón de Oro la activó él mismo en la pasada pretemporada. Preguntado por el prolijo asunto en una entrevista para la ESPN, el portugués pidió que se hiciera justicia. A partir de aquellas declaraciones, el madridismo entendió que la liga arrebatada a Messi serviría como coartada para la entronización de su estrella. No sólo eso: un cuarto premio para Messi olería demasiado, más cuando el argentino no ha ganado títulos relevantes en 2012. Pero la obsesión de Cristiano ha sido sazonada, cómo no, por Mourinho, quien tampoco ha disimulado su fe ciega en la cruzada de CR7. “Es imposible que Messi gane cuatro Balones de Oro y Cristiano sólo uno”, espetó The Special One en Portugal pocos días después de renunciar a un candidato preferido.

Y en medio de la causa portuguesa, Xavi tiene toda la razón: a Casillas le ha caído el marrón de adherirse al núcleo duro y estanco de su propio vestuario o generar recelos entre las huestes mourinhistas. Sin embargo, los antecedentes le protegen: el año pasado votó a Cristiano en primera posición y a Mourinho como mejor entrenador. El periodista Fernando Burgos adelantó esta semana que esta vez Casillas preferirá a Del Bosque por delante de su entrenador. El seleccionador no supondrá ningún problema porque el hito de la selección española no admite ni una sospecha en la opinión pública, incluida la de Barcelona. Pero la fijación de Cristiano por ser el número uno trasciende más allá de la Décima o un puñado de ligas. Y, ciertamente, el poder omnímodo de Mourinho en el Madrid da la sensación popular de que, o te alineas con sus creencias, o eres un alienígena.

“Salid a jugar como sabéis”

Viernes, 24 Agosto 2012

Si a Tito Vilanova le preocupaba mimar el legado de Guardiola, el barcelonismo puede vivir tranquilo; es más, debe disfrutarlo porque la propuesta artística no ha cambiado, si acaso ha sido matizada. Pero con Iniesta impartiendo cursos de fútbol para altos coeficientes intelectuales, la sombra de cualquier entrenador es intrascendente. Al nuevo entrenador azulgrana le pasa como a Del Bosque durante el apogeo blanco de los Zidane, Figo y Ronaldo: basta una perogrullada como “salid a jugar como sabéis” para estimular a un vestuario. Porque los banquillos pasan de una mano a otra, pero Busquets sigue amortiguando los ataques enemigos; Xavi ha aprendido a dejar hibernando su ordenador central en momentos innecesarios, y el manchego, como Casillas, quizá tenga que recurrir al Circo del Sol para que le den un dichoso (o maldito) Balón de Oro.

La hoja de ruta azulgrana no olvida a Guardiola, por supuesto, pero Vilanova ha apostado por sus preferencias tácticas, las que siempre ha creído: su pizarra no contempla apelotonamientos en el centro; le gustan los extremos porque dan mayor perspectiva al ataque. Sin embargo, no son los típicos que suben la banda y alcanzan la línea de cal para centrar al área; no, Pedro recibe en la banda y cuando el regate es imposible, se viene adentro, allí donde Messi, Iniesta y Xavi combinan y triangulan hasta el atontamiento.

No obstante, mientras Tito deja rienda suelta a la imaginación de su equipo, el Madrid se rige por la autoridad faraónica de Mourinho.. .y si el portugués ordena levantar una cámara acorazada en su propio campo, ya puede el Barça jugar con extremos modernos o soltarle la correa a Messi: el resultado es nulo. Y eso que el Madrid se delató rápidamente: Mou contempló el partido como lo que es, una eliminatoria que siempre se resuelve en la vuelta, anoche gracias a otra intervención milagrosa de Casillas y una cagada monumental de su colega Valdés. Y aunque el suplente de la selección ostenta un manejo considerable del balón (como cualquier portero instruido en La Masia bajo la doctrina Cruyff), de vez en cuando enseña el lado oscuro, precisamente por cantadas con los pies.

El Madrid se montó su propia película en la primera parte y, aún siendo antagónica con el decálogo del buen madridista , le funcionó. Quizás no tenía que haber variado el sistema, debió pensar Mourinho en el instante que Xavi marcó el 3-1 casi fatídico. Pero la metamorfosis del equipo, obligada por Mourinho, ha convertido al Madrid de los clásicos en un vampiro que vive de chuparle la sangre a su eterno rival (cita genial de Roberto Palomar en El Partido de las 12). Y mientras Cristiano sólo aparezca para saciar su instinto depredador, los blancos no caerán en la lona, como mucho, perderán a los puntos.

La fe de Di María deja al Bernabéu con ganas de remontada, pero pone en un brete a Mourinho: ¿Saldrá hermético en su propio estadio o se irá descaradamente a por la yugular del Barça? Será la comidilla de los mentideros periodísticos (y de los bares con Marca y As) hasta que llegue el próximo miércoles. ¡Ah!, Paco González lo insinuó con convicción y la verdad es que tiene razón: otro de los triunfadores de la noche fue Luka Modric, porque un centrocampista con tan buen gusto de balón debería tener hueco a la vera de Xabi Alonso. Por desgracia, Khedira se ha vuelto a poner el corsé (no sabemos si por dictamen de su entrenador) y aquella versión horneada por Joachim Low en la Eurocopa se ha desvanecido. Si Mourinho les dijese aquello de “salid a jugar como sabéis”….

Esperando otro fusilamiento

Jueves, 19 Abril 2012

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Ochenta por ciento de posesión, pero ganó el equipo al que le abrasaba el balón; veinticuatro disparos, pero fue Drogba quien enganchó uno por sorpresa; 740 pases correctos de 900 posibles, y el Chelsea se metió en el área de Valdés en apenas tres toques….estadísticas demasiado contundentes que evidencian un mal día del Barcelona. Porque si Messi continúa con su mal fario en Londres significa que a los azulgranas les faltó pegada, esa virtud de la que abusa el Madrid aún cuando no juega bien. Gustavo Poyet, ex futbolista del Chelsea y amigo íntimo del entrenador Di Matteo, lo intuyó desde un principio: “Hablé con el entrenador del Chelsea hace una semana y podría adivinar cómo le jugará al Barça”, espetó entre risas en El partido de las 12 de COPE. Su indirecta delataba que jugarían con un cerrojazo blindado y a la espera de que cayese en gracia algún ataque. Y a tenor de lo visto en Stamford Bridge, el planteamiento de Mourinho en la semifinal Barça-Inter del 2010 podría ser una broma comparado a lo que prepara el Chelsea. El Barça no debe rallarse la cabeza: sin traicionar un ápice su esencia, podrá probar a Cech otra vez e intentar hacerle menos internacional de lo que fue anoche.

Tan sólo un matiz: Messi y Xavi abusaron de ataques frontales y apenas buscaron a Dani Alves en sus desdobles o a Iniesta inclinado en la izquierda. Porque aparte de Messi, el manchego era quien más expectativas de peligro creaba con el balón; la pena es que no asumiese galones más relevantes. Pero al Barça no le van los faroles: se mete hasta el área contraria con ese fútbol de salón que cuadra a base de infinitos pases de metro a metro y pulsa el botón de disparar casi a bocajarro. Da la sensación (por sacarle algún ‘pero’) que le falta un Cristiano Ronaldo o cualquier lanzador expeditivo que no se lo piense en el momento de soltar un zurriagazo de treinta o cuarenta metros. No obstante, la gracia del fútbol español es contar con dos estilos tan antagónicos y efectivos a la vez.

El Chelsea ha sido testigo de que alguna vez se alinean todos los planetas del sistema solar contra el Barça y que no basta con jugar hasta hartarse. Pero si Di Matteo propone otro suicidio semejante, la probabilidad no engaña: Cech se puede plantar en un fusilamiento total de más de cincuenta disparos. Claro que los blues tienen poco que perder: no todos son capaces de forzar al Barça a tope de revoluciones y eso es de agradecer. Porque el asedio que van a plantear los azulgranas pinta descomunal, aunque el Chelsea de Di Matteo se sienta como un cerdo en el barro en su cometido de despejar balones. Y de nada valdrá el consuelo de Guardiola argumentando que para él “la temporada está ganada” si el Barça no juega la final de Munich…quizás este Barça sea el único capacitado para levantar un buen puñado de Champions en tan poco tiempo. Sin embargo, 1-0 adverso y a esperar la vuelta.

Renovaciones

Mircoles, 14 Marzo 2012

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A vueltas con la renovación de Guardiola, Leo Messi fue preguntado si la piedra angular en este Barça era él o su entrenador. Casi sonrojado, la estrella azulgrana no vaciló en responder que Pep ha inventado esta realidad tan gloriosa. Los jugadores, al menos quienes pasaron la adolescencia en La Masía,  le consideran una especie de amanuense de Johan Cruyff, que ha copiado al dedillo el decálogo triunfal que hace más de veinte años ideó el holandés. Quizás, ni el propio Cruyff imaginó que la aventura de Guardiola alcanzaría su cénit de manera tan vertiginosa, más si cabe, cuando le subieron de rango sin experiencia alguna y con un vestuario en plena descomposición por una batalla de egos irreversiblemente fatídica. Entonces, el nuevo míster reseteó una plantilla ahíta de títulos que se había perdido en la vanidad y que él vivió desde el pedestal inferior del filial. Ese miedo lo intuye Guardiola con su propia creación, pues seguir motivando a un equipo cuasi perfecto para que sólo se dedique a divertirse en el campo resulta tan difícil como animar a Michael Phelps a que intente batir en los Juegos de Londres sus ocho oros de Pekín 2008.

Xavi Hernández tampoco contempla una nueva versión del club sin Guardiola. El capitán y Messi son las voces prescriptoras que explican por dónde van los tiros; el entrenador sabe que sendos mensajes le garantizan el poder omnímodo de una plantilla en la que sólo ellos tienen patente de corso: Messi porque sencillamente es el mejor futbolista jamás inventado y la efigie de Xavi siempre recuerda que el Barça es més que un club. Las dudas de Guardiola, como las de Mourinho, han provocado que el periodismo deportivo juegue más a especular que a hablar de fútbol. La razón es obvia: nosotros, los periodistas, tanto en Madrid como en Barcelona, hemos pintado un fresco apocalíptico en el que parece que sin Guardiola ni Mourinho los dos grandes dejarían de existir. El barcelonista ha creado una saga inigualable con un estilo que ni siquiera será mal copiado, como sí lo intentaron con el gran Milan de Arrigo Sacchi. Y, evidentemente, un Barça sin su entrenador tendría que aceptar una transición arriesgada en la que todo lo que sucediese nunca podría ser mejor. Pero siempre con el mismo libro de estilo, eso es impepinable.

La incertidumbre de Mourinho es muy diferente. Si continúa, el Madrid seguirá hecho a su medida por la única obsesión de arramblar con títulos. Florentino le nombró plenipotenciario y el club trabaja en todas las áreas a su imagen y semejanza; no cabe otra manera de trabajar porque es la primera cláusula en cualquier contrato que exige Mou. Pero el Madrid de ahora, el más fuerte de los últimos tiempos, todavía no ha reflexionado si pretende convertirse en una dinastía: la pretensión es la ‘Décima’, y siendo más trascendental, quitarle al Barça cuantas más copas mejor. Si Mourinho decide virar su rumbo, entonces el Madrid se encontrará de golpe con un problema de reconocimiento: en Madrid no hay una biblia sagrada, ni siquiera una hoja de ruta bocetada en un papel. Cada temporada depende del entrenador de turno y de las estrellas mundiales que revolucionen la mercadotecnia del momento. No obstante, al Madrid le favorece la insultante edad de su equipo: Cristiano, Benzema, Higuaín, Özil…, precisamente, estos jugadores han acoplado su talento al fútbol espídico de su entrenador. Así que no hay razón para que el club se aproveche del legado de Mourinho, aunque éste lo recuerde por lo bien que luciría en sus credenciales.