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El paraíso madrileño de Perú se llama Astrid & Gastón

24 Junio 2008 por Isabel-Gil

Ya ha cumplido su primer año y el peruano Astrid & Gastón se ha convertido en una referencia gastronómica madrileña. Ayer disfruté de una agradable comida de trabajo en este restaurante y, como había conversación para rato, nos pedimos su menú degustación, con nueve platos (tres horas). Sólo puedo decir que la calidad es altísima y el local, tranquilo y muy cuidado. Eso sí, se paga con creces (alrededor de 75 euros el menú) y fue una pena no poder tomar de aperitivo un pisco sour, la bebida típica peruana, pero es demasiado fuerte para tener una larga tarde por delante.

Os cuento el menú. Como primeros platos nos pusieron un ceviche clásico de corvina (con leche de tigre al ají limo y cebollas moradas) increíble, muy fresco; seguido de un tiradito de vieiras, otra de las especialidades de la cocina peruana junto con el ceviche, que deshacía en la boca, acompañado de una salsa exquisita, también de leche de tigre. Cantidades pequeñas, pero justas ya que quedaban cuatro platos y dos postres.

Pasamos a su típica causa limeña antigua, es decir, papa prensada, aderezada con limón y aceite y rellena, en esta ocasión de escabeche limeño y cubierta por un boquerón. Sabrosísima y en su punto estaba la brocheta de pulpo a la parrilla con marinado de miso y emulsión de yuca (anticuchos de pulpo nikkei). ¡Quiero volverlo a probar!

Como platos fuertes -hay que reconocer que las tres que compartíamos mesa empezábamos a estar bastante satisfechas- un antiguo guiso limeño de pollo de corral (ají de gallina), con queso, nueces y papas y aji amarillo, que le daba el toque picante. Y un asado a la parrilla tierno, acompañado de una salsa jugosa.

Tras este homenaje, llegó el postre, para mi gusto lo más flojo de todo el menú. Un granizado (de chicha morada) con piña y espuma de pisco y un plato compuesto por helado de café, una trufa de chocolate y miel y un dulce de tres leches (una especie de mousse con crema de leche, condensada y evaporada).

En definitiva, sólo puedo decir que estoy deseando volver. Eso sí, esta vez intentaré que no sea de trabajo para poder disfrutar de los pisco sour. Y si el servicio podría poner algún pero al restaurante, tampoco, aunque cuesta entenderles por su acento. Sólo (y por quejarme) nos sacaron un zumo de tomate preparado que pedimos en el aperitivo a mitad de comida… demasiado tarde. Espero que no se lo cobraran.

Astrid & Gastón
Dirección: Paseo de la Castellana, 13
Teléfono: 91 702 62 62
Cierra sábados mediodía y domingos
Precio medio: 70 euros

Acercarse al cielo

15 Junio 2008 por Isabel-Gil

Aunque hasta ahora el tiempo haya dado poca tregua, la pasada semana la lluvia respetó los cócteles que algunas firmas de inversión tenían preparados en una de las mejores terrazas de Madrid, el Penhouse del Hotel Me. Sin duda, el espacio más glamouroso y romántico para contemplar Madrid. Situado en la parte superior del hotel, esta terraza está diseñada para apreciar la cara más bonita de la capital, ajena a atascos, estrés y a todo lo relacionado con el bullicio de una gran ciudad. Por estas razones, y por ser el sitio de moda, The Penhouse es la terraza más demandada para celebrar cualquier evento.

Así que en un mismo día, una gestora ofrecía al mediodía un cóctel, y por la noche, otra daba una especie de cena. Está claro que en esta terraza lo de menos es la comida. Platos con pinchos de pollo caramelizados y de ternera, croquetas tan calientes que era complicado saber de qué eran, galletas de foie o la versión más moderna de las gambas en gabardina fueron los platos elegidos para este aperitivo. Las bebidas, un poco de todo, refrescos, cervezas y vinos. Y para el momento dulce, pequeños bizcochos y brownies, que debido al sol, se hacían complicados al paladar. Pero como les digo, no es necesario más en un ambiente como éste.

Por las noches, le recomiendo que vaya a disfrutar de una copa a este ático (Barceló con coca coca 10 euros). Es perfecto para un plan tranquilo y romántico. Los cócteles son su especialidad, aunque se suben de precio. Además, hasta las doce de la noche puede pedir algo de comer (¡cuidado con los precios!) y los domingos ofrecen un brunch. Eso sí, si tiene pensado ir, deje en casa las zapatillas de deporte porque no están permitidas.

En los cócteles de mediodía que ofrecen las entidades hay que destacar dos versiones. Por un lado, los que mantienen el arraigo al buen jamón, queso y los fritos de toda la vida, que también suelen ir acompañados de un tinto clásico Rioja o Ribera, y los que innovan con tempuras y todo lo relacionado con la nouvelle cocine, donde el cava es la bebida principal. Dentro del primer grupo, la gran banca española es el máximo exponente de la línea tradicional y, además, hay que reconocer que es la cocina que cuenta con más devotos dentro del mundo periodístico (el otro día un financiero decía en The Penthouse, “me voy a comer que si no hay fritos no hay comida…”), mientras que las firmas extranjeras son más partidarias de la innovación.

¿Han oído hablar de los canaperos? En todos estos encuentros siempre hay personas que nada tienen que ver con la profesión periodística, que no están invitados a estos actos, pero que consiguen enterarse y colarse en estas convocatorias. Se les distingue a distancia, se suelen colocar en una de las esquinas estratégicas, no hablan con nadie y sólo se dedican a comer y beber. Es la profesión de canapero, de la que ya se conocen a algunas de sus caras, y son unos fijos a estos eventos.

The Penthouse (Hotel Me)
Dirección: Plaza de Santa Ana, 14
No cierra. De 21:00 h. a 2:00 h. de lunes a miércoles, de 21:00 a 3:30 h. de jueves a sábado; y de 13:00 a 2:00 el domingo.
Precio medio: Una copa o cóctel alrededor de 15 euros.

Agradable japonés en manos españolas

10 Junio 2008 por Isabel-Gil

Cuando vas a un chino, lo más normal es ver a chinos al frente del local, y cuando vas a un japonés, a japoneses. Pero esta regla no es de aplicación general. Hay varias excepciones, que son las mejores. En Madrid, Kabuki, el mejor restaurante japonés, está en manos del español Ricardo Sanz, y al que hoy nos referimos, 19 Sushi Bar, también. Su dueño, Pedro de León, ofrece buena comida japonesa, pero sin intentar camuflar que estamos en Madrid. El resultado, bueno, igual la factura que pagamos. Estábamos cuatro y todos los platos fueron a compartir.

Comenzamos con una deliciosa ensalada de Wakame (algas japonesas) y sésamo. Toda una novedad porque hasta ese momento no había probado estas algas y reconozco que me sorprendieron gratamente. Seguimos con una tempura de langostinos tigre carnosos, un sushi de pez mantequilla, uno de sus clásicos, el sof shell crac roll… vamos, un rollo con cangrejo de concha fina frito (lo que menos disfruté) y un tartar de atún macerado, exquisito y, sobre todo, fresco).

Grata sorpresa también la carta de vinos. Tras muchas dudas nos dejamos aconsejar un blanco Gramona Sauvignon, todo un lujo pero que pagamos bien, a 27 euros. Y, además, dos cervezas japonesas Kirin.

No contentos con este buen menú, terminamos con un postre muy japonés. Dos helados, uno de té verde y otro de alubias rojas. Éste último, un curioso descubrimiento. Y una tarta de chocolate y jengibre que aportaba muy poco.

Y todo esto a un módico precio de 111 euros entre cuatro personas… vamos, que no llega ni a los 30 euros. Eso sí, de vino sólo nos tomamos una botella.

Del local poco he comentado. Un sitio agradable y casual con unos camareros de los que ¡ojalá aprendieran muchos restaurantes! Todo amabilidad. ¡Ah! nos invitaron a tres rondas de sake (licor japonés de de arroz fermentado), una de ellas de caliente. Curioso. En definitiva, un sitio para ir con amigos, cenar bien y estar a gusto. ¿Qué más se puede pedir?

19 Sushi Bar
Dirección: Salud, 19
Teléfono: 91 524 05 71
Cierra domingos y sábados mediodía
Precio medio: 30-35 euros

¿Y qué pasa con quien mezcla espumas con huevos fritos?

2 Junio 2008 por Isabel-Gil

Con la resaca del debate entre la cocina tradicional y experimental o, lo que es lo mismo, entre Santamaría y Adriá, ¿qué pasa con los restaurantes que están a medio camino? EDULIS es uno de ellos, aunque con tintes mucho más cercanos a la tradición que al laboratorio. Eso sí, también tira de experimento, sobre todo para cuadrar unas seis mesas y dos baños en un espacio tan pequeño. ¡Suerte que existen las puertas correderas!

En serio, este restaurante escondido en una calle cercana a la intersección entre Serrano y Príncipe de Vergara se centra en una cocina clásica, pero con toques modernos. Para muestra la recomendación que nos hizo Luca Rodi (uno de los dos socios del local): los huevos escalfados con boletus edulis salteados y espuma de patata y trufa. ¡Impresionante! Ésta es la mejor demostración de que los polos opuestos se atraen: una moderna espuma y los clásicos huevos. El toque de trufa, todo un acierto.

Además, compartimos las flores de calabacín en tempura rellenas de gambas, puerros y queso. Aquí, una vez más, se agradeció la recomendación, pero esta vez por las cantidades. Según la carta son cuatro las que vienen por ración, pero nos recomendaron reducirlas a la mitad. Todo un acierto, las flores también. Y además señal de que lo primordial no es vender sino que el comensal se quede a gusto.

De segundo, un steak tartar de solomillo de ternera con mousse de mostaza a las finas hierbas, que, como su propio nombre dice, estaba muy condimentado, y un buen atún rojo aunque quizá un poco pasado de su punto (para los que nos gusta casi sin hacer, claro). De postre, una exquisita tarta fina de manzana, que hay que pedir al comenzar de la cena porque lleva su tiempo la preparación.

La principal modernidad de Edulis llegó con la carta de vinos. Un buen resumen de una buena parte de las denominaciones españolas, original y variada. Y nos decidimos por un monovarietal de garnacha de Calatayud. Un Cruz de Piedra de 2005, de precio bastante ajustado (20 euros) y todo un descubrimiento. Sobre todo, fácil de beber. En general, los precios de los vinos destacan por tirar a la baja, algo lógico si se tiene en cuenta que aceptan que el cliente lleve su propio vino por el que le cobran seis euros de descorche.

Otro buen detalle, pedimos agua al final de la cena. Sacaron una botella de litro que no nos cobraron. Todo este menú y atenciones, con un servicio de pan y aperitivo (un buen salmorejo para abrir boca) por 4 euros, a un módico precio de cien euros. Además, también puede optar por su menú degustación, que rondaba entre 40 y 45 euros.

Aunque no fue una comida ni cena de trabajo (pero sí que compartí mantel con un amigo de la profesión), creo que puede ser un lugar de primera para un almuerzo de este tipo. Y es que, a pesar de ser pequeño (¡ponga el móvil en silencio!), su buena decoración no permite los ataques de claustrofobia y sí el desconectar y disfrutar.

Edulis
Dirección: Trueba y Fernández 16
Teléfono: 91 220 75 19
Cierra domingos y lunes
Precio medio: 40-45 euros

Casa Toribio, una comida con sabor taurino

26 Mayo 2008 por Isabel-Gil

Aprovechando el ambiente de la feria taurina madrileña, toca una buena comida en los restaurantes o casa de comidas) más castizos de las Ventas. La oferta es variada pero si hay uno con pedigrí es Casa Toribio, que tiene la exclusividad de poder cocinar el rabo de toro que sale de Las Ventas, así como el de otras más de 70 plazas españolas. Y, además, le gusta contarlo a los cuatro vientos, mostrando el contrato taurino en la televisión de la parte principal del restaurante. Pues aquí fui a comer con uno de los profesionales de las finanzas, además de amigo.

Eso sí, dejamos para otra ocasión el rabo de toro, demasiado contundente para la tarde taurina que nos esperaba. En su lugar pedimos para compartir un salpicón de huevo duro y bogavante gustoso y unos exquisitos perrechicos salteados con jamón. Aunque ya le queda poco a la temporada de estas setas, estaban sabrosas. Y es que tampoco necesitan mucha preparación para ser un auténtico manjar. Basta con un buen jamón y aceite de primera. Tras estos dos aciertos, pasamos a una merluza en su punto, aunque en cantidad excesiva.

La elección del vino fue más complicada. No por escasa variedad o calidad, sino por precio. Una vez más, Casa Toribio es buen ejemplo de los precios abusivos que nos hacen sufrir los restaurantes con sus cartas de vinos. La media de precio no bajaba de los 30-35 euros y hay en determinados vinos que no se puede consentir. Al final nos pedimos un Viña Ardanza que no bajaba de estos precios. Rico y buen compañero mesa, pero se vende caro.
Y llegó el postre, todo un lujo: unas cerezas de Huesca, grandes, carnosas y sabrosas. Y es que ya ha comenzado su temporada. No les sé decir lo que nos costó la comida, pero mi compañero de mesa la calificó de “carita”.

Un detalle: si van con tiempo, un buen sitio para tomar el aperitivo es el Rincón de Jerez (C/Rufino Blanco, 5), sus paredes cubiertas de míticas imágenes taurinas te hacen entrar en faena. Y ya, si puede ir por la noche, a las once en punto entonan la Salve rociera. Aunque tampoco necesita una dirección concreta para respirar el ambiente taurino, todos los alrededores de las Ventas tienen su encanto especial. Si va con tiempo, descubra su propia ruta.

Casa Toribio
Dirección: Cardenal Belluga, 14
Teléfono: 91 355 90 20
No cierra
Precio medio: 35-40 euros

Cuando la comida prevalece sobre el ambiente… Casa Marco

20 Mayo 2008 por Isabel-Gil

Por lo general, cuando se busca un restaurante para una comida de trabajo se suele cuidar mucho la elección del ambiente. Incluso, puede tener más peso un local vestido a la última, aunque su comida no valga el dineral que se paga, que otro donde la comida es de lo mejor pero su atuendo no es el apropiado para estas citas. Por esta razón, es poco frecuente recalar en un italiano cuya entrada está más cerca de parecer un bar de barrio que de lo que de verdad se trata, una de las mejores (por no decir la mejor) trattorias madrileñas. Y aunque sea un sitio incómodo, por su falta de sitio, la visita es obligada. ¿Qué se come? Sobre todo pasta, aunque también tienen fama sus berenjenas y carpaccios (sobre todo el de pez espada).

En la comida del otro día éramos tres y fuimos comedidas en la elección. Después de un aperitivo de tres pizzas (tamaño reducido) bastante secas, compartimos ensalada caprichosa con panceta crujiente buena pero nada especial. Eso sí, la panceta era de primera. Y de segundo, tres platos de pasta. Unos clásicos spaghettis alle volgole veraci (espaguetis con almejas) en su punto y con una almejas de tamaño considerable, unos raviolis de requesón y espinacas con tomate y pesto (ravioli di ricotta e spinaci con pomodoro e pesto) y medallones de pasta fresca rellenos de boletus (medaglioni di pasta fresca ripieni di fungí porcini). Este ultimo plato con una inesperada salsa de tomate que quitaba el sabor a los boletus. No obstante, los medallones, de quitarse el sombrero. Y de beber… agua, que estábamos de guardia. Sin embargo, la carta está repleta de referencias italianas, tanto blancos como tintos y espumosos, y algunas españolas sin interés.

Además, Casa Marco cuenta con un menú del día, que te permite probar algunos de sus platos estrella, como los tagliatelle con pesto genovese o la lasaña de berenjena. En total, tres primeros y tres segundos con bebida, postre y café, por quince euros. Una buena oportunidad.

En total, la comida del otro día salió por 70 euros, aunque hay que tener en cuenta que el vino se cambió por coca cola y agua.

Casa Marco
Dirección: Gaztambide, 8
Teléfono: 91 543 20 69
Cierra domingos y lunes por la noche
Precio medio: entre 30 y 35 euros

Pequeños caprichos londinenses

15 Mayo 2008 por Isabel-Gil

Hoy toca viajar hasta Londres. Mi compañera Agustina estuvo la pasada semana por trabajo y quiere proponeros algunas direcciones. Os la paso.

Lo mejor de los viajes de trabajo es que ponen a tu alcance pequeños lujos que, de otra manera, estarían vetados para cualquier trabajador medio. Hace poco tuve la oportunidad de visitar Londres de la mano de la gestora de fondos Morley, y la verdad es que fue un viaje de ensueño. El plato fuerte fue una increíble cena que se sirvió en la Torre Blanca, dentro del fortín de la Torre de Londres, con un beefeater ejerciendo de maestro de ceremonias. Después de un pequeño cóctel en el patio de armas (lo más destacable, unas miniaturas de camembert con miel exquisitas y unas pequeñas tostas de roastbeef con trigueros), cenamos perdiz estofada con setas y patatas y de postre merengues con crema de limón y frutos rojos. Ya me he agenciado la receta, por supuesto.

Pero dado lo complicado que debe ser conseguir que te dejen cenar en el orgullo patrio de Inglaterra, aquí van un par de ideas para los que viajen fugazmente a Londres, se hospeden en la City y tengan la suerte de contar con buen tiempo (con el cambio climático no es imposible, yo me encontré veinticinco grados y un sol de justicia). Un buen paseo podría comenzar a media tarde, en las inmediaciones de la Torre de Londres. Justo enfrente de la enorme tienda de souvenirs de estética medieval que preside el complejo, y a la orilla del río, hay una terraza con un pequeño puesto de madera. Es ideal para merendar, ya que mientras saboreas un té inglés con pasteles puedes asistir al espectáculo de la apertura del Tower Bridge y disfrutar de la brisa y del ambiente que se respira cerca del río. ¿Un consejo? Sería un crimen pasar por ahí y perderse las tartaletas de frambuesas silvestres o los muffins de chocolate.

Si seguís de paseo hasta el Millenium Bridge y pasáis por la puerta de la catedral de St Pauls, hay un lugar muy cercano desde el que podéis disfrutar de un atardecer inolvidable y recibir a la noche como se merece. En la azotea del edificio donde Morley tiene sus oficinas (Nº1 Poultry), hay un bar-café-restaurante llamado Le Coq D’Argent. Es un pequeño Edén en la tierra, ya que no sólo tiene dos zonas de mesas rodeadas de flores, sino que además gran parte de la azotea tiene césped natural, y resulta muy curioso ver a los ejecutivos trajeados tumbados al sol, disfrutando de una copa de vino. Porque lo mejor de Le Coq es su amplia selección de vinos.

Para terminar, la City no se caracteriza por tener bares que cierren especialmente tarde, pero si os apetecen unas copas, lo mejor es que vayáis a Cooper’s Row. Además de contar con algunas tabernas y terrazas bastante acogedoras, si pensáis estar por la zona más allá de las 12, una buena opción es ir al Grange City Hotel (8-14 Cooper’s Row). Allí, en su bar lounge ‘Isis’ os servirán hasta bastante tarde. Y al parecer no es necesario estar hospedado.

Estas son sólo tres de las miles de caras del corazón financiero de Europa, así que si viajáis allí, no dudéis en investigar y degustar todo lo que os sea posible. La vida es corta, pero ancha.

Una cena a la riojana

12 Mayo 2008 por Isabel-Gil

Aunque esta vez no era por motivos de trabajo sino de placer, hace unas semanas visité con dos grandes amigos uno de los dos restaurantes de cocina riojana de Madrid, Algarabía. La explicación de esta elección es sencilla, soy de allí y la tierra tira, pese a reconocer que era escéptica con lo que me podía encontrar. Apenas 10 mesas en un salón pequeño y recargado, pero no por eso acogedor y romántico, que a mis compañeros de mesa les recordaba a los tradicionales restaurantes berlineses; y un ambiente de andar por casa, sobre todo por el trato de una de las dos hermanas que regentan el local (la otra está al frente de los fogones) al resto de los clientes, que bien podían ser amigos de toda la vida. A pesar de dar la sensación de que su entorno no está demasiado cuidado, los detalles son importantes y cuidados; las copas de vino, por ejemplo, son las clásicas de borgoña, más anchas de lo normal aunque la boca es estrecha. No me convencieron, prefiero las que representa a la denominación de origen Rioja, aunque creo que soy de las pocas a las que le gustan.

La carta, corta pero contundente, pura y dura comida tradicional riojana. Para comenzar, rollitos de carne, de los que podríamos haber prescindido, y unos espárragos frescos con huevos, especialidad de la casa y con toda la razón. Un plato sencillo pero excelente, sobre todo por la materia prima. Y de segundo, compartimos un balacao a la riojana en su punto, sobre todo de sal, chumarro (carne asada) con cebolla caramelizada y cordero desmenuzado y acompañado por la clásica fritada riojana (pimiento verde con tomate). Una mezcla muy rica ésta última aunque su presentación no entra demasiado bien por los ojos. De todo, sin lugar a dudas, lo mejor los espárragos y el cordero. Y para acompañar semejante festín, el vino de la casa, un crianza evidentemente de la tierra, rico y fácil de beber, tanto que dimos buena cuenta de dos botellas. Se trata de Monasterio de Yuso, de las Bodegas David Moreno, de Badarán (Rioja Alta), a 17 euros cada una.

Y para terminar, postres con poco arraigo autóctono: lámina crujiente de chocolota con frambuesa, pan perdido con una deliciosa crema inglesa y copa de manzana con toffee (el único que sonaba a riojano por eso de los caramelos de la Viuda de Solano). Eché en falta un buen arroz con leche. Pagamos unos 52 euros por cabeza, muy buen precio si se tiene en cuenta el menú, el vino y los cafés (¡doce euros los tres!), además de unas cervezas de aperitivo. Un sitio auténticamente riojano, hasta por el trato abierto de sus propietarias, pese a que en algunos momentos pudo llegar a ser un poco recargado, como el local. Lo mejor, la compañía. Si le ha convencido y quiere ir, le recomiendo que reserve.

Algarabía
Dirección: Calle de la Unión, 8
Teléfono: 91 542 41 31
Cierra sábado mediodía y domingo
Precio medio: Entre 35 y 40 euros

Un menú cerrado y sencillo en el Casino

5 Mayo 2008 por Isabel-Gil

Es práctica habitual que las gestoras extranjeras organicen sus comidas de trabajo con los periodistas en los principales hoteles madrileños, como el Palace, Ritz o InterContinental. A esta oferta hotelera también se suma el Casino de Madrid, donde las firmas suelen elegir uno de sus salones, no el restaurante La Terraza del Casino, ya que el menú degustación que ofrece Paco Roncero es demasiado extenso y llamativo para un almuerzo de trabajo.

Hace dos semanas invitó una de estas gestoras extranjeras. Para el almuerzo nos convocó en el salón Prado del Casino, con un menú cerrado (práctica habitual) con ciertas pinceladas asiáticas, ya que lo que quería contar la firma estaba ligado con aquel continente. Comenzamos con unos crujientes y suaves rollitos vietnamitas, para seguir con un solomillo de buey en civet al momento, tierno y que ofrecía la contundencia que no tenían los rollitos. Todo esto acompañado de un buen Viñas del Vero Chardonnay. De postre, un gratinado de chocolate, peras y toffé suave y fácil de comer, que acompañaba a la perfección con un extraordinario moscatel Laudate Dominum. Además, café de Colombia con la clásica teja almendrada.

En definitiva, un ambiente agradable en un edificio clásico para un buen y rápido menú, aunque se queda corto si se compara con las posibilidades que ofrece La Terraza del Casino, del que otro día hablaremos con más detenimiento ya que su calidad lo merece. En esta ocasión no les puedo hablar del precio porque la gestora invitaba. Como detalles, no se puede fumar y para los chicos es obligatorio llevar traje.

El Casino
Dirección: Alcalá 15
Teléfono: 915 32 12 75

La vida pasa, Sacha permanece

30 Abril 2008 por Isabel-Gil

La pasada semana elegí para una cena con un compañero de profesión el mítico Sacha. Ya me había tocado ir a comer con algún representante del mundo de las finanzas, pero no conocía su ambiente de noche. Son dos espacios distintos, aunque lo principal, la comida, sigue siendo igual de increíble. Escondido al final de en un callejón en la madrileña calle de Juan Ramón Jiménez, cuando entras en este bistrot, que ya cumple 37 años, sientes que estás en un sitio especial, poco habitual en la oferta gastronómica madrileña. Luz tenue para un espacio pequeño y muy acogedor, lleno total y eso que era principio de semana, y unas mesas vestidas a la perfección, con mantelería de hilo, fina vajilla, exquisita cubertería tradicional y el brillo de una vela azul. Como aperitivo mientras decidíamos que cenar, una cervezas con almendritas. Y la carta, escueta pero no por eso contundente.

Nos decidimos por compartir los platos. De entradas, unas impresionantes zamburiñas al horno (una de las marcas de la casa) y la fina falsa lasaña de erizos, puro manjar. Para seguir, una caldeirada de raya, en su punto, otra de sus especialidades. No incluimos en nuestra elección uno de sus grandes, las ostras escabechadas, que en otras ocasiones he comido y que es complicado definir lo que se siente al probarlas. Lo peor de la noche, la elección del vino. Pedimos un tinto Pétalos del Bierzo, que aunque estaba bueno (me gusta mucho, sobre todo por su relación calidad / precio, unos 20 euros) no pegaba tanto a la cena como un blanco o un cava. Y de postre, unas copas de oporto y café. El servicio de mesa, muy correcto, incluso demasiado, llegando a ser de trato un poco seco, supongo que por falta de confianza. De todas formas, nada que pudiera estropear la magnifica velada que ofrece un restaurante de esta altura, con una factura que rondó los 105 euros.

En definitiva, Sacha es visita obligada y segura en Madrid, con la garantía que ofrece que Sacha Hormaechea esté al frente de este bristot familiar. Si es para comer, podrá ver a caras conocidas del mundo económico y si es para cenar, la clientela es más anónima. Cuenta con una de las terrazas más solicitadas en verano, se puede fumar y es imprescindible reservar con antelación.

Sacha
Dirección: Juan Hurtado de Mendoza, 11 (entrada por la parte trasera en Juan Ramón Jiménez)
Teléfono: 91 345 59 52
Cierra domingos y festivos, Semana Santa y agosto
Precio medio: Entre 50 y 55 euros