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Mamá, no quiero ser pívot

Si analizamos un partido de hace 15 años con uno de los que se juegan en la actualidad saltan a la vista varias diferencias reseñables. En mi opinión, los físicos se han definido, se juega a una mayor velocidad que descubre mayores carencias técnicas, se pasa menos y peor y hay más jugadores con capacidad para lanzar de 3 puntos, pero para mí la diferencia fundamental es la cada vez menor influencia del juego de los pívots en situaciones cercanas al aro

Sería interesante estudiar por qué hemos llegado a este proceso donde cada vez encontramos menos jugadores con verdaderos recursos técnicos en el poste bajo hasta el punto de estar en proceso de extinción elementos técnicos como el gancho (quién más lo utiliza es Papadopulos, que hasta tiene físico de jugador de otra época) y por qué los equipos recurren menos a jugar con los pívots en situaciones cercanas al aro.

Creo que la respuesta hay que buscarla en el trabajo que realizamos los entrenadores de formación. Soy un firme defensor de que el método con jugadores jóvenes debe ir orientado a que sean lo más completos posibles y que tenemos que huir de las especializaciones hasta las etapas finales de su formación. Pero como todas las ideas cuando se llevan al extremo, también tienen su lado perverso, y el resultado que tenemos es que casi todos los jugadores grandes tienen más facilidad para lanzar de tres que para jugar con solvencia en situaciones cercanas a la canasta. De esta forma, cada vez encontramos estructuras de juego con menos posibilidades interiores y jugadores de 2,10 poniendo bloqueos sin parar durante todo el partido porque no representan una verdadera amenaza cerca del aro.

Hace unos años, un compañero que entrenaba un equipo junior,  preocupado por la escasa presencia de sus jugadores interiores en la “pintura” se reunió con sus pívots y les planteó que sólo podrían lanzar un triple cada vez que capturaran tres rebotes ofensivos. Un reto restrictivo pero realmente formativo y es que, a veces, alguna puerta no le viene mal al campo.

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Una respuesta a “Mamá, no quiero ser pívot”

  1. Lux dice:

    Qué razón tienes!

    Antes, si de pequeño eras el más alto, sólo jugabas de pívot (mi caso) y cuando llegabas a categorías mayores te tenías que buscar la vida para jugar de otra manera.

    Hoy, está claro que hay que enseñar a un jugador de siete pies a botar y a tirar para ser amenaza exterior, pero también a jugar interior. Mira cuanto daño hace que haya un pívot dominante como Vujnic ayer, que hace que el equipo juegue mucho más cómodo con esa referencia. Con facilidad para tirar, etc.

    Y yo aun diría más, los aleros grandes no sólo es que no quieran entrar a la pintura, donde harían muchíssimo daño en el rebote de ataque o jugando al poste, es que sólo se dedican a tirar. Claro ejemplo sería Jasaitis.

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