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Pívots, pívots, pívots

Hizo bien España en revelarse ante lo que estaba sucediendo en el campo. Si el partido hubiera transcurrido como los diez primeros minutos, nuestra selección hubiera empezado a tirar por la borda parte del prestigio acumulado en los últimos tiempos.

El demoledor parcial de 83 a 25 en los últimos 30 minutos del partido puso las cosas en su sitio y dio sentido al principal objetivo que debían buscar los nuestros en el partido, la recuperación de sensaciones positivas para afrontar de la mejor manera el momento decisivo de la competición.

Es difícil valorar este tipo de encuentros entre rivales de tan distinta entidad pero los antecedentes de España en los Juegos Olímpicos hacían necesario que todos nos reencontráramos con la mejor versión del combinado de Aíto García Reneses que, habilmente, hizo múltiples guiños a sus jugadores más necesitados de autoestima durante todo el encuentro.

Ahora llega Croacia, y eso será otra historia. El equipo balcánico es el paradigma de la irregularidad pero tiene talento de sobra para complicar enormemente el partido a España. España es muy superior en el juego interior, donde los Gasol y Reyes se antojan demasiado poderosos para el, aún tierno Barac y el todoterreno Banic (una debilidad personal). La clave, por tanto, será que nuestros jugadores exteriores muestren un mayor grado de estabilidad de la mostrada hasta el momento y sean capaces de limitar la capacidad en el juego uno contra uno de los Popovic, Ukic, Planinic y Tomas.

Además, creo que España debe echar un ojo a cómo Argentina logró sacar literalmente del campo a los croatas. Los argentinos que, junto a los griegos, van poquito a poco alcanzando su mejor nivel a medida que se acerca la fase decisiva del campeonato llevaron el partido a un terreno muy físico y castigaron sin remedio a los croatas en situaciones cercanas al aro, en especial aprovechando la ausencia de un tres alto en el equipo balcánico. Es un buen partido, por tanto, para que tanto Mumbrú como Jiménez logren provocar situaciones de ventaja en el poste bajo para que sus compañeros se puedan beneficiarse de esa labor y para que todos los tiros exteriores vengan generados por el trabajo en situaciones cercanas al aro.

Si España juega con equilibrio en ataque empezará a ganar el partido. En unos Juegos Olímpicos que vuelven a demostrar que el baloncesto cada vez se juega menos en el poste bajo y más en los bloqueos directos, nuestra selección debe decantar el partido desde los pívots y matarlo con los jugadores exteriores. Intentarlo de otra manera puede ser empezar a preparar el viaje de vuelta.

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