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Obradovic y van 7

Gran Final Four la que hemos visto este fin de semana en Berlín. Dejando a un lado el innecesario tercer y cuarto puesto con victoria del Regal Barcelona, hemos asistido a tres encuentros de emoción, intensidad y grandes detalles que nos reafirman en la calidad del baloncesto europeo.

Panathinaikos y CSKA, Obradovic y Messina, un guión ya conocido que deparó una extraordinaria final, desigual en su desarrollo pero de enorme interés debido a la calidad de los equipos, a sus innumerables recursos y al orgullo de campeón del CSKA de Moscú que siguió peleando hasta rozar el triunfo aún llegando a tener 23 puntos de desventaja. Como suele suceder con este tipo de eventos, el partido dejará tendencias y conceptos del juego que serán imitados en todo el continente.

Los grandes equipos y los grandes entrenadores siempre marcan la pauta a la hora de las innovaciones en el juego. La Final de Berlín ha mandado mensajes contradictorios sobre la tan debatida figura del pívot. Obradovic tiene mucho que agradecer de su triunfo al trabajo de Batiste y, especialmente de Pekovic pero en los últimos minutos decidió no utilizarlos demasiado en sus opciones ofensivas. Por otro lado, la distribución de los jugadores exteriores empieza a olvidarse del uno-dos y tres y, aunque Siskauskas, el mejor ”tres” de Europa,  ha sido uno de los jugadores del campeonato, ahora se apuesta por jugar con los mejores juntos, independientemente de que se puedan juntar en pista dos bases y un escolta pequeño.

Por último, me gustaría resaltar a los héroes de Berlín. Por un lado, Zeljko Obradovic, que consigue su séptimo título, el año que quizás menos ha sonado la candidatura del Panathinaikos. El genial técnico ha manejado con habilidad a su plantilla y sigue disfrutando de una especial permisividad que le permite protestar todas y cada una de las decisiones arbitrales en su contra. Supongo que serán privilegios que dan los títulos. De sus jugadores me quedo con tres, el primero Jasikevicius, dosificado en sus esfuerzos, penalizado en minutos por su fragilidad defensiva pero letal en el lanzamiento y en el juego de “pick and roll”. El segundo Nikola Pekovic, el pívot más dominante de Europa, absolutamente imparable ganando la posición cerca del aro. El tercero, Perperoglou, como sinónimo de todos aquellos jugadores de equipos imprescindibles para alcanzar el éxito colectivo. Ni un mal tiro, ni una mala decisión, insuperable en defensa, sin duda, el Carlos Jiménez griego.

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