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Messina y Obradovic. Para nada iguales

La rivalidad deportiva entre Ettore Messina y Zeljko Obradovic vivió un nuevo capítulo en el triunfo del Real Madrid en la difícil y mitificada pista del Panathinaikos. La historia de la Euroliga siempre recordará los partidos entre equipos dirigidos por estos dos grandes talentos que acaparan casi en su totalidad la mayoría de títulos de esta competición.

El partido de ayer, irrelevante para el desenlace final de la competición, dejó detalles de la personalidad distinta de ambos entrenadores, no sólo en lo referente al manejo de distintas situaciones tácticas sino también en la manera de revelarse ante los problemas. Los dos entrenadores cuentan con el respeto y admiración de sus jugadores y eso les permite un margen amplísimo para exprimirles al máximo y castigar con el banquillo cualquier decisión que no entre en lo planeado. Obradovic intenta controlar obsesivamente todo el “entorno” del partido y cuando se ve con el marcador en contra no solo se centra en resolver los problemas del juego sino en intentar influir obsesivamente en los árbitros para que le ayuden en su remontada. El desconcertante criterio de los colegiados a la hora de señalar faltas técnicas juega a su favor tanto como saberse respetado y, en ocasiones temido. Es cierto que ayer le señalaron una técnica en el primer tiempo pero también lo es que solo él y unos pocos más puede aplaudir en la cara de los árbitros sin ser descalificado.

La permisibilidad arbitral durante tantos años ha creado un personaje dificilmente contenible que acumula grandísimos éxitos en su trayectoria, que ha marcado tendencia en la manera de jugar al baloncesto en Europa y que ha sabido camuflar, justificar e incluso esconder sus grandes fracasos, que también los ha tenido.

Messina es otra historia. Su atención se centra más exclusivamente en el juego en sí. Es exigente al máximo con la intensidad y  sobre todo con la concentración de sus jugadores. Pero , lo más importante, también es exigente  consigo mismo. Sabe cómo utilizar su prestigio y reconocimiento ganado durante tantos años y respeta los valores elementales de cualquier práctica deportiva. El técnico italiano rompe muchos de los falsos mitos creados durante años. Es tan exigente, duro y detallista como los entrenadores balcánicos y pasional, elegante y cercano como los latinos.

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