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¿Qué hay en Europa aparte de los nuestros?

Eso  me preguntaba el otro día un amigo y de ahí nacen estas líneas como reflexión. En realidad era una pregunta cargada de justificada satisfacción viendo el poderío de nuestro baloncesto de clubes y de selecciones, y realizada desde el que se sabe dueño y seguidor del mejor producto.

Es evidente que realizar una valoración general del estado general del baloncesto en Europa es realmente complicado por lo que parece más riguroso que comentemos esos detalles más significativos de lo que nos está ofreciendo el baloncesto continental.

Baloncesto serbio. Renacer con matices. Si hay un equipo que merece destacarse a estas alturas de la temporada es el Partizan de Belgrado. Especialista en reinvenciones constantes y eterna fábrica de talentos. Su entrenador no tardará en dar el salto a algún equipo con mayor presupuesto. La selección Serbia ya destacó en el pasado europeo dejándonos una perfecta radiografía del estado del baloncesto en el país balcánico donde cada vez tenemos más y más jugadores de nivel medio-alto pero dónde se echan muchísimo de menos las primerísimas figuras de décadas pasadas.

Money, money. Cuesta llamar al Pabellón del Macabbi el Nokia Arena, te hace recordar con nostalgia “La Mano de Elías”. Pero es lo que hay. Los clubes están tiesos y hay que buscar recursos de dónde sea. Cuesta encontrar proyectos distintos a los de Olympiakos, Macabbi, Barça, Real Madrid, Panathinaikos, Caja Laboral y CSKA de Moscú ( y éste lo digo con dudas) que puedan ser candidatos a ser el mejor equipo del continente en alguno de los próximos diez años. Las diferencias entre este grupo y el resto tienden a hacerse más grandes.

Siena. Isla en el desierto. Es muy meritorio el proyecto de Montepaschi Siena de los últimos años pero no deja de ser testimonial en el decaidillo baloncesto italiano. La ausencia de la selección en las últimas grandes citas, el poco compromiso de sus jugadores en la NBA con su país y la huída de los grandes patrocinadores no hacen pensar en un renacer inmediato del baloncesto transalpino.

Turquía. Ejemplo de mala gestión. Mejor pintan las cosas para la selección turca que para el baloncesto de clubes otomano. La liga turca está siendo el primer paso de muchos jóvenes jugadores americanos que aprovechan las débiles defensas de la competición para deslumbrar con sus números y buscar mejores contratos. El Efes Pinsel de esta temporada es un ejemplo muy representativo de los problemas de gestión en Turquía. Una gran plantilla, con más de 12 jugadores, que deja en la grada a jugadores con contratos millonarios que acabarán por quizás ganar la liga turca, con suerte jugando los Cuartos de Final de la Euroliga y cambiando a más de la mitad de sus cromos la próxima temporada. Ningún jugador de prestigio ha hecho una carrera sólida en el efervescente baloncesto turco.

Lo que viene. Vendrán buenos jugadores de países con poca tradición como Suecia y Polonia, hay varios proyectos de figurones en Lituania y grandísimos atletas en Francia que no tendrán salida en ningún club de su país por la curiosa debilidad económica del baloncesto francés. Vendrán unas nuevas reglas (alejamiento línea tres puntos) que tendrán menos impacto del que se supone, aunque tengo la esperanza de que otorgue un mayor espacio y por tanto protagonismo a los pívots. Vendrán muchos de los que se fueron a Estados Unidos y tardarán en irse algo más aquellos jugadores jóvenes, cada vez menos sensibles a dejarse omnubilar por el brillo de la NBA.

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