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Deseo, corazón y defensa

¿Puede que por primera vez acierte un pronóstico y nos vayamos al séptimo partido en la Final de la NBA?. Nada me haría más ilusión, y no por satisfacer mi maltrecho ego lleno de augurios errados (el año de Lebron, final ACB Barça-Real Madrid y tantos otros), sino porque estamos asistiendo a unas series finales extraordinariamente intensas que merecen decidirse en el último suspiro de un séptimo encuentro.

Hay momentos puntuales en los que los factores que rodean al juego en sí logran ocultar determinadas miserias. Está ocurriendo en las Finales entre Lakers y Celtics. El juego de los dos equipos dista de ser brillante pero la Final está reuniendo suficientes alicientes para ser recordada en años. Los Lakers se han disfrazado de favoritos y han adquirido demasiados vicios consecuentes de esta condición. Es un equipo muy seguro de sí mismo que roza la altanería en determinados momentos y que parece encontrarse cómodo encomendándose demasiadas veces al extraordinario Kobe Bryant. En una Serie tan larga no debes basar toda tu fortaleza en exprimir tus virtudes al máximo sino en saber analizar cuáles son las debilidades del rival. En este sentido Boston lleva la delantera y por mucho.

En cualquier caso, la confianza es el principal activo de los californianos en su regreso a Los Ángeles pero de nada les bastará si no logran igualar en deseo al equipo de Boston que juega como si supieran que es la última final que jugarán en sus vida. ¿Acaso no es la  mejor manera de afrontar una final?

Los Celtics son otra historia. Han decidido llevar la Final al terreno de la épica y se les nota encantados. Combaten cañonazos con espadas y están ganando la batalla porque siempre queda uno de sus espadachines en pie. Un día es Allen, otro Garnett, otro Paul Pierce, otro los reservas y casi siempre está Rajon Rondo.

¿Y Gasol?. El jugador español puede ser decisivo para que los Lakers impongan su baloncesto pero la agitación y el barullo va en contra de los que viven de su capacidad para entender el juego. Tampoco le ayuda la inconsistencia con la que es utilizado en el juego. Mientras los Celtics analizan al detalle cuales son los aspectos débiles de la defensa californiana para percutir una y otra vez contra ellos, Phil Jackson no está logrando un plan de juego alternativo al Kobesistema, claro que este sistema es tan bueno que igual le vale para ganar otra vez.

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