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Rose y Ricky

Una de bases, si es que lo son. Derrick Rose estaba llamado a ser una de las estrellas de la NBA desde que fue elegido hace tres temporadas número uno del Draft, su trayectoria en la Liga es admirable, cada año mejora y añade detalles técnicos y tácticos a su juego que le hacen más y más completo, dicen que será nombrado Jugador Más Valioso de la Temporada Regular (MVP), lo merece. Rose no es un base al uso como Nash o Kidd, digamos que Rose es un base de los de “ahora”, término más o menos peyorativo que esconde una cierta incapacidad para descubrir los entresijos del juego y una gran habilidad para ser el comienzo y el final de muchas acciones de su equipo. El mérito del jugador formado en la Universidad de Memphis ha sido mejorar su lanzamiento exterior lo que le ha permitido no solo anotar triples sino reducir la distancia de su defensor y por lo tanto tener más espacio para dividir la zona. Derrick Rose es el base titular del equipo con el mejor récord de la Conferencia Este, Chicago Bulls, está en un equipo construido en torno a él y donde todas sus cualidades se pueden expresar sin mermar el rendimiento colectivo.

Ricky Rubio tiene 20 años y juega su sexta temporada en la ACB, el dato es lo suficientemente demoledor para que nos detengamos un momento en él. La mayoría de jugadores de su camada siguen desarrollándose en categorías inferiores o con poco protagonismo en la ACB mientras Rubio empieza a sentir los rigores de una crítica que espera de él algo que no haya visto en sus temporadas precedentes. La pasada temporada de Ricky con el Barça fue excelente supo adaptarse inmediatamente a un rol que le exigía menos brillantez pero más sobriedad, sacrificar tiros por infinidad de pases extra que acababan en las manos del compañero mejor situado, fue un factor diferencial decisivo en el Barcelona campeón de Europa.

El Campeonato del Mundo de Turquía empezó a mostrar a un jugador con dudas, quizás no entendió la lesión de Calderón como una oportunidad para tener más continuidad en el juego y replicó su versión “Barça” cuando la selección sin Gasol necesitaba de más jugadores capaces de asumir anotación. Nunca pareció encontrar el ritmo a la competición.

La Serie de Euroliga contra Panathinaikos ha sido mentalmente muy dura para Ricky Rubio. Obradovic le ha sometido a un reto constante invitándole al tiro permanentemente, le ha guiñado un ojo para que recuperase sus vivencias pasadas en la Penya y Ricky no ha sabido salirse del guión que ha interiorizado estas dos últimas temporadas. La sensación actual es que ni Rubio es el mejor base para el Barça ni el Barça es el mejor equipo para Rubio. Hay veces que te detienes tanto en analizar todo lo que está pasando que te olvidas de lo esencial, jugar. Pensé que nunca diría esto pero viendo a Ricky Rubio, creo que a veces pensar tanto, no es del todo bueno. Ricky, “sal y juega”.

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