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En su justo punto

Más allá de los grandes números y las hazañas individuales y colectivas, la Liga Endesa está dejando como aspecto agradable la aparición, en algunos casos, y la consolidación en otros muchos, de muchos jugadores que también reclaman su cuota de protagonismo. Algunos de ellos llevan muchos años en este juego pero parece que esta temporada han alcanzado ese nivel de consistencia en su rendimiento que hace que tengamos la sensación de estar ante jugadores plenamente maduros. Sirva pues, este texto de pequeño homenaje a todos ellos.

En el puesto de base tenemos dos ejemplos muy representativos. El primero de ellos es el de Pedro Llompart, ya no es un chiquillo,  puesto que tiene 29 años pero se le llevaba esperando bastante tiempo. Desde hace años convivía con una de las peores palabras que se pueden aplicar a un jugador, estancamiento, pero esta temporada, con la confianza máxima de su entrenador, está dirigiendo con maestría al meritorio Lucentum Alicante. Llompart es algo más que ese base con alma de escolta, ahora sabe muy bien dónde tiene que poner el balón en cada momento y aquella inseguridad que dibujaba cada vez que botaba se ha transformado en la sobriedad de los que juegan con la sensación de que cualquier cosa que decidan les saldrá bien. En Alicante se destaca con justicia el papel de Singler, pero Llompart es el verdadero termómetro del equipo.

“Hogar, dulce hogar”.  Javi Rodríguez, tampoco ningún jovencito, parece el mejor base posible que podía tener Manresa y Manresa el mejor equipo en el que podía estar. Casi siempre que se han juntado han pasado buenas cosas. En la localidad catalana, Rodríguez puede desarrollar su juego de manera plena y sentirse como el base de referencia de su equipo. Hay jugadores con mayor facilidad para adaptarse a cualquier papel y otros que sólo se expresan al máximo si se sienten consolidados en el rol de “titular“, Rodríguez es uno de estos últimos y cuando se encuentra con confianza estamos ante un base capaz de, por ejemplo, ayudar a que el equipo con menos presupuesto de la Liga gane tres de sus primeros cuatro partidos.

Mainoldi y el “lado perverso” del cuatro abierto. El baloncesto, nada ajeno a las modas, ha visto como en los últimos años han proliferado falsos pívots, llamados “cuatro abiertos” que, apoyados en un buen tiro exterior, cumplían con la misión de abrir el campo dejando espacio para otros compañeros. Mainoldi pertenecía a esta extirpe, digo bien, pertenecía, porque Mainoldi ahora es mucho más que eso. Ahora es mucho mejor competidor y a su brillante muñeca ha añadido una gratificante voracidad reboteadora y una mayor variedad en su juego ofensivo.  Ha dejado de ser un especialista para convertirse en un gran jugador. Bienvenido su cambio y que tomen nota otros muchos. Confirmado, en la pintura no hay cocodrilos.

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