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Ricky de Minnesota. Medidas y desmedidas

Cuatro partidos han bastado para que Ricky Rubio haya desatado la euforia en Minnesota. El base formado en Badalona ha convencido a aficionados y críticos pero sobre todo a su entrenador (que le otorga una minutada cada noche) y compañeros, encantados de tener un jugador tan altruista y con buena actitud en sus filas. La pregunta que conviene hacerse a estas alturas sería ¿Es todo para tanto?.

Sensaciones. Que Ricky se siente seguro en la cancha lo demuestra la personalidad con la que se desenvuelve dentro del grupo. Se muestra comunicativo y participativo con el grupo y atiende a las indicaciones que le llegan desde todos los frentes. Su positiva actitud se traslada a la cancha dónde recuerda a aquel jugador de sus inicios más atento a disfrutar del juego que a atenazarse mirando el marcador. No conviene perder la perspectiva, ahora disfruta de un estatus dónde los errores se le disculpan. Pronto, que el rookie de Miami Norris Cole le haga 10 puntos seguidos no se mirará con tanta displicencia. Ahí está su próximo reto, adaptarse a la Liga en un entorno lleno de elogios.

Los Wolves. Minnesota Timberwolves, aquella franquicia desilusionante que aplazó su aventura americana es ahora el equipo perfecto para Ricky Rubio. Un grupo en reconstrucción con roles muy definidos y con un estilo de juego perfecto para el español, libre para imprimer ritmo y jugar sin parar situaciones de dos contra dos en bloqueo directo en las que se maneja brillantemente. El base titular, Ridnour sería un segundo o tercer base en la mayoría de las franquicias. Pista libre para Ricky.

El juego. El aspecto estadístico del juego en el que más está destacando Rubio son las asistencias. A veces, da la sensación de que juega pensando en dar una cada ataque. Está convirtiendo a muchos compañeros en amigos  y eso le será de gran ayuda. Sin embargo, echo de menos un punto más de atrevimiento ofensivo que haga que las asistencias lleguen buscando puntos. De momento, su porcentaje de tiro está siendo excelente, síntoma de su trabajo en pretemporada y la confianza en su juego, no tengo dudas de que su respuesta mental será adecuada y no se inhibirá aún más en el momento en que los porcentajes bajen, que lo harán.

Prudencia. Si el internacional español hubiera pegado un petardazo estos cuatro partidos estaríamos hablando de que necesita tiempo de adaptación, de que son pocos partidos para hacer afirmaciones categóricas y probablemente de lo injusto que es su entrenador (siempre es culpa del entrenador, ya sabéis). Las buenas prestaciones de Ricky Rubio nos ilusionan y nos predisponen a muchas madrugadas ocupadas pero no deben llevarnos a perder el norte con juicios desmedidos de los que tengamos que retractarnos dentro de varios meses. Ricky Rubio sabe mejor que nadie lo que es ser tratado primero como una estrella y luego sentir que casi no vales para este juego en apenas unos meses.

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