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Pascual, la coartada perfecta

Las brillantes actuaciones de Ricky Rubio en la NBA nos han pillado con el paso cambiado, o eso parece. Mandamos a un jugador dubitativo, con tendencia a dejarse llevar por los partidos y nos estamos encontrando con un base mandón, con carácter, sin miedo a tomar decisiones y con una gran incidencia en el juego. Una versión mejorada del mejor Ricky Rubio, el de sus años en la Penya y su primera temporada en el Barcelona Regal.

Llegado este punto, parece que es hora de pasar el rodillo y encontrar por qué Ricky Rubio no ha demostrado ese nivel en sus últimas actuaciones en Europa. Es evidente de que el jugador había perdido confianza, de que las necesidades del Barcelona no le obligaban a ser la primera, ni siquiera la segunda referencia ofensiva y también parece que la actuación en el Mundial de Turquía dónde se vio obligado por primera vez a ejercer de base titular de la selección le afectó emocionalmente.

Sin embargo, todas esas apreciaciones no parecen suficientes y empieza a asentarse lenta pero  firmemente la idea de que el culpable del rendimiento de Ricky Rubio en su última temporada europea fue Xavi Pascual.

No olvidaré en mi defensa de Pascual que la obligación de todos los entrenadores es sacar lo mejor de sus jugadores. Por lo tanto igual que el técnico del Barcelona Regal integró de manera perfecta a Rubio en la maquinaria azulgrana en su primera temporada, no tuvo el tino para hacer lo mismo en la segunda. De ahí, a acusar a Xavi Pascual de poner límites a la creatividad del ex base de la Penya media un análisis sesgadísimo e injusto.

Es cierto que la temporada ofensiva del Barcelona Regal alimenta a los “Conspiranoicos” que ven en Pascual un entrenador que limita la fantasía y el juego rápido en sus jugadores. El ataque del equipo catalán se ha vuelto más lento y previsible porque a Huertas le gusta más jugar en posicional que en transición y porque Lakovic y Grimau eran unos reservas muy dados a revolucionar los partidos con sus imprevisibles acciones. Comparto los análisis que hablan de este Barcelona como un equipo menos vistoso pero su grado de competitividad es igualmente máximo y cuando tenga a todos sus jugadores será el máximo aspirante a todos los títulos que dispute. Es, con mucho, el equipo con mejor defensa del continente y eso acaba dando sus frutos.

Abundan en estos días mensajes revanchistas tipo “dónde están los críticos de Ricky” o aquellos destinados a alimentar el ego del autor “yo siempre dije que este chaval era un crack”. Ante estas afirmaciones se me ocurren algunas preguntas  ¿Qué hay de malo en decir que un jugador no ha estado bien? ¿Significa eso que se deje de valorar? ¿No se debe exigir más a los que más capacidad tienen? ¿De verdad no ha dado Ricky Rubio ningún motivo para dudar de él en estos años? ¿Por qué los que hemos dudado no podemos valorarlo ahora?. La respuesta está clara, la culpa es de Xavi Pascual ( y algo de Scariolo, digo yo, porque con España tampoco Rubio ha rendido a su máximo nivel).

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