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E-XI-TA-ZO

Y no hay más. Alcanzar una Final en los Juegos Olímpicos no se puede calificar de otra manera. Tiempo habrá para detenerse en muchos detalles que están marcando el juego de la selección española en esta cita y que aventuran alguna de las carencias que tendremos que solucionar en el futuro. Lo cierto es que las debilidades que está mostrando el equipo y el resultado obtenido no hacen más que poner en relieve el nivelazo de este grupo de jugadores históricos que recordaremos eternamente.

El físico y la lucha interna de Scariolo. España no ha llegado con buenas piernas a los juegos. Los problemas físicos de tres pilares fundamentales como Marc Gasol, Rudy Fernández y Juan Carlos Navarro en la preparación tienen una gran influencia en la versión actual de nuestro equipo.

Cuando las piernas no responden se tiende a dudar mucho más y el balón apenas circula. Es por eso que jugadores que destacan por su actividad como Llull o Felipe Reyes resultan importantes porque aportan un punto de frescura e improvisación que ayudan a que el equipo sea menos previsible. En este punto merece apuntarse como Scariolo intenta conjugar mantener los status del grupo y no despreciar el valor, que tantos éxitos le ha dado, de jugar con los dos Gasol juntos con otras alternativas que hacen al equipo más móvil en defensa y más rápido en la transición ofensiva. El partido de la primera fase ya apuntó que Rusia no era el mejor rival para abusar de la fórmula de los Gasol a la vez de una manera muy continua y estas semifinales han sido la prueba definitiva.

El Lado perverso de las defensas zonales y  Calderón como síntoma. Soy un gran convencido de las bondades de las defensas alternativas pero reconozco que, en ocasiones, pueden desencadenar en un cierto abandono de las responsabilidades individuales de cada jugador. En mi opinión la defensa zonal nos ha dado menos de lo que nos quitado hasta ahora porque el equipo necesita de estímulos que contribuyan a desarrollar su actividad. La defensa individual de la segunda parte ha sido brillante porque la circulación de balón de los rusos ha dejado de ser tan fluida. Cerrada la herida atrás el segundo paso para dar la vuelta al partido era conseguir anotar de una manera constante. Si juegas con dos de los mejores pívots pasadores del planeta necesitas exteriores valientes que no  piensen en el fallo anterior sino en aprovechar los tiros librados que les ofrecen sus compañeros. Calderón lo ha entendido así y su racha de acierto ha metido al equipo definitivamente en el partido.

Los minutos finales del partido han tenido un sabor muy distinto a los del encuentro frente a Francia. Si contra los galos cada ataque se convertía en una especie de parto, contra Rusia se han visto acciones muy positivas que son el punto de partida ideal para afrontar la final del próximo domingo. No tengo ninguna duda de que la España de la Final  se parecerá mucho más al de la segunda parte frente a Rusia que al de la primera, veremos..

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