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La trituradora de Málaga

Sorprende la situación de Unicaja de Málaga, un equipo que ha tomado la costumbre de reinventarse cada verano y del que su prometedor comienzo de temporada hacía aventurar perspectivas prometedoras. La realidad es que  varias derrotas consecutivas empiezan a desnudar a un equipo y un club que ya hace tiempo tiene esa dañina “pócima” para hacer parecer peores a todos aquellos que ocupan su banquillo o visten su camiseta. No es agradable ni positivo para nuestro baloncesto que uno de los proyectos que más apuesta por este deporte, con una afición fiel y entusiasta lleve varios cursos a la deriva.El núcleo. Unicaja se ha convertido en un club de paso para muchos jugadores. Durante las últimas temporadas no se ha podido consolidar ni siquiera un pequeño grupo de jugadores sobre los que se afianzara ningún proyecto. Esto hace partir siempre al club en desventaja, obligado por su inversión a ser altamente competitivo mientras que el equipo se va conociendo. Como los resultados no llegan, la desconfianza empieza a pesar en el grupo, la afición tiene la sensación de que esto lo lleva viviendo demasiado tiempo y se crea un entorno donde es difícil rendir al máximo. El resto del proceso ya se conoce, se empieza a apuntar a jugadores, éstos juegan demasiado presionados y en el verano se piensa en cambiar a ocho o nueve de ellos, y vuelta a empezar…..

El entrenador.  En todo este proceso, Repesa está en ese punto dónde empieza a ser altamente cuestionado. Evidentemente el entrenador tiene su amplia cuota de responsabilidad en que todos los jugadores estén por debajo de su nivel. El técnico croata no está logrando un rendimiento constante de sus bases que alternan acciones brillantes con muchas decisiones equivocadas y no da con la manera de encontrar continuidad para jugadores como Perovic o Fran Vázquez que no tienen entre sus virtudes ser útiles cuando juegan pocos minutos en pista sino que pertenecen a ese grupo de hombres que sólo rinden con un mínimo de continuidad garantizada. Dicho esto, quizás sea el momento de que en Málaga se planteen desenchufar la trituradora y apostar por algo distinto a lo realizado en los últimos años, tal vez sea el momento de que los mismos que han metido al equipo en esta situación sean los encargados de reflotarlo. Hay calidad tanto en el banquillo como en la pista y puede que sea bueno mandar un mensaje de confianza a plantilla y técnico que pueda ser el primer paso para construir algo más estable para el futuro.

El gesto.  No creo que el problema de Unicaja sea de actitud sino de que los jugadores, incluso nuevos en su inmensa mayoría en el club, ya perciben esa decepcionante sensación de “otro año igual”. Esa frustración hace muy entendible la reacción de Sergi Vidal ante las mofas de Slaughter (hay que saber ganar amigo Marcus). Asumiendo lo escrito, creo que los jugadores de Unicaja deben dirigir su rabia hacia otras acciones del juego que sí pueden hacer reaccionar al grupo. Está perfecto y justificado indignarse por las mofas de un rival pero también sería útil mostrar ese espíritu retador para evitar contraataques fáciles, tiros librados o rebotes ofensivos de un jugador contrario que sólo te supera en deseo. Ese debe ser el verdadero estímulo y el primer paso que deben buscar los jugadores del club andaluz. Si no, cabría la tentación de interpretar que lo de Vidal no es más que un gesto tribunero. Sus compañeros y él mismo aún están a tiempo de cambiar la dinámica.

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