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Esto que van un francés, un argentino y uno de las Islas Vírgenes

Los San Antonio Spurs disputarán su quinta final de la NBA en los últimos 15 años. Las cuatro anteriores las ganaron. Mi admiración por esta franquicia y su entrenador ha evolucionado como el conocimiento del juego de su base Tony Parker. Con sus primeros anillos me faltaba encanto en el equipo, iluso de mí, relacionaba la NBA con aquello de las 10 mejores jugadas de la semana y claro, casi nunca salían los Spurs. Además, los gurús de la Liga en España decían que era un equipo aburrido, que especulaba mucho y que nunca tendría el encanto de otros campeones de Leyenda. Luego, cuando empecé a ver más partidos interpreté que lo que llamaban especulación era que este equipo se pasaba la pelotita más que otros y les empecé a mirar de otra forma.Hay que ser muy ciego para no calificar de extraordinario a un equipo que mantiene sus pilares fundamentales desde hace más de una década y que ha sabido enriquecerse con la presencia de jugadores y propuestas internacionales. La longevidad del éxito de la franquicia tejana se ha ganado de manera indiscutible un lugar en la historia y merece reconocerse la influencia de su entrenador Gregg Popovych en este ciclo. Popovych es un revolucionario silencioso que cuestiona el “Star System” de la Liga. Vale, ha entrenado durante más de 15 años al mejor “cuatro” de la Historia, Tim Duncan pero su manera de organizar el juego ofensivo ha permitido espacio para muchos jugadores porque siempre ha entendido que la diferencia en este negocio siempre la determina “el pase”. Siempre ha parecido que uno fichaba por los Spurs y se dejaba un cuarto de su ego antes de abrir la taquilla de su vestuario.

La columna vertebral de estos Spurs es la misma desde hace mucho tiempo, no siempre han ganado, es más, a veces se han pegado unos batacazos considerables pero Popovych nunca ha parecido dudar de estos tres jugadores extraordinarios.

De Tim Duncan está casi todo dicho, lo más admirable a día de hoy es su empeño por respetar su propia trayectoria y  por hacer más grande su leyenda. Más allá de sus incuestionables números, lo de Duncan es un tema de jerarquía, de trascendencia en el juego, de dominio…

Tony Parker fue MVP de las finales de la NBA en 2007, su juego actual es bastante mejor que el de entonces. El base francés domina los partidos gracias a su mayor experiencia, a su habilidad y a su capacidad por aprovechar la atención que generan otros compañeros. Su rango de tiro no ha evolucionado mucho en los últimos años pero ni falta que hace porque sus recursos con el balón son tantos que es capaz de anotar de mil maneras. Me gusta que el Parker más maduro y estable siga teniendo esos destellos geniales que no han ido en detrimento de que su toma de decisiones haya mejorado.

La pasión es un elemento imprescindible en cualquier equipo campeón. Duncan y Parker compiten con extraordinario orgullo, de otra manera no podría explicarse su éxito, pero lo de Ginóbili es otra cosa, algo así como una continua reivindicación, sorprendente en un jugador que genera unánime admiración y con la panza llena de títulos en Europa y Estados Unidos. El argentino tiene el cuerpo castigado por las lesiones y su versión más errática es más frecuente que en otras temporadas pero se viene una final y éste es de los que no perdona…

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