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Marcus y Dontaye

Días de elogios para el Real Madrid. Absolutamente merecidos todos ellos. La madurez de la apuesta del equipo dirigido por Pablo Laso trasciende más allá de los resultados y se visualiza por encima de muchos detalles en la satisfacción y entusiasmo de una afición maravillada por el juego de su equipo. Más allá de los títulos que acompañen esta idea, que vaya si tienen su importancia, nada podrá hacer olvidar esta serie de partidos que está ofreciendo el Real Madrid.

Estamos asistiendo a la materialización perfecta de una idea basada en la velocidad y en el atrevimiento que ha alcanzado su máximo esplendor cuando el rendimiento defensivo del grupo ha corregido esa sensación de vulnerabilidad que flotaba en el aire las pasadas temporadas. Porque los partidos del Real Madrid de Pablo Laso siempre o casi siempre han sido muy entretenidos, la diferencia actual es que los blancos no permiten estrellas invitadas y quieren acaparar todos los focos reduciendo a sus rivales al máximo.

Un equipo no alcanza este rendimiento sin que todas sus piezas estén más que encajadas y sin unos técnicos muy convencidos de su propuesta y del grupo que manejan. Es cierto que la clarividencia de Sergio Rodríguez, capaz de poner un pase de canasta en cada ataque que está en pista, la hiperactividad de Rudy Fernández y el talento de Mirotic ayudan a marcar la diferencia, pero toda esta obra no sería posible sin la extraordinaria actitud de los jugadores de banquillo.

Es por eso que me apetece centrarme en dos jugadores ejemplares capaces de influir en el partido sin realizar ningún tiro a canasta. Seguro que a ambos les gustaría jugar más, pero eligen reivindicarse realizando de la mejor manera posible el rol tan concreto y determinado que les otorga Pablo Laso. De este matiz debemos de partir, no es nada fácil lo que realizan Marcus Slaughter y Dontaye Draper ya que siempre se enganchan a trenes en marcha, habitualmente además, lo hacen cuando el equipo ya está en ventaja y su responsabilidad es mantener esa inercia durante los pocos minutos que están en pista. Es fácil identificarse con muchos de los detalles que transmite el Real Madrid pero pocos aspectos son tan llamativos y ejemplares como la capacidad de estos dos tipos de asumir con entusiasmo misiones tan específicas y habitualmente poco valoradas por el gran público.

El valor de Draper, “el jugador de los terceros cuartos”,  lo determina su actividad defensiva y su contención para no asumir tiros que en anteriores equipos e incluso en la selección croata asume con naturalidad. Debe ser duro para los bases rivales, que han soportado durante muchos minutos la agresividad ofensiva de Llull y el “Chacho”, encontrarse con esta roca de varias caras, académica la mayor parte de los minutos pero también brillante cuando es necesario e incluso resolutiva en los momentos decisivos de los partidos. Draper, que sería base titular de la mayoría de los equipos de la Liga Endesa, es el tercer base del Real Madrid. Generosidad.

La historia de Marcus Slaughter nos lleva de manera directa a la de los grandes especialistas de este juego. Supongo que muchos de los entrenadores que observan al Real Madrid no le tendrán muy en cuenta cuando analizan al equipo blanco. Lógico, si atendemos a lo limitado de sus recursos ofensivos. Otra cosa muy distinta es equiparar sus recursos a su influencia en el juego. Slaughter es un habitual de la segunda unidad y por tanto convive bastantes minutos con Felipe Reyes. La pareja es demoledora por su actividad, dureza y capacidad de dominar el juego a través de los pequeños detalles. Slaughter defiende por anticipación, no por contención; no espera, busca y sobre todo no especula ni un instante con su esfuerzo.

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