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El Final de Nash, el principio de Kidd

No es la primera vez que Steve Nash y Jason Kidd ocupan este espacio. En un periodo dominado por bases atléticos, saltarines y virgueros siempre he mantenido el respeto por el juego desplegado por dos de los mejores bases de los últimos tiempos.

Steve Nash se enfrenta cara a cara con la decisión de abandonar el baloncesto profesional en su faceta de jugador. El base de los Lakers hace tiempo que no compite en óptimas condiciones y, aunque nunca ha sido un portento físico, ahora mismo está lejos de ser un jugador competitivo. En verdad, la etapa del base canadiense en la franquicia angelina siempre ha estado dominada por sus problemas físicos, algo que ha limitado la posible influencia de Nash en un equipo bastante indefinido que realmente no parece depender demasiado de su juego. Han sido tantos los problemas de Nash que cualquier debate en torno a su relación con los Lakers queda muy condicionado. Eso sí, estoy tan convencido que su mejor versión y el Pau Gasol de los “anillos” hubieran formado una pareja extraordinaria como de que no es el mejor base posible para un equipo donde juegue Kobe Bryant. Especulaciones, en todo caso, en los días donde Nash parece dudar sobre la conveniencia de seguir jugando, Bryant apura sus días para volver a las canchas, Pau Gasol no acaba de encontrar su mejor condición y Steve Blake, sí Steve Blake, es el jugador más sólido de los Lakers.

Jason Kidd dejó de jugar hace unos meses pero inmediatamente encontró acomodo como entrenador JEFE de los Brooklyn Nets. La decisión ya me pareció llamativa en su momento. No seré yo quien dude de los conocimientos de baloncesto de Kidd, pero sí de que éstos tengan una relación directa y le habiliten para entrenar un equipo de máximo rendimiento sin ninguna experiencia previa a otro nivel o con un cargo de menor responsabilidad. Y sí, hay un aire oportunista en todo esto,  los Nets llevan un balance bastante pobre y su juego no parece aventurar un cambio de tendencia a corto plazo, pero sobre todo,  hay una sensación de cierta ligereza en algunas decisiones que toman las franquicias americanas que no son sometidas a tanto escrutinio como en Europa.

Mientras escribo estas líneas me recuerdan el caso de Zeljko Obradovic que, inmediatamente después de retirarse cogió las riendas del Partizan y logró proclamarse campeón de Europa. El ejemplo es bueno, claro que sí, tanto que dan ganas de borrar el párrafo anterior y no mojarme diciendo que hay que tener paciencia, que los Nets han tenido muchos lesionados y todas esas cosas. Aún así, encuentro matices para no venirme abajo. Obradovic cogió un equipo de jóvenes jugadores con los que asumió el reto de crecer como técnico junto a ellos, además, lo hizo con 31 años por lo que se puede decir que sacrificó años de su carrera como jugador por atender una indudable vocación. En mi opinión, el caso de Kidd es algo diferente, los Nets son un proyecto de total presente, lleno de jugadores con muchas batallas a sus espaldas que no permitirán dudas ni experimentos a su alrededor. El reto de Kidd es mayúsculo, con un punto de atrevimiento que debemos aplaudir, pero parece precipitado, nostálgico y poco oportuno.

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