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El hombre de Laso

Una de las claves del gran rendimiento del Real Madrid de Pablo Laso es que ha sido capaz de consolidar y dar continuidad a un núcleo de jugadores sobre los que asentar un proyecto que, como todos, necesita tener un núcleo de seguridad que vaya perfeccionando la idea con el paso del tiempo. Hablo de los Sergio Rodríguez, Rudy, Carroll, Mirotic y Felipe Reyes, inamovibles en su rol desde que el técnico vitoriano se hizo cargo del equipo. Intencionadamente no menciono a un jugador, Sergio Llull, porque  dentro de ellos, Llull es el proyecto en el que más se ha volcado Laso desde que llegó al Real Madrid y el jugador en el que ha demostrado tener más fe.

La realidad es que la confianza de Laso en Llull está más que justificada porque la actividad del balear encaja perfectamente con la propuesta de un Pablo Laso que, desde su llegada, apostó porque el internacional español pudiera ocupar el puesto de base. Lo cierto es que Llull es un base de 10 minutos, generalmente el primer cuarto, porque en el modelo de rotaciones de Laso, Llull suele compartir el tercer cuarto con Draper y los minutos decisivos con Sergio Rodríguez. Da la sensación de que Laso utiliza a los jugadores en el primer cuarto en el puesto donde ellos quieren jugar (Llull de base, Rudy de escolta) y se juega los partidos en el puesto donde considera que pueden generar más ventajas (esto es Llull de “dos” y Rudy de “tres”).

Entiendo la debilidad de Pablo Laso con Llull. Está aprendiendo a alternar ritmos y ya no sólo sabe jugar a “todo trapo”, aporta bastante en labores defensivas y cada vez es más sólido en el lanzamiento exterior. En su debe hay que decir que aún tiene tomas de decisiones erróneas y que no es un jugador con un gran tacto en los lanzamientos cortos en penetración. Asumiendo todas las virtudes de Llull, a veces, he tenido la sensación de que ha tenido demasiada presencia en cancha en perjuicio de jugadores como Sergio Rodríguez o Carroll, sobre el que pesa que los rivales le eligen como objetivo para cargar las acciones ofensivas contra su defensa.

Dejando a un lado consideraciones técnico-tácticas, el valor de Llull viene dado por su mentalidad. Estamos ante un jugador que es capaz de elevarse por encima de sus condiciones por su valentía y capacidad competitiva. Llull no entiende de límites, por eso tampoco respeta ese tan fino que existe entre la osadía y la temeridad, algo que, en ocasiones, le juega malas pasadas. Llull no deja indiferente porque no pretende serlo, es raro que pase por un partido de puntillas porque es de aquellos que se niega a dejar que el partido avance sin tener influencia en su resultado.

La trayectoria de Llull en el Real Madrid está bendecida por la confianza que siempre ha tenido de sus entrenadores. Joan Plaza apostó por él cuando apenas tenía presencia en la Liga LEB. Desde su rol de especialista logró hacerse un hueco en el equipo. Con Messina se convirtió en la referencia exterior del Real Madrid, algo precipitado quizás en su momento. Con Laso ha llegado su consolidación definitiva, los minutos que juega de base le han asentado sin perder esa verticalidad que siempre le ha caracterizado en ataque, pero por encima de todo, su mérito radica en tener un estatus absolutamente principal en un equipo lleno de estrellas.

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