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Blatt y el miedo

La Final Four de la Euroliga ha consolidado el camino que abrió Olympiacos un par de años atrás, relativizando calidad y tamaño y poniendo en valor el aspecto más decisivo del deporte, la mentalidad. Maccabi es un justo campeón porque jugó con más pasión y menos tensión que ningún otro equipo. El Real Madrid compitió con un exceso de responsabilidad, presos de ese favoritismo bien merecido y de esa sensación de que este título es muy necesario para culminar su obra.

Muchos detalles del juego nos ayudan a pensar que el equipo blanco estaba algo atenazado, el exceso de lanzamientos exteriores , las piernas pesadas para subir el ritmo de juego y las dudas de determinados jugadores en los momentos decisivos (esas fintas de tiro síntoma de miedo más que de recurso táctico). Pero ni siquiera la escasa fluidez ofensiva de los de Pablo Laso fue el factor diferencial del encuentro sino el manejo de determinados aspectos emocionales y tácticos en los que el conjunto de David Blatt ha marcado la diferencia.

- El uso de las faltas. Maccabi repitió el mismo patrón durante todos los cuartos. Máxima presión a balón asumiendo entrar rápidamente en “Bonus” para evitar que el Real Madrid encontrara camino directo al aro en los primeros minutos de cada cuarto. Este hecho ha incomodado a los madrileños que nunca han encontrado continuidad en su juego.

- Alternativas defensivas. El Real Madrid ha pensado más de la cuenta. En vez de asumir con naturalidad la propuesta defensiva de David Blatt, el equipo se ha tomado más tiempo del necesario en averiguar contra qué estaba atacando en vez de jugar con naturalidad y verticalidad. Se echaron en falta situaciones de juego en llegada o transición de un equipo acostumbrado a desmontar con su agresividad cualquier propuesta defensiva.

- Blandos. El ciclo de Pablo Laso tiene su punto menos brillante en esa sensación de debilidad defensiva que transmite el equipo por momentos. El salto de calidad de esta temporada venía determinado por la mejora en actividad e intensidad del grupo. Esta final ha sido un gran paso atrás en ese sentido, especialmente en los momentos decisivos del encuentro donde Maccabi anotó bandejas o lanzamientos excesivamente cómodos. La diferencia de rendimiento defensivo en la prórroga ha sido alarmante. Mientras Maccabi como mucho concedió tiros libres, el Real Madrid mostró dudas en la defensa de los bloqueos centrales y permitía demasiadas segundas opciones de lanzamiento.

-Roles. Salen reforzados de esta final en mi opinión dos jugadores del equipo blanco. Sergio Rodríguez exhibió una personalidad tremenda, parecía ser el único que no le quemaba el balón en los minutos decisivos. Por momentos, el encuentro me ha recordado a la semifinal que disputó España contra Francia en el último Europeo donde sólo el canario parecía dispuesto a dar un paso adelante. Dicho esto, no es buena cosa para el Real Madrid que el “Chacho” sea el máximo anotador del equipo de manera regular. Su aportación debe ir mucho más allá de este hecho  y cuando esto sucede de manera continua es un síntoma de que algo está fallando en el equilibrio del grupo. También considero muy positivo el partido de Bourousis, quizás infrautilizado durante muchos minutos. El griego aporta personalidad y carácter, sus minutos de descanso fueron bien aprovechados por Maccabi.

- El campeón. Merecido reconocimiento para David Blatt, un técnico valiente que se maneja maravillosamente cuando sus equipos vienen de tapados. Los partidos del Top 16 contra el Real Madrid ya nos habían avisado que sabía perfectamente cómo buscar las cosquillas al equipo de Pablo Laso. La inercia positiva que arrastra su equipo desde hace varias semanas completó un plan táctico destinado a confundir el ataque del Real Madrid y a obligar a los jugadores exteriores blancos a ser muy consistentes en la defensa del uno contra uno. El plan salió bien durante casi todo el partido y de manera extraordinaria en el tiempo adicional.

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