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Manu y Ray

El primer partido de la Final de la NBA entre San Antonio Spurs y Miami Heat no ha estado nada pero que nada mal. Los dos equipos han demostrado por qué son los mejores de la competición. Cada uno en su estilo, los Heat han controlado durante muchos minutos el encuentro gracias a la versatilidad de la mayoría de sus jugadores y las posibilidades tácticas que este hecho les ofrece tanto en ataque como en defensa. Los Spurs querían jugar con más ritmo pero se han mostrado erráticos en el pase y han echado en falta la aportación de dos de sus jugadores-termómetro, Green y Leonard, hasta el último cuarto, donde han resultado decisivos.

El partido se recordará por el tremendo calor, los calambres de Lebron y, quién sabe si por el primer paso en el camino hacia el título de los Spurs, pero también, por lo menos en mi caso, por la nueva demostración de talento de dos jugadores que, en el invierno de su carrera, reivindican la calidad técnica y el conocimiento del juego como armas poderosas para prolongar su exitosa trayectoria.

A estas alturas de su carrera, Manu Ginóbili no necesita mucha ayuda para reconocer aquellos aspectos del juego dónde su equipo supera al contrario. Su influencia en esta primera victoria de su equipo va más allá de los números. Su primera aparición liberó a sus compañeros del cierto respeto con el que habían encarado el partido. El argentino adivinó que en ese momento sus compañeros necesitaban una referencia que atacara el aro sin miedo y castigara la benevolencia de los Heat concediendo lanzamientos exteriores. Sin embargo, lo mejor de Ginóbili llegaría al final del encuentro en su interpretación del juego por parejas con sus compañeros Splitter y Duncan. Una vez tras otra, el internacional argentino alimentó las continuaciones de sus pívots castigando con canastas fáciles la defensa de Miami que no cuenta con jugadores con suficiente envergadura para defender a los jugadores interiores del equipo tejano.

Ginóbili enseñó el camino y el juego colectivo de los Spurs hizo el resto. Cuando los Heat quisieron restañar el agujero cerrándose sobre las continuaciones de Duncan, aparecieron los espacios para permitir tiros cómodos, muy cómodos para Green, Leonard y Parker. Nadie domina el arte del “pase de más” como estos Spurs.

La derrota de Miami deslucirá la aportación de Ray Allen. Probablemente estamos ante los últimos partidos de uno de los jugadores que más gusto da ver jugar en una pista de baloncesto. De los jugadores actuales, sólo Stephen Curry provoca sensaciones parecidas. El indudable magnetismo que ofrece la plasticidad en el juego de Allen no debe engañarnos ante el tipo de jugador que es, nadie alcanza ese nivel sólo por ser elegante sino por tener una capacidad competitiva tremenda. Los Spurs conocen de primera mano como se las gasta Allen en partidos de este tipo y por eso sorprende la escasa atención con la que han recibido su presencia en cancha, un error que deberán corregir porque las piernas de Allen rejuvenecen a medida que el partido tiene más trascendencia.

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