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Madurez y convencimiento

La euforia y confianza con la que está jugando el Barcelona la final no es exclusivamente el fruto de la madurez y el orgullo herido de un equipo sino también de  la debilidad que ha transmitido el Real Madrid desde el comienzo de los Play Offs. El nivel de conocimiento de estos equipos es tan grande que permite pensar que el Barcelona ha detectado debilidad y falta de química en su rival y eso ha contribuido a espantar todos los fantasmas que le perseguían en las últimas fechas. El club catalán llegó a la final pensando que tenía pocas opciones y se ha encontrado dos de los partidos más cómodos en ataque de toda la temporada. Demasiadas facilidades para un equipo que cuenta con el base más en forma del momento, Marcelinho y un entrenador habituado a manejarse de manera espléndida cuando su equipo no parte como favorito.

En ese punto nos encontramos. Los de Xavi Pascual juegan con una confianza tremenda, la tranquilidad que da esa sensación de que, a poco que circulen el balón, encontrarán siempre una posición ventajosa de tiro. El Real Madrid lucha contra la rutina, su incapacidad de adaptar las rotaciones a lo que demanda el partido y el desgaste moral que supone verse tan vulnerables en defensa.

El Plan. Tópicos aparte (es muy difícil ganar dos partidos seguidos, el Barcelona no puede estar otra vez tan acertado, etc), la realidad es que si el Real Madrid quiere optar a este título debe encontrar ideas nuevas que estimulen al grupo, que les haga volver a creer en sus opciones y que obliguen a su rival a dudar, algo que no han logrado hasta el momento. El Real Madrid de Pablo Laso ha ofrecido momentos magníficos porque su entrenador era capaz de crear entornos adecuados para que sus jugadores pudieran ofrecer su mejor versión. Actualmente ese entorno no es útil porque hay jugadores presos de rotaciones rutinarias (Sergio Rodríguez), desconectados del equipo (Mirotic) y otros que, enrocados en su papel de especialistas, se ven superados por la dinámica actual (Darden, Slaughter).

En este punto, para que el Real Madrid pueda competir en el Palau contra el Barcelona necesita encontrar recursos que le hagan menos previsible (¿cambios en el quinteto inicial?), repasar sus conceptos defensivos y no exagerar su preocupación por la conexión Huertas-Tomic que tantos tiros librados está permitiendo a sus compañeros.

Serán importantes las decisiones que tome el Real Madrid pero lo decisivo será el convencimiento con el que realicen sus jugadores el plan establecido. En este punto me detengo para ponderar la sensatez que ha demostrado el Barcelona para seguir creyendo en las propuestas de su entrenador que, además, ha tenido la habilidad de reforzar a su núcleo duro a pesar de que ha tenido momentos durante la temporada para dudar de determinados jugadores. Desde fuera, el transcurso de la final y la comunicación verbal y gestual de ambos equipos dejan entrever una madurez en el vestuario azulgrana que les hace focalizar exclusivamente su atención en conseguir el título y dejar a un lado cuestiones personales. Me cuesta aseverar desde la distancia que ese no sea el objetivo principal de los jugadores del Real Madrid, pero las sensaciones que transmite el grupo indican un desgaste emocional que les limita para encontrar su máximo nivel de concentración, esfuerzo y acierto. En sus manos está recuperar esos valores porque en contra de los pronósticos que se pudieran hacer antes de la Final, si el partido va a 100 puntos, ahora gana el Barça.

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