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Los cupos y el charco

Pues no voy a hacer muchos amigos, pero estoy absolutamente en contra de cualquier legislación que obligue a un mínimo de jugadores de una nacionalidad concreta. Por lo tanto, me parece acertada (aunque poco arriesgada e igualmente ilegal) la medida inspirada por el CSD respecto a reducir el número de jugadores españoles obligatorio en los equipos de la Liga Endesa.

Obviamente, habría que ser retorcido para pensarlo, esta postura no significa ningún prejuicio contra el jugador español. Todo lo contrario, los jugadores españoles están absolutamente preparados para competir contra cualquiera y merecen hacerse un hueco por sus propios méritos antes que por su nacionalidad. Me encantaría una Liga Endesa llena de jugadores españoles liderando el baloncesto europeo, pero no con los famosos cupos que han creado la figura del jugador para entrenamientos o del jugador joven estancado sin jugar porque es necesario como número 11 o 12 para cumplir con la legalidad. Una medida dedicada a la protección que ha derivado en muchas decisiones erróneas y en la eterna disyuntiva de “Ser ACB o estar en la ACB”. La manera de ayudar al jugador español no es darle las llaves de la casa sino trabajar por construir un hogar mucho más sólido, algo en lo que hace mucho tiempo se dejó de pensar, por lo que parece.

No pasa por la obligatoriedad de tener jugadores españoles el progreso de los nuestros y de nuestra competición sino por una verdadera “sentada” que reestructure todas las categorías de nuestro baloncesto, que se plantee por qué  nuestros jóvenes apuestan cada vez más por cruzar el charco ante la falta de perspectivas sólidas y que evite situaciones cuando menos paradójicas como que haya limitaciones de nacionalidad en la ACB y puedas ver partidos de Liga EBA o categorías inferiores con quintetos exclusivamente formados por jugadores foráneos.

Mientras, nos avisan con futuros plantes, amenazas de huelga y demás, la tormenta que viene, dicen. Y todo me parece muy bien, salvo que han existido y persisten situaciones mucho más alarmantes que sí que obligarían a una rebelión en toda regla porque atentan fundamentalmente contra la dignidad de muchos profesionales.

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