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Una de bases

Uno de los aspectos que más me interesaba de esta temporada de la Liga Endesa era observar la evolución de determinados bases españoles. No es que andemos mal en esa posición pero sí es cierto que tenemos una buena cantidad de jugadores que ocupan la posición de base sobre los que apetece centrarse en su progresión y cómo se van adaptando a los diferentes estímulos que aparecen en su carrera. Jugadores de diferentes perfiles que, en algún caso, han afrontado el cambio a nuevos equipos y sobre los que pesa la sombra de la irregularidad.

El fichaje de Guillem Vives por el Valencia fue considerado un gran acierto el pasado verano y a buen seguro se seguirá viendo como tal dentro de unos años. Hasta el momento, sin embargo, Vives no ha pasado de la intrascendencia en la mayoría de los partidos y se ha visto, como suele pasar con muchos jugadores jóvenes, muy penalizado por la errática marcha del equipo. Es bastante probable que la presencia de Carles Durán en el banquillo puede tener una gran influencia para que el rendimiento de Vives mejore y pueda corroborar la extraordinaria sensación que dejó la pasada campaña. En gran parte, su recorrido como jugador dependerá de que sea capaz de mostrarse más fiable en su lanzamiento de tres puntos y de que intente explorar con más frecuencia todas las posibilidades que le ofrecen sus condiciones técnicas y físicas. Igual es una sensación mía, pero siempre que veo a Vives en el Valencia Basket pienso que juega algo contenido y pensando demasiado en no cometer errores.

El paso adelante de Jaime Fernández esta temporada está siendo más evidente. Sobre Fernández siempre ha pesado ese aire de sospecha que rodea a todos los bases anotadores. Su capacidad para anotar y la verticalidad con la que juega pueden hacer pensar que es un escolta camuflado en un cuerpo de base pero más que intentar adivinar su puesto, conviene valorar la extraordinaria personalidad y valentía que siempre muestra. En los buenos y en los malos momentos de su equipo, Movistar Estudiantes, Fernández nunca ha dejado de intentarlo. Es cierto, aún le queda mucho para averiguar todos los secretos de una posición compleja en la que tienes que atender a muchas variables, pero es muy de agradecer ese entusiasmo con el que compite y la actividad que demuestra. Para esta temporada, puede ser suficiente, pero el baloncesto profesional es muy competitivo y el año que viene necesitará seguir progresando, ser capaz de alternar ritmos, mejorar sus porcentajes de tiro y no tener tanta ansiedad para jugar como si tuviera que hacer muchas cosas en poco tiempo.

Las condiciones y talento de Vives y la actividad y personalidad de Jaime Fernández ilusionan, no provoca lo mismo la trayectoria que está tomando la carrera de Josep Franch. El jugador de Gipuzkoa Basket tiene tiempo y condiciones de sobra para impulsar su carrera al nivel que todos esperábamos cuando dio sus primeros pasos en la liga con la Penya. Nunca es buena señal haber conocido cuatro equipos de la Liga Endesa con 24 años. Franch transmite cierta frialdad jugando y no parece adaptarse al papel que cabe esperar de un base suplente con un titular tan consolidado como Jared Jordan. Es cierto, su situación no es nada fácil pero cabe esperar que un jugador tan joven pueda transmitir algo más de entusiasmo y vitalidad. No parece el suyo un problema de aptitudes sino de tener la mejor actitud posible para dar la vuelta a su rol. Al final, es un cambio completo de mentalidad donde tiene que abandonar esa imagen de joven promesa sobre la que siempre cabe pensar que hará un buen partido por una realidad algo más dura, un tipo que tiene que competir al máximo por ganar cada minuto beneficiando con esa actitud la progresión de un grupo que se intenta agarrar con todo a la máxima competición.

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